OTP Principal : MidoTaka

OTPs Secundarias : AoKaga, KiKuro, MuraAka, HimuReo

Notas aclaratorias del fanfic : Este fic tiene yaoi, yuri y hentai?(?) por igual, por ende algunos personajes son genderbender. Midorima, Takao, Kuroko, Murasakibara y Akashi son chicas en esta historia. Los demás permanecen como siempre. Hay variaciones en las OTP's así que no se alerten si repentinamente ven algo que no cuadra, es para aumentar el drama. Las parejas oficiales de la historia fueron aclaradas anteriormente. ¿Eres tan valiente como para, a pesar de saber lo que viene, leer este fanfic?

Si lo haces pues bien, me agradan las personas determinadas y rebeldes. ¡Disfrútalo!


Todo empezó en el verano de mis 17 años. En ese instante en que la juventud se descarrila en diversos sentidos, arruinan sus vidas y las construyen, sientan las bases de su futuro sin comprender con exactitud lo que viene, sin visualizar a lo que se enfrentarán. Es el momento en que yo, creyendo que jamás me vería afectada por cosas tan mundanas y soporíferas me encontré con que tengo algo en el pecho, algo metafórico claro, y ese algo siente, sufre, late y vive, crece, se destruye y vuelve a latir.

Y es horrible tenerlo y es hermoso a la vez. Es vergonzoso e impropio y sin embargo necesario.

Tan necesario como era ella. ¿Por qué de todas las personas fue ella? Tuvieron que pasar tantas cosas para entenderlo.

¡Do it!

por YisusCraist

Fue como despertar de un sueño. La ventana del aula estaba ligeramente abierta y el viento soplaba en calma colándose por las rendijas. El profesor daba una lección más de matemáticas mientras el 80% del grupo no ponía atención por ver sus móviles, pensar en otras cosas tan comunes y aburridas, perderse de la oportunidad de aprender algo más. Ellos tienen una vida muy fácil, sí que la tienen. La punta del lápiz se rompió, y entonces pudo ver sus dedos vendados con tal calma y cuidado. La ojiverde entrecerró los orbes y la campana anunció el final de la clase.

—Midorima Shintoki …—dijo el profesor llamando la atención de la chica quien guardaba sus cosas para retirarse a sus labores de la sociedad de alumnos. La joven se acercó a paso lento acomodándose la larga falda escolar que le llegaba más debajo de las rodillas. Sus cabellos verdes trenzados estaban en perfecta armonía y esos ojos verdes apenas eran visibles bajo las gafas que usaba. —Necesito que me hagas un favor.

—Claro, profesor.—dijo la joven acomodándose los lentes mientras el salón se quedaba vacío.

—Como sabes a los maestros nos evalúan ahora dependiendo del desempeño de los alumnos —comentó el viejo maestro con algo de seriedad y formalidad —el grupo está dentro de los estándares previstos aunque debo decir que si logra mantenerse así es gracias a sus excelentes notas.

—…—la chica no agradeció el cumplido, solo se limitó a asentir.

—Pero …hay alguien que no ha tenido mejora y solo se ha dedicado a perjudicar el promedio general de la clase. Le pido este favor porque es jefa del grupo, vicepresidenta de la sociedad de alumnos y el mejor promedio del aula —el hombre le miró con algo de súplica en el rostro—¿Podría asesorar a esta joven? Sería de mucha ayuda.

—Claro, profesor —dijo la chica porque, aun cuando no estuviese de acuerdo, era una de sus labores, aparentemente.

Cuando cayó en cuenta el profesor se había retirado agradeciéndole y abrió los ojos sorprendida, en su descuido no había preguntado de quien se trataba pero cuando intentó darle alcance el profesor ya se había retirado. Ya después preguntaría, pensó.

Caminó por los pasillos mientras los alumnos del instituto pasaban a sus costados riendo, charlando, hablando de cosas que hablan comúnmente los chicos de su edad. Tan relajados y tranquilos, apacibles y desinteresados. La ojiverde entrecerró los ojos con cierta rabia, con cierta envidia y esta se disipó rápidamente al sentir que alguien chocó con su hombro. Entonces tuvo miedo, entonces se enroscó mentalmente dentro de un caparazón y apresuró el paso antes de que la persona que fuese se disculpase porque no quería hablar con nadie, no quería enfrentarse al mundo, le temía y odiaba tanto la realidad.

