Los personajes no me pertenecen. Le pertenecen al gran autor Akira Toriyama.

Capítulo 27

"Explicaciones"

Parte I

(Gokú y Bunny)

Un sabio dijo: Aprende a distinguir quién merece una explicación, quién merece sólo una respuesta y quién no merece absolutamente nada.

—Bulma vamos—la alentó Gokú con voz solemne, tomando delicadamente el brazo de su amiga—. Te enfermarás.

La temperatura era frígida, que irónicamente combinaba con la situación que se respiraba en el ambiente. La lluvia seguía cayendo, junto con estruendosos relámpagos que retumbaban en el cielo gris. Bulma tembló al sentir la mano de su amigo, acrecentando la ira que la seguía dominando.

—¡No me toques!— escupió con frivolidad. Al ver al muchacho herido por su rechazo, la acechaban unas inmensas ganas de golpearlo, a pesar de saber que él también perdió, y que compartían el mismo dolor—. Nos dejó, Gokú. Mi Vegeta nos dejó.

Mortificado por la situación, Gokú se detuvo a tiempo a abrazar a su amiga. Sabía que si se acercaba a ella, solo complicaría más las cosas. El enojo de Bulma era comprensible, podía imaginarse en su lugar, necesitaría tiempo para que ella lo superara, y él le ayudaría a hacerlo.

—Él no tuvo que pasar por esto. Si no fuera por Turles…—masculló el muchacho por lo bajo.

Bulma lo miró de soslayo, comenzando a caminar hacia la salida del panteón, evitando voltear atrás.

—¿Qué tiene él que ver con la muerte de Vegeta? —se extrañó Bulma, frunciendo el ceño. De sus ojos azules aún podían notarse lágrimas silenciosas a pesar de que la lluvia le mojaba el rostro.

—Te contaré todo cuando lleguemos a mi casa—le prometió.

—Quiero ir a corporación cápsula. No tengo ánimos de ir a la capital del norte— refunfuñó la chica con hostilidad.

Gokú suspiró en desgana, no deseaba comenzar una discusión.

—Como quieras.

Llegaron al auto de Gokú en cuestión de minutos. Si no fuera porque Son estaba obligado a darle infinitas explicaciones, Bulma se hubiera ido sola por su lado. Una vez dentro del auto, los amigos se envolvieron en un incomodo silencio, que en segundos fue roto por los sollozos de la devastada muchacha. Al verla en ese estado, Gokú no pudo evitar sentirse un miserable. Le había mentido a su amiga, le había hecho sufrir y eso nunca se lo perdonaría. En su momento no tuvo opción, su decisión fue ecuánime, quiso apoyar a Vegeta hasta el final, al costo de hacer sufrir a la personita que tenía a lado suyo. Con varias enredaderas en la cabeza, por poco se le olvidaba que tenía que entregarle un objeto anticuado a su amiga. Gokú se giró a los asientos de atrás, hurgando entre las cosas de Bardock, asiendo algo de ahí y se lo tendió a Bulma.

—Vegeta me entregó esto—dijo Gokú irguiéndose en su asiento—. Me dijo que te lo diera.

La lluvia repiqueteaba en tono uniforme, que parecía que no iba a terminar pronto. Bulma reaccionó sin importancia a lo que Gokú quería darle, sin embargo sintió curiosidad que volvió la mirada a él. Sus ojos se clavaron en ese objeto gris anticuado, que se agrandaron ante la sorpresa y la congoja. Las lágrimas volvieron a ser más abundantes como al principio, acariciando con sus delicados dedos aquel objeto que le había obsequiado a Vegeta.

—Es la grabadora que le regalé en su cumpleaños—arguyó la muchacha en voz baja. La revisó minuciosamente, percatándose que Vegeta le había dejado un mensaje. Las ansias de oírlo se hicieron presentes, pero se lo pensó mejor y decidió guardarlo en el bolsillo de su overol para otro momento en el que estuviera asolas.

Gokú asintió despacio, encendiendo el motor y echando a andar el auto rumbo a corporación cápsula. Encendió la calefacción para calentar el espacio, tomando en cuenta que ambos estaban totalmente empapados.

—Por aquí tengo una chamarra, es de mi padre, igual el auto…—dijo Gokú incomodo. Sin dejar de mirar al frente, estiró un brazo en el asiento de atrás para agarrar la prenda—. Toma, póntela.

—No la quiero—rezongó Bulma, que no paraba de mirar detrás de la ventana.

Gokú no objetó, sin embargo al detenerse en un semáforo cubrió a Bulma con el suéter; sorprendiéndose al ver que ella no hacía acto de quitárselo.

—Llegamos—anunció Son luego de cinco minutos. Echó una mirada al cielo, había dejado de llover, pero las nubes seguían en un tono gris obscuro.

