Un par de horas después, Anna abrió los ojos. No sabía ni dónde estaba o qué había pasado. Notó el calor del fuego e inconscientemente se acercó a este, sintiendo el calor. En ese momento se dio cuenta de algo: estaba tapada con la chaqueta de un hombre. Se sentó y se la quitó, le resultaba familiar. Hans. Levantó la mirada y ahí estaba él. Estaba destapado y seguramente se helaría de frío. Anna se incorporó y le tapó. No sabía realmente por qué hizo eso, mejor si se moría congelado, ¿no?

-Estoy bien, Anna… -dijo el pelirrojo sin abrir los ojos haciendo que esta se girase, tiritando.

-No, no es necesario… tú no eres como Elsa. En una tormenta de nieve te morirías…

-Cómo tú…. –ahí el joven la había pillado. Se quitó de nuevo la chaqueta y se la puso sobre los hombros a la princesa. Anna estaba demasiado fría para negarla –yo aguanto bien estas temperaturas…

-Eso es imposible a menos que seas un…

-¿Brujo? –Interrumpió Hans. Anna le miró con sorpresa, como si hubiera adivinado lo que iba a decir –tranquila… -levantó los brazos para calmarla- no lo soy. Elsa es única.

Anna estaba en silencio aun. Quería seguir escuchando a Hans. Sabía cosas. Se llevó en ese momento la mano al pecho y le dio un pequeño infarto al notar que no estaba el collar que Kristoff le había regalado.

-¿Dónde está mi colgante? –gritó.

-¿Te refieres a esto? –Dijo Hans mientras se lo enseñaba.

-¡Ese! –Anna torpemente trató de alcanzar su preciado regalo, pero estaba aun débil y entumecida y Hans no permitiría tan fácilmente que se le quedase de nuevo.

-Esta piedrecita, alteza, casi os mata hace unas horas.

-¿Qué? ¡Mientes! ¿Cómo un collar que me ha regalado mi prometido va a matarme?

-Oh, no sabía que estabais prometidos, mi más sincera enhorabuena- dijo en un tono vacilante el joven.

-No seas idiota Hans, dámelo… -Anna estaba empezando a cabrearse.

Ya había tenido bastantes problemas con ese chico como para encima que intentase romper la relación que había tenido con Kristoff. Tocó en ese momento la gema, guardándola en su puño. Sintió que su mano se quedaba dormida y que esa sensación subía por su brazo derecho. La soltó mientras se caía al suelo.

-¡Anna! –Hans se guardó en un pañuelo el cristal y la cogió en brazos para que no cayera fuertemente. -¿Ves como ha sido la piedra? ¡Hazme caso!

Anna estaba en un completo shock. ¿Por qué Kristoff le habría regalado algo así? No pudo evitar abrazar al otro joven. Su amado rubio encima estaba todavía en la cama, herido y las cosas solo parecían empeorar. Elsa seguía desaparecida, ella estaba débil, Hans no ayudaba para nada en su presencia y Kristoff herido. ¿Podría ir algo peor?

Por otro lado, en el castillo de hielo que Ingrid había tomado como suyo, aguardaba en la gran sala del trono a que trajeran su preciado tesoro. Los trol entraron en la sala arrastrando un pedazo de hielo en el que Elsa estaba metida. Dejaron a ambas a solas. Ingrid se acercó despacio y acarició el hielo en el que tenía a su prisionera.

-Pobrecita Elsa… -Ingrid se paseó alrededor del frío cubo de hielo mientras poco a poco este iba derritiéndose- ¿Te he pillado? Qué penita que me das. Al final la victoria será mía. Todo lo que tienes lo perderás cómo hice yo antaño. Nuestros poderes son una maldición y al parecer te quieren por ellos. No lo toleraré. Si yo no puedo ser feliz tú tampoco lo serás.

Elsa finalmente cayó liberada al suelo, dándose un fuerte golpe contra éste. Tosió y se llevó las manos a los brazos para calentarse, estaba congelada. ¿Cómo era posible? El frío nunca le molestó. Ingrid apareció delante de sus narices y la miró. Elsa estaba asustada y sorprendida a la vez. No sabía por qué, pero la conocía. Había estado constantemente en su subconsciente, en sus pesadillas, en sus miedos. ¿Quién era realmente esa reina oscura?

