Chasseurs de dragons : Le dragon Huang Fei.

Chapitre 18: Piéges.

Gwizdo se tardo menos tiempo en regresar a su habitación que cuando vago por los pasillos para encontrar la cocina, lugar al que no pudo llegar.

El corazón le latía nervioso, aquel chico ciego le ponía nervioso, y sus últimas palabras de verdad le había puesto nervioso. El joven era tan misterioso, y algo en él hacía dudar a Gwizdo que fuese el hijo de algún sirviente. Las elegancia en que hablaba, y la ropa de buena calidad no atribuía a la de un vasalla común y corriente, y el hecho de que lo dejarán pasear por donde le viniera en gana tampoco parecía propio de un sirviente.

Abrió la puerta con cuidado, aún con el corazón en la garganta y con sus manos llenas de sudor. Lian-chu aún estaba dormido, reposaba a sus anchas en la cama, siempre pensó que el cazador se veía muy tierno cuando iba a brazos de Morfeo, pero en ese momento, un miedo le escoció los ojos cuando observo por la pequeña ventana que el sol comenzaba a alzarse. El cazador no tardo en abrir los ojos.

-Buenos días Gwizdo.-Susurro con una suave sonrisa que hizo que Gwizdo se sintiese raro.

-Buenos días Lian-chu...

Gwizdo se abrazo a si mismo y desvió la mirada del joven cazador, la emoción de verlo a salvo le hizo desear que Cinamomo Yang no se apareciera por ahí. Algo le daba mala espina, el sirviente de ropas finas, la cazarecompensas, las advertencias... la lejanía que aún tenían que surcar... ¿Sería alguna clase de trampa?

El cazador se incorporo y comenzó a estirarse, Gwizdo, aún con los nervios a flor de piel comenzaron a arreglar las cosas que podrían necesitar, el bestiario, una pequeña brújula y el pergamino con el contrato iban en la bolsa pequeña de Gwizdo, Lian-chu, por su parte escogía entre todas sus armas una buena espada, aunque no sabían que raza podría ser el dragón, Lian-chu decido equiparse con dos espadas.

Después, cuando ya estaban listos, un suave toque hizo que se sorprendieran, Cinamomo Yang estaba del otro lado de la puerta, mirándolos con el ceño fruncido y Gwizdo estuvo apunto de azotarle la puerta en las narices a la joven mujer.

-Es hora.-Murmuro, pero después de mirar que Gwizdo se ponía la gorra miro barridamente del pequeño al hombre más alto.-¿Él irá?

-¡Por supuesto que iré!.-Grito Gwizdo.-No puedo dejar solo a Lian-chu, me necesita.

-No puede ir.-Dijo ignorando lo que Gwizdo le había dicho.-He visto como el dragón come campesinos, es mejor que el contratista se quede aquí, es demasiado peligroso, a demás, no necesitamos demasiados...entrave.

-¿Disculpa?.-Pregunto Gwizdo claramente ofendido.-¿Me acabas de decir obstáculo en francés?

Cinamomo Yang enarco una ceja y dibujo una macabra sonrisa en sus labios rosas, al parecer se había equivocado con el pequeño contratista.

-¡Tengo que ir!.-Reclamo Gwizdo ante el silencio prolongado.-Yo se mucho más de dragones que él.-Señalo a Lian-chu.-Incluso se como matarlos, todo puede complicarse si él no sabe que es...

-Escucha pequeño contratista.-Dijo en voz alta e imponente la joven mujer, alargando ese pequeño y con su sonrisa burlana aún pintada en sus labios.-Podrías saber muchas cosas pero en los historiales quien mata es el cazador, tú nombre no aparece en los registros de cazadores de la Quinta unión, tu estatura y tu fuerza simplemente no son competencia para un dragón. Serías más fácil de atrapar que un niño de doce. Y a no ser que desees morir, yo te recomendaría que te quedases aquí en la mansión de los Huang Fei.

