Segundo relato: Glorioso accidente.

Personajes: Fred/Luna/George/Pansy

Para el siguiente se admiten peticiones, aunque no se cuando lo tendré listo porque ahora me quiero centrar en el cap de Pesadillas, espero que lo disfrutéis!

Disclaimer: TODO lo que reconozcáis pertenece a JK Rowling.


Glorioso accidente

Fred y George observaban a su alrededor con una sonrisa de satisfacción en sus rostros, ahora que la guerra había terminado Sortilegios Weasley estaba abarrotado de estudiantes, un ensordecedor murmullo era el dueño de todo el local; conversaciones triviales, saludos entusiasmados, carcajadas perdidas entre la muchedumbre.

El uno de septiembre se aproximaba y todos los alumnos de Hogwarts se pasaban por allí para hacerse con un buen surtido de bromas para el nuevo curso escolar. Las victimas serían de lo más variopintas; novatos, profesores, amigos, enemigos, amores platónicos, fantasmas, cuadros.

Los gemelos Weasley tenían un surtido de artículos, tan extenso y tan diverso que nadie se iba de la tienda de vacío, todos sin excepción salían de allí con lo que habían ido a buscar. Incluso el grupo de snobs de Malfoy se marchaban completamente satisfechos, aunque nunca lo admitirían y pagaban a regañadientes, con sus clásicas muecas de evidente superioridad.

Fred le dio un codazo a su hermano señalándole con la barbilla hacia el fondo del local, George con gran curiosidad giró la cabeza en esa dirección a la vez que una traviesa sonrisa se alzaba en la comisura de sus labios, al ver lo que su hermano le señalaba con esa picardía en la mirada.

Allí Luna Lovegood estaba observando con una fascinación casi morbosa, el producto más reciente de Sortilegios Weasley. "Éxtasis Líquido", el inédito elixir de la lujuria, embotellado cuidadosamente en un frasquito con forma de diamante. El cristal carmesí te incitaba a cogerlo, a tantearlo.

Se habían inspirado en la mitología griega muggle y en los impulsos de vida y de muerte que convivían en nuestro organismo interactuando en sincronía cuando llegábamos al clímax, ese delicioso fenómeno que los franceses habían denominado "petite morte" una muerte metafórica de la que resucitabas completamente satisfecho.

Les había costado más de un año y algún que otro encuentro aparatoso dar con la fórmula adecuada para conseguir el elixir definitivo, el perfecto. Dos gotas de Felix Felicis; para aumentar la dosis de felicidad, una gota de Amortentia; para despertar los sentidos, tres pétalos de Ambrosia; para avivar la libido y una raíz de Ginseng; para estimular el flujo sanguíneo. Era de uso tópico, no hacía falta ingerir y tres gotas en la arteria carótida te transportaban a una hora de demencia y placer incomparables. Todo perfectamente especificado en las indicaciones del reverso del frasquito. No anulaba tu libre albedrio, eras plenamente consciente de lo que hacías, pero te abandonabas a las sensaciones y eras completamente libre de inhibiciones, eliminando cada uno de tus prejuicios.

Luna estaba cautivada por ese color intenso y embaucador. Poco a poco y con respeto fue acercando sus dedos hacia ese tapón en forma de perla que le separaba de exhalar su fragancia que estaba segura sería gloriosa. Escuchó el roce del cristal al abrirse y cerró los ojos para absorber la esencia con sus cinco sentidos.

El efecto fue devastador, tan intenso que por un momento le nubló el juicio y tambaleándose dos pasos hacia atrás, colisionó con un pequeño cuerpo, provocando que el frasquito que tenía entre sus manos se elevará en el aire y que más de la mitad del contenido de su interior se derramara en ella y en la persona con la cual había chocado. Fred y George que no habían perdido detalle de todo el momento, compusieron una mueca horrorizada al comprender lo que acababa de pasar y las consecuencias que traería.

- ¡Mira por donde caminas Lunática! ¡¿Ahora aparte de loca estás ciega?! – gritó Pansy Parkinson, encarando a Luna y llevándose las manos a la cabeza de la cual goteaba un líquido transparente de un intenso olor picante y dulzón - ¿Y qué mierda es está que me has lanzado encima? ¡Huele…

Pero Luna no la escuchaba, el aire de su alrededor había tomado consistencia, respirar se le hacía pesado, la sangre que contenían sus venas se estaba convirtiendo en lava, las extremidades le cosquilleaban y una bestia dormida en sus entrañas había despertado intentando abrirse paso desde lo más profundo de su interior queriendo tomar posesión de su cuerpo.

