Lian-Chu bajaba las escaleras viendo incómodo todo a su alrededor. Estaba buscado a su gran amigo Gwizdo. Todas las mañanas siempre estaba dormido hasta que él o Zaza lo despertaran, muy pocas veces se despertaba más temprano que los demás, pero siempre dejaba una nota o algo explicando su ausencia, a pesar del analfabetismo de los demás, dejaba en claro a donde iba. Pero esta vez era diferente, no había nada en la habitación de ambos que le diera una pista donde estaba.
Héctor tampoco estaba, seguro que se había ido tras Gwizdo, cosa que lo dejaba un poco más tranquilo, ya que no estaba solo. A pesar de que sea brillante para los contratos y su conocimiento en negocios, no era ni fuerte ni grande para poder defenderse por sí mismo.

-Zaza -Dijo al ver a la pequeña niña limpiando la posada - ¿Has visto a Gwizdo y a Héctor? No los he visto en el cuarto.
-Gwizdo se despertó un poco antes y mi mamá le dijo que necesitaba de unos frutos de los árboles para unas recetas y que si lo hacía le descontaría un poco de la cuenta. Y al ofrecer unos platillos de recompensa, Héctor decidió ayudar también. -Explicó la menor.
-Ya veo. -Se tranquilizó un poco- ¿Se fueron hace mucho?
-No mucho, creo que puedes alcanzarlo. Estoy muy segura que no le vendría mal que le ayudes.-Dijo con una gran sonrisa.
-Zaza, ¿Podrías...? ¡Oh! Lian-Chu, me alegro de verte. -Dijo Jennyline cargando un enorme cesto de mimbre- Necesito que me hagas un pequeño favor.
-Seguro, no hay problema. Puedes contar con migo para lo que sea.-Respondió el Cazador.
-He hecho un pedido de varios ingredientes para unas recetas que estoy planeando hacer para una fecha importante y no tardarán en llegar. Lo que necesito es que los recibas y que luego me ayudes a guardarlos. Son varias cajas y una dama no debe de esforzarse tanto.
-No te preocupes- Dijo sonriendo ante el comentario de la anfitriona- Me encargaré de todo.
-Sabía que podía contar contigo. Estaré limpiando en la cocina y luego iré a la arreglar su cuarto si no les molesta- Dijo con rostro casi desafiante.
-No hay problema. No creo que Gwizdo le moleste que se arregle un poco las cosas.
-Si se enoja se las verá con migo -Dijo antes de irse nuevamente con el cesto- ¡Ah! Y si quieres saber, Gwizdo fue con Héctor por unos frutos que le pedí.
-Ya Zaza me lo había dicho, pero gracias por avisarme -Dijo el mayor mientras se sentaba en una de las mesas mientras la menor le alcanzaba un poco la charola con el desayuno.

Tras esperas unos minutos, llegó el envío que Jennyline le había dicho. No bromeaba respecto a necesitar ayuda, ya que eran grandes cajones llenos de diferentes ingredientes desde plantas, frutos hasta piezas de carnes de diferentes especies. Tras meter las cajas los tres se encargaron de ordenar las cosas en sus respectivos lugares y aprovecharon para hacer unos cambios en la posada, pequeños cambios que mejoraban el lugar.
Varias horas pasaron y Lian-Chu se preocupaba cada vez más por no tener noticias de Gwizdo ni de Héctor. Si habían ido solo por unos frutos, ¿Por qué se tardaban tanto? Aunque Gwizdo no era muy hábil en muchos aspectos, había un límite de tiempo que siempre respetaba para regresar o dar alguna clase de señal que indicara que todo estaba bien. Pero no había nada, ni rastro ni nota, nada.

-¿Se han terminado los envíos? -Ambas mujeres asintieron- Si me lo permiten, iré a ver cómo se encuentra Gwizdo y Héctor.
-Adelante, Lian-Chu. De paso repréndelo por tardarse tanto. -Dijo antes de meterse en la cocina para preparar los nuevos platillos.

