Disclaimer: How to train your dragon no nos pertenece, es propiedad intelectual de Cressilda Cowell y animada por DreamWorks.

Advertencias: AU. Shounen-Ai/Yaoi. OoC leve.

Pareja: Eret/Hiccup.

Autoras: Abel L. Kiryû y Monalisatormenta.

Lilith: ¡Hola a todos! Monalisatormenta y yo nos hemos puesto de acuerdo para escribir una serie de one-shot de la pareja Eretcup, sin orden cronológico fijo. Puede que haya menciones de otras parejas, pero por el momento se centrara en Eret e Hiccup. Primero empezaré yo, y luego es el turno de Monalisatormenta ;)

Disfruten el capítulo.


[-][-]

Capítulo Uno

Gusto por lo excéntrico

[-][-]


Hiccup Horrendous Haddock III no era la clase de niño con gustos comunes, corrientes o con baja tendencia a los problemas. Por ejemplo, si los demás pasaban las tardes jugando videojuegos o viendo la televisión, Hiccup salía de expedición al terrorífico bosque en Berkshire, para buscar trols o a recolectar insectos raros, plantas raras o cualquier cosa que mereciera su atención. Mientras que otros niños tenían como mascotas perros, gatos, peces, o pericos, Hiccup se había decantado por un varano, al que rescató de ser usado como aperitivo en un restaurante exótico (seguido se veía a Hiccup paseando al enorme lagarto al que llamó Toothless).

Hiccup era excéntrico por naturaleza, algo no muy bien apreciado por una sociedad con una moral alta y demasiado juiciosa. Así que no tenía muchos amigos, los niños se alejaban de él tildándolo de loco. De hecho, podía contarlos con los dedos de una mano, y le sobrarían tres. Fishlegs Ingerman y Camicazi eran los únicos que no veían a Hiccup como un bicho raro. Sin embargo, los padres de ellos no lo tomaban así, y les ordenaban mantenerse alejado de él (lo cual, cabe mencionar, nunca obedecían. Siempre encontraban la forma de jugar con Hiccup).

Hiccup sabía los problemas que ocasionaba hacer las cosas a su manera. Sobre todo a Stoick, su padre. Sin embargo, no podía evitarlo, más bien, no quería evitarlo. A pesar de los altibajos que sufría por ello (como que Snotlout y sus amigos se burlaran de él y los golpearan), le gustaba como era.

Un día, Hiccup decidió dar un paseo por los muelles. Toothless iba a su lado, meneándose felizmente a pesar de las incomodas miradas de los pescadores, que no se acostumbraban ver a un enorme varano negro pululando por ahí. Aunque ciertamente, admiraban que un chiquillo de seis años haya lo haya domado, en cierto sentido. Hiccup podía ser excéntrico, pero también era valiente y muy listo.

Como sea, Hiccup había ido a los muelles a pescar algunas anguilas (tenía la idea de que a los trols les gustaba su sabor, y quería hacer una trampa usándolas). Así que se dirigió a su lugar especial, algo un poco apartado, pero donde siempre atrapaba algunas.

—No pongas esa cara, Toothless —dijo Hiccup a su mascota.

Ambos estaban en la orilla, Hiccup con su caña de pescar y Toothless acostado disfrutando de los rayos del sol. En Berkshire, raro era el día que no estaba nublado, así que el lagarto quería sacar todo el provecho pudiera. No obstante, conforme Hiccup comenzó a atrapar anguilas, Toothless no podía evitar sisear con desagrado, los resbaladizos animalejos no eran de su total gusto.

—Ya, ya, tranquilo, amigo —Hiccup acarició la cabeza—. Si atrapo algún pez, te lo daré, ¿de acuerdo?

Toothless asintió, y volvió a quedarse quieto y conforme. Hiccup rió, era el único que podía comprender a Toothless, porque un lagarto como él no tenía muchas expresiones y muecas que hacer.

—¡Miren a quien tenemos aquí! —exclamó Snotlout Jorgenson, su primo, un año mayor que él—. ¡A Fastidiccup y a su novia!

De inmediato, Toothless se reincorporó, siseando amenazadoramente a los intrusos. Los niños detrás de Jorgenson retrocedieron, pero él no, estaba seguro de poder escapar del mordisco venenoso de Toothless.