Los labios de Pansy se movían sugerentes ante ella rojos, gruesos y húmedos. Una llamada tan atrayente de la que no pudo rehusar. Se abalanzó sobre ellos de una manera impetuosa dejando a Pansy momentáneamente desubicada, pero las mismas sensaciones que habían invadido a Luna empezaban a socavar su voluntad, entregándose en manos de la locura.

Agarró los hombros de Luna, enterrándole las uñas en la carne y guiándola firmemente hasta chocar contra la pared del fondo de la tienda, invadió la cálida y húmeda cavidad de su boca con su lengua, enzarzándola con la de ella en un libidinoso y candente baile. Las manos de Luna no se quedaron quietas, viajaron en un sinuoso camino hasta acabar bajo la elegante camisa negra, acariciando la fina piel nívea erizándola bajo el sutil roce de sus dedos.

Las bocas de Fred y George se descolgaron y la parte inferior de sus cuerpos dieron un tirón doloroso contra sus pantalones ante la utopía que estaban presenciando. Era como ver a dos deidades griegas en una lucha encarnizada por someter al otro a su entera voluntad. Eros; dios del amor, el sexo y la lujuria y Tánatos; dios de una muerte no violenta, placentera, fuertemente abrazados; el primero intentando conservar la existencia, el bienestar y el amor y el segundo, intentando destruir y socavar. Era la máxima expresión de la lascivia, el erotismo y la lujuria.

Intercambiando una incrédula mirada supieron lo que tenían que hacer, sin pronunciar ni una palabra y en una perfecta sincronización salieron de detrás del mostrador intentando que nadie se percatara de lo que estaba pasando. George, se fue hacia la izquierda, en busca de Ron para que atendiera la tienda mientras ellos se encargaban del asunto. Fred se marchó hacia las dos encendidas chicas que seguían unidas por las lenguas, Pansy había pasado sus manos de los hombros de Luna hacia sus pequeños y firmes pechos, amasándolos, provocando en la chica algún que otro jadeo involuntario.

Al llegar justo a un paso de la espalda de Parkinson, no supo cómo proceder. Vio como Luna abría un ojo y le miraba. Componiendo una sonrisa en la boca de Pansy y mirando fijamente a los ojos de Fred, lamió el cuello de ella de arriba abajo en un gesto sugerente y obsceno hacia el chico, tentándole, provocándole e invitándole.

Soltando un gruñido bajo se acercó a ellas en una gran zancada, arrancándolas de su fantasía y devolviéndolas a la realidad. Tenían la respiración errática, las mejillas arreboladas y la mirada vidriosa, nubladas de deseo. Eran la mayor tentación vista por el hombre y Fred estaba al mismísimo borde del abismo, justo en el límite entre la locura y la cordura.

Tenía que sacarlas de ahí, pero sobretodo alejarse de ellas. Rápidamente y viendo como George ya había advertido a Ron y se dirigían hacia el mostrador, agarró a las dos chicas de la cintura mientras ellas se abrazaban a cada lado de él metiendo sus pequeñas y delicadas manos bajo su camisa y las guio hacia la trastienda por donde se accedía al segundo piso, su loft.

El camino por las escaleras fue más complicado y tortuoso de lo que Fred había llegado a prevenir. Las chicas entre risas se agarraban a él intentando desabrocharle los pantalones mientras las tenía agarradas por la cintura, procurando que los tres no se mataran rodando hacia el primer piso de nuevo.

Al llegar y abrir la puerta las chicas se quedaron momentáneamente cautivadas, el loft de los gemelos era amplio, espacioso y luminoso. No se veía ninguna pared sólo un tramo de escaleras que subía hacia un piso superior donde parecía haber dos puertas. Todo el piso estaba decorado al más puro estilo muggle, tenían una gran pantalla de television en un sofisticado mueble junto a un conjunto de sofás y sillones tapizados en cuero negro y blanco y frente a estos una mesita llena de consolas de videojuegos muggles. En medio de todo ese espacio una mesa de billar se postraba ante ellos con elegancia. Los gemelos habían pasado una cantidad ingente de horas en bares muggles, empapándose de su cultura, de su manera de vivir y disfrutaban de esas cosas. Al fondo había una barra de bar repleta de bebidas de todos los colores y sabores, mágicas y muggles, de cualquier rincón del mundo.

