Chapter 3: pesadillas y una fiesta.

-No puedo creer que me estén haciendo hacer esto.- se encontraba en la parte trasera del auto, mientras la mayor manejaba por que le habia quitado las llaves.
-Solo es un dibujo.- dijo la mayor.
-Es un cuadro qué colocare en mi cuarto en cuanto termines.
-No, si lo tomo primero.- aclaro, laura.
-No dijiste que era solo un dibujo,- arqueo una ceja divertido con sus hermanas.- Seria mas fácil si le hubieran sacado una Selfie.
-Ni siquiera nos avivamos de preguntarle su nombre. -soltó la menor aun molesta consigo misma. -Como quieres que recordáramos tomarle una foto.
Derek siguió escuchando la descripción del chico de ojos tristes, y mientras iba terminando ese retrato, con el pulso de todo un artista. Se iba interesando mas por aquel muchacho.
"¿Quién eres chico especial?" Se pregunto. Mientras terminaba de darle iluminación y sombra a esa obra de arte. Sonrío, sea quien sea deseaba conocerlo en persona.


Stiles llevaba poco equipaje, en el aeropuerto busco un taxi, dado que tenia solo tres kilómetros hasta su pueblo, cosa por lo qué no era nada sabio, caminar o tomar el bus, si o si, tendría qué tomar un taxi, mejor temprano qué tarde, se dijo.
No deseaba encontrarse ni con vecinos ni con su padre al llegar allí, ni mucho menos con viejos amigos. Si es qué aún podía seguir llamarles, así. Después de todo, nunca se preocuparon verdaderamente por él. . No le quedaba más que implorar y confiar plenamente en que toda esa tensión se ira pronto;"seguramente a esta hora no encontraré a John en casa", pensó mientras el taxi le trasladaba a casa.

Los Stilinski, vivían desde hacía muchos años en un pequeño barrio situado en el ciudad de Beacon Hill…, era una zona muy tranquila, se decía que era un barrio de viejos, era lógico, es un barrio que llevaba muchos años de existencia, las calles son estrechas y, apenas hay zonas comerciales,como ocurre en otros barrios mas modernos. Lo que si tiene, son unos mercados de muy buen nombre, afamados por la calidad del genero que se ofrece.
Seria entorno de las seis de la tarde, cuando el taxi paro enfrente de su portal, se veía mucho transito de niños con sus madres o abuelos volviendo del colegio. Los de primaria siempre empezaban antes que los adultos. Ja. Deseo reírse al referirse asimismo como un adulto. Le pago la carrera al taxi y se dirigió al portal.
Se paró frente a la puerta, como si temiera entrar. "Ä ver si no se me han quedado las llaves en Madrid", pensó mientras introducía la mano en el bolsillo de la bolsa de transporte del ordenador. Siempre echaba las llaves en ese bolsillo. Era una persona muy metódica y, por eso se daba cuenta siempre a tiempo cuando algo fallaba. No tenia una gran obsesión por el orden y la perfección. Pero era bastante cuidadoso con todo lo qué tenia a su alrededor. Mas cuando de nervios se trataban.

Sujeto la llave qué su abuela Heder le había entregado, semanas atrás. Desde entonces siempre la miraba por varias horas, fijamente. Como si tenerla en sus manos le dieran un poder in imaginario.
Siempre qué recordaba a su amada madre, se producía una tremenda explosión en su interior, que hacía vibrar sus entrañas de nostalgia. Era tan doloroso haberla perdido…, cuando apenas empezaba a apreciarla como el ser divino qué era en su vida.
Como olvidar su hipnosis por tal objeto platinado, si hasta el bastardo de Canden se burlaba de él y, le había tomado el pelo, por una semana entera. Gritando en su oreja a lo He-man. Mientras alzaba su propia llave del departamento donde vivía, diciendo: "Por el poder de Grayskull. ¡Yo tengo el poder!" o, "¡Yo soy He-man!".realmente, Canden a veces se ganaba su entero odio, comportándose como un gis ñapo. Tenia una relación extraña. Eran como; Chandler & Joey de la serie de televisión Friends, Siempre compitiendo y, jugándose bromas pesadas o, vengándose de las mismas. Eran el dolor de cabeza de Isaac (como Ross, solo que menos soso), pero este siempre les perdonaba todas. Por qué todo lo hacían respetando, sobre todo, su amistad.

