Disclaimer: El universo de Harry Potter pertenece a J.K Rowling.

Esta historia participa para el reto: "San Valentín también es amistad" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black y está dedicada a Liuny por betearla y, de paso, soportarme.


La rebeldía, derrite gigantes.

Pupilas dilatadas, sudor frío deslizándose en sus frentes; remolinos de cabellos volando confusamente, pasos atropellados retumbando con terrible resonancia en el silencio sepulcral.

Sus rápidas respiraciones se reflejan en un vapor que entra y sale de sus bocas, pero un ruido repentino las obliga a tragar su aliento: voces abominablemente conocidas. El instinto las fuerza a esconderse y un par de armaduras se convierten en su refugio. Estrujan sus cuerpos contra la pared, lastimando sus riñones; queriendo convertirse en ese muro de piedra.

El corredor por donde se acercan las voces corta perpendicularmente el de ellas y en ese momento, ambos sistemas se apagan sin dejar escuchar un sólo corazón latir.

Las figuras no tardan en aparecer y ellas unen sus manos sudorosas en un silencioso gesto de apoyo mientras el miedo les hace rechinar sus dientes rogando no ser vistas por aquellas personas de brazos marcados. Éstas últimas cruzan la estancia como si el tiempo no existiese y por ello no fuese necesario apurarse. Sus botas pisan lentamente las baldosas y una de las chicas deja escapar inconscientemente un soplo de aliento que en el silencio atroz, retumba con nitidez.

Las han escuchado, están seguras.

Aprietan sus manos con más fuerza que antes y ya sienten el Cruciactus atravesar sus cuerpos sin haber sido lanzado.

El hombre de ropas negras gira su cuello a donde se ocultan y saben que de esto a que en su interior miles de dagas invisibles se claven sin poder salir de sus cueros sólo hay una palabra. Con todo, la conversación delante de él parece serle más interesante por lo que vuelca su interés en otra dirección y pronto la soledad vuelve a acompañarlas en aquel pasillo.

El alivio que sienten se transforma en sonrisas mudas que se dirigen entre sí; para luego continuar su camino sin más tropiezos. El deseo que proyectan en sus mentes se materializa frente a sus ojos tras dar tres pasos en un vaivén, delante de un feo tapiz e ingresan con entusiasmo a su "guarida".

Una vez dentro, los rostros cansados que encuentran en la sala se iluminan al verlas y en este lenguaje mudo les comunican que han triunfado en la pequeña batalla contra el lado tenebroso. Se miran de nuevo, la alegría inagotable de los ojos de Luna observa más contenta aún lo que proyectan los ojos marrones de Ginny y ambas no se contienen más y sueltan por fin una estruendosa carcajada.

En otras circunstancias, se habría dicho que el delirio de Luna se había colado en el cerebro de la pelirroja, pero los presentes no estaban en condiciones de juzgarlas; pues entendían que en una guerra, gestos como estos eran lo único que les diferenciaba de los desalmados seguidores de Voldemort.

Porque podían estar escondidos en una sala respirando la incertidumbre que desgranaba el futuro, pero si mantenían la esperanza amarrada con los lazos de su amistad, cualquier obstáculo se desmoronaba en su absurdidad y cualquier gigante se derretía con sus risas.


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