Había una vez, hace mucho tiempo, en un reino muy lejano llamado "el bosque encantado" una gran celebración. El rey David y la reina Snow festejaban el primer cumpleaños de su hija Emma. Para festejarlo decidieron bautizarla ese mismo día. Era un día perfecto, todos estaban felices. Los reyes estaban rodeados de sus más queridos amigos que habían venido a festejar con ellos. Este era el final feliz que habían estado esperando desde hace tiempo. Por fin podían vivir tranquilos y en paz junto a las personas que amaban. Pero Regina, una bruja conocida como "la reina malvada", no iba a dejar que ellos tengan su final feliz. Se apareció en medio de la celebración y echo una maldición a Emma, condenándola por el resto de su vida a tener visiones sobre muertes y ver a los muertos por las noches. Luego agarro a la beba y se la llevo con ella. Desde entonces nunca más se supo que pasó con Emma. Se la busco por todos los reinos y mundos existentes, pero Emma no aparecía. Como nadie sabia si estaba viva o muerta, se la considero simplemente perdida. Y es así como en todos los reinos se conoció la historia de la princesa perdida.


26 años después…

Emma corrió hacía una cueva para refugiarse de la fuerte lluvia. En general no solía esconderse de la lluvia, pero esa tarde estaba realmente fresca y no tenía ganas de pasar toda la noche mojada. Se sentó en el húmedo piso de roca de la cueva y suspiro, se estaba por hacer de noche. Emma no quería que se haga de noche, no tenía ganas de lidiar con lo que sea que su maldición le ofrezca. Una sensación de nostalgia y soledad la invadió, ella había vivido en esta isla desierta desde que tenía memoria. Nunca se lo había cuestionado mucho porque no tenía herramientas para encontrar una respuesta, pero había días como ese que le era inevitable no hacerlo. Recordaba que cuando era más chica le era más fácil llevar su maldición, porque por lo menos de día la isla estaba llena de vida. Se la pasaba rodeada de criaturas mágicas, como hadas, duendes y unicornios. Esos habían sido lindos tiempos, se la pasaba teniendo aventuras con sus amigos mágicos. Pero con el pasar de los años ellos fueron desapareciendo, como si la isla los hubiera ido expulsando. Lo mismo pasó con el paisaje. En un principio había bosques llenos de pinos, flores y cascadas escondidas. Pero ahora estaba todo seco y muerto. Cada vez era todo más oscuro, y cada vez las noches eran más largas.

En cierto momento la vista de Emma capto un barco en el océano. Emma nunca había visto un barco. Está era su oportunidad, su salvación. Emma corrió hacia la orilla de la playa y empezó a gritar pidiendo ayuda. Grito y salto unos cuantos minutos. Pero el barco parecía que iba a seguir su curso, sin detenerse. Emma no podía permitir eso, ella tenía que salir de esa isla. Emma tomó coraje y se adentró el mar. Paso las primeras rompientes de olas sintiendo como el agua comenzaba a congelar cada extremo de su cuerpo. Nadó y nado, nadó todo lo que pudo. Pero entre las olas, la lluvia y el frío se sentía cada vez más imposible. Emma siguió nadando hasta que el agua la tapo. Ella intentaba salir de nuevo a la superficie, pero el agua volvía a taparla, y sus pulmones se empezaron a llenar de agua. Se le hizo imposible respirar y todo estaba empezando a ponerse negro, había llegado el fin…

De repente dos brazos la agarraron y la hicieron salir a la superficie. Emma no podía abrir los ojos, ni moverse, ni nada, pero sentía todo. Alguien la tenía agarrada, probablemente un hombre. Nadó un poco moviendo su cuerpo con el de ella, y luego sintió como una soga le era atada, y de la nada estaban flotando en el aire hasta caer en un suelo de madera. Emma estaba casi segura de que estaban en el barco. Quien sea que la haya salvado comenzó a sacudirla y eso la hizo volver al estado de conciencia, escupiendo toda el agua que tenía atrapada en su cuerpo.

- Denle espacio, necesita respirar. – Indico un hombre morocho de ojos azules. Ese debía ser su salvador, ya que estaba tan mojada como ella. - ¿Estás bien? – Preguntó el levantándose del piso.

- Si. – Apenas logro responder ella, y tosió el agua que le faltaba expulsar de sus pulmones. – Gracias por salvarme. – Agradeció una vez que recupero su estado normal de respiración.

- De nada. – Dijo el hombre y le ofreció su mano para ayudarla a pararse. – Debo admitir que no sé si lo que hiciste fue extremadamente valiente o estúpido. – Comento con una sonrisa.

- ¿A qué te referís? – Preguntó ella una vez que estuvo parada y sus manos separadas.

- A saltar a un océano en medio de una tormenta. – Respondió él.

- ¿Qué tormenta? – Preguntó ella al ver que ya no llovía.