Su copia de llave estaba donde debía, abrió la puerta y, tropezó de bruces con el silencio. Cerro la puerta, ignoro la escalera y entro en la cocina donde estaba todo recogido. Dejo la maleta y se dirigió al salón, las persianas estaban echadas, estaba en penumbras. Subió las persianas y abrió una hoja de la ventana para que se renovara el aire. De nuevo se encontró con la sensación de vació haciendo eco en su pecho. Los recuerdos llegaban poco a poco, al observar cada esquina iluminada por la luz qué entraba por las cortinas. Se movió hasta las escaleras, sin pensarlo siquiera, solo siendo guiado por sus pies.
Observo la planta alta y volvió el rostro al suelo. No podía. Aunque realmente lo deseaba, no podía. Trago nervioso y se giro yendo, otra vez por sus maletas, acomodándolas a un lado del sillón.
Se sentó ahí y espero a calmarse. Su respiración adopto el orden debido y se relajo escuchando el sonido de las agujas del reloj moviéndose lentamente. Sus ojos se cerraron por el cansancio del vuelo y…


Bolillas blancas y verdes cayendo junto al frasco qué segundos antes sujetaba en sus pequeñas manos, el goteo inquietante de las gotas resbalando por los bordes de la tina, la luz del foco traspasando el agua, en el fondo él y sus miedos, el auxilio volando en burbujas desde sus pálidos morados labios y, los sonidos perdidos, lejanos e in entendibles.


Despertó dos horas después, irguiéndose para sentarse correctamente en el sillón, intentando bloquear la sensación de ahogo y desconcierto qué se paseaban por su rostro. Su corazón palpitando a mil por hora y el desazón de buscar aire y sentir qué no llegaría jamás a sus pulmones. Paso una de sus manos, por la frente y luego la deslizo por sus ojos, acariciando su nariz; perfectamente alineada. Notando, el desliz de lo que se ve como lagrimas pero se confunden en el sudor qué demuestra las altas temperaturas qué presenta su piel.
No recordaba la ultima vez que tubo una pesadilla…, pero algo le dice que sintió una sensación de vacío similar o igual en ese precisó instante.

Se levanto en busca de un buen baso de agua fría. Para otra vez inquietarse al ver las escaleras, en su camino a la cocina. Sin girarse hacia ella de detuvo a un costado y, observo el suelo, la alfombra vieja de la sala, cerrando los ojos, volvió a regularizar su respiración. Ignorando, el sin fin de imágenes acercándose en sus memorias, llego al fregadero en busca de un baso, notando sin querer hacerlo, la pequeña fotografia pegada en la puerta de la nevera.
Se pregunto, si a su padre no le torturaba verla cada qué sus ojos llegaban a ella siendo qué estaba en la misma posición que hacia cinco años. Se dijo, convencido, qué no.
No, le afectaba tanto como a él.
Derrotado ante el poder que ejercía esa casa en él. Sujeto su llave y salio con el punzo tambaleándole los nervios y dejando las maletas en la sala.

Esa tarde.
No, solo Stiles llevaba una pelea mental contra sus fantasmas del pasado.


La familia Whittemore eran muy conocida y respetada en el condado de Beacon y, también eran bien vistos por los empresarios de la zona, éstos les guardaban consideración y atendían sus indicaciones o, pedidos...
Pero el pasado del más joven de esa familia distinguida, se hallaba cubierto de sombras, sangre, perdida y dolor.…
En su infancia le había tocado vivir una de las cosas mas feas qué le pudiera llegar a tocar vivir a un niño.
Pero ese chico rubio de ojos gatunos, no había vivido con aquel dolor…, no hasta hace dos años atrás. Verán, tras el terrible accidente del qué sobrevivió de milagro. Jackson Whittemore, perdió la memoria. Algunos doctores supusieron qué ante el shock emocional qué había vivido, como una manera de autoprotegerse enterró todo en su cabeza. Sus recuerdos, su niñez y más importante…, a sus verdaderos padres.
Su pesadillas comenzaron el día que su padre adoptivo, mismo qué resultaría ser en realidad su tío (hermano de su padre) Decidiera, lanzarle a la vida pública, Gran error qué les costaría caro a esos padres del corazón, orgullosos de lo que habían logrado con ese niño con apenas no sé bien si 13 o 14 años.
Lo importante es qué después de ser tapa en casi todo el mundo, su mala suerte llego, junto con su memoria. Todo tras abrir su casillero una mañana y, descubrir un sobre con las letras J.W. y, la historia del chico del milagro, toda su tragedia, impresa en un diario, marcando el resto de sus venideros años, como una cruz en sus hombros.