Se agitó un poco en su escape, si así se podía llamar, y llegó hasta la sala del consejo estudiantil donde solía pasar un rato para después partir a la biblioteca. Ella entró al lugar y dentro algunos líderes de diferentes grupos se encontraban en una especie de debate sin sentido.

—Midorimacchi…—dijo un rubio de hermosos ojos dorados. Su figura perfecta y ese brillo que desprendía parecía segador para la peliverde quien le evitaba a toda costa pero parecía ser un imán para el joven modelo, apuesto y popular de la escuela— ¡Midorimacchi!

—¿Qué sucede, nanodayo? —cuestionó la chica acomodándose las gafas cuando el rubio se colocó detrás de ella para cubrirse de los ataques de un moreno.

—¡Sálvame! Aominecchi quiere golpearme y no sé por qué —dijo lloriqueando escandalosamente detrás de ella.

—¿Qué no lo sabes? ¡Claro que lo sabes! —Aomine se detuvo frente a la peliverde quien intervenía entre el encuentro campal de ambos chicos sin su consentimiento. Kise Ryouta era el capitán del equipo de futbol mientras que Aomine Daiki era capitán del equipo de basquetbol. Ambos tan opuestos y a veces tan iguales se balanceaban entre la delgada línea de una amistad y una tercera guerra mundial.

—¿Podrán guardar silencio? …no me metan en sus cosas —cuando Midorima intentó separarse del escandaloso dueto Kise la retuvo para que no le dejase — Suéltame.

—No, si no estás aquí seguro me golpeará…—lloriqueó nuevamente.

—¡Te golpearé aunque ella esté aquí. Deja de ser tan cobarde como para escudarte de una chica, Bakise! —le reprendió Aomine.

—¿Bakise? Eso no tiene sentido…—el moreno solo se molestó más al no poder darle alcance mientras Midorima perdía la paciencia.

—Este imbécil se comió los pastelillos que Atsumi hizo para ambos —se quejó entre gruñidos.

—Basta, dejen de jalonearme —en medio de la batalla y del jaloneo los lentes de Midorima cayeron al suelo y un despistado Kise los pisó haciendo que los mismos se partieran en dos.

Hubo un silencio colectivo. Tensión en el ambiente duró por varios segundos en que la peliverde veía sus gafas favoritas arruinadas por el rubio tonto del consejo estudiantil.

—Y…yo…lo..

—Buen día…—una pelirroja entró por la puerta. Su porte y actitud no aligeraba para nada la tensión y entonces Kise solo pudo empalidecer más al saber que la jefa del consejo estudiantil había entrado al lugar. Akashi Sei era quien de cierta forma mantenía el control de la escuela. Los susurros del pasillo decían que esa chica y su autoridad estaban por encima de la del mismo Rector. Hija de un hombre adinerado, educada y talentosa con un carácter tan digno. Akashi era una líder nata.

—Aka-chin … —al fondo del aula una pelimorada comiendo papitas había visto, y sido responsable de cierta forma, por todo el caos ocasionado ahí mismo — Aomine-chin y Kise-chin estuvieron peleando y ellos rompieron los lentes de Mido-chin—esa chica, quien era de considerable estatura, era la presidenta del club de cocina. Una repostera excepcional y atractiva para muchos aunque intimidante para otros.

—Ya veo….—la pelirroja se cruzó de brazos y cuando empezó a mirar de mala manera al par de chicos haciéndolos empalidecer el andar de Midorima hacia ella la hizo detener parte de su ira.

—¿Puedo retirarme? —preguntó la peliverde con la cabeza un poco baja cubriendo sus orbes con el flequillo. Ni siquiera se dignó a poner una excusa o justificar el por qué deseaba retirarse pero Akashi era muy sensitiva, sabía que el estado de la joven no era por sus lentes rotos, podía leerla fácilmente y deducir que sus ánimos no estaban tan bien porque, aunque Midorima intentara verse fuerte, la mayor parte del tiempo ella era sensible y tendía a meterse dentro de su caparazón para que nadie viene su vulnerabilidad.