- No te hagas la que no sabes, cuando saltaste al agua llovía. – Dijo él en un tono muy serio que le hizo helar la piel.

- Yo no quería quedarme más tiempo en esa isla y ustedes no parecían venir a mi búsqueda a pesar de mis llamados, tenía que hacer algo al respecto. – Explico ella con calma.

- Podrías haber esperado que pase otro barco en vez de arriesgar tu vida de esa manera. – Dijo él observándola detenidamente.

- Son el primer barco que ha pasado por aquí. – Se defendió ella. – ¡Yo sabía lo que estaba haciendo y si tendría que volver a hacerlo lo volvería hacer con tal de no quedarme allí! – Dijo levantando la voz.

- Definitivamente no nos vamos a poner de acuerdo. – Dijo él negando con la cabeza. – Para informarte estás en el "Jolly Roger". Somos un barco pirata, lo cual no sé si es muy seguro para una señorita como tú. – Informó señalando al barco.

- Cualquier cosa es más segura que esa isla. – Dijo ella pensando en voz alta.

- Y yo soy el capitán Killian Jones. – Se presentó. – O tal vez me conozcas por mi famoso apodo, "capitán garfio". – Dijo ofreciendo su mano para que ella la estreche. Recién en ese momento ella noto que a él le faltaba una mano y en su lugar había un garfio. - ¿No sabes quién soy? – Preguntó él algo ofendido al ver la cara de confundida de ella.

- No, eso pasa cuando vivís en una isla desierta toda tu vida. – Dijo ella y se maldijo mentalmente por haber ofrecido semejante información. – Soy Emma Swan. – Se presentó aceptando la mano de él.

- Que nombre interesante, encaja bien contigo. – Comentó él con una pequeña sonrisa. – Será mejor que vayamos a cambiar estas ropas mojadas. – Dijo él luego de pensar por un instante.

Emma intento ignorar la sensación que sintió al agarrar la mano de Killian, todo su cuerpo había vibrado en su interior y ella no tenía la menor idea del motivo. Ella lo siguió para los adentros del barco. Bajaron unas escaleras y caminaron por un largo pasillo, hasta que llegaron a una puerta que decía "camarote del capitán".

- Puedes quedarte aquí mientras estés en este barco con nosotros. – Indico él dejándola pasar al camarote.

- Pero, ¿Esté no es tu camarote? – Pidió saber ella confundida por lo que había leído en la puerta.

- Si, pero como dije, un barco pirata no es el mejor lugar para una mujer. Es preferible que yo me una al camarote de la tripulación y no vos. – Explico él.

- Gracias. – Agradeció ella sorprendida por la amabilidad de él.

- De todas maneras seguiré viniendo aquí cuando necesite trabajar, pero de noche te dejare tranquila. Y mientras estés aquí no quiero que toques nada. – Dijo seriamente.

- Entiendo. – Acepto ella.

- Será mejor que te cambies. – Dijo él y se volvió hacia el pequeño ropero que había en un costado del camarote. – Aquí tienes, cuando termines puedes venir a la cubierta a cenar y conocer la tripulación. – Propuso alcanzándole ropa seca y antes que ella pueda responder se fue del camarote.

Emma soltó el aire que no sabía que había estado conteniendo, estaba en el barco, estaba a salvo. Se dejo caer por unos segundos en la cama para calmarse. Luego se saco su ropa mojada y se vistió con la ropa que el capitán le había dejado, un pantalón de tela color marrón, una camisa blanca y unas botas negras. Emma no podía creer que por fin iba a saber lo que era tener un calzado. Ella había vivido descalza toda su vida y siempre se preguntaba, gracias a sus visiones, que sería tener calzados para los pies. Emma se puso las botas y disfruto de sentir el cuero contra su piel. Ojala habría tenido unas botas así en la isla, se habría evitado tantas lastimaduras. Intento peinarse su cabello con sus manos, pero termino dándose por vencida y recogiéndolo en una trenza. Una vez que se sintió lista y segura se dirigió a cubierta.

- Swan, que bueno que hayas decidido honrarnos con tu presencia. – Dijo el capitán sobresaltándola ya que la había estado esperando en la puerta y ella no sabía.

- Claro. – Dijo ella sin saber bien que decir y viendo que él también se había cambiado su ropa mojada.

- Vamos, hora de cenar y conocer al resto. – Indico él haciendo camino hacia fuera del barco.

Emma lo siguió hacia la cubierta. En un costado habían tendido una larga tabla de madera como mesa y todos los hombres estaban alrededor de ella comiendo. Emma siguió a Killian hacia la mesa y cuando él aclaro su garganta todos los hombres dejaron de comer y centraron su atención en ellos.

