CAPÍTULO 1

LUCES EN EL CIELO

La Luna fantasma brilla más en ésta época, cuando los cielos son claros y las mañanas frías, de ésas noches en que las estrellas tiemblan como pajarillos nerviosos y los recuerdos se atascan en la mente como sombras podridas que quitan el sueño y llenan las habitaciones de suspiros que no son contestados.

Van ni siquiera podía concentrarse en el libro que tenía frente a él recargado pesadamente sobre el escritorio, "Los viejos reyes de Fanelia", era un libro obligado para todos en la familia real, debía aprender cada nombre, fecha y acontecimiento importante en la vida de los fundadores de su reino pero su mente estaba embotada y fastidiada de tantos nombres de personas que habían vivido eones antes que él y sin embargo, estaba consciente de que algún día su nombre aparecería dentro de las páginas de ése libro forrado de cuero y con bordes dorados.

Cerró el libro y lo dejó a un lado, el aire fresco se colaba por el gran ventanal abierto que daba a los jardines, olía a madreselva y pasto húmedo y allá en el fondo sobre las grandes montañas del valle se veía la luna fantasma, era enorme, azul y redonda siempre perseguida por el otro satélite color plateado, a Van le recordaba a un amante necio que acosaba a la dama en cuestión y que jamás se alejaba de ella.

¿Cómo será la vida en ése lugar? Se preguntaba una y otra vez recordando a Hitomi, su voz vivaracha y sus ojos risueños, se meció los cabellos con pereza y con paso lento salió del estudio, ya le explicaría después a su tutor por qué no había terminado con sus estudios de ésa noche; nadie esperaba que el rey de Fanelia fuera un hombre inculto e iletrado y como contantemente le repetían sus consejeros "Además de entrenar la espada, debía entrenar el cerebro"

Todo el castillo estaba en movimiento a pesar de que la noche ya había caído sobre ellos, sus asesores le aseguraban que hacer un convenio comercial con el reino Morbak de los grandes bosques del norte sería beneficioso para ellos y podrían abrir las fronteras, así que los príncipes gemelos Kario y Dalsen llegarían acompañados de su majestad el rey Merab y su nieto mayor el rey regente Anteras para sellar los tratados comerciales, para Van todo eso era una locura pero en Fanelia reinaba un ambiente de paz y prosperidad como no se había visto en siglos así que sería necesario recibirlos como se merecían haciendo gala de la opulencia de Fanelia y todos en el castillo trabajaban arduamente para que así fuera.

Bajó las escaleras y salió al patio principal del palacio donde la guardia real repasaba sus posiciones y ahí entre todos ellos estaba Allen dando órdenes y ultimando los detalles de sus soldados, al ver al rey acercarse los soldados adoptaron la posición de firmes y saludaron con solemnidad.

- Descansen – Ordenó Van caminando directo hacia Allen- ¿Están listos? – Preguntó al tiempo que le daba una palmada en el hombro a su amigo.

- Todo está listo para mañana su majestad, no podrían estar más preparados - Allen despidió con un gesto de la mano a sus soldados y después de presentar sus armas se retiraron. El enorme patio estaba iluminado bajo las llamas de las antorchas y hogueras que ardían atrayendo hacia sí a decenas de polillas que quemaban sus alas al acercarse demasiado.

- ¿En verdad crees que los reyes y los príncipes llegarán mañana? - Van observaba distraídamente las llamas de la antorcha más cercana, el siseo chirriante de un insecto que acababa de inmolarse hizo que Allen dirigiera su mirada hacia el mismo punto que Van.

- Los vigias que envié ayer los vieron cerca del reino de Nefario, acababan de cruzar el gran río negro y a partir de ése punto no son más de dos días de camino, es una comitiva enorme Van, al parecer viene los escuadrones volantes de los jinetes del viento y los caballeros de cristal, creo que quieren deslumbrarnos con su poderío -

- Los príncipes Kario y Dalsen vienen, claro que van a traer cada uno una parte de su ejército, espero que en verdad todo esto sea tan provechoso como me dicen mis asesores - Allen miró a Van por un momento, carraspeó y midiendo el terreno que estaba a punto de pisar se atrevió a hablar escogiendo sus palabras.

- Escuché a uno de tus asesores anoche - Comenzó Allen esperando captar la atención de Van, éste lo miró sin mucha curiosidad y no dijo nada - Al parecer las princesas Dedaira y Leila vienen también.