Bulma bajó del auto con lentitud. Al dirigirse a su casa, lo hacía con pasos muy atolondrados, escuchando a Gokú detrás de ella que lo seguía al interior de la corporación. No hubo nadie en recepción que la recibiera, por eso agradeció al cielo que así fuera; no estaba de ánimos para ver a nadie. Al llegar en una de las salas de corporación, la chica hizo acto de sentarse en un sillón, mirando a la nada, abrazando sus piernas y refugiándose en el suéter que le había prestado su amigo. Todavía no podía comprender en donde había estado hacía 20 minutos, en la tumba de Vegeta. No aceptaba que él estuviera muerto, ¿cómo era eso posible? Sus ojos amenazaban con llorar, y eso que pensó que ya había sacado las lágrimas que le quedaban. El pecho le dolía, cada vez que respiraba sentía como si una fuerza invisible le estrujara los pulmones. Hacía mucho que no volvía a experimentar esas conmiseraciones.

—Aquí podemos hablar sin que nadie nos moleste—habló Bulma entre susurros.

Gokú abrió los ojos como platos, totalmente pasmado. El tono de voz que había usado su amiga cuando se dirigió a él estaba colmado de palpable frialdad. Gokú, incomodo y atormentado por su posición, se limitó a sentarse en un sillón, frente a su amiga. Esperó a que ella le prestara algo de atención, pero eso no ocurrió.

—Bulma, ¿por qué no me miras?—le pidió a su amiga, hubo súplica en su dicción. En instantes la aludida hizo lo que le pidió y, entonces, Gokú tembló; los orbes azules transmitían un odio abrasador—. Entiendo.

—Di lo que tengas que decirme y luego te vas—escupió Bulma venenosamente.

Gokú volvió a temblar, era la primera vez que se sentía muy intimidado por la presencia de Bulma.

—Mis papás y Mei vienen en camino. Ellos quieren hablar contigo—anunció Son, temeroso por la reacción de su amiga.

—Pues yo no quiero hablar con ninguno de ellos—sentenció Bulma, retumbando de ira.

—Pero Bulma, Mei quiere…

—¡Pues no, Gokú! —explotó la ojiazul con los puños bien apretados—. Ahora quiere hablar cuando en los últimos meses fue muy grosera y déspota conmigo—escupió, el rencor se vio plasmado en su semblante.

—Entiendo que estés molesta y crees que de una u otra forma te sientes engañada.

—¡¿Y no lo hicieron?!

Por primera vez Gokú se sintió molesto con su amiga en lo que llevaba del día.

—Lo que quiero decir es que no me inculcaba a mí, a Mei o a mis padres en decírtelo. Fue la decisión de Vegeta.

A esas alturas a Bulma le volvió a nacer el deseo de golpear a Son.

—¡Eso ya lo sé! Pero eso no evita que me sienta enojada y traicionada por ti. ¡Te odio!

Esa afirmación le provocó a Gokú una amargura que relampagueó directo a su corazón, vio a su amiga y pensó que sus palabras habían sido un golpe bajo.

—Yo también perdí a alguien. Perdí a mi hermano—repuso con aspereza Gokú.

Bulma estaba a punto de ofrecer una disculpa a su amigo por sus fuertes palabras, pero el enojo y la decepción fueron mucho más fuertes y desechó la idea del perdón rápidamente.

—Sí, Gokú—siseó la ojiazul cuyos temblores delataron su furia—, pero a diferencia de mí, tú tuviste tiempo para aceptarlo, para procesarlo. En cambio yo… ¡Qué grata sorpresa!

En ese instante Gokú no pudo replicar nada, Bulma tenía razón, él ya estaba preparado para aguardar la muerte de Vegeta desde hacía años.

—Nunca quise que te enteraras así. Por eso te pedí que esperaras a mis padres y a Mei—dijo Gokú en tono quejoso, mirando acusadoramente a Bulma.

—Gokú, si vas a reprocharme en vez de contarme la verdad entonces…

—Sí, lo siento. Espero que algún día puedas perdonarme—dijo Gokú cambiando su gesto a uno implorante.

A Bulma el corazón le latió con fuerza. No existía piedad alguna, no por ahora.

—Te escucho.

Gokú suspiró derrotado, Bulma no lo iba a perdonar tan fácilmente.

—No sé por dónde empezar— admitió en desgana, encogiéndose de hombros.

—Desde el principio—le aconsejó la ojiazul, moviéndose al otro lado del sillón para acomodarse. Ni siquiera se tomó la molestia en subir y cambiarse de ropa. Seguía igual de empapada como Gokú, aunque no tanto a como cuando llegaron a la corporación.

Gokú intentaba por todos los medios aclarar sus ideas, le iba a llevar algo de tiempo el de contarle a Bulma todo desde el principio, pero así lo quería ella. Se aclaró la garganta a la vez que le mandaba un mensaje sutil a Bardock para decirle que lo esperara afuera de corporación; era mejor así. Sin más, Gokú comenzó con su narración:

—Bueno…

Era una calurosa mañana en la capital del norte. Los fines de semana eran los días favoritos de los niños para llevar a cabo divertidas actividades, excepto para el pequeño Gokú. El niño estaba sentado en el suelo con las piernas cruzadas apoyando sus codos en las rodillas y sosteniendo su barbilla en sus manos. Tenía un semblante aburrido y afligido, no despegaba su vista de la puerta que conducía al despacho de su padre. Pasaron los minutos y Gokú comenzaba a cabecear, eso era indicio de que esperar a Bardock para jugar era, otra vez, una pérdida de tiempo. Desde que él y su familia se habían trasladado a vivir allí, su vida había vuelto ser más aburrida. El lugar era solitario y muy lejano de todo, no había casas cercanas, ni siquiera un parque; estaban en medio de la nada, a excepción tal vez por la mansión de al lado. Gokú se sobresaltó cuando escuchó la voz de su padre. La puerta se abrió, y del despacho salió Bardock seguido de un señor que emitía una presencia intimidante e imperturbable con rasgos de aspecto severo y recio. Ambos hombres estaban vestidos de traje sastre de color negro.

