Advertencias: UA (Universo Alternativo)

Disclairmer: InuYasha y sus personajes no me pertenecen sino a Rumiko-sensei, la reina del manga.


Sus pies hablaron por si solos, machándose a paso rápidos del lugar. Llegando al hibernadero de la familia Taisho, su rincón favorito de la mansión.

Los recuerdos de infancia azotaron la mente de Kagome, dejándole un sabor amargo. Nostalgia.

Puto InuYasha

Puto Mentiroso.

Puto Todo.

Inevitablemente se siente culpable por no estar feliz por su amigo, ya que al fin y al cabo se iba a casar. Algo importante y...

¡Concéntrate Kagome!

Se regaña en la mente, y manda al carajo cualquier sentimiento de culpabilidad, ¿A quién engañaba?

¡Ni siquiera tuvo la cortesía de saludarla!

Fue traicionada... Ese hombre que alguna vez fue su amigo de la infancia, no se le acerco. Como si fuera una completa desconocida...

¡Por Dios hasta había saludado a Koga!

¡Él odiaba a Koga!

¿Solo vino para anunciar su maldito matrimonio?

¿No por qué quería ver a sus seres queridos, que lo extrañaban?

¿No por ella?

¿La había olvidado?

Y tú qué crees Ironiza una parte suya. Cínica.

Soy una estúpida, piensa Kagome. Porque ella después de todos esos años siempre creyó que aún eran amigos, es más los mejores amigos. Aún después de todos esos años incomunicados...

Se ríe amarga, por lo imbécil e ingenuo que sonaba.

¿Y ahora qué? ¿Iría y lo felicitaba? ¿Por algo de lo cual no le hace ni un poquito feliz? ¿Algo que le causa un extraño retorcijón en el pecho y estómago?

El extraño retorcijón apareció. No sólo porque InuYasha la haya saludado.

Era por todo.

En todos estos años no estuvo, ni intento seguir en contacto con Kagome. Tampoco le había dicho que tenía una relación (Al parecer muy estable) ¡Peor aún que se iba a casar!

Quizá nunca la consideró alguien de fiar...

No se dio cuenta de las lágrimas que se le acumulaban en su pupila, una en una. Hasta que la primera fue derramada. Se sorprende, y no es para menos... Hacia años dejo su manía de llorar, ni siquiera pequeños sollozos desde ese día...

Pero lo que más le sorprende que después de la primera, le siguió otra y otra... Las gotas saladas se resbalaban por sus mejillas, parecía como si no se detuvieran.

Inútilmente trata de limpiarlas, restregando sus nudillos a sus mejillas y ojos.

Como si fuera lluvia...Piensa Kagome.

―Kag... ―la voz jadeante de InuYasha resuena en el hibernadero. Distrayéndola de sus penas.

Se gira lento y encuentra a InuYasha en la entrada, su pecho subía y bajaba. Agitado, ¿Y cómo no estarlo, persiguiendo a su pequeña Kagome? ¿Intentando adivinar a dónde se había fugado?

―Inu... ―y ese pequeño susurro que podía pasar imperceptible a los oídos de cualquiera, no lo fue para InuYasha.

Se miran directo sin pestañear, diciéndose todo.

Cuánto se extrañaban todos estos años, cuanto anhelaban ver el rostro del contrario... que hubiesen dado por escucharlo...

Kagome se dio cuenta que lo que ella penso haberlo extrañado, no era ni la mitad de lo que realmente lo necesitaba.

¡Maldición! Una de las personas más imporyantes en su vida estaba ahí al frente suyo, después de mucho tiempo, sin verse.

Muchos sentimientos se encuentran en Kagome al verlo ahí.

Tales como alegría, euforia, tristeza, enojo, nostalgia... Y la lista sigue.

A través de los años, se podría decir que habían cambiado, habían crecido, sus caracteres habían fortalecidos... Pero con solo verse supieron que seguían siendo los mismos de siempre.

Kagome siempre la niña llorona...

Sin esperar se lanzó en los brazos de InuYasha, y el que antes una pequeña llovizna, ahora era una tormenta de lágrimas. Enreda sus brazos en el cuello de InuYasha (Que había crecido considerablemente) hundiendo su rostro en su cuello, humedeciéndolo.

InuYasha solo atina en acariciar lento con una mano el cabello de Kagome, y la otra la espalda de la misma.

E InuYasha siempre el niño que quería proteger de todo a Kagome.

―Shh...

El llanto no cesaba y es que no ayudaba mucho la voz de InuYasha contra su oído, intentando (Fracasando en el intento) hacerla parar. Tampoco ayudaba el olor tan dulce que tenía, haciéndole recordar esos días cuando hacían pijamada, y Kagome siempre con una excusa para dormir con él y abrazados.

