Nota de la autora: Esta mini historia está relacionada con mi otro fic "mansión de muñecas" como un suceso posterior a ella, un capítulo suelto en la vida de ciel y Doll, aunque no estoy muy segura de si como una continuación, lo publico aparte porque rompe con la continuidad de tiempo de la historia y pertenece a una clasificación más elevada.

acotaciónes:

-lo que se encuentra en cursiva son pensamientos de los personajes

- entre paréntesis: (acotaciones de la autora y acciones o actitudes previas a los diálogos)

-negrillas (dentro de la historia): frases, palabras, etc. expresadas con énfasis por los mismos personajes.

Advertencia: Lime

Disclamer:Kuroshitsuji y sus personajes pertenecen a Yana Toboso, la siguiente narración a mis debrayes mentales...si Kuroshitsuji me perteneciera Doll no moriría y desquitaría por mi las ganas que le traigo a Ciel (y sí, se lo pederasta que suena eso)

Fantasías lúdicas, pasionales y demoniacas

(La curiosidad mató al perro guardián)

Hacía ya tres meses de aquel evento al cual no asistió escusándose de que tenía asuntos importantes de trabajo que le impedían trasladarse a París para celebrar algo tan (insulso) como la boda de su prima Elizabeth Middleford con el duque Dominique III de Orleans.

Cualquiera que no lo conociera diría que habría faltado a propósito para evitarse la desdicha de ver a su antigua prometida desposando a otro, cualquiera pensaría que los últimos meses los había pasado tirado en su cama, hundido en la pena y lamentándose por la belleza perdida, pero no era así, de hecho últimamente había estado pensado acerca de cierta singular persona, una joven castaña y pecosa, algo brusca y poco femenina a veces, pero intrépida, dulce e inteligente, que a diferencia de su prima no lloraba por cualquier cosa y sabía comportarse con rectitud cuando la ocasión lo ameritaba.

Caminaba por el pasillo el conde, abstraído en sus pensamientos, 7 meses ya habían pasado desde que ella habitaba en la misma mansión, y no podía evitar pensar en todo lo sucedido desde que la conoció, como lo impresionó desde el primer momento, cuando la vio actuar sobre la cuerda, como se acercó a él haciéndose pasar por un chico, como lo apoyó, encubrió e incluso perdonó tras revelarse la verdad sobre su infiltración(adhesión) en el circo y su colaboración en el caso de scotland yard contra sus compañeros del circo.

Volvió en si y se halló frente a la habitación de la muchacha, la puerta estaba abierta y no se oía nada al interior -¿acaso de tanto tiempo de vivir en una carpa se le ha olvidado cómo usar una puerta?- era normal que la chica olvidara cerrar las puertas al salir, sucedía cuando iba a visitarlo a su estudio y cuando salía al jardín, incluso alguna vez fue ésta la razón de que tres gatos se hubiesen colado dentro de la casa, o al menos esa fue la escusa de Sebastian cuando él le descubrió alimentándoles en la mesa de la cocina.

ya era tarde para que estuviera dormida, además de que tenía la certeza de que alguien lo había estado estrujando sin piedad durante la noche, así que no podía estar dormida- ha de estar tonteando con Mey-rin- pensó, pues la chica evidentemente había formado un estrecho lazo de amistad con la susodicha.

Entró en la habitación y comenzó a deambular por ella, mirando todo a su alrededor, los arreglos de rosas blancas, azules y lilas por toda la habitación, las novelas de romance y aventuras sobre el escritorio, el poster del circo junto a su cama, la cortina como una lluvia de estrellas de su cama adoselada, cosméticos y pelucas de todos tamaños y colores sobre su tocador, y una fotografía tomada por Sebastian de ellos dos tirados sobre el pasto del jardín.

Al verla caminó hacia el tocador para verla de cerca, estaba por tomarla en sus manos cuando un aroma a aceite de lavanda le hizo llevar la mirada hacia la rendija de la puerta contigua al mueble que estaba entre abierta, y lo que vio lo dejó helado. A través de la cortina de perfumados vapores que se colaban por la puerta se veía a una joven castaña metida en la tina que aún no terminaba de llenarse, recargada en el borde de la misma, con los ojos cerrados y el torso desnudo y expuesto.

Lenta y silenciosamente comenzó a caminar en reversa hasta chocar su espalda con la puerta que daba al pasillo, tomó a tientas el pomo de ésta, y salió como alma que lleva el diablo de ahí cerrando la puerta tras de sí.

Entró en la biblioteca buscando "un algo" que le distrajera y ahuyentara de su mente la imagen que acababa de presenciar. Tomó un libro delgado de reciente publicación leyendo en la portada: El Horla -Guy de Maupassant y se dirigió a su estudio, encontrándose con varios documentos esperándolo sobre su escritorio.