-¿Quién eres tú? –dijo asustada la rubia.

-Oh, mi querida reina Elsa de Arendelle… -dijo Ingrid haciendo una reverencia de burla- Soy la Reina de las nieves negras, Ingrid… Las nieves que están siempre ocultas de los rayos del Sol, frías y oscuras.

-No lo entiendo… ¿Qué quieres de mí? –Estaba un poco asustada.

-Mi amada reina… no temas… -Ingrid en un rápido movimiento se colocó a la espalda de Elsa, tocándole los hombros- No quiero hacerte daño… Bueno, no de momento… -dijo con una sonrisa malvada.

-Mi señora… -en ese momento, alguien muy familiar para Elsa entró en la sala del trono. Era Kristoff- Han sobrevivido…. –dijo en un tono enfadado. ¿De quién hablaban?

-¿Qué? ¿Los dos? –Ingrid estaba sorprendida- Creí que le habías dado los medallones que embrujé. ¡Ya tenía que estar muerta! –La morena se acercó amenazante al joven.

-¡No es mi culpa! Ella lo llevaba, pero al parecer va con alguien que no es normal… -trató de defenderse.

-¿Alguien que no es normal? –Ingrid no lo entendía. Miró hacía el exterior- Esa tormenta era muy fuerte. Ningún humano normal podría sobrevivir sin ir con… -Se quedó pensativa. Unos segundos después, dio un fuerte pisotón al suelo, formando una capa de hielo de la que salían afiladas puntas. De hecho, Elsa, de no haberse levantado a tiempo habría sido pillada por estos. –Parece que las cosas no son tan fáciles como creía…. Da igual, vamos a juguetear un poco. ¿Qué te parece, Kristoff?

-¿Qué piensas hacer? –dijo Elsa. No entendía qué estaba pasando y por qué estaba ahí Kristoff. Peor, no parecía el mismo de siempre. Vio que debajo de su ropa llevaba un medallón de cristal como el que les había regalado a las hermanas tiempo atrás. ¿Le estaba controlando?

Ingrid dirigió la mirada a Elsa, sonriendo.

-Oh, casi me olvido de usted, alteza…. Disculpa mis modales, pero las cosas se me han torcido un poco… -Levantó su brazo y una serie de afiladas sierras de hielo nacieron del suelo, obligando a Elsa a retroceder hasta una pared, donde fue atrapada por unas capas de hielo. –Tranquila, no permanecerás ahí mucho tiempo. Sólo hasta que tu querida hermanita muera…

-¿Anna? ¡No! ¡Ni se te ocurra! –dirigió la mirada al rubio antes de que el hielo cubriese su cara y le impidiese hablar- ¡Kristoff te está controlando! ¿No lo ves? ¡Escúchame! ¡Tienes que quitarte el cristal del cuello! –No pudo gritar más cosas, pues el hielo la tapó.

Ingrid miró a Kristoff, satisfecha de sus poderes. Pensó que sería más difícil, pero esa idiota no le haría daño ni a una mosca.

-Quiero que vayas a la aldea de los trolls, es el único paso en el que pueden quedarse a descansar en las montañas y no será extraño que te vean por ahí… Mátalos a los dos, ¿Entendido?

-Sí, alteza… -dijo Kristoff, haciendo una reverencia y retirándose.

-¡Y no me falles! Los cristales eran sutiles y silenciosos, ahora pondrías nuestra posición en peligro… -En efecto. Esos cristales habrían sido muy útiles para debilitar a Elsa y haber matado a Anna. Lástima que el plan hubiera fallado un poco, solo un poco. Pero nada iba a interceder en la conquista del mundo para Ingrid. Nada. Si eso consistía en matar a alguien, ¿Cuál era el problema? Su corazón ya estaba helado, no importaba.


Woowww después de tanto tiempo por fin termino este capitulazo! Cuantas cosas hemos descubierto madre mia! Y lo que aun queda! Como siempre, todas las reviews son bienvenidas!