1.- LA POCIÓN

En una vieja casa en medio del campo, se estaban desarrollando una serie de extraños acontecimientos. A veces por las noches, se escuchaban gritos y extraños susurros, durante el día había una clama sobrenatural. Los animales no querían acercarse, la gran mayoría huía en cuanto llegaban a las cercanías, los habitantes de granjas cercanas también tenían miedo, algunos hablaban de fantasmas otros de asesinos. La verdad, es que ninguno iba muy mal desencaminado, porque en aquella vieja casa se había alojado alguien que había permanecido como menos que un fantasma, alguien que se le conocía como el peor asesino que había habido, algunas personas, aquellas que sabían su historia tenían miedo de decir incluso su nombre. En aquella casa se estaba alojando Lord Voldemort.

- Y bien, Colagusano... ¿Qué noticias me traes?- Dijo una sombra oscura con voz sibilante mientras estaba delante de un caldero.

- Po... Potter ha vuelto a casa mi amo. Dumbledore ha llevado al muchacho y ha asegurado las protecciones.- dijo un hombre bajito y medio clavo, que tenía una mano plateada.

- Bien, bien... ese viejo puede poner tantas protecciones como quiera, pero no podrá hacer nada contra esto, al menos ahora que el chico y yo compartimos la misma sangre- Rió.

- ¿Cree que... que es posible, amo?- Dijo Colagusano, y viendo la mirada que recibió añadió rápido.- Quiero decir que... que esa teoría no ha podido ser nunca demostrada... y s... ¿y si no es cierta?

- Vaya, Colagusano... me sorprendes. Parece que tienes algo en la cabeza además de pelo.- Rió Voldemort.- Funcionará.

- ¿Cu... cuando estará lista, amo?- Preguntó Colagusano.

- Ya lo está.

A muchos kilómetros de allí, en una casa situada en Privet Drive, un muchacho se despertó con brusquedad mientras notaba como le ardía la cicatriz que tenía en la frente. Ese muchacho era Harry Potter y no era un chico normal, era un mago y además de los grandes. Había conseguido lo que nadie había logrado, sobrevivir a la maldición Avada Kedavra, la maldición asesina ya demás cuando tan solo era un bebé, y también había sobrevivido a tres luchas más contra Lord Voldemort. Sí, Harry Potter era un mago famoso, pero ahora mismo también estaba asustado, asustado porque la protección que le otorgó su madre cuando murió se esfumó el final del curso anterior cuando Voldemort volvió.

Demasiado nervioso para volverse a dormir, cogió pluma, tinta y pergamino y comenzó a escribir una carta para su padrino, Sirius Black, el cual en esos momentos se encontraba reuniendo al "antiguo grupo" como Dumbledore le había pedido la misma noche del retorno de Voldemort.

Querido Sirius:

¿Cómo e va todo? ¿Has logrado reunir al antiguo grupo como Dumbledore te pidió? Espero que sí. (Por cierto ¿qué es el antiguo grupo?) ¿Estás en un lugar seguro? Por favor sé muy cuidadoso, no quiero que Ron me escribiera avisándome que te han capturado y que te van a dar el beso del dementor.

Yo estoy bien, los Dursley siguen tan asustados de que te aparezcas aquí y los transformes a todos en animales que no me tratan mal, aunque hoy me ha dolido la cicatriz a la vez que tenía un sueño extraño. En él salían Voldemort y Colagusano y hablaban sobre mí y hacerme algo con una poción utilizando el vínculo de sangre que tenemos Voldemort y yo.

Tengo miedo Sirius, la última vez que soñé con Voldemort, el sueño fue en verdad una realidad. ¿Qué crees que puede significar?

Harry P.

Psdt.: ¡Recuerdos al profesor Lupin!

Harry revisó la carta y asintió satisfecho, se acercó a Hedwig que permanecía muy quieta mientras estiraba su pata para que le atara la carta.

- Llévale esta carta a Sirius.- Le dijo a su lechuza.- Date prisa, Hedwig.

La lechuza ululó y le pellizcó la mano cariñosamente, como diciéndole que se quedara tranquilo y extendió las alas y salió volando por la ventana lo más rápido que pudo, mientras Harry se quedó mirando como se alejaba por el cielo.

Cuando Hedwig se perdió de vista, Harry se giró hasta su baúl y sacó su varita mágica, no sabía que era lo que Voldemort planeaba hacerle pero de una cosa estaba seguro, no pensaba ponérselo fácil, si le atacaba se defendería aunque eso supusiera realizar magia fuera de la escuela. La introdujo en su bolsillo y sacó el libro de pociones, si no podía dormir al menos habría algo útil, comenzaría a hacer los deberes de verano de pociones porque seguro que Snape estaría muy contento de tener una excusa para quitarle puntos a Griffindor y además castigarlo.

