Capítulo 23 - La noche más larga de Canterlot

Twilight Sparkle no terminaba de procesar lo que había ocurrido en los últimos minutos, y todo aparecía en su mente como destellos, imágenes cortas de escenas sacadas de una de sus peores pesadillas. ¿Eran verdad? ¿Habían ocurrido realmente? Todavía intentaba poner todo en orden, pues estaba en su naturaleza reunir todas las piezas del rompecabezas y encontrarles sentido. Esa era ella, era la poni que conocían sus amigas, su mentora, sus compañeras, su dragón. Pero si intentaba armar ese rompecabezas ahora, todas las piezas se caían de sus cascos al suelo de su mente, estallando en pedazos de cristal.

¿Por qué? ¿Por qué había ocurrido todo aquello? ¿Era su castigo? ¿Había hecho algo tan terrible que mereciera lo que había pasado esa noche?

El dolor reverberaba en su cabeza, mientras estiraba sus cascos en un intento de buscar un punto de apoyo para ponerse en pie, pero era incapaz. Su cuerpo no estaba respondiendo como ella deseaba. Intentó abrir los ojos y vió todo blanco por breves segundos, hasta que se acostumbraron al escenario que le rodeaba, apenas iluminado por farolas parpadeantes cuya luz eléctrica podría extinguirse en cualquier instante. Pero aquella era luz suficiente para contemplar el escenario imposible a su alrededor, uno que casi la obligaba a cerrarse al mundo otra vez. Pero no podía hacerlo, debía enfrentar la realidad, si lo que deseaba era hacer algo al respecto.

El cielo sobre ella permanecía absolutamente oscuro, una negrura innatural, y su extensión no mostraba signos de detenerse. Incluso podía oír a la bestia oscura marchando hacia el este mientras seguía desarrollándose a gran velocidad, y el peso de sus pisadas seguía resquebrajando la propia ciudad de Canterlot. Ya nadie podía detenerla, pues a su alrededor podía ver los guardias reales y lunares que habían luchado valientemente, que habían puesto su vida en la línea para proteger a su reino, y habían caído en el proceso. Ahora no eran más que cuerpos sin vida.

Su estómago se retorció. Nunca había visto un cadáver hasta esa noche, y los perdió de vista al voltearse, rodando cuesta abajo sobre los escombros hasta chocar contra una media pared, con su vientre contra el suelo. La sangre cubría sus cascos, sus costados, y podía sentirla brotar de una herida abierta en su frente, bajando por su mejilla. Fue entonces cuando lo sintió: la mayor parte de su cuerno había desaparecido. Razonó que allí se originaba el dolor sordo que había sentido desde que había recuperado el conocimiento, y sintió desesperación al caer en la cuenta de que ya no podría usar magia, algo que para ella había sido una extensión más de su cuerpo desde que tenía memoria. Así también, sus alas habían sufrido tantos daños que pasaría mucho tiempo antes de que pudiera surcar los cielos otra vez.

Comenzó a arrastrarse usando sus cascos delanteros, esperando que los traseros recuperaran la sensación en algún momento, en un intento de buscar a los demás. A las princesas, a sus mejores amigas, a su querido dragón; tenían que estar bien. Nunca había deseado nada con más fuerzas, pero la realidad de lo terrible que era la situación en la que se encontraba se hizo presente otra vez al asomar por sobre los escombros. Sus ojos no podían creer estar viendo el escenario frente a ella.

La mitad del cuerpo de Applejack aparecía por sobre la media pared del parque frente a la mansión, sus ojos cerrados, su querido sombrero perdido en alguna parte fuera de su vista, y una línea carmesí bajando por su rostro.

—Apple… jack…

Solo entonces, Twilight notó que su garganta tampoco estaba funcionando como debería, no podía levantar la voz. Se arrastró hasta ella con todas sus fuerzas, y tomó su casco al alcance. No había pulso, pero viendo su estado, no se sorprendía. Recordaba con claridad cómo su amiga había recibido uno de los peores ataques de la bestia en un intento de proteger a Pinkie, y cómo había terminado ahí. Lo sabía en el fondo de su ser, ya no había nada que pudiera hacer por ella. Solo esperaba que, luego de ese momento, tanto Pinkie como Fluttershy hubieran logrado escapar a tiempo de aquel monstruo.

—Alguien…

Una voz ahogada llegó hasta sus oídos, una que conocía bien, una que nunca esperó oír de esa forma, rota y débil. No estaba muy lejos, podía oírla en dirección a donde una vez había estado la mansión de Fancy Pants, donde el monstruo había aparecido, el monstruo que había causado todo esto. A mitad del camino, Twilight finalmente logró ponerse en pie, dejando de sentir el asfalto roto lastimar su vientre, y sus cascos rengueando en la dirección a la que todavía podía oír aquella tímida voz.

—Por favor…

Rainbow Dash estaba frente a ella, sentada contra la pared, su pecho herido en sobremanera, casi abierto en canal, sus alas maltrechas, y uno de sus cascos traseros había desaparecido. Se estaba desangrando, y del paragón de la lealtad, la energía y la confianza, no quedaba más que una sombra, un cuerpo derrotado que solo quería rendirse, y Twilight lo supo con solo verla. Se sentó junto a su amiga, y guió su cabeza contra su hombro con cuidado. Si tan solo tuviera su cuerno, tal vez… tan solo tal vez…

—Twilight…

—Estoy aquí, Rainbow. Estoy aquí —alcanzó a decir con una voz rasposa.

—Twilight… no puedo ver…

—Es de noche, todo está oscuro… no te preocupes por eso.

—Twilight… tengo frío…

—Estoy aquí, a tu lado. Estoy contigo.

—Tengo miedo —decía en un hilo de voz, apenas audible, en palabras que la alicornio nunca pensó alguna vez escucharía—. No quiero morir aquí…

—Tranquila, estoy contigo. Estoy contigo.

Intentó confortarla al abrazarla con fuerza, pero supo que sus palabras habían caído en oídos sordos, pues sintió el momento exacto en que el cuerpo de su amiga había cedido. Ya no había vida en ella, ya no había esperanza, ya no había nada.

Permaneció así con ella por breves minutos mientras sentía los cimientos de la ciudad comenzar a ceder bajo sus cascos. Pronto, todo Canterlot rodaría montaña abajo, acabando con todos sus habitantes que no hubieran logrado huir a tiempo, quienes todavía no habían caído bajo las garras de la bestia negra. Y en ese momento, recordó en qué dirección había terminado su asistente dragón. ¿Tal vez él hubiera escapado al terrible destino que se había llevado a sus amigas? No tenía muchas esperanzas, pues la última vez que lo había visto… su cuerpo estaba maltrecho, destrozado por la bestia cuando intentó proteger a Sweetie Belle, y ella había ido detrás de él, malherida, mientras el caos se desataba.

Se puso de pie otra vez, y caminó calle abajo mientras contemplaba la destrucción, el horror a su alrededor. No podía escapar de lo que había ocurrido, de su responsabilidad como princesa de proteger a sus súbditos, de su fallo al proteger lo más querido para ella. Si hubiera hecho algo diferente, ¿el resultado habría cambiado? ¿Tenía caso pensar en ello cuando el desastre ya había ocurrido? No, se equivocaba, el desastre no había ocurrido, estaba ocurriendo, y no se detendría hasta que lo hubiera destruído absolutamente todo a su alcance.

Recorrer cinco calles en su estado actual había sido más difícil de lo que originalmente había imaginado, y sabía que su tiempo se estaba acabando, pero tenía que llegar a su destino. Tenía que salvar lo poco que le quedaba, aunque le costara la vida, una vida a la que ya no veía mucho valor, no cuando había fallado a cuanto poni conocía. Era una desgracia como princesa, y nunca podría escapar de ese hecho, no tenía excusa alguna. Pero mientras se ahogaba en su pesar, alcanzó a ver a lo lejos su objetivo. Tal vez aún estaba a tiempo.

Spike había quedado incrustado en las rejas que separaban Canterlot de una caída de kilómetros, varias barras de metal sobresaliendo por su torso, pues la magia que evitaba que el público se acercara a ellas había desaparecido. Sweetie Belle estaba ahí, y claramente había caído inconsciente junto a él mientras intentaba apartarlo de las barras. A pesar de lo malheridos que ambos estaban, todavía podía salvarlos. Todavía podía llegar a tiempo, lo creía con todas sus fuerzas mientras su paso se volvía un galope. Cada fibra de su ser gritaba de dolor, pero eso no importaba, no podía perder esta vez, no iba a hacerlo. Tomaría a Spike y a Sweetie Belle, escaparía con ellos tan lejos como les fuera posible, y vivirían un día más para planear un contraataque o, en última instancia, dejar Equestria atrás. Ya nada le importaba, solo quería salvar lo poco que restaba de sus seres queridos y mantenerlos a salvo, tenía que hacerlo.

Pero entonces un nuevo temblor la hizo perder el equilibrio, y cayó de costado sin poder evitarlo, sintiendo el impacto en su cuero lastimado. Intentó ponerse de pie tan rápido como pudo, pero las grietas en el suelo fueron más veloces que ella. Se extendieron rápidamente por toda la zona hasta llegar al lugar donde Spike había impactado, al lugar donde Sweetie Belle había caído, e intentó galopar más rápido que la destrucción a su alrededor, pero nunca sería lo suficientemente rápida. Ese sector de la ciudad frente a ella comenzó a ceder y, en su inconsciencia, ni el dragón ni la unicornio fueron capaces de escapar a tiempo de su caída al vacío, y a su perdición.

Twilight se detuvo al borde del risco recién creado, incapaz de creer lo que acababa de ocurrir, y aún preguntándose si aquella de verdad era una pesadilla de la que aún no podía despertar. Pero el dolor refutaba su más sincero deseo, y al caer en la cuenta de que todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor era real, gritó al cielo oscuro con todas sus fuerzas mientras lágrimas corrían por sus mejillas. No le quedaba nada, todos se habían ido, y ella no había podido hacer nada para evitarlo. Nunca esperó alguna vez sentir un dolor como el que ahora desgarraba su corazón, invadido por el terror, la impotencia, la desesperación. Era incapaz de cerrar la boca incluso después de que sus pulmones se habían quedado sin aire, y las lágrimas nunca dejaron de fluir.

—Twilight… lo siento tanto…

Era la voz de la princesa Celestia, lo sabía sin siquiera tener que voltearse, pero lo hizo de todas formas. El brillo en la melena de la deidad había desaparecido completamente, significando que había agotado casi toda su magia. Por más que hubiera llegado antes, ella tampoco podría haber evitado lo que acababa de pasar, y al notarlo, Twilight devolvió su vista al vacío que se había llevado lo único que le quedaba. La princesa se paró a su lado, acercó su cabeza a la suya, y su cuerno brilló por un breve momento, regenerando el cuerno roto de Twilight en el proceso.

Había recuperado su capacidad mágica, ¿pero para qué? ¿Qué sentido tenía tenerla ahora, cuando ya no la necesitaba? No, estaba equivocada, tal vez aún podría hacer algo al respecto. Tenía las herramientas, y de seguro Celestia lo sabía, de ahí su actuar, de ahí que hubiera usado lo último que restaba de su magia para restaurar su cuerno perdido.

—Y pensar que usé el hechizo de "regreso en el tiempo" hace años, para algo tan estúpido —se lamentaba ella, pues se trataba de magia que solo podía usarse una vez en la vida, sin excepción—. Pero tenemos otra oportunidad, todavía hay algo que podemos hacer… y la respuesta está en la sección de hechizos prohibidos de Starswirl el Barbado.

—Lo sabía —dijo la princesa Celestia, con una sonrisa melancólica—. Revisaste esos documentos, incluso a pesar de mis advertencias. ¿Verdad? —preguntó, pero ya sabía la respuesta, y Twilight no se molestó en confirmarla.

—Hay un hechizo derivado del "regreso en el tiempo", pero su utilidad y su costo son en extremo diferentes; es un hechizo que se usó pocas veces a lo largo de la historia de nuestro reino: la "espina del futuro" —declaró finalmente, pero Celestia no se sorprendió. Era una situación desesperada, ambas lo sabían, y no le pareció extraño oír ese nombre salir de su boca.

—Sabes lo que conlleva, ¿cierto? —preguntó sin fuerzas—. La "espina del futuro" sirve para enviar los recuerdos de un poni a su versión pasada, a costa de su propia vida, pues el cuerpo es incapaz de soportar el traslado de información. Twilight, si usas ese hechizo… morirás. La Twilight que está frente a mí, en este mundo, en este tiempo, dejará de existir. Lo entiendes, ¿cierto?

—Por supuesto que lo entiendo —dijo al voltearse hacia ella, lágrimas corriendo por sus mejillas—. Y no lo sugeriría a menos que valiera la pena el intento. Si envío todos estos recuerdos a mi versión anterior, tan solo una hora atrás, sé que lograré cambiarlo todo. Tal vez la línea de tiempo en la que todo salió mal siga existiendo, pero si hago esto, tendré la oportunidad de crear una en que todos sobrevivirán. No importa si ese intento me cuesta la vida, valdrá la pena —dijo al quedar frente a frente con su mentora, su determinada mirada clavada en sus ojos, y Celestia cerró los ojos con pesar.

