Serie: Merlín BBC

Los personajes no me pertenecen (que mas quisiera, yo...)

Merthur (chicoxchico) al menos que alguno me haya engañado y sea niña. XD. jaja See You!


Te quiero; Solo mio.

(Primera parte)

Colin Morgan sabía que el Club "Camelot" estaba en la calle séptima, en el barrio de las Orquídeas. Se decía que el fantasma de un vendedor de velas estaba en la puerta, perfumando el aire a su paso con el aroma de la cera derretida.

Al cruzar la puerta, Colin recordó esta leyenda que, según su jefe, la clarividencia del maravilloso y fantástico Sir; Gaius, podía ser cierta. Temblando ante la posibilidad de ver semejante espectáculo, decidió no retrasarse demasiado.

Sacudió la lluvia de su chaqueta de Jean pensando que, en noches como ésta, algunos barrios de Londres tenían un aspecto tan misterioso que estimulaban la imaginación.

Había un enorme espejo en la entrada del club y se detuvo un momento para estudiarse. Sus ojos parecían enormes en su cara... tenía una expresión de temor, inseguridad, y se sentía indefenso, a pesar de la chaqueta gastada que cubría su camisa larga a cuadros y de colores claros. Colin compró la chaqueta en una pequeña tienda de ropa semi-nueva y ésta era la primera vez que la usaba. Pensó que le daría una apariencia de seguridad pero no podía ocultar que estaba tenso y nervioso.

Cuando llamó a los Pendragón, para concertar esta cita, uno de ellos lo había atendido y él le había dicho que estaría en el club a las nueve; su voz era fría y dura y tenía acento extranjero. No tuvo que explicarle la razón por la que quería verlo; él le dijo que había estado esperando su llamada.

Saber que debía enfrentarse nada mas y nada menos, que a esa familia, lo hacia sentir nuevamente un pequeño de cinco años.

El club se construyó en la calle séptima hacía mas de un siglos y fue una casa de juego frecuentada por jóvenes aristócratas que, sin duda, actuaban con una intolerable arrogancia.

El actual encargado le había devuelto su antigua belleza y esplendor. La madera, el cobre, y el terciopelo de color rojo oscuro, creaban el ambiente deseado. La escalera por la que subió Colin hacía la oficina privada del propietario estaba alfombrada de color granate oscuro, y conducía a un pasillo iluminado por lámparas de cristal en las paredes.—Dis...disculpe.— soltó al chocar con un hombre alto, bastante fornido pero se relajo cuando esté solo sonrió de medio lado y siguió su camino, en dirección contraria a la qué él iba.

Al cruzar el pasillo hacia la puerta con el letrero que anunciaba: "privado", sintió que sus piernas se debilitaban bajo la tela rasposa de su viejo pantalón de jeans.

En segundos; como una cinta de película, miles de imágenes se instalaron en su mente pero eran sobre un día, en particular.

La primera vez...,que se cruzo con los ,ya, por esa época, famosísimos; Pendragon.


Hunith los había mandado al mercado central, en busca de fruta fresca, Gwain a sus diecinueve años ya era un salvaje sin remedio. Mientras, su hermano mayor coqueteaba con la vendedora que no le daba ni cabida. Merlín de tan solo trece años, se hacia cargo de los mandados que correspondían a su hermano mayor pero como siempre, el menor le daba el gusto en todo a su querido hermano. La manzana que era inspeccionada por sus profundos ojos azules, resbalo de sus dedos y callo al suelo de piedra, casi todo Londres eran ruinas de rocas gigantes, añejas, pero excesivamente esculturales a la vista arquitectónica. sus ojos siguieron la fruta, disculpándose con la vendedora y yendo a tomarla del suelo, obviamente la pagaría, era lo correcto, después de todo sus dedos eran demasiado torpes para que una simple manzana sobreviva a él.

Algo paso a toda velocidad, frente a él.

Curioso por naturaleza, se debuto para observar la llegada de una limusina negra, que aparcaba junto a la acera de enfrente, dos niñas, maso-menos de su edad (cada una con un globo rojo), dos hombres jóvenes, de unos veinte-tantos y un hombre mayor (con un bastón extraño), bajaron del vehículo pero; los dos jóvenes se quedaron rodeando el auto.

