Hola mis queridisimos amigos, loba ha vuelto con una nueva historiaaa! YAY.

Me temo decirles a los amantes del gore como yo que esta vez no les traigo una historia llena de sangre o tripas (Ugh que mal XC) Esta vez hay un punto a favor de los/las amantes del Helsa. (Siii Helsaa *w*)

Esta historia me fue inspirada por varios videos de Youtube y por algunas peliculas dramaticas que he visto ultimamente. El piano es un instrumento fascinante y adoro tocarlo. (Lo amo 3) Por otra parte el violin tambiien es fabulosoy mi más grande sueño (fuera de Fanfiction xD) es aprenderlo a tocar (En realidad lo quiero hacer en las proximas vacaciones) Es algo dificil para mí escribir en primera persona pero creo que es lo más acorde con la historia.

Espero que les guste mi historia. Ah cierto casi lo olvido. Esta historia esta ambientada en la época actual y Elsa y Anna no son hermana.

Disclaimer: No me pertenece ni Frozen ni sus personajes, son propiedad de Disney

Disfrutenla y dejen sus reviews ;)

Capitulo #1: Concierto para piano

El frío golpeaba la ventana con violencia mientras yo retumbaba mis dedos contra la dura madera de mi escritorio. La espera me mataba. Anna no respondía mis mensajes y deseaba verla luego de no poder estar con ella debido a mis ensayos o prácticas. He empezado a creer que ella se olvidado de mí. Luego de conocernos en la secundaria nos hicimos inseparables. Ella logró sacarme de mi burbuja y era la única que charlaba conmigo. Yo era muy fría en la secundaria. No me relacionaba con nadie por temor a ser rechazada. Además no me gustan mucho las fiestas, prefiero quedarme en mi casa leyendo una buena novela de amor, dibujando o componiendo piezas para piano.

De repente el teléfono comenzó a vibrar sacándome de mis pensamientos. Lo encendí, digité el código de números y revisé mis mensajes. Era una cadena que promocionaba una fiesta organizada por los chicos de mi universidad con tragos y sexo. "No me interesa"- pensé. Estas cosas no me importan en lo absoluto, no como otras personas que solo pasan fuera de casas vacilando con desconocidos para luego conducirse a un callejón oscuro y tener relaciones íntimas. Estas estupideces solo me hacían razonar hasta donde ha llegado actualmente la sociedad humana. Sin embargo, yo no puedo hacer nada así que solo me comporto como espectadora y observo los problemas que se les presentan a otras personas.

Apagué mi teléfono y lo tiré al sofá. Estaba algo molesta conmigo misma por haber alejado a mi mejor amiga. La única que me sabía comprender y me respetaba. Esto me trillaba cada vez más y más mi mente, dejándome cada vez con menos autoestima.

Me senté sobre el acolchado mueble y coloqué mi mano sobre mi frente. Sentí que ligeras lágrimas escapaban de mis ojos. "Como pude ser tan tonta"- me repetía a mí misma. Froté el puente de mi nariz con mis dedos pulgar e índice arrepintiéndome de todas esas veces que Anna me escribía o me llamaba para invitarme a su apartamento o a salir y yo la rechazaba. Recordé ese gajo de tristeza que se lograba oír en su voz cada vez que yo le colgaba cuando ella llamaba y me encontraba en medio de mis prácticas de piano. Todas las veces que rechazó las ofertas de compartir momentos juntas debido a que necesitaba perfeccionar mis composiciones, etc. No podía creer el monstruo que era causándole daño a una pobre chica que solo me ofreció su amistad sin nada a cambio. Yo la rechazaba y la hacía sentir mal y no la culpo por no querer responderme o llamarme ya que yo había sido la causante de todo.

Observé a mí alrededor y divisé a mi más fiel compañero de toda la vida: mi gran piano de cola.

