Hola. En esta ocasión traigo este fic titulado "Solo es una etapa"

Desde hace un tiempo tenía deseos de hacer algo que girase alrededor del ReiGisa. Aun cuando la pareja es popular en muchos fics les manejan como pareja secundaria, aquí es la protagonista.

Planeo hacer de esta historia algo extenso y entretenido abarcando temas de realidad y algo de crudeza con respecto al pensamiento social sobre la homosexualidad.

Nagisa va a crecer, a vivir mil cosas y a conocerse a si mismo. Espero que disfruten de esta aventura, de esta etapa del pequeño rubio de Iwatobi.

Disfruten el fic.


—¿Sabes, Rei-chan?—susurró cerrando los ojos—pienso que esto solo fue una etapa como todos decían pero… sin duda ha sido la mejor etapa de mi vida….

Solo es una etapa

[Reigisa]

Dolía a mares recordar esas lastimosas palabras mientras en la oscuridad de su habitación sollozaba abrazando una almohada de mariposa, él amaba las mariposas y solo le hacía recordar más su pena. Él no tenía la culpa de lo que le pasaba, era el más inocente de todo y sin embargo no podía ir a sus brazos y llorarle lo que le pasaba.

Cuando parecía calmar su llanto volvía a escuchar los gritos de sus padres mientras se tapaba los oídos conteniendo las nuevas lágrimas que amenazaban con brotar.

—¡Haz sido muy flexible con él! ¡Esto pasa por que ha convivido con puras mujeres! —gritaba su padre desde la casa de abajo. Nagisa se destapó los oídos, ya no había palabras que le dolieran más que las que le dijeron antes.

"¿Cuántas veces más vas a decepcionarnos?" "¿Acaso en algo nos equivocamos?" "Termina con esto Nagisa, es solo una etapa"

¿Una etapa? No, haberse enamorado no es solo una etapa, es algo real que tardó en admitir y cuando lo hizo el mundo se le vino abajo. Miró aquella libreta tirada en una esquina de su habitación, su secreto más grande descubierto por sus padres hacia unos minutos, la tenía escondida bajo su cama, jamás pensó que su madre rebuscaría entre sus cosas. Aquella vieja libreta tenía en la portada una foto de él en un corazón y su nombre escrito con esmero a lado del suyo. Algo típico de un colegial enamorado en secreto de su mejor amigo.

Ahora sus padres lo sabían y habían hablado, más bien gritado a él, pidiéndole que dejara esa estupidez de amar a un hombre, que era antinatural, asqueroso. Inclusive entre gritos culpó a las hermanas de Nagisa por vestirlo de chica, ahora el hombrecito de la casa se creía mujer, ahora les había salido "volteado".

Los padres de Nagisa eran conservadores, correctos, siempre exigiendo más y más del rubio, poniendo sus esperanzas en él. Ahora esas esperanzas estaban destrozadas, ahora su pequeño había resultado ser un raro y seguro todo era culpa del club de natación.

—Lo mandaré a Hokkaido con su tío, a ver si así se reforma —fue la última palabra de su padre que escuchó en toda la noche aun encerrado en su habitación. No podía ser cierto, lo enviarían lejos, lo alejarían de su familia, de Iwatobi, del club de natación, de Rei.

No recordó a qué hora se quedó dormido pero los ojos hinchados al despertar denotaban que efectivamente había estado llorando. Apenas saludó en la mañana, apenas le saludaron y su madre dio la fatídica noticia: Ese fin de semana estaría partiendo a Hokkaido. Nagisa quiso gritar como siempre hacía, negarse, renegar más no salieron las palabras. Tomó su mochila y partió a la escuela un tanto taciturno.

La gente que lo saludaba lo notaba, se preocupaban, fruncían un poco el ceño y seguían el paso. Entonces entre el tumulto le vio, ahí estaba Rei entrando a la escuela. ¿Cómo no amar ese porte atlético? ¿Cómo no desfallecer ante su corte de cabello perfecto? ¿Alguien podría no suspirar ante el purpura de sus ojos? ¿Existe humano que no se pierda en la perfección de sus labios, su nariz, su rostro y esas mejillas que se ven suaves al tacto? Rei Ryuugazaki era hermoso, como todo lo que profesaba, y no tardo mucho ni se esforzó tanto para tener a Nagisa encantado, para llevarlo a la perdición.