Van seguía sin inmutarse, el hecho de que vinieran las princesas junto con una enorme comitiva no le resultaba especialmente interesante, el reino de Morkab era un terreno prácticamente inexplorado para las regiones del sur, sabía que vivían en los bosques antiguos y muchos aseguraban que la familia real era descendiente de los elfos místicos que habían desaparecido con el tiempo llevándose consigo grandes secretos, ahora solamente quedaban sus leyendas y la creencia de que el viejo rey Merab, sus hijos y nietos eran los últimos descendientes de ésa mística estirpe. Vivían dentro de enormes árboles de tal inmensidad que sus entrañas daban cabida a castillos completos, palacios y viviendas lujosas, se comunicaban entre sí por pasadizos conectados por sus ramas y el país comercializaba con algunas ciudades aledañas intercambiando y vendiendo sus maderas finas, frutos exóticos y suaves pieles de animales que engalanaban a las damas ricas de otros reinos.

- Debieron haber mandado a un embajador y con eso hubiera sido suficiente - Refunfuñó Van demostrando que no estaba tan encantado con semejante cantidad de huéspedes que se quedarían por un periodo quizás indefinido, Allen se mordió la lengua al darse cuenta de que Van no había comprendido para qué llegaban las princesas en un asunto meramente comercial.

- Vamos a caminar Van - Sugirió Allen pasándole un brazo sobre los hombros en un gesto de cordialidad - Tienes que respirar un poco de aire fresco, aquí hay mucho humo con tantas antorchas encendidas.

Van se dejó llevar por su amigo y pronto se encontraron caminando distraídamente por los jardines laterales en donde había menos bullicio, las flores nocturnas despedían su delicado aroma y una brisa fresca los envolvió con suavidad, el mirador estaba unos cuantos metros más adelante y una vez que hubieron llegado se instalaron en las bancas que permitían ver el paisaje.

Abajo de ellos se extendía Fanelia, las luces de la ciudad ya estaban encendidas y brillaban como luciérnagas en medio de la oscuridad, grande y prolífica resultaba ahora después de tantos años de reconstrucción y trabajo, la guerra contra Zaibach no había dejado más que destrucción, ruinas y muerte y solamente después de sacrificios la ciudad había alcanzado una prosperidad pocas veces vista. Estaba rodeada por enormes montañas con cimas escarchadas de nieve y entre ellas se recortaba la silueta redonda de la luna fantasma. Van y Allen clavaron su vista directamente en ése enorme disco azul que brillaba con una luz pálida y etérea y los pensamientos de ambos iban dirigidos hacia la misma persona.

- La extraño - Confesó Van en un susurro - No hay día en que no piense en ella, espero que esté bien.

- Ha pasado mucho tiempo - Contestó Allen apartando sus ojos de la luna fantasma - Casi diez años y si embargo es como si se hubiera ido apenas ayer.

- Me pregunto si la volveremos a ver algún día - Por instinto Van se llevó la mano al pecho buscando el pendiente de Hitomi, era un acto que hacía casi sin pensarlo y al palpar la piedra entre sus manos se sentía más seguro y tranquilo.

- Tal vez algún día vuelva - Declaró Allen y ambos contemplaron en silencio el paisaje coronado por la tierra que los vigilaba inmutable.

La puerta del consultorio se abrió lentamente y por la rendija se dejó ver una cabeza rematada por una cabellera oscura y ondulada.

- ¿Vienes a cenar? - Hitomi dió un respingo al escuchar la voz a sus espaldas, giró para ver a su amiga que mantenía los ojos firmemente cerrados para evitar ver al paciente que Hitomi estaba atendiendo.

- Flavia ¿cómo conseguiste entrar? - Preguntó Hitomi quitándose el estetoscopio y cubriendo con la bata a la mujer que estaba oscultando.

- Pues por la puerta, no es mi culpa que la recepcionista no estuviera en su puesto - Hitomi negó con la cabeza sabiendo que era un caso perdido, terminó con su paciente y después de despedirla se sacó la bata y tomó su bolso.

- ¿Están abajo Yukari y Amano?- Preguntó tras apagar la luz del consultorio.

- Pasé por ellos al estudio, parece que estaban discutiendo otra vez, por eso mejor subí por ti y los dejé para que ellos arreglen sus cosas, no quiero estar ahí escuchándolos – Ambas se dirigieron al ascensor y al pasar frente a la recepción Hitomi pudo constatar que efectivamente la recepcionista no estaba en su puesto, ya hablaría con ella más tarde.

