¡Hola a todos! Aquí loba les trae otra historia Helsa (bueno un conjunto xD)

Por fin me armé de valor para publicar una serie de one-shots como muchas amantes del Helsa por el mundo Fanfiction. ¡Quiero unirme a su club! xD

Bien pero obviamente le puse mi toque personal a esta serie de historias. Verás hablo de que estas breves historias Helsa serán basadas en cualquier canción. Puede ser romantica, emo, rockera, alegre, triste, etc. (de cualquier tipo) y lo mejor es que ustedes también pueden sugerir su canción favorita y yo con mucho gusto escribiré una historia referente a la canción. (Si tienen alguna idea ya planeada por favor dejenme un breve resumen de ella en sus reviews o por PM. ¡Con gusto la aceptaré!)

Disclaimer: Ninguno de los personaje de Frozen me pertenece. Si lo hiciera ya estuviera enbarrado de Helsa. Tampoco las canciones nombradas en los capitulo. Solo hago esto por diversión y amor a la musica. :D

Canción: Listen to your heart

Cantante o banda: Roxette

Disfruten ;D


La tacita de café

Un grito desesperado retumbó en las desoladas calles de la ciudad. Todo estaba oscuro, tan solo la tenue luz de la luna menguante se observaba en este reinado de penumbras. En la mitad de la ciudad, en el parque principal, se oían los sollozos y susurros de un joven pelirrojo que atrapaba su cabeza baja entre sus manos. Lagrimas rodeaban sus ojos esmeralda dándoles un brillo sobrenatural. Revolvió sus cabellos de fuego en desesperación y repetía frases casi inaudibles. El pobre individuo sostenía entre sus manos una fotografía partida en dos. En ella estaba él acompañado de una joven de cabellos rubios platinados y ojos de zafiro. Ambos estaban abrazados debajo de un altar de flores blancas. Ella vestía un pulcro vestido blanco que hacía resaltar sus bellos ojos cerúleos, adornado con detalles en plata, sostenía un ramo de rosas y lirios blancos y tenía dibujada en su rostro una sonrisa sincera. Él por su parte estaba bien puesto con su traje elegante negro y su cabello pelirrojo bien arreglado, poseía también la misma sonrisa.

El joven volteó la fotografía y revisó la perfecta caligrafía manuscrita en su reverso. "El mejor día de mi vida. Te amo y nada lo cambiará"

Lágrimas rodaron por sus pecosas mejillas. Sus pensamientos se contradecían. No podía sacarse de la mente esa imagen de su esposa destrozada gritándole e implorando por su presencia. Recordó los tristes momentos que ocurrieron la noche anterior.

"Yo siempre estaba ausente, aun cuando ella más lo necesitaba. Pero no es mi culpa. Tenía que trabajar en un horario muy duro desde la mañana hasta el anochecer y muchas veces mi jefe me ordenaba quedarme hasta altas horas de la noche, justo cuando mi esposa ya había caído dormida. Yo lo hacía con el fin de ayudarla a ella, de darle una mejor vida".

"El trabajo me arrebató el tiempo, llevándose todos los preciados momentos que podía pasar de la mano de mi copo de nieve. Con el tiempo las peleas comenzaron, ella se mostraba más distante de mí, evitándonos por casi todo el día. Los únicos momentos que pasábamos juntos era la merienda antes de que me vaya a dormir debido al cansancio, dejando sola a mi esposa, quien retenía sus sentimientos. Ya no sentía la misma confianza de antes. De seguro sentía que ese ya no era su esposo. Que no era su Hans".

"Una noche se armó de valor para liberar todo los sentimientos retenidos en su corazón. Esperó hasta que llegara y dejara desparramado mi portafolio para luego sacarme el terno y lanzarlo sobre la cama". Elsa entró por la puerta algo temerosa llamando mi atención. –Hans, debemos hablar seriamente- habló la joven.

-Dime, Elsa ¿Qué sucede?- respondí algo extrañado por el raro comportamiento de mi compañera.