Nagisa suspiró, tomó un sorbo de realidad, se sacudió un poco el saco del uniforme y fingió felicidad en medio de una destrucción interna, del caos latente de sus días. Corrió, o más bien trotó, hasta que sus pasos le llevaron a alcanzar los de Rei, ladeó el cuerpo y emitió una sonrisa con una dulce curva clavando sus orbes rosáceos en el joven.

Rei le miró, alzó una ceja, sabía a lo que iba, así había sido por casi dos años desde que el chiquillo le acosaba de esa manera corriendo tras de él por los llanos hasta la escuela. Esa serie de encuentros, su insistencia, la persistencia por arrastrarle a la natación, sus mohines y su esfuerzo, toda esa determinación llevaron al joven de lentes a vivir una serie de experiencias inolvidables e invaluables, a conocer la amistad materializada en tres chicos, cinco contando a Rin y Gou, tan fresco como el agua, tan palpable e incontrolable como la misma.

Emitió una sonrisa de respuesta, ya se había acostumbrado a la efusividad de su amigo, ya podía decir que le seguía el ritmo y que pese a la distancia de Haruka y Makoto, el rubio había hecho más ameno sus días.

—Buen día, Capitán Ryuugazaki —dijo con picardía, a broma. Le gustaba recordar que él era el dueño de ese bote metafórico en el que ambos siguieron abordando cuando se encontraron a la deriva tras la partida de sus superiores.

—Buenos días Nagisa-kun ¿Ha hecho sus tareas? —el pequeño infló los mofletes, Rei en vez de preocuparse por su salud o cualquier otra cosa anteponía los deberes, mismos de los que Nagisa renegaba pero que hacía por el bien de la natación, para seguir nadando, para seguir con Rei.

Su corazón dolió al pensarlo, ya no importaba cuanto se hubiese esforzado, cuando hubiese puesto atención en clases, tomado mil apuntes, desvelarse hasta desfallecer por un examen porque ahora se iría, ahora no nadarían más juntos. Contuvo la tristeza en un pote mental y sonrió con ternura e inocencia al otro asintiendo.

—Lo he hecho, Rei-chan —entonces el otro no pudo ver a través de la fachada y la mentira de Nagisa, si había hecho sus deberes, siempre los hacia desde que se lo prometió pero eso ya no tenía valor, todo el esfuerzo era en vano.

Esos días de verano estaban terminando, esta etapa de Nagisa ocurrió cuando apenas cursaban las primeras semanas de su tercer año en la Preparatoria de Iwatobi, esos días de grandes competencias, logros, triunfos, amistad y risas se disolvían más pronto de lo esperado todo por un pequeño tropiezo, un descuido de su corazón que estaba con la guardia baja y que, cuando menos lo notó, estaba latiendo acelerado ante la imagen de su mejor amigo.

¿Podía Nagisa haber decidido no sentir eso?

Pues ahora que veía a Rei caminar a su lado, sentir su aroma, escuchar su risa con aire de hegemonía y todas esas cosas que nadie nota en él supo que no podía, que era inevitable amarlo con la fuerza que lo hacía, que si alguna vez pensó que existía una persona creada para cada humano, Rei era esa persona para él. Como si al nacer una entidad divina hubiese dicho que necesitaba un joven apuesto de lentes y anticuado para complementar sus días, para hacerlo sentir tan lleno. Rei fue creado para él.

Sin embargo sentía que él no había sido creado para Rei.

—Nagisa-kun, está muy pensativo —comentó tan pronto llegaron al salón de clases. Nagisa dio un salto y empezó a mover las manos considerablemente para disculparse.

—E...es que me he desvelado jugando videojuegos, lo siento Rei-chan —se disculpó adorable como siempre hacia y ante eso el de cabellos azules suspiraba y alzaba los hombros, ese chico no tenía remedio.

—Procure no hacer eso, podría afectar sus estudios —Nagisa se puso de pie, pegó las manos y tomó un porte de soldadito.

—Si señor…—después rompió toda esa formalidad y sonrió adorable, como siempre era Nagisa, tan feliz como podía fingir estarlo.

La clase había iniciado y el rubio se sentaba siempre detrás de Rei. Desde ahí era feliz porque podía ver su nuca, notar como el cabello de aquella zona estaba perfectamente cortado y que, aunque crecía rápido, cada semana volvía a estar como la semana anterior. Rei era cuidadoso con cada detalle, incluso impresionado Nagisa notaba que su saco escolar o sus camisas de verano no tenían una sola mota de tela, de aquellas molestas que se forman al lavar, a diferencia de él que tenía tantas que debía de comprar un saco nuevo cada cambio de ciclo.

