Capítulo 6:

Extracción.

No había pedido ayuda, pero agradeció para sí misma el contar con transporte. Dentro del helicóptero relajó su cuerpo notando entonces lo entumecida que tenía las manos. Retiró los guantes observando la leve coloración rojiza en la punta de sus dedos, se los acercó a la boca soplando de su aliento para calentarlos. Su cerebro quiso traer a la mesa imágenes de lo ocurrido, imágenes específicas, pero ella no lo permitió. El sonido del viento golpeando contra el cuerpo de acero que era aquel helicóptero le pareció más interesante.

- ¿Todo en orden? – La voz procedía de una pantalla instalada en el techo del vehículo, alineada para coincidir con el asiento que ella había escogido.

Ada no respondió el instante, no esperaba que resquebrajaran su tranquilidad de ese modo, porque no esperaba comunicación aún. Despacio llevó los ojos hacia la imagen que pacientemente aguardaba respuesta y se irguió como de costumbre, frotándose suavemente las manos.

- Está hecho. – Comunicó tomando la caja con las muestras, abriéndola para enseñarlas a su "jefe".

Al otro lado de la imagen, Wesker se arrellanó en su asiento con los labios débilmente curvados en una sonrisa. Observó que faltaba un de los frascos pero ya tenía conocimiento de para qué había sido usado, inmediatamente miró su reloj como si un conteo regresivo se hubiese activado en su cerebro.

- Excelente. – Dijo al cabo de un momento volviendo a su postura inicial. – ¿Te han visto? – inquirió con tranquilidad.

- No me enfrentaba a ciegos específicamente, pero no creo que vivan para identificarme. – Dio por respuesta volviendo la mirada hacia el paraje nevado que lucía azulino bajo la ilusoria coloración nocturna.

El hombre buscó con la mirada lo mismo que ella quizás para enterarse de qué era tan interesante. Aguardó un momento contemplando el rostro inexpresivo de la mujer que parecía pérdida en alguna cavilación, manejando por su parte la suerte de los pasos que tocaba dar ahora.

- Este helicóptero te trasladará hasta Anádyr, en Siberia. Su único aeropuerto atiende a varias de las principales ciudades del extremo oriente, tomaras un vuelo hasta Moscú. Nos veremos allá en dos días.

Ada viró la cabeza en cuanto escuchó la mención del aparente destino final, repitiendo mentalmente el nombre de la que no era otra sino la capital de Rusia y cayendo en cuenta de cuánto tiempo tenía sin practicar el idioma, que definitivamente no era su favorito.

- Y… Ada – continuó el Rubio ahora en un tono que insinuaba confidencialidad. – Compra un vestido. – Aquella era una demanda sutil o al menos por eso se quería hacer pasar.

La comunicación se cortó al instante sin que ella agregara nada más, aunque sus ánimos no sugerían mantener una conversación. La misión la estaba llevando a sitios que se amontonaban en su pasado, un pasado tan diferente como similar. Por un instante era consiente de un argumento tan banal como sobrestimado, Su edad, y pensar en ello trajo una sonrisa amarga a su rostro. Ya no era la jovencita de antes, pero aparte de eso, sabía que había algo más. El mundo estaba cambiando, mutaba contagiado por las ambiciones de la humanidad. Pero aquello era irrefrenable.

Un carraspeo la arrancó de su pensamiento aunque no estaba dominada por ellos esta vez, lo que repasaba en su mente, era un argumento que conocía de casi toda la vida. Se volvió para observar al copiloto, uno de las unidades al servicio de la Organización que lideraba Wesker, que le extendía una caja blanca mediana de una simpleza casi encantadora.

- El Señor Wesker se lo ha enviado. – comunicó entregándosela.

- Gracias - Articuló por educación recibiendo el paquete y dejándolo sobre sus muslos, era más grande que dos cajas de zapatos juntas y tenía varias ideas de lo que podía haber en su interior, sin embargo un hastío leve rondaba sus entrañas haciéndole rumear la posibilidad de abrirlo o no. Al final ganó su curiosidad.

