When all fall down

Capitulo 1

Las pequeñas gotas de la próxima tormenta descansaba sobre sus pestañas, provocando un ligero malestar en sus ojos marrones. El olor del barro inundaba sus sentidos, sumergiéndola en los sucios recuerdos. La mugre en su rostro se desvaneció cuando el agua comenzó a caer con mas fuerza, se quito la capucha y dejo que el frió del diluvio azotara su desnutrida cara.

Tenia hambre, frió y sed. No quería llegar a casa con las manos vacías. Demasiado deprimente y oscuro, tener que pasar otra noche luchando contra la estufa vieja para absorber el escaso calor hacia su cuerpo mientras sus agudos instintos la mantenía alerta de cualquier movimiento sospechoso. La paranoia impedía el paso a todo pensamiento cuerdo. Por culpa de la maldita recompensa, los buitres acosaban su guarida, esperando el momento que la muerte llame a su puerta y se despida del mundo cruel con un disparo en la cabeza. Creyó que ganaría respeto entre los vulgares maleantes pero solo logro despertar la curiosidad entre los peces gordos; y los asesinos inexpertos cometían el estúpido error de subestimarla. Demasiados ingenuos para creer y demasiado orgullosos para escapar. Akane no tenia la culpa, eran ellos los que comenzaban la pelea, pero los malditos del Sector 4 con solo echar una mirada a sus antecedentes, la encarcelarían igual. Como le jode su ridículo sentido de "justicia". Prefería a los policías corruptos, donde examinaban para otro lado y no corría riesgo de dejar sola a su hermana.

Usagi es tres años mas grande que ella, pero la mentalidad decía otra cosa: ingenua, torpe y sumisa. En un mundo cruel como este, la comerían viva.

Sacudió su cabeza para alejar ese aterrador pensamiento. Resoplo mientras se refugiaba en el techo de la estación, la lluvia daba una molesta presentación con truenos, relámpagos y todo el paquete completo. En otra noche, hubiera maldecido al tren por no llegar rápido, pero ese día no estaba de humor para enfrentarse con la cruel realidad: es el cumpleaños de Usagi, le habían cortado la luz y vivían a base de pan.

No es así como uno festejaría un cumpleaños.

Para distraerse, estudio su alrededor. Había otros dos hombres esperando el tren-tortuga: uno es el típico empleado de traje y maletín y el otro, para su desgracia, un joven (mas grande que Usagi) con ropas de cuero, cigarrillo medio cocinado y una vaga mirada desafiante. No podía ver con claridad su rostro, solo distinguió su cabellera rojiza.

Claramente el tipo de persona que no ahí que molestar

Akane no lo conocía pero ya lo odiaba. Si no fuera por la presencia del Punk, en este momento le estaría quitando el maletín al imbécil de traje. Parece ser la presa clave: flaco (incapaz de defenderse), cansado y confundido por un día de mierda y con una billetera gorda. Es como si, el mismo estuviera pidiendo a gritos que lo roben.

Estudio un poco mas a su posible victima. Demasiado bueno para dejarlo escapar, tal vez tendría suerte y el pelirrojo decida otro medio de transporte o en todo caso podía perseguirlo hasta la estación que baje, y calcular el momento perfecto. No era la primera vez que lo hacia, sabia bien como hacerlo rápido, silencioso y efectivo. Como ninja.

Por curiosidad volcó su atención hacia el obstáculo rojo, por desgracia, el también se concentro en ella.

Cuando era niña, solía jugar mucho con su hermana a quien aguantaba mas la respiración bajo el agua, en la bañera. Ese mismo orgullo asfixiante golpeo su delgado y pequeño cuerpo cuando deslumbro ese par de orbes ambarinos. Ese imbécil había logrado evaporar todo el oxigeno de sus pulmones, pero su ego es demasiado grande como para desviar la mirada.

Tenia que admitirlo, el punk es mucho mas guapo de lo esperado. No como una estrella juvenil de Hollywood... tal vez un poco, como las películas para idiotas adolescentes. El clásico chico malo que toda chica sueña con encontrarse.

Excepto Akane. Había tardado tanto tiempo en construir un muro impenetrable para que ese maldito lo atraviese con tanta facilidad y a una simple mirada ¿Quien se creía que era?

La estrellita de rock, desvió su mirada hacia el inútil de traje. El tipo parecía perdido en su mundo, revisando la hora desesperadamente, quería irse de ahí lo mas rápido posible. El joven enseguida comprendió los intenciones del menor, y el obstáculo que lo impide avanzar.

Mikoto Suoh nunca se considero una persona justiciera, era algo que le importaba menos que nada. Sus ojos se deslizaron sobre la ropa holgada y sucia del pequeño delincuente: pantalón lleno de agujeros, remera mal cocida y zapatillas destrozada

Desnutrido, incapaz de tener un abrigo decente y unos fríos ojos oscuros. Conocía bien esa expresión, la había visto incontable de veces en los peores barrios, en las personas mas sombrías y rencorosas. Aquellos que no olvidan fácilmente los delitos de los demás.