—… entonces, nos vemos mañana en la firma con los socios— habló Bardock dirigiéndose a la visita.

Muy bien, Son— respondió el otro hombre, tenía una voz gruesa y rigurosa que imponía autoridad—. Este será el contrato del año.

El pequeño Gokú se puso de pie y se dirigió hacia donde estaba su padre, sin dejar de mirar a la "visita".

¿Papá?— lo llamó con leve nerviosismo.

Bardock se volteó al escuchar esa vocecita y se encontró con el menor de sus hijos. Se dio cuenta que Gokú caminaba con un semblante vacilante.

Ven— lo incitó levantando un brazo hacia él. Gokú soltó un suspiro y tomó la mano de su padre—. Vegeta, te presento a mi hijo menor, Kakaroto.

Como era de esperarse, Gokú frunció el ceño ante la presentación de su padre. Odiaba su nombre, siempre había querido que todo el mundo lo llamara "Gokú". Las únicas personas que le decían así eran su abuelo Gohan y su madre. ¡Claro!, porque ella lo bautizó con ese apodo en forma de cariño.

Vegeta Ouiji se dio cuenta de la mueca engorrosa que hizo el hijo de su socio, era evidente que algo le había molestado. ¡Para lo qué le importaba!

¡Vaya! Un mini Bardock— profirió burlonamente—. Este niño tuyo se parece mucho a ti, es increíble el parecido.

Bardock tomó a Gokú de los hombros y lo posicionó delante de él.

Bueno, amigo mío— habló el señor Son mientras dibujaba una sonrisa divertida—. Me atrevo a decir que también comparto la misma opinión respecto a ti y a tu hijo.

La frase de "amigo mío" no pasó de desapercibido para el infante. Gokú no podía entender en como su papá era amigo del señor que tenía enfrente, se veía completamente… aterrador.

Vegeta clavó sus ojos en Bardock con exasperación. Sacudió levemente la cabeza de forma inapreciable y luego recompuso las facciones.

Eso es muy cierto—afirmó con orgullo.

Bardock sonrió, después se dirigió a su hijo…

¿Qué te parece, Kakaroto?— preguntó a la vez que apretaba, suavemente, los hombros del niño—. Tenemos vecinos, ¿no era eso lo qué querías?

Pero papá —protestó Gokú mirando al señor Ouiji como si fuera un bicho raro —, no puedo jugar con este señor.

Bardock estaba a punto de regañarlo, pero paró la acción al escuchar una estrepitosa carcajada, sorpresivamente viniendo de su socio.

Vegeta dejó de reír para después volver a poner esa expresión que tanto lo caracterizaba.

Conmigo no, pero sí con mi hijo—a Gokú le brillaron los ojos de la emoción al escuchar esas palabras por parte del "amigo" de su papá—. Algún día lo traeré para que lo conozcas, Kakaroto.

Gokú— lo corrigió.

¿Qué?—Terció el señor Ouiji.

Llámeme: Gokú— respondió sin inmutarse.

¡Kakaroto!—lo reprendió Bardock. Miró a Vegeta para justificar la falta de respeto por parte del niño—. Mi esposa le dice así. Desafortunadamente para mi hijo, su nombre no es de su agrado.

Hmp, bueno— respondió el señor Ouiji sin importancia—. Yo me retiro, mi familia me ha de estar esperando— se despidió de Bardock con un apretón de manos, para luego mirar a Gokú—. Hasta luego, mini Bardock.

Aunque a Gokú no le había molestado que su nuevo vecino lo llamara "mini Bardock", no se despidió de él. Sintió como su padre lo soltaba para después ser observado con ojos furiosos; esa vez no se escaparía de una reprimenda.

Te acompaño hasta la puerta, Vegeta.

No es necesario, hasta mañana.

Despídete —ordenó Bardock bruscamente a su hijo.

A Gokú no le quedó de otra que despedirse.

Adiós, señor…

—Eso ya me lo habías contado, Gokú—interrumpió Bulma el relato de su amigo.

—Sí, bueno—el muchacho se encogió de hombros—. Quise comenzar desde el principio o… ¿no querías eso? —zanjó Gokú, tajante.

Bulma clavó sus ojos en su amigo con pesadumbre, su rostro era una empatía absoluta.

—De hecho, ya no recordaba ese acontecimiento—admitió la ojiazul, imperturbable.

