Nota de Autor:

Bien por acá sigo y vine a traerles otro fragmento de mi "experimental" historia. Todo lo ando probando en tubitos de ensayo esperando que no explote de pronto y me consuma porque a su modo la mezcla es inestable si deseo mantener en lo posible las esencias que tengo por concepto. Espero me hayan entendido xD

He arreglado un poco lo de los capítulos, soy nueva en este sistema que maneja fanfiction así que también ando probando botones y acciones a ver si me acomodo mejor.

Agradezco mucho a las personas que han estado leyéndome, me siento honrada, pido que me comenten cualquier cosa, es importante para mi saber si voy bien o si puedo mejorar algo.

Capítulo 2

¿Misión exitosa?

El auto avanzaba silente por las calles avivadas de transito nocturno, prácticamente la jornada de algunos recién empezaba. La luna en lo alto en un creciente temporal, el cielo sin nubes, ni estrellas, todas cegadas por el resplandor mismo de una calle repleta de faroles, las ventanas con su luz mortecina, los rascacielos cual espejos reflejando un brillo artificial.

El vehículo se detuvo en un semáforo y la mujer en su interior observó a los peatones curiosos ante la proximidad de una limosina. Debía encajar en su actuación; la dama que va al casino y luego se retira si bien sola, en un auto lujoso y las limosinas jamás pasaban de moda. Ella parecía preguntarse si debía agradecérselo o no a su "cliente".

– Falacias…- susurró mirando por el vidrio polarizado, no podían verla desde afuera por más que lo intentaran. Varias prostitutas del semáforo se habían "divertido" sacudiendo el busto y sus cortas faldas frente a la ventana esperando que alguien la bajara y les dejara entrar. La mujer sonreía a penas. El coche arrancó.

Una luz débil brilló dentro de su bolso, seguido de una vibración fuerte y constante. Ada tomó el dispositivo que bien podía pasar por un teléfono corriente y presionó el botón correspondiente. - Esta hecho. - Afirmó apenas se estableció la comunicación vía video llamada, era de esperar que Wesker tuviera medido el tiempo exacto en el que ella ejecutaría todo, aunque bien podía presumir haber terminado un par de minutos antes.

La imagen de él le llegó clara, tan familiar y distante como de costumbre, tras la pantalla se observaba como siempre, el fondo negro aunado a una iluminación tenue que apenas dejaba ver el rostro del rubio, cuyos ojos permanecían ocultos en el velo de unas gafas oscuras a pesar de no estar bajo el sol. Se mostraba sereno e inexpresivo al presentarse frente al display. - Muy bien.- Su voz se dejó oír profunda y varonil libre de interferencias. La misma tonalidad típica que nunca dejaba entre ver demasiado. - Enviaré las coordenadas de donde se fijaran los próximos objetivos en tu PDA (Nombre dado a las agendas personales inteligentes, o smartphones con función similar). La fecha y hora también estarán fijadas en los datos. La mercancía déjala a los hombres a bordo, ellos te llevarán a cualquier punto de la ciudad que elijas. Tenga un merecido descanso, Srta. Wong. - Y con ello, La pantalla dejó de transmitir la comunicación.

- Wesker… - Susurró desviando la mirada hacia el panorama huidizo de la ventana.

Tan "esperada" como "predecible" era la brevedad de esa conversación. Ada puso de vuelta el artefacto electrónico en su bolso, recreándose con la simpleza banal de aquel acto. ¿Desde hace cuánto los bolsos eran tan necesarios para las mujeres? y ¿desde cuándo eran tan intencionadamente capaces de almacenar tanto?

Cruzó las piernas adoptando una postura relajada, a parte del conductor y el copiloto en la cabina delantera de la limosina, estaba sola. Miró disimuladamente cada resquicio del vehículo. 2 cámaras, ningún punto ciego. Estaba "Sola" pero no desatendida. Suspiró dejando el maletín sobre el asiento del frente y sobre este, los relojes. Ya tendría tiempo de indagar... debía tenerlo, su mente retenía la imagen de los relojes pero no había tenido oportunidad de detallar el mecanismo interno, solo tenía las pistas que Wesker le había dado para identificarlos. El rubio se cubría la espalda y ella no tenía derecho a preguntar. Se arrellano en el asiento cerrando los ojos un instante, con los nudillos golpeó al cabo de un rato el cristal que separaba los espacios - ... Al Grand. Hotel Mut. Por favor. - Articuló con un dejo de cansancio inconsciente a un tono que consideró audible. La ventanilla siguió abajo, ella abrió los ojos. - Av. Lewis, Hotel Mut. - repitió despacio elevando un poco el tono. La ventana se mantuvo abajo por unos segundos más antes de dar alguna seña de afirmación del otro lado y subir. Ada volvió a cerrar los ojos.


