!Hey! Hola de nuevo, espero que no se cansaran de esperar. Aquí está la nueva actualización llena de emociones y cosas que darán paso a un drama eventual. !Espero que estemos en la misma sintonía y que disfruten de este capitulo! Gracias por sus reviews, los leo todos. Olvidé responder a una pregunta por ahí !Si habrá HimuReo! También me piden a Riko para Momoi y eso está en veremos puesto que Riko no ha aparecido por aquí pero puedo sacarla debajo de mi manto sagrado ¿Que más? !No voy a abandonar el fic! !Calma! Jajajaja ya he dicho desde otras historias y lo repito en esta...mi tiempo se redujo considerablemente por que tuve una especie de ¿ascenso laboral? [si, en el cielo también tenemos de esos] y pues no pude desaprovechar la oportunidad. Más estrés, enfermé [como había contado antes], cansancio, pero muchos beneficios. Cosas de la vida adulta *suspira* no les atiborraré con ello solo sepan que a paso lento aquí sigo.

Disfruten el cap!


El viento soplaba calmo moviendo sus hebras rojas con parsimonia mientras, debajo de sus pies, el mundo se movía. Su falda ondeaba sutil mientras tenía la mente perdida en una memoria, en un dolor. Una gasa cubría esa región entre su cuello y hombro, el cual tocaba como si reviviera ese instante, esa sensación de ira, ese vago sentimiento de haber sentido un dejo temor.

—Este no es un buen lugar para la presidenta del consejo…—dijo el pelinegro entrando por la puerta de la azotea del instituto, ese mismo lugar donde se reunían aquellos que faltaban a clases, donde iban las parejas enamorados a encontrarse y que, ahora viendo ahí a la presidenta, preferían rehuir y buscar un lugar más privado motivo por el cual se encontraba sola.

Himuro caminó con una sonrisa ladina hacia la chica quien no emitió palabra alguna, solo miró de lado y volvió sus ojos al extenso patio de la institución que se dibujaba pisos abajo. Se detuvo a su lado, observó el mismo panorama y metió sus manos a sus bolsillos.

—¿Pasó algo?—cuestionó a la pelirroja quien parecía entre disgustada y a su vez confusa observando aquel pedazo blanco de gasa que estaba sobre su cuello.

—Ella piensa que puede pasar sobre mi… es algo que no voy a permitir —paseó su mano a la reja frente a ella confundiendo al azabache— hace lo que sea de mí y …

—Debe ser alguien importante para que le permitas hacer algo así—Akashi le miró fulminante, Himuro ni se inmutó. Tal vez por eso lo había elegido a él como amante por que se mostraba indiferente a su autoridad, tan calmo y neutral, no desinteresado pero sin miedo a tentar a su suerte. Akashi sentía ese imán hacia las personas así, mientras la rodeaban aquellos que le respetaban por alguna causa terminaba sosteniéndose de aquellos que le veían como igual pero jamás, en sus años, había encontrado a alguien que le dominase a la fuerza y cuyos ojos le mirasen como alguien inferior. Le hervía la sangre, las mejillas, sentía ganas de destruir a esa persona y desde su primera discusión esa fantasía había crecido, se había vuelto un deseo, hasta el punto en que se encontró sin poder dejar de pensar en ella y en todas esas características que odiaba de una persona reunidas en su interior, en su carácter. Ese desinterés, ese aire de sentirse mejor solo por ser más alta, más corpulenta, con el cutis tan limpio y un cabello suave.

Volvió a golpear la reja pegando la frente a ella. Himuro le acarició lo alto de la cabeza.

—Creo que necesitas ordenar tus ideas…—tal vez necesitaba hacerlo pero antes de eso necesitaba dejarle en claro a Murasakibara Atsumi que era ella quien mandaba.

—Tatsuya…—sus orbes se encontraron, fue algo espontaneo, una cruel venganza que se merecía —deberíamos salir.—el azabache solo la siguió observando —salir seriamente… sin seguir ocultándolo.

