# Me gustas

Horo estaba sentado mientras miraba la imagen en el televisor. Len fingía estar revisando las notificaciones de su celular. Y si hemos de ser honestos ambos estaban fingiendo hacer otra cosa. Ya que en realidad ambos jóvenes lo que hacían era verse el uno al otro y regresar la mirada a su respectiva actividad cuando el otro volteaba a verlos.

La casa de los Asakura, se había vuelto el hogar de ambos jóvenes. Len apoyaba con los gastos y Horo con las tareas domésticas. Pero desde hace unos meses la pareja se había encontrado viviendo prácticamente solos. Yho y Anna desaparecían constantemente, en ocasiones de viajes de placer en otras por cuestiones familiares. El punto es que ellos se encontraban solos en aquella casa.

Esa soledad había hecho que tanto el chico del norte como el chico de china se llevarán mucho mejor, tal vez demasiado mejor. Una tarde de verano Horo se había encontrado a si mismo mirando a Len, apreciando sus ojos felinos, su delgado cuerpo y su perfecto abdomen. Aquellos pensamientos le causaron un rubor y una perturbación bastante extraña.

Len por su cuenta no se quedaba atrás, le gustaba tenderse en el comedor y observar a Horo mientras este hacía su rutina diaria en en el patio. Claro que el chino no sufría de perturbación alguna, era consciente de lo que el avalan del norte le hacia sentir. Pero Len le temía sobre todas las cosas; o tal vez a la única que le temía, a que Horo le rechazara.

Así ambos chicos permanecían sentados el uno al lado del otro sin atreverse a confesar lo que sentían, pero mirándose a escondidas.

*#ConfiesoQue me trae loco y no se como decirle #AscoDeVida*

Se leía en el twitter de Len, mientras Horo se cuestionaba *si lo quiero, digo es guapo, pero es un chico, si lo quiero*. Por un momento ambos de quedaron viendo fijamente a los ojos. Sus cuerpos temblaban, su corazón parecía quererse salir de sus pechos, les costaba respirar.

Se miraron por eternos segundos, ojos ámbar perdidos en ojos grises. los ojos del chico de china eran hermosos para el chico del norte, dorados como oro, enigmáticos. Horo mordió su labio inferior mientras más pensaba en la belleza de su compañero. Un rubor cubrió sus mejillas.

Len miraba los ojos grises de Horo como si se le fuera la vida en ello. Miraba el brillo natural e infantil de ellos y sentía que podía contemplarlos toda la eternidad. En un instante Horo se dijo cuenta de como llevaban segundos viéndose fijamente, sus mejillas se tornaron carmesí, gesto que enterneció a Len. Horo intento levantarse; para escapar de las cientas de emociones que lo sofocaban, pero Len le detuvo tomando su mano con suavidad. Horo sintió un bochorno subir desde su mano hasta su cabeza y estaba seguro que cualquier momento de desmayaría.

—me gustas— dijo Len en un tono a penas audible, mostrando un ligero tono carmesí en sus pálidas mejillas. Horo le miró atónito. Una parte deseaba que fuera broma otra se moría porque la confesión fuera verdad. No tuvo que esperar, si saber cómo se encontraba sintiendo los labios de Len, saboreando el sabor de su boca, perdiéndose en ella.

Len disfrutaba el beso que Horo le daba, sentía el rose de sus labios, el calor de su respiración. No podía creer que estuviera al fin besando aquellos labios que había probado tantas veces en sueños.

—tú también me gustas— confesó Horo al separarse de aquellos labios, Len sonrió ante la obvia confesión y tomando más fuerte la mano de Horo se recargo en su regazo, como un lindo gatito dispuesto a ser apapachado.