- ¿Cómo estuvo tu cita con el editor? – Preguntó Hitomi cuando ambas estuvieron dentro del elevador, la musiquilla monótona se repetía en el interior y a Hitomi le recordaba más una tienda departamental que un hospital.

- Me publican en dos meses, el problema es que ahora quieren que piense en escribir algo de caballeros, dragones y cosas así, simplemente porque se han puesto de moda – Hitomi sonrió con amargura pensando en los caballeros, espadachines y en el rey dragón que había dejado atrás hacia ya tanto tiempo

- ¿Qué sucede? – Preguntó Flavia al contemplar el semblante perdido de Hitomi – A veces te retraes como si no estuvieras en éste mundo.

- No es nada, solamente estoy cansada por las guardias ¿En verdada piensas escribir novelas de caballeros y dragones? – Preguntó Hitomi distrayendo a su amiga con otros temas que no fueran sus recuerdos en los cuales se perdía cada vez con mayor frecuencia

- No lo sé – Contestó ella – Ya sabes que yo soy más de escribir cosas que asusten, fantasmas y demonios, no me salen bien las historias románticas de princesas que tienen que ser rescatadas –

- ¿Y qué tal sobre un reino que debe ser rescatado por un rey dragón? – Murmuró Hitomi a lo que su amiga abrió mucho los ojos.

- ¿De qué estás hablando? Eso se oye espectacular ¿Es alguna leyenda que te contó tu abuela? –

- Algo así - Respondió Hitomi y salió del ascensor que acababa de abrir sus puertas en la planta baja - Algún día te contaré ésa historia.

- Sería maravilloso que me la contaras pronto, así mis editores dejarían de presionarme - Ambas salieron a la calle, el aire comenzaba a sentirse más frío, el otoño estaba cerca y en menos de un parpadeo el invierno caería sobre ellos nuevamente. Junto a la entrada del hospital estaban Yukari y Amano, no hablaban entre sí y cada uno miraba en direcciones distintas evitándose deliberadamente.

"Han estado peleando nuevamente" pensó Hitomi al verlos, a pesar de que ya tenían bastante tiempo como pareja parecía que aún no podían adaptarse completamente y bajo el mal entendido más mínimo comenzaban a discutir irremediablemente y en más de una ocasión había sido Hitomi la intermediaria en sus reconciliaciones.

- Hola chicos - Saludó alegremente disimulando que sabía de su enojo - ¿A dónde vamos a cenar?

- Ustedes escojan, a mi me da igual - Fue la respuesta cortante de Amano que tenía las mejillas encendidas por el enojo, Yukari lo miró de con molestia y frunció la nariz. Hubo un silencio incómodo que Hitomi no encontraba cómo romper.

- Hay un nuevo restaurante español a dos cuadras - Anunció Flavia adivinando las intenciones de Hitomi - Dicen que es muy bueno, podríamos ir ahí - Amano suspiró ruidosamente y alzó los hombros en señal de indiferencia, Yukari se adelantó con paso decidido y le dio la espalda a su novio.

- Lo que sea es mejor que estar aquí parados como tontos - Espetó ella, Hitomi y Flavia se miraron con preocupación y esperaron hasta que Amano se decidió a comenzar a caminar con ellas.

Ésa noche prometía ser inolvidablemente incómoda.

- Amo Van, ya debería estar en cama - Sentenció Merle que venía entrando con toallas limpias que la mucama le había entregado, tenían ése maravilloso aroma de la ropa lavada a mano y que es secada bajo el sol. - Mañana va a ser un día muy largo para usted

- Es que hace calor - se excusó Van, había abierto el gran ventanal de su recámara y contemplaba la noche silenciosa mientras sus pensamientos se perdían en el pasado, no sabía el por qué pero ahora pensaba en Hitomi con mayor frecuencia, se preguntaba si estaría bien, qué estaría haciendo y aunque le resultaba doloroso, se martirizaba con la duda si habría encontrado a alguien más a quien unir su vida

- Regrese a la cama amo Van - Pidió Merle mientras bajaba las sábanas de la enorme cama adoselada que alguna vez fuera de los padres de Van - el señor Allen me dijo que usted estará muy ocupado con las visitas que llegarán de los bosques del norte, tiene que estar fuerte y lleno de energía para hablar de negocios con ellos.

