Hola lectores! Quiero agradecerles una vez más a todos los que leyeron esta historia y la comentaron. Me alegra que la hayan disfrutado! Me da un poco de pena que esta historia haya llegado a su final porque me encariñe mucho con los personajes (si, suena tonto, pero bueno...). Pero toda historia tiene su final y este es el que yo elegí. La historia la pensé hasta este punto y no me gusta forzar las cosas, así que preferible terminarla bien. A pedido de ustedes les escribí un epílogo, espero que les guste!

Besos :)


Emma se despertó a la mañana temprano sintiéndose mareada y con el estómago revuelto. Se levantó de la cama con cuidado, para no despertar a Killian, y se encerró en el baño. Se arrodillo en la fría cerámica y vomitó la cena de la noche anterior en el inodoro. Emma odiaba vomitar y últimamente le estaba pasando seguido. Hace dos semanas que le estaba costando poder digerir bien la comida y se levantaba temprano con nauseas. Emma se sentó en el piso y apoyo su espalda contra la pared pensando algún motivo por el cuál se podía estar sintiendo mal. ¿Estaría enferma? No, eso era raro, no había tenido otros síntomas más que los vómitos. Aparte los vómitos solían ocurrir nada más por las madrugadas, el resto del día se sentía perfecta. Aunque tal vez un poco cansada, había estado durmiendo más de lo que normalmente dormía. ¿Estaría embarazada? No, imposible, ella y Killian se cuidaban. Hacia dos años que ella y Killian se habían casado, y hacia dos años que ella y Henry se habían mudado a la casa de Killian frente al mar. Emma nunca se había sentido tan feliz como viviendo con ellos, los tres juntos como una familia. Ellos se cuidaban, salvo alguna que otra ocasión, como el mes pasado después de la despedida de solteros de Jefferson y Rose. Habían estado muy borrachos y en el momento cuidarse no había parecido importante. Pero ahora a Emma le estaba empezando a generar preocupación. No, imposible, ella no podía estar embarazada. Probablemente era solo que la comida le había caído mal, más los nervios que había estado pasando por un difícil caso en el que estaba trabajando. Si, seguro era eso. Se lavó los dientes y volvió a la cama. Se acomodó en los brazos de Killian y volvió a quedarse dormida.

- Amor hora de levantarte, si no salís de la cama se nos va a hacer tarde y Henry nos va a matar. – Le dijo Killian, quien ya estaba cambiado, y dejó una bandeja con el desayuno en la cama.

- No quiero levantarme, no tengo fuerzas. – Se quejó ella y sonrió al ver que él había preparado el desayuno. Pero cuando agarró la bandeja sintió nauseas y decidió dejarla a un lado, y volver a recostarse.

- ¿Estás bien? – Preguntó él mirándola con preocupación.

- Me siento mal. – Confesó ella. – Creo que debo tener una intoxicación de comida o algo, porque lo que comimos anoche me mató. – Explicó.

- Mmm, puede ser, últimamente te sentís mal de la panza seguido. – Comentó él y acarició la frente de ella suavemente para comprobar que no tenga fiebre.

- Creo que es mejor que ustedes vayan a navegar y yo me quede. – Dijo ella acurrucándose en la cama en búsqueda de una posición cómoda.

- ¿Segura? – Preguntó él dudoso. – Si te sentís muy mal, deberíamos quedarnos y cuidarte. – Dijo mirándola intensamente.

- Solo necesito dormir. – Dijo ella con convicción.

- Bien, pero cualquier cosa nos llamas. – Pidió él.

- Cualquier cosa los llamo. – Asistió ella.

- Volveremos a la hora de la cena, te amo. – Dijo él y le dio un beso en la frente.

- Yo más. – Lo peleó ella ganándose una gran sonrisa de él.

Una vez que Killian y Henry se fueron de la casa, Emma decidió levantarse. Se dió una ducha, se cambió y se fue a la farmacia. Compró un test de embarazo y volvió a la casa. Hizo pis, puso el tubito, y ahora solo quedaba esperar unos minutos. Emma se sentó en el piso del baño, poniéndose cada vez más nerviosa con el resultado.

Emma se sentía mal. Hace días que todo lo que comía lo vomitaba, hasta el solo hecho de oler comida le revolvía el estómago. Uno diría que una mujer que había vivido en hogares de niños huérfanos y casas de adopciones temporales tendría que estar acostumbrada a la comida fea, barata y sin sabor; Pero al parecer cualquier comida se estaba convirtiendo en un imposible para su estómago. Emma se decía a si misma que tenía que comer, que tenía que aprovechar y agradecer que tuviera comida. Pero por más que su cabeza lo hacía, su cuerpo no. Finalmente terminó colapsando una mañana, cuando se desmayó su trabajo.

- Emma, tenemos los resultados de tus estudios. – Le dijo Sidney, el doctor que la estaba atendiendo.

- ¿Qué es lo que tengo? – Preguntó ella con la voz temblorosa por el miedo.

- Estás embarazada. – Respondió él.

- ¿Qué? – Preguntó ella shockeada.