- Qué sorpresa…- murmuró con cierto dejo irónico, pero realmente estaba sorprendida. Envuelto en varios folios de papel vegetal, el contenido de la caja no era otra cosa que un abrigo de piel rojo y unas botas a juego. No pudo evitar la sonrisa al tocar la suavidad del material genuino que debía ser de zorro o algo así, asunto que contradecía su inherente afecto por la vida "verde", la conservación de la flora y la fauna pero, que satisfacía su necesidad humana de cobijo en un clima tan extremo.


La dejaron en una zona aledaña a un asentamiento pesquero, a las afueras de la ciudad. Caminar llevando el abrigo y las botas obsequiadas por el genio, hicieron todo el paseo hasta el epicentro de la zona mucho más llevadero. Traía consigo la urna con las muestras ahora en un maletín encontrado en el helicóptero, el resto de sus pertenencias, cabían perfectamente en los compartimientos de su cinturón. Lo demás que necesitara lo adquiriría después.

En el asentamiento pesquero se aseguró de lucir de lo más afable, comunicándose con un ruso atropellado que mezclaba con el inglés, dando a conocer entre sonrisas y pestañeos encantadores, su necesidad por llegar a la ciudad. No faltó quien le ofreciera ayuda y pronto estuvo en un camión distribuidor, en camino a la misma.

Anádyr era una ciudad del extremo occidental de Rusia y la capital del distrito autónomo de Chukotka, localizada en el delta del río Anádyr. Había estado cerca de allí antes una vez, en Pevek realizando una búsqueda que terminó de manera decepcionante, nada que mereciera la pena recordar, pero ahora volvía procurando pensar que se encontraba de vacaciones a pesar de que el clima no fuera el más agradable para dicha ocasión.

El vehículo la dejó tal donde ella solicitó en el interior de la ciudad, los matices históricos de la misma se fundían con la austeridad del modelo económico que la sustentaba dándole un aspecto a medias pintoresco. La ciudad era práctica y pequeña y lo primero que hizo al encontrarse en medio de ella, fue buscar un lugar donde comer. En la gastronomía rusa las sopas eran un componente fundamental de la dieta y en una ciudad pesquera pues el pescado de tipo ahumado, resultaba inseparable, así que luego de una cena a un horario más bien avanzado, vagó por la zona en busca de alguna butik pero se rindió al encontrar todas cerradas.

Finalmente se refugió en un motel de aspecto decente y durmió esa noche desnuda abrazada al abrigo rojo.


Tenía mucho que hacer, demasiado que planificar y un sinfín de movimientos que disimular. Era un hombre preparado y los que trabajaban para él tenían que estarlo también, así que la rápida respuesta no podía ser sorprendente y sin embargo lo era, en un mundo donde era común la ineficacia.

El primer paso estaba dado y la meta era el ejemplo. Pronto tendría en sus manos de vuelta las muestras, Ada las había obtenido para él pero aquello era lo de menos. No las necesitaba, no era por necesidad que lo hacía, pero el factor desencadenante, si era importante. Barajeaba las cartas con cuidado teniendo una vista de las mangas de los jugadores. Tenía mucho tiempo anteponiendo jugadas.

Tomó el teléfono he hizo una llamada que no duró más de un minuto. Al otro lado del auricular, respuestas militares aseguraron la preparación del equipo elite para cuando la señal fuera dada. La movilización también se haría con absoluta precisión a fin de demostrar cómo se atacaban las dificultades desde su perspectiva.

- Es alta la probabilidad de que existan Armas biológicas. – afirmó.

- Entendido. – fue toda la respuesta que recibió y que esperaba recibir del líder del escuadrón.

Wesker cortó la llamada mirando luego un sobre reluciente que destacaba en medio del papeleo abrumante en su escritorio. Lo tomó entre sus dedos estudiando la tinta de oro que habían usado para escribir en él, finalmente leyó su nombre escrito en cursiva al costado del mismo y resopló despacio guardándolo en su chaqueta.