El hombre mayor, vestía costoso y llevaba un abrigo de piel mientras que las niñas tenían unos vestidos, con volados, hasta las rodillas, ambas; reían y cantaban. Ellos caminaron hasta la iglesia calle arriba. Su hermano le pego un grito, recordando-le que la mujer quería terminar de atenderlo, para seguir con el resto de clientes. Merlín asistió poniendo la manzana en la bolsa y diciendo que la llevaría, luego pidió ajo a lo que su hermano encogió la nariz con asco y el revoleo los ojos ante tal infantileria. — joven,¿Precisa algo mas? — negó, pero antes de volver su rostro a la vendedora que le atendía, noto qué alguien más bajaba de aquel extravagante vehículo; Un chico, seguramente, de la edad de su hermano.

Merlín noto como el chico parecía mantenerse al margen de los otros dos jóvenes, fumando a un costado mientras observaba al hombre mayor y las niñas, qué quizás eran su familia. Al menos, eso le hizo pensar, ver a una mata de pelo rubio gritar: — ¡Príncipe! ¡ven con nosotras! ¡Anda, papá quiere que vengas!— Ambas niñas regresaron por él, pero su principesco chico, parecía rotundo en su decisión de quedarse junto al auto. El hombre mayor se perdió de vista, pero las niñas se mantuvieron cerca del muchacho, los que parecían sus escoltas sonrieron ante la imagen de ambas pequeñas rogando por la atención del mayor.

El príncipe...

Parecía tener el cabello rubio, escapando por una varonil boina negra y vestía una camisa blanca, por debajo de los jeans y una larga chaqueta de cuero negra, hasta las rodillas. Su vestimenta no era la gran cosa, pero se notaba por su manera de caminar y la forma en que se movían sus omóplatos, al darle la espalda, que era un hombre muy fuerte de piel pálida y...

Muy guapo.

Merlin se sonrojo, cuando por mirarlo demasiado, el muchacho giro hacía él, sus miradas chocaron, la suya era tan cristalina como un manantial o un océano tormentoso, no podía decidirse por uno de los dos. La seriedad de su rostro y la frialdad de sus ojos azules, como los suyos, pero menos expresivos, lo inmovilizo, a tal punto, que se había olvidado hasta de respirar, era como ver dos esferas iguales reflejándose en un espejo, pero del otro lado, brillaba un azul mas hermoso que el suyo, de eso estaba seguro.

El tiempo parecía haberse detenido, pero no fue así, a una de las niñas se le escapo un globo y, nadie mas que él, lo noto. Soltó la bolsa y sin pensarlo siquiera, corrió con toda la velocidad que poseían sus piernas. Él rubio solo alcanzo a ver el miedo reflejado en sus ojos.

El príncipe voltio a ver lo que Merlín miraba y grito; — ¡Morgana, cuidado!— El claxon del auto, tapo el resto de gritos que sucedieron, la joven se quedo tiesa esperando el impacto que jamás llego. Solo sintió un calor extraño envolver su cuerpo y girarlo como un trompo. Al abrir los ojos, se topo con los que creyó eran los ojos de su sobre protector hermano mayor, pero no. Esas dos perlas azules, expresaban demasiadas emociones juntas, como para ser las de su hermano-gruñón. Siguió expandiendo su campo de visión y parpadeando, noto el cabello oscuro, la nariz y las grandes, pero bonitas orejas.

— ¿Está usted bien?, Señorita...

¿Está usted bien?... ¿Bien?,¡BIEN!,pero..., si, Morgana se sentía en la gloria. Como si un ángel la hubiese tomado en sus brazos, abriendo sus preciosas alas, para mostrarle lo perfecto y maravilloso que era el cielo.

— Estoy bien, gracias al cielo... — Morgana le observo con dulzura y entre suspiros acaricio su rostro y pregunto,— ¿Como te llamas, ángel mío?