Estando ahí podía ver cuando Rei volteaba un poco a un lado mostrando un poco de la curvatura de su mandíbula, contar alguna que otra peca que caprichosa se asomaban desde el cuello de su camisa y apreciar lo que su vista alcanzara, perderse en él, permitirse verlo sin que nadie pensara que era raro, sin que Rei se molestase por ello. Entonces Nagisa cruzaba sus brazos en el banco, hundía un poco el rostro y se permitía fantasear en los inexistentes días en que el chico correspondiera sus sentimientos, como sería andar de la mano, sonreírse, recibir un abrazo, si quiera pensar en los brazos de él rodeándole le hacía querer gritar y exteriorizar su emoción. Pero no eran más que fantasías porque Rei no era homosexual como él, no era desagradable como él, no daba asco a sus padres ni decepcionaba a la gente, no pensaba que amar a su mejor amigo era genial.

Y es que Rei le conocía prácticamente bien, no tan bien como Makoto conocía a Haruka pero seguro con un poco de esfuerzo podrían competirles. Imaginen lo perfecto que es amar a tu mejor amigo, reír porque entienden las mismas cosas y no reñir por amigos pues tienen los mismos, disfrutar los mismos hobbies y saber de antemano que ver películas de terror es la mejor opción porque él tiembla como cachorro y seguro terminará abrazándote. Ir juntos a clases, tener la misma actividad extracurricular, caminar juntos a casa, verse los fines de semana e ir al parque de diversiones. Decidir ir juntos a Tokio y rentar un apartamento juntos, hacer de este su hogar.

Saber que antes fueron tantas cosas y ahora eran muchas más. Es perfecto amar a tu mejor amigo pero es horrible que él no se sienta igual.

—Nagisa-kun, Nagisa-kun la clase a terminado —el rubio salió de su ensimismamiento y notó que todos se iban. Entonces alzó la vista y se encontró con los ojos de Rei.

—Lo siento Rei-chan, realmente estoy agotado—se excusó mientras echaba las cosas a su mochila, debían prepararse para las actividades después de todo eran capitán y vicecapitán.

—Lo veo en tu cara, si no puedes ir a la práctica ve a descanz…

—¡No! —ni siquiera le permitió terminar. La idea de irse a casa y enfrentar a sus padres, la idea de irse y no disfrutar los últimos momentos con Rei no eran para nada agradables. —Estoy bien, Rei-chan… no te preocupes.

Dijo riendo torpemente y moviendo la mano como si espantase una mosca más sin embargo el grito había sorprendido un poco al de lentes quien albergó la sospecha de que algo ocurría con su amigo. No quiso profundizar en detalles, sabía que de buenas a primeras si Nagisa tenía problemas no los externaría de inmediato y que bajo presión el pequeño se reprimía y seguiría fingiendo demencia. Así que si quería saber que le ocurría debía ser cauteloso, calculador como una fiera, muy al estilo de Ryuugazaki Rei.

Y la práctica estuvo sin inconvenientes. Nadar siempre despejaba un poco su mente y le hacía olvidar que había un mundo fuera del agua, un montón de cosas ocurrían fuera de los límites de esa piscina donde el nuevo equipo entrenaba. Gou fuera de la misma marcaba los tiempos, hacía anotaciones, borroneaba y creaba programas para mejorar la capacidad y habilidad de cada competidor. Tenían buenos reclutas, no tan enigmáticos como Haruka y Makoto pero con esfuerzo serían igual de buenos.

Un buen baño para limpiar sus cuerpos mientras entre charlas, risas y golpes con las toallas aminoraban la carga y el estrés del día, ignoraban la cercanía de los exámenes, pasaban de largo de sus conflictos personales. Aun así Nagisa llegado a ese punto no pudo evitar pensar que, si sus compañeros supieran sus gustos, pensarían repulsivo el tomar un baño con él. Temblarían, le mirarían de reojo y posiblemente dejarían el club. Pensarían que es horrible, que tal vez Nagisa les miraba con deseo, que realmente estaba en el club para ver a hombres en cueros.