Una vez que logro crear un corto contacto visual, asintió. Ni se molesto en verificar si entendió el mensaje, solamente tiro el cigarrillo, lo piso y saco el paquete de su bolsillo derecho. Mientras posaba el cigarrillo en su boca, el joven diablillo se deslizó cautelosamente hacia su presa y con una agilidad envidiable, logro deslizar la corta y desafilada navaja en el cuello del empleado mediocre.

Como todo buen ciudadano, el trabajador trato de detener al asaltante e incluso le pidió ayuda al joven, pero este, con toda la tranquilidad del mundo, logro aparecer una voluptuosa llama hambrienta de su mano y con este prendió el cancerígeno artefacto. Por buena o mala suerte, el ladrón logro reaccionar rápido ante la fantástica imagen e intimido con éxito a la victima cobarde. Una vez logrado su objetivo, este salio corriendo temblando como gelatina por la horrible experiencia. Como esperaba, el ladrón cambien se fue de la escena de crimen.

Lo que Mikoto no esperaba, era que el pequeño delincuente se exhibiera, segundos después que apareciera el tren, con la torta mas grande que había visto en su vida.

Rápidamente Akane se escondió en el callejón mas cercano después del robo, se percato que no hubiera ningún vagabundo o persona indeseada, para poder contar el botín, no Quería gastar tiempo innecesario encargándose de un impostor. Tuvo que contener el impulso de saltar como conejo de Pascuas cuando termino de contar los billetes arrugados, se mordió el labio para no soltar una risa histérica y asustar a los pobres animales callejeros.

Tiro el maletín un oscuro rincón, escondió gran parte del dinero en sus medias y calculo lo necesario, para guardarlo en el bolsillo de su campera. Sabia que a esa hora no iba encontrar un local abierto, así que se tuvo que aventurar en la avenida principal contra sus deseos. Se camuflo en una molesta estampida de gente y entro a la primera panadería que encontró abierta. Akane pudo notar la tensión en el ambiente, al momento en que la campanilla colgada de la puerta anuncio su llegada. Antes de cualquier malentendido, pidió a la vendedora con "voz amable" una enorme torta de chocolate, la inscripción sobre ella y dos velas de cumpleaños. Pago y salio corriendo hacia la estación de tren.

Cuando creyó que la noche no podía mejorar, visualizo enseguida, a dos asientos a su derecha, el pelirrojo punk piromano, sentado al lado de la ventana, mientras observaba el taciturno ambiente. La ladrona maldijo entre dientes, tenia la esperanza de no encontrarse con el bastardo: no solo lograba desnudar sus pensamientos, si no que también la "había ayudado" y ahora le debe un favor.

Mejor dejarle en claro que ella no entra en deuda con nadie.

Sus pies temblaron cuando se tambaleo hacia el asiento mas cercano a el. Opto por quedar de espalda y dejo la torta a un costado. Esperaba una señal de su parte, una frase cool y egocéntrica o una indicación con la mano para que se acercara.

Pero nada...

"Mierda" pensó el ladrón. Si sigue a este ritmo, tendrá que romper el hielo ella misma. Pero... ¿Que se dice en una situación así? "Che... Gracias por dejarme robar al tipo, pero no esperes algo de mi parte" Sonaba malagradecido pero de otra forma, no sabia expresarse. Era la primera vez que alguien la ayudaba sin entrometerse en sus planes. Recordó vagamente, unas lecciones de modales que había tenido que sufrir gracias a su hermana, un intento inútil de femenizarla.

Respiro hondo y maldijo a Usagi por no estar presente, ella era buena con las palabras.

-Ei...- susurro, pero este no pareció importarle- ¡Oiga!- tuvo que levantar la voz para captar la atención de ese par de ojos ambarinos. Un ligero rubor domino sus mejillas cuando las palabras se atoraron en su garganta- Yo...

Mikoto solamente parpadeaba, esperando tranquilamente a que el joven termine de balbucear, no entendía porque los nervios.

-Bueno ... G-G-G-G-rapcias

Su cuerpo temblaba ante la mirada fría pero logro reprimir gran parte del escalofrió. Había algo en el joven que encendía su alarma interior, tal vez por culpa de curioso show. Todavía se preguntaba como había sido capaz de crear una enorme llama de la nada.

Mikoto no respondió, pero movió ligeramente la cabeza hacia la enorme torta.

-Ahhh esto...- Akane no sabia que decir; en otra situación lo ignoraría pero sintió que al menos se merecía un poco de su escasa simpatía- hoy es el cumpleaños de mi hermana...

