Chapitre 1: Souhaiter.

El suave viento soplaba haciendo que sus finos cabellos bailaran a su compás. Estaba en un patio destruido, un jardín con pocas flores y rodeado de nieve. Lian-chu no recuerda cómo fue que llegaron a ese punto o siquiera a ese lugar, pero ahí estaba, con una sed ajena que le resultaba aberrante y extraña junto con una ira sin fundamentos o razón. Sus músculos entumecidos por el frio y el cansancio eran los únicos indicios que le dictaban haber cometido alguna batalla.

¿Habría sido un dragón? Giro la vista en búsqueda de sus fieles compañeros, pero detrás suyo solo había un rastro de espesa sangre que no podía diferenciar si era humana o animal, pero solo en ese momento fue que se dio cuenta que no estaba Gwizdo a su lado y que la única respiración se trataba de la suya. Bajo la mirada, y ahí se hallaba.

Cuerpo pequeño, gran nariz y los ojos muertos en vida, una herida de muerte atravesaba al pequeño hombrecillo. Lian-chu reacciono.

—¡Gwizdo! —gimió con dolor al ver a su único amigo desfallecer justo a sus pies, el estafador solo lo miro a los ojos, antes de dejar exhalar su último respiro. La herida que lo había matado había sido provocada por él, estaba tan seguro de ello que su cabeza exploto con alaridos dolorosos y un sollozo casi exagerado. Tomo a Gwizdo entre sus brazos y lo sostuvo con tanta fuerza que incluso escucho los delgados huesos del hombre crujir ligeramente, ya nada se podía hacer, Gwizdo había perecido y Lian-chu no comprendía nada ¿cómo podría haber lastimado de esa forma a su amigo? A la única persona que amaba…

—Eso mi querido amigo —murmuro una voz detrás de él—. Se le llama premonición.

Se giró con brusquedad tratando de no herir el cuerpo de su amigo. Y de un lugar incierto apareció un hombre de aspecto jovial y de buen ver que desconocía.

—¿Quién eres? —grito frunciendo el ceño—. ¿Qué paso con Gwizdo? ¡¿Qué has hecho?!

—Es muy pronto para responder a tus preguntas cazador, pronto conocerás de mí y del peligro que acecha a los que dices amar.

El hombre desapareció casi tan rápido como apareció, pero no su voz, que como último comunicado le hizo saber todo lo que Lian-chu había tratado de ocultar durante todos esos años.

(…)

Lian-chu se despertó de inmediato, asustado y con la frente sudorosa. Pronto ciertos restos de su lucido sueño aparecieron en su cabeza, un Gwizdo lloroso, enfundando una espada que juraba no ser suya pero que sostenía con agallas, unas agallas que no parecían ser propias del joven estafador y una desgarradora verdad asomándose por los labios de ambos. Una historia trágica, una pesadilla horrible.

—Dios… —suspiro mientras pasaba sus dedos por su rostro, miro debajo de la litera para cerciorarse de que su compañero se hallaba dormido y tras verlo volvió a suspirar.

Nunca había tenido un sueño como aquel, violento y hasta cierto punto grotesco e irracional, aunque ciertamente Lian-chu admite haber tenido uno que otro suyo relacionado con su amigo de la infancia, pero eran otra clase de sueños un poco más animados y adolescentes como consecuencia a un amor que se negaba revelar, sin embargo haber soñado él asesinando a Gwizdo… Jesucristo.

"Se debe a tu malgaste físico y a que en tu última pelea casi tú y Gwizdo mueren" se forzó a decirse eso una y otra vez. Se dio unas cuantas palmadas en los cachetes y se aseguró de que su mente preocupada le creyera a sus palabras.

Él nunca lastimaría a Gwizdo, él nunca haría nada como para que saliera herido o… no, no valía la pena pensar en algo como eso. Volvió a acostarse al cabo de unos segundos y cayo rendido casi de inmediato, deseando inútilmente no volver a soñar con la escena que lo había despertado esa noche, pero como había pensado, sus deseos nunca fueron escuchados.

(…)

Esta vez no estaba en un patio como la vez anterior sino dentro de una sala magistral. Era una habitación muy grande, dorada, brillante, quizás de oro puro. En medio de todo había una cama que estaba cubierta por finas mantas rojas de seda y por contrario a la cama de la posada esta representaba tres veces más que la suya.