Más no era así, es cierto que si amaba a Rei y pensaba que su cuerpo era un encanto ni siquiera a él le faltaba el respeto con intensiones morbosas. Su jugueteo, locuras y travesuras eran meramente puras con la intensión de establecer lazos y crear una amistad, misma que se volvió amor. Nagisa no era de los que veían cualquier hombre, babeaba y se abalanzaba contra él, Nagisa solo había amado a Rei, era al único, posiblemente sería el único. Pero seguramente quien supiera de su orientación pensaría mal, se persignaría y le señalaría llamándole pervertido.

Cosas como esas son las que solían pasar. Tristemente así era.

—Rei-chan ¿Puedo ir a dormir a tu casa? —preguntó mientras esperaban en la estación cuando el atardecer caía y la mayoría de la gente ya había partido a sus casas. Ambos sentados en las sillas de espera, Nagisa moviendo los pies con ternura mientras miraba el naranja del cielo que producía en su pecho cierta calidez.

—¿Olvidó anotar los apuntes de clase? —le reprendió con el tono de voz que usó en la pregunta. Nagisa sonrió avergonzado.

—Lo hice, lo siento..—el de lentes suspiró, no tenía remedio.

—Tiene que avisar a casa— sugirió, Nagisa simplemente comentó.

—Ya lo he hecho…—aunque aquello era una verdad a medias, solo mandó un mensaje diciendo que esa noche no iría sin más y apagó el móvil. De todas formas nada podía empeorar las cosas, se daría la libertad de hacer lo que le placiera durante esos últimos días, los últimos seis días en Iwatobi.

Anduvieron en el metrobus, uno a lado de otro. ¿Cuántas veces no deseó Nagisa recargar su cabeza en ese hombro? Vale, lo había hecho fingiendo quedarse dormido solo para sentir más de cerca a ese chico, pensar que Rei había chistado un poco más en su amabilidad no le había despertado. Se sentía un poco mal, es cierto, por haber abusado de la inocencia del otro más ahora esos momentos quedarían como bellos recuerdos de su amor de juventud, de su primer amor.

Llegaron a casa del peliazul, su habitación era pequeña y llena de libros hasta en rincones inhóspitos de la misma, todo en perfecto orden, todo tenía un lugar donde ir. Esa alfombra de peluche y la mesita en el centro donde solían estudiar y merendar, el escritorio donde Rei tenía apilados un montón de libros sobre cómo ser un buen líder, algo motivado por su nuevo estandarte de capitán, esa foto de Iwatobi ganando la competencia del verano que pasó. Ahí estaban los cuatro celebrando esa victoria, la última que tuvieron. Y aun cuando no había pasado tanto tiempo se sentía como si hubiera sido hace años, ahora esos días parecían distantes y más aún para Nagisa.

Acarició el cuadro sonriendo con melancolía mientras Rei buscaba algo de cena para ambos, entonces dirigió su atención en la cama del chico, tan pulcra y en orden a diferencia de la propia, perfecta como el chico mismo. Decidió darse el gusto, ¿Cuándo volvería a hacerlo? Así que lanzó la mochila de lado y se lanzó a la misma sintiendo el aroma impregnado de Rei. Tanta suavidad, esas noches en las que él se quedaba ahí divagando hasta dormir, soñando, despertando. ¿Qué cosas pensaría Rei antes de perderse en el sueño? Seguramente calculaba cosas, pensaba en cuestiones matemáticas como la posición perfecta del cuerpo antes de dormir o la teoría del sueño.

—Nagisa-kun ¿Qué hace? —dijo el chico entrando a su habitación no extrañado de la locura que el otro hacia puesto que en su costumbre estaba lanzarse y revolver las cobijas, aplastar las almohadas como si fuera un vil cachorrito.

—Me gusta la cama de Rei-chan, es tan cómoda. —emitió sentándose, los cabellos alborotados y las cobijas echas un lio. —aunque siempre aprecio el futón que preparas para mí, es muy cómodo también.

Y es que era cierto, las veces que se había quedado a dormir ahí no había estado en la misma cama, eso quedaba para su imaginación. Por respeto a sus sentimientos y a su anfitrión acomodaba un futón a lado de la cama del otro y se dormía feliz de saber que ambos estaban bajo el mismo techo, respirando el mismo aire, sintiéndole ahí. A veces charlaba antes de dormir hasta que se quedaba dormido y otras veces solo se quedaban en silencio.

