Capítulo 7:

Inserción II

Otro estremecimiento sacudió su cuerpo vulnerable, la mujer quiso esconderlo pero escuchó el gestar de una sonrisa a su espalda, el hombre se apretó aún más contra ella haciéndole sentir algo especialmente duro contra la parte alta de sus glúteos. Ahora fue ella quien sonrió. Parecía inverosímil aquello por la simple manera en la que estaba pasando, pero su calor era palpable, la fuerza de su agarre incluso su perfume varonil.

Él despacio fue liberando sus muñecas, notó esa mano enguantada por sus brazos antes de caer en su hombro y deslizarse bajo su busto. Aguardó entreabriendo los labios, él estaba acariciando su cuerpo, descubriendo sus formas sin arrojarse aún por las zonas obvias, volviendo los roces cada vez más firmes, el agarre más desesperado, la intensión… casi violenta. Entonces ella llevó una mano hacia atrás, para acariciar ese cabello rubio que siempre lucia tan perfectamente peinado, le parecía un logro revolverlo, pero al toque, una sensación húmeda y viscosa le hizo apartarla. Enarcó una ceja. ¿Era gel de pelo? ¿Cuánto?! Miró su mano disimuladamente y la visión que obtuvo clavó una alerta en su cerebro.

Para ese entonces las manos del varón parecían querer arrancarle algo, Ada volvió el rostro a toda prisa luego de descubrirse la mano ensangrentada justo para encontrar unas fauces monstruosas, repleta de dientes filosos, que se abrían paso en la oscuridad y el poco espacio entre ellos para calarle una mordida en todo el rostr…

Abrió los ojos.

…o.

Observó su entorno con el rostro desencajado, seguía en el avión, seguía en el asiento del que supuestamente se había levantado, seguía… estaba sola… No, miró adelante, el costado del cuerpo de Wesker sentado en el asiento principal junto a la cocina, con una pierna ligeramente cruzada sobre la otra, leyendo alguna información de interés en su PDA.

Seguía...

Se miró las manos. Estaban limpias, pero lo que había sentido había sido tan real. Ese ser había dejado de ser él para volverse algo más, pero era conocido, tenía parecido con alguien del aeropuerto, aún podía ver su rostro y era el del guardia, al que le había disparado.

Volvió a reclinarse en su butaca mirando por la ventana, luego despacio posó su mirada en el móvil del Hombre a unos metros delante de ella. Se puso de pie despacio y se acercó en silencio, no era fácil atinar a esas letritas hechas para mirar de cerca, pero alcanzó a percatarse de la naturaleza del artículo, principalmente científico, una especie de procedimiento médico novedoso, algo relacionado con genética.

Wesker cambió la posición y ella aceleró el paso pasando junto a él como si no tuviera idea de su presencia, poniéndose a inspeccionar la cocina.

El hombre subió la mirada hacia quien le daba la espalda, hurgando con cuidado en la pequeña alacena.

- Las armas se guardan en otra parte. –Pareció bromear de la manera más seria.

Ada volteó a mirarlo ligeramente sobresaltada, muy ligeramente. Le dedicó una mirada cómplice y detuvo su "búsqueda".

- No puedo creerlo. – Frunció el entrecejo pareciendo decepcionada, se dio media vuelta quedando apoyada contra la mesada. – ¿Y qué hay del agua?

- Eso sí se almacena allí. – Dijo señalando la nevera con un breve movimiento de la cabeza.

La mujer se acercó al frigorífico luciendo incrédula a propósito, lo abrió y descubrió varios estantes repletos de paquetes con botellitas de agua.

- ¿En la nevera? Este sitio es de locos. – murmuró con su acostumbrado tonillo sarcástico, rompiendo el plástico de uno de los paquetes para tomar una.

El la observó ligeramente divertido antes de volver su atención a la información de antes.

- Estamos por llegar. – puntualizó mirando luego su reloj, acción que la espía realizó más por costumbre que por reflejo.

Aterrizaron a las 2:23 am en el Aeropuerto Internacional de Moscú-Domodédovo, en una de las pistas alternas desocupadas, Ada descendió del jet embutida en su abrigo sintiendo el frío como una bofetada en la cara. Las temperaturas a esa hora de la madrugada no eran gentiles con nadie, sin embargo, se sorprendió al conseguir una especie de comitiva compuesta por un hombre a parte del conductor, que la esperaba estoicamente parado junto a una limosina.