—¡Morgana!, ¡Estas bien!.— Alguien quito a la chica de encima de Merlín y este respiro aliviado.— Deja de molestar a este muchacho.— Merlín subió la mirada del suelo y la fijo nuevamente en el rubio que sujetaba el brazo de la muchacha recién salvada de ser arrollada

Los siguientes acontecimientos, le sorprenderían bastante.


Regreso al presente, del cual, no debía alejarse...

Había un silencio profundo, que sólo era interrumpido por el murmullo lejano de voces, proveniente de los salones de juego, donde ricos extranjeros estarían haciendo la clase de apuestas que había metido en problemas a su estupido hermano mayor. Colin no sabía cómo lograría que los Pendragon fueran benevolentes con ellos, pero estaba decidido a intentarlo. Pensó que quizá no le resultara tan difícil ya que, según sir Gaius, hacía treinta años Uther Pendragon, el líder de la familia de mafiosos mas grande de todo Londres, este mismo hombre le había propuesto matrimonio a Hunith… (su difunta madre), pero era probable que le guardara rencor a la familia entera por haber rechazado su ofrecimiento.

Se detuvo frente a la puerta de la oficina para cobrar ánimo antes de enfrentarse a la realidad. Hacía mucho tiempo que no se entrometía en los asuntos de su hermano, además de que jamás en la vida necesito entablar una conversación con personas fuera de su clase social y tuvo que armarse de valor para levantar la mano y pulsar el timbre. Oyó un zumbido, y el picaporte cedió bajo la presión de su mano. Entró en la habitación, donde uno de los Pendragon lo esperaba. Estaba de pie, sus hombros se recortaban en las cortinas de color rojo oscuro que cubrían las ventanas, y aislaban la lluvia y la oscuridad.

Tieso como una roca e inofensivo como un conejo frente a un león. Colin contempló aquellos ojos fieros que parecían no haber conocido nunca la ternura. Tenían el brillo de la inteligencia… ojos azules, como los de un océano perturbado, pensó Colin, y los párpados entrecerrados hacían que la sombra de las pestañas oscuras se proyectara en su piel.

El perfil de su nariz era muy recto, como el de las estatuas griegas. Sus labios parecían nunca haber pronunciado palabras bondadosas o tiernas. Colin sintió que su poder dominaba en la habitación y tuvo miedo.

— Así que nos encontramos de nuevo… — el tono áspero y metálico de su voz hizo que su corazón diera un vuelco.

No podía tener tan mala suerte.

Era él…

— ¿Cuánto hace que no nos veíamos... tres años, si mal no recuerdo?

Estaba seguro que la memoria nunca le fallaba en los asuntos que afectaban su vida. Se dio cuenta, aun antes de hablar, de que su voz iba a delatar su nerviosismo.

— Yo... debe ser como usted dice, señor…, Pendragon?— su lengua casi se enredó al pronunciar su apellido, y las palabras salían roncamente, y con dificultad, de su garganta reseca. El rubio asistió.

— Mi pequeña sabandija, parece que necesitas un trago — se acercó al bar y sacó una botella y dos copas alargadas. Sus movimientos eran elegantes, algo poco común en los hombres altos y musculosos, y eran acentuados por la costosa tela de su traje. Sirvió las bebidas con pulso firme, sin embargo, Colin estaba seguro que él trataba de dominar su furia, lo que lo hacía mucho más peligroso.

— Venga, siéntate — indicó una silla de piel cerca de su escritorio — Quítese la chaqueta, y póngase cómodo.

Se comportaba con ironía, claro. Sabía muy bien que él estaba más nervioso que un gato, esto se reflejaba en sus ojos mientras lo observaba aproximarse a la silla. No se quitó la chaqueta, pues no quería sentir la mirada de aquellos ojos sobre su lánguido cuerpo.

Tenía una cita para cenar con sir Gaius pero lo había llamado para decirle que se sentía mal, lo cual no era una mentira, porque estar "a solas" con Arthur Pendragon era tan inquietante, que se sentía un poco débil.