—Entonces te lo haré recordar…

Un Gokú de cuatro años estaba sentado sobre un escalón frente al pórtico de una gran mansión. Tenía una expresión aburrida y triste, y entre sus dedos hacía rodar un balón de básquet. De repente, el niño escuchó que un auto se acercaba, y en efecto, un elegante automóvil aparcó cerca de la banqueta que separaba ambas mansiones. El pequeño dirigió su mirada hacia a las personas que bajaban del automóvil. El primero que vio era un hombre con un porte serio e intimidante, se dio cuenta que era el nuevo amigo de su papá que había conocido en la mañana de ese mismo día; la siguiente persona que bajó era una hermosa y joven mujer que tomaba la mano de un niño que era la misma imagen y semejanza que la del hombre serio. Gokú dedujo que eran padre e hijo y que la señora era la mamá. Ambos adultos se adentraron a la mansión pasando por una verja de hierro. El niño no siguió a sus padres, se quitó una pequeña mochila que colgaba de sus hombros, la abrió y de ella sacó un libro grueso; tomó asiento en la inclinada banqueta, abrió el grueso ejemplar y se enfrascó en su lectura.

El pequeño Gokú estaba muy sorprendido, ese niño parecía ser de su misma edad ¡y ya estaba leyendo! Eso, para el pequeño Gokú, resultaba intrigoso. Con decisión se puso de pie, aún sosteniendo el balón entre sus manos, y caminó hacia donde estaba su vecino. Una vez frente a él, lo saludó.

¡Hola, soy Gokú!

El chico que estaba sentado, despejó su mirada del libro, y entonces entornó los ojos mientras examinaba al otro niño que vestía con una camisa de rayas y un short de mezclilla, calzando un par de tenis blancos y entre sus manos cargaba un balón de básquet; la expresión del portador era muy agradable.

Gokú se acercó más a él para tenderle la mano. Tras vacilar un momento, Vegeta se la estrechó. Para la sorpresa del chico Ouiji, su visitante se había sentado a su lado.

¿Cómo te llamas?—preguntó Gokú con suma curiosidad.

Vegeta no respondió enseguida, cerró su libro bruscamente provocando un sonido seco. Acercó su mochila hacia a él, y guardó el ejemplar. Gokú esperaba ansioso la respuesta.

¿De dónde saliste?—cuestionó Vegeta, fríamente.

Gokú no cambió su expresión risueña, el niño Vegeta frunció el ceño al ver ese gesto.

Soy tu vecino—respondió Gokú con una sonrisa, y le señaló a Vegeta su mansión—. ¿Ves? Esa es mi casa. Ahí vivo con mi papá, mi mamá y mi hermano mayor. Los señores que estaban contigo son tus papás, ¿verdad? Te pareces mucho al señor. ¡Oye! ahora que recuerdo, yo también me parezco mucho a mi papá.

Hablas mucho, niño—dijo Vegeta que ahora sentía una vaga curiosidad por su vecino—. Así que, ¿tienes un hermano?

Sí, se llama Raditz, pero nunca quiere estar conmigo.

Ya veo porqué.

¿Tú tienes hermanos?

No, pero tendré uno muy pronto—respondió Vegeta mostrando una sonrisa presuntuosa.

No sabía por qué estaba hablando con ese desconocido, por una extraña razón, no le parecía molesta la presencia de su vecino; aunque las preguntas constantes de él lo estaban sacando de sus casillas.

¿A qué te refieres con eso?—volvió a preguntar Gokú en confusión.

En que mi mamá está embarazada—respondió Vegeta impaciente.

Ojalá que no salga como mi hermano—el niño Son se acordó de algo—. ¡Un momento! Aún no me has dicho tu nombre, y…. ¿qué edad tienes? ¿Sabes leer? ¡Es increíble! ¿Podrás enseñarme?

Optó por la opción de responderle, tal vez así se lo sacaría de encima.

Vegeta, 5, sí, lo sé y no—respondió rápidamente.

El niño Ouiji vio el semblante confundido de su vecino, suspiró con fastidio y, después, se puso de pie dispuesto a marcharse en dirección a su casa. Gokú lo imitó.

¡Vegeta!—el aludido observó al niño Son—, ¿juegas conmigo?

...

Gokú había deseado mucho ese momento. ¡Por fin tenía alguien con quién jugar! Estuvieron toda la tarde lazándose el balón, hasta que llegó la hora de comer.

¡Me estoy muriendo de hambre!—exclamó Gokú, mientras se agarraba su estomago con las dos manos.

Ambos niños estaban acostados boca arriba sobre el césped, mirando un cielo de un azul intenso. Un grito los hizo ponerse de pie.

¡Vegeta!

¿Quién es?—preguntó Gokú.

Mi papá.

Los dos chicos se dirigieron donde estaba el señor Ouiji. El hombre se percató de que su primogénito venía acompañado del hijo de su socio y vecino.

¿Qué pasa, papá?

Tu madre quiere que ya entres a la casa, la comida ya está lista—desvió su mirada a Gokú—. Tú también, Bardock. ¡Vete a tu casa! Es peligroso que anden a estas horas de la tarde en la calle, podría aparecer un desconocido.

Ambos niños hicieron una vista panorámica del lugar—"Muy desértico y deshabitado"—.

Yo no lo creo—respondió inocentemente Gokú.

¡Ya es suficiente!—los pequeños pegaron un brinco—.Vegeta, ¡métete a la casa! Igual tú, Bardock.

