WOW! Es hora del final de esta historia tan apasionante! En serio disfruté tanto tanto escribiendo esto y no me canso de decirlo. Agradezco cerrar el año con esta historia y con ustedes, que bueno que les a agradado y que me dejen tan bonitos reviews. Mil gracias por acompañarme en esto y gracias a mi editora Hinata Shouyo por soportarme y golpearme cada vez que se ponía a leer los capitulos. Mil gracias a todos.

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19 de Julio de 1946

Habían pasado ocho meses desde aquel día. Las heridas en los corazones del pueblo de Karasuno parecían sanadas y lo que se había convertido en una catástrofe y una perdida lamentable ahora era poco a poco transformado en una leyenda. Tras declarada la muerte del Doctor Tsukishima hubo rumores en el pueblo, pequeñas anécdotas que enmarcaban un tratado entre él y el hierbatero. Se dice que han visto sus espíritus vagar, que fue la misma alma solitaria de Hinata quien desvió la carroza de Tsukishima y lo arrastró con él a la otra vida. Ahora ambos brillaban en el cielo al fin juntos después de que el rubio defendiera su honor y le diera justicia, al fin se había reunido con su amado en el más allá.

Las chicas del pueblo suspiraban ante el romanticismo de supuesta historia, los hombres pensaban que se tornaba más en un acto vengativo por parte de la furiosa alma de Hinata más todos concordaban en que la acción realizada por Tsukishima Kei fue entre todas la más noble pues hizo todo para desenmascarar al culpable de la muerte de su amado.

Así, con una historia fantástica como pocas existían en ese pueblo olvidado por Dios, arribó el festival de verano. Las calles llenas de papeletas de colores y los quinqués encendidos. Estampados de soles y lunas mientras los niños corrían con bengalas caseras en las manos, las niñas con sus trajes tradicionales y todos portando una máscara que les cubría parte del rostro. La plaza principal llena hasta tope mientras la música resonaba y entre susurros se recordaba a los que fallecieron en aquel triste octubre.

Al fondo, en un altar hermoso lleno de claveles chinos y girasoles, reposaban dos pinturas y un hermoso tributo. Hinata, el hierbatero que todos querían como parte de su familia y Tsukishima, el Doctor que le amaba y le dio justicia.

Entre la gente que corría a la plaza un joven de cabello castaño andaba en sentido contrario. Un hermoso traje tradicional en blanco con estampados dorados levemente holgado pero precioso, el antifaz blanco y un pequeño abanico de mano para disipar el calor pues aún cuando se acercaba el anochecer el clima no perdonaba. Llegó frente a las puertas de la comandancia donde los policías bebían y festejaban la llegada del festival y uno miró al joven preguntándole el porqué de su presencia.

—Vengo a ver al prisionero Sugawara Koushi…de parte de Yamaguchi Tadashi —fue todo lo que dijo. El policía asintió tomando sus datos y le hizo pasar dentro de la prisión donde la celebración también invadía a los prisioneros. El júbilo llegaba a todos los rincones de Karasuno excepto a la tranquila celda del peliplatino de ojos miel.

—Sugawara, tienes visitas —indicó el policía. El chico suspiró y se levantó de su incómoda cama para partir a la habitación de visitas. Tras las revisiones rápidas, pues la fiesta estaba afuera y no querían perder su tiempo, dejaron a ambos jóvenes en aquel cuarto donde el exterior no se vislumbraba, donde había privacidad para desenvolver el resto de aquella fantástica historia.

Sugawara no alzaba la vista, la tenía baja mientras jugaba con sus manos encima de la mesa de madera, estando sentado, sin siquiera preguntarse el porqué de la presencia del castaño. Apenas se habían visto una o dos veces, su única relación era por el mismo doctor.. ¿Qué quería ahora de él?

Fue hasta que esa mano, la mano del joven frente a él, estampó contra la mesa una maraña de cabellos castaños, una peluca. Suga alzó la vista, sus ojos se abrieron con total sorpresa al igual que sus labios al ver la persona que se estaba ahí de pie, hasta su respiración desvarió un poco del impacto creyendo que la locura de su propia madre se le había heredado pues era posible que estuviera viendo fantasmas.

—No…no puede ser…tú estás muerto —dijo poniéndose de pie, el chico frente a él torció una mueca triste y entrecerró los ojos. —pero…¿Cómo?