—¿Qué pasa, Fastidiccup? —preguntó Jorgenson con arrogancia—. No me digas… ¿es para tu nueva trampa para trols? ¡Qué bobo eres! No puedo creer que sigas creyendo en los tontos cuentos de Gobber.

—¿Qué quieres, Snotlout? —espetó Hiccup de mal humor, aguantando las risas de los demás.

—Sólo quería saludarte, primito —dijo acercándose peligrosamente a la caja de madera que contenía las anguilas atrapadas—. Por cierto, piensa rápido.

—¿A qué te refi…?

Antes de formular la pregunta, sintió que algo pegajoso lo golpeaba en la cara. Snotlout había tomado una de las anguilas y se le había arrojado. Hiccup la quiso quitar enseguida, pero el rollizo animal se enroscó dentro de sus ropas, provocando que se retorciera incómodo. Toothless lo veía sin saber bien qué hacer, pues la anguila estaba metida entre las ropas del muchacho, y si usaba sus mandíbulas tratando de detenerla corría el riesgo de morder a Hiccup.

Snotlout y los demás reían ante la desesperación de Hiccup. Sin más que hacer, tomaron las anguilas restantes y comenzaron a arrojárselas. Hiccup esquivó unas cuantas, pero no tuvo suerte con las demás. Al estar tan cerca de la orilla, resbaló al pisar una y cayó dentro del agua.

—Oh uh —dijo uno de los compinches de Snotlout, sabía que Hiccup no sabía nadar muy bien—. ¿Qué hacemos ahora?

—¡Correr! —dijo Snotlout sin esperarlos. Los demás, atemorizados, lo siguieron entre tropiezos y gritos.

Cuando los bravucones se fueron, Toothless se asomó rápido por la orilla y se sintió aliviado al ver a su dueño aferrado a uno de los postes. Al parecer, logró afianzarse a éste con sus delgados brazos.

—T-Toothless, ve por ayuda —dijo Hiccup, tiritando. Podía ser un día soleado, pero el agua seguía siendo fría—. V-Ve... p-por Gobber… s-segurament-te está comprando p-pescado ahora.

Toothless asintió. Hiccup podía escuchar el sonido de los pasitos de su varano alejarse. Ahora era cuestión de esperar a que llegara la ayuda, algo totalmente frustrante, pues se estaba muriendo de frío. Un minuto ahí le supo a una eternidad. Intentó subir por el poste, pero sus dedos entumidos no lograban aferrarse.

Maldijo Snotlout y a su grupo de idiotas por los bajo, de no ser por ellos no estaría a punto de sufrir hipotermia.

—¡Oye, tú!

Hiccup volteó hacia arriba, encontrándose con la cara de un niño que no conocía. Antes de que pudiera decir algo, el desconocido estiró uno de sus brazos, en su mano sostenía una vara gruesa, seguramente para compensar la distancia. Hiccup titubeó un segundo.

—¡Tómala! —demandó el infante—. A menos que quieras convertirte en una paleta de hielo.

Así lo hizo. Entonces, sintió la fuerza con la que jalaban su cuerpo. Hiccup agradecía su constitución escuálida, ya que seguramente de ser fornido como Snotlout, no habría podido levantarlo con tanta facilidad. A salvo en el muelle, Hiccup tiritó y se abrazó a sí mismo en búsqueda de calor.

Miró al otro niño con agradecimiento y un poco de recelo.

—Quítate el abrigo y los pantalones —demandó el desconocido de repente.

—¿Q-Qué? —apenas pronunció. Si no estuviera congelado, seguramente sus mejillas estarían rojas.

El otro rodó los ojos, exasperado.

—Que te quites la ropa. Está mojada y si no lo haces, te enfriarás más rápido que si estuvieras desnudo.

—¡Pero no quiero hacerlo! —dijo Hiccup—. ¡No quiero que me vean desnudo!

—Descuida, te prestaré mi abrigo —dijo el desconocido, quitándoselo y ofreciéndoselo—. Además, nadie te verá aparte de mí. Somos chicos, ¿no? A menos que tengas algo que yo no, y no quieres que lo vea.

Hiccup dudó por un instante, aunque cuando lo pensó bien tenía mucho sentido. Se quitó las prendas dichas, su cuerpo sufriendo espasmos por las heladas brisas.

—Ten —el chiquillo le colocó su abrigo—. ¿Así está mejor, no?