El día iniciaba temprano para las personas de aquella urbe, pero Ada despertó pasadas las diez de la mañana. Miró su reloj con cierta incredulidad y se estiró en la cama rodando sobre su cuerpo hasta queda boca abajo. Metió las manos bajo la almohada y entonces sintió el arma. La five-seven con el silenciador aun acoplado. Eso acabó de despertarla y la obligó a sentarse. Miró a su rededor inspeccionando cada aspecto del cuarto y luego a sí misma. Estaba desnuda como lo recordaba solo que algo no estaba del todo bien. No entendía el porqué de esa sensación, todo indicaba absolutamente nada. Miró sombras por la rendija inferior de la puerta y luego un "nock nock" la puso alerta. Tomó el arma y aguardó.

- Servicio – Rumió una voz femenina, audiblemente de una sra. madura en un ruso arrastrado y luego volvió a tocar.

Ada respondió igual en ruso pidiendo que le dieran un momento, alegando que estaría lista para antes del medio día que era el horario de desalojo. Inspiró profundo bajando el arma, no estaba asustada, simplemente… creía que debía permanecer alerta.

- Así no disfrutaré las vacaciones – habló para sí misma levantándose por fin y yendo por una ducha caliente, eso era lo que necesitaba.

Abandonó la habitación tal como la había ocupado, con su misma indumentaria y el maletín que había verificado antes de salir. Todo estaba en orden. Recorrió la ciudad en un paseo relajado, inevitablemente llamando la atención con su aspecto y su ropa, ¿no lo había pensado Wesker al abrigarla con rojo? En realidad no era tan importante.

Tomó un desayuno ligero y anduvo hasta una butik en la que pudo comprar algo de ropa, luego de hacerse con un bolso de viaje no muy grande, pero que no tardó en llenar con productos de su primera necesidad, desodorante, pasta y cepillo dental, enjuague y un peinecito de pelo, brillo labial y un par de conjuntos íntimos bastante bonitos. Adicional a eso adquirió unos lentes oscuros porque para un agente nunca están de más y luego de un par de horas en la tienda de ropa, tomó camino hacia el aeropuerto.

No tenía razones para permanecer en ese lugar y el viaje hasta Moscú era verdaderamente largo. Agregó a su indumentaria una ushanka de un tono rojizo similar al de su abrigo no solo por utilidad, sino porque era un accesorio que creyó conveniente ya que estaba en Rusia, algo que definitivamente estaba desvalorizando más sus ideales "verdes".

Una vez en el aeropuerto se hayo a si misma sorprendida con el contraste que ofrecía ese lugar en comparación con la imagen pintoresca de la pequeña ciudad. Incluso en su interior las personas presentaban un aspecto diferente y ya no le pareció resultar tan llamativa, lo cual podía ser una ventaja. Se paseó por las instalaciones llevando el maletín y la maleta a ruedas, con los lentes colgados en el escote de su blusa, usando el abrigo por encima abierto y una bufanda roja enroscada al cuello. Pronto se hizo con el pasaje a Moscú y se sentó a esperar que llegara la hora del vuelo.

Había adquirido un libro para pasar el tiempo, así como un cuaderno de desafíos entre los que contaban diferentes tableros de Sudoku y en una banca gozaba de la manera distante en la que se comportaban los rusos, además de miradas extrañas y una que otra típica, nadie se había aproximado a incordiarla, a preguntarle absolutamente nada sobre su persona o tan siquiera dirigirle la palabra por alguna razón en particular que no implicara deber por oficio. Las personas eran corteses en la medida justa y ella lo celebraba correspondiendo igual. El tiempo transcurría despacio y sin sobresaltos, era por un momento, alguien "normal".