Van miró a Merle y sonrió dulcemente a la chica, ella continuaba con su faena preparando la cama del rey y no parecía notar que él la miraba, era la única persona además de Allen en quien podía confiar plenamente en todo el reino y sabía que pasara lo que pasara ellos jamás lo juzgarían por las decisiones que tomara.

Lo último que hizo Merle fue bajar un enorme mosquitero que colgaba pesadamente del dosel de la cama, había muchos insectos que entraban en las noches buscando el calor de las recámaras y era terriblemente molesto escucharlos zumbar toda la noche y sentir sus aguijones afilados contra la carne. Merle ya no era una niña, se había convertido en una joven mujer responsable y de figura atractiva pero para Van no era nada más que una hermana menor que lo cuidaba y consentía a cada momento.

- Ya está listo amo Van - Anunció ella con un dejo de orgullo - Ahora sí a dormir - Lo último que quería hacer Van era discutir con Merle así que obedientemente dejó el sofá que estaba bajo la ventana y quitándose la bata de noche se metió en la cama y se dejó arropar por Merle. Al poner las sábanas sobre el rey ella pudo ver el pendiente de Hitomi, él lo llevaba fielmente colgado al cuello y ella sabía lo mucho que le dolía aún la separación con la chica de la luna fantasma - Amo Van ¿no le lastima ésa piedra cuando se gira para dormir?

Van se llevó la mano al pecho casi sin pensarlo para palpar el pendiente del que Merle hablaba - No, nunca me ha molestado - Declaró él - En realidad no puedo dormir sin el pendiente.

Merle lo miró por un momento, abrió la boca para hablar pero la cerró nuevamente.

- Gracias por cuidar de mi Merle, sé que no es fácil - Van hablaba con los ojos cerrados y aunque no quisiera admitirlo, un sopor lo comenzaba a invadir y sabía que pronto se quedaría dormido.

- Amo Van, estoy segura de que Hitomi está bien - Las palabras de Merle hicieron que Van abriera los ojos nuevamente pero ella ya se estaba yendo, el rey alcanzó a escuchar como ella cerraba la puerta no sin antes apagar la llama de la lámpara que iluminaba su camino.

Insomnio… Eso era exactamente por lo que estaba pasando ahora que mil pensamientos se agolpaban dentro de su mente sin ninguna misericordia. Allen giró nuevamente en su cama sintiendo cómo se le enredaban las sábanas entre las piernas haciéndolo sentir aún más incómodo, las arrojó lejos de una patada y se quedó con los brazos en cruz sintiéndose acalorado.

Recordaba a Hitomi con mayor frecuencia e intensidad, había psado tanto tiempo desde que se había marchado y ahora estaría convertida en una mujer adulta y seguramente más hermosa que antes, ahora su recuerdo se había convertido en una sombra que lo seguía contantemente, lo distraía de sus deberes y lo hacía soñar en la posibilidad de tener su propia familia aunque no existía dama en toda Gaea que fuera capaz de ocupar su lugar.

Se levantó de la cama y sintió la gruesa coleta de pelo rubio mojada por el sudor, se sirvió un poco de agua de la jarra que tenía en su mesa de noche y apurándola la bebió sintiendo como refrescaba su garganta seca.

Deseaba alejarse por un momento de las paredes de su habitación que lo aprisionaban y asfixiaban con el aire caliente que conservaban en su interior, tomó su bata y pasándosela por los hombros cubrió su pecho desnudo, no sería correcto que su hermana se levantase en mitad de la noche y lo viera medio desnudo. Caminó sigilosamente por el largo pasillo de su casa y al pasar frente a la habitación de su hermana se detuvo escuchando el silencio al otro lado de la puerta, todo indicaba que estaba profundamente dormida y él deseaba que continuara así.

Caminó en medio de la penumbra sin encender ninguna lámpara, conocía de sobra su casa y era casi imposible que diera un traspié en ella, abrió la puerta y el aire fresco de la noche le dio una suave caricia en la cara. Afuera todo estaba en calma y el silencio solamente era interrumpido por el murmullo de los insectos nocturnos que cantaban su sonata incansablemente.

De forma casi automática miró hacia el cielo y arriba justamente encima de su cabeza estaba la luna fantasma que le regresaba la mirada en un gesto solemne, constantemente se preguntaba por Hitomi, deseaba saber de ella, cómo estaría y si aún pensaba en él en algún momento aunque estaba consciente que su corazón no era para él sino para el rey al que ahora servía.