Lian-Chu se apresuró a buscar su sable de cazador he ir tras el rastro de sus compañeros. Como los frutos crecían en islas flotantes un tanto lejos de la posada, tuvo que saltar a un camino de piedras que habían formado años atrás para facilitar el camino para todos. En cuanto llegó al destino empezó la búsqueda. Buscó en todas partes de la isla, desde los arbustos más pequeños hasta las copas de los árboles más altos eran revisados para hallar algún rastro de los dos. Tras varios minutos, llegó al centro de la isla donde los frutos más jugosos crecían y fue allí donde encontró los canastos diseñados específicamente para Gwizdo y Héctor. Pero había algo malo en ellos, el que le corresponde al dragón estaba tirado y con frutos tirados a su alrededor, pero el del contratista estaba destrozado, con marcas de garras y quemado de un lado. ¿Acaso un dragón los había atacado y él no había estado allí para protegerlos?
Ese pensamiento fue lo que lo motivó a partir nuevamente hacia un pequeño rastro de pisadas que había cerca. Corrió lo más rápido que pudo para apresurase a buscar a sus grandes amigos. La sola idea de perderles le angustiaba mucho, ya que eran sus únicos amigos.

-Gwizdo, Héctor... ¿Dónde están? - Se preguntaba constantemente al ver que el rastro desaparecía y la angustia y el temor aumentaban a cada paso que daba. Tras terminarse el rastro se trepó a un árbol cercano para ver mejor el terreno. A lo lejos pudo ver una zona de árboles caídos, seguramente era una señal del ataque del dragón.
Tras correr en dirección a aquella zona, logró encontrar varios árboles arrancados de raíz, otros quemados y otros que fueron destrozados por golpes o por pisadas. Pero ningún rastro del contratista ni del dragón azul.

-¡TOR! ¡TOR! ¡LIAN-CHU! -Se escuchó los gritos del pequeño dragón atrapado entre una pila de troncos. Había quedado herido de una de sus orejas.
-¡Héctor! -Dijo quitando los troncos de encima del menor para ayudarle a salir -¿Qué ocurrió? ¿Dónde está Gwizdo?
-¡Dragón! (Aletea con sus brazos) ¡Gwizdo! (Corre en círculos y cae tras un árbol) ¡Gruñe! (Imita el sonido del dragón y su ataque, desde carreras, pisotones hasta las llamaradas) ¡Tor! (Señala la pila de troncos) ¡Gwizdo! (Imita el golpe del menor al dragón y como se desmaya por el golpe del dragón con su cola)
-Pero... ¿Y Gwizdo?- Preguntó directo al grano, el saber los detalles que le daba el pequeño azulado le hacían preocuparse más y más.
-Gwizdo... -Agachó la cabeza y se acercó hasta un árbol destrozado y quemado señaló una de las ramas sobresalientes donde Lian-Chu logró ver el característico gorro del contratista roto y quemado en uno de sus extremos -Gwizdo no está... -Dijo con tristeza.
-No... -Sintió un gran dolor al cerciorarse que efectivamente aquel gorro de piloto era el del contratista. -¿Acaso el...? -Dijo viendo nuevamente al dragón.
-¡No! -Dijo con temor al entender lo que el otro quiso decir- ¡Gwizdo bien! (Buscó una rama y la sujeta con la boca mientras simula el vuelo del dragón alejándose)
-Un momento... ¡¿Fue secuestrado?! -El dragón asintió- ¿A dónde se lo llevó?
-No sé -Dijo mirando al piso con una mirada húmeda por las lágrimas- Tor se desmayó...
-Ya, ya Héctor... -Dijo abrazando al menor para consolarlo- Está bien, me alegro que te encuentres bien. Ahora hay que preocuparnos por encontrar a Gwizdo. ¿De acuerdo?
-¡Si! ¡SI!- Dijo saltando alrededor con toda su energía recuperada para encontrar a su amigo.