La voz del joven sirviente volvió a penetrar la conciencia de Gwizdo, e hizo que frunciera el ceño.

"Mañana cuando tu amigo, el grandote vaya a explorar las ruinas donde el dragón se esconde, te recomendaría aguardar aquí en la mansión"

¿Acaso sabían algo que ellos no?

Miro de soslayo a Lian-chu, esperando que el cazador protestara a favor suyo, pero Lian-chu no le miraba, estaban sus cuencas posadas en la joven cazarecompensas, y eso le hirió el corazón.

-Posiblemente no haya matado nunca un dragón.-Respondió Gwizdo.-Pero somos un equipo ¿Verdad, Lian-chu?

El cazador se estremeció y los miro como si apenas se hubiese dado cuenta que no estaba solo, parecía nervioso, se dijo Gwizdo cuando se fijo que la frente de su amigo estaba bañada en sudor.

-Creo que no deberías ir Gwizdo.-Murmuro asustado.

-¿Qué?.-Gwizdo estaba e shock.-¿De que hablas Lian-chu? ¡Me necesitas ahí!

-Gwizdo, echaremos un vistazo al Dragón, no lo podemos atacar con un plan, quizás sería mejor que aguardes aquí y esperes a que regrese con la información, si es verdad que el dragón a atacado a los campesinos... tal vez serías un poco...

-¿Acabas de decirme molestia?

-No he dicho nunca eso

-Lo estas haciendo.-Gwizdo Frunció tanto las cejas que las sentía fundirse en una sola, la cólera y la rabia le estaban haciendo que deseara aventarse hacía el cazador y repartirle unos cuantos golpes. Pero la presencia de la joven mujer le detenía de ese acto, pues ella parecía ser la causa de que Lian-chu dijese eso.

-Gwizdo, no nos tardaremos.

-¡Haz lo que quieras Lian-chu!.-Grito enojado.-¡No me importa, y cuando regreses aquí y acabes con ese dragón... tal vez debas conseguir otro contratista que sea menos molestia que yo!.

Empujo con todas sus fuerzas a Lian-chu para que saliera de la puerta, y la mujer se empezó a reír por sus mediocres esfuerzos. Lian-chu estaba repitiendo constantemente su nombre, sin embargo no lo detuvo, siguió que lo empujara, pero sin llegar a ayudarle caminando. Después, Cinamomo Yang tomo la muñeca de Gwizdo y la aparto del cazador.

-Tengo provisto en regresar aquí después de cinco o seis días, el dragón se encuentra en las afueras del territorio, es un camino largo, y lo unico que estas haciendo es que nos retrasemos más.

Gwizdo miro ceñudo a la mujer y después, esta tomo del fuerte brazo del cazador y lo jalo para que saliera por fin de la habitación. Gwizdo no pensó, y azoto la puerta tan rápido que temió que el ruido que había provocado el impacto se hubiese oído en todo el castillo.

(...)

Gwizdo había pasado todo el día tendido en la cama, sin ánimos a pararse y curiosear en la mansión, se sentía deprimido.

Lian-chu había sido cruel... y él también.

Entonces reparo que nunca se había separado del cazador, y eso le había hecho un hueco en el corazón. Siempre habían sido amigos, en el orfanato y gracias a la ayuda del joven cazador, Gwizdo había dejado de ser el centro de todas las bromas, o de la gran mayoría, pues a Lian-chu también lo humillaban de vez en cuando.

¿Habría Lian-chu querido estar a solas con la cazarecompensas? A Gwizdo le pareció ver que el asiático no le quitaba los ojos de encima.

