Capítulo 2: "La soledad de un reino"

Hola aquí está el segundo capítulo de esta historia, espero que les guste, y si les gusta mándenme un review, y si quieren que agregue algo díganmelo para ponerlo, bueno sin más retrasos aquí está el segundo capítulo:

En la montaña del norte, en un magnífico castillo de hielo, se encontraba la reina Elsa ahora ya en paz tranquilizándose ella misma con su ahora habitual frase: fue por su propio bien, simplemente los salvé de mí. Eso la reconfortaba un poco sin saber la situación en la que se encontraba su reino.

Mientras tanto en Arendelle la gente buscaba desesperadamente recursos para su propia supervivencia, el invierno eterno era cada vez más frío, y la gente preocupada porque el clima fuera a empeorar, mandaba a los hombres de cada familia a talar árboles en busca de leña para hacer fogatas, también estos le vendían la madera a familias en las cuales no había nadie apto para realizar esta tarea, o simplemente no tenían los instrumentos necesarios para esta labor. También era común ver los trueques (intercambio de productos), generalmente se intercambiaba madera por colchas o por comida, etc.

En el castillo la situación no estaba mejor. Los miembros de la realeza que habían asistido a la coronación de la reina Elsa, se encontraban ahora refugiados en el interior del palacio resguardándose del fuerte clima del exterior. Muchos protestaban que eso podría ser una trampa para pedir rescates por ellos, ya que por el momento nadie podía salir de aquel reino:

"esta situación está cada vez peor, si no podemos salir de aquí moriremos congelados, además no volveremos a ver a nuestras familias y amistades"-exclamó un joven príncipe de un reino algo lejano.

"si salgo de este reino lo primero que haré será cerrar toda actividad comercial con este reino"-decía un vizconde.

"tranquilícese señor vizconde, que la culpa no la tiene toda la realeza de Arendelle sino la tiene esa reina Elsa que es una bruja, ¡Congeló su propio reino y además huyó de la justicia!, yo digo que la única alternativa que tenemos es ir a ver a la reina y decirle que descongele Arendelle, si no acepta, ¡no tendremos más remedio que obligarla!-exclamó el duque de Weselton.

"pero que podemos hacer si la reina Elsa tiene esos peligrosos poderes de hielo, nos puede congelar en un instante"-dijo el decimotercer príncipe de las Islas del Sur, que hasta el momento había escuchado en silencio.

"me he fijado que la reina Elsa usaba unos guantes todo el tiempo el día de su coronación y sólo realizó su monstruosa magia contra su hermana cuando ella le quitó un guante, a lo mejor esos guantes inhibían sus poderes, podríamos llevar unas esposas metálicas para que sean más difíciles de sacar, de ese modo podríamos obligarla a descongelar este reino y así poder huir de este reino, ¿quién está conmigo?-preguntó el duque. De inmediato se escucharon algunos vítores.- ¡muy bien vamos a la montaña del norte a buscar a esa hechicera con poderes de hielo!-exclamó el duque de Weselton.- y no se olviden de llevar las esposas-susurró a sus soldados.

Mientras tanto en la habitación de la princesa Anna se encontraba ella pensativa: "¿por qué nos hicieron esto mamá y papá?, si no nos hubieran separado nada de esto habría pasado-pensaba Anna con lágrimas en sus ojos.- todo este tiempo te encerrabas en tu habitación sólo para proteger a los demás Elsa, y yo lo arruiné todo en tu coronación, si no fuera por mi culpa nada de esto hubiese pasado, yo soy la única culpable de este invierno, y sin embargo estoy aquí sin hacer nada, ¡tengo que hacer algo!-exclamó la princesa saliendo de su habitación.

Sin embargo en la puerta chocó con el decimotercer príncipe de las Islas del Sur.

-¡Hans!-exclamó la princesa.- ¿Qué haces aquí?-le preguntó-

-Hola Anna, sólo venía a avisarte que voy a salir con algunos soldados hacia la montaña del norte para ir a ver a tu hermana y pedirle que acabe este invierno-dijo el pelirrojo-

-uff, menos mal, ya estaba pensando en hacer algo yo misma-dijo Anna-

-tranquila, no te precipites, la reina…ya sabes…es algo pe…peligrosa, y no quiero que te lastime-dijo Hans-pero claro porque o si no mis esfuerzos habrán servido para nada y jamás llegaré a ser rey-pensó el ambicioso príncipe-

-lo sé, pero piénsalo, es mi hermana, jamás me haría daño, además ella estuvo trece años encerrada sólo para protegerme de sus poderes-dijo la princesa-

-ok, entonces le diré a Elsa que quieres hablar con ella, así la podemos traer para acá, tú resolverás tus problemas con tu hermana, ella descongela Arendelle, quedamos como los héroes de esta historia, y tú hermana se dará cuenta de que debió darnos su bendición para nuestra boda, y listo, asunto arreglado y podremos lograr mi…nuestro felices para siempre-se corrigió el príncipe-

-claro, tienes razón, que buena suerte tengo de tener a un hombre tan inteligente como tú Hans-dijo la princesa compartiendo un tierno beso con su pelirrojo favorito.