—Adelante…mañana te mandaré los detalles de la reunión —la pelirroja se hizo de lado y sin despedirse la chica de cabellos verdes salió a prisa del aula. —Y ustedes dos…—miró al par de tontos. Al menos con la presencia de la pelirroja su altanería y confrontación había menguado — primero…me deben el informe de sus clubs.

—El inf…—el rubio se detuvo, apenas lo había recordado y Akashi fue rápida al notar la duda del joven. — ¡Sí ! Esta misma tarde estará en su escritorio —se puso firme como soltado y Akashi sonrió complacida.

—Lo mismo digo…—comentó Aomine un poco, solo un poco, más tranquilo.

—Excelente…porque de no entregar ese informe ustedes tendrán que ser mis peones para ciertas labores…—ambos chicos tragaron saliva, ser esclavo de Akashi era lo normal pero que ella lo dijera con ese tono helaba a cualquiera.

Midorima cambió sus zapatos por unos tenis deportivos, caminar a casa era la única forma de llegar pues había desarrollado cierto incomodo de subirse a esos apretados transportes, tan abarrotados de personas, por lo que tomaba diariamente camino a su casa caminando o a trote. Se echó la mochila en la espalda y cuando intentó acomodar sus gafas recordó nuevamente lo ocurrido y notó que el mundo allá fuera era borroso…más no era muy distinto a como solía ser.

Anduvo por las calles entrecerrando los orbes verdes, reconociendo siluetas y evitando gente como podía. Se tallaba los ojos un poco y continuaba su andar de la manera más natural que podía. No estaba enojada con Kise o Aomine por lo ocurrido, no estaba enojada con su maestro por no ser claro con sus favores, Midorima estaba enojada con el mundo en general, con toda forma de vida, no quería saber nada de nadie algunos días pero la escuela y las exigencias sociales le llevaban a salir de casa cada mañana con una breña de pensamientos lastimeros.

En la cercanía escuchó pasos erráticos de personas a sus espaldas, unas risas ahogadas que le pusieron de nervios y algo que sonaba como crueles burlas a su persona. Midorima aceleró el paso más ese grupo no desistió y fue tras de ella siguiéndole el ritmo de andar.

—Pero que falda escolar tan larga ¿Qué eres? ¿Monja? —dijo una de las voces femenina.

—Oh no, es la vicepresidenta Midorima Shintoki del 3-B… Bueno, es casi lo mismo —comentó otra de las jóvenes mientras el resto del grupo reía, mientras Midorima fingía que ellas no existían y seguía su paso.

—Midorima-chaaan —canturreó la líder del grupo acelerando el paso y metiéndole el pie haciendo que la peliverde tropezara más no callera. Solo varió su andar y lo detuvo para mantenerse de pie —¿Por qué vas con tanta prisa, pelo de césped?

—Por qué los animales no hablan…y yo estoy loca para hablar con animales —atacó la chica mirándolas fijamente, ofendiéndolas. No podía reconocer sus rostros y sin embargó clavó sus orbes verdes en el grupo que seguramente estaba muy molesto por esas palabras, y no se equivocaba.

—¿Cómo te atreves? —exclamó una de ellas jaloneando a la chica hasta pegarla contra la pared rodeándola con los brazos por los costados para impedirle escapar — que seas la favorita de Akashi-sama no te salvará…

Teniendo a la chica en la cercanía descubrió que ella era una de las líderes del "club de fans de Akashi". Así que esas eran sus causas para atacarlas y esas mismas causas les parecían patéticas. Si ellas tenían admiración por la pelirroja aquella, entre todas, sería la peor forma de llamar su atención. Aunque, admitámoslo, tener la atención de Akashi puede ser peligroso y comúnmente ella tiende a fijarse en personas cuyo talento podría serle de ayuda. Ella solo se rodeaba de la gente del consejo estudiantil el cual constaba de seis personas y entre ellas estaba Midorima con quien mejor se llevaba. Además de eso hablaba con algunas chicas de su grupo pero fuera de ello Akashi no se relacionaba con nadie más.