Camino con seguridad hasta la cama, donde parecía estar alguien durmiendo entre sus cobijas, pero antes de acercarse lo suficiente una voz a lo lejos igual que la del pasado sueño le murmuro detrás de él.

Eres más persistente de lo que hubiera pensado.

El cazador se giró, aterrado de volver a escuchar la voz de aquel hombre quien había dejado de ser solo una visión borrosa de su ser y se volvió una un poco más clara. Se trataba de un hombre atractivo, igual de alto que él, vistiendo lo que eran al parecer prendas de la realeza imperial de alguna dinastía oriental, su cabello era negro y algo sobresalía de su cabeza que parecían ser cuernos y sus uñas eran alargadas pintadas con esmalte, fumando de una pipa que desprendía un olor a opio que inundo la estancia y el bulto que se hallaba en la cama se movió.

—¿Quién eres tú? —exigió saber Lian-chu mientras fruncía los puños—. ¿Dónde está Gwizdo?

La idea de Gwizdo, muerto entre sus pies aún se hallaba con claridad en su mente y su propia inteligencia le había dicho que cualquier cosa que hubiera pasado en ese sueño se trataba de aquel hombre enfrente de él. Sí tenía que pelear no lo dudaría, porque presentía que no se trataba de un solo sueño.

Las cosas a su tiempo —contesto el hombre avanzando un par de pasos. Lian-chu se posiciono en modo ataque, sin armas lo único que podría salvarlo era un buen ataque a puño limpio—. Es muy pronto para que trates de desafiarme, Lian-chu.

—¿Cómo sabes mi nombre? —pregunto esta vez.

Sé más cosas de las que te imaginas y de las que debería, mi querido amigo —dijo restándole importancia y acercándose más a la cama—. Te lo dije hace un segundo ¿no es así? Ese sueño se le llama premonición.

—Yo no sería capaz de herir a Gwizdo —gimió en protesta—. Una premonición como esa es claramente imposible…

El hombre rio como si lo dicho por Lian-chu hubiera sido una buena broma, y su risa, una que pretendía ser ostentosa resultaba más que nada una combinación sarcástica y melancólica. Dicho acto molesto al cazador pero incluso antes de tratar atacar al hombre, el bulto en la cama se movió llamando su atención. Pronto se dio cuenta de quien se trataba.

Gwizdo, con el rostro somnoliento y con una sonrisa complacida, se levantó de la cama para luego ver a Lian-chu, quien tras verlo morir en sus brazos su corazón se irguió de alegría. Verlo vivo en sus sueño era como asegurarse de que continuaba respirando en el mundo real y que esa estupidez de "premonición" no era más que una trampa de aquel hombre de apariencia extraña. Dejo de apretar los puños con fuerza y su cuerpo se relajó de tal manera que hasta sintió que sus rodillas no podían soportar su peso como lo habían hecho todos esos años. Sin embargo, cuando estuvo decidió a ir por él, Gwizdo desvió la mirada y la fijo en el otro hombre.

Esa sensación… Donde las pupilas de Gwizdo se abrían al ver el rostro del misterioso hombre, que denotaban un sentimiento aún más grande del que él jamás había visto en el estafador. Conocía del amor, y esa es la misma manera en la que Lian-chu miraba a Gwizdo, la misma con la que el hombrecillo miraba a ese ser repulsivo.

Hay muchas cosas que debes saber, Lian-chu… —dijo el hombre mientras se dirigía con Gwizdo, sentándose al borde de la cama y dejando que los escuálidos brazos de su amigo le rodearan el cuello con cariño y necesidad. El corazón de Lian-chu se sintió lastimado—. Pero te lo he dicho… es demasiado pronto para que te precipites. Todo lo sabrás en su debido tiempo. No desesperes.

El hombre exhalo humo de la pipa y esa misma nube grisácea fue lo que cegó sus ojos de aquella "visión", sin siquiera permitirle luchar contra aquello, sintiendo opresión en todas partes del cuerpo, con un dolor inexplicable, Lian-chu despertó de ese sueño una vez más.