Dos soldados de su "cliente" llevaron sus pertenencias al vehículo mientras el "mozo" se presentaba ante ella como servidor del señor Roderick y su escolta hasta el hotel. Su ingles era fluido aunque conservaba los tintes de un ruso clásico y solo hizo falta mirarlo para saber que ese hombre era mucho más que un simple "servidor".

Se volvió hacia Wesker que permanecía impávido junto a la escalera del avión como si el frio no le afectara en lo más mínimo. Él y el hombre intercambiaron miradas y Ada frunció ligeramente el entrecejo acomodando su sombrero y tomando una postura más digna a pesar de que el frio solo le hacía quererse doblar. Caminó hacia la limosina y el mozo se apresuró a abrirle la puerta en lo que unos pasos firmes resonaron en el pavimento haciendo que ella se detuviera de subirse al auto.

Wesker la cogió del brazo atrayéndola con sutileza hacia él y plató un beso suave en su boca. En la brevedad de ese instante, la mujer fue consciente de su expresión, la dureza de sus facciones y la tensión de su rostro hacían del beso un cubo de hielo. ¿Le resultaba difícil fingir algo mejor?

- Te alcanzaré en unas horas. – musitó en su oído al tiempo en que introducía algo en el bolsillo de su abrigo. Ella se mantuvo tranquila, aquel era un acto "normal", "El Show había empezado".

No articuló palabra, solo lo observó alejarse en dirección al avión en lo que ella abordaba la limosina y esta partía hacia el centro de la ciudad.

En medio del recorrido inspeccionó los objetos entregados que solo consistían en un muy plano teléfono móvil y una especie de tarjeta de crédito con su nombre tal cual y la sigla de su apellido. "Ada W."

- ¿Dinero infinito? – murmuró observándola.

Reconocía la tarjeta como una de extensión y aquello le arrebato una sonrisa sombría.

Al cabo de casi una media hora, la limosina la estaba dejando en el hotel. El "escolta" se bajó para entregarle el equipaje al botones mientras ella contemplaba la fastuosidad del edificio. A simple vista era de los históricos, asentado frente al rio ofreciendo servicios de paseo en yate y diversas embarcaciones o simple "aparcamiento" de botes, entre todos los demás beneficios correspondientes como hotel cinco estrellas, a pesar de su fachada y atractivo turístico, resultaba sobresaliente por su ambiente profesional, siendo el favorito para desempeñar negocios, lo cual coincidía con el perfil de la misión general.

Ada dejó de mirar para introducirse a la falacia, siguiendo con rostro "ingenuo" las indicaciones del hombre que se ponía a su disposición para cualquier cosa y le informaba de su número de habitación entre otros detalles. Aunque cuando él le preguntó sobre la suya, tuvo que dirigirse al mostrador para preguntar sobre la reservación. La bonita mujer que le atendió requirió verificar con la tarjeta de crédito y ella se la entregó.

- Sra. Wesker. – Saludó con afabilidad profesional. - Bienvenida.

La mención de aquello estuvo a punto de generarle un tic nervioso en el ojo, pero no estaba entre sus costumbres dejarse dominar por los bajos... por sensaciones sin nombre o con nombre.

Asintió esbozando una sonrisa y la rubia prosiguió la revisión haciéndole entrega al mismo tiempo de folletos donde se exponían los diversos planes de spa y servicios del hotel, entre otras recomendaciones.

- Tiene la Suit del Sol. – informó la jovencita, haciendo que la morena desviara la mirada hacia el dibujo central del enorme salón que seguía a la recepción y en cuyo mármol, perfilaba la constelación de un modo poético con el enorme sol arriba sobre todo, orgulloso, perfectamente rubio y regio.

Megalómano…

Tal como imaginaba, la habitación era de las más grandes y lujosas del lugar. Parecía una estrategia, no, lo era, y ella podía ver los hilos entretejidos entre tanta vanidad.

En el último piso de aquel edificio y con una vista asombrosa del rio que se extendía a las faldas del Hotel junto con la amplitud de la ciudad, uno podía casi sentirse dueño del mundo. Pero la idea en sí, era asquerosa y demasiado básica.