Gokú frunció el ceño, estaba a punto de dirigirse a la mansión Son, pero se dio media vuelta y llamó a su nuevo mejor amigo.

¡Oye, Vegeta!—el aludido volteó por encima de su hombro—. ¿Mañana a la misma hora?

No hubo respuesta, solo una señal de un pulgar arriba. El niño Gokú sonrió.

...

—Al día siguiente fui a visitar a Vegeta a su casa para jugar, pero Mei me dijo que él se había ido con su padre a la empresa, así que me invitó un helado mientras lo esperaba—siguió Gokú, su mirada parecía ausente debido a que estaba muy concentrado en su narración—. Pensé que me iba a dejar plantado.

—No fue su culpa, su padre lo obligó—lo interrumpió Bulma, se inclinó hacia adelante para quitarse los tenis mojados y aventarlos a un lado. Se volvió a recargar al sillón con un aire comprimido.

—¿A qué te refieres? —le preguntó Gokú en confusión.

—Verás…

Padre e hijo entraron a la residencia Ouiji, ambos no decían nada al respecto. El niño Vegeta, aunque no lo pareciera, se encontraba sumamente feliz, se había divertido mucho con su nuevo y mejor amigo; quería volver a repetir esa tarde al día siguiente.

¿Qué tanto hacías con Bardock?— preguntó el hombre mientras tomaba a su hijo del brazo y lo guiaba a una fuente donde chapoteaba agua con elegancia—. Responde.

El pequeño Vegeta no se sentó, estaba de pie con los brazos cruzados y un leve frunce en su rostro. Miraba a su padre con expresión impávida y confusa. El niño no sabía por qué su padre había llamado a su nuevo mejor amigo "Bardock", con el nombre del señor a quien había conocido el día anterior. No le tomó demasiada importancia, a Gokú pareció no importarle también que el señor Ouiji lo llamara así.

Jugando—respondió, encogiéndose de hombros.

El señor Ouiji bufó, al parecer su hijo ya había buscado una distracción. Por lo que pudo intuir de Gokú cuando lo conoció, fue una enorme aura de distracción y estupidez; no quería que ese chiquillo se convirtiera en una mala influencia para su primogénito.

Hijo, mañana en la tarde te llevaré a conocer la empresa— anunció, mirándolo con orgullo.

Los ojos del pequeño se abrieron prominentemente producto de la emoción, una enorme sonrisa comenzó a ensancharse en su carita ante la inesperada notica de su padre, no duró mucho, la sonrisa flaqueó al recordar un compromiso.

No puedo, papá—el señor Ouiji arqueó una ceja—. Mañana me quedé de ver con Gokú.

Esa respuesta fue más inesperada que la noticia que le dio a su hijo.

¡El mocoso se llama Kakaroto, no Gokú!—gritó el hombre haciendo sobresaltar al pequeño, quien ahora estaba más confundido por los constantes cambios de nombres hacia su mejor amigo—. Irás a la empresa quieras o no—dijo severamente—, ¿comprendes?

El niño soltó un suspiro de resignación y después dijo:

Sí, papá…

—¡Vaya! —exclamó Gokú, impresionado —. Así que Vegeta me dijo "Gokú" solo una vez.

—Continua—lo alentó Bulma. Cada vez que escuchaba el nombre de su amado notaba perturbación en su interior.

Gokú asintió, recuperando el ritmo de su relato.

—Sí. Vegeta y yo solíamos jugar siempre en su casa. ¡Nos divertíamos mucho!

No soy muy bueno en el básquet como túgruñó un pequeño Gokú de apenas cuatro años de edad.

Él y Vegeta se hallaban en el patio trasero del segundo, intentando meter el balón en la cesta que se encontraba muy lejos de su alcance. El único que había logrado meter un par de canastas era el niño Ouiji.

Es que lanzas como una nenase burló Vegeta de su amigo.

¡No soy una nena!—bramó Gokú dando un zapatazo fuerte en el piso a causa de la indignación—. Solo observadijo, para luego quitarle el balón a Vegeta de las manos, y posicionarse en la línea de tiro.

Vegeta no se molestó en la absoluto, solo esperaba impaciente que su amigo tratara de alcanzar el aro. Vio cómo Gokú se preparaba, el balón era un poco más grande que su cabeza y eso era algo de risa. El hijo de Bardock hizo uso de todas sus fuerzas, y lanzó el balón lo más lejos que pudo en dirección a la canasta. Vegeta se destornillaba de risa cuando fue testigo de que el balón no llegó ni al menos a la mitad del aro.

¿Lo ves? Nenavolvió a burlarse.

Gokú estaba a punto de despotricar hasta que escuchó unos pasos detrás de él.

¡Kakaroto!gritó una voz aguda.

Vegeta se acercó a Gokú, perspicaz. Al parecer un extraño se había atrevido entrar a su patio.

¿Quién es ese?preguntó Ouiji, que estaba dispuesto a ir entrar por su padre a la casa.

Mi hermano mayorlo tranquilizó Gokú cuando vio a Raditz acercarse a ellos.