La chica río ladina al ver que la peliverde no se defendía y cuando se dignó a tomarle de la barbilla y alzarle el rostro a la fuerza de forma amenazante una pequeña piedra golpeando su nuca le hizo quejarse.

—¿Quién hizo eso? —regresó la vista y se encontró con una pelinegra de sonrisa retadora quien cargaba otra piedra en la mano.

—Mira nada más que tenemos aquí… —la piedra subía y bajaba con un ritmo constante. Uñas negras, pulseras varias entre colores oscuros y metal pulcro, una chaqueta de cuero con estoperoles y el cabello negro y lacio como la noche, casi tan largo como el de Murasakibara pero tan radiante como el de Kise. Sus labios pintados de un borgoña oscuro y sus parpados maquillados de un color negro que hacia resaltar el gris de sus ojos. Vestía una falda oscura de tablones y unas botas largas de las cuales apenas y se veían sus piernas firmes. Ella era de temer, ellas debían temer mucho pero sobre todo Midorima quien no pensaba que ese encuentro lo cambiaría todo.

—¿Quién te crees para lanzarle piedras a la gente? —la chica fingió estar pensativa y alzó un dedo para ponerse en posición de lanzar la siguiente roca.

—Bueno… estaba muy aburrida y vi que se divertían molestando a esta chica así que decidí entretenerme molestándolas a ustedes—dijo con claridad haciendo al grupo retroceder —¿Quién será la siguiente?...oh, ya se —entrecerró los orbes sonriendo y lanzó una piedra dando en la pared pero rosando unos centímetros del rostro de una de las chicas a quien hizo gritar —pequeño error pero ya he calculado…esta vez no fallaré en dar a tu bonito rostro.

—Basta…basta —dijo una de ellas emprendiendo el paso a prisa —vámonos de aquí, no quiero relacionarme con salvajes.

—¿Salvajes? ¿Quiénes molestan a otros son salvajes?...oh espera entonces si lo soy —dijo la pelinegra mientras veía como las chicas seguían en su escape. Entonces clavó sus orbes en la peliverde quien era más alta que ella, sonrió ladina mientras la chica se acomodaba sus trenzas y su falda larga, juntaba su mochila y se tallaba un poco el ojo —Hey ¿Estás bien?

Midorima no contestó nada a su pregunta y empezó a buscar su camino entrecerrando los orbes en un silencio total y absoluto. Encontrando más o menos lo que era su ruta empezó a andar pero la otra chica pelinegra le dio alcance.

—Hey…pregunté si estas….—Midorima podía verle con más claridad al ladear la mirada hacia donde ella estaba. La pelinegra se encontraba algo inclinada y aquella duda de su cara se tornó en un rostro sorpresivo y extraño que provocó que la peliverde alzara una ceja esperando a que dijera algo y quitara esa expresión torpe del rostro.

—¿Tengo monos en la cara? —la pelinegra de aspecto rudo seguía con la boca abierta mientras se incorporaba y la señaló haciendo que la irritación de Midorima incrementara.

—Es que tu…—parpadeó mirando las largas pestañas de la peliverde, ese rostro tan claro y ese cabello perfectamente cortado en línea recta. — eres preciosa.

Midorima abrió los ojos con sorpresa y molestia por la confianza de esa chica desconocida y chistó sintiendo que había perdido el tiempo al detenerse a escucharla. Empezó a emprender el paso y por más que la pelinegra le habló y gritó esperando que retornara o volteara Midorima no lo hizo, solo aceleró el paso alejándose más y más de "su salvadora" mientras el rubor tenue invadía sus mejillas.

Todas esas voces de su cabeza, todo ese odio y rencor se fueron por un instante…era la primera vez que alguien le llamaba de esa forma.

—Aka-chin ¿Te irás con nosotros? —preguntó la pelimorada colocándose la mochila en la espalda. La pelirroja acomodó sus hebras rojas que ondearon suaves y miró a la chica.

—Lo haré.—terminada la reunión y despidiéndose de cada integrante del consejo estudiantil emprendió su andar junto a la pelimorada. Quienes las vieran pensarían que eran buenas amigas puesto que el salir caminando juntas del consejo estudiantil daba para pensar en ello pero la realidad era distinta. Akashi no podía decir que tuviera algo en común con la pelimorada, ella era esa clase de chica inocente y distraída que no miraba su entorno y aquello chocaba con su actitud analítica.