Héctor subió a la espalda del espadachín y se colocó el gorro del otro en la cabeza para no perderle mientras marchaban nuevamente hacia la posada. Tras unos minutos ya estaban nuevamente en compañía de ambas mujeres que les veían sorprendidas por la preocupación en el rostro de ambos.

-¿Lian-Chu? -Dijo Zaza acercándose- ¿Todo está bien?- Héctor se baja de su espalda y camina lentamente hasta ponerse delante de la niña quitándose el gorro de su camarada.
-¿Qué ocurrió con Gwizdo? -Héctor apretó el gorro entre sus manos- No... -Comenzó a asustarse- ¿Acaso él...?-Preguntó con temor que la respuesta sea positiva.
-Gwizdo... -Zaza corre hasta su madre abrazándola escondiendo su rostro.
-Afortunadamente no está muerto...- Lian-Chu sonrió tristemente, estaba feliz por poder decir esas palabras, pero se sentía mal por no saber dónde estaba ni como se encontraba. Pero nada se comparaba al odio que sentía sobre sí mismo por no haber estado allí cuando lo necesitaban. -Según Héctor, fue secuestrado por un dragón, pero no sabe a dónde pudieron ir.
-¡Pobre de mi Gwizdo! ¡Debe de estar asustado! -Decía espantada la anfitriona mientras se sentaba para recuperarse de la preocupación.
-¡Mamá! -Reprochó la menor- Yo creo que ellos ya se sienten mal por lo que pasó con Gwizdo.
-Está bien...- Por el momento debemos concentrarnos en encontrar a Gwizdo. Héctor, ¿Recuerdas al dragón que los atacó? ¿Ya lo habíamos visto antes?
-Mmmm... -Comenzó a recordar mientras caminaba en círculos- ¡Ah! Ouu...-Al recordar alzó de golpe las orejas y las bajó nuevamente al sentir como le dolía la herida.
-Será mejor que te curemos la oreja antes que pase algo más -Dijo Zaza llendo a buscar los vendajes mientras el otro salía corriendo hacia la habitación de los cazadores.
-Lian-Chu no combate... -Dijo la criatura volviendo con la Dragonopedia entre sus manos- ¡Tor verlo aquí! -Dijo colocando el libro en la mesa tratando de encontrar la página correspondiente. Los demás se acercaron a ver las páginas, pesar del analfabetismo de todos, Héctor parecía manejar aquel libro. -Tor recordar...-Dijo viendo detalladamente las páginas- Gwizdo dibuja...-Dijo señalando una hoja suelta en el libro donde había un dibujo simple hecho a mano de uno de los dragones que ellos habían enfrentado antes.
-¿Gwizdo hiso este dibujo? -Dijo Zaza viendo la imagen.
-¡Este es! ¡Se llevó a Gwizdo! -Dijo encontrando la imagen correspondiente al dragón entre varios gruñidos.
-¿Estás seguro? -Dijo Lian-Chu mientras veía el dibujo, no tenía muchos detalles, solo podían ver que era parecido a una serpiente del bosque con alas casi tan grandes como su cuerpo. -Por lo menos ya sabemos cómo es, si pudiéramos saber más sobre él.
-¡Tor sabe! ¡Tor sabe! -Dijo entre brincos de alegría- Gwizdo enseñar antes dragón -Dijo emocionado.
-¿Que Gwizdo te enseñó esto antes? -Dijo Zaza sorprendida- Eso es bueno... ¿No?- Dijo algo confundida.
-¡Bueno! ¡Muy bueno! -Dijo mientras se sentaba mientras le cubría la herida con los vendajes. -Diztro...Diztro... ¡Ah! ¡Diztrozante!
-¿Diztrozante? -Dijeron los tres.
-¡Sí! ¡Diztrozante! -Dijo orgulloso de que su escaso conocimiento sobre el libro le sirviera.
-Ahora tenemos el nombre del dragón, pero, ¿Cómo le encontramos?
-¡Ya sé! -Dijo la menor con un brinco para llamar la atención de los demás- Héctor es un dragón ¿No? Puede sentir el aroma de los otros dragones; quizás pueda encontrar el rastro y pueda llevarlos hasta Gwizdo.
-¡Esa es una excelente idea! -Dijo Jennyline abrazándola.
-¿Tu qué dices Héctor? ¿Puedes sentir el rastro? -Preguntó Lian-Chu.
-Tor puede -Dijo poniéndose de pie y empezando a olfatear todo como muestra de su determinación.
-Entonces estamos listos. Iremos tras ese dragón y rescataremos a Gwizdo.
-Un momento, Zaza. ¿Quién dijo que tú irías con ellos?
-¡Pero mamá! ¡Es para rescatar a Gwizdo! Ellos me necesitarán, estoy segura de eso. ¡Siempre han sido tres en las aventuras, esta vez estarán ellos solos!
-Pero a diferencia de Gwizdo, tú no sabes leer ni escribir, además si ese dragón le hizo eso a mí Gwizdo no me quiero imaginar lo que te haría.
-Pero ya he ido en muchas aventuras con ellos antes y nunca me ha pasado nada malo.
-Zaza... -Dijo en suspiro- Lian-Chu, ¿Cuento contigo para que la cuides y te asegures que nada le pase?
-Cuenta conmigo. Me encargaré de que nada malo le ocurra. -Dijo cargando a la niña mientras sonreía ante lo dicho por su madre.
-De acuerdo, pero prométeme que ante la más mínima señal de peligro te alejarás y buscaras un refugio.
-Lo prometo. -Dijo Zaza saltando a abrazar a su madre.