-¿Esta buena?

Un pequeño monstruo nació ante la pregunta, en el interior del delincuente, No ofreció ninguna resistencia hacia la bestia y en cuestión de segundos, el punk se había convertido en su próxima victima

-¡ESCÚCHAME BIEN ESTRELLA DE ROCK FRUSTRADO DE CUARTA, NO PERMITIRÉ QUE LE FALTES EL RESPETO A MI HERMANA EN MI PRESENCIA! ¡ME IMPORTA UNA MIERDA QUE ME AYUDADO! ¡DISCÚLPATE AHORA O TE DESGARRO LA GARGANTA!

Había gritado tan fuerte que le comenzó a doler la garganta (parte debió porque era invierno y no estaba bien abrigada) y de puro impulso primitivo, saco la navaja desafilada escondida dentro de su campera y apunto directo a su puntiaguda nariz

-Hablaba de la torta- confeso el pelirrojo

Una roca de 300 kg cayo del cielo y se estampo con fuerza en la cabeza de Akane, tenia escrita la palabra VERGÜENZA y logro destruir todos sus huesos y músculos pero su orgullo seguía intacto.

-¡Admití que cualquiera malinterpretaría la situación!- se defendió mientras escondía la navaja. Mikoto se llevo el cigarrillo en la boca y dejo escapar una ligera cortina de humo

-Eres muy ruidoso, niño.

-¡SOY UNA CHICA!

Por primera vez, noto un pequeño cambio en su rostro cuando el piromano ensancho los ojos de sorpresa

-¿Estas segura? Hay diferencia en un hombre y una mujer.

-¡Claro que lo se!- el grito chillón fue mas humillante de lo esperado, Akane deseaba que esa maldita conversación terminara de una vez. Rápidamente se quito un brazo de la campera, dejando expuesto la destrozada remera y desafiante le mostró una tirita del corpiño blanco

-Eso no demuestra nada- las venas en el frente de Akane aumentaron drásticamente de tamaño- Puedes ser un travesti.

Otra vez, esa maldita mueca indiferente en su rostro

-¡¿Y quien te crees que eres para explicarle?! ¡Ni siquiera me conoces! ¡Andate a la mierda!- levanto el dedo corazón y salió del tren apenas las puertas se abrieron. No valía la pena amargarse la noche por un idiota, tampoco tenia ganas de pelear, no conocía la destreza física del pelirrojo y hacia días que sobrevivía a base de pan, no estaba en sus mejores condiciones.

Pero el monstruo en su interior se quedo con hambre y odia terminar insaciable después de una pelea.

"Tranquila" pensó repetidamente mientras regulaba su respiración "Esta noche, no" No Podía llegar a casa con el ceño fruncido. Suavizo los músculos de su rostro y hecho un vistazo al cartel del frente

"Mierda" Se había bajado en la estación equivocada. No pasaba nada, podía esperar al otro tren. Ahora no tenia problema con el tiempo, después de todo la noche no tardaría en mejorar, este año tenia un regalo en especial.

...

...

...

...

El escaso calor en su cuerpo se esfumo cuando se dio cuenta "porque" se sentía incompleta, pero ya era demasiado tarde, las puertas del vagón se cerraron y con ella, la torta adentro.

Desesperada, Akane pego su huesudo rostro sobre el vidrio y pego la puerta, aun cuando comenzaba a dolerle los nudillos. Una vez atrajo la atención del piromano, esta le señalo el postre y luego a Ella. Casi llora cuando el joven, con lentitud enfoca su mirada hacia la ventana contraria mientras se ponía auriculares.

-¡HIJO DE PUTA!- grito una y otra vez mientras pateaba y pegaba contra la puerta-¡AL MENOS DÉJAMELA EN LA PRÓXIMA ESTACIÓN!

Pero Mikoto no dio señales de comprender el mensaje.

-¡No, no, no, no! ¡NO!- el tren dejo de estar en reposo e incremento de velocidad en cuestión de segundos. Antes de darse cuenta estaba sola, siendo bañada por la lluvia, era si le clavaran millones de agujas al mismo tiempo. Un agrio sabor domino su boca y fue bajando por su pecho; era una extraña mezcla de emociones. Estaba decepcionada de si misma, se había dejado ganar un por playboy estereotipo y no realizo ni el mínimo esfuerzo.

Maldito cobarde...


Kusanagi no sabia que expresión poner cuando el Rey Rojo apareció todo mojado, en su bar con una inmensa torta de chocolate. Que el recordaba, no era el cumpleaños de nadie.

-¿A que se debe la celebración?- pregunto con amabilidad el rubio cuando Mikoto dejo el postre sobre la barra

En la madrugada de un martes no se podía esperar mucha clientela y los demás miembros de Homra se había ido cada uno a su cucha después de un largo día de trabajo. El se había quedado para limpiar el lugar y esperar a que regresara su amigo para cerrar. La tormenta se fortaleció enseguida y dudaba que tuviera paraguas encima.