—No podré convencerte de lo contrario, lo sé. Lo decidiste en el momento en que se te ocurrió la idea —respondió ella—. Solo lamento no haber podido ser de más ayuda para tí, mi alumna, mi amiga. De verdad espero que encuentres lo que buscas, y consigas salvar todo lo que yo no pude —dijo la deidad con una expresión de tristeza que ella jamás había contemplado, y Twilight asintió a sus palabras, antes de darle la espalda e iluminar su cuerno.

—Celestia… agradezco todo lo que has hecho por mí —dijo ella, incapaz de dejar de llorar—. Agradezco tu amistad, y agradezco que hayas estado ahí para mí siempre que lo necesité. Me aseguraré de devolverte el favor en otro lugar, en otro tiempo —prometió con la sinceridad más profunda de su corazón, lista para lo que vendría a continuación.

Conjurar un hechizo era un proceso dividido en varios pasos. En primer lugar, se debe analizar el texto en donde se explica cada parte del hechizo en sí: el tipo de magia, el proceso por el que se genera, y su objetivo. De ahí, debes ser capaz de converger en tu cerebro las tres partes al mismo tiempo, lo que lleva a desencadenar el efecto deseado en el exterior, o en el interior. Y cuando su mente terminó de procesar los recuerdos de la última hora, los que pretendía enviar a su homóloga pasada, sintió como si un rayo hubiera atravesado su cabeza por un breve instante, antes de que su cuerpo cediera y cayera en medio de la calle, sin que su mente alcanzara a procesar que acababa de provocar su propia muerte.

Celestia se acercó a ella con lentitud, y se dejó caer sentada en el asfalto a su lado, para acariciar la melena de su amiga con cariño. Sin dejar de hacerlo, miró el cielo negro sobre ella, aún en expansión, mientras oía a la bestia negra a lo lejos, destruir todo lo que alguna vez había amado. Los cimientos de la ciudad estaban prontos a ceder, y ella lo sabía, pero ya no había nada que hacer. Una vez su cuerpo, el de Luna y el de Discord se hubieran regenerado, harían todo lo posible para detener al monstruo que pretendía destruir el reino, y con el tiempo lograrían su cometido. Pero tal vez, en el pasado, Twilight Sparkle tendría mejor suerte. Con su conocimiento, tal vez ella lograría evitar los terribles eventos que acababan de presenciar. Y así, por primera vez en su vida, Celestia unió sus cascos y rezó a los cielos, mientras la ciudad se hundía bajo ella hacia un mar de oscuridad.


En un halo de luz, tal y como habían desaparecido del castillo, el grupo de Twilight Sparkle apareció a varias calles de distancia de la mansión de Fancy Pants como lo habían planeado. Ella y sus amigas serían la avanzadilla para ir a la mansión, poner el diamante bajo el mejor campo de fuerza que pudiera generar, para que así Discord, Luna y Celestia, quien ya estaba allí, pudieran crear otro campo de fuerza sobre ese, asegurándose de que la magia del diamante púrpura nunca llegara a manifestarse. Era un buen plan.

Y si todo lo demás fallaba, usarían los Elementos de la Armonía para enfrentar a la amenaza que surgiera, tal y como siempre hacían. En su grupo solo faltaba Rarity, pero no tardarían mucho en informarle de lo que realmente estaba pasando para prepararla y darle su elemento. Aunque, en cualquier caso, esperaba que no tuvieran que usarlos, ya sea con el peligro que se gestaba a pocas calles de distancia, como con la changeling que también se encontraba cerca en ese momento. De una forma u otra, esa noche acabarían con todas las amenazas al reino de una sola vez, o al menos esa era la idea que Twilight tenía.

Pero justo después de aparecer en ese lugar, frente a una pequeña tienda de dulces con un techo largo de la calle principal, antes de que nadie pudiera decir o hacer nada en lo absoluto, la alicornio violeta pareció recibir un violento golpe en la cabeza. Un impacto que la derribó contra el suelo frente a todas sus amistades, provocando que su cuerpo comenzara a convulsionar.

—¡Twilight! —llamó una aterrada Applejack, dejándose caer junto a ella el resto de sus preocupadas amigas se cerraban sobre ella—. ¡Twilight, reacciona! ¿Qué ocurre? —preguntaba a la alicornio, sin recibir respuesta, sus ojos perdidos y sus músculos temblando con violencia.

—¡Hermana, apártate!

Apple Bloom apartó a todas y se recostó junto a ella, apoyando la cabeza de la alicornio sobre su regazo, tomando una pequeña botella de su alforja, clavando una jeringa a través del corcho para llenarla, y clavarla en el cuello de la princesa. Poco a poco, las convulsiones desaparecieron y su amiga pareció calmarse, aunque aún tenía la mirada perdida. Parecía no estar consciente de sus alrededores.

Todos los presentes, incluso Discord y la princesa Luna, no habían tenido tiempo de reaccionar a la particular situación que había ocurrido frente a sus ojos, al igual que todas sus amigas. Para su suerte, la menor Apple del manzano había sido capaz de mantener la cabeza fría y actuar en consecuencia con velocidad cuando todos los demás se habían paralizado.

—¡¿Qué es lo que acaba de pasar?! —preguntó una asustada Rainbow Dash, antes de dirigirse a Apple Bloom—. ¿Y qué fue lo que le diste?

—Un relajante muscular, imaginé que era lo mejor que podía darle, pero ese no fue un ataque normal. Fue como si algo la hubiera golpeado en la cabeza —decía AB, dando tiempo a que la alicornio se recuperara. Poco a poco, su respiración se iba normalizando, y parecía recobrar la conciencia lentamente.

—No lo entiendo… no hubo nada aquí que le pudiera provocar daño, mucho menos ese impacto —decía Luna, preocupada, mientras Discord se adelantaba.

—Y puedo confirmar que no recibió ningún ataque, no había ni hay nadie en las cercanías que pudiera hacer eso, y aparte de ello —dijo al inclinarse para revisar la cabeza de Twilight—. No hay ninguna herida. Nada.

—¿Qué hacemos ahora? ¿Esperaremos aquí hasta que Twilight se reponga? —preguntó Scootaloo, pero su respuesta llegó en una repetida tos por parte de la princesa, que estiraba su casco en su dirección.

—¡No! No tenemos tiempo —decía al incorporarse, sus cascos débiles por la situación que acababa de sufrir, antes de sentir un dolor punzante que la obligó a llevarse un casco a la frente—. ¡Por eso se llama "espina del futuro"! —gritó con furia, confundiendo a la mayoría de los presentes— ¡Oh por todos los cielos, se siente como si me hubiera clavado una espina directo al cerebro! ¡¿Por qué?!

—¡¿Dijiste "espina del futuro"?! —cuestionó Luna, sorprendida y preocupada—. Twilight, ese es uno de los hechizos prohibidos de la biblioteca de Starswirl el Barbado, ¡uno que provoca la muerte del usuario! —exclamó ella, provocando la sorpresa y preocupación de todos sus amigos—. Twilight Sparkle, ¿de verdad usaste algo como eso en ti misma en el futuro? —cuestionó al quedar frente a ella, mirándola directamente a los ojos.

Twilight todavía intentaba encontrar sentido a las imágenes que habían llegado a su cabeza como una espina que ahora se expandía, desenvolviéndose en un montón de recuerdos que apenas podía ordenar, y a los que aún menos encontraba sentido. De lo que estaba segura era de que, dentro de una hora, usaría la "espina del futuro" para enviar sus recuerdos al pasado con la esperanza de corregir lo que había salido mal. ¿Pero qué había salido mal?

A medida que los recuerdos continuaban desenvolviéndose, la imagen era más clara, y más sentido tenía su futura elección de acabar con su vida en consecuencia del uso de aquel hechizo. La mayoría de los habitantes de Canterlot habían perecido, junto con sus amistades más cercanas. Las guardias real y lunar habían caído, y una terrible criatura de pesadilla, en forma de una mantícora negra gigante, era la responsable, y la misma aparecería en breve en la mansión de Rarity.

Su futuro yo había confiado en que podría usar los recuerdos del futuro para enfrentar el terrible problema que ahora encaraban, y sabiendo exactamente cuál era la amenaza, tal vez ahora tendrían una oportunidad de evitar las cosas que había visto. Haría todo lo posible para evitar que el futuro que había vislumbrado se cumpliera, a toda costa. Pero para eso, debía hacer uso de todos los elementos a su alcance, de toda la gente que la rodeaba. Era frío, pero esa era la mentalidad que necesitaba tomar para que todos vivieran para ver el amanecer un día más.

—Si, usé la "espina del futuro" porque era la única forma de evitar lo que está a punto de pasar —le dijo directamente a Luna, sin parpadear, antes de dirigirse a todos los demás—. En breves momentos, la magia del diamante púrpura en la mansión de Rarity se manifestará en forma de una mantícora negra que no dejará de desarrollarse, y que arrasará sin esfuerzo con todos nosotros. Y en una hora exactamente, Canterlot caerá en el sentido más literal de la palabra.

Las palabras de Twilight Sparkle eran frías, terribles, escandalosas tal vez, pero de seguro certeras. Era lo que todos a su alrededor pensaban, pues la conocían y sabían la clase de poni que era, pero la princesa Luna no se sorprendió. Sabía que decía la verdad pues había conocido a alguien que había utilizado aquel hechizo en el pasado en un intento de salvar al Imperio de Cristal, pero aquel unicornio había fallado en su cometido. ¿Tal vez esta vez sería diferente? Quería creerlo.

—¿Qué es lo que debemos hacer? —preguntó Luna, sorprendiendo a todos los presentes—. La amenaza aparecerá en breve, y si solo tenemos una hora, tenemos que actuar tan rápido como sea posible. Twilight, eres la única que sabe lo que va a pasar, y cómo pasará. ¿Qué debemos hacer para evitarlo?

Todos dirigieron su mirada a Twilight, expectantes, entendiendo la gravedad de la situación pero apenas siendo capaces de procesarla. La alicornio sabía que debía procesar toda la información que había recibido en ese mismo instante, y razonar una contramedida para lo que vendría. Todos confiaban en ella, y no los decepcionaría. Triunfaría en donde su futuro yo fracasó.

—Todo comenzó en la mansión de Rarity, y se llevó a la mayoría de los presentes en el lugar —dijo en voz alta, preocupando en sobremanera a todos a su alrededor—. Princesa Luna, Discord, necesito que se teletransporten allí ahora mismo, y reúnan a todos los ponis presentes en los alrededores a una distancia segura de la mansión. Nosotras iremos justo después y alejaremos a la bestia de ahí para que puedan sacar a todos a salvo.

—Recibido, nuestro papel empieza ahora —sonrió Discord, ofreciendo una garra cerrada a Luna, una que, aún reluctante, chocó con su casco antes de que ambos desaparecieran en un haz de luz.

Justo después, como si la catástrofe estuviera esperando su señal, el primer temblor recorrió las calles, y el lugar donde solía estar la mansión a la que se dirigían había estallado en una nube de polvo negro y escombros. A la vez, una sombra oscura aparecía en el cielo, tapando el manto nocturno, tal y como recordaba. Ya había empezado.

—¡Santo cielo! —exclamó Applejack, boquiabierta por el escenario que se desarrollaba frente a ellas, antes de voltearse a la alicornio—. ¿Fue eso lo que viste?

—Lo es, y ahora voy a necesitar la ayuda de todas —dijo Twilight al dirigirse al resto de sus amigas, mientras sentían un nuevo temblor bajo sus cascos. Si iban a hacer esto, tenían que ser tan rápidas como fuera posible. El reloj ya estaba corriendo.


Rarity no podía creer lo que estaba ocurriendo. Unas horas atrás, la princesa Celestia los había visitado a Fancy Pants y a ella para discutir un asunto de extrema importancia, durante la cual había notado, por el rabillo del ojo, que el diamante púrpura había brillado. Curiosa por tal reacción, una vez la princesa había partido y su esposo regresado a su oficina, la unicornio se tomó la libertad de revisar y pulir el diamante que le habían regalado la anterior Noche de los Corazones Cálidos. Pero algo iba mal.

Ella se vanagloriaba de conocer el valor de cualquier joya, de reconocer al instante sus propiedades y las técnicas que se habían usado para su tratamiento, y las que podrían llegar a utilizarse para elevarlo a su máximo potencial, pero la Rosa Eterna era la excepción a la regla. Según su hermana y su amigo dragón, aquella reliquia podía hacer perdurar los sentimientos más puros a través del tiempo, por lo que esperaba que los sentimientos de felicidad que sentía en ese momento de su vida de verdad perduraran en los años venideros. Incluso así, seguía siendo extraño no poder extraer la más mínima información de aquel regalo. Era posible que alguna clase de magia interfiriera con su capacidad para evaluar joyas, pero esto solo lo hacía más fascinante para ella, pues tener una gema desconocida en su colección que simplemente no podía analizar era algo excitante.

Al menos así había sido hasta ese día, hasta esa hora, hasta ese instante. La Rosa Eterna había comenzado a emitir un tenue resplandor rojo al tiempo que se rodeaba de una niebla oscura, que estaba comenzando a expandirse desde ese punto a toda la sala donde momentos antes había estado bebiendo café con la princesa. La niebla oscura estaba ocupando toda la habitación con rapidez, y la unicornio comenzaba a sentir que se asfixiaba, justo antes de que la propia princesa Celestia apareciera frente a ella durante un breve instante, su luz alejando la niebla oscura al tiempo que la arrastraba usando su hechizo de teletransportación.