Himuro no dio respuesta, entendía las razones de la pelirroja pero no las compartía del todo, después de todo el motivo de esa decisión era para "herir" a su amiga y eso, de ninguna manera, estaba bien. Akashi debía estar muy desesperada para tomar esa decisión, para estarse aproximando hacia él sujetándolo con tanta fuerza de la camisa para hacerlo bajar hacia ella, para rozar sus labios en plena luz de día con un mundo de estudiantes debajo de ellos posiblemente observándoles, a la vista de todos.

Debía estar definitivamente molesta.

El sonido de la puerta que daba a la azotea los hizo separarse de golpe, casi impulsivo. Akashi y Himuro miraron la misma que ahora yacía cerrada pensando que ahora alguien les había visto directamente. Lo que hacía un momento fue un desplante estúpido por parte de la pelirroja ahora se volvía un ligero temor, una sospecha de que tal vez algo ocurriría. Se talló un poco la frente, caminó a prisa hacia la puerta diciendo con claridad.

—Olvídalo… solo olvida esto…—y abrió la puerta para azotarla tras su salida. Himuro se quedó ahí de pie en la azotea pensando en cómo habían llegado a este punto, en cómo había llegado a tener esa clase de relación enfermiza con Akashi y el por qué, una declaración como esa, le había tomado por sorpresa.

Hacia unos meses ambos empezaron a ser amantes. No fue como las típicas relaciones de libertinaje de los jóvenes donde se encontraban en bares, fiestas, se acostaban y prometían hacerlo nuevamente sin compromiso. Fue más que nada un trato formal, casi como un contrato. Solo bastó de una propuesta firme, de ser claro con su propósito. Tras encontrarse coincidentemente en las afueras de la cancha cerrada de básquet Himuro limpiaba el sudor de su frente con una toalla y miraba el cielo atardecido extenderse, había sido un arduo día de entrenamiento. Ahí estaba ella, a unos pasos, como si fueran las únicas dos almas de todo el campus. Se aproximó, saludó y estuvo bien recibir respuesta. Charlaron de nada relevante hasta que, sin temer, Himuro decidió cortejarla solo para ver qué pasaba. Akashi se sorprendió, no era algo que hubiese ocurrido pues los chicos del campus tendían a temerle.

"No me interesa algo tan vacío como el amor".. había dicho ella después de un rato y unas indirectas. Himuro alzó los hombros y prometió que él no le ofrecía eso, esos temas no le iban bien. Akashi vio en él una oportunidad, y él vio en ella algo interesante de experimentar. Ese día fueron besos, algunos suaves, otros subidos de tono, dentro de aquellos vacíos vestidores de un gimnasio escolar. Volvería a pasar, y pasarían muchas cosas más pero un secreto debía de ser pues Akashi tenía mucho que perder como una reputación a la cual como oro protegía y Himuro aceptó el trato pues no se permitía dejar escapar la oportunidad de perderse entre las piernas de la chica más misteriosa y poderosa de la escuela.

Pero con todos esos eventos ocurridos recientemente sintió que su tiempo se estaba acabando, Akashi no era la misma, ahora parecía más mujer y menos una simple presidenta de consejo estudiantil. Rio divertido y dejó la azotea junto con ese peculiar recuerdo.

Por otro lado un joven había tocado ya un par de veces la puerta de aquella casa mientras traía la mochila en su espalda mirando la hora. Tardó un par de minutos en escuchar el pestillo girar y mostrarse una peculiar figura ante sus ojos. Justo cuando pensaba quejarse por la tardanza no pudo evitar observar ese pecho desnudo, su rostro somnoliento y unos músculos levemente marcados entre un pecho firme, un tórax perfecto y una "v" que se perdía en sus pantalones y debería de dar a la gloria. El moreno borró la inusual e "incomoda" idea de su mente y chistó mientras Kagami se tallaba los cabellos.

—¿Qué pasa contigo? Te dije que vendría temprano—Kagami se talló los cabellos rojos con negro invitándole a pasar mientras Aomine entraba a casa del chico cerrando la puerta tras de él.

—I want to sleep—sin detenerse volvía a su cuarto ante un furioso moreno que por más que le hablaba no pudo detener su andar. Tan solo entró al cuarto y ya para cuando lo hizo Kagami estaba recostado de panza sobre la cama dormitando.