La torta estaba adentro de una caja transparente con pequeños detalles delicados, aunque el verdadero trabajo estaba en el pastel; se notaba el esfuerzo manual y la decoración infantil. En el medio de la cubierta estaba escrito "Feliz cumpleaños, Usagi" con corazones y conejos alrededor. Se parecía a las que preparaba par los cumpleaños de Anna

-¿Quien es Usagi?- pregunto esperanzado el rubio barman.

-La hermana de la chillona

Mikoto desapareció del salón ante la respuesta y Kusanagi lo conocía bien, no iba a sacarle mas información que la necesaria. Con mucha delicadeza, la guardo en la heladera después de acomodarla para tener espacio suficiente; al mismo tiempo, se preguntaba que estaría haciendo la tal Usagi


Escucho las voces poco después que abriera la puerta

-¿Y? ¿Que dices?- era una voz sedosa y masculina, provenía de la cocina y todas las luces estaban apagadas. Esta vez, el monstruo tenia miedo.

-¿Porque dudas? Admití que la idea te parece tentadora...- el hombre subió un poco el tono de voz, amenazándola. Despacio, Akane cerro la puerta y se arrastro hacia la habitación

-Yo... n-no se- sollozo su hermana ¿Estará llorando?

-Las condiciones serian las mismas... solo que con mas seguridad y menos cliente- aseguro la primera voz, confiado y lujurioso. Akane tuvo ganas de vomitar.

La puerta estaba abierta, así que pudo asomar la cabeza con libertad y sin el temor de que la descubrieran. Quería saber hasta donde llegarían.

La cocina estaba a oscuras, el único reflector era la sucia luz de luna colándose por al ventana. Su hermana estaba de espalda a ella, vistiendo un camisón de seda corto y desgastado, su misero cuerpo estaba siendo apresado por dos enormes brazos, incapacitándola. El dueño de la primera voz es un hombre de treinta años, vestido con traje blanco y zapatos claros. No pudo distinguir bien sus rasgos, solamente el cabello claro y una extensa sonrisa demostrando sus gruesos colmillos.

No lo conocía... nunca en su vida lo había visto. Esa ignorancia le causaba un gran pavor. Se sabia a la perfección los rostros de todos aquellos que quisieron aprovecharse de su hermana, pero no eran mas que simples vagos o bandidos de tercera clase. Este era un pez gordo temerario y peligroso... lo suficiente como para ir a un barrio de mierda como ese sin guardaespaldas.

-¿P-Por que...? Yo no soy...- Usagi escondió su rostro sobre las solapas del traje

-Siempre fuiste mi favorita- sonó agradable incluso la menor creyó por un momento que era verdad... pero si no lo fuera ¿Por que alguien se molestaría en buscar a una chica con las cicatrices de su hermana mayor?-Te trate mejor que las demás

Usagi iba a replicar pero este la calla entrelazando sus gruesos dedos sobre su pajosa cabellera y la aplasto hacia su pecho. La joven parecia un moldadientes capaz de romperse por el mas pequeño movimiento.

-Eso fue porque no te portaste bien- sujeto el rostro agrio y hueso de la joven de modo que mirara hacia el, acariciando solamente el lado derecho de la cara. Sus dedos recorrian la desordenada piel: la carne roja se nacia en su cuero cabelludo y se extendia hacia su nariz, hundiendose en tadem. mezclando el rojo del musculo expuesto hacia el negro de la piel quemada.

Akane recordaba a su hermana como una de las niñas mas hermosas del orfanato, de rizos castaños y grandes ojos infantiles.

Pero ahora ya no lo es... la extensa quemadura de tercer grado había destruido por completo el lado derecho de su rostro. Ella no se animo a preguntar que había pasado, una parte de ella no quería saberlo.

Ahora es consciente de la respuesta. Sus manos temblaron cuando sus dedos se deslizaron hacia la navaja, con movimientos rápidos y el agresor estaría muerto. No importa si es "muy importante"; guardarian lo poco que tienen y se irian a vivir al otro lado del pais.

-No quiero... que mi hermana este envuelta en esto.

La sonrisa del desconocido se asentuo mientras que el corazón del ladrón dejo de latir, se retorció ante las palabras y se quebró en mil pedazos. Quería gritar pero las palabras se habían quedado atoradas en su garganta y sus piernas no le respondían ¿Por que no puede moverse?

-No eres tan tonta como recordaba...- el pez gordo bajo sus brazos hacia la cintura empujando su pantalón blanco hacia ella- sabes que para tu hermanita solamente eres un estorbo. La estas arrastrando hacia el calabozo

Eso habia sido la gota que rebalso el vaso. El monstruo volvio a tener hambre