- Estás embarazada de seis semanas. – Contestó él. - ¿Te cuidas cuándo tenes relaciones Emma? ¿Sabes quién es el padre? – Cuestionó él.

- Sé quien es el padre y no, no siempre nos cuidábamos. – Respondió ella, todavía demasiado sorprendida como para tener algún tipo de reacción.

- Me gustaría hacerte análisis de sangre entonces. – Dijo él.

- No es necesario, Neal es el único hombre con el que he tenido relaciones. – Dijo ella ofendida de que quieran analizar su sangre en busca de enfermedades, ella no era una puta. Sería joven y maltratada, pero no una puta.

- ¿Y qué hay de Neal? ¿Él solo tuvo relaciones con vos? – Preguntó él mirándola con seriedad. – Sé que esto debe ser difícil, pero es para el bien de tu hijo. – Intento convencerla.

- De acuerdo, pueden hacerme los exámenes. – Aceptó ella después de dar un largo suspiro.

- ¿Te gustaría que te comuniquemos con Neal para que le cuentes de la situación? – Ofreció él.

- No, yo prefiero hacerlo personalmente. – Respondió ella.

Emma se había esperado cualquier cosa menos estar embarazada. Se había esperado que le digan que tenía una intoxicación de comida, que le digan que el abuso físico al que Neal la sometía la estaba psicológicamente impidiendo ingerir comida, hasta incluso alguna terrible enfermedad terminal; Pero nunca se había imaginado que le digan que estaba embaraza.

Emma miró el test, era positivo. De repente el aire se empezó a volver demasiado pesado y cada vez le costaba más respirar. Sentía un zumbido constante en sus oídos y su circulación tan acelerada que parecía que el corazón se le iba a salir del pecho. Se quedó un largo rato sentada en el piso del baño hasta que su ataque de pánico pasó. Killian y ella no tenían planeado tener un hijo. Lo habían hablado en alguna situación, pero nunca lo habían decidido, ni planeado. Emma sentía terror. Sabía que en parte era estúpido porque ella sabía que Killian la amaba y probablemente la noticia lo iba a hacer feliz. Pero ella no podía evitar sentir terror. Terror de que este imprevisto no sea lo que Killian quería, terror de que Killian no quiera tener este hijo con ella, terror de tener que volver a pasar por todo sola.

- ¿Me vas a decir de qué querías hablar o te vas a quedar ahí parada viendo como tomo? – Preguntó Neal frustrado de esperar a que ella hable.

- Perdón, yo no quería molestarte, mejor hablamos en otro momento. – Respondió ella intentando mantener la calma y haciéndose camino hacia la habitación.

- Espera. – Ordenó Neal agarrándole el brazo y haciendo que ella vuelva hacia a él. – Llamó tu jefa hace un rato y dijo que te echaba del trabajo. – Dijo Neal mirándola con desprecio.

- ¿Qué? – Preguntó ella sorprendida.

- ¡No te hagas la sorprendida! ¡Sos una inútil! – Gritó él y pego un puñetazo a la pared. - ¡¿Ahora quién va a ganar plata para la comida y el alcohol?! ¡Con lo que yo robo no alcanza! – Exclamó agarrándola de los brazos con fuerza y empujándola contra la pared.

- No soy tu esclavo. – Susurró ella ganándose un golpe en la cara de él.

- ¿Qué dijiste? – Preguntó él desafiante.

- Que estoy embarazada. – Respondió ella rogando que eso haga que él deje de ser violento con ella, porque eso significaba lastimar al hijo de ellos.

- Yo no quiero tener un hijo. – Comentó él apartándose de ella y mirándola como si habría algo malo en ella.

- ¿Eso qué quiere decir? – Preguntó ella sin comprender su comentario.

- Que vas a tener que abortar. – Respondió él agarrando una botella de alcohol que había en el piso y salió del departamento en el que vivían.

Haberlo escuchado que quería que aborte, fue todo lo que necesito Emma para confirmar que Neal no la amaba. Era hora de dejarlo. Ella quizás se merecía el maltrato, pero su hijo no. Así que aprovecho que Neal se había ido del departamento para hacer un bolso con toda su ropa y se fue antes de que él haya regresado.

Los recuerdos llegaban a la cabeza de Emma uno atrás de otro y no podía hacer nada para detenerlos. El embarazo de Henry había sido uno de los momentos de su vida más difíciles y dolorosos. Emma se odiaba a si misma más de una vez por eso, a ella le habría gustado tener historias lindas de su embarazo para contarle a su hijo. Pero en vez de eso, tenía historias de prisión y abandono. Estar embarazada de nuevo era algo raro, por un lado la hacía sentir pánico y por otro alegría. Pero ella tenía miedo de esa alegría, porque si Killian no llegará a querer un hijo; Emma no iba a poder soportarlo, no iba a poder sobrevivir. No está vez. Para tranquilizarse decidió salir a caminar, ya que eso siempre le ayudaba a despejar la cabeza. Caminando se dio cuenta que no tenía que tener miedo, que Killian la amaba y que por más que el embarazo era un imprevisto lo iban a vivir juntos. Ellos ya eran una familia desde hace tiempo, todavía recordaba con ternura cuando Henry llamó por primera vez a Killian papá. Killian se había conmovido tanto y sentido tan honrado de que Henry lo considerara como un padre, que lo había abrazado cinco minutos contados. Si él se había sentido feliz con eso, Emma esperaba que cuando le cuente que la familia se iba a agrandar se sienta igual de feliz.