Wesker permanece en su cuarto oscuro Iluminado por las luces emergentes de diferentes pantallas y holoproyectores de avanzada tecnología. En algunos pulsa comandos diferentes para desplegar distintos menús y gráficos específicos de información que consulta en orden. Desde una perspectiva alejada no se ve realmente lo que hace. La tenue oscuridad, interrumpida por destellos y pequeñas luces provenientes de los numerosos aparatos electrónicos y un sinnúmero de tecnologías imposibles de concebir para el hombre contemporáneo, era lo único que acompañaba al rubio, quien, una vez cortada la transmisión, no pudo evitar mirar la misma pantalla por unos minutos más. ¿Debía permitírselo? La "Herramienta" ya parecía ser lo suficientemente útil para sus propósitos.

Retiró su atención del monitor, y se concentró en los demás que conformaban el sitial, parecía que desde su puesto, podía operar un sinnúmero de ordenadores, como un director guiaba a una orquesta sinfónica. Desplegando todo tipo de información completamente codificada, pero entendible para el actual operador. El arquitecto desarrollaba su gran creación con sumo cuidado, y la encomienda entregada a la mujer era tan solo un pequeño engranaje, que en conjunto con otras piezas, haría rotar en armonía toda una maquinaria que había comenzado a ser gestada desde hace tiempo atrás, aun así, una duda parecía leerse en su marmórea faz. ¿Estaba bien confiar en alguien como ella? Quizás la siguiente misión lo probaría.

A los pocos segundos las pantallas se fueron apagando poco a poco, sumiendo al director de la orquesta mundial en una sepulcral oscuridad.


El vehículo se detuvo justo en el lugar indicado. Un mozo bien parecido se aproximó al auto para abrir la puerta del pasajero, labor que correspondía realmente al copiloto o chofer, pero que por vaya usted a saber qué motivo, este dejó pasar.

La mujer descendió mostrando una agradecida sonrisa al valet que parecía esperar le indicaran qué equipaje debía llevar.

- No traigo – musitó la dama cual si leyera su mente, adelantándose a ingresar al hotel. Su aspecto se fundía perfectamente con las elegantes instalaciones del mismo, era una fémina más del rebaño que había salido esa noche a lucir la firme voluptuosidad de sus atributos en alguna fiesta o lugar glamoroso. Tacones perlados, bolso a juego en contraste con un vestido rojo pasión.

La limosina arrancó y ella se detuvo en medio del lobby mirando las pinturas que decoraban el amplio recinto, el tapizado sedoso de los muebles y el bonito uniforme de la rubia que atendía la recepción.

- Creo que estoy perdida. – murmuró a sabiendas de que el mozo seguía junto a ella atento a cualquier solicitud.

- ¿Disculpe? – atinó a decir el joven muchacho inclinándose hacia ella como si trataran un asunto privado.

- Soy tan despistada… este no es mi hotel, recordaría haber visto antes ese jarrón chino. – Señaló en dirección a la costosa imitación de porcelana y sonrió al chico cual si se disculpara. – Esto no es la Av. Valley verdad? – la mirada que le dedicó en conjunto con su voz aterciopelada hizo tragar saliva al joven que inconscientemente se llevó la mano al moño atado en su cuello tirando de él con disimulo. Recién parecía percatarse del tono verde en los ojos de la fémina.

- N-No… Srta. Lamento decirle que no, pero por suerte no está tan lejos, esa avenida está a dos calles de aquí, siguiendo en la dirección opuesta que tomó su limosina. – El chico se detuvo mirando en dirección a la puerta – Oh! Su limosina ya se ha ido! – miró de vuelta a la mujer luciendo inevitablemente alarmado. Esta lo observaba con un dejo de preocupación resignada, que cubría correctamente su curiosidad. – No se preocupe… - apuró a decir el mozo – podemos llamarle una. Mindy - vociferó de golpe cayendo en cuenta de cuan inadecuado era ponerse a gritar en pleno lobby, aunque a esa hora no habían más que empleados en el lugar. – Espere un momento - murmuró esbozando una sonrisita tranquilizadora, en lo que pretendía dirigirse a la recepción, pero Ada lo detuvo con su mano en la ajena.