Me levanté del mueble y caminé hacia él. Pasé mis suaves dedos por la dura madera negra sintiendo la firmeza y luego por las teclas blancas y negras suspirando. Ya rendida por la tentación, me senté en el pequeño banquito negro que tenía y puse mis pies sobre los pedales. Comencé con tocar notas sin propósito alguno, como si estuviera sin inspiración cuando de repente la música me invadió de nuevo. La idea recorrió mi mente y luego deposité todos mis sentimientos en el piano. Tocar el piano me desahogaba, me quitaba todas las penas que tenía encima, me transportaba a un mundo alterno donde tú puedes expresarte sin ninguna complicación ni problemas.

Al terminar mi pequeña composición, luego de transcribirla a unas partituras y archivarla en mis carpetas de música, se levanté del banquito y deslicé la tapa de las teclas. Luego caminé hacia mi cuarto, no sin antes recoger mi celular que estaba desparramado por el sofá. Me recosté sobre mi pequeña cama mientras suspiraba desconsolada.

Acto seguido sentí un pequeño vibrar en el bolsillo de mi pantalón y saqué mi celular extrañada. Revisé lo que era y abrí mis ojos en sorpresa: era un mensaje de Anna.

Lo abrí rápidamente emocionada pero mi rostro cambió al leer lo que decía: "Lo lamento Elsa, no puedo. Tengo planificado hacer algunas cosas con unos compañeros de mi clase. Me lo hubieras dicho antes. Ahora no puedo. Dejémoslo para otro día ¿sí? De veras lo siento"-.

Sentí mis ojos humedecer aún más. ¿Por qué me tiene que estar pasando esto a mí? ¿Por qué Anna me abandona así porque sí? Todo esto es mi culpa. Pero me lo merezco al no saber apreciar lo que ya poseía…

Con el corazón hecho añicos, agarré mi abrigo color celeste cielo y me lo puse seguido de unas botas con felpa porque había leído en el periódico que hoy habría bajas temperaturas en la ciudad. Corrí a buscar mis guantes de lana color verde oliva favoritos pero estos no estaban en mis cajones así que supuse que estos estarían en la lavandería. Lo único que logré encontrar fueron un par de mitones algo viejos color azulados descoloridos con copitos de nieve blancos.

Agarré las llaves de mi apartamento y las coloqué en el bolsillo de mi abrigo, junto con algo de dinero. Cerré la puerta con llave y candado y me dirigí al parque principal a sentarme a suspirar tranquila.

El viento congelado golpeaba mi rostro y sentía mis manos congelarse, las metí en mis bolsillos buscando calor mientras cubría mi cabeza con la capucha cubriendo parte de cabello, dejando mi trenza francesa agitarse con el viento.

El día estaba dando su fin y todos caminaban a sus respectivas casas luego de una dura jornada de trabajo, por suerte para mi estaba en vacaciones de la universidad, solo debía ir a mis prácticas de piano dos veces a la semana. También una que otra presentación en un bar o alguna otra parte común, nunca en un teatro principal o acompañado de una orquesta, siempre sola.

Mis padres amaban la música clásica y mi madre practicaba el piano, debería decir que ella fue la que encendió esa pasión por este instrumento enseñándomelo a tocar cuando yo apenas tenía ocho años. Día tras día mi madre me enseñaba diversas melodías de famosos músicos clásicos como Mozart, Beethoven, o Chopin. Al principio para mí era difícil tocar los acordes con mi mano izquierda solo lograba tocar con la derecha. Pasó el tiempo y mi mano contraria fue adquiriendo habilidad para tocar con fuerza los acordes y acompañaba a la melodía dándole más sentimiento y profundidad a la música. A los catorce años ya era considerada por muchos amigos de mis padres como una niña prodigio. Mi padre alardeaba frente a sus compañeros mi talento, lo cual me causaba algo de incomodidad cuando ellos me pedían que tocase alguna melodía. Siempre he tenido algo de recelo mostrar mi talento a desconocidos, sin embargo ese miedo lo perdí luego de conocer a mi maestro de piano: Kai Evans. Este hombre logró sacarme el miedo que sentía y me mostró las maravillas del piano, a increíbles músicos que yo nunca había escuchado sus nombres como: Debussy, Bach y mi favorito de todos Vivaldi. Su música es demasiado inspiradora especialmente "Las cuatro estaciones". Llena de emoción con cada nota y te hace imaginar con cada detalle cada estación olvidándote del mundo real.