Comenzó a ojearlos uno por uno, informes de su empresa, tratos comerciales, etc, nada interesante en realidad, entonces en algún punto su pensamiento volvió a la imagen de unos pechos de mármol firmes, redondos y aparentemente aún en crecimiento, adornados por dos pequeños puntos rosados, levemente puntiagudos como los botones de una rosa.- ¿cómo es que habían pasado desapercibidos bajo su ropa holgada? Yo daba por hecho que era un chico, aunque lucían un poco más grandes que aquella vez que….- vino entonces a su pensamiento aquella escena en que Doll ofendida de que dudara de su sexo, le hizo palpar su pecho para demostrarle que era una chica. Fue hasta entonces que se dio cuenta de la dirección que estaban tomando sus pensamientos, y agitó su cabeza de lado a lado como si con tal acto fuese a desprenderse aquellas ideas. Entonces volvió s atención al documento que tenía en sus manos pero el color rojizo en sus mejillas no había bajado, y justo en ese momento llamó Sebastian a la puerta para preguntar si iba a bajar a almorzar. Éste llevaba encima una sonrisa de medio lado que le causó molestia, era como si el mayordomo supiera del bochornoso momento que acababa de tener consigo mismo.

- Estoy ocupado Sebastian, preferiría que trajeras el almuerzo aquí- dijo ocultando su sonrojo tras los documentos que fingíia leer

- Enseguida llamaré a Mey-rin- respondió este sonriendo como quien algo trama

-¡No! – Objetó alterado- no vaya a ser que Ella también venga- tráela tu, y cierra bien la puerta cuando te vayas, no quiero ser molestado-

-enseguida jóven amo- dijo con un ligero tono de decepción en su voz mientras hacia una reverencia y se retiraba de la habitación.

-o-o-o-o

El sol del atardecer en la ventana ya había cesado, y aparentemente Sebastian había divulgado correctamente su orden, pues en todo el día no había habido en su estudio rastro ni de Doll ni de ningún otro sirviente además que su mayordomo. Había logrado mantener distancia física y mentalmente de aquella castaña pecosa y se sentía profundamente aliviado por ello.

"No…no… no hay duda… no hay duda… no ha muerto… Entonces, tendré que suicidarme…" – concluyó la lectura del conde, entonces cerró el libro y se dispuso a ir a dormir, pasando antes a devolverlo a la biblioteca.

Abrió la puerta de la habitación hallándola misteriosamente iluminada y pensó entonces que cierta joven a la que había estado evitando todo el día se encontraba ahí. Llamó un par de veces desde el umbral de la puerta y nadie contestó, dio por hecho entonces que "alguien" probablemente Doll había olvidado apagar la luz e ingresó en la estancia.

Dejó el libro en la repisa debida y se dispuso a salir, cuando algo llamó su atención. Sobre la mesita junto al sillón habían dejado un libro abierto. –debe ser influencia de Mey-rin el que Pecas se esté volviendo tan descuidada- se decía mientras se dirigía a la mesita, pensó en simplemente cerrarlo y pedirle a Sebastian que lo colocase en su lugar debido, pero por alguna extraña razón sintió curiosidad por saber que estaba leyendo ella.

Acercóse entonces a ojear el libro y por segunda vez en el día, quedó perplejo. Múltiples imágenes de un hombre y una mujer de ojos grandes y rasgados, desnudos, en extrañas posiciones y siempre unidos por la cadera.

-si quería que le leyera un cuento antes de dormir debió decírmelo- escuchó a sus espaldas y se sobresaltó, cerrando el libro intempestivamente y tomando rápidamente un libro de la repisa más cercana para colocarlo encima del otro y tapar el título de éste. –Le diría que esa es una lectura inapropiada para usted, joven amo- continuó el mayordomo aproximándose a él- pero supongo que ya está en la edad en que los jóvenes sienten… curiosidad por ciertas cosas.

-¿De qué hablas?- fingió demencia presionando los libros contra su pecho

-Evidentemente, del curioso libro que oculta tras "el mercader de Venecia" - respondió sonriente

-¿y tú que puedes saber sobre que libros llevo?- preguntó abochornado de hallarse descubierto con semejante libro

-pues porque yo mismo he dejado en la mesita un libro de las mismas dimensiones del que usted porta en este momento- admitió

-¿que tú qué? ¿y para que leerías algo como esto?- dijo entre abochornado y confundido mientras el mayor arrebataba con sutileza el libro de sus manos.

