Disclaimer: Vamos, ya es bastante claro que HTTYD no me pertenece, ¿no? ¿Acaso creen que si fuera mío, los amenazaría con la pedorrada de hacer crecer a todos y que tengan una posible descendencia? No, amores, no soy tan cruel.

Advertencias: Yaoi. Leve OoC. Porno dragonezco.

Pareja: Toothless/Hiccup.

Aclaración: Respuesta Uno al Reto #6 de Caldo de Toothcup para el Alma.

N/A: ¡Hola a todos! Pues no tenía mucha inspiración, hasta que puse a reproducir mi lista de música y ¡pum!, salió una viejísima canción llamada "El duelo" de La Ley. Recomiendo que la escuchen, porque está bastante buena. Sin más que agregar, acá el fic.


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Capítulo Uno

El Duelo

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"Pero ese instinto taurino de tu ser, me obligo a azotarte, muy tiernamente…".

—La Ley, El Duelo.


Había apocalipsis, cada vez que sus cuerpos chocaban.

Era algo sacado de la ficción, de lo puramente irreal, a la vez tangible como la dura piedra y asfixiante como el calor del magma.

Radiación. Abrazante radiación, eso simplifica todo, lograba unificar el sentir general de su entrega, no obstante, ridiculizaba el importante acto por tratar de encapsularlo. Y es que, cuando Toothless e Hiccup se tocaban, no era mero contacto, era electricidad lo que restregaba sus cuerpos.

No había palabras al empezar, ni siquiera un pestañeo. Necesidad, en toda su definición completa, era lo que sentían.

Necesidad por tocar, por robar, por arrebatar, por consumir, por devorar. Necesidad no sólo de tacto, sino de unión, de complicidad, complacencia y placer.

Porque ambos eran voraces, y su apetito sólo podía ser saciado por el otro.

—Toothless —un quejido lleno de promesas, era también el indicador de la faena.

Brazos humanos rodearon el ancho cuello negro y una boquita traviesa se prendió a besos en las escamas. Pronto, alas nocturnas rodearon el delgado cuerpo desnudo, cubriendo el tesoro de finos y sonrojados miembros.

—Te quiero —confesaba Hiccup, preso de la euforia, compartiendo un beso húmedo que le quitaba el aire a sus pulmones y quebrantaba su cordura. Toothless era el único que podía besarlo y provocarle una erección con sólo eso—. ¡Te quiero! —repetía, como si fuera una maldición.

«Irreverente, loco…», apremiaba Toothless sosteniendo la delgada cadera entre sus patas, apretando la carne de las redondas y firmes nalgas. «Y como tú, también te quiero».

No había un inicio como tal, no había quien diera el primer paso, porque en su unión, ambos eran iguales, y ambos iniciaban al mismo tiempo.

Hiccup se arrojaba con pasión encendida, no requería de un incentivo más que apreciar la majestuosa figura de Toothless, recostada junto a la chimenea. No había nada más atractivo que las escamas negras iluminadas por la calidez del fuego… no había nada que despertara el libido en Hiccup, que Toothless.

Toothless siempre lo recibía con el mismo entusiasmo, de vez en cuando con un resoplido risueño y con una lamida tierna en la mejilla. Luego desgarraba cuanto ropa estorbosa estuviera en su camino, su humano no necesitaba más su envestidura farsa, no debía aparentar nunca frente a él. Nunca.

Hiccup tenía un apetito sensual ávido, incontrolable. No era pasivo, no era sumiso. Era manipulador, controversial y ciertamente perversos. Gozaba sabiéndose benefactor de la lujuria del Night Fury, y siempre empujaba sus encuentros más allá de los límites físicos y mentales de su identidad.

Así como Toothless, también lo hacia.

Si Hiccup creía conveniente restregarse maquiavélicamente contra una de las patas de Toothless, lo hacía. Sin pudor, riendo al sentir los temblores del Night Fury, presa fácil de su atrevido contacto. Porque sabía, interiormente regocijado, que Toothless moría y renacía por sentir su piel humana, por la exquisita fricción de la fragilidad de Hiccup vuelta letalidad.

Y Toothless, sin querer quedarse atrás, usaba sus gruesas garras para marcar cuando pudiera, para dejar rastro de líneas rojizas, trazando relieves que nunca sangraban, pero que dolían deliciosamente. Porque Hiccup amaba el dolor, el dolor provocado por él, aquella clase de dolor que correspondía a las atenciones pasionales de un amante que lo idolatraba.

—Hazme sentir —suplicaba Hiccup, presa de sus emociones—. Hazme vivir, Toothless.

Si sentías dolor, significa que estás vivo. Hiccup pedía dolor, pedía ser revivido en el abrazo oscuro de su amante.

Toothless usó su fuerza para moldear el cuerpo a su antojo, sus patas azotaban tiernamente a su humano, sensibilizaban la piel hasta lo insano. Y Hiccup, aturdido por el dolor, jadeaba bestialmente, participando activamente, arañando, apretando, incluso mordiendo. ¿Quién decía que las escamas de Toothless no eran tan suaves como para darles un mordisco?

«Márcame», era la petición del Night Fury; su miedo más grande era que todo esto fuera un sueño, porque muchas veces se despertaba en medio de la noche creyendo que todavía estaba en la Colmena, bajo el control de Red Death. «Libérame con tu marca, mi libertador».

Y Haddock correspondía con un beso, mientras sus manos sostenían su hocico, indicándole que no estaba solo. Que no importaba el pasado, porque era él quien estaba ahora tocándolo.

—Aquí estoy, grandote —prometía entre dulces besos—. No me iré a ningún lado.

Sin duda, una tierna promesa… que no tenía certeza de cumplir. Pero Toothless, debilitado por los recuerdos y la pasión, cedía y creía. Creía fervientemente en cada una de las palabras de su humano.

—Hazme vivir —pidió Hiccup de nuevo, recargado en el regazo de Toothless.

Las pupilas verdes se oscurecieron, y el estado de salvajismo puro tomó control. El pilar monstruoso de Toothless encontró asilo en Hiccup, y fue ahí, donde descargó toda su potencia. En verdad, Hiccup amaba el dolor. Chillaba ruidosamente, mientras sus caderas eran trituradas, meciéndose como demente. El dolor era insoportable, y su sentir estaba al tope.

Vivía de nuevo. Ahí, sobre Toothless, Hiccup había encontrado su lugar, su punto de partida, su furor interno… su mundo tenía sentido, siempre y cuando, Toothless estuviera ahí.

La faena era furiosa, casi catastrófica.

No era mero desfogue, ni tampoco consuelo, porque cuando Toothless e Hiccup hacían el amor, no era el contacto de dos cuerpos mortales los que friccionaban con insistentes locura…

… eran dos universos paralelos, que borrando toda barrera que los separase, colapsaban.

Y de entre el poder destructivo de las colisiones, renacían… como un universo único.


N/A: ¿Qué tal? ¿Bueno, malo, merece review? Como sea, espero que haya estado bueno para ser mi primer aporte para este reto, porque quiero escribir muuuuucho crack. Amo el crack, sino hubiera crack seguramente habría abandonado el fandom hace mucho tiempo (no es broma, es de la razones por las que no escribo sobre Bleach o One Piece, hay bien poco crack de eso).