La princesa Celestia, respondiendo al terrible presentimiento que había tenido en el exterior de la mansión, había efectuado su hechizo de teletransportación, al tiempo que rastreaba la presencia de todos los ponis en las cercanías, un total de quince veces seguidas por un espacio de cinco segundos, habiendo reunido a todos los civiles en el sótano de la mansión. Allí, justo después, colocó diez campos de fuerza en la amplia habitación, solapados uno encima del otro para crear la defensa más resistente en el menor tiempo posible, usando la magia con la que contaba. Y justo a tiempo porque, al instante en que un fuerte temblor se hacía presente en el lugar, el techo había comenzado a resquebrajarse.

Arriba de ellos había aparecido un monstruo gigante, uno que la princesa había alcanzado a ver por un breve instante al rescatar a Rarity, pero el tiempo suficiente para que la criatura estirara su garra recién creada hacia ella, rozando su pierna al tiempo que la alicornio intentaba escapar para rescatar a todos los presentes en las cercanías. Le había provocado la misma sensación, el mismo terror que le había infundido el dios del caos cuando se paró frente a él más de mil años atrás. Aún no sabía qué era lo que había provocado esa sensación, pero lo importante es que los civiles estaban a salvo en ese espacio cerrado, tanto los guardaespaldas como los sirvientes, y los guardias reales en el exterior estaban instruidos para lidiar con prácticamente cualquier amenaza. O al menos eso esperaba.

—¿Qué fue lo que…? —iba a preguntar la unicornio blanca, intentando darle sentido a su situación actual, cuando notó la herida en la pata trasera derecha de la deidad, una herida honda que no sangraba—. ¡Princesa Celestia! Su pierna está…

—No te preocupes por esto —le restó importancia, respondiendo con una cálida sonrisa—. ¿Qué hay de ustedes, Rarity? ¿Están bien? —preguntó, y su súbdita examinó a su futuro esposo a su lado, quien aún no salía de su asombro, antes de palpar su propio cuerpo.

—Si, estamos… estamos bien —confirmó al no encontrar heridas, pero aún preocupada de la que veía en la princesa Celestia, sentada a su lado y claramente incapaz de ponerse en pie.

—Me alegro —dijo con el mismo tono, examinando el techo y viendo como el escombro estaba presionando su escudo cada vez más—. Parece que he perdido velocidad con el tiempo. Hace mil años, podría haber puesto a todos a salvo, incluyéndome, lejos de aquí, pero no nos pude alejar lo suficiente a tiempo. Lo siento mucho —se disculpó al bajar la cabeza, gesto que nadie quería aceptar.

—No, nosotros lo sentimos, princesa Celestia —dijo uno de los guardaespaldas al bajar la cabeza—. De haber sido más competentes, ni usted ni los señores estarían en esta situación.

Pero en medio de la conversación, el suelo tembló una vez más, y el escombro del techo descendió con más fuerza, eliminando la mitad de la defensa que la princesa había establecido en el perímetro, lo cual le provocó un nudo en el estómago. Si no hacía algo rápido, todos los presentes en ese sótano serían aplastados por el monstruo, sin escapatoria alguna. Había usado toda su reserva de magia en casi treinta hechizos consecutivos, y ahora necesitaba tan solo un momento para cargar lo suficiente para teletransportarlos a todos a una distancia segura. Pero el tiempo se acababa.

¿Qué debía hacer? ¿Apostar a que su barrera resistiría el peso por unos segundos más, dándole tiempo a efectuar una teletransportación segura para todos? ¿Usar la magia que había acumulado hasta ese entonces para reforzar el escudo actual con la esperanza de que éste resistiera más tiempo? Si tomaba la decisión equivocada ahora, lo lamentaría para siempre, ella lo sabía bien. Pero entonces, alguien apareció en un resplandor azul frente a ella, usando su propia magia para reforzar el escudo del sótano varias veces más. Luna había ido a su rescate.

—Gracias a los cielos que llegamos a tiempo —dijo la alegre princesa de la noche al voltearse, con una lágrima asomando de su ojo, pero Celestia no salía de su asombro.

—Espera… ¿llegamos? —preguntó, aún incrédula.

—El protagonista siempre tiene que llegar al último momento, ¿no lo crees? —respondió Discord al aparecer junto a ella con un chasquido, examinando el lugar rápidamente y dirigiéndose a Luna—. No son muchos, puedo sacarlos de una vez ahora mismo. ¿Estás lista? —le preguntó a Luna, viendo como estaba soportando el escudo actual con su magia directamente, gotas de sudor cayendo por su frente.

—Cuando quieras —dijo con confianza.

Acto seguido, todos los presentes desaparecieron del sótano en un chasquido, los escudos que protegían el espacio se partieron al instante, y una garra gigante oscura inundó el lugar junto con los escombros. El escape perfecto, o al menos, perfectamente a tiempo.


Minutos antes, Twilight Sparkle guiaba a sus amigas camino a la mansión, aunque de la estructura no quedaba más que polvo, escombros, y una gigantesca criatura oscura que le generaba un extremo terror. A la carrera, aún seguía uniendo las piezas de los recuerdos que había recibido, recuerdos que les darían una oportunidad de dar vuelta la situación frente a la que su yo futuro se había rendido. Y si Discord y Luna lograban alejar a todos en las cercanías de la mansión a tiempo, habría dado un gran paso a cumplir su cometido.

—¡Twilight! ¿Qué otras cosas viste? —preguntó Applejack, diciendo en voz alta lo que todas tenían en sus mentes en ese momento, pero no sabiendo si de verdad quería la respuesta, considerando que la misma habría llevado a Twilight a la muerte en menos de una hora en el futuro. La alicornio sabía que las ponis a su alrededor entendían esto, por lo que no tenía caso mentirles. Prefería que supieran la verdad.

—Si el destino siguiera su curso, en menos de una hora, todos estaremos muertos. La criatura que acaba de aparecer más adelante seguirá creciendo, y lo destruirá todo. Nadie podrá detenerla —dijo sin guardarse nada, pero justo después pensó que tal vez eso no había sido el mejor incentivo.

—Tienes que estar bromeando… —comenzó a decir Rainbow Dash, incapaz de creer sus palabras—. ¿Cómo que estamos muertas? ¡Somos las mejores! ¡Tenemos los Elementos de la Armonía de nuestro lado! ¡Podemos con esto! ¡Siempre podemos! —gritó con ira, incapaz de aceptar que en un mundo alternativo pudieran haber sido vencidas, sobre todo cuando Rainbow tenía un as bajo la manga del que se sentía en extremo orgullosa.

—Vamos Twilight, ese no es… un buen chiste… —decía la poni rosada, con lágrimas asomando en sus ojos—. Pero aunque así fuera, y de verdad… algo así pudiera pasar en el futuro, podemos solucionarlo… ¿Verdad? —preguntó con timidez.

Todas se habían visto en extremo afectadas por lo que habían escuchado, sin mencionar a Fluttershy, que era incapaz de pronunciar palabra mientras oía la discusión a su alrededor. Si lo que decía Twilight era cierto, entonces no les quedaba mucho tiempo antes de que su predicción se cumpliera. ¿De verdad moriría en la próxima hora si las cosas no cambiaban? ¿Había hecho al menos un intento por evitar lo que había ocurrido en el futuro que su amiga narraba?

Ella era perfectamente consciente de sus defectos, de sus puntos flojos, del hecho de que, a diferencia de Twilight, Applejack y Rainbow Dash, ella solo podía asistir desde la retaguardia junto con Pinkie Pie y Rarity. Eso cambiaba cuando los Elementos de la Armonía estaban implicados, pues haciendo uso de ellos podía ser útil para las demás. Pero en el futuro que narraba su amiga, la criatura había seguido como si nada hubiera pasado, significando que los Elementos de la Armonía no habían funcionado, y eso la aterraba en sobremanera. ¿Había ocurrido porque su poder no era suficiente, o porque no todas estaban presentes para ese momento? Temía preguntar. Y si ni siquiera podía cumplir con ese papel, entonces, ¿qué podía hacer para ayudar a sus amigas si todo lo demás fallaba?

—Pinkie… eso es lo que quiero creer. En el futuro, no llegamos a usar los elementos porque, para cuando nos reunimos, no estábamos todas —explicó, dejando a la imaginación de las demás el resto de la historia, y respondiendo a la duda de Fluttershy—. Tal vez podamos cambiarlo ahora, pero nos enfrentamos a una amenaza que el reino jamás ha visto. Y nuestro tiempo es muy limitado para trabajar en una solución.

—¡Ya la escuchaste, terroncito! —le dijo Applejack a Pinkie, notando como sus ánimos caían frente a aquel relato—. Tal vez el futuro que vio la otra Twilight fue terrible, pero ahora tenemos de nuestro lado información muy importante que nos ayudará. Podemos evitar que pase todo lo que ella vio. ¡Pueden contar con eso!

Al decir eso último, Applejack también había mirado a Fluttershy, sabiendo que ella también necesitaba ese apoyo emocional. Para su sorpresa, Apple Bloom y Scootaloo se mostraban bastante confiadas en la situación actual, por lo que podía inferir que tenían plena confianza en sus probabilidades de éxito, o que todavía no terminaban de procesar el peligro al cual se enfrentaban. De una forma u otra, la alicornio necesitaría de todas al 120% de su potencial, todas tenían un papel que cumplir en el futuro por venir.

De repente, un poderoso rugido resonó en la ciudad, provocando un fuerte temblor en el suelo que apenas las detuvo en su galope. El campo de batalla estaba al alcance, y Twilight Sparkle apenas había terminado de razonar los recuerdos que venían después, a la par de un plan en consecuencia, pero incluso sus recuerdos no hacían justicia a lo que todas tenían enfrente ahora mismo.

En donde una vez había estado la mansión en la que vivía Rarity, ahora solo quedaban restos de una edificación desolada, cubierta por una espesa niebla oscura que rodeaba el lugar. Y así, parecía que toda aquella niebla se estaba reuniendo en un solo punto: en la criatura en el centro de todo, cuya forma era claramente la de una mantícora de un color tan atípico a su especie como lo era el negro, y sus ojos amarillos parecían ver en el alma de los presentes. Su tamaño tampoco se correspondía con la especie que parecía representar, pues su altura era bastante superior a un edificio de dos pisos. Pero no solo su tamaño representaba un peligro para las criaturas a su alrededor, también lo eran sus enormes garras negras, y el aguijón a sus espaldas que, si de verdad se correspondía con la especie que aparentaba ser, usaría un veneno altamente corrosivo y peligroso.

En el espacio aéreo alrededor de la mansión se encontraban sobrevolando los guardias reales pegasos de Celestia, cargando con sus compañeros, habiendo evitado el impacto de la manifestación de la bestia, y también indicando que la princesa aún se encontraba en las cercanías. Y fue mientras pensaba esto que, frente a su grupo, al sonido de un chasquido, Celestia, Luna y Discord aparecieron en el lugar, rodeados de Rarity y su marido, aparte de quienes suponía eran todos los guardaespaldas y sirvientes de la mansión.

Twilight notó al instante que la pata trasera de Celestia había sido herida, razón por la que no se había puesto de pie, y por lo que debería aprovecharla de esa forma. Espera, ¿aprovecharla? ¿Esa palabra de verdad había salido de su mente? Incluso su forma de pensar estaba cambiando a causa de esos recuerdos, pero era una consecuencia inevitable. Cuando todo hubiera terminado, se preocuparía por las repercusiones que podría haber tenido la "espina del futuro". ¿Ahora mismo? No importaba, su deber era que todos siguieran respirando cuando el amanecer hubiera llegado.

—¡Twilight! ¡Me alegro que estén…! —decía Rarity al acercarse, pero la alicornio pasó por al lado de ella, sin siquiera reconocer su existencia, lo cual no hizo más que extrañar a la unicornio blanca—. ¿Twilight?

—¡Celestia! —dijo al acercarse, sorprendiendo a la deidad—. Necesito que cree tantas cadenas doradas como le sea posible, necesitamos retener a nuestro enemigo antes de que se ponga en marcha —ordenó ella, pero Celestia no se mostró sorprendida. Twilight podía estar siendo más asertiva de lo que era usualmente para con ella, pero no era un cambio desagradable.

—Asumo que comenzará a moverse libremente cuando la niebla negra termine de formar su cuerpo —razonó la deidad, antes de devolverle la mirada—. De acuerdo, comenzaré a crearlas ahora. ¡Soldados! —llamó a los guardias reales en el aire, que procedieron a descender frente a ella, tanto pegasos como los unicornios y terrestres que cargaban—. Voy a crear cadenas que todos ustedes usarán para restringir el movimiento de la bestia que se para frente a todos nosotros. Sea como sea, ¡no podemos permitir que se mueva de este lugar! ¡Ese será su objetivo! —ordenó con el mayor volumen de su voz al tiempo que su cuerno brillaba con una cegadora luz dorada, y cadenas del mismo color comenzaban a surgir de su hechizo.

—¡Se hará la voluntad de la princesa! —gritó en respuesta el capitán de la guardia real, Cloud Skipper, al tiempo que sus dos subordinados pegasos se dirigían al área aérea sobre la princesa, atrapando las cadenas en el aire.