23 de Septiembre de 1945

El pelinaranja corría por el bosque abriéndose paso entre matorrales y árboles frondosos. Sus pasos eran largos y tenía leves tropiezos, la noche fría le hacía tomar bocanadas de aire y jadear entre tos mientras su nariz enrojecida pronosticaba un posible resfriado. Detrás de él un rubio gritaba su nombre como podía intentando seguirle el ritmo, intentando alcanzarlo. En su carrera el cementerio se mostró ante sus ojos viendo rápidamente un posible escondite, una forma de alejarse de aquel hombre mientras en sus orbes había lágrimas.

Se escondió tras una lápida poniéndose en cuclillas y controlando lo agitado de su respiración, mirando a los lados esperando perder al rubio que le seguía y, según su plan, buscar a Kageyama para resguardarse. Acto seguido hubo un silencio, uno sepulcral que provocaba en él una enorme tensión hasta que, con el tacto de esa pálida mano en el hombro, Hinata dio un salto intentando retroceder pero Tsukishima le sostuvo con fuerza el brazo.

—Suéltame… por favor… déjame irme es la única forma en que…—el rubio le silenció con un beso, uno que le robó el aliento y poco a poco se separó de él clavando sus orbes dorados mientras Hinata lloraba, mientras unas lágrimas corrían por sus mejillas. Jaloneó una vez más su brazo y esta vez Tsukishima le soltó, realmente el pelinaranja era terco.

—Voy a pensar en algo Hinata… no cometas una estupidez por favor —el pelinaranja retrocedió negando con la cabeza.

—Tsukishima-kun…no quiero que él te mate yo… no podría perdonármelo por eso prefiero… —el rubio le impide continuar, le abraza con fiereza para que calle sus palabras. Había sido un día difícil, tal vez el más difícil en la vida del rubio pues confesarle a quien amas que tu misión es matarle o si no te matarán no es algo que comúnmente se diga. Le contó las causas y razones de Suga, le dijo todo de su padre y sobre la muerte de su madre y su hermana. Hinata había propuesto, entre llanto, hablar con el peliplatino más Tsukishima no pensó que fuese buena idea pues Sugawara parecía estar perdiendo la cabeza. Pensó en huir, en que escaparan juntos de Karasuno más Tsukishima se negó a irse, no sin antes contratacar al peliplatino por sus actos viles, huir no era una solución.

Entre tanta discusión Hinata escapó hacia el bosque, su último plan era irse lejos aun cuando el dinero era un problema. Si él se iba de Karasuno no habría más conflicto¿No? El vivero perecería y nadie jamás sabría que él era producto de una infidelidad y Tsukishima viviría, todo estaría mejor si él no estuviera ahí, si él realmente muriera para todos.

Se liberó del agarre de Tsukishima, sabía que de abrazarlo más le sería más difícil decir adiós y retrocedió sin ver sus pasos, sin notar que tras él un hueco le haría caer en un pozo profundo donde una tumba debía haber.

—Hinata, Hinata ¿Estás bien? —dijo mirando a lo profundo del agujero donde el pelinaranja se sobaba un poco la cabeza quejándose del golpe. Tsukishima suspiró más tranquilo mientras Hinata intentaba levantarse y entonces, con una pequeña patada, detectó una puerta hueca de madera.

—¿Un ataúd?...—pensó hasta que esta se empezó a remover tirando la tierra que le cubría alrededor filtrándose una luz que iluminó el agujero donde el pelinaranja había caído. Detrás de aquella puerta de madera de aproximadamente medio metro se mostró una cripta iluminada, dentro estaba el sepultero.—¿Kageyama-kun?...

—¿Qué haces aquí, idiota? —le preguntó con cara de pocos amigos irritado tras ver que alguien había descubierto una de sus trampillas.

19 de Julio de 1956

Un pecoso se encontraba esa misma noche en la plaza de Karasuno decorando con flores los alrededores de la fuente principal. Un mandil le vestía el frente y unos guantes de jardinero cubrían sus manos mientras acomodaba la tierra de las flores que la gente sorprendida se acercaba a observar. El pecoso se incorporó tallándose la frente y sonriendo satisfecho a su trabajo mientras un pelinegro detrás de él se detenía.