Entonces ¿Por qué ellas caminaban juntas cada día hasta salir de la escuela? La respuesta era él. Himuro Tatsuya alzaba la mano despidiéndose de sus compañeros para encontrar su mirada con la de ambas chicas. Sonrió dulcemente para caminar apacible hasta donde ellas se encontraban y ladeó la cabeza.

—¿Nos vamos? —la más alta asintió y pronto los tres iban caminando por el mismo sendero.

—Muro-chin. Hoy les llevé pastelillos a Aomine-chin y Kise-chin pero terminaron peleándose… —contaba la chica mientras abría una bolsa de papitas.

—¿En serio? Vaya…—el azabache le escuchaba atento como siempre mientras la pelirroja se limitaba a ir a su lado en silencio absoluto. Ya era como una rutina, nadie hacia preguntas, simplemente caminaban mientras que Murasakibara contaba a Himuro como le había ido en el día, eso había sido desde siempre pues desde siempre se conocían, desde toda la vida. La pelimorada era amiga del chico desde que tenía memoria, siempre estuvo a su lado casi como un hermano.

Llegaron hasta el complejo de casas donde vivían. Estas no quedaban muy lejanas a la escuela, apenas unas cuantas calles, y no eran para nada lujosas u ostentosas si no que se basaban de una serie de pequeñas casas consecutivas que manejaban la misma arquitectura. En la parte de enfrente apenas un pequeño jardín que tenía la misma labor de cochera. No había rejas por lo que, incómodamente para los vecinos, no había tanta privacidad. Caminaron hasta llegar a dos puertas y Murasakibara alzó la mano, Himuro lo hizo igual. Akashi asintió despidiéndose de Murasakibara sin hablar y entró con Himuro a esa casa cerrando la puerta. La pelimorada miró la misma en silencio y entrecerró los orbes perdiéndose en sus pensamientos. Ella estaba siendo usada fingiendo ser amiga de Akashi para que nadie sospechara lo que ocurría, simplemente caminaba entre ellos para que nadie rumorara nada extraño y tan pronto llegaban solo se deshacían de ella. Azotó la puerta de su propia casa, eso la enfurecía mucho sobre todo porque ella siempre estuvo sola con Himuro, siendo amigos, siendo todo y ahora era desplazada. Y todo pasó tan rápido que ni siquiera tuvo tiempo de digerirlo o comprenderlo.

Murasakibara fue a su habitación, la casa estaba tan vacía pues su madre laboraba hasta tarde, así que decidió encerrarse subiendo música a todo volumen esperando no escuchar lo que en la pared de a lado ocurría, metiéndose bajo las sabanas y perdiéndose una vez más frente a aquella computadora.

Mientras, en la casa de a lado, los cabellos de la pelirroja eran sutilmente peinados por las manos del azabache, acariciados con sutileza y dedicación. Ella, quien era la presidenta del consejo estudiantil, tenía ese oscuro secreto. Él, siendo si bien el chico más popular de la escuela junto a Kise Ryouta, ocultaba el mismo dentro de esas paredes, entre aquel pasillo donde caminaban a pasos descoordinados y bajo la iluminación de la pequeña habitación donde Himuro pasaba sus tardes, dentro de esa cama donde el azabache hundía su rostro en el uniforme de la chica quien solo suspiraba y cerraba los ojos, se mordía los labios y arqueaba el cuerpo al tacto.

—Pareces tensa…—susurró Himuro levantando un poco la camisa de Akashi, besando su vientre con sutileza mientras ella buscaba relajar el cuerpo perdiendo sus dedos entre los cabellos oscuros del chico.

—Fue un día cansado… —comentó mientras el frio de la habitación se adhería a su piel que lentamente era expuesta.

—¿Atsumi te ocasiona problemas? —Akashi negó lentamente.

—No del todo …ella realmente es de confianza ¿No? —los botones cedieron por completo y un delicado sostén rosa con encajes se mostró ante los ojos de Himuro, un par de montañas pequeñas que tenía como pechos y esa actitud autoritaria levemente derrumbada ante el deseo de su mirada.

