¡Hola! Heme aquí con este grubia recién sacado del horno, aún humea entre mis manos. ADVERTENCIA: Contiene spoilers del manga, así que si no estáis actualizados os recomiendo no leerlo. Además, tiene escenas "subidas de tono", vamos, que hay sexo, no hard, pero aún así no puedo recomendarlo para menores. Dicho esto, espero que disfrutéis al leerlo tanto o más que yo al escribirlo :3.

DISCLAIMER: Los personajes no son míos, se los he cogido prestados a Hiro Mashima por una buena causa.

¡Un saludo, nos vemos!

THE COLD NEVER BOTHERED ME ANYWAY

La nieve se arremolinaba en torno a ellos y comenzaba a cubrirlos, pero ni siquiera parecían darse cuenta de ello. Gray continuaba abrazado a Jubia, llorando con la cara enterrada en su pecho, y ella había pasado a rodearlo con sus brazos, estrechando la poca distancia que los separaba.

No, ya nada los separaba. El muro de hielo que Gray parecía haber levantado entre ellos se había derretido. Sin embargo, Jubia sólo podía llorar, compartir con él el dolor de la pérdida que ella misma le había causado. Aunque ambos sabían que no había tenido otra opción, el peso de la culpa hacía que las lágrimas no pudieran dejar de rodar por sus mejillas, sintiendo el dolor del Devil Slayer como el suyo propio. Una de las saladas perlas aterrizó en el rostro del mago y, aunque él mismo no podía parar de llorar, alzó la vista para limpiar con el dorso de su mano las marcas del llanto de Jubia.

- Lo siento, Gray-sama… por culpa de Jubia tú… tu padre…

No pudo articular más palabras antes de que la lluvia de sus ojos las emborronara y éstas salieran confusas e inconexas de su boca. El mago de hielo la empujó contra su pecho y la estrechó entre sus brazos. Jubia abrió los ojos, sorprendida ante aquel gesto tan poco habitual en Gray.

- No, Jubia. Has hecho lo correcto, era lo que había que hacer, y te estoy profundamente agradecido por ello. Ahora, él puede descansar al fin en paz. Le has salvado, nos has salvado a los dos.

- Gray-sama, yo…

- Lo sé- la detuvo. Permaneció en silencio unos instantes, revolviendo las palabras en su mente antes de continuar- Yo también.


Ya era noche cerrada cuando caminaban por las calles semiderruidas de Magnolia, rumbo a Fairy Hills. Aunque Jubia había dicho que no era necesario, Gray había insistido en que no quería que volviera sola a casa. Avanzaban en silencio, un silencio que era cómodo e incómodo al mismo tiempo. Antes de darse cuenta, ya estaban frente a la puerta.

-Ya hemos llegado- dijo la maga de agua, sin atreverse a mirarlo directamente a los ojos.

-Jubia… ¿crees que…? ¿podría…? ¡Mierda!- No tenía ni idea de cómo enfrentarse a una situación así.

Se cubrió la cara con una mano, tratando de ocultar su evidente sonrojo. Jubia rió.

-Puedes… - respondió tomándole de la mano y guiándole hasta su habitación.

Cerró la puerta a sus espaldas y permaneció apoyada contra ella, dejando que Gray se paseara observando entre divertido y algo asustado las muchas cosas con su cara que había en aquella habitación. Le había invitado a subir sin pensar, y ahora el corazón latía desbocado en su pecho, presa del nerviosismo por lo que aquello podía suponer. Clavó la vista en el suelo, avergonzada por imaginar esas cosas después de todo lo que había sucedido.

-La verdad es que sospechaba que tu habitación era así… ¿Qué te pasa?- Preguntó al ver su rostro ensombrecido.

-Nada- mintió.

El Devil Slayer se acercó a ella y la tomó por la cintura.

-No tiene por qué pasar nada si tú no quieres.

-No, no es eso. Pero Jubia siente que no se lo mere…

No pudo terminar la frase, pues Gray la calló con un beso. A partir de ese momento, las palabras sobraron. Continuaron explorando sus bocas durante unos minutos que ambos desearon que fueran eternos, dejando que sus labios se fundieran y sus lenguas se entrelazaran.

Las manos del mago de hielo se deslizaron por su espalda hasta la cremallera de su vestido, deslizándola hacia abajo al tiempo que la tela resbalaba por la suave piel de la maga, quién trató de hacer lo mismo con él. Pero Gray ya se había desnudado en algún momento incierto. Jubia le rodeó la cintura con una pierna, atrayéndolo más hacia ella. Le sorprendió lo cálido que era su contacto.

No habrían podido decir cuánto tiempo estuvieron acariciando sus cuerpos hasta que se derrumbaron sobre la cama. Para entonces, ninguno de los dos era capaz de controlarse ya. La peliazul se situó sobre él, haciendo descender la lengua por su cuello, dibujando con ella cada uno de sus abdominales y deteniéndose en su bajo vientre haciendo círculos, extasiada con los leves gemidos que escapaban de los labios del Devil Slayer.

Gray no pudo soportarlo más y se abalanzó sobre ella, besando y lamiendo sus pechos mientras dejaba que sus manos pasearan por sus piernas. Detuvo sus dedos en el lugar del muslo en el que Jubia tenía la marca del gremio y lo acarició, agradeciendo el día en el que ella había decidido unirse a Fairy Tail. La miró con los ojos brillantes y su sonrisa fue todo lo que necesitó para saber que estaba lista. Se coló en su interior y, juntos, llegaron al clímax.

Se quedaron abrazados en la misma posición, jadeantes y sudorosos, pero felices.

-Jubia…- susurró Gray- ven conmigo.

-¿A dónde?

-No lo sé… Tengo muchas preguntas, necesito averiguar tantas cosas sobre END, sobre Zeref… Sé que es egoísta pedirlo, pero quiero que vengas conmigo.

-Por supuesto- respondió ella- Jubia se siente feliz por que Gray-sama se lo pida.

El mago sonrió.

-Y Gray se siente feliz de tener a Jubia.- dijo antes de besarla.

Y así, con un beso, ella supo todo lo que había callado.