Tomó asiento al borde de la cama para quitarse las botas, con parsimonia, librándose luego del abrigo y posteriormente de lo demás. Su ropa quedó tendida en el piso y ella desnuda aun en la cama. Cerró los ojos.

No siempre harás lo que desees hacer….

Probablemente nunca lo que tengas que hacer, será lo que deseas.

- Y aun así tendrás que hacerlo. – murmuró.

Las palabras se presentaron claras, como un mantra frente a sus ojos, en la oscuridad de sus parpados, en el silencio en realidad inexistente de la habitación. Podía oír el ronroneo de la vida, la vibración de la electricidad en los aparatos, el zumbido de la existencia en sus oídos, pero no su propio corazón.

Abrió los ojos y se puso de pie, recogió la ropa y se fue al baño para tomar una ducha. Ya hablaría con el servicio de tintorería para que se encargaran de sus prendas, por ahora debía dejar de pensar en cosas innecesarias y centrarse en la patraña, en lo interesante, en el anzuelo.

No estaba precisamente cansada pero algo le agobiaba como una mosca encerrada en una habitación que luego de días se rehúsa a morirse o a marcharse si le abren la puerta.

Ingresó al baño sintiendo el impecable tacto del mármol frio bajo sus pies, observó la majestuosidad de los materiales usados, la grifería dorada contra un azul celestial en baldosas y cristales. Si tuviera que opinar, diría que la habitación era un ocaso y el tocador un amanecer, pero a pesar de la belleza, le parecieron ridículamente cursis los querubines del techo sobre el jacuzzi.

Enarcó una ceja. ¡Había un jacuzzi! Así como un montón de objetos, frascos y ungüentos perfumados en la encimera del lavado, también de mármol. Se entretuvo olisqueándolos uno a uno arrugando la nariz cuando alguno no le gustaba y apartando a un lado los que sí. Un reducido grupo al final.

Revisó las toallas, la limpieza de la tina, volvió a la habitación y tocó las sabanas, chequeó las ventanas y luego se descubrió haciendo yoga desnuda en medio de la habitación luego de correr las cortinas para que nadie fuera a llevarse un vistazo desconcertante en plena madrugada.

Inspiró y exhaló. Buen y útil ejercicio, mientras se estiraba en la posición del gato, debía admitir que aunque hacer posturitas en una habitación que al parecer compartiría con Wesker daba muchas ideas "oscuras", la verdad, reconocía la necesidad de centrarse en ella. Bajó su abdomen hasta el suelo apoyando el bajo vientre en el mismo para ejecutar la Cobra, desde allí, estirando más los brazos hasta sostenerse solo con ellos y la punta de sus pies mientras arqueaba aún más la espalda hacia atrás, realizaba la Cobra aérea y tras unos minutos, volviendo a la postura anterior, solo que ahora sujetándose los pies con ambas manos, conservando la curva de la espalda, efectuar El arco.

Descansó en esa postura, inspiró y exhaló varias veces antes de relajar el cuerpo dejándose tendida en el suelo por completo boca abajo.

… Y tienes que estar lista.

Elevó solo las piernas hacia atrás dejando el torso pegado al suelo, su cuerpo describía una vaga media luna, un arco abierto, El saltamontes. Contuvo el aliento apoyando la planta de sus manos en el suelo, así también los codos, dejando residir todo el peso en ambos puntos mientras sus piernas, su vientre, su abdomen se separaban del suelo hasta quedar completamente perpendiculares respecto a este y lo que siguió fue estirar los brazos, con firmeza y sin titubeos hasta quedar en una perfecta parada de manos. Cerró los ojos.

-Flash Back. –

- ¿Estas lista?

No hubo respuesta.

- No te cuestiones, no es tu deber, te han contratado, tú DEBES hacerlo. Si no, no has debido aceptar.

Silencio.

Un arma apuntaba a un blanco incierto, se mantenía firme el brazo que la sostenía, tenía el objetivo en la mira, fallar no era ni remotamente posible o tan siquiera opcional.

- Si sabes por qué estás aquí… entonces no..-

Un disparo, un agujero en el centro del pecho y un cuerpo maniatado siendo empujado hacia atrás, rodando de la silla, encogido, encorvado con las piernas contra el pecho por la caída, la cabeza en una postura antinatural y los ojos brillosos mirando a la nada, son la misma cosa.