Las "cadenas doradas" era un hechizo propio de la princesa del sol, restricciones que podían paralizar a casi cualquier bestia, y que solo habían fallado frente al dios del caos. No importaba si no podían detener a su enemigo por completo, al menos les daría el suficiente tiempo para prepararse para lo que vendría. Y así, los pegasos fueron llevando las cadenas que iban surgiendo al tiempo que los terrestres y unicornios tomaban los otros extremos, galopando con confianza hacia la bestia negra que los veía con curiosidad, mientras el cielo negro sobre ella comenzaba a expandirse más allá de Canterlot, borrando el manto nocturno.

Antes de que el enemigo pudiera actuar, sus brazos y sus piernas ya se habían visto atrapados por las cadenas, al tiempo que el capitán rodeaba el cuello de la bestia para terminar en su nuca, ajustando la cadena a su casco y ejerciendo fuerza con sus patas traseras para restringirlo tanto como pudiera. Pero justo en ese momento, la niebla había terminado de reunirse en la criatura; ahora estaba completa, y lista para tomar acción. Y su primer acto fue sacudir su cola de escorpión con tanta fuerza como le fue posible, arrojando al aire a los cuatro guardias terrestres que la habían atrapado, y dirigiendo la punta del aguijón contra la molestia en su nuca.

Pero hasta ese entonces, ninguno de los presentes había desperdiciado tiempo. No había oportunidad para poner a Rarity al día de lo que estaba ocurriendo, pero la princesa Luna le dio su elemento y le pidió que estuviera lista. Su futuro esposo no estaba particularmente encantado de la idea de que la unicornio tuviera que enfrentarse al peligro una vez más después de tanto tiempo, sobre todo por su estado actual, pero sabía que sus palabras caerían en oídos sordos. Si sus amigas la necesitaban, allí estaría ella, era la clase de poni que era.

Aparte de eso, viendo que la gente en los alrededores comenzaba a asomar de sus hogares, aterradas por la bestia que ocupaba el lugar tan cercano a ellos, la deidad de la noche se elevó al cielo para hablar con el mayor volumen posible de su voz. Tenía que poner a todos los civiles a salvo, costara lo que costara.

—¡Súbditos del reino! ¡En este momento estamos lidiando con una peligrosa criatura, por lo que corren peligro si se quedan aquí! ¡A todos, siganme ahora mismo, los guiaré a un lugar seguro! —pidió ella y los civiles, no menos temerosos de lo que podría pasar, acataron sus órdenes al momento. Todos, menos el magnate pareja de uno de los Elementos de la Armonía.

—No, ¡no voy a dejarte aquí sola! —exclamó el, incapaz de creer que ese fuera el pedido también de su prometida.

—No estoy sola, todas mis amigas están aquí —respondió Rarity con una sincera sonrisa—. No te preocupes por mí, por nosotros. Tú tienes que ponerte a salvo.

—¿Por qué tienes que hacer esto? ¿Por qué tienes que ponerte en peligro? —preguntó, casi suplicante. Rarity respondió sin perder su sonrisa.

—Porque es mi responsabilidad, nuestra responsabilidad —decía, acariciando su rostro, antes de abrazarlo con fuerza—. Ahora ponte a salvo, sigue a la princesa Luna. Cuando esto termine, nos veremos otra vez.

Fancy Pants era incapaz de responderle lo que quería. Sabía cuál era el deber de su prometida, y sabía que solo estaría en el camino si se quedaba allí, por más que doliera en su orgullo. Y así, dedicándole una última sonrisa a Rarity, Fancy siguió al resto de los civiles guiados por la deidad de la noche. Minutos antes, Luna había enviado a Discord a la estación de ferrocarril de la capital, con indicaciones claras de la realeza para tener las formaciones listas para cargar a la gente evacuada, a quienes llevaría con destino al pueblo más cercano para quedar a la espera de que la situación fuera resuelta. También se había hablado con las estaciones de carretas cercanas a la estación para evacuar a la gente por el camino largo, pues serían remunerados económicamente acorde a la urgencia.

Pero mientras que la deidad de la noche debía moverse personalmente para guiar a los demás, Discord había cumplido su objetivo prácticamente al chasquido de sus dedos, por lo que había regresado al momento y listo para la siguiente tarea de Twilight, quien le pidió una de las cosas más curiosas que había escuchado desde hace años, pero no le sorprendía luego de lo que la alicornio decía haber visto.

—¿Estás segura de esto? —preguntó la deidad.

—¿Cuándo te ha preocupado si algo era seguro? —respondió la alicornio con una sonrisa, gesto que la deidad correspondió.

—Tienes razón. Bueno, no queda de otra —dijo al sonreír, chocando sus garras contra el suelo con todas sus fuerzas.

En las profundidades de Canterlot, las estructuras que sostenían la propia ciudad habían sido rodeadas por poderosas raíces creadas por la deidad del caos, extendiéndose a gran velocidad, inundando los puntos en los que la ciudad se conectaba a la montaña, e incluso emergiendo parcialmente en las calles. Tal vez no fuera mucho, y los huecos generados por las raíces pudieran debilitar la estructura al desaparecer, pero ya se ocuparían de ello más tarde. De momento, las ramificaciones afianzarían la ciudad en su punto por más tiempo, impidiendo que el crecimiento de la bestia la ponga en peligro de caer al vacío, de arrasar con innumerables vidas inocentes.

Al menos ahora tendrían algo más de tiempo antes de que el futuro que Twilight había visto se cumpliera. Y aprovechando esas mismas raíces, la deidad del caos las extendió hasta las patas de la bestia negra para fijarla en el lugar, al tiempo que el resto de los guardias reales retenían sus extremidades con cadenas. Y la principal cadena, la que el capitán de la guardia real usaba alrededor del cuello de la bestia para reducirla, estaba en peligro, pues el aguijón se dirigía directamente hacia él. Pero el implemento de su destrucción fue desviado por una poderosa patada proveniente de una poni noctral, y no cualquier poni noctral, sino la capitana de la guardia lunar: Midnight Blossom.

—Te estás poniendo lento, Skippy —le dijo con gracia la poni de pelaje gris con alas de murciélago y armadura oscura, en pleno vuelo. Sus ojos amarillos brillaban con astucia.

—¿Yo? Tú eras quien estaba tardando en llegar... capitana —dijo el pegaso rubio de ojos azules, cuando la bestia bajo su cadena se sacudió con fuerza, y el aguijón se dirigió a él otra vez, siendo desviado de nueva cuenta por el poderoso casco trasero de su colega.

—Te quejas, pero si no hubiera sido por mí, ya serías una brocheta. Y considerando la situación, no creo que podamos asfixiarlo, te estás poniendo en demasiado peligro aquí por nada —decía cuando su espalda chocó con la de él. ¿Acaso la yegua se estaba recostando en su lomo en un momento así?

—Estamos haciendo todo lo que podemos, ¡agradecería algo de ayuda! —pidió el pegaso sin dejar de ejercer fuerza, y su compañera suspiró.

—No te preocupes, te tengo cubierto —dijo alegre cuando, frente al tercer ataque del aguijón, no mostró reacción más allá de una paciente sonrisa.

De repente, la cola de la mantícora fue detenida en el último momento, retenida por las cadenas doradas de la deidad del sol, sostenidas tanto por los guardias reales como los guardias nocturnos. La capitana había llegado antes que el resto de los guardias a su cargo, pero todos venían justo detrás de ella, y todos se apresuraron a asistir a los guardias reales con las cadenas doradas que restringían al enemigo. Con el poder de todos, los movimientos de la mantícora negra se habían visto reducidos en gran manera, dando la oportunidad a que los Elementos de la Armonía se aproximaran al escenario.

La herida de Celestia se había regenerado lo suficiente como para permitir que ella se pusiera de pie, mientras que Apple Bloom y Scootaloo se apresuraron a servirle de apoyo, y de allí todas vieron a los Elementos avanzar sin dudas en su mirada. El esfuerzo de todos había logrado retener al enemigo en el lugar sin provocar una sola baja, ni siquiera daños mayores en los alrededores, y todos los civiles en las cercanías habían sido evacuados, o estaban camino a serlo, lejos del peligro que representaba la bestia negra. Era un escenario muy diferente al que guardaban los recuerdos del futuro, por lo que por primera vez desde que los había recibido, Twilight se sintió en paz. Recordaba lo que había pasado en la anterior línea de tiempo, hasta el último segundo, por lo que le costaba creer que el cambio en su actuar hubiera derivado en un desenlace tan diferente, el que tanto había esperado. Todos estaban a salvo.

Las seis se detuvieron con decisión en su mirada y sus correspondientes elementos listos para su uso, frente a la mantícora con el potencial para terminar con todo. Pero no se lo permitirían, el futuro no se repetiría una segunda vez. Sus elementos brillaron al tiempo que sus cuerpos se elevaban dejando el suelo, exponiendo una sonrisa en sus rostros, sintiendo la calidez en su corazón. Honestidad, generosidad, amabilidad, lealtad, risa, todos girando alrededor del elemento final: la magia. La magia más poderosa de todas, aquella que podía detener a cualquier mal, aquella que guardaban en sus corazones, aquella que salvaría a Equestria una vez más, después de un largo periodo de paz que esperaban nunca hubiera terminado.

Resplandeciendo en medio de la noche, de las seis yeguas de ojos brillantes emergió un rayo con los colores del arcoíris, que se elevó en el cielo y cayó sobre su enemigo con la fuerza de una imparable cascada. La bestia negra rugió con dolor mientras sentía sus extremidades volverse piedra, avanzando sobre su cuerpo y deteniendo el flujo de la magia bajo su piel en el proceso, pues carecía de sangre caliente. La petrificación avanzó por la parte baja de su abdomen, su pecho, sus alas, su cola, y finalmente, su cabeza. De esta forma, el proceso se había completado, los Elementos habían sellado la maldad una vez más, y esta nunca sería capaz de provocar daño otra vez.

Las portadoras descendieron al suelo otra vez, habiendo cumplido el objetivo que se habían propuesto, y respirando profundamente frente a un trabajo bien hecho. Todas intercambiaron miradas confidentes entre ellas, relajadas al fin, pues habían logrado evitar que el futuro que Twilight había visto se cumpliera. No pasó mucho tiempo antes de que todos los guardias reales y lunares, que habían retenido a la criatura hasta ese momento se apartaran del ahora inmovil monstruo, dejaran sus posiciones para rodear a las portadoras, y felicitarlas por su gran hazaña. Después de todo, para muchos era la primera vez que veían a los Elementos en acción, y su efectividad en batalla era innegable. Ahora, donde antes había estado la bestia, solo restaba una estatua con su amenazadora forma, y varios de los guardias se preguntaron qué harían con ella cuando hubiera que limpiar. Después de todo, habría que reconstruir una mansión en ese lugar.

—¡Toma eso! —exclamó Rainbow Dash al elevarse, dando una voltereta—. ¿Creías que podrías destruir la ciudad? ¡No en nuestra guardia! —gritó al señalar la estatua.

—¡Así se habla, Rainbow! —gritó su eterna fanática mientras Celestia avanzaba hacia los elementos en compañía de Discord, y los guardias abrían paso a las deidades.

—De verdad lo consiguieron —sonrió la deidad del sol—. Estoy muy orgullosa de ustedes, y en nombre de las princesas y de la guardia, tienen nuestro más grande agradecimiento —dijo al bajar la cabeza.

Aquel gesto fue compartido por todos los guardias, tanto reales como nocturnos. Y Discord hizo su propia versión de ese gesto, el cual consistió en tomar su propia cabeza para bajarla a la altura de la cintura como un sombrero a la vez que se arrodillaba, chascarrillo que le quitó una sonrisa a la pegaso amarilla. Gracias a los recuerdos de Twilight, habían logrado proteger la paz que no sabían que estaban a punto de perder, y por eso sus amigas no tenían más que gratitud por la alicornio. Sabían que había sido difícil ver lo que ella había visto y actuar en consecuencia, pero una vez más, frente a los ojos de Celestia, Twilight Sparkle había demostrado que, algún día, también sería una gran gobernante.

Pero tan perdidos en su victoria estaban, que nadie más allá de la pegaso amarilla notó que la sombra negra en el cielo no había desaparecido, y que el cuello de la estatua estaba latiendo con un resplandor carmesí, a la vez que una niebla negra se filtraba desde ese punto. Algo iba mal, terriblemente mal, pero su voz se había quedado atrapada en su garganta. Todos estaban distraídos, nadie más lo había notado, tenía que decir algo, ¡tenía que gritarlo!

—¡La estatua! ¡En el cuello! —logró gritar con todas sus fuerzas, y todos los presentes, no menos sorprendidos, se voltearon al lugar que la usualmente tímida pegaso había indicado.

Tenía razón, no podía creer que tuviera razón. Fue más que evidente para Twilight que habían fallado en sellarlo por completo, y algo terrible estaba a punto de ocurrir.

—¡Celestia! ¡Cubra un radio de tres calles con tantos escudos como pueda! —indicó a la desesperada, calculando el poder que se estaba reuniendo en la estatua, y la princesa no perdió tiempo en reunir magia en su cuerno para generar el campo de fuerza indicado, compuesto por diez escudos solapados de la misma forma en que lo hubiera hecho en el sótano de la mansión, pero a una mayor escala.