Estaba agotado de ser solo una mascara frente a los demás, de sentir que nadie le conocía en verdad, que nadie veía el mounstro que tenia dentro.
De ser el, Jackson Inteligente, gracioso, gran jugador y alguna vez, capitán de su equipo... fino y bonito, de hombros sexys, de buenos abdominales, todo bien formado, blanco y de cabello más rubio que negro, qué hasta sabia hacer versos y no quiero decirles más.
Ese Jackson encantador que asombraba tanto a mujeres como niños y, ansíanos, con sus increíble asentó ingles y buenos modales. Tan atento como agradecido de lo que pudieran darle….
Ese Jackson, cada noche, caería en la mas terrible y oscura de las depresiones, encerrándose entre las sombras y ahogándose en las imágenes traumáticas de esa noche en qué viajaba en el auto con sus padres. Esa misma noche en que algo se atravesó, y tomo desprevenido a su padre…, el auto giro una, dos, tres o, tal vez mas, ya, estaba cayendo inconciente y la ultima fuerza que le quedaba en sus tiernos ojos, se hallaban puestos en el rostro de su madre con varias heridas y la sangre escurriendo por su frente.

Jackson se medicaba a escondidas, sin querer preocupar a esas dos increíbles personas que le habían criado con tanto amor y, con los que se sentía culpable, por no poder siquiera abrasarles, sintiéndose incomodo.
Busco ayuda con una amiga qué era terapeuta y sé mantenía al margen de la mayoría de sus compañeros, volviéndose ante sus ojos, un tipo engreído, arrogante, de mal carácter y para nada agradable.
Lydia Martyn era parte de sus malas decisiones, separarse de ella en el verano, había sido un gran golpe para él. Esa joven lo había obsesionado, de tal manera…, que solo creía respirar por ella.
Pero ella lo engaño, cuando mas la necesitaba. Cuando, mas precisaba de sus abrazos y sus besos, de su cariño y contención.
Pero, para la joven pelirroja solo debía existir la aventura, la pasión, el fuego, la entrega.
El cariño pasaba de ella. Quiso perdonarla (siendo que todo el instituto se hallaba riéndose de el, por tremendos cuernos), pero ella prácticamente se rió en su cara al sugerirle tan siquiera una segunda oportunidad.

Alison llego a el alumbrándole el camino con una pequeña vela de cera vieja. Una qué se acabaría en un corto tiempo. La joven estaba tan obsesionada como estuvo el alguna vez por Lydia…, de su ex pareja. Scott MacCall, la persona qué lo había traicionado al quitarle a su novia y había osado quitarle el puesto en lacrosse, la única cosa que lograba distraerlo.

Por extraño qué parezca, creyó qué nada mas podía sucederle. Pero se equivoco…, una mañana en la que realizaba sus trotes matutinos. Jackson fue atacado por un extraño lagarto. Uno, qué seria eliminado por unos cazadores, los mismos qué si descubrían qué había sido rasguñado en el brazo por este extraño espécimen. Intentarían eliminarlo también a él. Fue extremadamente extraño descubrir qué había seres extraños, cohabitaban, con ellos, en su ciudad y, aun mas sorprendente el echo de pertenecer a ellos. Ahora, qué con sus cambios de humor se transformaba en una cosa verde y, horrorosa. No les mentiré. Jackson estaba más asustado qué una gallina encerrada con una comadreja.
No estaba del todo solo, una familia de licántropos, si escucharon bien, licántropos. Le estaba ayudando a encontrar una cura…. Solo qué se estaban tardando demasiado.
Pero no todo era; lagartijas y lobos. También tenia sus jodidos problemas de adolescente.

