Elijah observaba que todos se divertían alrededor de la fogata, su hermana la estaba pasando bien, hablando con el chico Matt, que en realidad parecía ser un buen chico así que no lo molestaba…mucho.

Klaus andaba detrás de Caroline, y Kol se había mantenido al margen, extrañamente, de Bonnie, quien ahora hablaba animadamente con Jeremy, el hermano de Elena, quien hacía rato había desaparecido con Damon Salvatore, su novio.

Las hormonas juveniles lo abofeteaban en el rostro. Al menos así lo sentía el…

Stefan Salvatore estaba allí con su amiga Lexi, y Alaric y hablaban con Vicki, la hermana rebelde y mala conducta de Matt. Todo su contrario, por así decirlo.

Tyler y Hayley estaban…en definitivamente ningún lugar visible. También habían desaparecido.

Decidió que si se relajaba y trataba de pasarla bien, la noche pasaría más rápido.

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–Mmmmm si fuese un vampiro definitivamente te hincaría los colmillos, preciosa. – murmuró Damon al oído de Elena que se sonrojó y lo golpeó juguetonamente en el brazo.

–Pero no lo eres, eres un simple mortal…– respondió ella.

–Oh no, esta noche no. Esta noche nadie es simplemente humano. – dijo Damon misteriosamente. Él le sonrió seductoramente, se inclinó y la besó suavemente, ella le devolvió el beso y solo se despegaron cuando Hayley y Tyler de repente irrumpieron en el lugar secreto, "un poco alcoholizados" tomados de las manos y riéndose con complicidad.

–Lo siento chicos, ¡el sitio está ocupado! ¡Circulen! – dijo Damon a los recién llegados, que rieron y salieron por el otro extremo.

Entonces Damon y Elena también rieron y continuaron con lo suyo.

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–Bueno, si no encontramos un lugar, será en cualquier lugar. – dijo Tyler a Hayley tomándola imprevistamente de la cintura y besándola. Ella le devolvió el beso solo por un segundo antes de apartarse y reírse.

–Oh no…regresemos, no quiero terminar perdida en este lugar durante la noche. Me daría terror. – dijo Hayley, regresando sobre sus pasos.

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– ¿Has oído alguna buena historia de fantasmas, Caroline? Porque yo tengo unas muy buenas. – dijo Klaus con una pequeña sonrisa.

Caroline lo miró fijamente, con los ojos entre cerrados.

–Y me imagino que deseas contármelas, ¿No es así? – preguntó ella, cruzándose de brazos.

Él le sonrió más ampliamente. –No solo deseo contártelas amor, planeo contártelas. – respondió.

Caroline no pudo evitar sonreír ante su confiada insistencia.

–Dispara. – dijo simplemente.

Klaus rió triunfal.

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La llamarada explosiva que emitió la fogata llego a los oídos y vista de todos, los que estaban cerca y los que no. Causo la misma reacción, todos se apresuraron al lugar para averiguar que había ocurrido.

Y la respuesta era simple.

Kol.

Siempre intentando llamar la atención.

Elijah no tuvo ni que preguntarle que había hecho, lo había visto todo. Su extraño hermano menor simplemente había tomado dos botellas de vodka, había caminado directo a la fogata y arrojado las botellas a ella como si nada.

El chico rió y los miró a todos – ¡¿Qué?! ¡Tiempo de historias de fantasmas! – anunció como si nada, y se sentó en uno de los troncos apilados alrededor de la hoguera.

Elijah ni perdió tiempo en llamarle la atención, sabía que no valdría la pena.

Klaus miró a Caroline y con una sonrisa de suficiencia dijo: – ¡Yo comienzo! –

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–Los espíritus han rondado esta tierra desde los inicios, conviven con nosotros diariamente aunque no los vemos ni oímos, pero a veces pueden hacerse sentir. Hay espíritus malignos, demonios y demás, y están los buenos, que no desean herir a los seres vivos, ni tienen sentimientos de venganza u odio. Pero ambos bandos siempre están aquí, y todos los 31 de octubre, tienen más libertad y poder que el resto del año. Lo que quiero decir, es que son capaces de todo…porque el velo que los separa de nosotros, desaparece. –

Se instaló un silencio sepulcral, solo roto por los crujidos y chasquidos de la fogata y algunas respiraciones, un extraño frio también se asentó entre el grupo, a pesar de estar a pocos metros de la gran fogata.

Todos escuchaban atentamente a Klaus y no despegaban su mirada de él. Elijah sonrió. Niklaus siempre había sido excepcional para contar historias, era el mejor.

–Hace miles de años, un pueblo era conocedor de la magia y los ritos, también de las criaturas sin cuerpo que vagaban por la tierra sin poder encontrar su descanso eterno. Los Celtas celebraban el fin de año con el Samhain, una fiesta pagana…llena de brujería y rituales religiosos. En esta fecha los muertos volvían a estar entre los vivos y los Celtas hacían sacrificios humanos y de animales, en honor al dios Samhaím, el gran señor de la muerte. – Klaus se detuvo y recorrió con su mirada el círculo de oyentes, observándolos de uno en uno.

Luego continuó: –Más sacrificios que en realidad contribuían a plagar esta tierra de más espíritus. Y por lo tanto tenían que mantenerlos a todos alejados de los pueblos y las personas, es por eso que empezaron a hacer faroles, que nosotros continuamos haciendo en la actualidad…con las calabazas… Según se cuenta, Jack era un notorio bebedor, jugador y holgazán que pasaba sus días tirado bajo un roble. Se dice que en una ocasión, se le apareció Satanás con intenciones de llevarlo al infierno. Jack lo desafió a trepar al roble y, cuando el diablo estuvo en la copa del árbol, talló una cruz en el tronco para impedirle descender. Entonces Jack hizo un trato con el diablo: le permitiría bajar si nunca más volvía a tentarlo con el juego o la bebida.

La historia dice que cuando Jack murió no se le permitió la entrada al cielo por sus pecados en vida, pero tampoco pudo entrar en el infierno porque había engañado al diablo. A fin de compensarlo, el diablo le entregó una brasa para iluminar su camino en la helada oscuridad por la que debería vagar hasta el día del Juicio Final… –

Un fuerte viento recorrió el maizal, susurros flotaron del campo y la fogata tembló.

–Cuando todos nos encontremos…– escucharon claramente todos.

Pero nadie había abierto la boca.

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FIN