El largo pelo castaño con reflejos rubios, comienza a llenarse de la sustancia rojiza que dio vida al cuerpo, se vacía como ya vacuos están sus ojos, como ausente quedó su alma, en silencio, sin latidos. Mientras dos contemplan y una enfunda el arma.

- ¿Estoy lista? – pronuncia monocorde la morena de pelo corto con una leve tonalidad de sarcasmo en la pregunta. Luego se aproxima para mirar de cerca a quien acaba de asesinar. - ¿Qué significa estar lista? – Cuestiona a su interlocutor poniendo sus ojos en él.

Silencio.

- - Fin del Flash Back -

Abrió los ojos contemplando el suelo bajo su rostro. Expulsó el aire contenido y levantó el brazo derecho… ahora solo se sostenía del surdo. Notaba todos sus músculos tensos en la tarea de mantener el equilibrio, sentía su cuerpo caliente y frio al mismo tiempo, el corazón galopante y apurado y la mente vagamente despejada.

Al fin se dejó ir primero con una pierna y luego con la otra, cayendo en puente y levantándose con facilidad en el impulso. Ahora sí tomaría una ducha.

Caminó al baño haciendo círculos con las muñecas, el ceño ligeramente fruncido, no era correcto que le dolieran por un poco de ejercicio. Se miró al espejo apenas entró detallando su cuerpo desnudo con la mirada, apoyó las manos en la encimera para acercarse más a su reflejo escudriñando sus propias retinas. Una imagen perfiló como una sombra rastrera que se pierde por el rabillo del ojo, un flashazo de la memoria…

… Cabellos esparcidos, un rostro desencajado, ojos vidriosos que no miran nada sino al vacío, vacíos en sí mismos, en esa faz pálida, bovina, como un ganado apaleado, solo que este había sido atravesado por un proyectil. La lengua asomaba apenas entre los labios separados, la boca seca y a pesar, un hilo de saliva fría… se escurría por la comisura, pronto sería una huella seca. Los dedos en garra, las cejas, los contornos aún conservaban ese espectro de horror antes del momento falta, pero era la sangre una manta sedosa y lustrosa bajo aquel cadáver, luego sería una costra pútrida, una huella indeleble en la madera…

Bajó la mirada y se retiró hacia la tina, abrió ambas llaves, la de caliente y frio, para lograr una temperatura media a la cual remojarse a placer y tomó asiento en el borde de la bañera mientras esta se llenaba. ¿Qué hora era?


Miró su muñeca atendiendo a las manecillas del reloj en lo que el auto aparcaba junto a una casona suburbial. No bien había descendido del vehículo cuando un hombrecillo prácticamente albino aún enfundado en un pijama de seda, se aproximaba escoltado por un cuarteto de guardaespaldas.

- FUE RASTREADO, EL CARGAMENTO FUE RASTREADO! Sr. Wesker! – exclamaba sacudiendo las manos en un tono que mezclaba la ira con la desesperación, sin embargo se detuvo al retomar conciencia de que no le hablaba a uno de sus empleados, entonces paró en seco y volviéndose le ordenó a sus escoltas que le dejaran solo. Los hombres titubearon pero el pequeño comenzó a espantarlos como si fueran aves de corral. – Es decir, llegó pero algo salió mal, ¡entraron! Ya no está.

El hombre embutido en cuero negro enarcó una ceja mientras el otro se aproximaba cabizbajo retorciéndose las manos, ansioso.

- Lo siento. – susurró apenas estuvo a un metro del visitante. – Es que… todo esto…

- Lo entiendo Roderick. Tampoco me hace gracia. – Habló haciendo uso de un tono condescendiente. Cruzó los brazos tras su espalda y se volteó a mirar la casa dándole el perfil al más canijo.

Parecía cierto eso de que a "piernas cortas, gran boca", el platinado no dejaba de murmurar con nerviosismo una sarta ininteligible de frases mirando hacia varios puntos a sus pies sin mirar nada realmente. ¿Qué necesitaba decir realmente? Aquello no tenía que haber pasado.