—Cierto, iré por el…—dijo dejando la cena en la mesita. Unos panes de melón y té negro, algo agradable y de buen sabor. —Mientras tanto haga las anotaciones para que pueda dormir, no quiero que mañana esté desvelado.

—¡Sí!—respondió infantilmente alzando una mano al aire mientras Rei salía de la pieza. Entonces empezó a revisar los apuntes y se quedó maravillado por la claridad de estos, tan explícitos, tan bien anotados. La letra de Rei era hermosa mientras que él seguía escribiendo como niño. Le gustaba estudiar de los apuntes de Rei más que de los propios, así tenía otro pretexto para pasar las tardes con él. De igual forma buscaba enorgullecerlo y escribía lo más que podía aunque eso se llevaba entre las patas la claridad.

El de lentes volvió a la pieza, dejó el futón debidamente enrollado a lado de la cama y decidió no interrumpir la concentración de Nagisa. En cambio se puso en su escritorio y continuó con la lectura de uno de los libros que había sacado de la biblioteca. Estando ahí totalmente perdido en su lectura Nagisa dio por terminado su labor y aprovechó para mirar más de la espalda de Rei. Tenía más músculos que él, era más alto que él y con ese porte de chico genio que a pocos atraía a Nagisa hacía suspirar.

—¿Ha terminado, Nagisa-kun?—el rubio asintió mostrándole un trabajo esplendido, esperando llevarse una felicitación más no hubo palabras, solo una casi invisible sonrisa por parte del de lentes que, sinceramente, hacía que el día de Nagisa hubiera sido hermoso.

El rubio lanzó su uniforme de lado quedando solo en boxers y camisa interior, Rei juntó estos como fanático de la limpieza que es y los echó a la lavadora, conociendo a Nagisa seguro planeaba usarlos así al día siguiente. Le pasó una de sus camisas para que vistiera, esta le quedaba grande pero para el rubio nadar en esa prenda era uno de los más grandes honores. La ropa limpia y tendida lista para ser planchada al despertar, los dientes lavados y ya bañados preparándose para dormir. Nagisa admiraba la correctitud del chico, como es que con esmero preparaba hasta el más último detalle; se fijó en la pequeña gota de agua que caía de sus cabellos y navegaba por su cuello hasta perderse en la pijama, se perdía en sus pestañas como abanico, en esas marquitas que los lentes habían dejado en su nariz, en sus cejas finas y en ese par de bellitos que amenazantes querían crecer en su barbilla. En su perfeccionismo Rei se rasuraba constantemente mientras Nagisa enfocaba la vista intentando encontrar algún bello facial pero nada. Infló los mofletes frente al espejo mientras la mano del peliazul le revolvía los cabellos.

—Ya saldrá —decía entendiendo la frustración del rubio, a su edad ya debería de tener cosas como pelo en pecho y un bigote descarado pero nada, Nagisa era moderadamente lampiño.

—Algún día tendré una barba de vikingo —fantaseaba. Entonces empezó a preguntarse cómo sería si Rei se dejase la barba, sería muy curioso de ver.

Corrió a prisa y se echó sobre el futón tapándose con las cobijas con la intensión de sentir ese aroma dulzón que era igual al de Rei, entrecerrar los ojos y verse rodeado totalmente de las cosas del chico, aun cuando la oscuridad del cuarto no lo permitiera, aun cuando el silencio invadiera. Esa sería la última vez que se encontraría ahí por respeto a sus sentimientos y por el bien de sí mismo, quería no dormirse y disfrutar de cada recoveco y cada espacio de la pieza, del piso limpio y de la almohada que el otro le había prestado.

—Rei-chan…—emitió más no recibió respuesta. No sabe cuánto tiempo estuvo divagando pero al sentarse y mirar la cama donde el otro estaba le vio profundamente dormido. Entonces se aproximó, colocó sus brazos en la orilla de la cama y ahí sentado se quedó admirando las facciones del chico mientras dormía apacible.

Removió un mechón de su cabello con cuidado, para estudiar mejor su expresión, analizó cada línea, sus labios, sus parpados que se movían al dormir como cuando se sueña ¿Qué cosas soñaría Rei? Tal vez con competiciones o historias fantásticas aunque él no es amante de la fantasía, Rei siempre prefirió la realidad. En cambio Nagisa era fantasioso, Nagisa prefería soñar y perderse en un mundo en donde era feliz con él, donde se graduaban juntos y esas cosas, donde viajaban a visitar nuevamente a Haruka y Makoto, se tomaban de la mano cuando iban en el tren y Rei con la cara llena de vergüenza admitía haber encontrado en él la cosa más hermosa.