A los dieciséis avancé un peldaño más a mi carrera como pianista, comencé a escribir mis propias melodías. Sin embargo en ese tramo mi madre murió debido a una leucemia aguda que se le presentó de improvisto, mi padre entró en depresión después de su muerte. Yo siempre trataba de animarlo tocándole una melodía pero el dejó de escucharme, se encerraba en su habitación y comenzó a beber licor todos los días. A veces cuando llegaba del colegio, el me gritaba sin ninguna razón y cuando yo trataba de calmarlo o le respondía el me golpeaba con un látigo de cuero de vaca, dejándome moretones y problemas mentales. En ese tiempo fue cuando mi autoestima rodó por los suelos. Cada vez que llegaba, corría directamente a encerrarme a mi cuarto o al cuarto de música a llorar o a practicar el piano. Un día llegué del colegio un poco tarde ya que me había quedado charlando con Anna en las afueras del colegio, mi padre me recibió a gritos y con una botella de cerveza en su mano. Traté de huir de él pero este me golpeó severas veces con su látigo, yo gritaba de dolor y trataba de huir pero me fue peor. Él agarró la botella y golpeó mi cabeza, dejándome una herida sangrante en la frente que me hizo desmayar…

Desperté en el hospital totalmente adolorida y con una venda en la cabeza. A mi lado estaba mi profesor tomándome la mano mientras pequeñas lágrimas escapaban de sus ojos. Al verme despertar, se limpió las lágrimas y se aclaró la voz. Pregunté por lo que sucedido ya que no lo recordaba muy bien y Kai me respondió que mi padre me había golpeado tan fuerte que me desmayé y él creyó que yo estaba muerta por lo que agarró una pistola y se disparó en la frente al no poder pensar claramente la situación. Kai se enteró debido a que unas vecinas habían escuchado la detonación y entraron a la casa para descubrirme a mí tirada en el suelo con la cabeza rota y a mi padre sobre un gran sillón de cuero con sangre en la frente y una pistola en el piso. Entonces fue cuando me di cuenta que me encontraba totalmente sola en este frío mundo lleno de crueldad. Kai decidió adoptarme y me crió como si hubiera sido su hija de sangre. Aprendí todo acerca de música, y ahora me encuentro en proceso de aprendizaje para poder ingresar a una fundación para jóvenes talentosos que se convertirán en los próximos genios musicales. A pesar de que parte de mi vida fue dura, ahora me encuentro algo tranquila y reservada pero aun así hago mi mejor esfuerzo para salir adelante y alcanzar mis más grandes metas: poder mostrarle mi talento a grandes músicos y abrir una escuela de piano para los amantes del piano como yo.

El sol descendía por el horizonte y la temperatura bajaba gradualmente. Mi aliento se tornó denso ante el frío y sentía mis labios partirse. Caminé por el parque principal y me senté en una banca a tratar de calentarme frotando una contra otra mis manos. Pensaba en lo molesta que debía estar Anna conmigo luego de apuñalarla por la espalda tantas veces y también recordaba con tristeza a mi madre y con odio a mi padre.

De repente una bella melodía interrumpió mis pensamientos. Miré a mí alrededor y me levanté a buscar de dónde provenía aquella melodía. Un joven alto, de cabellos cobrizos y ojos verdes tocaba un pequeño violín algo antiguo. Era un músico vagabundo, sucio y pobre. Sin embargo, su talento con el instrumento era fascinante, tanto que logró captar mi atención y mantenerme prendida en cada nota que tocaba. El estuche de su violín estaba tirado sobre la acera pero ningún transeúnte ponía ninguna mísera moneda en él. Rebusqué entre mis bolsillos y saqué un billete de cinco dólares que poseía y caminé hacia él. Sus ropas mugrientas no combinaban con sus bellos ojos color esmeralda que me cautivaron. Deposité el dinero en el estuche y el joven me agradeció con su mirada. Una cautivante y hermosa. Me quedé parada como idiota escuchando esa melodía. Era una mezcla de felicidad y alegría que podía sentir en su melodía. ¿Cómo era esto posible? Él era una persona pobre casi sin ningún bien y podía tocar una canción llena de alegría mientras que yo tocaba canciones melancólicas llenas de dolor y tristeza. Cuando terminó de tocar el joven agarró el billete, cogió su instrumento, sus pocos bienes y se alejó de mí, no sin antes darme una mirada coqueta que causó cierta impresión en mí.

