Prologo

100 más tarde.

Lian-Chu contemplo de forma desconfiada la gran casa que tenía delante. Las risas de niños y uno que otro llanto le llegaba hasta donde estaba y solo lograban hacerlo torcer la boca en un gesto desconfiado. Mirando con desdén regreso sobre sus pasos hasta el sendero que de un lado llevaba hacia la aldea y del otro, por donde él había llegado, se perdía en el horizonte.

Estando rodeado de árboles y del silencio se daba cuenta de la verdadera soledad a la que estaba condenado.

Con dolor limpio las lágrimas que brotaban de sus ojos. Hace tan solo unas semanas que su aldea había sido destruida por un dragón. Lian-Chu a sus ocho años había experimentado el dolor de la perdida y el abandono en toda su plenitud al no encontrar nada más que cenizas de lo que en otrora fue su hogar.

Sin nadie a quien recurrir Lian-Chu debía o encontrar la forma de subsistir por su cuenta o ir al orfanato., la primera era casi imposible tomando en cuenta su escasa experiencia, fuerza y… edad.

Así pues, solo le quedaba ir al orfanato.

Pero de alguna manera aún no se resignaba. Entrar por la puerta de aquella casa significaría el término de su vida como hijo, nieto, sobrino, primo, hermano… y el inicio de ÉL como huérfano.

—Oh Señor, señor, señor… —se escuchó a la una distancia relativamente corta y después apareció, por el camino que hasta hace poco miraba con tristeza, un pequeño niño que arrastraba detrás de sí un bultito de manzanas. —La Madre Hubbard es una tiránica. —Se quejaba intentando que el costal no se le cayera del hombro porque no estaba seguro si después podría volver a colgárselo.

Y entonces su mirada se cruzó con la de Lian-Chu, el futuro cazador no supo que pensar o que sentir con aquel par de ojos azules contemplándolo tan detenidamente.

—Hola… —dijo Lian-Chu percibiendo como su corazón comenzaba a latir a toda velocidad cuando los iris de color azul cielo brillaron de manera especial.

—Hola —respondió el ojiazul dando varios pasos recatados pero con interés. —¿Estás perdido?

—No. Me dirijo al orfanato de Madre Hubbard —confesó Lian-Chu con pena y ladeando la mirada. No quería mostrarse débil, no frente a él.

—Lo lamento —dijo el niño tomando con su pequeña mano la regordeta y dando un suave apretón en ella.

Lian-Chu se aferró a esa diminuta mano antes de soltarse a llorar amargamente, dejando salir al fin todo su miedo y dolor, todo su remordimiento al no haber podido salvar a su familia y la ira que lo carcomía contra el animal que los ataco.

Solo cuando logro medianamente calmarse escucho al otro decir.

—Me llamo Gwizdo —se presentó tirando de Lian-chu, este dócil como cachorro lo siguió aun gimoteando de vez en cuando. —Y a partir de hoy voy a cuidarte grandote. Tu solo tienes que escucharme y seguirme.

Lian-chu aun entre su llanto sonrió. No sabía cómo o porque pero le creía. Sabía que ahora todo estaría bien porque Gwizdo nunca lo abandonaría sin importar cuántas vidas tuvieran que pasar para encontrarse.

Fin.

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N.A.

Ahora sí. Cualquier duda o reclamación dirigirse a la PROFECO…

Lo que soy yo. He dejado de existir para este fic.

MuajajajAJAJAJAJAJAJA

Soy malo, malo….

Muajajajajaaacccoffffcofofocof… hay me atragante con mi risa..

Atte: Ciel Phantomhive.