—¿Aun trabajando? El festival ya empezó —le habló como si reprendiera más así era su tono de voz. Yamaguchi se tensó y después relajó la mirada sonriendo a Kageyama.

—Quería que quedara perfecto…después de todo es mi trabajo —miró nuevamente el montón de flores naranjas frente a ellos mientras se quitaba los guantes y volvía la vista al sepultero—fue mi promesa a él…a ellos.

—Ya…no es necesario que te presiones con ello —puso su mano sobre la cabeza del castaño quien apretó los ojos. Kageyama miró aquellas flores, aquella decoración como sol y como lunas en toda la plaza y al fondo las pinturas con los rostros de Tsukishima y Hinata. Puso su mano en el hombro de Yamaguchi como una pequeña caricia que el chico recibió mientras juntos observaron la noche decorar con leves motas blancas rememorando aquel día, ese momento después del juicio de Tsukishima.

26 de Octubre de 1944 10:40 am

—¡Tsukki! ¡Tsukki! ¿Qué hacemos aquí? ¿No se supone que debíamos estar partiendo a la estación?—decía bajando de la carroza y siguiendo a Tsukishima. Su orden al alejarse del juzgado había sido directa "Vamos al cementerio". En ese momento Yamaguchi pensó que Tsukishima quería despedirse de la tumba de Hinata, decirle adiós para siempre más la forma estrepitosa con la que bajó de la carroza y empezó a andar derecho hacia una cripta le hizo asustarse —¡Tsukki!

Al fin le dio alcance. Tsukishima detuvo su andar y volvió la vista a su fiel sirviente estando en la puerta de la misma cripta. Dentro se veían unas escaleras que descendían iluminadas con pequeñas llamaradas como si fuese sacado de una película de terror. Yamaguchi tomó aire nervioso y volvió a ver al rubio, quien tomó valor para hablar.

—Tengo una última orden que darte…—para el castaño aquellas palabras fueron terribles. Sabía que Tsukishima se iría pero "última orden" sonaba a algo fatídico. —Cuando esto acabe toma la carta dentro del escritorio de mi estudio… después de leerla quémala y guarda este secreto hasta la muerte…

Yamaguchi asintió sin duda, haría lo que fuera por Tsukishima aunque ahora sí que estaba confuso. Sugawara había afirmado que el mismo Doctor mató a Hinata ¿Eso sería real? ¿Ese sería el secreto que quería que guardara? Tendría que soportar con el peso de un asesinato el resto de su vida pero de ser así ¿Por qué motivo estaban ahora en el cementerio? Tsukishima miró su reloj, entre tanta tensión el tiempo parecía más veloz y faltaban escasos minutos para las once… unos pasos al fondo de la cripta llamaron su atención y la cabellera azabache se mostró unas escaleras más debajo de donde estaban ellos.

—Ya lo he arreglado todo …—comentó Tsukishima. Kageyama asintió levemente —Sugawara está en prisión ahora…—entonces Yamaguchi miraba a ambos ¿Acaso eran cómplices?

—Ya casi es hora…andando —espetó Kageyama bajando por la cripta seguido de los dos jóvenes mientras Tsukishima hablaba clara y directamente a Yamaguchi.

—Tadashi…ahora te pediré un favor…no es una orden esto es algo que quiero que hagas por mi como amigos…—el castaño apretó los labios atento con los nervios de punta — después de esto quiero que vayas camino a la estación …pero por el camino detrás de la colina…

—Pero Tsukki…ese es un camino peligroso …—guardó silencio esperando escuchar las razones del rubio.

—Quiero que cuando estés cerca de la pendiente más alta sueltes la carroza y que vuelvas al pueblo con el caballo diciendo a todos que he caído por la pendiente…que nada pudiste hacer para salvarme —Yamaguchi abrió los ojos con sorpresa, ahora no entendía ¿Tsukishima quería fingir su muerte? Decir que murió cayendo en aquellos lares era astuto pues nadie podría buscar su cuerpo pero ¿Cuál era su motivo? ¿Acaso era culpable y quería hacer aquello antes de que la justicia le siguiera?

—Pero Tsukki…tu ¿Qué harás? —dicho esto la sala principal de la cripta se abrió ante sus ojos totalmente iluminado con varias veladoras alrededor. En el centro había una cama de piedra con cobijas en apariencia suave y hermosas. Encima de ellas descansaba el cuerpo de un joven que lucía como un hermoso ángel dormido, ahí en medio de la cripta estaba el cuerpo de Hinata.

