Esta noche era imposible dormir. Cerrar los ojos era una tortura, tenía impresa en las pupilas la última vez que nos miramos fijamente, mientras las sombras la consumían. Cada vez que el cansancio podía más que yo y me dormía, a los poco minutos despertaba sobresaltado por lo vivido hace apenas unas horas. Nuevamente miré el reloj que estaba en la mesita junto a la cama, 3:05 a.m. Me senté en la orilla de la cama, aún podía escucharla, necesito verla, necesito saber que está bien.

Caminé hasta la ventana, desde mi habitación en el hostal de Granny's se puede ver la calle principal, a lo lejos estaba ese punto donde la vi por última vez, donde me dijo por primera vez que me ama. Lo único que quedo en la calle frente a nosotros fue la daga con su nombre.

Fue como vivir la peor de las pesadillas, Mary Margaret cayó de rodillas en el piso gritando el nombre de su hija, David la siguió y la abrazó fuerte, luego de lo que pareció una eternidad, Regina se separó de Robin y caminó hacia la daga, la recogió del piso. No podía moverme, entonces Regina nos miró, con una mirada que decía claramente que nosotros debíamos tener esa daga, mire a David, tenía las manos llenas con su esposa, y supe en seguida que debía ser yo, caminé hacia Regina, cuando estuve frente a ella me miró fijamente, con una mirada triste y llena de empatía, la puso en mis manos, esa pesada y fría daga que ahora lleva su nombre, "Emma Swan".

Me acerqué a los padres de Emma, que aún estaban de rodillas, estiré mi mano para darles la daga. Cuando David comenzó a moverse, Mary Margaret sostuvo su mano. "No" dijo en un tono sereno y seguro. "Si alguien ha de tener esa daga, esa persona es Killian. Hasta que decidamos cual es el próximo paso que vamos a tomar". David me miro fijo y asintió, confirmando su aprobación al argumento de su esposa.

Regina sugirió que la invocase, lo intenté, nada pasó. Corrimos a la tienda del cocodrilo, donde se encontraba el aprendiz. La única respuesta que nos dio fue que aún era muy reciente, sus poderes estaban al máximo, posiblemente la oscuridad aún luchando con la luz de Emma, una batalla que ya tenía ganada la oscuridad. Nos pidió reunirnos a primera hora del siguiente día para tomar un curso de acción, había que conseguir a Merlin, eso debía ser nuestra prioridad, nos sugirió.

Y aquí estaba ahora sintiéndome molesto con Swan, y al mismo tiempo admirándola como nunca, porque no me pude enamorar de una mujer normal, sin magia, y sin complicaciones, no, me enamoré de la mujer más hermosa, valiente, poderosa, brillante y complicada que alguna vez haya conocido, nunca fui un hombre de gustos simples. Dejé de mirar por la ventana y mi mirada se fijo en el lugar donde tengo guardada la daga, en la cama, entre el colchón y la pared, donde estaba acostado antes. Caminé hacia allí y la saqué de su escondite, la sostuve frente a mi cara, cerré los ojos y dije su nombre, nada pasó, cuando iba a repetirlo, escuché su voz detrás de mi.

"No sabía que usabas pijamas" me voltee rápidamente para enfrentarla. Y si, estaba usando solo un mono deportivo, nada más. Ella vestía un sweater negro hasta el cuello, pantalones y zapatos negros, todo perfectamente ajustado a su cuerpo.

"No es cómodo dormir en chaquetas de cuero" respondí con una sonrisa triste.

"Tienes tatuajes que nunca había visto" dijo, parecía una visión, la habitación estaba oscura, la única luz entraba por la ventana, su cabello brillaba de un tenue dorado, habían ojeras bajo sus ojos, lucía cansada, pero intimidante, casi se podía palpar su energía, hasta este momento no había notado que antes sentía su luz, porque ya no estaba, se sentía diferente el aire a su alrededor.

"Algún día te contaré la histora de cada uno de ellos" respondí con una media sonrisa.

"Que quieres Killian?" preguntó con tristeza, mi Swan seguía ahí.

"Necesitaba verte, saber que estas bien"

"Te escuché llamarme antes, hace varias horas, quise venir pero aún estaba abrumada, no podía moverme…. Sí no vas a pedirme nada, debo irme" me miró con intensidad.

"No te vayas" respondí sin pensarlo, sin darme cuenta que era una orden.

"Killian necesito que me pidas que me vaya, aún estoy luchando con esto, a veces simplemente dejo de ser yo, no me perdonaría si te lastimo" dijo casi como una súplica.

"No podrías amor, yo tengo la daga" respondí mientras comencé a caminar hacia ella. Entonces detuve mis pasos, sus ojos se oscurecieron, la energía que la rodeaba se sintió como un golpe en el pecho, era una advertencia. No me detuve porque me asustará lo que sentí, pero ella estaba tratando de pedirme que me detuviese y decidí prestar atención.

"No te acerques más Hook" dijo con frialdad y una expresión desafiante, luego cerró los ojos con fuerza, cuando los abrió de nuevo, estaban claros, su expresión cansada volvió. "Siento como mi luz se extingue Killian, he dado una gran pelea esta noche, me siento agotada. Cuida bien esa daga y seguiré siendo tuya, la próxima vez que nos veamos solo habrá oscuridad. Cuida de Henry y mis padres"

"Sabes que no tienes que pedirlo amor"

"Pídeme que me vaya, por favor, pídeme que me quede en un lugar donde no pueda lastimar a nadie. No sé cuánto tiempo más pueda mantener la poca luz que queda" sabía que tenía razón, tenía que dejarla ir esta noche, no podía hacer nada por ella en este momento. Y si algo he aprendido de esta mujer es a hacer estrategias con familiares y amigos, para vencer a los malos. Esta vez el villano tomó residencia en su cuerpo, y habría que desalojarlo.

"Emma, voy a mirar bajo cada roca si es necesario para encontrar a ese Mago...Te amo..." una lágrima corrió por su cara, dio un par de pasos hacia mí, estaba tan cerca pero no podía moverme, estiro su mano y toco con la punta de sus dedos mi cara, aún no podía moverme y entendí que ella me tenía paralizado.

"Cuando el momento sea apropiado, tú me devolverás a la luz, confío en ti. Ahora pídeme lo que te dije"

"Emma Swan, aléjate y mantente en un lugar donde no puedas lastimar a nadie hasta que vuelva a invocarte" se desvaneció en un humo dorado oscuro, la presión que sentía en todo el cuerpo, a causa de tanta oscuridad, se disipó con ella. Y quede ahí en medio de esa habitación vacía con la daga en mi mano.