Dice mamá que te metas a la casa, es hora de comeravisó un joven Raditz de 8 años, ahora miraba con mucho interés al nuevo amigo de su hermanito. De pronto sonrió con malicia.

Sí, ahora voydijo Gokú yendo por su balón que se había ponchado luego de haberlo lanzado por accidente a una cercada con púas.

Así que este enano es tu nuevo mejor amigobramó Raditz yendo peligrosamente donde se hallaba Vegeta.

Ouiji lo fulminó con la mirada. La edad y la estatura del hermano de Gokú no le resultaba para nada intimidantes; al contrario, se sentía confiado en que podía acabar con él haciendo uso de sus conocimientos de las artes marciales que le fueron enseñadas por su padre. Dio un par de pasos más para encararlo.

¿Cómo me llamaste, insecto?escupió el niño Vegeta con el entrecejo fruncido.

Raditz sí que estaba impresionado, el enano tenía agallas, eso debía reconocerlo. Sin embargo pensó que Ouiji era lo demasiado estúpido para ponerse al tú por tú con él; hasta le doblaba la estatura.

Enano—repitió Raditz, dando mucho énfasis en la palabra—. Si quieres te lo deletreo, e-na-no.

Gokú se asustó de pronto, observando el enfrentamiento de miradas por parte de su hermano y amigo.

¡Me la vas a pagar!gritó Vegeta abalanzándose contra Raditz.

El mayor no tenía oportunidad con el enano, increíblemente éste último estaba dotado por una destreza y velocidad increíbles. Un par de patadas en el tobillo y un golpe preciso en el brazo, el joven Raditz yacía en el suelo quejándose de sus heridas.

¡Auch!gimoteaba el mayor de los Son, sus ojos negros vislumbraban con impresión a Ouiji.

Y la próxima vez te golpearé más fuerteadvirtió Vegeta levantando su puño en señal de amenaza.

¡Raditz! ¿Estás bien?aulló Gokú preocupado, corriendo hacia su hermano para socorrerlo.

Raditz se ruborizó ante la preocupación de Gokú.

¡Suéltame! le espetó a su pequeño hermano, empujándolo cuando lo tuvo cerca. Luego, dirigió otra vez su atención a Vegeta—. Así que eres rudo, ¿eh? ¡Toma esto!se incorporó con rapidez, llevando su puño directo al rostro del enano.

Los reflejos de Vegeta eran extraordinarios para un niño de su edad, y por eso no tuvo ninguna dificultad en esquivar el ataque de Raditz. Su padre le había enseñado que la mejor manera de vencer a alguien que podía llegar a tener una energía superior a la suya, era usar la fuerza de ese enemigo en su contra. El puño de Raditz cargaba mucha fuerza, Vegeta solo esperó unos segundos, usando su brazo como defensa y desviando el ataque a su propietario.

Gokú había visto todo. ¡No lo podía creer! Su fuerte hermano había sido vencido por Vegeta. Ahora Raditz no solo tenía una nariz torcida, sino también un par de nudillos lastimados por sus propios huesos que componía su rostro.

¿Eso es todo?le preguntó Vegeta, gruñendo por lo bajo. Ya tuviste suficiente, ¿no?

Este chiquillo es todo un cabrón—susurró Raditz para sí mismo, lagrimeando a causa del dolor punzante de su nariz—. Está bien, está bien, me rindo.

Solo no vuelvas a meterte conmigoespetó Vegeta cruzándose de brazos, parecía muy orgulloso de sí mismo.

¿Quién te enseñó a pelear?preguntó Raditz sin ocultar su interés, se puso de pie entre tambaleos, no queriendo aceptar la mano de Gokú quien se la estaba ofreciendo en ese instante.

Mi padrecontestó Vegeta, encogiéndose de hombros.

Su padre es el amigo de papádijo Gokú con la vista clavada en su balón ponchado.

¡Eso ya lo sé! —escupió Raditz irritado. Tal parecía que la derrota le había herido el orgullo que no le quedaba más remedio que desquitar su frustración con el pobre de Gokú—. Y también sé que no me puedo meter contigodijo ya más tranquilo, dirigiéndose a Vegeta.

¡Exacto! Ni conmigodijo Gokú afrentándose a su hermano. El hecho de que su mejor amigo haya sido capaz de darle una paliza inolvidable a Raditz, provocó en Gokú el sentir una confianza innata.

No, contigo sí puedorió Raditz, dándole un coscorrón en la cabeza a su atolondrado hermano menor.

¡Auch! ¡Me dolió!se quejó Gokú viendo de reojo a Vegeta esperando que él fuera a su rescate, pero eso no sucedió.

Vámonos a la casa, enanoincitó Raditz, dándose media vuelta en dirección a la mansión Son.

¡Adiós Vegeta!—gritó Gokú a su amigo, corriendo detrás de Raditz con su balón en la mano y con la otra haciendo la señal de despedida—. Mañana vengo a jugar.

—¡Qué tiempos! —musitó Gokú invadido una vez más de nostalgia.

—Sígueme contando—susurró Bulma, había cambiado de posición. Ahora abrazaba sus piernas, recargando su barbilla en las rodillas. Gracias a la calefacción de la sala, seguía sin preocuparle su ropa húmeda; al menos ya no estaba tan mojada. A esas alturas no le importaba pescar un resfriado. Sus zafiros todavía reflejaban desdicha.