Necesitaba de esa fantasía para mantenerse sonriendo.

Una pequeña lágrima salió de sus orbes, la talló con su antebrazo y prefirió echarse al futón. No quería que Rei despertara y le viese así, tapó sus labios para que no le escuchara sollozar, deseó que no le viera temblar. El día había pasado, un día menos podía contar a lado de Ryuugazaki Rei.

La mañana fue fatídica, lo sentía en el ardor de sus ojos y se regañó mentalmente por haber llorado toda la noche, ahora Rei notaría sus nada atractivas bolsas y esa hinchazón en los parpados. Apenas escuchó los ruidos del joven de lentes en señal de que se estaba despertando el rubio se puso de pie inmediatamente y corrió al baño a lavarse la cara y ponerse cualquier metal frio para reducir la hinchazón. Rei cuando le vio correr a velocidad pensó que seguramente sufría una nada honrosa "descarga mañanera" pero cuando el chico duró demasiado tiempo en el baño empezó a preocuparse.

—Nagisa-kun ¿Está todo bien? —dijo al otro lado de la puerta sorprendiendo al rubio quien tartamudeó levemente.

—E..Eh. Sí, no te preocupes Rei-chan…—dijo mintiendo. Ya había podido reducir un poco el rojo de sus parpados pero aun así se notaba esa coloración y los bordes. Suspiró pegando aquel bote metálico en sus ojos y echándose tanta agua fría como pudiera.

—Abra la puerta por favor, lleva ahí veinte minutos y se nos hará tarde para ir a la escuela —reprendió. Rei también tenía que lavar sus dientes y esas cosas, tampoco podía ser desconsiderado así y apretando los puños contra el lavabo optó por usar su flequillo para tapar sus ojos y abrir así la puerta. Ni que decir que Rei se sorprendió de ver al joven con los ojos tapados con las hebras rubias así que desconfiado intentó quitar el flequillo del rostro de Nagisa pero este lo detuvo.

—No lo hagas Rei-chan, es mi nuevo estilo ¿No me veo cool? —dijo nervioso haciendo que el otro tuviese una venita en la frente.

—Deje de jugar y vaya a vestirse…—dijo retirando la mano de su frente, no había tiempo para discutir por las locuras de Nagisa, y precisamente el rubio era quien menos tiempo tenía.

Se palmeó la cara un par de veces y decidió no pensar en ello. Estaban a martes, habría muchas cosas que hacer esa semana y momentos a los que arrastraría a ese chico, posiblemente al final…igual y podría ser…que le diga un poco el por qué.

Amaba que Rei lavara su ropa, ahora esta se quedaba impregnada con el aroma a lavanda, no tenía motas y lucía reluciente. Estaba tan bien planchada y pulcra que le hacía sentir como si fuera nueva. Miró al chico agradeciendo con la mirada, infló los mofletes con los ojos brillantes y emitió algo que el peliazul no se esperaba.

—Rei-chan será un buen esposo…—dijo haciendo que el de lentes levantase los hombros en un escalofrío que recorrió su columna. ¿Esposo? ¿Matrimonio? Rei no pensaba en esas cosas, el amor le parecía absurdo e innecesario, un invento de las personas para poder sentirse completos pero Rei se sentía completo y satisfecho consigo mismo como para pensar en compartir su vida con otra persona.

—Eso no pasará, volar libre es hermoso —dijo emitiendo majestuosidad en sus palabras y haciendo reír al rubio ante sus mohines exagerados.

Realmente no pasaría ¿Eh? Rei no tenía interés en el amor, no veía belleza y perfección en él, no le atraía esas cosas como besos y abrazos, arrumacos o situaciones subidas de tono. Rei no veía en todo aquello algo por lo cual preocuparse y buscar, no le importaba el amor. Eso estaba bien y egoístamente Nagisa pensaba que tras su partida Rei no amara a nadie por que enterarse de alguna forma, aunque sea por un descuido, descubrir que el chico cambió su concepto del amor y encontró a una dulce jovencita perfecta que alegrara sus días sería la muerte para Nagisa.

Esperaba que si no sería de él al menos no fuera de nadie más. Egoísta ¿No?


¿Les a gustado? Espero que si.

-Yisus