Mientras lo observaba verter el vino en las copas, recordaba la forma en que ambos se habían cruzado un par de veces en las calles solitarias de Londres. Después de aquel accidente en su primer encuentro. Le siguieron miles más. Su mirada siempre lo inquietaba y la forma en la que parecía estudiarlo a lo lejos. Colin siempre se sentía demasiado hostigado por aquel hombre.

— Aquí tiene — le entregó una copa de vino — . Está muy pálido, mi niño, por lo que el vino le hará bien.

— Gra... gracias — la voz surgió débil y dio un largo trago del vino de una cosecha muy especial.

— ¿Se siente mejor? — él se sentó en una esquina del gran escritorio y lo miraba fijamente, y Colin nunca había sido más consciente de todo su atractivo. ¿Cómo lograría convencerlo de que Gwaine era digno de su consideración cuando la verdad es que su hermano era un estafador que merecía ser castigado?

— El vino es muy bueno — logró decir, a pesar de que no era el vino, sino el estudio de que era objeto, lo que la habla dejado sin aliento. Una sensación de humillación lo invadió al darse cuenta de que se había atrevido a venir aquí para pedirle que no castigara a Gwaine como debía hacerlo.

— ¿Quiere que le facilite las cosas? — Arturo Pendragon se inclinó y lo obligó a mirarlo — . Usted está aquí por la insistencia del bribón de su hermano, ¿no es así? Él se esconde detrás de su pequeño y tierno hermanito, ¿no? Lo empujo a la arena con el león, esperando que yo atrape su cuello entre mis mandíbulas, mientras él se sienta en un bar, en alguna parte, confiando que no se le castigará como un ladrón si yo encuentro que su hermano es de mi agrado, ¿no es así?, acaso cree que aun siento algo de gratitud..., por aquella vez.

— No del todo, señor Pendragon — la mirada de él parecía atravesarle la carne hasta la médula de los huesos...

Era mirada del fiero caballero en el cuerpo de un poderoso Rey.

— Entonces, explíqueme un poco, jovencito— había un tono sarcástico en su voz— . Hubiera jurado que su hermano lo estaba entregando a los brazos de mi padre, a cambio digamos, de su pellejo.

Colin no pudo evitar sobresaltarse. Era cierto, parecía que hubiera venido a ofrecerse a los Pendragon, a cambio de la promesa de que Gwaine no sería llevado a juicio.

— Yo... yo vine a verlo — dijo— , esperando hacerle comprender porqué Gwain es de esa manera. Él es un hombre sin carácter, así que, por lo tanto, para usted será difícil comprender su debilidad.

— Mi niño, no intente halagarme hablando de mi fuerza de carácter, más bien, es mi mal genio el que tendría que tomar en cuenta — hablaba en tono mordaz, comunicándole que la cortesía que le mostraba, era superficial y que, en su interior, estaba furioso, como Colin había imaginado.

— No lo culpo por estar enfadado — sus dedos se crisparon alrededor de la copa de vino y no se opuso cuando él la llenó de nuevo — . Tiene... todo el derecho a estar furioso, pero, ¿le será devuelto su dinero si Gwaine va a la cárcel?

— Probablemente no — sus ojos centelleaban — , pero al menos tendré la satisfacción de ver a ese despreciable sujeto entre rejas. No te gusta que lo llame ladrón, ¿verdad, Colín? Veo una sombra de dolor en tus ojos, pero él abusó de la confianza que le di y, ¿no esperarás que pase por alto su delito? Tendría que ser un tonto, o un santo, si lo hiciera y no soy nada de eso. Soy un hombre, con sangre Inglesa, que casualmente cree en la redención.

El joven lo miró inquisitivo, después de apurar su copa de vino, él explicó:

— Se trata de la justa venganza que tengo el derecho de reclamar.

Colin suspiró tembloroso al comprender que no había ninguna esperanza de que este hombre se apiadara de Gwaine.

— Mi hermano está horrorizado de pensar en la cárcel... ¿no puede comprender lo que le ocurriría al estar encerrado con esos criminales? Él no es un criminal al pensar en cometer un delito. Es un tonto y tiene el vicio del juego. Si de verdad fuera un ladrón, habría sido más cuidadoso para encubrir su robo, y usted lo sabe.