—¡¿Qué hacemos nosotros?! —preguntó Midnight Blossom, la capitana de la guardia lunar, preocupada por el bienestar de los suyos.

—¡Todos los demás, permanezcan cerca! ¡No se alejen de mi! —ordenó Twilight en un grito al tiempo que reunía magia en su propio cuerno, creando un campo de energía, compuesto por veinte campos de fuerza solapados que invocó uno detrás del otro, antes de voltearse a la deidad del caos, falta de aliento—. ¡Discord, refuerza este campo con toda tu magia, ahora!

—¡Como diga la princesa! —aceptó al tronar los dedos, cubriendo el campo de fuerza con múltiples campos de todos los materiales que se le ocurrieron en el corto periodo de tiempo con el que contó antes de que ocurriera lo que debía ocurrir cuando una represa estaba en malas condiciones durante un terrible diluvio.

En un rugido que retumbó en los cimientos del lugar, en los campos de fuerza, en toda la gente presente en la ciudad de Canterlot, la magia oscura contenida estalló junto con la estatua en la que se había reducido, provocando una onda expansiva que apenas fue contenida por el campo de fuerza exterior, y que el campo de fuerza que protegía a los equinos en su interior apenas resistió, antes de ser arrastrado por la furia de la bestia, que envió a volar a todos en distintas direcciones. Pero Twilight había sido lo suficientemente rápida para usar uno de sus mejores hechizos: "Resistencia máxima", el cual aumentaba la defensa del objetivo en gran medida por espacio de un minuto, y lo utilizó para todos los que estaban dentro de su campo de energía. No importaba que hubieran salido despedidos a varias calles, o que se hubieran dado de bruces contra una superficie rígida, el daño recibido sería mínimo. O al menos ese fue el caso para los demás.

Twilight salió despedida junto a Applejack hacia el segundo piso de un edificio deteriorado frente al parque, donde impactaron sin poder evitarlo. La granjera había visto amortiguado su impacto gracias al hechizo de su amiga, pero la alicornio no la había sacado barata pues, por desgracia, la "Resistencia máxima" no es un hechizo que se pudiera implementar en uno mismo. Ambas cayeron al suelo una al lado de la otra, y la granjera se sorprendió al ver que no había resultado herida, unos segundos antes de que el hechizo se desvaneciera, pero se preocupó al ver a su amiga junto a ella con varios raspones alrededor de su cuerpo, y una línea carmesí bajando por su frente.

—¡Twilight! —Se lanzó hacia ella, tomando a la alicornio en sus cascos—. ¡Twilight! ¿Estás bien? ¡Dime algo, por favor! —decía desesperada, y su amiga no tardó en abrir los ojos.

—No te preocupes, no fue tan malo como pareció —dijo con una sonrisa, antes de apartarla para ponerse en pie. La verdad era que estaba mintiendo, el dolor reverberaba en los huesos de todo su cuerpo, pero nunca lo admitiría, no cuando todavía corrían peligro.

Las edificaciones en los alrededores se mantenían relativamente en pie, pero no podrían ser habitadas por nadie más en el futuro cercano; todas parecían necesitar de una leve brisa para derrumbarse del todo. En el cielo, el campo creado por Celestia se desvaneció poco después, dejando únicamente una nube de polvo y escombros que cubría el lugar, dificultando la visibilidad. En ese momento, el corazón de Twilight dio un vuelco; uno de los peores escenarios posibles se había vuelto realidad.

Las pisadas de la bestia se sentían en los cimientos mientras la misma cruzaba el parque frente a lo que quedaba de la mansión a paso lento, acortando la distancia entre él y la criatura en la que sentía la mayor amenaza. Un nuevo rugido empujó a las dos ponis contra la pared, a la vez que disipaba la nube de polvo, dejando a la vista la peor pesadilla de todos los presentes: la bestia negra estaba completa, liberada, su tamaño había aumentado notablemente, y sus garras, colmillos y cola exponían un peligro mucho mayor. Su comportamiento también había cambiado; mientras se formaba de la niebla negra, no se había movido del lugar y sus ataques se limitaban a las cercanías, pero ahora estaba exponiendo sus colmillos con amenaza, a la vez que avanzaba poco a poco a su objetivo, hacia la criatura que había intentado aprisionarlo y petrificarlo, acciones que nunca perdonaría.

—Twilight… ¿qué hacemos ahora? —preguntó una aterrorizada Applejack, pero su amiga estaba paralizada.

A pesar de que tenía la información de lo que podía llegar a ocurrir, a pesar de que tenía a sus amigas con ella, a pesar de que las deidades estaban presentes en el lugar, no sabía cómo proceder. Su mejor método de contención había fallado, el monstruo se había vuelto más poderoso y peligroso, y sus opciones se estaban reduciendo a medida que la bestia avanzaba hacia ella. Pero era brutalmente obvio que, de no actuar ahora, sería demasiado tarde, una verdad que se volvió en extremo evidente cuando la criatura estuvo frente al edificio, levantando su garra izquierda con objeto de dejarla caer con todas sus fuerzas sobre su enemiga. Quería terminar con todo de un solo golpe.

Y en un momento de duda, la salvación llegó envuelta en una capa vieja y una máscara en forma de pico, clavando su lanzagarfios en el hombro izquierdo de una terrorífica mantícora para acercarse a ella tan rápido como fuera posible. En un instante, su magia manifestó una larga cuchilla de mithril reforzado, resplandeciendo con un tenue brillo verdoso a la luz de las farolas dañadas, al tiempo que clavaba su arma en la carne del enemigo, subiendo por su garra hasta el hombro, empleando la fuerza del lanzagarfios para girar, soltar el artefacto improvisado, dar la vuelta y tomarlo otra vez para cortar alrededor de todo su brazo.

Frente al daño, la bestia rugió con furia, retrocedió al tomarse el área lastimada, al tiempo que la equina cubierta por una capa descendía sobre el edificio donde Twilight y Applejack se encontraban, la primera reconociendo al instante el característico atuendo de su mayor enemiga. Nunca hubiera esperado que la otra amenaza aparte de la mantícora se presentara frente a ella en el peor momento imaginable, ni mucho menos que la misma atacara a la bestia negra. ¿Qué estaba ocurriendo?

—¡¿Qué estás haciendo?! —gritó la enmascarada con una voz distorsionada, llamando su atención—. ¡Te creía capaz de manejar una situación como esta, princesa de la armonía!

¿Está provocándome? Era lo que pensaba la alicornio. Pero tenía razón, su yo futuro se había sacrificado para regresar y llevar aquella noche a un mejor final que el que había visto con anterioridad, no podía permitirse paralizarse ahora. Estaba confundida por ver a su enemiga proveer asistencia, mucho más por escucharla hablar así con ella, pero luego habría tiempo para lidiar con la enmascarada. Ahora mismo, parecía que tenían un enemigo en común, y frente al terror que ocupaba su corazón, eso era razón más que suficiente para actuar.

—¡Bájale la espuma a tu chocolate, mascarita! —exclamó AJ, furiosa—. ¡Twilight hizo todo lo posible por protegernos y apenas alcanzó a protegerse a ella! ¡No tienes ningún derecho a juzgarla! —dijo al pararse frente a ella.

—Tal vez, pero será mejor que ponga en orden sus prioridades si lo que quiere es salvarlos a todos —decía mientras la bestia se recuperaba del ataque sorpresa, su brazo regenerándose a gran velocidad a la vez que se aproximaba una vez más al edificio—. Y este tipo no nos lo va a dejar nada fácil.

Antes de lo que hubieran esperado, los pegasos y noctrales con las cadenas regresaron a la escena. Coordinandose con los guardias en tierra para atrapar las extremidades de la bestia completa otra vez, detuvieron la garra que estuvo a punto de usar para destruir el edificio en el proceso, y empleando todas sus fuerzas para obligarlo a retroceder. Así también lograron capturar su cuello en el aire, aprisionado por Cloud Skipper y Midnight Blossom quienes, usando todas sus fuerzas, lo obligaron a retroceder unos pocos pasos. En ese momento, los ponis en tierra emplearon las cadenas para retener las patas traseras del enemigo, momento en que dos yeguas jóvenes pasaron por sus costados a gran velocidad.

—¡Toma! ¡Arrojalas bajo la mantícora al mismo tiempo, que toquen el suelo sobre el que está parada! —indicó AB al pasar a Scootaloo tres frascos con un hilo sisal en la tapa a la carrera, los cuales ella capturó en su hocico mediante los hilos.

—¡Considéralo hecho! —dijo con gran confianza y sin mover los dientes, el extremo derecho de su hocico sosteniendo los frascos, antes de acelerar a la carrera tanto como pudo con ayuda de sus alas.

Arrojó un frasco junto a la pata derecha de la bestia, antes de girar al vuelo con todas sus fuerzas. En el frente, arrojó un frasco entre ambas patas, y al girar por última vez, arrojó el último frasco junto a la otra pata, siguiendo su camino al vuelo para alejarse de su objetivo, parando con sus propios cascos y derrapando para terminar al lado de Apple Bloom, quedando mirando en dirección a la bestia negra, y el efecto que había tenido su combinación, pues los tres frascos estallaron contra el suelo de la plaza al mismo tiempo.

Una sustancia verde brillante se extendió bajo el monstruo, creando un pantano instantáneo de un tamaño considerable en el que las patas traseras del monstruo se hundieron, provocando que el enemigo cayera sentado sin poder evitarlo. El mismo gritó con todas sus fuerzas mientras los equinos a su alrededor debían taparse los oídos, pero Apple Bloom conocía las propiedades corrosivas e inflamables de las sustancias empleadas en el compuesto, por lo que no perdió tiempo en encender un fósforo para prender una bola de papel, que arrojó directamente al lugar. Al mínimo contacto con el enorme charco, todo se encendió en llamas a tal velocidad que los terrestres en las cercanías debieron abandonar las cadenas por el peligro de la sustancia inflamable, pero Apple Bloom estaba extremadamente satisfecha con el resultado conseguido mientras el fuego trepaba por las piernas del monstruo, quien gritaba con furia.

—¡Toma eso! —festejó ella, satisfecha por poder devolver al monstruo una mínima parte de lo que aquel le había hecho a sus amigas—. ¡Debería considerar cambiar mi apodo a "Apple Bloom la Pantanosa"! No estaría mal, ¿eh? —preguntó a Scootaloo que estaba a su lado, y cuyas facciones cambiaron a sorpresa y terror rápidamente por espacio de instantes—. ¿Eh? —se preguntó al voltearse, sin ser capaz de ver lo que estaba por ocurrir.

—¡Cuidado! —gritó Scootaloo al acelerar instantáneamente, empujando a su amiga y a sí misma fuera del camino, antes de que la cola de escorpión chocara con todas sus fuerzas en el lugar donde antes estaban—. ¡Oh no!

Apenas cayó en la cuenta de que el ataque no había terminado, pues la cola de escorpión estaba atacando sus alrededores ciegamente, razonó que no tenían oportunidad de escapar a tiempo. Pero justo en el último momento, antes de que la cola cayera sobre ellas, el draconequus hizo acto de aparición en un chasquido, viendo a sus espaldas, y chasqueando una vez más. De repente, tanto Apple Bloom como Scootaloo se encontraban a una calle de distancia de la bestia negra, entre las ruinas de aquellas manzanas.

—Me gusta su actitud, y la idea de retenerlo y prenderlo fuego no estaba tan mal, les concedo eso —dijo Discord sin voltearse, antes de que su tono de voz se volviera más duro—. Pero deberían ser conscientes del peligro al que se exponen antes de intentar algo como eso, fueron demasiado temerarias y podrían haber dejado extremadamente tristes a sus hermanas si algo malo hubiera ocurrido —continuó al voltearse, exponiendo una sonrisa—. Una vez se hayan recuperado, vuelvan al campo de batalla, e intenten pensar mejor sus planes. Necesitamos toda la ayuda posible, pero no necesitamos heroínas que intenten sacrificarse en vano en el proceso, eso es seguro —dijo al mover su garra en forma de saludo, antes de chasquearla para desaparecer frente a ellas.

Las dos yeguas jóvenes se quedaron paralizadas mientras la bestia a una calle de distancia seguía destruyendo todo a su alrededor en medio de la desesperación que las llamas le generaban. Y allí, por primera vez en toda la noche, las dos se preguntaron si estaban a la altura de la batalla que allí se estaba librando.


Luego de haber perdido de vista a Scarlet Autumn, quien se había propulsado hacia adelante haciendo uso de su lanzagarfios, Spike seguía a la carrera liderando al grupo que se dirigía al rescate de la familia de Rarity, y considerando la destrucción total de la mansión y sus alrededores a lo lejos, de verdad esperaba que sus amigas o las princesas hubieran llegado antes que ellos, y que todos estuvieran con bien. Sobre todo porque, segundos antes, un enorme campo de energía se había creado alrededor de la mansión para contener una explosión mágica que se sintió en los cimientos de la ciudad. El campo mágico ya había desaparecido, pero la situación actual en las cercanías era desconocida.