- Está es Emma. Ella se va a quedar con nosotros por un tiempo. – Dijo él presentándola. – Si alguien la toca sin su permiso lo haré caminar por la tabla. Espero que no me decepcionen, ni me hagan tener que repetirlo. – Amenazó él con la voz llena de convicción, fuerza y seriedad.

- Si, capitán. – Respondieron todos a la vez.

Killian le hizo una seña como para hacerle saber que ya podía sentarse, y ella tomo la oportunidad sin dudarlo. Se unió a la mesa, tomo un plato, y se llevo un gran bocado a la boca. ¡Hace años que no comía nada que tenga sabor! Emma cerró los ojos por unos instantes y disfruto de los grandes bocados que se llevaba a la boca.

- Y uno diría que las mujeres tienen buenos modales. – Bromeó Killian, quien se había sentado en la cabecera de la mesa y haciendo que todos sus hombres rían.

- Perdón, es que no había probado nada con sabor desde hace tanto tiempo. – Explico ella sonrojándose. – Aparte esto está exquisito. – Dijo ella sirviendo más comida en su plato.

- Gracias señorita, hace tiempo que nadie halagaba mis habilidades en la cocina. – Agradeció uno de los piratas, era un hombre de avanzada edad y un solo ojo. – Soy Jukes, el cocinero. – Se presentó.

- De nada, pero por favor no me digas señorita. Ninguno de ustedes, soy Emma, simplemente Emma. – Pidió ella a todos los hombres que la miraban curiosa.

- Un gusto Emma, yo soy Henry. – Se presentó un niño morocho de unos aproximados nueve años.

- Un placer Henry. – Dijo ella mirándolo con curiosidad.

- Soy el encargado de las redes y la limpieza. – Informó el niño como leyéndolo la mente.

- Yo soy Will, el encargado de los cañones. – Se presentó un hombre de pelo oscuro y ojos saltones que estaba sentado frente a ella.

- Graham, me dedico a la confección de las espadas y flechas. – Dijo un hombre de cabello desordenado y color castaño.

- Yo soy August, mi rol es el mantenimiento del barco. – Se presentó un hombre de serio con ojos claros, pero intensos.

- Yo soy Victor, me encargo de que tengamos todas las provisiones que necesitemos. – Se presentó el hombre que tenía sentado a su izquierda.

- Y yo soy Walsh, primeros auxilios. – Dijo el hombre sentado a su derecha. – Y ese es Smith, el asistente del capitán. – Señalo a un hombre grande y corpulento.

- El capitán es el encargado de hacer que todo funcione y se encarga de los mapas y la navegación. – Le hizo saber Henry.

- ¿Ustedes son todos? Pensé que las tripulaciones piratas eran muy numerosas. – Comento ella curiosa.

- Lo son. – Asistió Graham.

- Nosotros no porque estamos en una misión especial. – Agregó Will.

- ¿Qué misión? – Preguntó ella intrigada.

- Eso tendrías que preguntármelo a mí. – Dijo Killian interrumpiendo la conversación.

- Bien. – Aceptó ella viendo como todos los piratas a su alrededor se ponían nerviosos y bajaban la mirada. - ¿Qué misión? – Volvió a preguntar, pero está vez mirando fijamente a Killian.

- Una que no te incumbe. ¿Qué hace pensar que vamos a confiar nuestra misión a una extraña? – Dijo él despectivamente.

- Era solo curiosidad. – Se defendió ella.

- Pues ahórratela y métete en tus propios asuntos. – Exclamo enojado.

- De acuerdo. – Dijo ella más para si misma que para él. – Creo que es hora que me vaya retirando. Jukes gracias por la cena, estuvo deliciosa. Buenas noches chicos. – Agradeció y se despidió para dirigirse a su camarote.

- Buenas noches Emma. – Saludaron todos a la vez, salvo Killian quien solo la miraba fríamente.

Emma se fue a su camarote y se dejo caer en la cama. Luego de su aventura nadando en el océano se sentía agotada. Se puso a pensar en Killian y en como la había tratado. Acaba de conocerlo y ya se encontraba curiosa por sus contradicciones. La salva del mar, le da ropa seca y la hace quedarse en su camarote para que nadie la moleste. Hasta el pequeño discurso que le dio a su tripulación cuando la presento se podría decir que había sido amable, intentando protegerla. Pero después se pone furioso y frío por una simple pregunta. ¿Qué clase de misión tendrían para que haya actuado de esa forma? A Emma no le gusto que él la haya tratado con tanto desprecio y frialdad. Se dijo a si misma que era mejor sacarse estos pensamientos de la cabeza, después de todo recién conoce al hombre, y lo más importante: ¡es un pirata! ¿Se espera algo distinto de un pirata?

Emma cerró los ojos intentando conciliar el sueño. Deseaba que sus visiones sean solo en la isla. Pero al parecer iba a quedar solo en un deseo, ya que la realidad era completamente distinta.