Se encontraban en su habitación en la mansión de los Whittermore.
- No iré a esa fiesta, Alison.- le aseguro a su novia.- De ninguna manera lo are.
- Solo por unas horas…, vamos, me costo mucho hacer tu disfraz.
- No te pedí que lo hicieras.
- No era necesario.- Le tendió nuevamente la bolsa, Jackson bajo los hombros y respiro hondo.- No vamos, a ninguna desde hace tiempo.
- Por qué cuando te lo pedí…,tú no quisiste.- Apretó los dientes con fuerza, no quería discutir con ella. No cuando tenia cierto demonio enterrado en su cuerpo.- No iré.
- ¿Porqué? Por qué es la fiesta de Lydia…- soltó mostrando su inseguridad nuevamente.- ,aún no la olvidas, verdad. - le acuso, con el ceño fruncido.
- Por favor…, Alison. Si quieres hablar de Lydia- el tono de voz iba en aumento. - Pues bien podría hablar de Scott…, por qué el estará en la fiesta, no es así.
- ¿Qué diablos quieres decir con eso? ¿Qué intento volver con él?
-Dímelo tú, después de todo, te comportas tan fría conmigo y, de pronto bienes a buscarme para ir a una fiesta qué ara tu ex y, si tanto quieres regresar con alguien que te engaño con la que era tu mejor amiga. Pues as lo qué quieras. -le dijo, mirándola fijamente.-Eso es.
-No sé lo que quieres decir... -Repuso Alison.
Jackson no se callo, acusando el golpe. —Que eres una imprudente. Una insensata. Me estas pidiendo qué valla contigo a ser humillados ante un montón de idiotas.
- El único idiota, eres tú. Me acusas a mí de qué sigo enganchada a Scott, pero si no vas a esa fiesta, supondré qué eres tú quien aun no puede demostrarle a Lydia que la as olvidado, si es qué lo has hecho y, que sigues tu vida, conmigo como tu novia. -Jackson se indigno ante aquella acusación. Alison, le lanzo la bolsa al rubio que segia sentado en la silla de su escritorio- Te estaré esperando, al menos qué seas un chica dio un portazo antes de bajar por las escaleras e irse furiosa a su casa.

Intento controlarse y, logro hacerlo gracias ala pequeña botella que guardaba en el bolsillo de su pantalón. Se lo coloco debajo de la nariz y, olfateo el aroma a dulce; la bestia se tranquilizo.

Observo la bolsa, realmente quería tener una oportunidad con Alison.¿Y, si de verdad la chica estaba intentando sobrellevar su relación?, se dijo. Debía darle una oportunidad. Después de todo, el también era culpable de qué aquello no estuviera funcionando.

Abrió la bolsa y, deseo no ser tan blando. -¿Arrow?, Enserio…- debió suponerlo por la obsesión de su novia con las flechas.
Se fue a bañar y a adquirir fuerzas para ponerse ese traje verde…, con lo que detestaba el verde.

Se recordó cargar el tanque de su auto, en la estación. Poco antes de arrancar con su disfraz puesto, obviamente había mandado un mensaje a Alison. La misma que le aseguro, que iría por su cuenta y se verían Allá. Le costaría bastante descongelar el corazón de su novia. Debería ser suficiente con el echo de ponerse mallas verdes. Diablos, odiaba las fiestas de disfraces.


Stiles camino hasta la estación mas cercana. Esperando que el minimercado estuviera abierto. Se compraría unas frituras e iría a pasear por el bosque como cuando era pequeño. Seguramente su padre aun no sabia que había regresado, después de todo, jamás le avisó el día en que llegaría.
Llego y saludo ala joven pecosa que se hallaba tras el mostrador…, se dirigió en busca de las frituras y, de paso, chusmeo un poco. Se sorprendió al escuchar la canción que a Laura (la extraña mujer del avión), le había gustado, sonrío recordando a las hermanas y, susurro un poco de la canción.
Entonces vio a un tipo entrar con el disfraz de Arrow y, Stiles siendo stiles...,no pudo evitar reírse de él…. Se veía bastante apuesto, pero era tan loca la imagen del tipo pagando con el antifaz y, todo.
de pronto sucedió lo que a stiles odiaba que le sucediera. Desde qué se hizo amigo de Isaac, tendía a observar a los hombres más de la cuenta, siempre en broma, claro, no se había fijado en ninguno, de enserio. Siempre mujeres, pero había que admitir que este tío era guapo.
Oh, estaba seguro que ese increíble trasero rompería varios corazones.
-Donde dejaste tus fechas cupido.- Susurro divertido. Pero el hombre se sorprendió volteando el rostro y, observándolo con esos increíbles ojos verdes qué le hicieron olvidar que debía respirar para vivir un día mas.