De una forma u otra, la realidad era que la bestia que una vez conocieron había regresado, y estaba poniendo en peligro lo más querido para ellos, por lo que una nueva batalla era inevitable. Tal vez Spike hubiera tomado un mejor control sobre su "modo salvaje" en el último tiempo gracias a los supresores mágicos, y Sweetie Belle podría tener habilidades mágicas que podían ser de gran ayuda en el enfrentamiento por venir, pero no quería arrastrar a esta situación ni a Rumble ni a Amethyst, quienes no tenían capacidades ofensivas ni defensivas más que las que provenían de sus respectivas especies. Pero para su mala suerte, ambos estaban determinados a acompañarlos hasta la zona de desastre.

Se sentía extraño dirigirse directamente al lugar cuando todos los equinos a su alrededor estaban yendo en la dirección contraria, alejándose tanto como fuera posible de la peligrosa bestia, el epicentro del cielo oscuro que seguía expandiéndose en el espacio aéreo de la capital. El sentimiento era completamente diferente al que tuvo durante el enfrentamiento en el Castillo de las Hermanas Nobles, pero no podía señalar exactamente el por qué. ¿Instinto, tal vez?

"Los estás poniendo en peligro y lo sabes. Haz que regresen ahora, o de verdad lo lamentarás."

Ahí estaba otra vez, una sombra corriendo a su lado en la esquina de su visión, esa voz que provenía de lo más profundo de su corazón. Al menos no parecía que fuera a ser un peligro en el futuro inmediato, pero sus púas se pusieron duras en el momento en que aquellas palabras se abrieron camino en su cabeza, como arañas trepando sus extremidades desde adentro. Una sensación de lo más espeluznante.

"No hay mucho que pueda hacer al respecto, no van a escuchar razones ahora mismo. Lo mejor que podemos hacer es protegerlos con todo lo que tengamos."

"Los dos sabemos que es lo que hay más adelante. Ese maldito monstruo volvió, y ya no es el mismo de antes, algo que estoy seguro puedes sentir. La cantidad de magia que expone ahora es mucho mayor, y seguro que tiene varios trucos bajo la manga. Te diría que te prepares para lo peor. Cualquier cosa puede llegar a pasar."

"No te preocupes, lo tengo bastante claro."

"Pues no lo parece. No parece que tengas una mínima idea de a lo que te expones, de a lo que expones a tus seres queridos."

"Estás bastante más hablador últimamente, voz sombría que sale de mi cabeza."

"El hecho de que sigas rechazando mi existencia con tanto ahínco… es bastante molesto. ¿Sabes?"

"¿Por qué no habría de hacerlo? Tan solo eres magia que tomó consciencia luego de absorber mis emociones negativas, y por suerte estás confinado dentro de mí."

"Esa no es una buena forma de tratar a quien te salvó la vida ya en dos ocasiones. De los lobos de madera en el bosque Everfree, y de Scarlet Autumn en la mansión bajo la montaña. ¿Y de verdad crees que estaré confinado en tu maldita cabeza por mucho más tiempo? Ya me has visto, cara a cara, aquel día en Sweet Apple Acres."

Tenía razón, aquel momento previo al proceso de supresión mágica que había sufrido, Spike estuvo en el lugar oscuro, frente a frente con lo que parecía ser una copia suya en plena formación. Pero la misma estaba llena de huecos, le faltaban retazos, y sus miembros estaban atados, fijos en el lugar. Pero lo que había sentido cuando vio en su único ojo se había quedado con él, un hambre que no tenía posibilidad de saciarse, la sensación de que perdería el control de sus propias garras si bajaba la guardia por un instante, y la premonición de que aquella existencia un día sería liberada de sus ataduras. ¿Qué pasaría una vez lo lograra? No tenía idea, pero la forma en que enfrentaba los problemas, con pura violencia, y el hecho de que se había reído con malicia en su rostro, no eran buenas señales.

"No pasará mucho tiempo antes de que mi existencia esté completa. No importa la supresión mágica que realizaron las princesas ese mismo día, no importan las pastillas que tomes para debilitarme, tarde o temprano tendré mi oportunidad y sentiré el suelo con mis propias garras, de eso puedes estar seguro."

"No si puedo evitarlo."

Cortó en su mente con esas palabras, ignorando la sombra que corría a su lado mientras se desvanecía en la nada. Tarde o temprano tendría que tratar con él, pero ese no era el momento, no cuando sus seres queridos podrían correr peligro.

—Spike, tú también lo sentiste. ¿No es así? —preguntó Sweetie, refiriéndose a la presencia maligna mientras miraban al cielo oculto por la oscuridad pura—. Ya no es el mismo de antes. ¿Qué vamos a hacer contra él?

—Tengo la esperanza de que mis llamas todavía sean útiles si le escupo directamente en la cara, pero si eso falla… Aún no tengo un plan. ¿Alguna idea?

—Considerando que ya podemos verlo desde aquí, con esa altura, vamos a necesitar una forma de alcanzarlo —decía ella, ya estando en el área que la energía mágica de la bestia había devastado dentro del campo de energía.

—Creo que podemos hacer algo al respecto, Sweetie —interrumpió Amethyst, galopando detrás de ellos—. Si combinamos nuestra magia, podremos levantar los escombros para que Spike pise sobre ellos, usándolos como plataformas para llegar hasta el rostro de ese monstruo. ¿Qué dices? —sugirió ella. Aún no habían tratado el hecho de que le había succionado la cara a su pareja, pero esperaba que la unicornio menor pusiera el poni antes de la carreta en ese momento.

—No es mala idea, considerando que no podría levitar cosas demasiado pesadas por mi cuenta —aceptó ella, para sorpresa de la mayor—. De acuerdo, hagámoslo.

—Por mi parte, mi movilidad me permitirá ayudar a quienquiera que se acerque demasiado al peligro, para retirarlo al vuelo rápidamente —dijo Rumble volando sobre ellos, orgulloso—. Pero la mayor parte del plan pesa en que Spike logre acercarse al monstruo lo suficiente para bañarlo en llamas. Así que… contamos contigo —concluyó con timidez, recibiendo una confiada sonrisa por parte del dragón y un pulgar en alto.

—¡Por supuesto! ¡Pueden contar conmigo! —exclamó alegre, y antes de lo que hubieran esperado, llegaron a la zona del desastre, el lugar donde una vez se había erigido la mansión del magnate amigo de la familia, y hogar de la modista.

Verlo desde la distancia de verdad no le hacía justicia. Esperaban ver a la mantícora negra desde el principio, al cascarón vacío que una vez había sido el protector de la familia de la princesa Ameria, el mejor amigo de Yamil, el dragón herrero, y de su hija híbrida, Nina. Pero lo que encontraron difícilmente podía llamarse una mantícora, pues sus rasgos apenas concordaban con la especie mencionada. Su altura era superior al edificio del cual había salido, exponía un rostro sediento de violencia, las heridas que la enmascarara acababa de efectuar en su cuerpo habían sanado casi al instante, y las cadenas con las que los guardias reales y lunares estaban reteniendo al monstruo no parecían ser lo suficiente.

Al llegar, habían alcanzado a ver a Scootaloo y Apple Bloom hacer equipo para retener al monstruo con un pantano ácido creado de los químicos usados por la aprendiz de Zecora, el cual habían encendido en llamas, provocando furia y desesperación por parte del monstruo. En su violento frenesí, Discord salvó a ambas en el último momento, y los guardias fueron lanzados al aire por la fuerza de sus sacudidas, soltando las cadenas. Y cuando vieron a los guardias terrestres ser atrapados por los pegasos y noctrales, Spike y su equipo supieron que era el momento, y tenían la información que necesitaban: las llamas estaban funcionando.

—¡Sweetie, Amethyst, ahora! —gritó el dragón al prepararse, y ambas comenzaron a levitar los escombros a su alcance como plataformas, tal y como habían planeado.

Claro, a Sweetie Belle le resultó ligeramente más fácil por su entrenamiento previo, pero era la primera vez que Amethyst Star levitaba algo tan pesado con su magia, sobre todo porque ahora eso mismo estaba sosteniendo a su amigo dragón, que saltaba ágilmente frente a cada plataforma que se formaba frente a él, en un intento por no poner un mayor peso sobre las capacidades mágicas de las unicornios.

Para su suerte, las mismas habían hecho un trabajo impecable, lo que le permitió acortar la distancia entre él y su objetivo con gran velocidad, mientras evitaba los movimientos desesperados de sus garras y su cola, hasta que estuvo en el rango visual de su enemigo jurado. Spike siguió corriendo y arrancó de los escombros una barra de metal que sobresalía, sorprendentemente parecida a la que una vez había utilizado durante aquella lejana noche en el Castillo de las Hermanas Nobles. ¿Tal vez fuera el destino? No lo sabía, pero ya era demasiado tarde para que la mantícora lo evadiera.

Para cuando el monstruo cayó en la cuenta de lo que estaba ocurriendo, el dragón ya estaba en pleno salto hacia su rostro, para aterrizar sobre su hocico con la barra clavada en su frente, provocando un aullido de dolor por parte de la bestia, momento en que llevó ambas garras al rostro por reflejo. Pero antes de que sus garras alcanzaran al dragón, Applejack ya estaba haciendo uso de los escombros para trepar lo suficiente, lazando la garra derecha al tiempo que Cloud Skipper la capturaba en el aire, tirando con ella de un lado, momento en que ambos fueron capturados por la enmascarada, quien disparó su lanzagarfios contra uno de los edificios del lado contrario, dejando que el mecanismo tirara con todas sus fuerzas. De la misma forma, Midnight Blossom usó una de las cadenas doradas a su alcance para atrapar la otra garra de la bestia, antes de que Rainbow Dash llegara con ella para tirar en conjunto, usando todas sus fuerzas para que el monstruo no alcanzara al dragón en su rostro. Y en tanto, Spike se detuvo un breve instante para mirar directamente en el enorme ojo derecho de su enemigo, antes de sonreír con una mezcla de furia y euforia que nunca había sentido, algo que no era extraño al considerar que la última vez que habían cruzado caminos el monstruo le había abierto el pecho de un golpe sin esfuerzo alguno.

—¿Me recuerdas, bastardo? ¡Espero que sí! —gritó el dragón con todas sus fuerzas, abriendo sus fauces tanto como pudo, antes de expulsar un torrente de llamas verdes que parecía no tener fin, llamas verdes que bañaron la cabeza y el cuerpo superior del monstruo.

Los movimientos y la fuerza empleada en ellos se volvieron más desesperados, Rainbow Dash fue lanzada contra el suelo pero su aterrizaje fue aminorado por la hábil Midnight Blossom, y al tirar de su otra garra, el lanzagarfios se soltó de la superficie en la que había sido fijado y los tres equinos aferrados a él fueron arrojados al frente, aterrizando en el edificio donde estaba Twilight Sparkle. Applejack usó su lazo con su hocico en una de las columnas del edificio mientras sostenía a Cloud Skipper y a Scarlet Autumn con ambos brazos, girando en u y frenando con sus cascos en derrape.

Frente a los azarosos movimientos del monstruo, Spike no perdió tiempo en quitar la barra de metal y usar los escombros para bajar con gran agilidad hasta el suelo, momento en que el dragón lanzó una llamarada al pantano inflamable para reavivar el fuego, antes de alejarse de la bestia furiosa cuyos ataques iban en todas direcciones. Para ese momento, los trozos de escombro estaban a punto de caer pues la levitación de las unicornios que lo habían auxiliado había alcanzado su límite, pero cuando el aura verde y violeta que los cubría se estaba desvaneciendo, la misma tomó un tono dorado al tiempo que Celestia se adelantaba para entrar en escena otra vez.

—¡Princesa! —exclamó el dragón al detenerse junto a ella, encarando a la bestia mientras su magia comenzaba a girar los escombros a gran velocidad, antes de salir disparados uno a uno contra el monstruo, haciéndolo retroceder.

—Spike, quédate junto a mí. ¡Discord, ahora! —gritó al aire, y de los tejados de edificios alrededor surgieron múltiples draconequus con cañones apuntando directamente al enemigo, todos liderados por uno con un puntiagudo bigote.

—¡Mis soldados, es hora de poner fin a esta criatura de una vez por todas! ¡Fuego! —exclamó gallardamente al bajar su espada.

Recibiendo confirmación de sus cincuenta copias en un poderoso grito de batalla, todos y cada uno dispararon contra la bestia negra, incapaz de defenderse de los ataques que apuntaban a todo de su cuerpo. Las explosiones se sucedieron a lo largo de la totalidad del monstruo, mientras este intentaba cubrirse con ambos brazos y alas, lanzando ataques con su larga cola al azar al tiempo que gritaba de dolor en un aullido que paralizó a todos los presentes.

—¡Eso es malo para mis oídos! —gritó el dios del caos con furia, cerrando sus palmas con fuerza para proyectar su magia.

De un instante al otro, todos los duplicados de Discord desaparecieron a la vez que las raíces se extendieron desde el suelo y los edificios adjuntos, cerrando el hocico del monstruo y reteniendo todas sus extremidades, tirando hacia abajo mientras este se resistía. Las llamas de Spike prácticamente se habían extinguido, pero el ataque no podía detenerse. Tenían que pararle los pies a la mantícora en ese lugar, y disipar a la fuerza la magia oscura que la había manifestado. Esto estaba presente en la mente de todos los que se encontraban en el lugar, tanto en Spike, Celestia y Discord, como en quienes habían evitado que el dragón fuera empalado por las garras del monstruo, habiendo escapado a un mayor daño gracias a sus compañeros. Y mientras que Rainbow y Midnight se habían estrellado contra el asfalto, su aterrizaje aminorado por la poni noctral, Applejack y su grupo habían aterrizado en el piso donde Twilight Sparkle permanecía durante ese momento, contemplando el campo de batalla y considerando sus mejores opciones.