Gokú había olvidado por unos breves instantes la presencia de su amiga. Se percató que la muchacha seguía llevando puesta la chamarra de Bardock, y cómo ella optó por quitarse los zapatos mojados.

—¡Sí, perdón! Bueno, esto me pone nostálgico, ¡ya sabes! Mmm, como te conté antes, mi familia y yo nos mudamos de casa, y por ese motivo también tuve que cambiarme de escuela. Fue difícil al principio, no conocía a nadie y aparte mis compañeros del curso de aquel entonces ya habían ingresado dos semanas atrás. Yo tuve que faltar esos días porque me había dado la varicela. En cambio Raditz se le hizo fácil socializar.

Había muchos padres de familia que junto a sus hijos se acercaban a las rejas del colegio. Gine, Raditz y Gokú se abrieron paso a la multitud para adentrarse al edificio. El menor de los Son parecía muy nervioso, pero a la vez estaba entusiasmado con la idea de hacer nuevos amigos. El niño miró a su alrededor en busca de alguien conocido, se acomodó su mochila y se desajustó un poco la corbata; el uniforme no era de su agrado. Al ser el primer día de Gokú en esa escuela, el prefecto que vigilaba la entrada le dio acceso a Gine para que acompañara a su hijo a dónde se localizaban las oficinas para pedir un mapa del colegio.

Mamá, esta escuela está muy grande. Me voy a perderdijo Gokú, mirando asombrado la edificación de su nueva escuela.

Raditz te llevará a tu salón—musitó Gine, lanzándole una mirada de advertencia a su primogénito—. Cuida muy bien de tu hermano, ¿está bien?

Raditz se detuvo a tiempo antes de que refunfuñara, no deseaba por nada del mundo salir regañado por Gine; era sumamente aterradora que ni siquiera Bardock le infligía tanto miedo.

¡Puff! Sí, claro. Como tú digas, mamágruñó Raditz por lo bajo.

En la tarde paso por ustedesavisó Gine a sus retoños, tomando un mapa de la escuela de un portapapeles que estaba sobre una mesa, dándosela a Gokú para que la guardara en su mochila, cosa que él no hizo prefiriendo echarle un vistazo.

El mapa era perfecto para el niño, ya que como no sabía leer, los dibujos de las aulas, el refectorio, las canchas y el auditorio le ayudaban ubicarse. Gine se agachó un poco para quedar a la altura de sus hijos, los abrazo con fuerza y les dio un beso en la mejilla a cada uno. Ambos se ruborizaron.

Nos vemos en la tarde. Que tengan un lindo díales deseó la mujer, para después incorporarse y caminar hacia la salida.

Raditz no veía la necesidad en acompañar a su hermano en la zona del preescolar, él ya tenía un mapa, así que giró sobre sus talones dirigiéndose a su salón de clases.

No le entiendo a este mapadijo Gokú después de un rato, siguiendo a su hermano en busca de su ayuda.

Raditz se detuvo a tiempo, preguntándose por qué sus padres le habían dado un hermano retrasado.

¡Dame eso, inútil!espetó el mayor quitándole el mapa a Gokú. Los dibujos eran muy claros para alguien que no sabía leer; para llegar al preescolar solo se tenía que guiar por los árboles más altos y frondosos del campus, del lado izquierdo, a un lado del refectorio.

Gokú esperaba impaciente a Raditz, a quien miraba muy concentrado en el mapa; en serio no podía creer que aún no supiera en dónde quedaba cada sector. Ladeó un poco la cabeza, y sus ojos captaron una silueta de su misma estatura que caminaba sin prisa hacia unos árboles gigantescos.

Ya no tienes qué acompañarme—dijo el pequeño Gokú a su hermano mientras corría hacia esa sombra de peinado singular—. ¡Vegeta!

El aludido se paró en seco reaccionando al llamado de su nombre.

Kakaroto—susurró Vegeta, viendo a su amigo que se acercaba a él con una sonrisa de oreja a oreja.

¡Qué genial! ¡Seremos compañero de clases! —anunció Gokú, se veía muy emocionado.

Dame tu horario—le pidió Vegeta. Son sacó el horario de su mochila para luego tendérsela a su amigo—. Sí, es verdad—dijo Vegeta después de leer el oficio.

Ambos retomaron su andar, yendo directo a su aula. Al llegar al sector se encontraron con un obstáculo que les impedía el paso. Vegeta sacó su credencial pasándola por el panel de acceso, la máquina le indicó libre intrusión y empujó el torniquete. Gokú, a su lado, lo imitó.

Estoy nervioso. Lo bueno que tú tienes muchos amigos—decía Gokú, observando a varios niños de su edad; alguno de ellos podían ser sus compañeros de clases—. ¿Les hablas a todos? ¿Son muy agradables?

No lo sé—dijo Vegeta con gesto aburrido—. Nunca he hablado con ninguno.

Gokú quedó sorprendió ante esa revelación.

¡Qué! ¿No te llevas con nadie?

Vegeta se encogió de hombros, tenía el ceño más fruncido de lo normal.