En el aeropuerto, como en todos, dominaba el barbullo común de los llamados y anuncios, de las personas transitando y sus pasos variantes según el calzado. La ruedas de los cochecitos y maletas contra el suelo y uno que otro dialogo, componían la melodía del día a día de ese lugar conforme las horas, los minutos pasaban, pero todo eso poco a poco fue menguando, percibió a la lejos una voz que se hacía cada vez más cercana mientras todo se iba deteniendo y fue eso lo que le llamó la atención. Ese cese repentino de ruido. Así que alzó la vista del libro de desafíos dejándolo a un lado en la banca. Se aferró a su equipaje aproximándose lentamente al conjunto de personas que se aglomeraban en torno a una columna con pantallas de tv. Habían varias por todo el sitio, así que varios eran los cúmulos de personas entorno a estas. La expresión en sus rostros ya la conocía, no tuvo que acercarse demasiado para enterarse, le subieron el volumen a la tv, y pequeñas letras salían en la parte inferior y superior con el titular de la noticia: Ataca bioterrorista en la ciudad.

Enarcó una ceja, la imagen en la tv era clara, el terror en el rostro de la misma periodista le decía todo, pero atrás de ella los veía, caminantes espasmódicos, cuerpos anormalmente pálidos, enfermos, muertos. Frunció el ceño cuando un grito se escuchó haciendo que la propia mujer se crispara, la voz del camarógrafo se hizo oír cuando uno de esos seres corrió hacia ellos obligándolos a interrumpir la trasmisión, pero la cámara seguía encendida y lo estuvo incluso cuando se cayó de las manos de su portador enfocando a duras penas un creciente charco de sangre junto a las ruedas de una vans.

- Aquí vamos otra vez…- Murmuró negando con la cabeza, contemplando el desorden y el horror en las masas, aún más cuando por la entrada ingresó lo que pudo distinguir era un hombre con heridas mortales, la piel desgarrada pero aún vivo aunque no por mucho.

La gente corrió en todas direcciones aunque no tenían claro exactamente hacia dónde ir. Ella abrió su maleta rápidamente extrayendo de ella el lanza ganchos que había preferido horas antes ocultar. Lo colgó a la parte trasera de su pantalón y empuño su arma.

- Esto va a retrasar mi vuelo…- musitó atravesando la muchedumbre calmadamente, arrastrando su equipaje con ella hacia la salida trasera del aeropuerto. En los hangares alguna avioneta podría resultarle útil y con el desastre que se venía venir, nadie notaría su ausencia apresuradamente.

Quiso ingresar por una puerta pero un guardia la detuvo.

- Srta. Solo personal autorizado! – ladró en ruso el hombre sudando nervioso y mirando en todas direcciones, su radio no dejaba de transmitir, Ada pudo oír que le informaban sobre ataques en la puerta principal y los accesos cercanos, escuchó a otros guardias gritar que necesitaban apoyo.

- Ha avanzado demasiado rápido. – murmuró en ingles la mujer.

- Qué?! – el guardia la miraba curioso y desesperado, pero luego su ojos cambiaron de objetivo gritándole a alguien tras ella que se detuviera.

Miró por sobre su hombro el cuerpo que se tambaleaba en dirección a ellos, el guardia dio un par de pasos al frente poniendo la mano en señal de alto, pero el que se aproximaba, seguía sin responder. La gente alrededor emitía alaridos, la confusión formaba parte de la sinfonía ensordecedora y en medio de todo aquello, la morena oía al guardia insistir en detener calmadamente al que ella sabía era un cadáver andante.

- No va a oírte. No va a detenerse – advirtió en la lengua natal del varón estudiando la escena, sabía lo que pasaría pero quería verlo ocurrir. El guardia continuó hasta que aquel ser estuvo demasiado cerca, solo entonces sacó el arma pero el zombi se abalanzó, forcejearon, la determinación del monstruo era, siempre había sido avasallante, era la determinación de un ente hambriento, y en base a esa prerrogativa es que no era fácil detenerlo sin estar preparado.

La primera mordida fue en el hombro y luego en la cara. El grito del hombre fue desgarrador. Ella aún lo miraba cuando prácticamente de manera automática su brazo se alzó apuntando en dirección diagonal, dirigió sus ojos hasta allí y jaló el gatillo. El cuerpo del infectado cayó haciendo un ruido sordo, el tiempo que se había congelado en la mordida a aquel buen policía de aeropuerto, se reanudó con violencia. El caos estaba sembrado en el lugar, pero a pesar de eso, la mujer tuvo tiempo de dispararle al otro zombi y al hombre que antes devoraba, acto seguido retomó la ruta.