"¿Y que pasa con Zoria?" Se pregunto al cabo de un rato, la relación que ellos dos tenían no podía ser simplemente de maestro-alumno, la chica pelinaranja siempre había admirado al cazador, esa era la razón por la que se había vuelto cazadora también... cuando Gwizdo supo que Zoria se había hecho cazadora, temió que la chica pensase que con ello formaría parte del equipo de Lian-chu, o mucho peor, que decidiera ocupar su lugar. Fue en ese entonces que se arrepintió de haberle enseñado a Zoria a leer... pero después, la pelinaranja se esfumo de sus vidas.

Las tripas le rugieron un poco, y reparo que el cálido sol se volvía un poco más opaco, estaba empezando a oscurecer.

Decidió que no valía la pena encerrarse en una mansión a lamentar su suerte, y con pesades se levanto para ir directamente a donde su subconsciente quería. La dichosa cocina.

El pasillo no estaba oscuro en esa ocasión, y para su fortuna una muchacha limpiaba un cuadro que Gwizdo no había visto nunca.

-Oh...-Exclamo la mucama cuando Gwizdo se le acerco.-¿El monseñor necesita algo?

A Gwizdo se le encendieron las mejillas al escuchar decir a la joven muchacha esa palabra, y se avergonzó de darle alguna orden a esa mujer. Pero tenía que hacerlo, él no sabía donde estaba la cocina.

-Me...-Balbuceo haciendo que la mujer arqueara una ceja.-Me gustaría ir a la cocina para comer un poco.

-Claro, monseñor, sigame.-La mujer emprendió el viaje dándose vuelta, y Gwizdo siguió sus pasos con rapidez, entonces se dio cuenta que la muchacha caminaba como si danzara entre las nubes, con suavidad y elegancia.-Decidimos no molestar al monseñor en la mañana por el desayuno, y la comida de medio día no fue gran cosa, pero la cena esta ya hecha. Son platos típicos de aquí, el rey Huang Fei nos mando hacer los preparativos muy importantes para la cena de esta noche, me parece que él y el monseñor hablaran del dragón.

-No hay porque llamarme monseñor señorita.-Murmuro apenado.-Simplemente llámeme Gwizdo.

-El monseñor es un invitado de su alteza, lamento decirle que llamarle por su nombre de pila sería un impropio.

-¿Porque el rey Huang Fei me citará?¿Usted lo sabe?

-Mi querido rey es muy estricto con esos temas, la única que esta al tanto de sus deseos es su nana. Creo que a la Madame ya la han conocido, ¿Me equivoco?

-Sí, ya la hemos visto.-Respondió Gwizdo recordando a la mujer guapa que vio con el rey.

La doncella no siguió la conversación, siguió caminando hasta que se detuvo en seco enfrente de una de las tantas puertas de roble.

-Este es el comedor Monseñor, siéntese en el lugar que desee. En seguida le traeremos los alimentos.

La joven muchacha dejo a Gwizdo, quien no le alcanzo el tiempo para decirle que él no necesitaba comer ahí, porque era una habitación muy grande y él no era parte de la familia de nadie importante. Pero se había quedado solo, y la única opción que tenía en ese momento era aguardar por sus alimentos.

La mesa rectangular tenía aproximadamente 60 sillas repartidas a los lados más las dos habituales de la cabecera, en una de ellas (Y estaba muy seguro) era donde el rey se sentaba a degustar sus alimentos. Las demás silla, temía Gwizdo, que solo estaban ahí para justificar el enorme espacio de la habitación.

Algunas flores adornaban el centro de la mesa y la cálida luz de las lamparas de aceite le reconfortaban, sin embargo, fue el cuadro que estaba enfrente de él fue lo que más le llamo la atención.

Y sin duda conocía el significado de esos seres en la pintura en oleo (¿No había escrito él esa historia?) Los dragones que habían creado el primer sol parecían estar volando en la tela, mostrando una majestuosidad que Gwizdo nunca había visto en una pintura, sin embargo, pudo entre ver que los ojos rojos del dragón Blanco parecían rayados con tinta oscura. A Gwizdo le entro tanta curiosidad la razón de aquellos garabatos en el dragón, que no se percato que la doncella que lo había llevado hasta ahí, entreva con una charola llena de apetitosa comida.