A los pocos minutos ya estaban equipados completamente, incluidas las cosas de Gwizdo estaban ya colocadas en la nave. El Saint George partió apenas terminaron de cargar las cosas. Gracias al agudo olfato de Héctor, ya estaban siguiendo el rastro correspondiente al dragón. Lian-Chu está piloteando la nave mientras la idea de que el otro corriera alguna clase de peligro. Desde que eran niños, Lian-Chu se ha encargado de proteger a Gwizdo, su naturaleza amable hizo que el otro también confiara en el mayor; desde entonces eran inseparables. Desde que comenzaron a trabajar de Caza Dragones, siempre estaban juntos y cuando Héctor se unió a las aventuras, no hubo criatura con la que no pudieran.

-¿Te encuentras bien, Lian-Chu? Llevas mucho tiempo callado.
-Estoy bien, Zaza. Solo estaba pensando en las aventuras que compartimos con Gwizdo. Ya casi lo perdimos una vez con el Dragón Rojo, ¿Recuerdas? Por un momento pensé que jamás lo volveríamos a ver.
-Ya, tranquilo, estoy segura de que estará bien. ¿Recuerdas cómo se las arregló con el dragón para escribir su libro a cambio de que no se lo comiera? Estoy segura que podrá arreglárselas hasta que lleguemos a ayudarle. -Dijo intentando subirle el ánimo.
-Estoy seguro que tienes razón, a pesar de no tener fuerza o de ser un buen cazador, es muy inteligente, seguro que nos ayudará a encontrarlo.
-Tor ayuda también, Gwizdo a salvo. -Dijo mientras pedaleaba y olfateaba el rastro.
-Espero que estés bien Gwizdo, no te preocupes, pronto llegaremos a ayudarte -Pensaba mientras seguía el ritmo del olfato del dragón.

Antes de que se dieran cuenta, la noche ya había caído, lo que les obligó a aterrizar y a descansar por lo menos un par de horas para que puedan recuperar fuerzas para seguir camino. Más por Héctor que llevaba trabajando más de lo normal, Zaza era una niña todavía y debía de descansar lo debido. Pero no era hora de descansar para Lian-Chu, se quedaba despierto arreglando el avión para que vaya un poco más rápido. No podía dormir con aquella preocupación de que su amigo no estaba cerca de él para cuidarlo.