―T-te extrañe m-mucho ―balbucea contra la nuca de InuYasha, quién apenas le entiende. Él asiente suspirando.

―Lo sé... ―y aunque Kagome quería un yo también, lo dejó pasar, solo para desahogar esos doce años que llevaba con ese sentimiento de soledad guardado.


―¡Quiero dos de esos! y... ¡Oh! ¡Esos también! ―exclamaba emocionada Kagome, apuntando a unos dulces.

Tal cual niña pequeña, piensa InuYasha. Niega un poco la cabeza. Divertido de la escena.

-Kagome, decídete.

Kagome hace un mohín, ¿Cómo decidirse con tanta variedad? Aun así ella sabía que tenía que apurarse ya que prácticamente ella había arrastrado a InuYasha a esa tienda de dulces que ellos tanto frecuentaban de pequeños (Cuando había parado de llorar) según ella para así perdonarlo por todas las faltas de InuYasha.

Como antes hacía, cada que InuYasha la hacía enojar.

Pero el problema es que de alguna manera ellos se habían escapado de la celebración.

―¡Tú silencio, que aún no te he perdonado! ―dice frunciendo el ceño. Y aunque tenían que apurarse no le iba a dejar fácil el total perdón de Kagome.

InuYasha rueda los ojos, cuánto extrañaba esto.

Porque aunque no lo parezca él había extrañado demasiado a Kagome, y no solo a ella, sino también a su familia ―increíblemente incluso a su medio hermano Sesshomaru― amigos, a Japón entero. Antes cuando recién lo mandaron con su tía a América, tenía pensado en terminar sus estudios y largarse de una vez de ahí. Esos habían sido sus planes, pero luego fueron truncados por ella. Fue la única persona que no lo hacía de lado porque al principio tenía un acento extraño, que no lo discriminaba porque fuera extranjero (Aunque tal vez tenga algo que ver el que fuera compatriota), y que tanto le recordaba a una personita que lo esperaba en Japón.

Aunque al principio le guardaba recelo por las cosas que Kikyou anes le decía a Kagome, aprendió que al fin y al cabo eran unos niños. Kikyou y él se hicieron inseparables, (quizás no tanto como con Kagome) y siempre hubo lo que se podría dominar como una atracción física mutua. Según las predicciones de sus tíos y los padres de Kikyou consolidaron una relación formal ya mayores, y ahora formalizaron su compromiso; del que esaba seguro de llevar a cabo (O eso creía)

No sabe cómo, pero de a poco fue perdiéndo contacto con Kagome mediante se hacía más cercano a Kikyou. Claro que esas nunca fueron sus intenciones.

―¡InuYasha cómprame de estos!

InuYasha hace un esfuerzo por no sonreír, eso ya no pasará.

Mientras tanto Kagome no cabía de dicha, estaba de nuevo con InuYasha, como antes, como si nunca se hubiera ido, retomando su amistad donde la habían dejado; cuando eran unos niños.

Después de la pequeña escapada por comprar algunos dulces, no especulan palabra alguna en el camino a la mansión de los Taisho. E igualmente como si ella pudiese, con toda su cavidad bucal ocupada por todos esos dulces que se comía.

Al llegar, fueron recibidos por la chica con la cual InuYasha... Su InuYasha se casaría.

Y Kagome cayó en cuenta que ya nada era podía ser como antes.

―¡InuYasha! ―le abraza entusiasta, como si no se hubiesen visto en años. Lo cual era estúpido puesto que apenas se habían visto hacia no más de dos horas.

Kagome tiene unas ganas mortales de golpearla, y se asusta. Porque eso nunca le había pasado con alguna persona. Y peor aún que sea con la persona la cual InuYasha quiere pasar el resto de su vida. Así como él había recitado con anterioridad.

Pero es que en todo este rato que había pasado, Kagome no dejaba de pensar que InuYasha le prometió que se casaría con ella, no con esa chica que se le hacía extrañamente familiar.

Y era una promesa de meñiques.

Con las promesas de meñiques no se juega.

―¿Ella es Kagome? ―pregunta sonriendo, y Kagome a regañadientes tiene que admitir que la chica tenía una sonrisa bonita.

InuYasha asiente.

―Seguro no me recuerdas, soy Kikyou. Estuvimos juntos en primaria.

Kagome abre los ojos en demasía, y su boca hace una perfecta "O".

Recuerda a Kikyou.

A la perfección.

¿Cómo olvidar a tu abusona personal, que bajaba tu autoestima hasta los suelos?

Exacto, no se podía.