— El hecho de que sea un tonto aumenta mi desprecio — dijo desdeñosamente Arturo Pendragon —. ¿Por qué te molestas por un hermano como ése? ¿Crees que él se preocupa por alguien, además de sí mismo? Al estar en prisión, tal vez deje de ser un joven estúpido, egoísta y engreído.

— Usted... es muy duro — Colin tragó con dificultad —.Usted, tiene dos hermana..., por las que se siente responsable, ¿no es así?

— Soy hijo único... hijo de una madre soltera que fue desterrada por su propia familia — al decir esto, una expresión melancólica ensombreció sus rasgos, mientras sus ojos examinaban el cabello oscuro de Colin, que lo llevaba algo desordenado, quizás por los fuertes vientos de Londres.— En Inglaterra, no es fácil ser hijo de una mujer que no tiene un anillo de oro en el dedo — continuó —. Mi madre enseñaba en una escuela escondida en un pueblo olvidado por el mundo. Allí conoció a un forastero, quien, así como llegó, se fue dejándole preñada, al espera de un niño que solo le traería sufrimiento. Temiendo la burla de los aldeanos, guardó el secreto; dio a luz allí, pero murió en el preciso momento que largue mi primer llanto.

Una amiga de ella, cuido de mi hasta qué mi padre supo de mi existencia y me llevo a su lado. Cuando alguien como él, no tiene hijos barones con su legitima esposa, busca a los bastardos que dejo en el camino. Aunque, tengo un lindo recuerdo de cuando me llevaba sobre sus espaldas. — Una leve sonrisa se dibujó en sus labios, y al momento desapareció. — Crecí corriendo libremente en el campo y madure golpeando tontos, como tu hermano, en los callejones de esta ciudad.

— ¿Extraña su pueblo?

negó suavemente — Era una vida sana, aunque difícil. Aprendí a sobrevivir, a enfrentar el tiempo bueno y el malo, a endurecerme frente a las burlas de lo niños de la aldea que sabían que no tenía padre. Se dice qué madre era muy hermosa en aquel tiempo, pero nunca se casó.

Arturo Pendragon hizo un gesto con la mano y prosiguió:

— Sabes…, sospecho que mi madre nunca supo su verdadero nombre. Se conocieron, se gustaron, e hicieron el amor bajo las estrellas. Ahora, veinticinco años después, estamos tú y yo, uno frente al otro, en las oficinas privadas de un club que era de mi padre pero ahora me pertenece, e ingenuamente, o tal vez porque me desdeñas, esperas que yo te diga que está bien que tu hermano me robe dinero... un montón de esterlinas. ¿Te dijo la cantidad?

Colin se sintió ruborizar por la humillación que le producía el comportamiento de Gwaine, qué lo hacía parecer como si él pudiera justificar su actitud.

— Sí, Gwaine me lo dijo — las palabras parecían arrancadas de su garganta a la fuerza.

— Mucho antes de que mi padre fuera por mi; Padecí ante muchas enfermedades…, trabaje para comer y pase noches de frió durmiendo en un granero sin siquiera una manta vieja que me cubriese…. Puede qué sea un malon ante tus ojos, pero jamás le he robado algo a alguien.

Colin bajó la mirada, sintiendo que una profunda vergüenza lo invadía. Él nunca amonestó a Gwaine cuando hablaba mal de este hombre, tal vez porque abrigaba rencor contra él por ser parte de una organización tan repudiada en las calles.

— ¿Aún vive su madre? — le oyó preguntar. Nunca nadie había sentido curiosidad por su familia.

— No, mi madre murió por una epidemia de fiebre amarilla hace cuatro años — respondió con voz profunda, pronunciando con cuidado el inglés, como se lo habría enseñado algún maestro de idiomas. Su vocabulario era bueno y el acento griego añadía distinción a su manera de hablar.

— ¿Su padre vive en... en Londres?

Colin negó — ,también falleció.

— Lo siento.— Merlín percibió la decisión que era la característica principal que regía su vida.—Él pertenecía al grupo de hombres que habían triunfado por su propio esfuerzo, y que parecían hechos de roca, y no de carne — Arturo Pendragon, nació pobre, pero tenía una gran inteligencia. Su educación en la escuela de la aldea habría sido muy elemental, quizá de sus padres había heredado una mente astuta y ambiciosa.