-simplemente para reforzar la memoria sobre ciertas "formulas", verá, uno nunca sabe cuando necesitará obtener información de alguien y tendrá que ponerlas en práctica- dijo con toda naturalidad y simpleza- a usted, desprovisto de experiencia, le serviría para aprender la forma de complacer a su futura esposa… claro, si es que llega a contraer matrimonio.-

Respiró hondo para calmarse, y valiéndose de toda la compostura que pudo, ordenó-Devuelve ese vulgar libro de donde quiera que lo hayas sacado. Yo me iré a dormir- anunció esto último entregándole también el otro libro al mayordomo y se dirigió a la puerta; cruzaba el umbral de ésta cuando le oyó decir a su demonio:

-se llama "Kama Sutra", joven amo, por si acaso quisiera consultarlo en un futuro- comentó en tono divertido, a lo que Ciel fingió oídos sordos dirigiéndose hacia su alcoba sin detenerse.

-o-o-o-o-

Llevaba casi media hora dando vueltas en la cama sin lograr conciliar el sueño, cuando escuchó la puerta de su habitación abrirse- ¿que acaso no la había cerrado? ¡Cómo pude olvidarlo!- pensó mortificado, entonces decidió cerrar los ojos y fingirse dormido.

Comenzó a sentir la cama moverse en consecuencia a la presión de alguien subiendo a ella y trató de mantener su respiración relajada y los ojos cerrados. Sintió que la presión se había situado ya a su lado, quizá demasiado pegada a él, pero luego la sintió ambos costados suyos, seguida por las manos de la joven en sus mejillas y unos labios posándose sobre su frente. Entonces abrió los ojos y la vio ahí, subida sobre su cama, a gatas y a una bastante corta distancia de él.

Quiso gritar, reprenderla u lo que fuera pero sus intenciones fueron frenadas por unos labios que invadieron su boca. El beso comenzó suave y dulce, que progresivamente fue volviéndose más agil y pasional, no supo como ni cuando pero su lengua y la de la chica parecían sostener un duelo a muerte. Su respiración comenzaba a agitarse cuando la castaña se separó un poco de él, sentose sobre su regazo y se sacó, por encima de la cabeza pa parte superior de su pijama, dejando su torso desnudo ante la ansiosa mirada del joven conde, entonces retornó a su antigua labor sobre los labios del conde, tomando las manos de éste y llevándolas a sus pechos, cuyos pezones ya habían empezado a endurecerse. El joven noble no daba cabida a lo que estaba sucediendo, pero tampoco tenía de momento capacidad suficiente de raciocinio para detenerlo.

La chica abandonó su boca para arrojarse a su cuello, moviendo sus labios y lengua tan frenéticamente como lo había hecho antes. Susurró sensualmente junto a su oído -¡Oh Smile!- y comenzó a descender hacia su pecho, succionando su piel y dejando huella por donde quiera que pasara.

El conde se limitó a sentir las caricias, el roce de sus labios y escuchar sus suaves gemidos de la chica que solían fundirse en un "truncados acordes" con los suyos propios, cuando sintió las manos de la chica colocarse sobre el elástico de el pantaloncillo de su pijama. Ésta le dirigió una rápida mirada cargada de deseo, y volvió a llevar sus labios hacia la parte baja del abdomen del chico, que sintió sudar frío cuando vió a la castaña descender en sincronía con el elástico de su prenda…

-¡Buenos días joven amo!-

Abrió los ojos y se enderezó sobre la cama mirando con su molesto mayordomo que se encontraba abriendo las cortinas.

-¿Desea que le prepare un baño de agua fría joven amo?- le preguntó con mirada pícara mientras tomaba la charola del té

-¿porqué querría un baño frío con éste clima?- le cuestionó ligeramente molesto y confuso

-porque es esa la manera de hacer descender ese… asunto suyo, amo- dijo alzando una ceja y señalando con la mirada la entrepierna del muchacho, que no se había percatado del bulto prominente bajo el pantalón de su pijama. Éste se mostró abochornado y se tapó hasta la cintura con las cobijas.

-tomaré eso por un "sí" – infirió Sebastian y llevarle el té, con una sonrisa burlona, a su muy sonrojado amo, se dirigió al cuarto de baño. -¡cómo ha crecido el joven amo!- comentó desde su puesto.

Que puedo decirles, moría por escribir algo así de Ciel y Doll, con lo atrevida que es ella, lo burlón de Sebastian y el hecho de que no existan casi historias en español de este tipo entre ellos, no podía quedarme con las ganas.

Ojalá les haya gustado, espero sus comentarios, críticas y sugerencias, y les como siempre, hago la invitación a pasar por la página de Face que administro: Ciel x Doll/Freckles- Kuroshitsuji

Nos leemos luego! Ciao! :D