Me alejé del lugar y me dirigí rumbo a mi hogar de nuevo. La noche se hallaba en todo su esplendor, las estrellas brillaban en lo alto y la luna parecía un queso blanquecino con una luz fantasmal. Ya no quería sufrir en este crudo frío y deseaba practicar a solas con mi piano. Caminé por los callejones oscuros en busca de una ruta más corta para volver. Me sentí desorientada, y comencé a caminar en círculos por el mismo lugar.

Llegué a un barrio pobre, lleno de gente vagando por las calles, a niños jugando en las calles, un poco de basura en las aceras, etc. Estaba totalmente perdida. Nunca me había dirigido por estos lugares populares, ya que me daban algo de miedo las personas que vivían en estos sectores. Kai me impedía venir por este sector, decía que era peligroso para una chica linda como yo ya que habían hombres que de seguro quisieran abusar de mí. Caminé con la cara cubierta por mi capucha lentamente mirando a las personas a mí alrededor. Fue entonces cuando me sorprendí al ver a mi mejor amiga escabulléndose entre los callejones llenos de basura hasta llegar a un edificio abandonado. Ella abrió la puerta con dificultad y entró no sin antes revisar que nadie la haya visto. Yo la divisaba oculta tras la pared de otro edificio cercano y comencé a preguntarme que hacía ella en estos lugares.

Luego se escucharon voces y gritos en el interior del edificio lo que me causó pánico. Corrí lo más rápido que pude y forcé la puerta para poder ingresar al lugar. Me encontré rodeada de gente vestida de negro con estilo rockero y punkero sentados en varias mesas con refrescos y algo de comida. Todos me miraban extrañados como si no les gustara mi presencia en este lugar. La atmosfera era bastante tensa entre ellos y yo hasta que una voz conocida para mi rompió esa extrañez.

-¡Elsa! ¡¿Cómo así por estos lugares nunca creí verte por un barrio como este y mucho menos en un club de música?! Un momento ¿Cómo sabías que yo estaba aquí?- dijo Anna manoteándome la espalda amistosamente.

-Anna, yo lamento mucho haberte separado de mí. La cosa es que luego de respondieras mi mensaje, salí de mi casa al parque para pasear sola. Tomé una ruta alterna para llegar a mi apartamento y te vi corriendo escabulléndote por los callejones. Te seguí hasta aquí y ahora me encuentro rodeada de delincuentes. ¿Qué haces por aquí, Anna?- respondí algo apenada y molesta, alzándole una ceja a mi amiga que me miraba con vergüenza.

Ella entrelazó sus dedos, símbolo de que diría una mentira. La conozco desde los catorce años y ahora ella tiene dieciocho y yo veintiuno así que creo que la conozco exactamente bien todas sus mentirillas y gestos.-Elsa yo lamento haberte contestado de esa manera, la cosa es que…. Yo….- inmediatamente sus palabras fueron interrumpidas por el retumbar de una guitarra eléctrica que hizo que todos los presentes, excepto yo, se levantara de sus asientos y corrieran hasta la tarima que se hallaba al final del lugar.

Anna se emocionó mucho al ver a un joven rubio alto y fornido con una guitarra eléctrica color azul con negro junto con dos chicos y una chica que se posicionaron en sus respectivos lugares y tocaron sus instrumentos. En bombo de la batería se lograba leer en una letra manuscrita y antigua "Ice skulls" con una imagen de una calavera de hielo con una rosa entre sus dientes.

El rubio rasgueó las cuerdas de su guitarra, se acercó al micrófono y comenzó a cantar acompañado con la voz de la bajista. Todos gritaban y levantaban sus manos eufóricos. Anna tomó mi mano y me arrastró al pie de la tarima mientras gritaba y aullaba el nombre de esa banda como muchos de los presentes. Yo me sentía incomoda con la atmosfera, se sentía alegría, emoción pero era diferente a los sentimientos que yo poseía. Anna trataba de animarme a que me uniera a la multitud pero era inútil hacerme cambiar de parecer.

