Disclaimer: El universo de Harry Potter pertenece a J.K Rowling.


Un pequeño olvido.

El círculo ha vuelto a completarse y, de nuevo, corro. Solo que esta vez no tengo prisa y lo hago empujada por la emoción de descubrir algo nuevo: un jardín. Mi garganta está demasiado seca y comienza a dolerme como castigo por respirar vía oral en un intento de ganar más combustible para el motor de mi cuerpo, el cual me grita la necesidad de energía para todo mi sistema. Las imágenes que cruzan ante mí me recuerdan la primera vez que monté en el auto de Ron, y yo solo pienso en recorrer el lugar hasta arrancar la última gota de misterio que este tenga para luego carcajearme con ello.

Entre todo este revuelo vislumbro una cabellera platinada y me dirijo hacia su dueño. Lamentablemente, mis pies encuentran antes la madriguera de un gnomo y creo sucumbir en ella. Mis instintos me animan a sujetarme a algo para evitar la caída y me sostengo del cuerpo más próximo a mí arrastrándolo conmigo, casi arrebatando su camisa, acercando su aliento al mío. Nuestros labios se rozan fugazmente y siento cómo el calor inunda los míos ante este inesperado contacto entumeciéndolos con un hormigueo persistente. Es en este instante en el que pienso que no importa si estoy soñando, me tienen apresada en una oficina del Ministerio o simplemente lo estoy imaginando. Lo que veo, lo que siento, me indica que esto es real y con eso me basta.

Draco me separa en el aleteo de una snitch y lo veo palidecer, enrojecer, mirarme confundido, sumirse en la indiferencia que tan mal le hace para luego explotar, halarme bruscamente sacándome del hueco que resultó no ser muy profundo vociferando que lo "infectaré" de mi locura si seguimos respirando el mismo aire para después… desaparecer.

Me veo sonreír como si fuese el juego más divertido y doy un giro sobre mi propio cuerpo. Oscuridad, fuerzas invisibles estrujando mis pulmones, liberación. Avanzo apresurada por la estancia y creo estar de nuevo en Hogwarts, cuando la osadía golpeaba mi pecho en cada palpitar de mi acelerado corazón y yo me sentía desafiando miedos, falacias, extraños paradigmas, solo que ahora tomo, ya no una espada, sino precisamente a Draco como excusa para rebelarme y abrirme paso con arañazos de luz en donde habitan las tinieblas.

Me topo con una puerta y la toco. Nadie responde. Insisto. Silencio. Toco de nuevo y pienso que tal vez esto no funcione así, que debo dejar a las visiones manifestarse por sí mismas y no "correr a tocar su puerta". Intento "advertirme" si esto es posible pero una cosa es lo que yo razono y otra muy distinta lo que el lugar en donde estoy tiene para mí, por lo que de repente la puerta se abre y mis acciones vuelven a fluir no solo con naturalidad, sino ignorando lo que pude pensar.

Entonces, una cascada de justificaciones se derrama de la boca del Malfoy que se asoma y este parece no poder detenerla. Respondo alzando la comisura de mis labios al no conocer otro gesto y me acerco en tono confidente a soltar dos palabras en un tono muy bajo.

—Me gustas.

Esto detiene su discurso y su rostro comienza a jugar con todas las paletas de colores posibles y sigue cambiando hasta que continúo:

—Creo que también te gusto— susurro mientras escruto su rostro como si hubiese sido infectado por alguna enfermedad.

Es allí cuando sus facciones se deciden por un rojo colérico y Draco intenta sacar esa risa burlona que tanto convoca, pero esta se pierde en su garganta y termina exhalando un soplo de aire exasperado.

—Creí que ya podías controlar tu locura, pero al parecer eres una cajita de sorpresas, Lunática, porque has sabido desatar tu delirio con esas tontas palabras. Mira mi rostro, mira mi talante, no encontrarás una sola prueba de lo que dices ―escupe con su habitual siseo acompañado de la sonrisa que ha podido recuperar: socarrona, egocéntrica, maliciosa―. Ahora sal del edificio y no vuelvas a acosarme con tus descabelladas ideas, porque la próxima vez no seré tan amable ―completa tirando la puerta con estruendo, como reforzando estas palabras.

Pero nada de estos gestos atrapa mi atención sino uno mío que ilumina mi rostro por completo casi pareciendo el bombillito encendido con el que los muggles simbolizan una buena idea.

Son estos cambios los que activan una chispa en mi cerebro, la cual conecta un par de imágenes que encuentro interiormente y luego proyecto en una idea que ya había olvidado. Siento mi cuerpo perder todo su peso y vuelo casi literalmente por unos segundos hasta que mis zapatos aterrizan en tierra firme y me encuentro de cara a un pensadero.

Tomo la varita que el señor Ollivander amablemente me obsequió y hago aparecer un frasco de vidrio para recoger el líquido azul esparcido en la vasija de piedra de la que salí para luego contemplarlo con orgullo. Y es que aquí, danzando entre mis dedos finos dentro del frasquito que hice aparecer, se encuentran los recuerdos de todos los momentos en que, al contrario de lo que piensa Draco, hallé gestos, miradas, acciones o cualquier otro indicio de que nuestra atracción no es igual de inexistente que un Snorkack. Tal vez al revivir estos recuerdos olvidé fugazmente porqué me encontraba allí y, claro, la Conspiración Rotfang parecía lo más razonable para explicar la situación pero, al llegar a la escena en que se me ocurrió todo, la memoria volvió a mí permitiéndome regresar.

Me aparezco con emoción frente al apartamento muggle que Draco alquiló "de manera temporal por un tiempo indefinido" y llamo enérgicamente hasta que una sonrisa de lado aparece tras la puerta de roble. Otra chispa se enciende dentro de mi cabeza y me doy cuenta de que no debí pedirle prestado el pensadero a Harry ni tomarme muchas otras molestias porque la solución se halla allí, en esos labios finos que se curvan con arrogancia.

Es por ello que mientras arrojo el frasco que llevo en mis manos y este se estrella contra el suelo, yo salto a devorar esos labios con ferocidad logrando atravesar la frontera invisible que Draco siempre me había trazado en el marco de su puerta y pienso que, si la suerte está de mi lado, algún día podré cruzar las barreras de su corazón.


Y aquí termina el desafío.

No lo dije antes, pero me encantaría saber tu opinión.

Como sea, ¡gracias por leer! :D