-Hans yo…- hizo una breve pausa dudando de lo que diría. Agitó su cabeza sacándose la duda y cambió su voz insegura por una directa. –Ya no es lo mismo Hans-.

-¿De qué hablas?- pregunté extrañado con una mueca de enfado.

-Hablo de nuestra relación. Ya no es como antes, Hans- su voz lentamente se le fue quebrando poco a poco. –Tú ya no me hablas, te mantienes distante de mí, me ignoras totalmente como si yo no existiera. Cada vez llegas más tarde a casa y cuando lo haces ni siquiera me saludas o me preguntas como me fue en mi día. Ya no duermes conmigo ni salimos juntos. Te has olvidado de mi Hans. Todo está cambiando, Hans- exclamó la joven derramando una lágrima.

Abrí los ojos con sorpresa al escuchar sus palabras. –Elsa entiéndelo. Yo tengo que trabajar. Es para nuestro bien. Yo solo…-

-¡No me importa eso idiota! Me vale un comino vivir con los mayores lujos si no tengo a la persona que más amo. Si volviéramos a estar juntos me gustaría vivir hasta en las calles, con tal de permanecer a tu lado- gritó Elsa interrumpiéndome dejándome con la boca abierta. Respiró profundamente y me miró con sus ojos rasgados y llenos de tristeza. –Dime una cosa Hans ¿Qué es más importante? ¿Tu trabajo o el bienestar de tu propia esposa?-.

Me quedé callado. No sabía que contestarle. En los ojos de Elsa se veía reflejado enojo y tristeza. Para ella yo ya había decidido. –Eso quería saber. Entonces. ¡Te pido el divorcio!- gritó la rubia haciendo que su voz resonara por toda la habitación.

No podía imaginarme lo que acababa de decir mi esposa. Sus palabras taladraron mis oídos y estrujaron mi corazón. De repente, sentí un odio dentro de mí que comenzó a consumirme. -¡Bien! Acepto. Si no consideras el sacrificio que hacía por ti, ¡está bien!- le devolví el grito. -¡Me largo de aquí!- dicho esto agarré algunas de mis cosas y tiré la puerta principal de la casa dejando un sonoro estruendo.

-¡¿Cómo pude haberle hecho eso a mí copo de nieve?! ¡¿Cómo pude ser tan idiota?!- se gritaba a si mismo tratando de desahogar el dolor que sentía en su interior.

De inmediato al joven se le ocurrió una idea. Sus ojos brillaron con alegría y se incorporó enseguida. Si lo hacía a tiempo podía remediarlo, podía volver a conquistar el corazón de hielo de su amada Elsa.

Llamó a su cuñada Anna, a quien consideraba su hermana menor, y le contó su plan. Anna lo escuchó detalladamente y se sorprendió ante la decisión de Elsa al divorciarse de Hans. Anna no lo deseaba, sabía que su hermana estaba perdidamente enamorada del pelirrojo y no quería verla deprimida. Aceptó todas las ideas de Hans y se pusieron en marcha.

A la mañana siguiente, Anna tocó la puerta de Elsa eufórica. La rubia la recibió con un aire de tristeza en su rostro. – ¿Qué pasa Anna?- preguntó aclarando su voz para evitar que su hermana se diera cuenta de que había estado llorando.

-Ven conmigo Elsa, quiero llevarte a la nueva cafetería que abrió el lunes pasado en el centro de la ciudad- exclamó Anna tomando a Elsa de la muñeca y arrastrándola fuera del porche de su casa.

Elsa retrocedió y soltó su mano de la de Anna. –No tengo muchos ánimos para salir. Sera mejor que lo dejemos para otro día hermanita-.

-Pero Elsa. Habrá un programa en la plaza principal, tienes que venir. Será divertido. Vamos hace mucho que no salimos o hacemos algo juntas- rogó Anna agarrando su mano y poniendo ojitos de cachorro.

-Anna, no gracias- respondió la rubia soltándose de su agarre.

-Elsa, no me vayas a ignorar como lo hacías cuando éramos niñas- dijo tristemente apartando la mirada mientras se abrazaba a sí misma.

