Chasseurs de dragons : Le mariages Gwizdo.

Chapitre 2 : Lian-chu.

Jeanneline había caído en llanto, un llanto exagerado que erizo la piel de Gwizdo, más no hizo nada para que la mujer se calmara, de hecho en ese momento el pequeño hombre de negocios se sentía intimidado por los ojos furiosos que Lian-chu le lanzaba. La mirada del hombre radiaba furia, y el contratista lo sentía, pero no podía adivinar el por que, quizás era el llanto de la mujer, pero rápido lo descarto pues eso no parecía llamarle la atención.

-Es mi vida.-Declaró para todos mientras apretaba suavemente los puños y fruncía el ceño.-Yo elijo con quien casarme.

Y un tanto enojado subió corriendo las escaleras angostas hasta su habitación, donde una vez adentro cerro con seguro, algo tonto sabiendo que Lian-chu tenía llave de repuesto, pero quiso sentirse así, tranquilo aunque fuesen unos segundos. Y exactamente eso duro su paz, pues casi justo cuando se apoyo en la puerta escucho el pisar fuerte de el cazador, aproximándose rápido hacia donde él estaba, y no tardo nada pare después sentir el picaporte moverse hacia un lado intentando abrir la puerta que él mismo impedía. Y después escucho un murmullo, quizás una maldición, y luego el ruido de una llave introduciéndose en el pequeño agujero de la puerta para después abrirse con estrepitosa furia, mandando casi a Giwzdo del otro lado del cuarto asustado.

-Gwizdo, necesitamos hablar.-sentencio el cazador cerrando la puerta a sus espaldas.

-Mmmm.-Gwizdo estaba nervioso, y por inercia se hizo un poco para atrás y meneo la cabeza para no tener que decir "Si".

-¿De donde conociste a esa mujer Gwizdo?.

-La conocí en... una isla flotante algo lejos de aquí.

-¿Y así sin más piensas casarte con ella? Seguramente ni la conoces bien Gwizdo, ¿En que trabaja? ¿Es rica y por eso te quieres casar? ¿Te quieres aprovechar de sus bienes?, Comprende Gwizdo, no te puedes casar si ni siquiera le conoces.

A el contratista le hirieron las palabras que su amigo le había dicho, ¿Así pensaba acaso que era él? ¿Un interesado monetario?, trato de tragarse las lagrimas antes que estas se derramaran en sus mejillas y lanzó un suspiro.

-Es una florista, y es igual de pobre que nosotros.-Respondió.-Y si la conozco, la conozco tanto como ella a mi.

-Y si la conoces tanto, ¿Por que nunca me hablaste de ella?.¿Desde cuando la conoces?

El pequeño estafador se quito el casco, se sentó en el filo de su cama, se revolvía los cabellos como cuando estaba cansado, y lo que necesitaba era un descanso urgente, pero en lugar de sacarse los zapatos y acostarse, le dirigió la mirada a Lian-chu, con un semblante preocupado y decaído, quizás de las palabras que él mismo cazador había lanzado hacía su persona, pero no, lo que hizo el contratista fue alzar las cobijas y sacar un pequeño baúl, uno parecido al que donde guardaba sus pergaminos, pero más pequeño y con más candados impidiendo el paso de chismoso. Lo sacudió un poco, pues la capa de polvo que tenía era demasiada par siguiera ver en verdad la forma del baúl, con inscripciones de palabras que obviamente Lian-chu no comprendía, Gwizdo saco una llave y la introdujo en el pequeño candado, y la abrió cuidadosamente.

Adentro de el pequeño baúl, y lo que pudo ver Lian-chu, fueron incontables sobres con cartas y algunas hojas sueltas, hasta cierto punto el cazador no comprendió el por que de aquello, pero la voz de Gwizdo le saco de dudas.

-Todas estas me las ha escrito ella durante seis años...hemos sido novios desde seis años Lian-chu.

Las palabras que el contratista dijo rompieron algo dentro del cazador. Fue algo sofocante, que desconcertó al poderoso hombre, le hizo sentir necesidad de sujetarse de algo o si no caería hacia un fin absoluto, sintió frío, mareo y nauseas; La imagen de Béatrice le azotaba la mente torturándolo con aquella fina sonrisa que si bien no estaba dedicada a él, pero que si le hacía temblar de temor, Sintió su corazón disminuyendo su ritmo, hasta casi desaparecer, una fina tristeza lo envolvió, y se sintió débil y cansado.

-¿Cómo?.-Pregunto.

-Fue una vez que Jeanneline me envió a comprar algo a una isla del sur, una donde se pone un gran mercado de pulgas y venden de todo, me tropecé con ella y le tire algunas cosas, así que le ayude a recogerlas y mientras hablamos y hablamos... no se... simplemente paso. Cada vez que iba, la saludaba y hablaba con ella hasta muy tarde, le preguntaba que había hecho esas semanas y ella me preguntaba lo mismo, a veces me llevaba pequeños obsequios, a veces yo le daba otros, y un día de improvisto me dijo que se mudaría un tiempo hacía el norte, muy muy lejos, por lo que acotamos por mandarnos cartas, no se bien como comenzamos a ser novios, pero lo fuimos. Y la semana pasada... me mando una carta diciendo que regresaría... esta mañana le propuse matrimonio... y me dijo que si...

Los ojos de Lian-chu le ardían de la manera en que él sabía que estaría a punto de llorar, pero no había razón, no lo veía, y no tendría por que hacerlo, más sin embargo lo sintió, las cálidas lagrimas recorriendo su mejilla y se avergonzó, se cubrió los ojos y se los froto, cuidando que los ojos de Gwizdo no lo vieran, pues el contratista parecía más entretenido con las cartas viejas. Pronto el cazador se subió a la litera y se acurruco en sus sabanas.

-Grandote ¿Te pasa algo?.-Pregunto inocente el pequeño hombre.

-No, no me pasa nada Gwizdo.-Declaró antes de romper en llanto.