Esta es la no-continuación de 100 cosas que amo de ti como prometí. Es un MPREG pero ahora relatado desde el lado de Suga. Gracias por apoyar aquel fic y espero que este les guste. Contará con 10 capitulos, son drabbles más largos que los del anterior fic y no creo actualizar a diario, quien sabe, depende de mi agenda. Disfruten!


Sé que a muchos les sonará cliché este inicio pero así fue como empezó una nueva etapa de mi vida. Si, estar en el baño no es el mejor escenario pero es encima de ese frio piso donde nació la sospecha, algo que yo estaba temiendo. El hecho de que el desayuno no permaneciera en su sitio y que me sintiera bastante irritado desde que desperté era como una seña de que algo estaba pasándole a mi cuerpo, algo extra con dos pies, dos brazos, cabeza, todo. Una personita.

¿Qué hice yo? Bueno, realmente estaba aterrado así que hundí mi cabeza entre las rodillas y empecé a llorar. No sabía si era felicidad, miedo, cansancio, tal vez todo.

No era el mejor momento para esto, de hecho si pudiera establecer el momento propicio en la vida que llevo para ser padre ese momento pudo ser cualquiera menos este. ¿Ventaja? Llevo unos meses casado con el amor de mi vida ¿Desventaja? Realmente estamos batallando con los gastos como para mantener otra boca.

No es que reniegue de tener un hijo, es maravilloso y él no tiene la culpa de nuestro descuido pero… no sé cómo enfrentar esto, no sé cómo él tomará esto. Me sacudí las prendas y lavé el rostro, debía calmarme y pensar las cosas más en claro, alguna prueba para estar seguro, tal vez unas dos o tres para evitar fallos. Suspiré frente al espejo, hora de volver al mundo.

Hace apenas unos meses era menor de edad, estudiante. Ahora casado y en cinta. Muchos me dirán que la vida que tengo es afortunada, es cierto, pero igual tengo complicaciones. Veo las fotos de nuestra boda por el pequeño hogar que tenemos, esas pocas cosas que hemos comprado con esfuerzo, memorias y recuerdos, regalos y detalles, fragmentos de nuestras vidas; te veo entrar por la puerta principal agotado de tanto trabajar, me sonríes y saludas a pesar de si tu día fue bueno o malo.

Un beso basta para saber que nuestros problemas son nada.

Una caricia en la mejilla y un "bienvenido" te reconfortan, lo sé. Entonces me abrazas de esa frma que me hace suspirar, que me hace sentir completo. Me aferro a ti con miedo de que esos días cambien, de que esto que es maravilloso también pueda ser un peso extra en tus hombros, no quiero verte decaer, no quiero verte flagelar. Estoy preocupado, asustado, tengo mucho miedo de esta etapa.

Otro beso en la mejilla y una sonrisa bien elaborada para que no veas en mis temores. Entonces me dices "He llegado" y vuelves a sonreírme.

Espero que estos mismos besos surtan efecto cuando sepas que serás papá, Daichi.