—Hey, realmente eres un caso…—dijo lanzándole una de las almohadas encima y sentándose en la cama del "inconsciente" pelirrojo la cual era peculiarmente cómoda. Miró la habitación del joven, no tenía muchas cosas. Había un ropero cuyas puertas estaban entreabiertas y dejaban ver una maleta a medio desempacar, a pesar de haber llegado de Estados Unidos desde hace un tiempo el desorganizado chico no se había dignado a acomodar sus cosas.

Siguió observando algunos posters de básquet en la pared de un equipo norteamericano y a su lado un librero con unas cuantas revistas. Aomine se levantó y fue hacia el mismo hojeándolas, todas eran sobre básquet y artículos deportivos preguntándose algo instantáneamente "Si Kagami amaba tanto el básquet ¿Por qué no entraba al equipo?". Una fotografía salió entre las páginas de la revista cayendo al suelo y se inclinó para recogerla. Observó la misma por un rato algo extrañado, era la foto de algunos jugadores de básquet, seguramente de la vieja escuela donde Kagami solía estudiar. El pelirrojo estaba entre esos chicos con una enorme sonrisa al igual que el resto, a su lado un joven lo rodeaba por el hombro con enjundia, con camaradería.

Tal vez aquella era la causa, tal vez Kagami era muy feliz en su antigua escuela y por ende no se veía jugando con otras personas que no fueran esas de la fotografía. Un sentimiento comprensible, tal vez, pensó Aomine, debía llegar primero a él para después mostrarle que dentro de su equipo podía hacer hermosos recuerdos como los que antes había hecho. Dejó la revista en el estante y miró a Kagami quien yacía completamente dormido. Le lanzó otra almohada y una más después de esa.

—No puedo creer que no tengas una sola revista de mujeres… boobs, womans —decía con su reducido inglés basado únicamente en chicas y sus atributos mientras se hincaba en su cama— solo básquet, básquet y más básquet…anda, di donde están.—Kagami se quejó cuando se volteó boca arriba y una almohada se estampó en su rostro.

—I dont like it.…—dijo medio dormido para después tallarse el hombro. Aomine alzó una ceja cuestionándose que significaba exactamente eso pero prefirió no profundizar más volviendo a golpearlo.

—Tengo algo que va a motivarte a levantarte…—Kagami entreabrió sus ojos rojizos mirando al moreno — let's play…

Aquello lo dijo con un tono de voz que produjo un escalofrío en la espalda de Kagami. El moreno se retiró de la cama tomando un balón que reposaba en la esquina y lo lanzó al otro joven quien rápidamente lo atrapó como instintivo. Entendió lo que el otro buscaba, sonrió ladino y algo motivado de dejar las cobijas.

— Your pronunciation is terrible…—dijo devolviéndole el balón para levantarse y buscar algo de ropa—give me a second…

Y viendo que el básquet activaba ese botón en Kagami decidió darle su espacio para ponerse algo más cómodo. Cuando menos pensaban ya iban directo a la cancha cercana a su casa para jugar un uno a uno. No era tan necesario entenderse, más bien ambos entendían lo que el otro necesitaba cuando se trataba de básquet. Aomine se remangó la camisa y empezó a botar en balón en esa vacía cancha. Todos los chicos del vecindario debían esta en clases excepto ellos por lo que tenían ese espacio para ellos. Empezaron a jugar, Kagami era muy bueno, Aomine obviamente no se quedaba atrás pero quien estaba sorprendido era el ojirojo pues el estilo del peliazul era tan natural que le opacaba.

—Vamos Kagami-…intenta decir algo que pueda entender…—dijo lanzándole el balón después de un momento, algo agotado por el esfuerzo. Kagami se limpió el sudor de la mejilla y miró sin entender —tienes que aprender a hablar nuestro idioma.

—Aomine…—dijo su nombre por primera vez tomando por sorpresa al moreno —quiero…jugar más-

Había dicho entrecortado pero con claridad. El moreno sonrió retador, esas eran las palabras que tal vez más deseaba escuchar. Volviendo hacia él empezaron un nuevo duelo entre ambos para desempatar. Ese era el inicio de algo grande.