—¡¿Están todos bien?! —preguntó AJ al dejar en el suelo a la enmascarada y a Cloud Skipper, que se bajaron de su lomo con cierta incomodidad.

—Si, um… como capitán de la guardia real, te agradezco tu ayuda, Applejack —dijo Cloud Skipper al carraspear, intentando no mostrar pena por haber sido cargado por una yegua mucho menor que él.

—De hecho, evitaste que mi lanzagarfios se rompiera, así que también te lo agradezco —dijo la voz distorsionada de la enmascarada, mientras revisaba con rapidez el artilugio. Si no tenía cuidado, no duraría hasta el final de la noche, y no contaría con el tiempo suficiente para reemplazar las partes dañadas.

—Si, con respecto a tí —decía la granjera, mientras Twilight se acercaba para usar magia curativa en los cascos de la poni terrestre, deteniéndola en el lugar—. Entiendo que, ahora mismo, no eres nuestra enemiga…

—Entiendes bien —dijo al terminar de ajustar el aparato de nueva cuenta, antes de devolverle la mirada. Cloud Skipper también la observaba con recelo, habiéndo caído en la cuenta de que la misteriosa figura frente a él coincidía perfectamente con la descripción del enemigo del cual se le había advertido a la guardia real—. Tenemos un objetivo en común, es todo lo que hay con respecto a esta situación. Habrá tiempo para platicar una vez terminemos con esto y la ciudad esté a salvo —dijo al acercarse al borde del edificio.

—Oh, puedes apostar a que tendremos una larga "plática" —dijo una furiosa Applejack al alejarse de Twilight, mientras esta se acercaba a Cloud.

—Capitan, ¿tiene alguna herida? —preguntó con preocupación, mientras el dragón se alejaba del monstruo y la princesa Celestia tomaba el control de los escombros para atacar.

—No, gracias a Applejack, nuestro aterrizaje fue bastante aceptable —decía al acercarse al borde del piso del edificio, viendo al otro lado de la calle mientras Twilight se aproximaba junto a él—. No sé si puedo decir lo mismo de las otras dos.

—Rainbow Dash… —musitó Twilight, viendo que su amiga se estaba poniendo de pie con cierta dificultad al lado de la capitana de la guardia lunar, al tiempo que las imágenes de la "espina del futuro" se hacían presentes en su cabeza.

"Twilight… tengo frío…"

La princesa debió tomarse de la cabeza ante la punzada de aquel recuerdo, que la llevó a recordar también el estado final de Applejack, y como Spike terminaría en el extremo de la ciudad junto con Sweetie Belle, antes de que ambos cayeran al vacío. Todavía no estaban fuera del peligroso bosque, todo lo que ella había visto aún podía verse realizado, por lo que debía actuar en consecuencia. ¿Pero qué era lo que debía cambiar para prevenir ese futuro? Aún no estaba completamente segura, y el poderoso grito que la bestia negra dio al recibir el ataque de la princesa del sol y el dios del caos no le facilitaba la concentración. Al menos ahora la bestia había visto sus movimientos reducidos por la magia de Discord, lo que le daría algo de tiempo. O al menos eso esperaba.

Pero en ese momento, mientras la princesa intentaba procesar lo que sabía para realizar un plan en consecuencia, alguien se acercaba rápidamente a Rainbow Dash y a la capitana, una poni rosada y una unicornio blanca que sirvieron de apoyo para la exhausta Midnight Blossom, y una pegaso amarilla acercando un botiquín a la pegaso azul arrodillada.

—¡Rainbow! ¿Estás bien? —preguntó con gran preocupación al ver el casco delantero sangrante de la pegaso, pero su amiga sonrió en respuesta.

—No te preocupes, no tardará nada en sanar, pero… la ayuda se agradece —respondió mientras Fluttershy limpiaba el área, aplicaba ungüento y envolvía el casco con rapidez y agilidad, todo en cuestión de segundos.

—Su amiga amarilla sabe lo que hace —dijo una sonriente Midnight Blossom al observar la experta aplicación de primeros auxilios—. Oye, ¿has considerado unirte a la guardia? Siempre se necesitan médicos de campo con tus capacidades.

—Gracias, pero ya tengo otro trabajo, y no podría estar más orgullosa de él —dijo la pegaso sonriente, ayudando a su amiga a levantarse—. Ahora rápido, tenemos que salir de aquí antes de que…

Y como si la desgracia estuviera esperando su señal, la bestia que estaba descendiendo bajo el peso de las raíces, comenzó a levantarse otra vez. Sus músculos estaban aumentando de tamaño, y bultos estaban apareciendo en los costados del monstruo. Y como si de una pesadilla se tratara, aquellos bultos estallaron en líquido oscuro, dando lugar a dos nuevos brazos del mismo tamaño que los anteriores, brazos que usó en conjunto para flexionar su cuerpo hacia arriba. Las raíces se desgarraron al instante, el monstruo negro rugió con una fuerza sin igual que hizo temblar los cimientos de la ciudad, y no perdió tiempo en descender una de sus nuevas garras sobre los seres vivos más próximos a él, aquellos que rodeaban a la capitana.

Todo ocurrió en un instante, y Discord estaba siendo testigo de todo, listo para ir al rescate de su mejor amiga. Al chasquido de un dedo podría sacarla a ella, y tal vez a alguien más, pero no sería lo suficientemente rápido para salvar a las cinco yeguas, y Fluttershy nunca le perdonaría un actuar como ese. ¿Qué otras opciones tenía? Debía decidirlo en ese preciso milisegundo. Si, tenía otra opción, y no era una muy agradable, pero era la que Fluttershy le perdonaría en el largo plazo, y la que le permitiría salvar a todas a la vez. Después de todo, aquel día se sentía como un dios generoso.

Al chasquido de sus dedos en ambas garras, el contenido del área circundante a Discord se intercambió por el contenido circundante a Fluttershy, dejando al dios del caos en el lugar exacto donde antes había estado la pegaso amarilla, y a la pegaso amarilla y sus compañeras en el tejado de un edificio frente al parque, lugar desde el cual pudo ver el momento exacto en que la garra de la muerte descendió sobre su deidad amiga, aquella que la había acompañado durante los últimos siete años. Las palabras no alcanzaron a salir de su garganta hasta que el evento en efecto ocurrió, mientras el dios del caos observaba la garra del monstruo pronta a caer en el último instante.

—Sabía que no tendría que haberme levantado esta mañana —fue lo último que llegó a decir y a pensar, antes de ser aplastado bajo todo el peso del monstruo.

El impacto resonó en los cimientos de la ciudad tanto como lo había hecho su rugido, y todos fueron testigos de cómo el dios del caos intercambió su lugar con las otras yeguas para evitar un destino terrible, algo que Celestia nunca pensó vería en toda su vida.

—¡Discord! —gritó Fluttershy con desesperación al lanzarse al vuelo, sin importar la imponente bestia que se erigía sobre los restos del draconequus, pero la princesa de la noche la capturó a tiempo, cargándola en su lomo y regresando junto a la capitana y las demás. Nadie podía creer lo que acababa de ocurrir.

—¡Fluttershy, cálmate! —gritó la deidad, recordando a las demás y a los ponis cercanos al campo de batalla como podía resonar su "voz real"—, ¡Discord es un dios, el no puede morir! ¡Pero su cuerpo tardará en regenerarse! ¡Debes ser paciente! —continuó ella.

Fluttershy pareció recobrar el sentido por un momento frente a aquellas palabras. Era cierto, Discord le había dicho algo parecido hacía unos años, lo que le daba sentido para ella a la decisión que acababa de tomar. Y así, cuando su mente logró calmarse, sus ojos se giraron hacia arriba y perdió el conocimiento. Luna suspiró, y dejó a la pegaso inconsciente con Pinkie Pie, recostándola en su lomo.

—Todas, a excepción de la capitana Midnight Blossom, tienen que salir de aquí. ¡Evacúen junto con los demás! ¡Esto no es algo que puedan manejar! —exigió al salir volando hacia abajo, siendo seguida por su oficial de mayor confianza, aquella que había estado a su lado durante más de mil años.

—Maldición… —musitó Rainbow Dash quien, por primera vez en mucho tiempo, se sintió impotente frente a un enemigo en extremo peligroso, alguien frente al cual un solo error podía costar la vida de alguien más, o la suya propia—. Lo siento, princesa Luna, pero nadie me dice a mí qué es lo que puedo o no manejar —completó por lo bajo. Estaba determinada a proteger a los suyos pasara lo que pasara, costara lo que costara.


—No puede ser… ¡Tiene que ser una broma!

Luego de haber presenciado lo que había ocurrido con el dios del caos, el dragón se quedó boquiabierto, incapaz de procesar lo que estaba pasando, sobre todo cuando sus poderosas llamas verdes en las que tanto confiaba fueron extinguidas en su totalidad por el aullido y por la repentina transformación de su enemigo, quien ahora tenía nuevas extremidades de las qué preocuparse. No era posible, la mantícora negra allí presente no tenía nada que ver con la que Sweetie Belle y él habían batallado meses atrás; estaba más cerca de ser un monstruo de pesadilla que una criatura del bosque, y el grito que ahora profería no hacía más que paralizar cada fibra de sus músculos.

Estaba aterrado, algo que Celestia notó con facilidad cuando vio al dragón junto a ella cerrar su garra con fuerza sobre la barra de metal. Se sentía como una hormiga frente al casco de un poni, algo que nunca había experimentado. Cuando la enfrentó por primera vez meses atrás tenía miedo, si, pero nada comparado con lo que ahora sentía en su pecho. Trató de controlar su respiración una vez más, en un intento de considerar la situación con la mayor calma que le era posible lograr en tal momento. Las cosas no eran iguales, ahora tenía a la guardia real y a la guardia lunar de su lado, sus amigas estaban allí, las princesas, todos trabajando con el objetivo en común de reducir al enemigo. No todo estaba perdido.

Pero fue entonces cuando los ojos amarillos del monstruo se fijaron en él de nueva cuenta, y su mente quedó en blanco otra vez. Recordaba la sensación de su pecho abierto por las garras del monstruo, sus púas rotas por aquel ataque a su espalda, las bestiales fauces a centímetros de su rostro mientras intentaba llegar hasta él para arrancarle la cabeza. Pero eso era nada comparado a lo que podía llegar a hacerle ahora, pues no necesitaría mucho esfuerzo para aplastarlo tal y como había hecho con Discord, mandarlo a volar lejos de la ciudad de un solo manotazo, o incluso engullirlo entero sin que él pudiera hacer nada al respecto. Las posibilidades eran tan ridículas que casi partía en risa en ese mismo instante. ¿Estaba seguro de que no todo estaba perdido? ¿Había alguien entre ellos capaz de hacer frente a semejante bestia? ¿De verdad podrían conseguirlo si trabajaban todos juntos?

"¡¿Te importaría moverte de una maldita vez?!"

La voz de su cabeza lo sacó de su trance en el momento justo, cuando la garra delantera de la bestia se había adelantado, posicionándose sobre el dragón y la deidad del sol, quien lo observaba detenidamente, con la intención clara de usar la teletransportación en el último momento para no darle oportunidad a un ataque inmediato una vez se hubieran trasladado. Era tan solo cuestión de instantes, pero fue en ese momento en que una voz femenina particularmente clara resonó en la mente de ambos, no solo en la cabeza del dragón.

"¡Iniciando telepatía de corto alcance!"


De un instante a otro, Spike abrió los ojos en un espacio completamente blanco, que se extendía hasta donde llegaba la vista. Ciertamente estaba viendo el espacio a su alrededor, pero al mirar hacia abajo, era incapaz de encontrar su cuerpo. ¿Era un fantasma? ¿Acababa de morir? Lo dudaba, no creía haber recibido el último ataque de la mantícora, y lo que veía frente a él lo hacía dudar incluso más.

Twilight Sparkle estaba levitando en el centro del espacio, sentada en el aire y contemplando múltiples pantallas a su alrededor, todas exponiendo un momento congelado en el tiempo, todas presentando la imagen capturada de cada una de sus amigas, de las diosas, de todos los presentes en el campo de batalla, e incluso de él mismo. Aquel espacio parecía completamente aislado del mundo real, y al recordar la frase que había resonado en su mente momentos antes, no le fue difícil suponer que este era el hechizo en el que su hermana había estado trabajando tanto durante los últimos meses.

—Esto es una transferencia de una alta cantidad de información entre los seres conectados a mí por telepatía, que por ahora está limitada a tres minutos, así que espero entiendan la razón por la que estoy apresurando la explicación a lo mínimo para que entiendan la situación actual. Claro, nuestro enemigo está exento de la comunicación, fue una de las reglas que establecí al crear este espacio, pero todos los demás en las cercanías están escuchando esto, y también pueden hablar.