Aún recordaba cuando lo conoció por primera vez. Era un niño flacucho y que siempre era molestado por todos los demás niños del orfanato. Luego de que compartieran un par de aventuras juntos, se habían hecho amigos fue en aquel momento donde ocurrió el lazo que los mantenía unidos hasta entonces. Ante cualquier amenaza, Lian-Chu salía a proteger y defender al menor, y a cambio Gwizdo le ayudaba a salir adelante con diferentes planes, como por ejemplo la Granja que tendrían cuando sean ricos.
Con los años que pasaban, la amistad crecía al igual que ellos, cuando decidieron convertirse en Caza Dragones, fue gracias a Gwizdo que consiguió aquella espada con la que siempre peleaba contra todos esos dragones; a cambio, Lian-Chu le había dado una de sus pertenencias más preciadas, una de las gemas que le pertenecían a su familia por generaciones, se la dio como símbolo de amistad y de lealtad para que supiera que siempre estaría allí cuando lo necesite, cosa que había fallado tan miserablemente...
No podía creer que después de tanto tiempo tratando de protegerle, le había dejado solo ante una posible amenaza que podría acabarlo en cualquier momento.
El temor de perder a su gran y único amigo, aquel que le había alegrado tanto la vida después de perderlo todo por culpa de un dragón, lo atormentaban demasiado, sabía que no estaría tranquilo hasta tenerle nuevamente entre sus brazos consolándolo por algún susto que haya tenido.

-¿Lian-Chu? -Dijo Zaza despertando y buscando al espadachín.
-Zaza, ¿Qué ocurre? ¿No puedes dormir? -Dijo acunando a la pequeña entre sus brazos.
-No... No puedo dormir sin los cuentos de Gwizdo, siempre me contaba algunas de sus aventuras cuando no podía dormir.
-¿De verdad? -Lo decía más sorprendido que sarcástico, en las pocas horas que habían pasado se había enterado de cosas que ni él sabía- Dime, ¿Qué tal si tu cuentas una para nosotros? -Dijo viendo como Héctor se despertaba y se aproximaba hasta ellos.
-No creo que pueda Gwizdo es mejor que yo contando las historias... a pesar de que no sean del todo cierto... -Se rieron.
-¡Tor quiere historia! -Dijo entrando entre los brazos del cazador y al lado de la menor.
-De acuerdo, pero no se quejen si no soy tan buena como Gwizdo, ¿De acuerdo? Esta historia es sobre como los tres Cazadores de Dragones se enfrentaron a uno de los dragones más peligrosos de todos los tiempos...

Zaza comenzó a narrar la historia con gran entusiasmo, casi el mismo que ponía Gwizdo cuando le hablaba a las personas sobre cómo habían acabado con los dragones, le divertía un poco como el azulado hacía algún comentario sobre la historia y como eran de valientes. Luego de un rato ambos se habían quedado dormidos en los brazos del espadachín, que estaba aún más preocupado por su compañero. El saber que el dragón le podía quitar nuevamente un ser tan querido como era Gwizdo, lo hacía sentirse cada vez más culpable por no estar allí.
Los primeros rayos de luz que daba el sol era un indicador de que debían seguir viaje. A pesar de las insistencias del Dragón y de la niña, Lian-Chu no pudo comer un bocado, tenía un nudo en la garganta por lo que no podía probar algo. Estaba demasiado decaído por todo para poder comer algo. Zaza y Héctor ya habían visto a Lian-Chu de esa manera, pero sabían que esta vez era más preocupante.

-¡Lian-Chu! -Dijo Héctor animado nuevamente- ¡Por allí!- Dijo señalando una isla flotante grande y oscura rodeada por varias pequeñas-¡Lian-Chu! ¡Rastro fuerte! ¡Gwizdo! -Decía mientras ponía más fuerza al pedalear para llegar más rápido.