Tsukishima miró su reloj, este marcaba apenas las once y ya se habían cumplido las veinticuatro horas. Kageyama se quedó detrás junto a un sorprendido Yamaguchi. No cualquiera veía a alguien muerto, no sabía cómo actuar ante la escena y peor aún cuando su mente estaba atestada de preguntas. Tsukishima se aproximó observando a Hinata completamente, acariciando su mejilla con suavidad mientras entrecerraba los orbes. Justo como el día anterior pegó su frente a la del pelinaranja y susurró su nombre cálidamente.

—Hinata….despierta….—Yamaguchi abrió más los ojos para después ver a Kageyama esperando alguna respuesta a lo que pasaba ahí más su pregunta fue contestada cuando escuchó un suave suspiro. Primero pensó que se trataba de Tsukishima más cuando vio el pecho de Hinata moverse suavemente con lentas respiraciones no lo podía creer. El pelinaranja apretó los orbes un par de veces y movió la cabeza tomando aire lentamente hasta que los abrió poco a poco acostumbrándose a la luz del lugar.

Lo primero que vio fue el rostro de Tsukishima, sintió como la gran mano del Doctor tocaba la suya apretándola suavemente mientras todo lo demás, sus ideas, la vida misma empezaba a esclarecerse. Con su mano libre Tsukishima le peinó los alborotados cabellos esperando que se despabilara hasta que sus labios liberaron un suave quejido.

—Me duele todo…—se quejó el pelinaranja apretando la mano del rubio.

—¿Cómo no? Dormiste por veinticuatro horas… —espetó Kageyama acercándose a su amigo quien solo sonreía levemente mientras Yamaguchi no digería bien lo que sus ojos mostraban. Se aproximó atónito, a paso lento hasta llamar la atención del rubio.

—Tadashi… creo que no lo conocías…—el Doctor ayudó a Hinata a sentarse con esfuerzo, debía estirar sus músculos para desentumirse — él es Hinata Shouyo….

—Mucho gusto…. —dijo el pelinaranja sonriendo dulcemente aunque el cansancio seguía en sus orbes —Tsukishima-kun me ha hablado mucho de ti…

—Pero….¿Cómo? —el pecoso se cubrió los labios incrédulo, ¿Acaso todo había sido un plan de ellos tres?

19 de Julio de 1956

—Tsukishima fue quien te mató…—dijo Suga impactado, tembloroso —por culpa de él estoy aquí…

—No digas eso… no lo digas —las hebras naranjas se movieron un poco mientras el chico bajaba la cabeza frente a Suga conteniendo el llanto— lo que hiciste estuvo mal… yo hubiera querido que las cosas no fueran así pero…—Hinata sollozó quitándose el antifaz y mostrando sus expresivos orbes llenos de lágrimas —estabas tan cegado que… sólo pude hacer esto… dejarlo todo y desaparecer para que estuvieras feliz.

Suga se quedó un rato en silencio y apretó el puño en seña de frustración. ¿Ser feliz? ¿Acaso había encontrado la felicidad tras la muerte de Hinata? Esa pregunta tuvo una respuesta cuando el chico emitió una frase que el peliplatino nunca olvidaría.

—Pero no eres feliz ¿Verdad?... Quería que tú lo entendieras…—entonces Sugawara comprendió algo. Cuando su madre mató a la familia de Hinata no fue feliz, terminó hundida en un hospital psiquiátrico víctima de su propia locura, misma locura que parecía estar azotando a Sugawara más ahora que veía a Hinata frente a él, cuando sabía que su egoísmo y malicia no había surtido efecto su corazón parecía relajarse, aquellas voces parecían disiparse y ese temblor continuo de sus manos cesaba.

Tal vez Sugawara pasaría la vida ahí en aquellas paredes pagando por un crimen que nunca se cometió pero al menos había aprendido una lección que su propia madre tuvo la desdicha de nunca aprender.

—Aunque…—susurró Hinata poniéndose de nuevo la máscara —me hubiese gustado tener un hermano.