– Tranquilo, Tobie. – leyó en la plaquita que le identificaba en el uniforme. – Creo que puedo llegar a pie. – El chico volvió a tragar grueso, de nuevo esa mirada…

La mujer caminó en dirección a la salida, de vuelta seguida por él. Sus pasos entaconados resonaban en las losas de mármol. Afuera una fina garua cubría como un manto de perlas a la ciudad. Ada sonrió aspirando profundo.

- No debería ir sola por….- Un dedo en sus labios detuvo al chico de decir nada más, ella se volvió por un instante y le guiñó el ojo mientras el valet permanecía quieto rascándose la nuca mirando alejarse a la mujer.

...

Eran las 1:21 am cuando por fin hubo llegado a su residencia temporal real. Una pensión atendida por un trio de señoras de buen gusto y buena sazón. A diferencia de lo que pudiera mostrar, muy en lo profundo, era mujer de gustos simples. Muy en lo profundo.

El edificio siempre olía a té de rosas de Jamaica y por las tardes a bizcocho. Las dueñas tenían un perro viejo y un gato que convivían en perfecta armonía, hacia no más de una semana que había pagado el depósito por la habitación y a las viejas les daba por tratarla como a una nieta. Insistentemente preguntaban cuando iba a tener que irse como si les urgiera prepararse para el momento, intentaban hacer de su estadía un deleite aunque respetaban su espacio tanto como podían y tan como ella fingía dejarles. Mentir podía darle la cualidad de agradar a todos y por ende realmente a nadie. Millones de excusas eran inventadas a diario para cada paso, cada salida, cada sonrisa. Pero valía la pena por entretenerse con aromas caseros y bizcochos guardados.

No siempre pasaba la noche allí. El asunto de tomar costumbres era peligroso, aunque su mayor costumbre era aparentar no tenerlas.

- Hola – Susurró al sentir al gato enredarse en sus piernas y al perro golpearle con la cola al moverla en señal de alegría. Luego este último fue a echarse y el gato fue a morder la alfombra. Decididamente parecían tener los papeles invertidos.

Introdujo la llave en su puerta y en pocos segundos estuvo dentro de un rincón privado en medio de la ciudad bulliciosa. Allí desentonaba su vestido, aunque su cuerpo escurría la lluvia que había cachado en su caminata. Dejó el bolso a un lado y enfiló al baño con prisa. Luego de una ducha caliente, salió con la toalla envuelta en su cabeza vistiendo un salto de cama de seda china y pantuflas. Aun entonces desencajaba con el lugar.

El mobiliario estaba compuesto por un mueble de dos plazas y un sillón. La cama al fondo, matrimonial, con mesillas de luz a cada lado y frente a esta un televisor casi tan viejo como las dueñas de la pensión. Todo humilde pero cuidado y pulcro. Pisos de madera pulida y alfombras en la improvisada salita. Un armario junto a la tv del que extrajo un gancho para colgar el vestido junto a la ventana. Plantas de sábila en macetas salpicadas por el lugar, una puerta maciza que daba a una terraza casi secreta y en una esquina, un refrigerador ejecutivo. Definitivamente, un lugar cómodo con lo necesario.

Se tumbó en la cama sin arrugar demasiado las sábanas de algodón, trajo consigo el bolso y extrajo el "móvil" de su interior. Una luz titilaba en la esquina superior del mismo, había recibido un mensaje. Deslizó la pantalla hacia arriba y tecleó un código, al momento las coordenadas del siguiente punto de "encuentro" se mostraron.

Normalmente Wesker manejaba toda la información de manera electrónica, enviaba los datos, recibía los reportes, guiaba la misión y estaba al tanto de la misma sin hacer más que mover sus dedos. No parecía ser un hombre cobarde, sino uno con demasiados recursos y terceros para mover sin tener él que despegarse de su asiento.

Solo pocas veces le había visto en persona, dos veces de modo indirecto y una vez para entregarle la muestra que extrajo de Racoon City hace un tiempo. Luego de eso había desaparecido unos meses… pero de nuevo él le había vuelto a contactar.

Ada se estiró en la cama dejando el aparato de lado un momento… poco a poco gateó sobre las sabanas hasta la cabecera metiéndose bajo estas con parsimonia. Sus ojos se clavaron en el cuadro tras el televisor, frente a la cama. "El caballero de la armadura oxidada" era el título de un libro y fácilmente podía ser el título del cuadro. El hombre de la pintura la miraba fijamente. A ciegas tomó el bolso aún en la cama y lo lanzó contra la pared del extremo izquierdo. Justo al swich y La luz se apagó.