Ambos se separan lentamente sonriendo.

-bueno-dice Hans-ya me tengo ir-dice saliendo de la habitación de la princesa-

-chao Hans que tengas suerte en tu viaje-dice Anna sonriendo y despidiéndolo con la mano-

Mientras en los corredores Hans sonreía maliciosamente: guau, no puedo creer que esté saliendo así de bien mi plan, por un momento creí que esa reina Elsa lo arruinaría todo al no darnos a Anna y a mí la bendición para nuestra boda, pero ahora quedaré como un héroe y la reina se dará cuenta del error que cometió al no darme esa bendición, y si no me la da ya tendré una charla con ella, y si se atreve a decir una palabra, ella posiblemente tenga un pequeño pero fatal accidente, así tendré el puesto libre para ser rey de Arendelle, y en cuanto Anna, si ella no se entera de nada no tendrá que pagar las consecuencias, además ella no está tan mal como esposa-dijo Hans sin saber que cerca de allí se encontraba Gerda, una empleada del palacio, que había sido como una madre suplente para las princesas de Arendelle.

Gerda al escuchar al decimotercer príncipe de las Islas del Sur pasando por allí se escondió en una habitación cercana, y no pudo evitar escuchar los ambiciosos planes del príncipe. Cuando escuchó que el príncipe ya se alejaba de allí, salió de su escondite, y pensó en contárselo de inmediato a la princesa Anna y advertirle del peligro que corría su hermana, pero luego recordó lo que el príncipe Hans dijo que haría si su majestad, la reina Elsa, decía una palabra, ella tendría un accidente. Tenía miedo de que el príncipe Hans se enterara que ella haya escuchado sus planes y le mande a alguien a simplemente quitarla del camino para que no estorbara en su perfecto plan.

Mientras tanto los soldados del duque de Weselton, y varios reinos más, se preparan para partir en un largo viaje hacia la montaña del norte, estaban preparando el equipaje, en el cual había cosas como cuerdas para escalar, comida, agua, varias colchas, madera para hacer fogatas improvisadas, ropa, las armas para defenderse o atacar en caso de emergencia no sólo a la reina, sino a los animales salvajes como lobos o renos, también llevaban las esposas de metal en caso de que la reina se opusiera a acabar con el invierno.

Terminaron de hacer el equipaje y se montaron en sus respectivos caballos. Al salir del castillo, afuera los esperaba el pueblo de Arendelle que al enterarse de la peligrosa misión a la que se enfrentarían, salieron de sus hogares a desearles éxito a los valientes soldados. Entre la multitud se encontraba la princesa Anna que había salido del castillo a despedir a su príncipe pelirrojo. Hizo a Hans un gesto con la mano y este se bajó de su caballo Sitrón para despedirse de la princesa.

-Anna, ¿qué haces aquí? Deberías estar adentro aquí afuera está cada vez más helado-dijo el príncipe fingiendo preocupación-

-lo sé, sólo quería despedirme de ti, adiós-dijo la princesa compartiendo otro beso con el príncipe, lo que hizo que la multitud dijera un "owwmmm" de ternura por los jóvenes enamorados, o al menos la princesa enamorada.

Luego de ese tierno momento, todos los soldados aceleran el paso de sus caballos y pronto ya están encaminándose a la montaña del norte. Sin saber el obstáculo que más adelante encontrarían, y que les haría retrasar su viaje.

En un castillo de hielo se encuentra la reina Elsa escribiendo su propia historia en su libro, los pajaritos ya se habían recuperado del todo, y volvían al castillo por las tardes y noches para hacerle compañía a la solitaria reina. A veces le traían unas frutas que los pajaritos encontraban en el camino, o a veces simplemente jugaban con ella. Elsa por su parte les había creado una fuente para que se bañen, y también unos cómodos cojines con unas pequeñas mantitas donde pasaban la noche.

En esta ocasión la reina estaba dibujando a sus pequeños amiguitos en una hoja que había arrancado de su libro. El dibujo estaba quedando muy bien y demostraba un talento más que poseía la reina de las nieves. Al terminarlo, la reina se los mostró a sus amigos:

-¡Tadaaaa! Miren que lindos quedaron-exclamó la reina. Los pajaritos le picaron cariñosamente en el dedo a la reina, y partieron para buscar alimentos.

La reina descongeló un pedazo de pared del tamaño de la hoja, dejando solo una pequeña capa de hielo en el fondo. Metió el dibujo en el hueco, y lo cubrió con otra capa fina de hielo, de modo que parecía un retrato. Sonrió al ver que al menos tenía amigos que no la considerasen un monstruo aunque solo sean pájaros. Estos últimos días los había pasado mejor por la compañía de las dulces aves, que sin duda se convertirían en los mejores amiguitos de la reina.

Mientras en la habitación de la princesa Anna:

-princesa Anna, princesa Anna, tengo algo que decirle-dijo Gerda

Bueno los dejaré en suspenso, le dirá Gerda a Anna lo que escuchó, o simplemente tiene demasiado miedo para decirlo…espérenlo en el próximo capítulo, y gracias a Ana Victoria por comentar, de verdad me alentó a continuar esta historia.