Sugawara no respondió a aquello último pues no tenía una respuesta. Hinata volvió a su disfraz y salió lentamente del cuarto dejando al peliplatino pensando, digiriendo esa realidad, conociendo en su totalidad la enorme trampa en la que había caído. Sonrió suave, realmente ese par fue astuto y ahora él pagaba el precio de su ingenuidad lejos de la locura y la culpa de haber desaparecido un alma tan única como la de Hinata Shouyo.

24 de Octubre de 1945 10:50am

Unos minutos antes de ser encontrado el cuerpo 'sin vida' de Hinata los dos jóvenes se adentraron en el bosque vigilantes de que nadie les observase. Caminaron de la mano atentos a cualquier cosa, esperando no ser descubiertos, furtivos mientras recordaban su primer encuentro hacia un año atrás.

—Ese día me atacaste…—dijo el pelinaranja riendo suavemente mientras las densas nubes cubrían el bosque y empezaba a helar. Tsukishima andaba a su lado en silencio con una pequeña botella curiosa en su mano libre.

—Realmente te quería asustar… —Hinata sonrió deteniéndose en un punto rodeado de árboles mientras las gotas empezaban a caer.

—¿Ahora eres tú el asustado? —dijo parándose frente al rubio quien no respondió a la pregunta. En serio estaba asustado, de verdad quería justo en ese momento tomar a Hinata y huir, más el plan ya estaba en marcha. Sacó su reloj de bolsillo y miró que faltaban unos minutos para las once.

—Solo serán veinticuatro horas y se irá el efecto… —dijo mirando la botella con aquel curioso liquido extraño. Una droga fabricada a partir de varias hierbas que Hinata conocía. Daba un efecto extraño en quien se administraba, pues el cuerpo caía en un sueño profundo disminuyendo el pulso, dando una apariencia de muerte.

Tsukishima dijo a Sugawara que aquella droga que le administraría al chico sería letal más si analizaban a Hinata seguro darían con el componente y se verían implicados así que era cosa del peliplatino impedir que abrieran el cuerpo del chico para analizarle, con esa instrucción falsa se aseguraban de que el cuerpo del joven quedase intacto. Ahora solo quedaba esperar que todo saliera conforme lo planeado. El rubio destapó la botella que hizo un ruido hueco y lo puso en las manos de Hinata.

—Tsukishima-kun…cuando todo esto acabe…—alzó la vista y sonrió con los mofletes rojos —promete que veremos las luminarias en verano…

—Lo haremos…—susurró tomándolo de los hombros. La lluvia empezó a caer más estrepitosa mientras Hinata se alzaba de puntas besando los labios del rubio. Hubo un susurro que se escapó entre la lluvia, un "te amo" que aceleró ambos corazones y solo al final Hinata bebió el líquido perdiendo la conciencia, siendo sostenido por el rubio, dejándole encima de la húmeda tierra y arrancándose un botón de la camisa para colocarlo encima de su pecho.

Tan pronto escuchó el ruido de alguien en las cercanías buscó refugio por unos árboles cercanos y observó como un granjero con mirada apacible se acercaba a Hinata, revisaba sus signos y asustado se levantaba a pedir auxilio para el joven hierbatero. Tsukishima suspiró, en ese momento empezaron las veinticuatro horas más críticas de su vida.

25 de Octubre de 1945 11:30 am

—Entonces él nunca estuvo muerto….—dijo Yamaguchi sentado en un banquillo totalmente atareado mientras Hinata bebía un poco de agua y comía pan. Resumieron lo ocurrido las últimas veinticuatro horas más aun no aclaraban un punto —¿Cómo sobrevivió a estar dentro de un ataúd?

—¿Eh?...bueno no estuve tanto tiempo ahí —dijo mirando hacia la puerta de madera de medio metro —ese día que supe que Tsukishima-kun debía matarme caí dentro de una trampilla que salvaría mi vida…

—Construí ese agujero para escapar de los asaltantes del bosque…viviendo yo en este lugar soy constantemente seguido por esos sujetos así que esa trampilla donde enterramos a Hinata da hacia esta cripta…—dijo abriendo la puerta y mostrando que tras ella estaba lo que parecía ser la tumba donde el chico había sido colocado —mientras ustedes lloraban su muerte yo bajé y abrí el ataúd por un lado para sacarle.

—El problema hubiera sido que el ataúd no soportara después de ser destruido del costado pero todo salió bien…—el pelinaranja rio torpemente mientras se tallaba los alborotados cabellos. Yamaguchi ahora estaba sorprendido, emocionado y anonadado por toda esa historia tan fantástica.