Hiccup apretó la tela, bajando la cara para ocultar su vergüenza. El otro no esperó respuesta y tomó las ropas húmedas para extenderlas y que se secaran por el sol. Ahora tenía que esperar a que viniera Gobber y, rogaba a los dioses, que no empezara a gritar por verlo de esta manera.

—No creí que existiera alguien al que le gustara los baños matutinos —comentó el chico. Estaba hincado frente a él—. Eres intenso, muchos adultos no se atreverían a hacerlo.

—Supongo que sí —dijo Hiccup entre dientes—. Intenso es la palabra que me describe perfectamente.

Más que mirarlo feo por el comentario, el otro sonrió captando bien el sarcasmo.

—De hecho, no te queda para nada —admitió—. Diría que estás medio loco, bueno, realmente creo que estás demente.

Hiccup refunfuñó y lo fulminó con la mirada. El otro rió escandalosamente y le revolvió los cabellos, dejando con un peinado muy punk para su gusto.

—¿Quién eres? —dijo Hiccup inflando las mejillas.

—Me llamo Eret y tengo ocho años —pronunció con cierta arrogancia—. ¿Y cuál es el nombre del niño maravilla que se baña en los mares helados de Berkshire?

—Bonita forma de preguntarlo, Eret —dijo con desagrado—. Me llamo Hiccup. Tengo seis años.

—¿Hiccup? —cuestionó Eret intrigado—. ¿Cómo el personaje de la película?

Fue el turno de Hiccup de rodar los ojos.

—Sí, como el tipo de la película. Mis padres la vieron y pensaron que estaría de puta madre que su hijo tuviera ese nombre.

—Wow, no pensé que esa boquita tan linda, pudieran salir palabras tan feas.

Hiccup entrecerró los ojos, y volteó la cara con indignación. De pronto, escuchó pasos apresurados acercarse. Era Gobber, que venía siguiendo a Toothless.

—Veo que vienen por ti —dijo Eret—. Qué mal, me hubiera gustado seguir hablando contigo.

—¿Para qué? ¿Para qué siguieras diciendo que estoy loco y que me gusta zambullirme en el agua? No gracias.

—No, de hecho no, aunque hubiera sido divertido —dijo Eret sonriendo divertidamente.

Hiccup lo miró feo.

—Eres imposible —masculló.

—Sí, y tú estás loco —agregó Eret con tintinear—. Y la locura me gusta.

La sorpresa se plasmó en la cara de Hiccup, y el poco calor recuperado le brindó un ligero sonrojo en sus mejillas.

—¿Qué?

Eret le dedicó una última sonrisa, antes de irse corriendo para que Gobber no lo viera. Cuando el enorme hombre llegó se encontró con la particular escena del niño cubierto por un abrigo de casimir café, que le quedaba enorme.

—¿Qué pasó aquí?

—¿No es obvio? —mencionó Hiccup señalando su cabello mojado.

—No realmente —Gobber se rascó la barbilla—. Siendo tú, prefiero las explicaciones, porque todo puede sucederte. Eres como un imán para el desastre.

—Gracias por tu voto de confianza —replicó mordaz.

Toothless se acercó a él y se metió para brindarle calor. Hiccup abrazó a su mascota y susurró un pequeño gracias.

—Bueno, como sea —Gobber decidió no preguntar de momento, cuestión de evitarse jaquecas—. Te llevaré a casa… ¿ésa de allá es tu ropa? ¿Qué hace tu ropa ahí? —Gobber le miró de nuevo, dándose cuenta de algo que antes no percibió—. ¿estás desnudo?

Hiccup respiró profundo. Tal parecía que su día no iba a mejorar para nada…

«Sí, tú estás loco. Y la locura me gusta».

Se sonrojó de nuevo ante el recuerdo de esas palabras, aunque no supo por qué. Supuso que era por nunca antes alguien lo había mirado así… con tanta sinceridad y amabilidad. Miró a Gobber, que esperaba su respuesta, y esta vez suspiró. Ésa iba a ser una larga historia.


Lilith: Unas cuantas aclaraciones. Un varano es una especie de lagarto cuya mordida es letal por la gran cantidad de bacterias que contiene su saliva (para más información, pueden buscar en google su descripción total o también pueden encontrarlo como "Dragón de Komodo"). Segundo, Berkshire si existe, es un estado en Londres, Inglaterra, aunque no se encuentra cerca del mar, aquí sí lo puse así.