Disclaimer: ¿Reconoces algún personaje o algún fragmento de los libros? Es normal, no son míos y no me pertencen.

Nota: Como dicho en el Summary, este fic será única y exclusivamente sobre viñetas de Katniss, junto con sus interacciones con otros personajes, pero siempre desde su punto de vista y respetando el cannon. Tampoco serán largos, porque entonces no serían viñetas y habría perdido el propósito de este proyecto. No seguirán ningún orden cronológico, así que advertidos están. Sin más, a leer preciosos míos.

P.D: El rating M es por mera seguridad, uno nunca sabe que se le irá a ocurrir para las próximas viñetas.


Princesa de Mármol

Uno.

El agua de la regadera me moja la los hombros, la espalda, las plantas de los pies. Cae y cae, tibia y constante, gota a gota. Su sonido me adormece los sentidos, por eso prefiero la ducha que la bañera. Hace tiempo que he abierto los grifos, y a decir verdad ya debería de haber dado por terminado mi baño, pero simplemente no he podido salir. No aún.

Pego mi espalda a la pared y me dejo resbalar por ella, ayudada por la humedad de mi piel. Me siento de cuclillas, sin tocar el suelo, y dejo que mi cabello recién cortado me caiga como cortina sobre la cara.

Me miro las manos, con las uñas también recién cortadas y sin pintar, tan lejos de aquellas llenas de intricados diseños que solía hacerme mi equipo de preparación. Mis muñecas están íntegras, porque no he tenido el valor de cortármelas desde que he llegado. Cuando no había ya nada que me impidiera suicidarme, algo en mi interior estaba en espera. Día tras día, esa espera me mantenía viva, aunque no feliz. De ningún modo podría haber estado feliz durante estos meses. No sin Prim.

Me levanto y cierro los grifos, porque de repente no puedo soportar más el sonido del agua corriendo por el desagüe. Tomo una bata y me la pongo encima, sin molestarme en secarme antes, y me dirijo a toda prisa hacia mi habitación, aquella en la que solía dormir antes de que la Guerra me lo quitara todo.

Dejo la puerta abierta tras de mí y corro las cortinas de las ventanas, porque necesito que la luz del sol entre por ellas. Me detengo frente a una de las esquinas de mi habitación y entonces me desabrocho la bata y la dejo caer a mis pies. El espejo me devuelve una imagen más que desfavorable. Katniss Everdeen, la chica en llamas, el sinsajo, no existe más. Esta chica –mujer – que se para frente a mí no es para nada aquella que tenía maquillaje de ensueño y modelitos increíbles. La piel impoluta ha quedado atrás, ahora no soy más que un cuerpo roto lleno de retazos de piel que tratan de cubrir los que me faltan.

Es cierto que me veo mucho mejor que la última vez que me vi en el espejo, justo antes de matar a Coin, pero tampoco mucho. Mi falta de aseo durante meses y la infelicidad que cargo conmigo me han impedido sanar correctamente. Algunos pedazos de piel – los que no se quedaron pegados en la cazadora de mi padre –, todavía siguen demasiado rosas como para armonizar con la mayoría, y las cicatrices que me cubren toda son tenues, pero aún perceptibles. Supongo que en el Capitolio podrían arreglarme a estas alturas, ya que mi piel ha sanado bastante, pero no deseo por nada del mundo volver a poner un pie ahí nunca más.

Todo mi torso está bastante entero, mi cuello tiene una que otra marca por aquí y por allá, pero en general tiene buena apariencia. Mi cara no sufrió ningún daño, a menos que se cuente las noches sin poder dormir y las muchas lágrimas que he derramado. Me paso las manos por el cabello, que ahora me cae sobre los hombros y trato de desenredarlo con mis dedos, proceso en el cual me quedo con varios mechones atrapados.

Dado que ahora es demasiado corto para trenzarlo lo dejo así, chorreandome los hombros y corro hacia el baúl a los pies de mi cama, donde mi madre solía guardar mi ropa limpia. Saco lo primero que me parece que no desentona y me lo pongo. Añado un ligero suéter de punto que me ha quedado del Tour de la Victoria y me calzo mis viejas botas de caza, que reciben a mis pies con la misma suavidad de siempre.

Vuelvo al espejo y me contemplo de los pies a la cabeza. Una vez vestida, parezco una chica normal. Con ojeras bajo los ojos y las mejillas hundidas. Sin un ápice de maquillaje ni arreglos especiales que me hagan ver deseable o llena de brillo, simplemente yo. Una chica más del Distrito 12, una chica de la Veta.

Miro a mi reflejo en los ojos y me sorprende darme cuenta de que una pequeña llamita de sosiego se ha instalado en ellos. Me sonrío un poco a mí misma y una voz en mi cerebro que se parece mucho a la de Rue me susurra que es por él. Por él y su llegada, que inconscientemente es lo que había estado esperando, aquello que me impedía acabar con mi vida. Le esperaba a él, todo este tiempo.

El verlo tan recuperado, tan limpio y arreglado, me ha sacado de mi actitud autodestructiva. El baño, el cortarme las uñas, el emparejarme el cabello… todo lo ha traído su llegada. El chico del pan ha vuelto, y aunque aún no sé si sea por mí, le tengo aquí, cerca. Y teniéndole aquí ya no tengo porque preocuparme por él, porque yo le protegeré.

Porque eso es lo que nosotros hacemos: nos protegemos el uno al otro.


Si has llegado hasta aquí, muchas gracias. Ya advertí que serían todos cortos. Espero que les haya gustado y si es así, un review me alegraría inmensamente. Besos para todos, preciosos.