—Aunque este sujeto casi lo arruina todo anoche pues quería venir a verte —Kageyama señaló a Tsukishima quien miró a otro punto avergonzado. La noche anterior en que se encontró con Kageyama el azabache no le permitió seguir pues si alguien lo descubría visitando a Hinata pondría en riesgo todo el plan.

—Ahora tienes que hacer lo que te pedí, Tadashi —dijo el rubio seriamente —algún día la justicia me buscaría si descubrieran que fui cómplice de Sugawara Koushi… por eso tengo que fingir mi muerte…

—Ustedes …¿A dónde irán? —preguntó al fin el pecoso. La pareja se miró y el pequeño sonrió dulcemente.

—Alguien astuto estuvo haciendo unos caminos subterráneos bajo Karasuno —comentó el sepultero quien con pico en mano golpeó unos tablones de una de las viejas paredes de la cripta—uno atraviesa la colina y sale por debajo de ella casi a orillas del lago.

—¿Atravesarán la colina? —el rubio asintió. Nadie de Karasuno había podido llegar al fondo de la pendiente y menos atravesar el lago, pero por ese camino subterráneo era todo más sencillo.

—Ahí se ha preparado una pequeña balsa para que crucemos el lago y por la noche estaremos al otro lado. —comentó el rubio mientras sacaba una bolsa de víveres que previamente había preparado. Ya digerido todos los eventos Yamaguchi se sintió con la confianza de hacer su parte, de ayudar a la pareja a escapar lejos de aquel lugar pues aunque Karasuno les hacía feliz también requerían de empezar de nuevo en un sitio donde los prejuicios no les haga ocultarse del mundo.

—Yo me encargaré del resto, Tsukki… —dijo muy seguro sorprendiendo a los tres chicos —ustedes tienen mi apoyo y …por favor…si pueden volver alguna vez a saludar yo…—el pecoso se contuvo, sabía que era hora de despedirse de la persona que estuvo toda la vida a su lado, era hora de que ambos crecieran. Tsukishima se aproximó y despeinó los cabellos castaños del chico, quien no pudo contener más el llanto.

—Has sido el mejor amigo que puedo tener—dijo abriendo su corazón por otro instante más;—debí hacerte parte de esto desde un inicio pero sabía que te preocuparías mucho más de lo que deberías —el pecoso rió, en eso Tsukishima tenía razón — no olvides la carta y …nos volveremos a ver.

Dicho esto y tras despedirse de Kageyama se internaron en el túnel con los dedos entrelazados y una antorcha iluminando su andar. La puerta se cerró tras ellos mientras emprendían el camino a su libertad, mientras afuera continuaba la última parte del plan donde todos creerían que ambos murieron para vivir su amor en el más allá sin imaginar que, encima de aquella pequeña balsa improvisada y hecha por el sepultero, atravesarían el lago mirando cómo la noche iluminaba con sus estrellas los alrededores en el espectáculo más hermoso de sus vidas, mientras Karasuno quedaba atrás y con un beso daban inicio a un nuevo capítulo en las historias de sus vidas.

Tras declararse la muerte de Tsukishima y no habiendo podido recuperar su cuerpo, Yamaguchi se sentó en aquel escritorio del joven y sacó aquella carta color hueso con el sello de Tsukishima estampado en rojo. Abrió la carta y empezó a leer aquella misma a la luz de las velas.

"Tadashi.

Justo ahora debes ya conocer toda la historia. Hacia un año conocí a alguien que cambió totalmente mis días. Intenté en vano mantener distancia y luego me vi a mi mismo más cerca de él de lo que podía admitirme. Descuidé mi propia existencia por hacer feliz la suya, más también guardé receloso el secreto de aquellos besos que le robé. Tanto así que Sugawara Koushi creyó que seguía siendo un hombre amargo y sin corazón como todos me conocían, un hombre recluído y vengativo, un hombre incapaz de sentir amor.

Su orden fue ganarme la confianza de Hinata, hacer que me quisiera hasta matarle pero fue él quien se ganó mi confianza, fue él quien logró que lo quisiera que hasta moriría por él. Fue tan fácil enamorarme… fue tan fácil dejarlo todo por él.