Pansy centrando su mirada en esa larga y abarrotada barra, agarró suavemente la mano de Luna llevándola hasta allí apresuradamente. Cogió una de las botellas de alcohol sin mirar siquiera cual estaba cogiendo y descaradamente se la llevó a los labios, bebiendo directamente a morro al tiempo que algunas gotas de un líquido ámbar se escapaban de las comisuras de sus labios cayendo directamente en su escote.

Luna observaba maravillada como las gotas de alcohol caían lentamente sobre la piel blanca de Pansy, oscureciéndosela y haciéndola brillar al mismo tiempo. Tenía que probarla, se le hacía el manjar más exquisito en esos momentos y sin esperar un segundo más hundió su cabeza en ese valle en el cual llovía oro. Sacó la lengua lamiendo toda la cantidad de licor que encontraba a su paso, provocando que Pansy echara hacia atrás la cabeza, dejando escapar suspiros placenteros, mientras seguía bebiendo de la botella separándosela de la boca y dejando que el chorro cayera en ella.

En ese momento entró George por la puerta, quedándose impactado por la escena que se estaba desarrollando en su bar, el espectáculo más erótico y sensual que había visto en su jodida vida. Jadeo del impacto y girando la cabeza vio como Fred, estaba parado en medio de la sala completamente hipnotizado.

- Fred, - le susurró de manera firme, haciendo que su hermano pegara un brinco de la sorpresa y se girará en su dirección con una mueca desencajada – tenemos que hacer algo. Esto no puede ser legal.

- Lo sé… - dijo, pero enseguida volvió a centrar su atención en las dos chicas frente a él, ahora Luna estaba desabrochando los botones de la camisa negra de Pansy sin dejar de lamerle el escote, la cual completamente desinhibida había dejado la botella a un lado apoyando sus codos en la barra y dejando caer la cabeza hacia atrás, se entregó gustosamente a las atenciones de la rubia.

George, viendo como su gemelo se había quedado otra vez idiotizado, como si estuviera viendo una de esas películas porno baratas que echaban en esa pantalla muggle a altas horas de la madrugada, tomó la iniciativa. Se adelantó unos cinco pasos hacia las chicas, quedando a una distancia prudente, sobre todo para él y se aclaró la garganta.

- Ehh… chicas, es-esto no-no está bien. – dijo tartamudeando debido a lo inverosímil de la situación – Parkinson, tú nunca habrías aceptado esto, no eres dueña de tus actos.

Pansy abrió los ojos desde su posición en la barra y sonrió lascivamente, relamiéndose los labios.

- Ahh, Weasley… - eso sonaba a pecado, Luna había acabado de abrir su camisa y empezado a jugar con sus erectos pezones sobre la fina tela de encaje negro transparente que conformaba su ropa interior – Ahora mismo me siento dueña del universo. ¿Sabes lo poderosa y excitante que es la sensación de ir contra corriente? ¿De derribar todas las barreras impuestas?

Su voz se había colado en su sistema como el maravilloso canto de una sirena, anulando cualquier pensamiento racional, dejándole a su completa merced. Esa voz, esos ojos y esa sonrisa retorcida eran peligrosos, Pansy era la viva imagen de la viuda negra, toxica, seductora y letal. Fred viendo que su hermano había caído en el mismo embrujo que él decidió poner un poco de cordura en el asunto, se adelantó hasta situarse junto a su hermano y le agarró del codo, conteniéndole.

- Luna… tú… tú nunca te prestarías a esto, deberías reconsiderarlo. – dijo con voz trémula, saboreando la imagen de más cerca. Luna al escuchar su nombre levantó su mirada soñadora y vidriosa del pecho de Pansy, confundida por las palabras del chico. Abandonó el cuerpo que tenía debajo adelantándose hasta quedar a dos pasos de los gemelos. Pansy al sentir el vacío se subió encima de la barra con las piernas obscenamente abiertas mientras deslizaba un sugerente dedo sobre sus húmedos pechos.

- Fred… Siento que tengo las estrellas en la punta de los dedos,- susurró Luna de manera casi etérea mirándose los dedos que le cosquilleaban. Tenía un aura rodeándola, que le hacía ver inmoral e inocente a la vez, te invadían ganas de corromperla – Quiero que me ayudéis a abrazarlas completamente, por eso… sé que me perdonareis esto.