A la rubia le afectaron esas palabras, sabía que lo que había hecho ignorándola en su niñez debido a sus estudios y deberes. Observó con tristeza a la pelirroja mientras se mordía el labio, pensativa. –Este bien Anna. Rayos otra vez me has hecho caer en tus redes. Detesto que saques ese recuerdo para lograrme convencer- se quejó la rubia entre risas.

Ambas rieron. –Entonces ¿vendrás conmigo?-.

-Si hermanita. Déjame ponerme una ropa mejor para salir y nos vamos ya. ¿Quieres pasar?- dijo Elsa haciéndose a un lado para darle paso a su hermana.

-No te preocupes. Aquí te espero nomás. Solo apresúrate. Ya quiero probar la tarta de chocolate que ofrecen los miércoles. Ay no puedo- decía mientras se le hacía agua la boca.

-Está bien, espera aquí. No tardo-.

Elsa volvió a entrar a su casa corriendo mientras que Anna se paró en el porche de la casa. Miró a su alrededor y divisó la silueta de Kristoff oculta entre unos árboles próximos. Le hizo un gesto de aprobación haciendo que Kristoff se lo devolviera y saliera corriendo lejos de allí. La pelirroja sonrió triunfante mientras se sentaba en la cerca blanca de su casa esperando la demora de su hermana.

Al cabo de quince minutos, Elsa salió y cerró la puerta de su casa. Lucía radiante. Poseía una blusa color celeste adornada con un diseño abstracto de un árbol sin hojas y en los extremos de las mangas un diseño de copo de nieve. Su falda blanca un poco más arriba de la rodilla con detalles en plateado y azul combinaba muy bien con sus sandalias azules con detalles en plata. En su cuello cargaba su más preciosa joya, un collar de plata con un diseño de copos de nieve con pequeños diamantes azules. Este collar había sido un regalo de bodas de su pelirrojo.

Anna no podía creer lo preciosa que estaba su hermana. Sonrió de lado extrañando a copo de nieve un poco. –Ey Anna ¿Nos vamos?- preguntó la rubia sacando de trance a la pelirroja.

-Ay si cierto. Lo siento. Vámonos- gritó Anna entusiasmada mientras arrastraba a su pobre hermana hacía la plaza principal del pueblo.

Mientras tanto en la cafetería se estaba armando un caos. Kristoff había llegado agitado y gritando que Elsa ya venía en camino. Esto alteró a Hans que aun preparaba su "pequeño regalo" para su copo de nieve. Los empleados del lugar corrían apresurados mientras arreglaban el pequeño lugar para que luzca muy romántico. Había rosas en cada jarrón colocado sobre la mesa y en los vidrios exteriores estaban dibujados pequeños copos de nieve. Hans corría de aquí a allá dándole las ultimas explicaciones a Kristoff y a los demás. No quería que nada saliera mal.

Kristoff anunció la llegada de las hermanas y todos actuaron de manera natural. Hans corrió a esconderse y a preparar la primera fase de su plan.

Las chicas entraron entre el dulce olor a café que impregnaba el lugar. –Este lugar es precioso, Anna. De seguro ha de ser muy buenos los dulces aquí- exclamó Elsa mientras observaba con asombro a su alrededor.

-Si lo sé. Me alegra que lo hayan abierto- respondió. Enseguida notó el "inesperado" encuentro con su amigo Kristoff. – ¡Kristoff! ¡Me alegra que estés también aquí!- gritó Anna abrazándolo y agitando su cabello.

El rubio, por su parte, no podía sacer la sonrisa fingida de su rostro –A mí también me alegra mucho que ustedes estén aquí chicas- respondió algo nervioso. Anna le dio un codazo indiscreto para que actuara un poco más natural.

Elsa notó el extraño comportamiento de ambos. -¿Sucede algo chicos?-.

Anna agitó sus manos, algo nerviosa. –No sucede nada, solo es que Kristoff está algo estresado con su trabajo de tiempo compartido. Ha estado así desde el lunes- respondió inventándose una excusa de último minuto ante la mirada confundida del rubio.