Con un suspiro abrió el libro y empezó a hojearlo para encontrar el capítulo que le hacía falta. Snape les había pedido un ensayo sobre la poción de la invisibilidad, algo realmente complicado aunque también muy interesante, desde luego pociones sería una de sus clases favoritas, si Snape no fuera el profesor.

Un súbito ruido en el pasillo hizo que Harry se sobresaltara, con cuidado dejó el libro en la cama y se acercó a la puerta para ver si su tío a su primo se habían levantado. En el pasillo no había nadie y podía escuchar los habituales ronquidos que aclaraban que todos los Dursley estaban dormidos... Había sido solo su imaginación, o la menos eso pensó porque cuando volvía hacía su cama una extraña luz plateada le envolvió a la vez que un círculo verde aparecía en el suelo y Harry pudo notar como empezó a dolerle la cicatriz con mucha fuerza.

- ¡No! ¡Esto es cosa de Voldemort!- Pensó asustado.- ¿qué es lo que me hará ahora?

No pudo pensar ni decir mucho más, porque en aquellos momentos su habitación en la calle Privet desapareció en una llamarada de luz verde y la siguiente cosa que notó fue un gran dolor como si se hubiera golpeado tras caer desde una gran altura, y mucha luz. Pocos segundos después todo a su alrededor se volvió negro, mientras se sumergía en la inconsciencia todavía fue capaz de ver un par de ojos muy azules.

Eran aproximadamente las cinco de la tarde, y hacía un día espléndido. En un bonito jardín estaba una niña de aproximadamente diez años que estaba regando el jardín como su madre le había pedido, cuando aprovechó de repente una gran luz verde en el cielo.

Cuando la niña miró hacía arriba vio como desde el cielo caía un muchacho de aproximadamente quince años, a bastante velocidad y todo hacía ver que se iba a golpear contra el suelo si todo seguía así. Y siguió. El muchacho se golpeó contra el suelo con mucha fuerza, y ella corrió a ayudarle rápidamente, cuando llegó a su lado sus ojos se cerraron.

- Eh, tú... despierta. ¿Te encuentras bien? Contéstame...- Dijo preocupada mientras lo zarandeaba

Apoyó su cabeza en el pecho del chico y comprobó que su corazón todavía latía. Se incorporó lo más rápido que pudo y corrió hacía su casa.

- ¡MAMÁ! ¡PAPÁ! ¡VENID RÁPIDO!- Gritó en cuanto entró por la puerta.

- ¿Qué ocurre, Bella?- Le preguntó una mujer de pelo rojizo y ojos verdísimos.

- ¡El chico, necesita ayuda! ¡No se despierta! ¡Se ha hecho daño!- Decía la pobre casi incoherentemente.

- Cálmate, Bella.- Dijo un hombre de pelo azabache y revuelto con ojos azules y gafas.

- Ha aparecido un chico desde el cielo, y se ha golpeado contra el suelo. ¡Está inconsciente en el jardín!

- ¿Un chico?- Se sorprendió la mujer.

- Sí, mamá. Debe tener unos catorce o quince años, ¡y es casi idéntico a papá!

- ¿Cómo que es casi idéntico a mí? ¿Qué quieres decir?- Le dijo el hombre súbitamente asustado.

- Pues eso.- Dijo la niña.- Tiene tu mismo pelo y tu misma cara, lleva gafas pero tiene los ojos verdes y tiene una cicatriz en la frente en forma de relámpago.

- ¡Llévanos con él!- Dijo su madre súbitamente pálida.

Bella salió de la casa con sus padres siguiéndole los talones, y se dirigió a donde había dejado al muchacho. Quedó bastante desconcertada cuando sus padres, al ver al chico reaccionaron de forma extraña, mientras su madre parecía haber visto a un muerto y comenzó a sollozar, su padre adoptó una expresión fiera a la vez que sacó su varita y apuntó al desconocido de forma amenazadora.

- ¡Papá! ¿¡Que haces!?- Exclamó Bella mientras se colocaba delante del chico, ya que pudo leer en los ojos de su padre algo que la asustó.

- Apártate Bella. Es un mortífago.- Dijo el hombre con voz fría.

- ¡Eso no lo sabes! ¡Papá está malherido!

- Es que no lo entiendes Bella. ¡Se está haciendo pasar por tu hermano Harry! ¡Debe ser un mortífago!- Exclamó.