Justo ahora debemos estar llegando al otro lado del lago buscando hacer una nueva vida sin arrepentimientos. Empezar de nuevo lejos de aquellos lugares que le hacían sufrir, lejos del recuerdo doloroso de sus pérdidas y de un pueblo que por más que le considerara familia siempre le hacía recordar su soledad. Quiero darle esa familia que la vida le ha estado negando, Tadashi.

Cuando declaren mi deceso procederá la lectura de mi testamento. Todo está a tu nombre, siempre ha sido así, solo hay un favor que pedirte…no dejes que las flores del vivero se sequen, son importantes para él.

Sin más que decir y cerrando así esta etapa bochornosa de mí, me despido aunque seguro nos volveremos a ver.

Tsukishima Kei."

19 de Julio de 1946

Trotaba a través de un pasillo oscuro hasta que la luz de la luna se filtró al fondo. Salió rápidamente sosteniéndose la vestimenta para no pisarla mientras los zapatos de madera reposaban en su mano y sus pies descalzos estaban sucios por la tierra. Respiró tranquilo y enfocó la vista a unos metros hacia abajo viendo un par de balsas embarcadas en la orilla. El pelinaranja corrió nuevamente descendiendo hasta llegar a ellas donde un rubio esperaba con los pies dentro del agua totalmente perdido en sus pensamientos.

—Aún no empiezan pero no tardarán. ¡Andando! —dijo motivando al rubio, quien con cara de pocos amigos se puso de pie tomando el gran bastón para impulsar la balsa donde ambos solían atravesar el lago.

—No te balancees tanto o nos caeremos…—se quejó Tsukishima empezando a abrirse camino cuando la noche ya iluminaba en todo su esplendor el lago. Los arboles daban cierta privacidad más aun así no temían pues nadie asomaba la vista a aquellos lares y por la distancia eran difícilmente reconocibles. Tras unos minutos brazando decidieron detenerse en un punto justo en el centro y a la distancia la otra balsa parecía andar hacia ellos.

—¡Kageyama-kun! !Yamaguchi-kun! —gritó Hinata emocionado moviendo los brazos al aire mientras Tsukishima le reprendía. Los otros dos jóvenes se aproximaron en la balsa que había quedado aparcada en la orilla.

—Idiota, nos has dejado atrás…—le regañó Kageyama mientras el pecoso a su lado sonreía muy divertido. No se veían seguido, solo algunas veces cruzaban la colina para visitarse entre ellos y charlar. Yamaguchi ahora se encargaba del vivero de Hinata y lo llevó a una época de gloria gracias a la ayuda y apoyo de Kageyama quien se seguía dedicando a sepultar gente y a mapear los diversos túneles que se escondían bajo Karasuno. Hinata y Tsukishima vivían cruzando el lago, su casa era humilde, tenía algunas goteras y los inviernos pintaban a que iban a ser muy fríos más el rubio no extrañaba la seda y las cobijas cálidas si podía ver cada mañana a Hinata despertar a su lado. Podían presumir de tener un hermoso jardín de claveles chinos y girasoles además de un pequeño huerto donde cosechaban su propia comida. No había problemas con rentas o con vecinos molestos, sólo eran ellos dos contra el mundo. Justo cuando iban a iniciar una nueva riña Hinata guardó silencio y señaló las luces que empezaban a pasar por encima de la colina.

—¡Aquí vienen! ¡Genial, aquí vienen! —dijo alzando nuevamente los brazos, Tsukishima no le reprendía ya, sabía que era una causa perdida pero se tranquilizaba de verlo tan feliz.

Un puñado de luminarias pasaron por encima de ellos reflejándose hermosamente en el oscuro lago, aquella vista era preciosa. Algunas descendían un poco pero Hinata les daba unos pequeños golpecitos para hacerlas elevar mientras reía gustoso. Ese era un día feliz, había logrado tranquilizar el corazón de Suga, estaba junto a sus amigos y a la persona que lo dio todo por él. Mientras las luces pasaban Tsukishima entrelazó los dedos de Hinata sorprendiéndolo.

—Tsukishima-kun…esta vez somos los últimos en verlas…—el rubio cerró los ojos asintiendo y con un corto beso en los labios susurró de forma inaudible para el otro par.

—Te amo… Hinata

Aquellas simples palabras hicieron que los ojos de Hinata brillaran aún más que el montón de luminarias en el cielo…

FIN