Metiéndose una mano en el bolsillo de su vestido amarillo sacó un pequeño frasquito carmesí que los chicos reconocieron al instante, pero sin darles tiempo a reaccionar lo desenroscó vertiendo su contenido sobre las pelirrojas cabezas de los dos horrorizados chicos.

El efecto fue casi inmediato, sus ojos se nublaron y sus muecas horrorizadas pasaron a unas de ansia desmedida. Luna sonrió completamente satisfecha haciéndole un gesto a Pansy para que se acercara y está con una sonrisa perversa en sus labios se acercó felinamente a ellos.

- Me gusta como funcionas Lovegood. – le dijo con aprobación, empujando a los dos chicos hasta el gran sofá de cuero negro y sentándose a horcajadas sobre George – Ahora vais a dejar que disfrutemos del caos… todos juntos. – le susurró sobre los labios mordiéndole suavemente, provocando un gruñido ronco por parte de él.

Luna observando que ya no tendrían más restricciones agarró los tirantes de su vestido deslizándolos delicadamente sobre sus hombros hasta que desapareció de su cuerpo, dejando sus perfectos y pequeños pechos expuestos, sus pezones erectos y su piel casi traslucida a la vista de todos. Eso lo hizo sin dejar de observar los ojos de Fred, que la miraban como un depredador a su presa, devorándola, degustando su sabor. Moviendo las caderas sinuosamente se acercó hasta él sofá dejándose caer en una postura idéntica a la de su compañera, notando en todo su esplendor la potente erección del chico entre sus húmedos labios, la tela de su braguita rozó su clítoris hasta hacerla jadear y las manos de Fred volaron hasta su cadera forzando la fricción de los dos, siseando placenteramente.

Pansy se había desecho de la estúpida camisa y de la ceñida falda que eran una molestia para lo que quería hacer. Había abierto de un tirón la camisa de George, haciendo saltar todos los botones por los alrededores y ahora mordisqueaba con saña el duro pezón del pelirrojo al tiempo que movía su cadera en lentos círculos sobre su rígido pene comprimido en sus pantalones.

Decidiendo que los gemelos todavía tenían demasiada ropa encima le hizo un gesto a Luna para que la siguiera y deslizando su lengua por el torso de George, fue arrodillándose poco a poco en el suelo hasta que su boca quedó sobre el enorme bulto de sus pantalones, vio como Luna había hecho un similar camino con Fred y sonrió seductoramente.

Llevó sus manos hasta el cierre del pantalón y de un fuerte tirón se desprendió de él y el calzoncillo a la vez viendo como el grueso miembro de George era liberado de su opresiva prisión y como su capullo se iba llenando de sangre, haciéndose grande, palpitando ante sus suculentos ojos. Lanzándole una golosa mirada, abrió lentamente la boca justo a un centímetro del glande y exhaló su aliento sobre él, torturándolo, haciendo que gimiera lastimosamente. Sonriendo con deleite sabiéndose poderosa hundió su boca en ese falo rígido que se alzaba ante ella como si de una diosa se tratara. Empezó a bombear con sus labios acabando con un suave mordisco en la punta cada vez más gruesa y brillante, el líquido preseminal se escapaba de ella llenando sus labios, tragándose su exquisito sabor.

Luna no tenía ningún tipo de experiencia en ese campo, las calurosas noches de verano que se había masturbado en la soledad de su habitación no le habían dado nociones para lo que estaba a punto de hacer, pero sus instintos la guiaban y Pansy era un buen ejemplo. Con delicadeza había sacado el miembro de Fred ante sus soñadores ojos, dejándola momentáneamente impactada por el tamaño de este. Nada tenía que ver con el pequeño juguete que le había regalado Ginny una vez para su cumpleaños y con el que había conocido los placeres de la carne. Con reverencia se inclinó hasta quedar a la altura absorbiendo su olor, obnubilándola por un momento. Fred observaba todo el ritual de Luna como un famélico observaría un delicioso banquete, notó sus labios posarse con delicadeza e inocencia sobre la punta empapada de su miembro y sólo eso, hizo que estuviera a punto de irse allí mismo. Era ridículo y patético, pero necesitaba hundirse en ella ahora mismo como el aire para respirar. Y sin consideración ninguna la alzó de las axilas hasta volver a posarla sobre él mirándola directamente a los ojos.

- Dime que vas a disfrutar esto. – le dijo con la voz ronca y la mirada suplicante. Luna se acercó hasta el lóbulo de su oreja y suavemente comenzó a susurrarle.