— Lo mato; la tristeza y la culpa.

Se le oprimía el corazón de solo recordar a su padre y enzima tenia que mantener su compostura para no terminar llorando al enfrentarse a este hombre tan poderoso.

Sus ojos azules tormentosos se enfrentaron a los suyos como si estuviera leyendo sus pensamientos.

La risa se oyó haciendo eco contra las paredes que le rodeaban — ¿Eso significaría qué eres la cabeza de la familia ahora?- Colin entrecerró los ojos como lo hacen las personas que sienten dolor. — ,por que tu hermano esta lejos de sostener una.— Arthur Pendragon hablaba sin emoción.

— Soy lo suficiente — Colin respondió fríamente. Suspiró con tristeza, y se dijo que no debía pensar en sus padres.

Miró a Merlin, en cuyo rostro parecía estar mezclado con los rasgos de un ángel, haciendo que sus ojos se tornaran dorados, se destacaran amenazadores. ¿Cómo convencer a un hombre así de ablandarse? Al preguntarse esto Arturo encontró una respuesta muy inquietante.

Enfrentó los rasgados ojos azules que había puesto un precio a la cabeza de su hermano, y los agitados y temerosos latidos de su corazón le confirmaron sus sospechas.

Siendo tan astuto en lo que se refería a las personas y al dinero, habría adivinado que Gwain no podía trabajar en el Club Camelot sin que un día tratara de apoderarse de las ganancias del club. Él sabía, al igual que Colin, que su hermano no debía trabajar en un lugar donde escuchara el incesante tintineo de las monedas y el ruido de los dados.

—Usted sabía que lo haría, ¿no es así? —los ojos de Colin resplandecieron como un cristal en su cara pálida y asustada.

— ¿Hacer qué, mi niño? — preguntó tan cortésmente que el estuvo a punto de lanzarle el resto del vino al rostro.

— Usted sabe a lo que me refiero.

— ¿Ah, sí?

— Usted lo tenía planeado.

— ¿Qué estás insinuando, Merlin?

Colin detestaba ese nombre, lo aborrecía con todo su corazón. Desde pequeño, las personas, sus compañeros y familiares, se burlaban de él, en especial de sus largas orejas. Desde entonces, cada que se presentaba a alguien nuevo, decía; "Colin" como su abuelo. Sus padres no estaban para escucharlo o verlo y su hermano, era un caso perdido que le daba los pocos gustos qué podía.

Cuanto deseaba cumplir la mayoría de edad y cambiar su nombre legalmente.

—El escuchar ese nombre en sus labios me asquea.

— Qué pena, pequeño, porque el origen de tu nombre te sienta bien. Qué bien estaría con mi nombre…, con Arturo, como el rey Arturo.

Colin se puso de pie, pero cuando trató de lanzarle el vino, él ya no estaba en su sitio. De manera instintiva y con rapidez se había apartado y el vino salpicó el escritorio manchando los papeles que estaban sobre él, y un estuche de piel, con sus iniciales grabadas en letras doradas.

— ¿Qué es lo que busca?¿qué es lo que quiere obtener?

La manera en la que le miro, respondió toda sus preguntas. La media sonrisa solo fue el punto final en una oración u orden silenciosa.

En ese mismo silencio, el corazón de Colin latía con dolorosa fuerza y rapidez. Esta vez, él le propondría un trato con un tono cortés y distante... esta vez, le diría que, si deseaba la libertad de su hermano, Colin tendría que renunciar a la suya.


Próximo capitulo.

— ¿Gwaine? — Lo vio subir el arma nuevamente.

— ¡Salta! — Merlín no podía creer que su propio hermano, sangre de su sangre, le estuviese apuntando ala cabeza— , hazlo, salta ahora y aléjate de aquí

— ¡Estas loco! Me matare si lo hago.

— No. — Saco el seguro — Yo si te matare — y disparo varias veces en dirección a su hermano menor .— ¡Salta Merlín!

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