Tras la hora de salida y después de un exhaustivo día la pelinegra caminaba descompensada balanceándose de un lado a otro hasta llegar a la puerta del cubículo donde la peliverde empezaba a empacar sus cosas. Le miró con cara de cansancio total y estampó contra la mesa un papel mientras emitía un sonido sin sentido. Midorima dejó su labor de guardar sus útiles y libros tomando el papel.

—Estaba por retirarme…esto es menos de lo que pensé —la pelinegra se exasperó un poco.

—¡Ese examen estuvo horrible, Shin-chan! Sentí como si fuese a absorberme las neuronas…hice todo lo que pude y apenas he aprobado…—la morena lloriqueó estampando medio cuerpo contra la mesa.

—No importa cuánto te prepares para la guerra eso no significa que no llegará…—dejó caer el papel contra la nuca de la chica y tomó su bolso— me voy a casa..

—Eh…¿Eh? —inmediatamente se incorporó mirando la espalda de la peliverde —tenemos una prueba en dos días ¿No me ayudarás con ello?

—Creo que ya puedes hacerlo tú misma…—dijo sin verla hasta que sintió a la chica colgada de sus caderas.

—Shin-chan, por favor —lloriqueaba dramática—es solo un examen más, lo necesito…—la peliverde se acomodó las gafas, pareciera que ahora la chica realmente se preocupaba por estudiar y sus calificaciones lo cual era un gran avance. Suspiró fingiendo cansancio y la miró desde lo alto.

—Está bien...te ayudaré pero espero que supere esta calificación—Takao le miró con una enorme sonrisa aferrándose más a ella y gritando un enérgico "si" hasta que Midorima notó que la chica le había estado abrazando y que eso no era incómodo, de hecho ni siquiera se había percatado de su cercanía ¿Qué clase de poder tenía sobre ella?.

—Pero vamos a tu casa, tengo hambre y esa chica hace muy buena comida —Takao tomó su bolso pasando de Midorima quien la detuvo repentinamente, no se lo esperó, ni ella misma, pero tal vez aquel acto fue mero impulso de una punzada dolosa en su pecho, una punzada que llevaba por nombre celos —¿Shin-chan?

—No es nada…—la soltó pasando a un porte serio y mirando a otro punto —vamos…

Takao prefirió no indagar en el porqué de su reacción, se limitó a seguir de cerca a la chica cambiando de tema constantemente hasta encontrar alguno en común que la peliverde entendiera a y siguiera. Así era desde que se volvieron más cercanas, Takao siempre intentaba hacerla parte de sus charlas y aun cuando fueran muy opuestas resultaban coincidentes en varios puntos.

Llegaron a la enorme casa de la peliverde y ahora, a diferencia de otras ocasiones, un automóvil se encontraba en la entrada. Midorima se detuvo, retrocedió y bajó un poco la falda de Takao para que no fuese tan corta.

—¿Eh? ¿Qué pasa?—preguntó parpadeando mientras la peliverde le acomodaba el cabello.

—Mi padre está en casa, intenta dar una buena imagen.—Takao confusa se dejaba acomodar las ropas por la chica mientras sonreía.

—Shin-chan me va a presentar con su padre, ¿Entonces vamos en serio?—dijo divertida. Midorima alzó una ceja— olvídalo…Shin-chan no entiende esas cosas —miró a otro punto moviendo la mano como abanico siendo ignorada por la de lentes quien se abrió paso hacia la puerta de su casa.

—Estoy en casa…—dijo formalmente. Takao entró junto con ella y observó en el sillón de la gran y elegante sala a un hombre sentado dándole la espalda Apenas se notaban sus hebras verdes por encima del respaldo y una voz grave que de él provenía.

—Bienvenida…—dijo sin hacer mohín de levantarse.

—He venido con una compañera…—dijo Midorima. El hombre tardó en contestar.

—Está bien… hoy no vendré a dormir… procura descansar tus horas —Midorima entrecerró los ojos y sin decir más siguió de paso hasta las escaleras siendo seguida por Takao quien tenía una sensación extraña, absurdamente familiar. El hombre no estaba mucho tiempo en casa y parece ser que cuando estaba actuaba de simple decoración o como una contestadora automática. Era duro, y ver el semblante de Midorima así entendía que para la chica también eso era difícil más no lo admitiría.