La alicornio comunicaba todo esto sin dejar de explorar las pantallas a su alrededor, a veces agrandando las imágenes, o sobreponiendo una con otra, pareciendo razonar algo en particular. No era difícil ver que se estaba esforzando en sobremanera para que todo estuviera listo dentro de ese rango de tiempo.

—De verdad, no dejas de sorprenderme, Twilight —resonaba la voz de Celestia, a quien el dragón no podía ver, pero sí podía sentir—. De acuerdo, puedo ver que estás planeando medidas para nuestra situación actual. Dinos, qué debemos hacer.

—Quedan dos minutos y poco más, pero es lo suficiente para explicarles mi plan a todos. Una vez se termine ese plazo, el tiempo en el exterior se resumirá, recuperarán el control de sus cuerpos, y deberán actuar de inmediato.

—Eso está claro —resonó la voz de Rainbow Dash—. Solo di qué es lo que debemos hacer.

—¡Rainbow Dash! —exclamó Luna—. ¡Te dije que evacuaras con tus tres amigas!

—Las llevé hasta las puertas de Canterot, Pinkie y Rarity se encargarán de Fluttershy, pero ustedes me necesitan aquí. De hecho, estaba preparando mi mejor truco, como Twilight puede ver en esa pantalla.

—¿Tu mejor truco? —preguntó, incrédula.

—Mis mejores años todavía no pasaron, y hay un movimiento que mis compañeros me ayudaron a perfeccionar que… es más parte de un espectáculo, pero tiene una buena aplicación práctica. Twilight lo sabe mejor que nadie.

—Así es —confirmó ella—. Y es parte del plan actual. Ahora, escuchen bien, y actúen tal y como indico. ¡Si todo sale bien, terminaremos con esto de una sola vez! —dijo la alicornio antes de proseguir con su explicación y exactamente un minuto y medio después, la conexión entre todos los presentes terminó de repente.


Se sintió como un parpadeo, pero el dragón sabía que había sido real, y al abrir los ojos se vio nuevamente en aquella posición. Seguía junto a Celestia, la garra de la bestia estaba pronta a caer sobre ellos, y la deidad del sol seguía preparando el hechizo de teletransportación, cuyo proceso no se vio interrumpido por la telepatía. Pero esta vez, el uso que iba a darle era ligeramente diferente, algo que Spike sabía cuando la diosa lo tomó por la espalda al elevarse, momento en que usó la teletransportación para evadir el ataque en el último instante, reapareciendo en la zona aérea sobre el monstruo que debían vencer.

Y justo bajo ellos, pero justo sobre el monstruo, Rainbow Dash estaba dando vueltas alrededor de la ciudad en forma de espiral, cerrándose cada vez más sobre el objetivo. Pero justo antes de dar con él, dio un giro largo al tiempo que aceleraba, lista para dar la vuelta por última vez. Aún recordaba cómo se había sentido siete años atrás, cuando por segunda vez en su vida había logrado la Rainplosión Sónica, una técnica legendaria que solo los pegasos más hábiles son capaces de lograr. Si, se había sentido en extremo satisfecha en ese momento, pero eso no fue suficiente para que se durmiera en los laureles. Podía mejorar, podía aspirar a mucho más, aún estaba lejos de ser la mejor poni que podía ser.

Esos pensamientos estaban regresando a ella cuando giró en el extremo de la ciudad por última vez, regresando en dirección al monstruo que había lastimado a sus amigos a toda velocidad. Había superado todos sus límites, al punto en que su cuerpo apenas era capaz de soportarlo, pero debía hacerlo, debía lograrlo. Romper la barrera del sonido era algo que había conseguido en el pasado múltiples veces, pero la aceleración lograda con su vuelo en espiral no solo había facilitado que alcanzara la velocidad necesaria, sino que la había superado con creces. Era incapaz de abrir la boca siquiera para decir palabra alguna, pero todas sus amigas sabían exactamente lo que hubiera gritado con todas sus fuerzas de haber podido.

"¡Deleita tus ojos, Canterlot!"

"¡Este es un espectáculo que solo ocurre una vez en la vida!"

"¡Ningún monstruo va a lastimar a mis amigos!"

Aquellas palabras mudas sonaban en el corazón de todos los que la conocían, al tiempo que la onda de choque alcanzó a todos los presentes que rodeaban a la bestia, generada en el momento exacto en que la barrera del sonido había sido rota para que un arcoíris iluminara el cielo oscurecido. Le tomó un instante cambiar de posición sin romper el momentum, pues ya no estaba apuntando sus cascos delanteros hacia su objetivo, sino su casco trasero derecho en la patada más poderosa que había dado en toda su vida, aquella que cargaba los sentimientos de todas sus amigas.

—No puede ser —musitaba Scootaloo, en el instante exacto en que la barrera del sonido había sido rota—. Esto es… ¡la Rainplosión Sónica Nocturna! —gritó eufórica con todas sus fuerzas frente al poderoso impacto, el cual provocó un segundo arcoíris seguido al recién creado.

La patada había encontrado su blanco en la mandíbula de la bestia negra, la cual Rainbow desacomodó con su poderosa técnica, al tiempo que sentía todos y cada uno de sus huesos partirse, y sus músculos gritar de dolor mientras se desgarraban, pero ese era un pequeño precio a pagar si con ello mantenía a salvo a todos, ella lo sabía muy bien. Al romperse la pata, usó la otra con una patada normal para impulsarse y desviarse de su enemigo, mientras este quedaba aturdido por el impacto recibido. Y en pleno camino a la colisión, el capitán Cloud Skipper y Rumble, ambos hábiles pegasos, la capturaron en el aire sin detenerse, desviándose directo al edificio desde el cual Twilight Sparkle dirigía la operación.

Al aterrizar, tanto la princesa como su pupila, Sweetie Belle, se apresuraron a Rainbow Dash, quien estaba apretando los dientes por un dolor insoportable, mientras aplicaban magia curativa a la extremidad dañada. Y mientras ambas aplicaban los primeros auxilios, y la bestia caía derribada por el poder del ataque, la princesa Celestia sobrevolaba el cielo sin dejar de cargar a Spike por las axilas. Había llegado el momento que ambos habían estado esperando, algo que el dragón dejó en claro al voltearse para asentir, gesto que la deidad del sol imitó antes de iluminar su cuerno para aplicar un hechizo de potenciación mágica, momento en que soltó al dragón en dirección al objetivo aturdido.

Tal vez aquel hechizo no funcionara con criaturas fuera de los unicornios, pues es exclusivamente para potenciar la magia, pero el caso de Spike era diferente, pues sus propias llamas verdes estaban cargadas de magia. Y al potenciar ese aspecto de su cuerpo hasta el límite, el dragón no dudó al momento de cruzar los brazos sobre su pecho, inflándose con tanto aire como pudo, antes de exhalar todos sus sentimientos en un mar de llamas esmeralda que descendió sobre su enemigo. La llamarada era incesante, de gran alcance y provocaba un extremo desgaste, por lo que cuando el dragón se quedó sin aliento, tosiendo hollín sin control, fue capturado en el aire y redirigido hacia otro de los edificios que quedaban en pie por Midnight Blossom, ambos rodando sobre su terraza.

—¡Al demonio! —gritó la noctral, contemplando al enemigo ardiendo en llamas en su totalidad—. ¡No sabía que los dragones podían hacer eso!

—No, normalmente no se puede —dijo sin dejar de toser, tomándose del pecho.

—No deja de ser genial. Cuando esto termine, te invito un trago —respondió con una sonrisa pícara, una sonrisa que Spike no pudo evitar corresponder.

—Me encantaría, pero esto aún no acaba —continuó al ponerse de pie—. Quienes cierren la cortina en esta noche de terror… serán nuestras princesas —dijo con orgullo al mirar al cielo, y Midnight Blossom siguió esa mirada.

Las cadenas doradas que hasta entonces toda la guardia había utilizado se combinaron en dos largas cadenas por la magia de la deidad del sol, y tanto la princesa del día como de la noche tomaron una para rodear dos de los edificios que aún seguían de pie, enfrentados, en el medio del monstruo en llamas, y listos para el uso que pensaban darles. Si, probablemente habría que vaciar el fondo de la corona una vez todo hubiera terminado, pero cruzarían ese puente cuando llegaran a él.

En tanto, ambos edificios se vieron oprimidos por las cadenas sostenidas por ambas princesas quienes, luego de confirmar su actuar con una rápida mirada, procedieron a volar en dirección de la otra, pasando por el costado, y arrancando el edificio correspondiente prácticamente de raíz. El efecto de este movimiento terminó en el monstruo moribundo siendo aplastado por ambos edificios, enterrado bajo toneladas de escombros mientras su cuerpo inconsciente aún era consumido por las llamas verdes, llamas que nunca dejaron de arder incluso a través de los escombros.

Acto seguido, ambas princesas aterrizaron frente a Twilight Sparkle, quien aún seguía tratando a su amiga de cabellos arcoíris, y todas compartieron una cansada sonrisa, incluyendo a la pegaso adolorida. Aquella estaba resultando una noche bastante larga, y parecía temprano para celebrar la victoria, pero el enemigo había recibido de lleno el poder de todos, había sido aplastado por él, y si acaso se le ocurría levantarse otra vez, el resultado sería el mismo. Eran imparables.

Ese también era el pensamiento de Spike mientras se asomaba al borde del tejado, lugar desde el cual alcanzaba a ver el edificio abierto en el que estaban Twilight, Sweetie, Amethyst, las princesas y sus amigas. Respiró tranquilo mientras dirigía su mirada al montón de escombros en el centro de la plaza, pensando en los costos que acarrearía reparar ese desastre. Se llevó la garra a la nuca mientras consideraba esto, y Midnight Blossom se acercó para ponerse a su lado, satisfecha por la vista frente a ella.

—¿No te encanta el olor a monstruo chamuscado en la mañana? —preguntó divertida, mientras se acomodaba la melena.

—Todavía es medianoche, pero digamos que sí —confirmó, observando el cielo oscuro, aún en expansión—. Claramente esto aún no ha terminado, pero no va a ser fácil para nuestro enemigo volver de la paliza que le dimos. De hecho, es probable que esta vez los elementos de la armonía alcancen para reducirlo de una vez.

—Con todo lo que le cayó encima, dudo que aún tenga energías para…

Y el tiempo pareció detenerse por un instante mientras que Spike, por espacio de un parpadeo, dirigía su mirada a la plaza una vez más, desde la cual una garra en llamas, desesperada, se arrastraba de su tumba. Buena parte de la carne estaba siendo consumida por el fuego verde, pedazos de su rostro comenzaban a caerse, carbonizados, mientras la frente del monstruo se hinchaba en un bulbo negro, y el dragón tuvo la premonición más horrible de su vida. Su mirada se desvió a Twilight, a dos edificios de distancia, e intentó gritar en advertencia, pero ella había tenido el mismo presentimiento mientras se ponía de pie, delante de Rainbow Dash.

El bulbo negro explotó en una sustancia negra que se repartió en el suelo mientras el monstruo profería el grito de una bestia herida, torturada, y de aquel espacio surgió un largo cuerno negro, un implemento de destrucción que comenzó a brillar con una luz blanca aturdidora, instante en que Twilight Sparkle se adelantó para responder con un contrahechizo. Sus instintos le gritaban qué era lo que estaba a punto de ocurrir, por lo que sabía exactamente la magia que debía utilizar en consecuencia.

—¡Defensa final! —gritó con todas sus fuerzas al iluminar su cuerno con magia lavanda, creando cien escudos parciales alrededor del cuerno del monstruo.

La magia blanca, que hasta entonces se había estado acumulando en el nuevo cuerno de la criatura de la plaza, estalló sin control en la forma de rayos blancos en todas direcciones, rayos con una potencia devastadora que fueron bloqueados y desviados por los campos de fuerza incompletos creados por la princesa de la armonía, ubicados en cada lugar que ella había sentido darían. Se suponía que fuera una defensa perfecta que redirigiera el peligro a lugares en los que no había nadie presente, pero aquello resultó ser no más que una ilusión, pues la magia a la que había respondido resultó ser mucho más poderosa de lo que esperaba.

A razón de ello, bastó apenas el borde más delgado de uno de los cien escudos parciales creados por la alicornio, cuya debilidad se vio atravesada por el rayo blanco de magia pura y sin procesar, antes de hacer blanco en el lugar que se creía completamente protegido.

Twilight Sparkle retrocedió, incapaz de creer que mera magia en su estado más crudo, sin razón de existir y sin objetivo específico, hubiera atravesado su mejor hechizo de defensa, por más que hubiera tenido que dividirlo demasiadas veces para proteger a todos sus seres queridos. Al menos podía decir que había cumplido con el cometido de su último hechizo, algo que pensó con una sonrisa mientras se llevaba el casco al centro de pecho. La sangre manaba del agujero sin control, por lo que tuvo muy en claro que su enemigo le había atravesado el corazón, los pulmones, y varios órganos vitales más en el camino antes de salir por el otro extremo, algo de lo que tenía consciencia, pero que no llegó a razonar más allá, no antes de que su cuerpo cayera inerte al suelo mientras un charco de sangre crecía bajo ella, frente a las incrédulas miradas de los presentes. Sobre todo, de la mirada llena de terror del dragón que había visto todo desde el otro edificio.

—¿...Twilight? —alcanzó a musitar, con una voz temblorosa pronta a quebrarse.