—¿Temes que alguien se entere de esto? — temer era una palabra impensable para la gran Akashi Sei pero sabía que, si el consejo estudiantil, la sociedad de padres de familia y los maestros supieran que ella tenía esa clase de relación con Himuro no se lo tomarían entre risas y felicitaciones.

—Yo no le temo a nadie…—dijo sentándose y tomando la nuca de Himuro para que se inclinase hacia ella con fiereza —todos ellos son los que me deben de temer a mi…

—¿En serio? Entonces ¿Por qué te ocultas?—preguntó Himuro con una pequeña sonrisa, una que le ocasionó cierta molestia a la chica.

—Haz empezado a actuar altaneramente…¿Quieres conocer tu lugar? —el azabache alzó la ceja y negó rosándole los labios.

—Lo conozco…soy solo tu compañero sexual ¿No? — se pegó a ella besándole de lleno, mordiéndole los labios, suspirándole y entregándose al placer que la chica le exigía.

Así eran las cosas entre ellos, tan inmoral y fervientes de deseo. Nada de amor más que un mutuo acuerdo como un secreto que se debía mantener dentro de esas paredes.

—Tch…—chistó el moreno mirando el papel en su mano mientras caminaba por los pasillos casi vacíos de la escuela. Tenía que hacer un informe de actividades para Akashi y eso le molestaba porque Aomine no era un mono de oficina, él era un deportista y como tal quería jugar sin estar yendo a reuniones aburridas, regaños innecesarios y demás. Entre su chistadera y rabietas no pronosticó chocar con alguien quien, de igual forma, leía un papel — Pero que…. ¡Fíjate por donde vas!

El chico frente a él se talló los cabellos retrocediendo, estos eran rojos como el fuego. Su ceño estaba fruncido y su porte era similar al del moreno. Aomine nunca había visto a ese joven, de hecho le llamaba la atención la ausencia de uniforme del otro y su altura similar a la propia.

—¿Excuse me? You should be more careful next time —el Moreno alzó una ceja, el chico frente a él no hablaba su idioma pero sus facciones parecían orientales.

—Dije…que…tengas cuidado, idiota —comentó hablando lento como si con eso el extranjero pudiese entenderlo pero solo hacía que tanto él como el ojos de fuego se exasperaran más para inmiscuirse en una discusión en la que ninguno entendería lo que el otro decía.

— Okay. I thought the people of Japan was nicer…—espetó irritado el Norteamericano.

—No entiendo ni una palabra de lo que dices —Aomine fue calmando su irritación. Que Akashi le regañase y que ahora tuviera trabajo no era culpa del desconocido frente a él como para descargar su ira. Relajó los hombros más aun con el ceño fruncido decidió preguntar —¿Estás perdido? ¿Buscando a alguien? —pero cuando se dio cuenta el extranjero ya había pasado de él —¡Hey! ¡Te estoy hablando!

—¿Uh? —el pelirrojo volteó a Aomine quien se había quedado muy atrás y este con las manos en los bolsillos volvió a preguntar a ver si con un milagro le entendía.

—¿Buscas…algo? —dijo intentando darse a entender con señas.

—Himuro Tatsuya…—dijo el chico. Aomine alzó una ceja, sabía que conocía ese nombre pero no sabía de dónde. Aomine se talló la cabeza y después de pensar, como si fuese un milagro, le hizo un mohín para que le siguiera. Tal vez en las oficinas escolares podían darle información.

El pelirrojo no tenía otra opción, mucho había batallado para llegar a esa escuela como para ahora retroceder solo por un moreno de mala pinta. Llegaron hasta las oficinas principales, esta tenía dos hileras de escritorios donde los profesores tenían ordenadas sus cosas entre libros, fotos, papeles y demás. Aomine suspiró y volvió a hacerle una seña para que le siguiera hasta que llegaron con una de las secretarias.

—Disculpe…este chico está buscando a un alumno, Himuro Tatsu…—la mujer le interrumpió.

