¡Hola! Aquí estoy de vuelta, esta vez con un drabble Royai. ALERTA DE SPOILER: Este fic se corresponde con el final del manga, así que contiene spoilers del mismo. Los personajes que aparecen no son míos, se los he cogido prestados a Hiromu Arakawa por una buena causa. Dicho esto, espero que disfrutéis al leerlo tanto o más que yo al escribirlo. ¡Un saludo!

UN REGALO PARA LA VISTA

La mujer salió del baño con la toalla enredada en torno a su cuerpo. Se vistió con lo más cómodo que encontró en el armario y se dejó caer en el sofá con una humeante taza de té entre las manos. Acarició la cabeza de Hayate mientras bebía a pequeños sorbos el contenido de la taza, saboreándolo. Sonrió al recordar que aquél era el té favorito del coronel.

Llevaba cerca de un mes en el hospital y, aunque acudía a menudo a visitarlo, cada día que pasaba echaba más de menos su presencia en el trabajo. Se consoló a sí misma diciéndose que aquél era el día decisivo, que en cualquier momento podía recibir la llamada… Como si hubiera escuchado sus pensamientos, el teléfono comenzó a repicar y la teniente lo descolgó de un salto. Permaneció en silencio mientras escuchaba atentamente todo lo que Marcoh tenía que decirle.

- Entendido, ahora mismo salgo para allá. Muchas gracias.

Se colocó la gabardina y salió como alma que lleva el diablo de su casa, despidiéndose fugazmente de Hayate y dejando el té sin terminar sobre la mesa.


Riza corría por los pasillos del hospital, con el corazón en un puño. Había acudido a la llamada del doctor tan rápido como le había sido posible y, a pesar del tráfico, había podido llegar en poco tiempo. Marcoh la esperaba junto a la puerta de la habitación.

- ¿Llego tarde?- El doctor negó con la cabeza.

- Ha insistido en esperar a que llegaras tú.

- ¿Puedo…?

- Por supuesto- respondió Marcoh, abriéndole la puerta- Os dejaré a solas.

Cerró la puerta a sus espaldas y se quedó apoyada contra ella sin saber muy bien si acercarse, nerviosa como estaba. Munstang se incorporó sobre la cama, aún con la venda puesta.

- Riza, ¿eres tú?

La teniente sonrió. Roy se había dado perfecta cuenta de que eran las únicas personas en aquella habitación.

- Sí.

- Acércate, quiero quitarme esto de una vez.

Riza se sentó junto a él en la cama y, con manos temblorosas, comenzó a quitarle la venda que cubría sus ojos. Cuando hubo terminado, lo contempló, expectante. Unas gruesas lágrimas resbalaron por las mejillas de Roy.

- ¿Qué pasa? ¿No ha funcionado?

- No, no es eso, es que…- se acercó más a ella, colocando una mano bajo su barbilla- Sigues tan hermosa como siempre, eres un verdadero regalo para la vista.

Ella sonrió de oreja a oreja antes de posar sus labios sobre los de él. Y así, el mundo se desvaneció a su alrededor.