Anna le dio una mirada asesina a su compañero con el rabillo de su ojo, para que le siguiera el juego. –Si he estado algo ocupado- respondió rascándose por detrás de la cabeza.

-Bueno será mejor sentarnos ¿No creen?- interrumpió la pelirroja, arrastrando a Elsa a una mesa decorada en su totalidad con rosas blancas.

-Vayan ustedes, yo tengo que hablar algo con un amigo mío en la cocina- se excusó el rubio desapareciendo de la vista de las hermanas.

Elsa lo miró extrañada para luego concentrarse en la belleza de las flores en su frente. Anna rompió el silencio iniciando una pequeña conversación. –Cada día Kristoff está más raro. ¿No crees?- se burló.

Elsa rió. –Si el pobre luce estresado. Su rostro pareciera como si le hubiesen metido un hielo en los pantalones- ambas rieron a carcajadas.

Un mesero se acercó a la mesa del par de jóvenes. Su uniforme negro con delantal blanco tapaba su hermoso cuerpo incluyendo un pequeño gorrito blanco que cubría su cabellera. Lucía un bigote color pelirrojo haciéndolo casi irreconocible. Anna sonrió ante su presencia pero enseguida se postró natural para no levantar sospechas.

-¿Qué desean ordenar, señoritas?- exclamó Hans agravando su voz a una gangosa para que no lo descubrieran.

-Sí, deseamos dos tazas de café y unas tartas de chocolate- respondió Anna antes de que Elsa pudiera contestar.

Hans "anotó" en su libretita. – ¿Algo más?-.

-No gracias señor. Es usted muy amable- dijo Elsa brindándole una sonrisa.

Hans sintió de nuevo la calidez que ella le transmitía y desapareció entre las puertas de la cocina. Había completado la primera fase de su plan.

Elsa se dispuso a oler el perfume de las rosas blancas mientras escuchaba a Anna hablar sobre diversos temas. Inmediatamente una joven entró con las porciones de tartas de chocolate y las sirvió. Antes de irse le entregó un pequeño paquete blanco con detalles en dorado "De un admirador secreto". Anna se hizo la interesada, insistiéndole a la rubia a que lo abra.

En la cajita había pequeños bombones con forma de corazón con una capa blanca de azúcar. Elsa sonrió ante el dulce gesto que alguien le había hecho.

Inmediatamente sonó el rasgueo de cuerdas de una guitarra y el dulce sonido de un teclado. Todos los clientes sonrieron gustosos. Inmediatamente comenzaron a tocar una música lenta y romántica suave.

Una mesera le entregó su café a Anna y dirigió su mirada a Elsa. –Lo lamento, señorita. En poco tiempo su café estará listo-.

-No se preocupe, esperaré tranquila- respondió dándole una sonrisa.

Después de que la mesera se vaya, Anna se emocionó al ver el pequeño diseño en la espuma de su café. –Mira Elsa, ¡hay una flor en mi café!- exclamó Anna sonriendo. –Es tan linda que hasta me da pena tomármela-.

Elsa rió ante el comentario de la joven y volvió a aspirar el aroma de las rosas, esperando pacientemente.

El mesero que las había atendido primero, se acercó a la mesa con la taza de café en sus manos. Elsa se percató de su presencia y se hizo para atrás, permitiéndole al joven depositar la taza en la mesa. En la espuma había un diseño que la sorprendió. Había un corazón que en su interior decía "Te amo. Me perdonarías".

La rubia alzó la mirada sorprendida y se encontró con la mirada esmeralda del joven. Hans reveló su verdadera identidad, sacándose el bigote y el gorro. Elsa no podía creérselo.

El pelirrojo se acuclilló a su altura, sacó una rosa blanca del florero y la colocó en el cabello de su amado copo de nieve. Sus ojos de tristeza se posaron en la mirada azul de su esposa. –Elsa, lamento mucho mi actuar en el pasado. No quería herirte. Te amo mucho, mi amor. No puedo vivir sin ti. ¿Podrías perdonarme?-.