Cuando salió de sus pensamientos la azabache se encontraba frente a la puerta de una habitación que fue abierta por la peliverde. El cuarto de la chica era enorme, elegante y muy ordenado. Tenía lo indispensable exceptuando esa televisión de pantalla plana y una pequeña sala pero todo lo demás era común. Midorima acomodó sus cosas en un escritorio sin ver a la chica quien inesperadamente estaba silenciosa. Pasaron así unos segundos hasta que la anfitriona habló.

—pediré algo de comida…—Takao la detuvo llamándole.

—Shin-chan…tal vez debería irme…—la peliverde frenó su andar sin mirarla —él casi nunca está aquí tal vez…quieras estar con él.

—No digas tonterías…—se limitó a responder para después salir de la habitación. Takao suspiró agotada, a veces esa personalidad de Midorima era enternecedora pero a veces podía ser un problema para sus nervios. Era una situación complicada y tal vez Midorima pensaría "Ella no puede entenderlo…" pero Takao lo entendía bien. Retrocedió unos pasos y cayó de espaldas contra la cómoda cama de la chica mirando el techo; es muy difícil para una joven de su edad no contar con la atención de un padre pues es ese el punto cúspide de su vida en que deciden qué camino tomar. Ambas lo sabían, de diferentes maneras pero lo sabían.

Takao abrió los ojos repentinamente y se encontró con la misma habitación a media luz. Se talló los mismos sentándose en la cama y notando que Midorima estaba sentada en el escritorio de las cercanías, por la hora supo que se había quedado dormida.

—Shin-chan… me he quedado dormida lo lamento—se disculpó, la peliverde ladeó la cabeza.

—Anoche estudiaste mucho ¿No?—y era verdad, se había matado estudiando hacia un día para obtener una calificación apenas aprobatoria por eso ese día yacía agotada.

—Debo ir a casa…—se puso de pie buscando sus cosas con la mirada mientras se desperezaba.

—Takao…—susurró Midorima llamando su atención —deberías quedarte por hoy…

La pelinegra tardó algunos segundos en procesar esa invitación hasta que finalmente abrió los ojos con sorpresa. Midorima le estaba invitando a pasar la noche ahí con ella y eso eran muchos niveles más arriba de lo que había pensaron que era posible llegar. Se cubrió los labios y contestó lo más rápido que pudo.

—Solo avisaré en casa …—Midorima no dijo más nada, se limitó a volver a su lectura mientras Takao rebuscaba entre sus cosas el móvil y fingía escribir algo, lo miró un segundo, tal vez a nadie le importaría si pasaba otra noche fuera…— listo…

— Ahora…te preparé unos ejercicios, cuando los termines podrás tomar un baño y descansar…—Takao parpadeó al ver la pequeña montaña de hojas en su escritorio y suspiró cansada. Así que mientras dormía la peliverde fue tan amable de prepararle un cruel castigo y lo que pensó que era una dulce invitación a sus cobijas en realidad era una llamada a su tortura. Ni siquiera llorar era bueno así que a regañadientes se sentó en el escritorio, se acomodó una coleta y empezó a revisar las guías y ejercicios tan bien estructuradas que había hecho la chica. No era para menos, la peliverde tenía un alto promedio así que debía sentirse afortunada de tener un apoyo como ese.

Miró a Midorima quien se sentaba en la sala de su habitación y sonrió. En serio que era afortunada.

Después de tortuosas horas de estudio finalmente la última hoja estaba llena de respuestas y demás. Se estiró tronándose el cuello y sintió la presencia de la chica quien a su lado dejaba unas prendas y una toalla doblada.

—La ducha está lista, creo que esto te quedará…—dijo sin mirarla con las orejas algo colorada por demostrar tanta amabilidad.