- James... es solo un niño.- Dijo la mujer.- Tal vez ni siquiera sabe lo que está haciendo.

- Pero...

- Lo atenderemos y cuando despierte lo interrogaremos con verisaterum. Y para asegurarnos que no haga nada malo pondremos un hechizo de protección sobre nosotros.- Dijo la mujer.

- Esta bien...

La mujer conjuró una camilla y depositó al muchacho en ella y lo llevó hasta la casa una vez allí, lo colocó en una cama mientras comenzaba a revisar sus heridas. Tenía una herida bastante grande en la cabeza, y parecía que se había dislocado un hombro a la vez que se había roto un brazo. Lo curó lo mejor que supo, si bien se preocupó al ver la herida de su cabeza. ¿Y si el muchacho conseguía amnesia por culpa de ella? Además, te llamó la atención la cicatriz de su frente, en forma de relámpago y cuando revisó su brazo descubrió otra en el brazo. Cuando terminó, salió de la habitación cerrándola con magia para que no pudiera salir si despertaba.

Cuando bajó a la sala, se encontró con su esposo muy nervioso que iba de un lado para otro, mientras su hija lo miraba sin comprender el motivo de tal nerviosismo.

- ¡Oh! Mamá, ¿cómo está?- preguntó Bella en cuanto la vio.

- Bien... tiene una huida bastante grande en la cabeza, un hombro dislocado y un brazo rota.- Dijo ella.- El hombro se lo he curado, si bien el brazo no he podido... le he hecho un hechizo para que sane más rápido.

- ¿Y la herida de su cabeza?- Preguntó su marido.

- No me he atrevido a curársela con magia.- Dijo muy seria.- Pero he visto dos cicatrices, una la de su frente y otra en su brazo izquierdo. Ambas han sido hechas con magia tenebrosa.

- ¿Lo ves? ¡Es un mortífago!- Exclamó su esposo.

- ¡Eso aún no lo sabemos!- Le respondió su mujer.

- Lily... él no es nuestro Harry. A Harry lo mataron...- Le dijo él.

- Lo sé tan bien como tú... es sencillamente que tengo la sensación que él no es oscuro... es más, casi juraría que ha sufrido por ellos.- Dijo en un murmullo.

- Pues yo creo que él es bueno.- Dijo Bella en voz alta.

Pasaron dos días antes que el muchacho diera cualquier signo de despertarse, tiempo durante el cual Bella o su madre lo vigilaron por si acaso despertaba. Cuando sucedió, se encontraba la niña con él, y corrió a llamar a sus padres.

- ¡MAMÁ! ¡PAPÁ! ¡SE ESTÁ DESPERTANDO!- Gritó en el pasillo.

Al cabo de unos segundos, ambos padres se encontraban en la habitación donde se encontraba el muchacho y vieron como parecía comenzar a despertar, poco a poco abrió los ojos y con cierta dificultad se incorporó y miró a su alrededor en confundido silencio. Entonces fue cuando los dos adultos el la niña se quedaron sorprendidos porque cuando el chico vio al matrimonio se puso lívido.

- Muchacho... ¿estás bien?- Preguntó Lily.

Su reacción por demás los dejó helados. Los ojos del muchacho se dilataron de terror y vieron como buscaba algo entre sus ropas infructuosamente mientras se ponía de pie, cuando al fin lo encontró vieron que se trataba de su varita y los apuntó con ella al tiempo que se acercaba al máximo a la pared, mientras decía algo, o intentaba decir algo porque de su boca no salió ni una sola palabra, lo que lo asustó más, al mismo tiempo que intentó llevarse la mano libre al cuello, peor tuvo que abandonar cuando este gesto le provocó un dolor terrible.

- Bien, James... tengo la sensación que no nos quiere hacer daño alguno.- Dijo Lily.- Es más, está él más asustado de nosotros que nosotros de él.

Lily intentó acercarse a él, pero este gesto solo ocasionó que el chico se apegara más a la pared, y entonces comprendieron que era de James y de Lily de quien tenía miedo.

- No te preocupes, no te va a ocurrir nada malo.- Dijo Bella con una sonrisa.

El muchacho la observó con atención, Bella era una niña muy bonita era una reproducción exacta de su madre salvo por los ojos que eran tan azules como los de su padre. Cuando el chico fijó sus orbes esmeraldas en los azules de Bella se tranquilizó y se relajó, a la vez que bajó la varita.

- Mi nombre es Bella Potter, y estos son mis padres Lily y James Potter. (Bella se lee como si fuera una l)

El muchacho los miró con estupefacción y entonces... se desmayó.