Disclaimer: Akatsuki no Yona no me pertenece.

Almaescritora, para ti 3


O-hime-sama

Hak dejó que su mirada vagara alrededor de la luz de la luna, tumbado como estaba, con las manos detrás de la cabeza. Su mano acarició la empuñadura de su espada, pero enseguida se recompuso. La noche era tranquila y seguramente no pasara nada fuera de lo normal, quizá alguna liebre despistada pasara por allí, pero nada más.

Echó un vistazo a los estrafalarios miembros de su grupo, que dormían profundamente, y sus ojos se detuvieron en el Dragón Azul. Incluso con la máscara puesta, daba esa sensación de tranquilidad y de serenidad. Después, sus ojos azules se posaron sobre el cabello de la princesa.

Recordó la conversación que habían tenido esa misma noche y sonrió con superioridad. No había olvidado nada de lo sucedido desde que partieran en aquel viaje. No había olvidado a la niña indefensa que era antes de partir, antes de que apareciera aquel primo suyo de cuyo nombre no quería acordarse.

Le gustaba la chica fuerte en la que se estaba convirtiendo.

"No quiero seguir dependiendo de ti para todo, Hak" le había dicho en aquella cueva.

Pero algo le decía que no era cierto. Recordó el miedo que había sentido cuando había creído que la perdería, las lágrimas en sus ojos lilas, la calidez de sus abrazos.

-Será boba… -le susurró a las estrellas.

Y ciertamente, lo era. ¿Cómo podía pensar que dejaría de llamarla "princesa" en algún momento? E incluso si así fuera, aunque las circunstancias lo obligaran a dejar de llamarla princesa… eso no quitaba que lo fuera. Hak asintió, convencido en sus teorías. Porque en el fondo, no importaba cómo la llamara, Yona siempre sería su princesa.