—No podemos dar información de nuestros estudiantes si eso intentan pedir —comentó la mujer regordeta sin dejar de teclear en su computador y no dirigiendo la vista al par de jóvenes. Aomine, por enésima vez en el día, se exasperó. Sabia del mal servicio de las secretarias pero no era un buen día para que no le atendieran, no cuando tenía una montaña de frustración y coraje.

—Escúcheme bien, este chico solo habla inglés, creo que está perdido y dice que busca a Himuro Tatsuya…—la secretaria negó con la cabeza sin dejar su trabajo.

—Lo siento no puedo darles información. Si me disculpan, tengo reunión con el consejo —se puso de pie dejando su lugar y Aomine solo apretó los dientes y los puños queriendo golpear la mesa. El extranjero no entendía lo que había pasado pero por lo visto suponía que los intentos del moreno por ayudarle habían sido en vano.

—Aomine-kun…—una vocecilla se escuchó pero no supieron de dónde provenía —Aomine-kun, yo había llegado primero —los chicos bajaron la vista y se encontraron con una joven de cabellos celestes y cortos, un poco más arriba de los hombros y hermosos ojos del mismo color. El extranjero y Aomine palidecieron ante la aparición y estuvieron por lanzar el grito al cielo.

—¡Tetsu! ¿Por qué siempre apareces de esa forma? —dijo el moreno tocándose el pecho esperando no sufrir un preinfarto. La joven alzó los hombros con desdén.

—He estado aquí desde antes que llegaran pero la secretaria no lo notó…—emitió y miró al pelirrojo. El chico alzó una ceja a la joven de aspecto adorable pero fantasmal por su repentina aparición.

—Hey…él es…—cuando iba a presentarlo se dio cuenta de que ni siquiera sabía si nombre pero cuando iba a preguntar la chica empezó a hablar.

—Hi, i'm Kuroko Tetsuna. —el pelirrojo se sorprendió de que alguien pudiese hablar claramente el inglés.

—Oh. Hi. I'm Kagami Taiga —Aomine solo observó como ellos charlaban naturalmente —Excuse me, I'm looking for my brother, Himuro Tatsuya. You know him?,

— Yes, he is my classmate. I don't know where he live but I have his cell number —la chica sacó su móvil para compartir al pelirrojo el número de Himuro. Kagami se sintió agradecido por la ayuda de la chica y copio el número del teléfono azulado de la joven.

—¡Thank you! —el pelirrojo hizo una reverencia muy graciosa mientras Kuroko hacia un mohín con la mano.

—You're welcome —y así, como si fuera lo más fácil del mundo, la chica había resuelto el problema del joven extranjero quien se despidió con la mirada de Aomine y partió decidido a llamar a su hermano.

—¿Qué fue eso? —preguntó Aomine. La chica alzó los hombros.

—Se llama Kagami Taiga y el chico a quien busca es su hermano. —le palmeó un poco el pecho a Aomine— eso pasa por faltar a tus clases de inglés, Aomine-kun

Y dicho esto la chica se fue dejando a un shockeado Aomine. En ese momento creyó que su encuentro con el extranjero pasaría a segundo plano en su vida pero el destino tenía planes muy interesantes para ambos.


Bueno, esta fue la introducción de los personajes principales de esta trama ¿Les agrada? Lo de Kagami hablando solo inglés se me ocurrió sobre la marcha, le da un aspecto interesante al desarrollo de la relación AoKaga pues será un lio que ambos se entiendan [incluso hablando el mismo idioma apenas y se entienden].

Lo de Midotaka puede parecer rápido. Muchos pensarán "Oh, amor a primera vista" pero no es asi. Creo que Takao es coqueta por naturaleza, muy opuesta a Midorima. Me gustó el aspecto de ambas, son tan diferentes pero una necesita tanto de la otra ¡Me encantan!.

Y sobre la relación de Murasakibara, Himuro y Akashi la iré desarrollando poco a poco. Los tres tienen una vida solitaria pero que desplacen a Murasakibara es triste ¿no? La trama de los "amigos sexuales" es algo nuevo de relatar y es más común de lo que creen.

El Kikuro vendrá pronto, no desesperen

¡Gracias por leer!

pd. Yisus no sabe inglés.