Disclaimer. Akatsuki no Yona no me pertenece. Historia sin fines de lucro. Solo satisfaciendo una pequeña morbosidad.


Yona era un ser egoísta. Realmente egoísta.

Ella podía contar con los dedos de las manos las veces que realmente se había interesado por los asuntos de su pueblo mientras estuvo en el milenario castillo del dragón rojo. Y aun podían sobrarle dedos.

Así, quizás era por eso que los dioses la habían llevado a aquella situación. Desgarrarse los dedos luchando por su vida, siendo que nunca ante fueron dedos que habría molestado en levantar por nadie.

Quizás era su propio desconocimiento. Creyendo que el mundo era suave y bondadoso. Que para las demás personas era todo tan sencillo como para ella… Por eso dolía tanto. Cuan ignorante había sido.

Ahora, continua siendo un ser egoísta. Una pequeña sonrisa se le entre viene a la mente. Tan egoísta… Hak. Y es Hak quien no le permite dejar de ser retorcida. Y Yona no piensa dejar de serlo mientras pueda seguir manteniéndolo a él a su lado.

Y es que Hak es lo único que la mantiene cuerda. Su voz, sus protección, sus enseñanzas, su compañía, su cuerpo…

Y mientras Hak la bese como ahora, mientras le recuerde como estar viva, mientras la acorrale y le dé su amor de aquella forma, Yona no piensa cambiar su forma de ser. Porque la deliciosa ansiedad, la torpe fricción entre sus cuerpos, la voz necesitada y aullada en su oído es lo único que necesita para ser feliz. A Hak. Su Hak. Todo él.

Mañana ya podrá volver a tener fortaleza, podrá volver a levantar el rostro y continuar su camino junto al dragón blanco y el dragón azul. Podrá volver a pensar en su padre con el mismo anhelo que la agobia desde hace tanto, podrá volver a aprender de la realidad de su pueblo. Pero ahora la boca traviesa y necesitada la reclama y ella no está dispuesta a dejarla perecer.

—Princesa – El gemido profundo y oscuro la reclama, le estruja el pecho –Yona—Y Hak se mueve sobre ella, le aprieta las caderas con ansias, muerde con posesión su cuello. Le mira con esos ojos azules profundos con un sentimiento tan antiguo que ella no puede evitar apretarse aun mas contra él, enterrándole las uñas contra la espalda amplia y poderosa. Enredando con fuerza las piernas en las caderas masculinas. —Al amanecer… Princesa, al amanecer tendré—Murmura la amada voz sin aliento, arremetiendo contra ella con más fuerza- que volver a dejarte ir—Apretando las manos entre el pequeño cuerpo femenino, Hak odia cada palabra que pronuncia, deseando poder estar allí dentro el resto de su vida.

Y Yona sonríe como puede, caída en su egoísmo – Aun no Hak – Gime –

— Se mío aun—

Y Hak no puede decir que él sea menos egoísta que la pelirroja entre sus brazos.