No tenía nada en Asturia, la mujer a la que una vez amó había muerto hacía muchos años, la mujer a la que pudo haber amado estaba unida a otro hombre y ahora era una reina y la mujer a la cual amaba ahora tenía su corazón destinado a alguien más. Prácticamente se encontraba solo en el mundo y de lo único a lo cual podía aferrarse era a su hermana, Chid ahora era un rey adolescente rodeado de tutores, consejeros y asesores que prácticamente gobernaban en su lugar y aunque ardía en deseos de confesarle la verdad y decirle que él era su padre no podía interferir en su vida, tal vez con el tiempo sería capaz de decírselo sin que ello afectara al joven rey.

Estaba solo volando como un ave perdida contra el viento y de no haber sido por los cuidados que Selena requería de él, quizás hubiese puesto un alto a todo con un fin premeditado y anticipado pero sabía que su hermana ahora era completamente dependiente de él y apenas era reciente que había mostrado avances en su delicado estado de salud. En repetidas ocasiones Allen despertó alarmado por los gritos provenientes de la recámara de su hermana cuando era aterrada por las pesadillas nocturnas que la atormentaron durante años, ahora era capaz de dormir toda la noche y estar de maravilloso ánimo en la mañana, era encantador verla bajo la luz matinal rodeada de un halo brillante que le daba un aspecto de inocencia abrumadora y al verla así Allen se sentía tranquilo aunque aún sabía que algo más faltaba en su vida.

Van lo había frecuentado constantemente después de la partida de Hitomi y llevándolo a Fanelia, en más de una vez ayudó a calmar e incluso prevenir las revueltas que se dieron en todo el reino y eso era lo que hacía falta en el lugar: Un soldado hábil y capaz con habilidad de dirigir a todo un ejército que aún se encontraba en un estado vulnerable.

En una ceremonia solemne Allen había aceptado el honorable nombramiento de Primera espada, protector y caballero dragón de Fanelia, lo habían ungido con aceites y cambiaron su antigua espada Asturiana por un sable con el emblema del reino de Fanelia después de prestar juramento de por vida ante el rey Van

Ahora pertenecía a ése reino, tenía un propósito en la vida y después de grandes sacrificios y trabajo extenuante había ayudado a restaurar la paz de Fanelia, diez largos años de trabajo ahora daban sus frutos y varias naciones estaban interesadas en hacer tratados comerciales con ellos, era un gran logro que nadie podía pasar por alto y era su responsabilidad y deber respaldar a Van más que como soldado, como su amigo al cual le habían tendido la mano cuando más solo se encontraba.

- Ojala vuelvas pronto Hitomi – Pidió Allen expresando con palabras el más profundo deseo que invadía su corazón desde mucho tiempo atrás, era hora de entrar nuevamente a la casa y antes de entrar vio un resplandor que iluminó la noche, miró con asombro ése tubo de luz que ya conocía y su corazón latió desbocado pero la luz se detuvo y jamás tocó el suelo, era como si algo lo hubiese cortado de tajo. Aún podía sentir el palpitar acelerado de su corazón cuando la noche estaba envuelta en las penumbras otra vez.

- Hitomi, estás cerca, puedo sentirte – Susurró Allen sin dejar de mirar el punto en el cielo de donde había venido aquella luz.

- Qué horror con esos dos – Declaró Hitomi que caminaba bamboleando su bolso al ritmo de sus pasos, Flavia estaba junto a ella y caminaba con las manos dentro de los bolsillos de su abrigo.

- Es terrible cuando una relación está tan mal y no funciona – Hitomi detuvo sus pasos en seco y miró a la chica de pelo castaño – Por favor, no me mires así, sabes muy bien que ellos tienen más días malos que buenos.

- Lo sé, pero estoy segura de que su relación va a funcionar y serán muy felices juntos – Flavia levantó una ceja arqueada y sonrió a medias.

- Tú no ves nada malo en ninguna persona Hitomi – Guardaron silencio nuevamente y continuaron caminando un trecho más, las calles aún estaban llenas de gente, trabajadores y muchachos que venían de la escuela o se iban a reunir con amigos para cenar.

Después de doblar en una esquina llegaron a una zona residencial en la cual Hitomi había vivido toda su vida con sus padres y su hermano, se detuvieron frente a una casa que tenía el letrero con el nombre "Kanzaki" pintado en negro, Hitomi rebuscó la llave dentro de su bolso mientras Flavia miraba su aliento caliente que formaba vapor al salir de su boca.