Gwizdo, dejo de ver la imagen y se sentó en la silla que tenía más cerca, y en completo silencio comió la deliciosa comida.

(...)

El pueblo donde llegaron Cinamomo Yang y él parecía tranquilo y muy bonito, la gente paseaba por la calle, comprando cosas para la despensa o para cena de esa noche, y los niños que se dejaban ver, jugaban y se divertían como lo haría cualquier niño. Lian-chu no podía imaginar a toda esa gente siendo victimas de un dragón...¿No se suponía que el alimento estaba escaseando? La escena no encajaba con lo que sus ojos estaban viendo en esos momentos. Habían caminado tanto que al cazador le dolían las piernas, y sin querer admitirlo, estuvo muy seguro que la joven cazarecompesas llevaba demasiada prisa.

Todo parecía tan confuso, la ciudad despreocupada, la comida sin parecer escasa, y la prisa de aquella mujer, hicieron que Lian-chu tuviera ganas de regresar con Gwizdo, de regresar al dragón roncador y olvidarse de ese contrato millonario.

Cada vez... se volvía más como una trampa.

-Se esta oscureciendo...-Murmuro Lian-chu afilando la mirada.-¿No deberíamos acampar?

-Acamparemos cuando yo lo diga Cazador.

La mujer no voltio a verlo, y siguió su camino con decisión.

Entre más se alejaron del tumulto de gente, Lian-chu comenzó a extrañar aún más a Gwizdo, y reparo en ese momento que las ultimas palabras de su "Amigo" no habían sido las más bonitas del mundo. Y comenzó a sentirse asustado. Cinamomo Yang ya no le inspiraba confianza, y el extraño rey que había conocido el día anterior... definitivamente no podía ser el Huang Fei del que tanto se hablaba.

Apretó el puño decidió a correr de nuevo al castillo... en cualquier momento.

Llegaron más lejos de las afueras del pueblo, en una isla apenas sujeta a un pequeño puente, sin embargo, Lian-chu pudo entre ver en la penumbra de la noche (Porque habían caminado a pesar de estar oscureciendo) que la isla no se conectaba a ninguna, y todo eso le pareció muy sospechoso.

Cinamomo Yang se paro a secas justo en el final de aquella isla, y se giro para ver al cazador, quien también se había detenido.

-Hasta aquí llegan mis ordenes.-Murmuro con la voz seca y el ceño ligeramente fruncido.

-¿A que te refieres?.-Pregunto Lian-chu enarcando una ceja, Hector se había acerca a él, apunto de ofrecerle una espada. Incluso el animal sabía que algo no parecía bien en esa excursión.

-Bueno, eso parece que lo sabes ya, ¿No?

Cinamomo Yang actuó tan rápido que Lian-chu no tuvo tiempo de defenderse, una delgada aguja le había dado en el cuello y de pronto sintió las piernas débiles y todo le mareaba. Escucho apenas como el animal gritaba y se abalanzaba a la mujer, pero un segundo después, un punto azul cayo en el suelo, inmóvil.

La mujer aparto al animal con un patada, y con una sonrisa de lo más macabra se dirigió al cazador que aún estando inmóvil, intento con todas sus fuerzas que sus cejas mostraran el odio que sentía por aquella mujer.

-Siempre me he preguntado, ¿Qué tanto se puede caer de una isla flotante?.-Tomo del brazo de Lian-chu y lo jalo hasta el final de la isla.-Bueno, creo que seras el primero en descubrirlo Lian-chu... que lastima que a pesar de todo... nunca sabremos esa respuesta.

Lian-chu sintió que se le hacía chico el corazón, la mujer lo había aventado al final de la isla, junto con Hector... y lo último que vio, fue la asquerosa sonrisa de esa mujer...

Todo había sido una trampa.