Al terminar la canción todos gritaron eufóricos pidiendo otra. Anna miraba al guitarrista con ojos enamorados y este le devolvía una sonrisa en respuesta. Fue en ese momento que lo comprendí, Anna y ese chico estaban en algo por eso ella estaba tan emocionada y se alejaba de mí.

La multitud se emocionó al escuchar a la batería empezando con sus golpes la fiesta. Anna gritó emocionada como todas las fans de la banda. Yo por mi parte continuaba escuchando este extraño tipo de música al que no estaba muy acostumbrada.

El guitarrista miró a sus compañeros preocupados mientras tocaba. Los otros les hacían señas para que continuara sin problemas. Fue de repente cuando se oyó otro instrumento que provenía de la entrada del edificio. La multitud giró para ver a ese extraño violinista. Yo enseguida recuperé mi memoria e identifique esos bellos ojos color esmeralda cautivantes. El hombre pelirrojo cargaba una boina y sus típicas vestimentas algo sucias pero tocaba como todo un profesional.

La gente se emocionó al ver al extraño y gritó corriendo a su alrededor a escuchar la extraña combinación entre el rock y la música tranquila de un violín. Sin embargo era una fusión muy agradable, siempre creí que estos dos tipos de música totalmente diferentes fueran capaces de combinar tan bien, provocando una sensación de alegría que te sacude todo tu cuerpo y te provoca cantar y gritar.

El violinista subió a la tarima sin dejar de tocar su preciado instrumento. Los rockeros tocaron con más intensidad luego de que él los acompañara. Todos gritaban y Anna ya casi lloraba. Fue entonces que los demás instrumentos y el cantante dejaron de tocar para dejarle paso al solo del violín. Una bella sensación entró en mí al escuchar cada nota de ese magnífico instrumento, clasificado como uno de los más difíciles de tocar junto con el piano, llenándome de felicidad y quitándome cada pena que sentía. El joven me dirigió una mirada y una sonrisa mientras se acercaba a mí sin dejar de tocar. Enseguida me puse roja de la vergüenza y el rió en respuesta. Escuché a unas chicas insultándome y mirándome con odio luego de mi breve encuentro con este misterioso joven. Me sentí de nuevo incomoda y salí del lugar seguida de mi compañera Anna.

-Elsa ¿qué te sucede? ¿Por qué te saliste si veía que te la estabas pasando bien? Incluso te sacaste un admirador- dijo Anna observándome con rostro preocupado que luego cambió con una mirada algo pervertida.

Volví a enrojecer ante sus palabras. "Rayos, porque a mí" pensé. –E-es que re-recordé que tenía clases de pi-piano más tarde- tartamudeé mientras bajaba mi rostro rojo por la vergüenza que sentía y jugaba con mi blusa.

-Si claro, te creo mentirosa pervertida.- bromeó Anna. –Vi como lo mirabas con una cara de embobada. Apuesto que lo que vas a recibir son clases de violín con ese apuesto joven ¿no?- respondió con la lengua fuera y guiñándome un ojo.

Mis mejillas ardieron y no podía ocultarlo. Antes de que respondiera con otra escusa, el guitarrista de la banda salió del edificio y abrazó a Anna por detrás enterrando su nariz en su cabellera. Anna sintió el contacto con el joven y revolvió su cabello amorosamente. Fue entonces que él la agarró por la cintura y depositó un beso en sus labios. Yo los contemplaba con una mirada de "mira quien habla" en mi rostro. Fue enseguida que Anna se tornó roja y se separó del joven. –Eso no cuenta, él y yo ya somos novios- reclamó la pelirroja habiéndome una mueca.

-Oye Anna ¿por qué no me presentas a tu amiga?- reclamó el joven algo molesto con Anna.

-Oh, lo siento Kristoff. Ella es Elsa, mi mejor amiga, la conozco desde la secundaria y es pianista profesional- exclamó de manera orgullosa abrazándome frente a mi mirada de disconformidad.