- No te olvides de la fiesta de mañana – Pidió Flavia cuando Hitomi hubo encontrado su llave – Empieza a las seis.

- No puedo creer que Lucca vaya a casarse – Dijo Hitomi al recordar al hermano menor de Flavia el cual recientemente se había comprometido.

- Ni yo pero él cree que es una buena idea y papá quiere darle una linda fiesta de compromiso, el que me pregunta por ti es Francesco, creo que le causaste una gran impresión a mi hermanito.

Hitomi recordaba a Francesco de la fiesta de Navidad del año anterior, era el hermano mayor de Flavia y había pasado largo tiempo platicando con Hitomi, también era médico y recordaba que sus hermosos ojos azules y su plática incansable le habían parecido encantadores, pero el recuerdo de Van le había marcado una barrera en su trato con el médico italiano que le dedicó su atención durante toda la velada.

- Será lindo verlo nuevamente – Contestó Hitomi con un nudo en la garganta, sentía que sus mejillas se arrebolaban de la emoción pero la sonrisa de Van y sus ojos carmesí le invadían la mente – Vuelve con cuidado a casa.

- No te preocupes, estaré bien, además no está lejos – Contestó Flavia antes de dar la media vuelta internándose en la oscuridad de la calle que apenas era iluminada por las farolas – Paso por ti a las cinco

Hitomi miró por última vez hacia la dirección por la cual se retiraba su amiga y cuando escuchó más lejano el firme sonido de sus pasos entró a la casa.

Se descalzó en el recibidor y después de colgar su bolso y abrigo en el perchero de la entrada subió silenciosamente a su recámara, ya todos en casa dormían y no quería despertarlos.

Su habitación seguía siendo igual que en el pasado, no había cambiado más que la posición de un par de muebles pero sobre el escritorio aún estaban sus cartas del tarot que pacientemente esperaban a ser usadas en algún momento. Se desnudó con pereza y una vez que sacó su pijama de debajo de la almohada se dispuso a asearse antes de irse a la cama.

Pasaron varios minutos hasta que todo estuvo en orden, la ropa sucia en el canasto y la cama arreglada para recostarse en ella lo cual hizo y sintió todos sus huesos crujir bajo su peso. Apagó la luz y dándose vuelta miró por la ventana hacia la dirección en donde estaba Gaea.

Entrecerró los ojos sintiéndose extremadamente cansada pero a lo lejos como un murmullo que se iba haciendo más fuerte escuchó una voz que gritaba su nombre.

- ¡Allen! – Exclamó ella sentándose en la cama, estaba segura que había escuchado la voz de Allen que la llamaba dulcemente, tal vez había sido su imaginación pero indudablemente era su voz.

Su recámara se iluminó con una intensa luz proveniente del exterior, Hitomi se sobresaltó al verla bajar del cielo porque sabía lo que significaba pero no llegó a tocar el piso, simplemente se había desvanecido tan súbitamente como llegó, Hitomi sabía que algo estaba por suceder aunque no sabía ni cómo ni cuándo.

Flavia llegó hasta la casa que había pertenecido a sus abuelos como casa de descanso, era grande, fría y oscura con un aspecto gótico que ella detestaba, abrió la rejilla y cruzo el jardín que lanzaba sombras oscuras que le recordaban a los fantasmas y espíritus malignos con lo que su abuela solía llenar su mente, era terriblemente desagradable para ella el vivir sola en un lugar tan grande y tétrico pero al menos sus hermanos, su padre y muchos invitados estarían ahí para la noche siguiente conviviendo y brindando por la felicidad de su hermano pequeño.

Sujetó el pestillo de la puerta para entrar cuando una luz intensa iluminó todo a su rededor. Giró alarmada para ver de dónde venía ésa luz pensando que tal vez algún vecino ocioso había puesto una nueva lámpara pero al contrario encontró que ésa luz intensa bajaba del cielo como un relámpago pero rápidamente desapareció sin llegar a tocar tierra.

Un escalofrío la recorrió desde la nuca hasta la base de la espalda y por primera vez en muchos años, sintió miedo, un miedo tan abrasador que la hizo tiritar sin poder alejar la vista del punto en el cielo del cual provino ésa luz.

N/A Aquí está el primer capítulo de mi nuevo Fic, voy a meter muchos personajes nuevos para poder darle nuevos giros a la historia porque con los que ya son conocidos no voy a poder darle un nuevo enfoque, espero lo disfruten.