Elsa dudó un poco y se alejó un poco de Hans. -¿Qué hay de tu trabajo? ¿Acaso no es más importante que yo?-.

-Renuncié. Conseguiré uno que me permita pasar más tiempo con lo que yo en verdad amo. No te preocupes. Desde ahora en adelante, jamás estarás sola. Siempre estaré a tu lado, como dos copos de nieve en una noche de tempestad- exclamó Hans levantando el mentón de su esposa, poniéndolo a la altura de sus labios. –Entonces ¿me perdonas?-.

Elsa miró sus profundas orbes verdes y vió el verdadero dolor reflejado en sus ojos. Inmediatamente ella también se dió cuenta que también se sentía incompleta sin él a su lado. Elsa sonrió. –Te perdono, mi amor-.

Ambos se fundieron en un cálido beso de verdadero amor mientras todos a su alrededor aplaudían emocionados ante la reconciliación de la joven pareja. Anna se llevó la mano al corazón y sintió la mano de su amado rubio posarse en su hombro.

Los tortolitos se separaron por falta de aire y se miraron directo a los ojos. Ya no les importaba nada. La rubia miró a su hermana que le dirigía una sonrisa pícara mientras le daba un sorbo a su café. – ¿Tu sabías acerca de esto no? ¡Pequeña pilla!- rió Elsa.

-Ok podría decirse que sí. Pero es que ustedes dos, par de tortolos, quedan muy lindos juntos. Además no puedo ver a mi hermanita triste- exclamó la pelirroja con una sonrisa inocente. –Solo debo aclarar que todo esto fue obra de Hans.

La rubia miró asombrada al pelirrojo. -¿Todo esto fue obra tuya?-.

-Sí, necesitaba expresar mi perdón de una manera única como tú y se me ocurrió esta. Además sé que adoras el chocolate, mi copito de nieve- dijo señalando a la cajita de bombones.

Elsa lo interrumpió con un beso. Al romperlo ambos se tomaron de las manos, entrelazando sus dedos y salieron de la cafetería. La rubia apoyó su cabeza en el hombro de su esposo y rió al pensar que una pequeña tacita de café le había hecho recuperar el amor de su querido pelirrojo.

-Me alegra que esos dos se hayan reconciliado- exclamó Kristoff.

-Sí, pero me dan diabetes verlos a los dos juntos- se burló la pelirroja.

Ambos rieron. La mesera se acercó a la mesa y depositó una carpetita de cuero en frente de ambos. Los dos se vieron con angustia. –Aquí está su cuenta jóvenes-.

-¡¿Cómo?!- respondieron al unísono.

-Mataré a Elsa y a Hans cuando los vuelva a encontrar- gruñó la pelirroja haciendo sonar sus nudillos.

-Yo te apoyo Anna- dijo el pelirrojo mirando la cuenta. –Pero ahora como pagaremos la cuenta-.

-¡¿No tienes dinero?!-.

-No- exclamó revisando sus bolsillos.

-Bueno, ehh, no- revisó cada centímetro de sus bolsillos. -Ay mierda, ese par nos las van a pagar- gruñó mientras apretaba los puños.

Al parecer Hans y Elsa se metieron en un gran lío…


Ok primero agradezco a la grandiosa A Frozen Fan por darme la idea y la canción para esta ligera historia Helsa. ¡Va dedicada para ti loquilla! Se que dije que te mantendría en suspenso por más tiempo pero quería sorprenderte antes xD Gracias por tu constante apoyo y por deleitar a todas esas fans del Helsa que se escabullen por ahí en el mundo Fanfiction. Espero que te guste a pesar de ser novata en esto de los one-shots.

Les recomiendo escuchar la canción que nombre en cada capitulo para darle más emoción y sentir ese amor por la música. (Mi proposito es transmitirlo por medio de estos humildes fics)

Espero que les guste mi idea y si les gustó no se olviden de dejar su más sincera opinión por medio de un review. (Por favor) También si tienen unaidea, canción o desean corregirme algo, sea de ortografía, gramatica o lo que sea por favor expresenlo. ;)

Cuidense chicos

Loba :D