Corrió por los pasillos, derecha, izquierda, luego derecha otra vez, pateó una puerta que se abría en su dirección y le indicó a la mujer que se asomaba, que se quedara allí sin hacer ruido, que pusiera seguro y no saliera en las próximas horas. No supo leer en el rostro desencajado de miedo de la otra, si le haría caso, pero ya era su problema. Miró una gráfica y supo que iba en buen camino, al cabo de un par de minutos estuvo afuera.

De nuevo vino a ella sensación, el viento fresco, frío, contra su rostro, la noche pronto iba a caer.

Miró en todas direcciones leyendo las inscripciones de los hangares para hacerse una idea de donde podría estar lo que buscaba. Cuando se disponía a correr hacia uno de ellos, una mano se posó firmemente en su hombro. Su cuerpo reaccionó al instante buscando apartar dicha mano a toda velocidad con una de las suyas y apuntando el arma a la que intuía era la altura del rostro ajeno.

Su movimiento fue repelido y en menos de lo que cabría sospechar, un hombre había apartado de su cara el arma y esta ahora apuntaba por sobre su hombro junto a su mejilla.

- No esperaba verte aquí. – soltó ella con esa calma cadenciosa en su tono, apenas descubrió de quien se trataba.

- Vine por ti. – Declaró el rubio con seriedad.

Wesker la miró de arriba abajo fijándose luego en el equipaje, Ada hizo lo mismo apartando al cabo de un segundo el arma y tomando la maleta. El maletín con las muestras, lo llevaba colgado como un bolso cruzado al pecho. El hombre intuyó que allí estaba y posó sus ojos en él.

Pronto un trio de soldados que trabajaban para el hombre, se colocaron en torno a ellos rodeando a la mujer.

- ¿Por mí? – Esbozó una sonrisa ladina y se sacó el bolso por sobre la cabeza alargando el brazo para entregárselo a su jefe. Pero una de las unidades lo tomó. Mientras el mayor seguía con la mirada fija en la dama, erguido con los brazos cruzados en la espalda.

Ada le dedicó una mirada afilada que luego desvió hacia el interior del pasillo por el que había salido.

- Me tengo que ir. – musitó dedicándole otra mirada al rubio y dándose la vuelta para ir en dirección al hangar.

Wesker permaneció impasible mirándola alejarse, de pronto su cuerpo se tensó y a una velocidad sobre humana, lanzó una patada hacia atrás que se estrelló en el pecho de un zombi que acababa de asomarse por el corredor, lanzándolo metros dentro del mismo. Retomó a su postura con la misma calma de antes y comenzó a andar siguiendo a la mujer.

Cruzando la esquina al bordear unos contenedores, estaba un jet negro de uso personal con modificaciones militares, franqueado por 4 soldados más al servicio del varón. Ada se detuvo mirando la aeronave con expresión divertida. Wesker no escatimaba en recursos.

- Vine por ti, aún no terminamos. – comentó este que se había posado a su lado, indicándole al piloto que encendiera el motor y encaminándose al vehículo. Ada lo siguió y abordó con él, mientras las unidades vigilaban el entorno, posteriormente subieron también.

El interior no era precisamente lujoso, sino más bien funcional, contaba con 5 asientos principales tapizados en cuero, el primero se apreciaba a penas se subía al jet y era el más próximo a la cabina de vuelo junto a una pequeña zona a modo de cocina, los otros 4 estaban uno frente al otro inmediatamente se pasaba esa primera separación y tenían mesas para los artefactos de interés frente a estos, le seguía un espacio divido por una puerta y a su saber, la parte trasera que suponía estaba acondicionada para el transporte de al menos ocho soldados pero solo iban seis, además del piloto y el copiloto en la cabina correspondiente al frente, finalmente al fondo debía quedar el baño. En cuanto todos estuvieron en sus lugares, fue el momento de partir.