—Shin-chan… eres la mejor esposa que alguien puede tener —bromeó ganándose un reclamo de la peliverde por decir algo tan innecesario. Takao rio divertida y huyó de la habitación hacia una relajante ducha. A veces era divertido estar así con ella, bueno, siempre lo era. Midorima era genial, era inteligente y muy linda. Era alta y sus ojos eran tan verdes. No entendía por qué una persona tan fabulosa estaba tan sola, no podía entender por qué parecía que la hacían de lado. Tenía sentido que a ella la ignorasen las personas que quería pues era una lacra social pero Midorima definitivamente hacía cosas fabulosas.

Mientras se ponía las ropas que le dejó podía sentir el aroma de ella en su piel y como es que estas se ajustaban perfectamente a su cuerpo. Un conjunto de short y camisa blanco para dormir que le quedaba levemente colgado de la parte del pecho. Se miró en el gran espejo y aceptó que después de usar tanto negro el blanco tampoco le iba tan mal.

Salió del baño y se encontró de nueva cuenta en la habitación con una Midorima preparando un futón en el suelo. Takao puso cara de pocos amigos ¿Realmente haría eso? Debía estar bromeando. Antes de que dijera las palabras mágicas se lanzó contra la cama y se metió entre las cobijas

—Takao…—la pelinegra sacó una mano de entre las cobijas y empezó a moverla de un lado a otro — oe…

—Shin-chan…por favor… juro que me portaré bien además no me muevo mucho…ni siquiera vas a sentirme —puso la cara de lastima más enternecedora que podía poner mientras la peliverde alzaba una ceja, eso no funcionaba con ella pero estaba muy agotada para discutir, solo quería descansar y viajar en el tren de los sueños. Las luces fueron apagadas y con un bufido Midorima se metió entre las cobijas dándole la espalda a la chica y dejando sus lentes en la mesilla. La azabache hizo un puchero, decidió divertirse un momento y picó las costillas de la chica haciéndola retorcerse.

—Takao…para o te mandaré al futón…—se giró para encararla, la encontró muy cerca con esa risa divertida que casi siempre tenía. Estando a esa distancia pudo notar que los ojos de la azabache tendían a grises, un gris hermoso y oscuro.

—Shin-chan…—susurró ella—tus pestañas son hermosas —la peliverde esa vez no pudo esconder el sonrojo que otras veces había podido ocultar, iba a calarla con una queja mientras Takao solo pensaba "Wow, es tierna".

—Deja de hacer el tonto y duerme…—cuando iba a regresar a su posición Takao la detuvo. Midorima le miró aún más cerca, lo más ceca que hubiese visto a una persona. Midorima solo pudo cerrar los ojos, tal vez miedo, tal vez instinto y sentir algo húmedo contra sus labios, la respiración de Takao contra ella, algo suave tocando y aprisionando su labio inferior. La peliverde reaccionó abriendo los ojos de golpe, solo atinó a empujar a la pelinegra quien rodó un poco y cayó contra el futón que estaba en el suelo quejándose. Se cubrió los labios temblando, no daba crédito a lo ocurrido.

Takao la habita besado.

La pelinegra se sentó sobándose la cabeza y quejándose aún más mientras Midorima no decía nada, ni siquiera la veía.

—E…eso dolió, Shin-chan…—y cuando iba seguir lloriqueando miró el porte de Midorima, ese rojo enorme en su rostro y sus manos temblando aprisionando sus labios. Entonces Takao lo entendió y sintió un hueco en la boca del estómago. Ese había sido el primer beso de Midorima —Shi…Shin-chan…

Cuando se levantó del suelo la peliverde se metió bajo las cobijas dándole la espalda. Parecía aterrada, confusa, extraña, muchas emociones al borde de querer enterrarse en un agujero y no salir jamás. Takao se sentía entre la felicidad y la culpabilidad. Tal vez no era el momento ni el lugar. Aunque repitió muchas veces su nombre no recibió respuesta y se metió en la cama temerosa, tocando la espalda de la peliverde que la cobija no había cubierto, disculpándose mil veces.

Midorima seguía ocultando el rostro en sus manos y se sintió aún más confundida pues, aunque su primer pensamiento fue que aquella era una broma pesada, la forma en que las manos de Takao temblaban contra su espalda mientras se disculpaba decían lo contrario.

Ya no sabía que pensar, las cosas se le estaban saliendo de las manos mientras caía en la red de la pelinegra.