Atados

Resumen

A través de muchas rencarnaciones estaremos juntos, cada uno en un escenario diferente, viviendo vidas paralelas, con las mismas experiencias. Pero al final, es inevitable el reencuentro, porque estoy atado a ti. Porque tú eres mi destino.

Prologo. Sin ti.

Lian-chu miro con aire de suficiencia, su sonrisa solaz era la marca patentada que todo el mundo temía ver porque solo auguraba el peor de los problemas para quien iba dirigida. Su poderosa figura era sin duda solo uno de los motivos por los cuales muchos preferían hacerse a un lado nada más verlo. Y era aún peor si te lo encontrabas, como ese pobre desdichado, en un callejón oscuro y sin nadie cerca.

—Y bien… ¿En dónde está? —Pregunto con tono burlón al tiempo en que acorralaba aún más al muchacho. —De nada te servirá encubrirlo. Así que lo preguntare por última vez. ¿En dónde está ese despojo que tienes por amigo?

El muchacho sintió el cuerpo temblarle y las lágrimas se acumularon en sus ojos. —Yo no lo sé. —Contesto casi al borde del llanto y desplomándose en el suelo.

Lian-chu levanto una ceja antes de soltar una fiera patada sobre el costado del otro. —Eso es un adelanto. Si para mañana no tienen mi dinero, tú pagaras las consecuencias.

El joven se levantó a las prisas intentando no prestar atención al dolor. Asintió a las carreras y salió de aquel callejón lo más rápido que pudo. Era hombre muerto. Bien muerto, porque nadie lograría juntar aquella cantidad de un día para otro a menos que…

—¿Lo dejaste ir? —Pregunto indignado uno de los hermanos Forestan.

—¿Tienes algo en contra? — su tono amenazador hizo enmudecer al otro.

—No nada. —Se apresuró a responder por su hermano.

Lian-chu dio un "leve" empujón al inútil ese que tenía por lacayo y salió del callejo. Odiaba lo imbéciles que podían a llegar a ser esos dos hermanos.

Porque él podía ser un patán egocéntrico pagado de sí, pero para desconcierto de todos era el mejor en su rama, nadie tenía su fama ni su talento a la hora de cazar dragones. Además su familia contaba con un respaldo económico nada despreciable y múltiples influencias en el mundo de la política. Sí, su vida y futuro estaban asegurados pues la prosperidad hacía años que le sonreían a su tribu.

Mientras avanzaba por las calles podía escuchar a las chicas murmurar, a lo cual no presto mayor atención. Detestaba la conveniencia que mostraba. Cuando era niño su cuerpo asemejaba un pequeño balón, rechoncho y flácido, nada agraciado y muchas de ellas se burlaban de él hasta el punto de gastarle bromas pesadas, degradándolo con apodos "cariñosos". Por esa poca solo podía aguantar burlas y menos precios a dientes y puños apretados, jurando muy dentro de ser que algún día se vengaría. Se cobraría con creses cada injuria y humillación.

Solo hubo alguien. Y solo lo vio una vez pero…

Pareces un osito. —dijo aquel niño con una resplandeciente sonrisa mientras lo miraba con sus enormes ojos azules. —¿Te puedo abrazar?

él asintió ganándose en el instante una exclamación de júbilo, aquellos bracitos se aferraron con fuerza a su pecho y espalda. Nunca supo ¿Por qué acepto aquel contacto? Pero para aquel entonces pensó que seguramente Dios se había compadecido de su situación y le había enviado uno de sus ángeles a consolarlo.

Eres cálido. Me gustas. Me gustas mucho.

Lian-chu enrojeció ante aquellas dulces palabras.

No deberías prestar atención a esas tonterías que dicen, cuanto menos creerlas. Cuando crezcas serás mucho más alto que ellos. Un hombre poderoso y se tragaran sus comentarios.

¿Cómo lo sabes? —Se atrevió a preguntar Lian-chu sin retirar al otro niño, su calidez era embriagante y reconfortante. Se sentía delicioso tener ese diminuto cuerpo pegado al suyo.

Por qué así funciona. Las plantas más bellas y estilizadas tienen bulbos gruesos y poco elegantes. Los animales más preciosos, se desarrollan de crías poco agraciadas.

¡¿Me estás diciendo feo?! —Exclamo indignado.

Si pensara eso, no estaría abrazándote. Tú me gustas. Me gustas mucho.

Jamás volvió a verlo y sin embargo lo recordaba perfectamente.

Entro con poderío al gran salón de juntas y se dejó caer en una de las tantas sillas que rodeaban la enorme mesa de debate. Siempre elegía la del fondo, esperando de esa manera permanecer ahí sin ser molestado. No paso mucho tiempo cuando el lugar se vio repleto de cuerpos y olores que le eran del todo desagradables. Que fueran cazadores de dragones no implicaba que debieran oler a uno.

Con un eco resonante se escuchó la voz del gran líder de su aldea. Viejo sabio y prudente que tenía su respeto bien fundamentado y ganado. Se contaban de él grandiosas leyendas, aventuras sin límites y trofeos apilados porque era un prodigio en cuanto a caza y comercio.

Al saludo la mayoría se colocó en pie con respeto. Lian-chu mantenía la vista perdida en el techo sin prestar mayor atención.

—El que seas mi nieto no te da derecho a ignorar el respeto a tus mayores. Ponte en pie muchacho y saludarme cual debe ser. —Se escucharon intento de risas que de inmediato fueron aplacadas por la fiera mirada de Lian-chu

Con elegancia el joven cazador deshizo la distancia que lo separaba del anciano para hacer una reverencia marcada.

—Que la vida será benigna contigo abuelo.

—Y contigo prudente hijo.

Después de aquel intercambio de palabras ambos tomaron sus respectivos lugares. Y con ello se dio por principiada la asamblea.

—Hoy he tenido el desagrado de medirme con un muchacho cuya sagacidad me ha dejado anonadado. Pues es bien sabido que desde tiempos remotos nuestra aldea a tomado por cada cazador, un herrero de la aldea de los forjadores a cambio de una porción muy generosa de nuestras conquistas y protección. Por ello la propuesta de una retribución monetaria por el trabajo, es casi una ofensa a este acuerdo que por generaciones se ha mantenido en pro de ambas tribus. — un silencio sepulcral se extendió por el salón. —Tras hablar y debatir no se ha llegado en un acuerdo por eso desdeñaremos a los traidores…

Se escucharon las quejas generales, muchos de los cazadores llevan años trabajando con los herreros, habiendo nacido de esa convivencia una relación de amistad y confianza.

—Ningún forjador se ha opuesto a esta idea. —Declaro a viva voz el anciano como para dejar en claro que no había excepciones y todos estaban en la misma bolsa. —Así que desde hoy…

—Déjame intentarlo yo. —Casi grito Lian-chu. Era ridículo que el trato entre ellos se viera roto solo por una propuesta. Por un muchacho que buscaba cambiar un acuerdo milenario. —Hablare con ellos abuelo. Los convenceré.

El anciano lo considero dos segundos antes de asentir.

—Tienes una semana.

Lian-chu hizo una reverencia y salido del gran salón. Ya estando afuera casi le da un arranque de pánico.

—¿Por qué demonios abrí la boca?

Continuara…