Una pista de despegue cercana les sirvió al propósito y en poco tiempo estuvieron en el aire. Ada se ubicó en uno de los asientos principales junto a la ventanilla, desde allí pudo observar la magnitud del caos en la ciudad. Sus ojos abarcaron el total del alcance contando las explosiones y el humo que surgía de diversos focos, divisaba los pequeños cuerpos correr por las calles, caer y sufrir a manos de las criaturas hasta que la altitud hizo de toda aquella imagen, un cúmulo de puntitos indefinibles cubierto por nubes. Solo entonces se arrellanó en su asiento manteniendo la misma expresión indolente de antes y al mirar al frente, se percató de que Wesker se había sentado frente a ella.

- Será un vuelo largo… - Comentó este al encontrar su mirada con la de la morena. Aparentemente había aguardado a que terminara su expectación sin descifrar nada significativo en su expresión. Pero aquello no era nada sorprendente para ninguno de los dos, en algún momento de sus vidas, ambos se habían visto inmersos en esa clase de situaciones, aunque mientras uno de ellos tenía el control sobre la misma, la otra sobrevivía tal como sabía hacerlo. Lo cual traía una pregunta a su mente.

- ¿Has sido tú? – inquirió con suavidad colocando los brazos en los apoyaderos y cruzando las piernas.

El hombre que se hallaba recto en su asiento, se inclinó apenas al frente subiendo sobre la mesa que estaba entre ambos, el maletín de la muestra.

- ¿Me crees el único capaz? – Replicó fijándose en lo que hacía, introduciendo el código en el panel de la urna para que esta se abriera.

- Para nada. – contestó ella mirándolo hacer. Wesker alzó la cabeza mirando en su dirección y ella posó los ojos en esos orbes rojizos que adivinaba bajo los cristales polarizados.

De nuevo ese enfrentamiento silencioso, en el que el caballero acabó con una sonrisa ladina, cerrando el maletín sin retirar su atención de la mujer.

- Llegaremos en aproximadamente 8 horas, probablemente antes. – Informó dejando a un lado el artefacto que inspeccionaba antes. – Te ha quedado bien el abrigo.

- Gracias... – Se dio una miradita pasando sus manos por la prenda acariciándola a la altura de su pecho- Tienes buen gusto. – Agregó fijándose en las botas - ¿Quién te dijo mi talla?

Albert la miró aparentemente sin entender, entonces ella le rozó la pierna con el costado de su calzado bajo la mesa. Esto hizo que el hombre adoptara una postura más recta en el asiento.

- Nadie. – Declaró bajando la mirada hacia esa pierna que se había estirado hasta tocarle. – ¿Acaso alguien más la conoce?

- Solo tú – pronunció despacio dedicándole una mirada sugerente – Además, es información que te corresponde ¿no?

Wesker pareció captar a qué se refería puesto que adoptó una postura un tanto más relajada, ladeó apenas la cabeza y frunció el entrecejo al tiempo en que esbozaba una sonrisa.

- Claro, aunque no creo que sea la clase de preguntas que nos hagan. – repuso con tranquilidad.

- ¿Iremos a un concurso de parejas? – preguntó ella en un tono de lo más inocente en el que se adivinaba la burla a leguas.

- De ser así creo que hay datos de mayor interés que tendríamos que compartir. – Sostuvo con esa cadencia grave en su voz repleta de seguridad. – Como… ¿Qué perfume usas en este momento?

- No traigo ninguno. – Se humedeció los labios, descruzó las piernas y comenzó a retirarse el abrigo, había calefacción así que no lo necesitaba.

El varón seguía con atención sus movimientos, el cómo apartó la prenda y luego la bufanda, llevando un suéter de tejido simple manga larga negro debajo, el breve escote en V era lo único que dejaba entre ver su piel y solo cuando hubo retirado todo de ella fue capaz de apreciar la gargantilla compuesta de una tirilla negra y un dije en forma de cruz, con una mariposa tallada en el centro de esta.