- Esto arruina todo el proceso Wesker, mi compañía necesita esas muestras. – masculló alzando sus ojos hacia la figura pétrea que era el hombre ante él. De pronto frunció el entrecejo como si una idea irreverente se formara en su cabeza, pero la mirada ajena le hizo volver la suya al suelo.

- Yo le vendí esas muestras… - Escupió articulando bien la frase antes de reubicar sus lentes empujándolos por el puente. – No es conveniente tampoco que se conozca el origen. – Murmuró ahora más calmado.

El hombrecillo volvió a mirarlo esperanzado pero dubitativo, le era beneficioso que el negociante encontrara perdida también, él no era el único por hundirse pero aquello no solucionaba nada. Barajeó las posibilidades acariciándose las manos como haría una mosca pero volvió a recaer en el nerviosismo ante el mutismo de su interlocutor.

La noche más bien madrugada, se prestaba fría para la ocasión. Hace unas horas le habían informado del altercado en la base que por exigencias y recomendaciones del hombre con el que hablaba, había sellado para evitar la fuga de una infección, sin embargo horas después, en la ciudad de Anadyr ocurría algo horrible y en su papel debía actuar como si fuera ajeno a todo eso.

- ¿Ha venido con su esposa? – inquirió de pronto cambiando el tema de un modo que a Wesker le hizo mirarlo extrañado. ¿El silencio le perturbaba? – lamento citarte en la madrugada pero fue recién que me informaron de tu llegada, te esperaba desde anoche.

- Ella está en el hotel. – Respondió refiriéndose a la que el pigmeo mentaba como su esposa. – Y se me ha hecho imposible llegar antes por la misma causa de tener mujer. – agregó con cierta pesadez bajando la mirada que el otro inspecciono asintiendo luego empático. Sabía los retrasos que eran capaces de producir las mujeres.

- Es difícil… - comentó rascándose la cabeza y luego cerrando los ojos – Mi esposa no puede enterarse de esto Wesker. Está demasiado entusiasmada con la celebración… y yo… no quisi….

- Nadie debe entrarse. – Le cortó de golpe mirándolo fijamente. – Recuperaré esa muestra y limpiaré el desastre.

- Tengo gente capacitada para eso …

- ¿Lo suficiente capacitada como para dejar que se la arrebataran?

El jefe de la compañía enmudeció apretando los puños. Aún no entendía como había pasado.

- Son demasiados los interesados, Roderick. – Dijo cual si leyera la mente del otro. Aguardó llenando sus pulmones con el gélido aire de la madrugada y continuó al cabo de un momento. – Si has procedido del modo en que recomendé y las instalaciones se han sellado, como me indicaste en tu llamada, quiere decir que la situación está en otro nivel. – Se inclinó ligeramente para estar a la altura del mas bajito – ¿Estás preparado para combatir el arma que pretendías estudiar, controlar? – Jaque. El aludido palideció.

- Te estaré tan agradecido….

- No. – murmuró Wesker enderezándose y caminando hacia el vehículo – Todo tiene un precio… - se subió y antes de cerrar la puerta agregó. – Piénsalo.

El auto deportivo arrancó, dejando tras él a una figura enjuta que con la lejanía se hacía cada vez más diminuta mientras los gorilas se aproximaban a él nuevamente como si quisieran verificar su bienestar. Pero la desmoralización no era algo que se palpaba con las manos, ni era visible a simple vista más que por el aspecto encorvado que ofrecía el hombre. El varón dentro del vehículo sonrió siguiendo la escena por el retrovisor. Todo iba mejor de lo planeado e incluso si la respuesta no era en su momento la deseada, el plan seguía su curso y la caña se conservaba inamovible con el anzuelo arraigado a una presa mucho más grande.

Observó la carretera dejando solo una mano al volante, pisó el acelerador y velocidad se elevó con creces. Podía permitírselo mientras no alcanzara aún ninguna calle principal. Reglas. ¿Eran necesarias? Lo eran… Pero cuando un designio mayor las superaba por un bien colectivo, ¿Quién era capaz de decidirlo?

Tomó el móvil e hizo una llamada. Sostuvo el teléfono contra su oreja mientras la conexión se establecía, del otro lado al cabo de un momento se produjo una contestación.

- ¿Listos? -

- Afirmativo. – La respuesta fue casi mecánica.

- Esperen mi señal. – Su orden era clara y concisa.

Colgó.