- Mucho… más que si encontrara un Nargle. – Fred gruñó gustosamente y como un animal salvaje le dio la vuelta dejándola de espaldas a él y arrancándole las inocentes braguitas se posicionó ante su viscosa y más que dispuesta entrada.

Pansy que seguía bombeando el falo de un George a punto de explotar, vio como sus compañeros de al lado iban a pasar al segundo asalto y con fascinación dejó a George, plantándose a gatas ante esa impresionante imagen. Veía la entrada de Luna abriéndose lentamente mientras el miembro de Fred iba introduciéndose delicadamente por esa estrecha cavidad y sus testículos se contraían, a la vez que los dos jadeaban de placer ante tal sensación. Estaba fascinada, exhaló su aliento sobre esa fusión haciendo que los dueños dejaran escapar un suspiro satisfecho, por el magnífico contraste entre frío y calor que les provocó.

Sin que se diera cuenta George se posicionó arrodillado justo detrás de ella, embistiéndola con su miembro pero sin llegar entrar, provocando que Pansy colisionara con los testículos de Fred, aprovechando para abrir la boca e introducírselos en ella, logrando que el pelirrojo gimiera pellizcando los pezones erectos de Luna.

George quien estaba volviéndose loco con el trasero de Pansy, apartó la para nada sutil prenda interior de encaje a un lado y dejó caer un hilillo de saliva hasta el circulo prieto de la parte de atrás de la chica, haciendo que se girará en su dirección y le dedicará una sonrisa traviesa, impulsándose hacia atrás rozándose con su caliente pene. Llevó una de sus manos a la cadera de Pansy y la otra con su dedo pulgar empezó hacer pequeños círculos alrededor de su lubricado ano, ensanchándola, introduciendo lentamente la punta.

De repente, se hundió en ella salvajemente por las dos entradas simultáneamente, empezando un baile desesperado, provocando en Pansy un gutural gemido, que salió de lo más profundo de su garganta y sin ningún tipo de control se abalanzó sobre el jugoso falo que aparecía y desparecía de su vista dentro de Luna quien no dejaba de soltar jadeos ensordecedores. Enterró las uñas en los muslos de Fred llevándose a la boca el rojizo e hinchado botón de Luna serpenteando su lengua por el miembro de Fred el cual abandonó los pezones de Luna para agarrar la cabeza de Pansy y apretarla contra sus jugosos sexos.

Eran una perfecta escultura del pecado, una maravillosa sinfonía se había adueñado de todo el piso. Se movían en una perfecta sincronización, transportándose a un mundo desconocido de intensas sensaciones. Estaban al límite, los cuatro jinetes del apocalipsis estaban cabalgando por sus bajos vientres y en una intensa explosión dejaron de existir momentáneamente para abrazar las estrellas como Luna había querido y bajar de allí en caída libre y en un descenso vertiginosos que los dejó sin habla y completamente deshechos.

Se miraron a los ojos con complicidad, como si a partir de ahora atesoraran un valioso secreto entre ellos, Fred y George se levantaron con pereza, como si el cuerpo les pesara. El primero depositó a Luna junto a Pansy quien ya estaba sucumbiendo ante el desgaste de energía. Conjuraron un par de mantas y las extendieron en el suelo. Las chicas se estiraron en el centro y ellos a cada lado de ellas, entregándose rápidamente en manos de Morfeo.

Pero una media hora después, Pansy todavía no había podido dormirse, sentía una euforia en sus venas difícil de dejar pasar. Desde que había acabado la guerra sentía que debía romper con todo lo que había tenido que ver con Voldemort y lo primero eran sus prejuicios inculcados, se había propuesto empezar ese año en Hogwarts, pero ahora no percibía esas cadenas, por primera vez en su vida se sentía completamente libre y con la adrenalina corriendo libremente por sus venas se subió a horcajadas sobre un desnudo George y haciendo movimientos circulares sobre su miembro el cual lentamente iba despertando, se inclinó sobre él y le susurró en el oído:

- Quiero cinco botellitas de esas para el próximo verano, Georgie. He decidido recorrer Australia y vosotros me vais a acompañar. – y sin ningún tipo de compasión se hundió en él, logrado arrancar un profundo gemido en el gemelo y que volvieran a empezar una desenfrenada, pero silenciosa danza, intentando no despertar a los dos tortolitos que dormían entrelazados a un metro de ellos.