- ¿Entonces hueles dulce naturalmente? – La miró extrañado aunque se inclinó hacia adelante interesado.

- ¿Lo hago? – Puede que la pregunta real fuera. ¿En qué momento lo había tenido tan cerca? Y si, realmente no tenía idea de que ese fuera su aroma natural, pero más allá, había otra cuestión más importante. –… Quiero decir ¿Te gusta? – continuó mirándolo fijamente.

- No me molesta. – dio por toda respuesta.

- Espero que digas algo mejor si se da la ocasión de que lo pregunten. – Replicó redirigiendo su mirada al panorama que ofrecía la ventana.

- Es delicioso. – Se puso de pie dando por terminada la charla y se retiró desapareciendo tras la primera puerta a mitad del avión.

Aquella había sido una acotación inesperada, expresada de un modo sugerente que sonaba autentico. Ada mantuvo la vista en las nubes y lentamente cruzó las piernas. Inspiró profundo mirándose la mano derecha sujeta al borde del apoya brazos, le dio vuelta teniendo una visión de su muñeca… que discretamente aproximó a su nariz olisqueándola. No percibió nada especial y por un instante sonrió sintiéndose estúpida. Cerró los ojos dispuesta a descansar puesto que tendría que estar allí al menos 7 horas y tanto más, esperaba que eso no ofendiera a nadie y suponía que en su momento Wesker haría lo mismo.

Había olvidado el libro de desafío en la banca pero conservaba la novela que había comprado, El título del libro era: El Jugador. Y por el desfilaban personajes genuinamente rusos, tanto como el mismo escritor. Dado que no tenía deseos de dormirse aún, consideró bueno leer un poco.

Buscó con la mirada su maleta sin verla cerca, así que se puso de pie inspeccionando en la zona delantera y luego dirigiéndose hacia la puerta que había visto cruzar al rubio. Abrió la misma luego de tocar en caso de interrumpir alguna charla y al no recibir respuesta ingresó. Aquel espacio central era reducido y a diferencia de lo que pensaba, no era desde ahí que partía la zona para los soldados, en cambio, era un almacén instalado a medio jet con entradas de ambos lados. Armas, granadas y demás objetos de uso bélico, se apilaban ordenadamente sobresaliendo entre ellos, su maleta roja al fondo tras una par de cajas.

Arrojó un silbido de admiración por el pequeño arsenal, pero sintió que alguien tras ella inspiraba profundamente cerca de su nuca, erizándole la piel. Se volvió apresuradamente pues no había escuchado entrar a nadie, pero el cuerpo del otro reaccionó aún más rápido, la empujó con fuerza y a cabalidad contra la puerta opuesta dejándola de cara a esta, sujetándole las manos por sobre la cabeza con solo una de las suyas y teniendo libre la otra para pasar el seguro.

- ¿Realmente es tu aroma natural? – preguntó en voz baja deslizando el filo de su nariz tras la oreja de la mujer, apretándola con su efigie y deslizando una mano hasta enroscarla en su cintura, Ada se removía intentando soltarse, pero la tenía bien sujeta y a su pesar, contaba con una fuerza superior. Exhaló sintiendo su piel erizarse ante ese roce.

- Creo que eres capaz de verificarlo ahora… - arrojó por toda respuesta notando como los labios ajenos poco a poco se posaban en su cuello.

...


Nota de autor:

o-o Qué les pareció?! Cuéntenmelo todo!

Igfield! me encanta conocer tu opinión siempre. Es una critica muy completa.

En general, agradezco el comentario de todos. Les envío un saludote.

Espero seguir logrando algún material de buen gusto, para los amantes del romance debo decir que no puedo ir a mayor velocidad. Intento no perder las formas.

El fic a futuro tendrá su buena carga de Situaciones adultas, crudas y puede que feas, ademas del lemon. Aun estoy en eso, poco a poco pero ahí va no?

Nos estamos viendo n.n