-Mucho gusto Elsa, me alegra conocerte. Aun no puedo creer que lograste soportar a Anna durante tantos años- se burló el rubio el cual recibió un jalón de orejas por parte de su novia.

-Será mejor que cierres la boca, idiota. No soy insoportable ¿no es cierto, Elsa?-.

Me sentía entre la espada y la pared. No sabía cómo responderle de una manera fácil de digerir para Anna. –Ehh bueno… yo… creo que…- dudé cruzándome de brazos frente a la mirada oscura de mi amiga.

El rubio rió ante mis dudas. –Ves te lo dije, a veces lo eres. Pero aun así eres una persona impresionante y hermosa- respondió por mí el rubio salvándome el pellejo, abrazando a mi loca amiga.

Anna se acurrucó en el pecho de hombre mientras él me hacía un gesto de victoria el cual me hizo soltar una risita.

De repente miré mi reloj y vi la hora: 20:36 -Oh no, llegaré tarde a mi práctica. Kai me va a matar- grité para mí misma alertando a Anna y a Kristoff. Enseguida salí corriendo del lugar escuchando los gritos de mi amiga como "Ten cuidado" "No hables con extraños". NO les hice mucho caso. No quería llegar tarde a mi clase. Una vez lo hice y Kai se puso histérico y amargado. Me retaba cada vez que tocaba mal o lo hacía sin ganas, enfatizando la importancia de escuchar y daba largos discursos aburridos. Detesto cuando se pone así pero es mi profesor así que no tengo de otra.

Corría y corría por los estrechos callejones de este barrio hasta que oí unos pasos a mis espaldas. Giré y me choqué con un hombre haciéndole caer un estuche y varias páginas de una carpeta que poseía. Me disculpo apenada y comienzo a recoger las hojas caídas, sin querer ambos agarramos la misma hoja e hicimos un contacto manual. Él dijo que no importaba que él se las arreglaba. Inmediatamente me fije en sus ojos. Unos ojos color esmeralda cautivantes, que juro haber visto antes. Enseguida aparte mi rostro sorprendido y observé la caja caída y enseguida me dí cuenta que era el estuche de un violín y las hojas caídas eran partituras algo maltratadas.

-No te preocupes, lo haré yo mismo. No necesitas ayudarme- respondió el joven con dulce voz. –Oye, yo te he visto. Tu eres la chica del club de música que vi hace unos momentos y también la que me dió dinero hace poquito tiempo atrás. Gracias por eso de veras, me ayudas mucho- dijo rascándose la cabeza apenado. –Mi nombre es Hans, mucho gusto- dijo estrechándome su sucia y callosa mano.

Yo me sorprendí al verlo. Lucía mugriento, destartalado y también algo desconfiable, sin embargo su sonrisa cálida y su mirada me hacían olvidarme de todo llenando de rubor mis mejillas. –Me llamo Elsa. Mucho gusto. No tienes por qué agradecerme. Aprecio la buena música cuando la oigo- respondo con actitud altanera.

-Si así veo, pero no pareces la típica joven que iría a un club nocturno de rock. Pareces más a una joven refinada amante de la música clásica- respondió alzando una ceja.

-Adoro la música clásica es mi vida, sin embargo también debería inclinarme más a otros géneros de música- enseguida revisé mi reloj- ¡Ya es muy tarde! ¡Debo irme a mis clases! ¡Adiós!- grité mientras salía corriendo despavorida. –Lamento tirarte todas tus cosas, Hans- dije corriendo alejándome de él mientras mi voz desaparecía con la lejanía.

-No te preocupes, Elsa….-

Llegué a mi apartamento luego de veinte minutos, tomé mis partituras, mi cuaderno de apuntes, materiales para escribir y salí como cohete de ahí. ¡Ni siquiera alcancé a tomar mi merienda! Tomé un taxi y llegué a las oficinas de música de mi profesor con más de veinte minutos de retraso. Esperaba ver a Kai eufórico y enojado pero él estaba totalmente calmado y sereno. Me saludó de manera cordial y comenzamos con mi práctica.