Emma hizo un par de compras y luego volvió a la casa para preparar la cena. Cuando estaba terminando de cocinar Killian y Henry llegaron felices y cansados. Durante la cena le contaron todo lo que habían hecho durante el día y cómo Henry cada vez estaba manejando mejor el velero. Emma amaba verlos así y tener una relación tan hermosa llena de confianza y aprecio. Porque Killian podría no ser el papá biológico de Henry, pero eso no importaba. Killian era el papá de Henry porque ambos se habían elegido en ese rol, Henry lo había elegido como papá y Killian lo había elegido como hijo. Killian estaba para amarlo, cuidarlo y guiarlo, como todo buen padre. Al verlos a Killian y a Henry tan felices se dio cuenta de que sus miedos y preocupaciones no tenían sentido. Killian iba a ser feliz de tener otro hijo y Henry iba a ser feliz de tener un hermano.

A la mañana siguiente Emma volvió a despertarse con nauseas y fue al baño. Otra vez toda la cena afuera de su estómago. Sin embargo a pesar de repetirse ese hecho, algo cambio. Está vez Killian se había despertado y le hizo compañía apartándole el cabello de la cara y acariciándole la espalda suavemente.

- ¿Estás bien? – Preguntó él preocupado cuando ella tiro de la cadena.

- Si. – Asistió ella, el mareo ya había pasado y no quedaba nada en tu estómago por sacar. - ¿Me ayudas? – Pidió ella todavía algo dormida y sin fuerzas para pararse.

- Siempre. – Respondió él agarrándola de las manos y ayudándola a pararse. – Me estoy empezando a preocupar, ¿Debería llevarte a un doctor? – Dijo mirándola a los ojos y acariciándole las mejillas.

- Estoy bien. – Aseguró ella.

Killian no estaba convencido pero no la presionó, él siempre le daba sus tiempos. Emma se lavó los dientes y la cara, y después volvió a la cama junto a Killian. Él besó y acarició cada centímetro de su cuerpo, costumbre que tenía cada vez que Emma se sentía mal y quería hacerla sentir mejor. Emma amaba esa costumbre. Emma amaba todo lo que tenga que ver con Killian Jones.

- ¿Mejor? – Preguntó él al ver como ella sonreía.

- Mucho mejor. – Respondió ella y le dio un pequeño beso.

- Hablando en serio, Emma estoy preocupado. – Dijo él agarrándole la cara con delicadeza para que no pueda correr su mirada de la de suya.

- No deberías. – Dijo ella sosteniendo la mirada. – O quizás si. – Dudó.

- ¿Hay algo que tendría que saber y no lo sé? – Preguntó él algo desesperado, porque las palabras de ella habían logrado preocuparlo más de lo que ya estaba.

- Tengo algo para vos. – Informó ella y le alcanzó una bolsa que tenía en su mesa de luz.

- ¿Esto que tiene que ver? – Preguntó él confundido, no quería que ella desvíe la conversación de lo que en verdad importaba en ese momento.

- Fíjate y averígualo. – Dijo ella algo nerviosa, pero desafiante.

Emma miró como Killian sacó el body de la bolsa y lo observó confundido. Por sus expresiones, Killian no entendía porque Emma había elegido darle una ropa de bebé. Hasta que sus ojos leyeron lo que decía "Sweet child of mine". Los ojos de Killian brillaron al leer esas palabras y la miro a Emma con una sonrisa y los ojos llenos de ilusión.

- ¿Estás embarazada? – Preguntó él maravillado, mirándola como si ella fuera el universo entero.

- Si, vamos a tener un hijo. – Asistió ella. – Sé que no lo estábamos planeando… - Comenzó a decir, pero él la interrumpió uniendo sus labios en un pasional beso.

- Te amo. – Dijo y le dio un beso en la nariz. – Los amo. – Se corrigió a si mismo y le dio un beso en el estómago, aún cuando ella todavía estaba flaca como siempre.

- Yo también los amo. – Dijo ella acariciándole el cabello. - ¿Eso quiere decir que estás feliz? – Preguntó ella aliviada.

- Más feliz que nunca. – Respondió él.

Volvieron a unir sus labios en un beso y después Killian se levantó de la cama demasiado emocionado, y corrió a la habitación de Henry para despertarlo y contarle la noticia. Henry se emocionó y abrazo a Emma feliz enterarse que iba a tener un hermano. Fueron a la cocina a preparar al desayuno. Mientras Emma preparaba los panqueques, Killian preparaba el café. Emma los escuchaba planear cosas para el nuevo integrante de la familia y hasta discutir nombres, y sentía que su vida no podía ser más perfecta. Emma tenía una familia y un lugar a donde pertenecer. Emma ya no era una niña perdida, Emma era una mujer amada.