¡Buenas! Aquí os traigo un pequeño fic de Hak y Yona, basado en el capítulo en el que se produce un derrumbe en la aldea del Dragón Azul (Shin- Ah para los amigos). Los personajes no son míos, se los he cogido prestados a Kusanagi Mizuho por una buena causa. Espero que disfrutéis al leerlo tanto o más que yo al escribirlo, ¡un saludo! :3

SANGRE Y ROCAS

Hak entreabrió los ojos, tratando de recobrar el aliento. No hubiera podido decir cuánto tiempo llevaba cavando, pero cada segundo contaba. Las manos le ardían y la sangre brotaba de ellas, dejando manchas rojas en todo aquello que tocaban. El sudor hacía que el pelo se le pegara a la cara, cubierta de tierra. Pero nada de eso le importaba, tenía que salvarla, no podía permitirse perderla, no quería perderla…

Se levantó como pudo apoyándose en su nanigata y, dejando escapar un grito de rabia, arremetió de nuevo contra el muro de rocas que mantenía prisionera a Yona. Los habitantes se habían ido arremolinando tras él, lo que no hacía sino aumentar su nerviosismo. Lo miraban con el temor bailando en sus ojos y las palabras tratando de salir de su boca. Realmente le irritaban, ahí quietos, observando sin hacer nada.

El filo de su arma estaba mellado, pero la pared no cedía. Pasó de golpear sistemáticamente a dar palos de ciego, golpeando insistentemente una roca u otra, preso de la impotencia. Los ojos le escocían a causa de las lágrimas que se esforzaba por contener. La imagen de la hija del Rey II yaciendo inerte entre sus brazos no dejaba de atormentarlo. Se derrumbó sobre sus rodillas, apretando los dientes.

"Cualquier cosa menos eso, por favor", suplicó en su fuero interno.

Volvió a alzarse una vez más , esta vez dirigiendo una mirada furiosa a los habitantes, que dieron un paso hacia atrás intimidados. Antes de darse cuenta, les estaba gritando. Las rodillas le temblaban y cada vez le costaba más contener las lágrimas. Cuando finalmente le hablaron de la otra entrada, echó a correr hacia allí, sin prestar atención a si le seguían o no.

"Seguro que la serpiente albina está cuidando de ella", trató de tranquilizarse.

Pero no funcionaba, todo lo que podía hacer era culparse por no estar ahí, a su lado. La imaginó allí dentro, llamándole, desmayándose por la falta de aire. Hizo acopio de todas las fuerzas que le quedaban y se decidió a no parar de escavar hasta que la hubiera salvado, aunque desfalleciera en el intento. Un golpe. Otro. Otro más. La roca cedió y la pared que se alzaba ante él se derrumbó, levantando una nube de polvo. Tras ella, los ojos violetas de Yona se abrieron como platos al verlo aparecer. Hak se quedó paralizado, sin saber si era real u otra alucinación producto de su mente cansada. Los labios de la pelirroja se movieron, pronunciando su nombre y él no pudo contenerse más.

- Princesa…- susurró antes de estrecharla entre sus brazos, exhausto, pero terriblemente aliviado.

"Gracias Rey II, gracias por no llevártela", pensó, completamente ajeno a la multitud que los rodeaba, a los dragones, a todo. Ese momento era sólo para él y para Yona, y nada podía hacerle más feliz.