Pasé escuchando diferentes melodías y reproduciéndolas en el gran piano de las oficinas. Después le enseñé mis composiciones a Kai para que opine acerca de ellas. Él le dió una buena reseña y me permitió tocarlas. Luego el me entregó una pequeña carpetita con una partitura algo antigua dentro. En la parte superior decía "El invierno de Vivaldi". Me extrañé un poco ante ese extraño obsequio que me dió.

-Esta era la melodía favorita de tu madre, Elsa. Quiero que te la aprendas para nuestra próxima práctica, te enlisté para una audición para una escuela de piano en el exterior que se realizará en dos meses. Necesitas una nueva y excelente composición para entonces y quiero que practiques con esta melodía difícil para piano- me dijo sereno el hombre.

Mi mirada se centró en las negras, blancas y redondas de la partitura. Agradecí a mi maestro, y salí del edificio rumbo a mi apartamento de nuevo. "Tanta correteadera y para mi suerte no me retaron, que suerte tengo"- pensé haciendo gestos de victoria.

Al llegar a mi hogar, tiré todas mis cosas al sofá y me recosté en mi cama mirando la pintura color gris de mi techo. Los pensamientos extraños volvían a emanar de mi mente como: ¿Quién era ese tal Hans? ¿De dónde provino? ¿Por qué ama tanto al violín? ¿Cómo fue capaz de combinar dos géneros de música totalmente diferentes para obtener un resultado maravilloso? Estas y muchas otras preguntas más invadían mi mente.

Rodé por mi cama y mi mirada se postró en el gran piano de cola de mi madre. Me levanté, suspiré y agarré la partitura que Kai me había dado. Di unos pasos lentos y me senté en el banquito de madera mientras ponía mis pies sobre los pedales. Respiré profundamente y observé la partitura por última vez. Luego instintivamente mis dedos comenzaron a danzar en las teclas del piano. Ambas manos me daban una grácil velocidad al tocar en el gran instrumento como una profesional. La sensación en mi al tocar esta bella melodía era impresionante, podía sentir el frío correr por mi cuerpo y escuchar el aullido del viento acompañado de la caída de la suave nieve sobre un lago congelado. Los animales ocultos en sus madrigueras y la aurora boreal alzándose en el cielo acompañada de ligeros copos de nieves que caían sutilmente en el entorno.

La sensación al tocar la melodía fue una incapaz de describir, deseaba que no se acabara pero al mismo tiempo sentía que le faltaba algo. Sin embargo, no podía acabarla, había algo que no me lo permitía, me equivocaba una y otra vez o me olvidaba de una nota. La volví a tocar para volver a sentir ese sentimiento de felicidad y libertad que me causa cada vez que me siento a tocar este majestuoso instrumento. Pero enseguida sentí que mis dedos se entumecían y me causaban dolor. Me sentí insegura conmigo misma pero no iba a darme por vencida. Seguí practicando sin probar nada de comer ni beber ni una gota de agua. Necesitaba terminar de tocarla sin ningún error ni falla. Era una oportunidad única que no podía despilfarrar y quería sentir a mi maestro orgulloso de mi talento.

El tiempo pasó entre refunfuños, insultos y "El invierno de Vivaldi". Me encontraba con los ojos entrecerrados y divisé la hora en mi reloj: 1:48 am. "Ya es muy tarde pero aun no consigo el resultado que deseo para esta melodía"-pensaba mientras volvía a tocar insistentemente la difícil composición. Aún seguía cometiendo fallas lo que causaba que la ira arda en mi interior.

Así pasaron más horas, 2, 3 y 4 de la madrugada y yo seguía tocando esa melodía sin descanso hasta que mis ojos me ganaron la batalla. Ya no tenía la energía suficiente para caminar hasta mi cama por lo que me quedé dormida encima de mi fiel compañero, soñando con lo ocurrido hoy en día, sin poder sacarme de la cabeza el brillo de los ojos de ese pobre violinista de las calles…

Y que tal? Ehh? Acepto todo como ya saben. Creo que ya deben saberlo. (Bueno los que han leído otra de mis historias)

Ya saben que yo solo me inspiro debido a los reviews que me dejan. Por favor si no simplemente debo abandonar esta historia.

Gracias por su atención y espero que les guste ;)

Loba ;)