No me interesa.

Gokú sonrió, ese era su mejor amigo, tan antisocial como siempre.

Bueno, eso no importa. Con nosotros dos somos más que suficientes, ¿no crees?

Para Vegeta comenzar a hacer amigos no era algo de importancia, además ya tenía a Gokú; no necesitaba a nadie más.

Supongo.

Al entrar al aula, Gokú fue asignado a sentarse junto con Vegeta —felicidad absoluta—; se desilusionó un poco al darse cuenta que su amigo se sentaba hasta atrás, pero al final le dejó de tomar importancia. Observó con detenimiento su nuevo salón de clases, todo estaba muy bien ordenado, limpio y bonito. El techo era su parte favorita porque estaba pintado en acuarelas representando el sistema solar; Gokú solo pudo reconocer el sol, la luna y la tierra. Tal vez por eso el salón se veía muy colorido ya que las paredes eran blancas, aunque también ayudaban los materiales didácticos que se hallaban guardados en muebles que estaban repletas de calcomanías. La maestra encargada del grupo se presentó a los pequeños y comenzaron a trabajar en ejercicios que consistían en remarcar las básicas figuras geométricas (círculo, triángulo, cuadrado y rectángulo) con lápiz. Al pasar las horas el timbre sonó para dar aviso de que comenzaba el recreo. Los alumnos salieron ordenadamente del aula, yendo hacia los torniquetes para dirigirse al refectorio.

¿En dónde comemos? —preguntó Gokú, percatándose que casi las mesas estaban llenas. No estaba seguro si en los pisos superiores estarían menos abarrotadores de estudiantes.

Busquemos un lugar—dijo Vegeta, parecía aburrido.

No veo ninguna mesa vacíadijo Gokú, que de pronto vio una mesa en donde solo estaba ocupada por un niño de aspecto tranquilo, piel morena, cabello corto cuyos ojos también eran muy negros; podía jurar que su rostro le era familiar. Le hizo una seña a Vegeta para que se acercaran. ¿Podemos sentarnos aquí?

El niño miró por encima de su hombro al escuchar esa voz que se dirigía a él, encontrándose con la mirada sonriente de Gokú. Volteó un poco la cabeza para echar una ojeada a la persona que estaba detrás de Son, impresionándose al ver a su otro compañero. Tras mucha vacilación, el niño asintió.

Segurodijo, con voz educada. Al notar que Gokú se sentaba a lado de él, agregó: No te había visto por aquí, ¿eres nuevo? Te me haces muy familiar.

Un rubor de emoción le ascendió desde el cuello hasta las hundidas mejillas, Gokú parecía afiebrado.

Sí, acabo de entrar en esta escuela. Me llamo Kakaroto, pero todos me dicen Gokú, y él es mi mejor amigo Vegeta.

El niño miró de soslayo a Vegeta, torciendo un poco los labios en señal de saludo. Ouiji le devolvió el gesto con una seca cabezada.

Sí, ya lo conozco. Yo soy Gasu, Gasu Broly.

Entonces Gokú lo comprendió, ese niño era su compañero de clases, y era por eso que conocía a Vegeta. O sea que… ¡Un momento!

¿Acaso no se llevan? —preguntó Gokú quedándose con la boca abierta, mirando sucesivamente a Ouiji y a Gasu.

Yo no tengo ningún problema con él—respondió Broly, tranquilamente.

No hablaron por un largo tiempo, se dedicaron a comer en silencio y, aunque ninguno tenía intención de decirlo, estaban disfrutando de la compañía mutua.

Son muy calladosmurmuró Gokú luego de un rato. De pronto, sus ojos se desviaron por otro rumbo. ¡Ey, Raditz!

Raditz venía acompañado por un jovencito que era un poco más corpulento que él, era alto, piel morena clara, y unos cuantos mechones que sobresalían de su cabeza calva. Ambos jóvenes se acercaron a los tres niños de preescolar, sonrientes a modo de burla.

¡Qué cursi! ¿Así que tienes un nuevo amiguito? —se carcajeó Raditz mirando con atención a Broly. Éste se mostró tranquilo.

¿Este es tu hermano, Raditz? —interceptó el corpulento amigo del mayor de los Son, observando detenidamente a Gokú.

Sí, se llama Kakaroto—respondió Raditz sin importancia.

¿Quién es el gigante? —preguntó Gokú a su hermano. El extraño no le daba muy buena espina, parecía ser un niño problemático.

Su nombre es Nappahabló Raditz, luego miró a su amigo. Él es Vegeta, Vegeta Ouiji—señaló a Vegeta con el dedo a modo respetuoso.

Nappa asintió, mirando a Ouiji con solemnidad.

Lo sé. Ya lo había visto por acá—confesó al fin—. Igual a él, ¿eres hijo de Gasu Paragus, no es así?

Broly se impresionó al ser conocido por alguien que cursaba la primaria, bueno, a pesar que parecía ser que su padre era el famoso y no él.

Sí—contestó.

Nappa sonrió a modo irónico.

¡Vaya! Todos hijos de señores importantes.

¡Adiós, enanos! —se despidió Raditz, caminando hacia el sector primaria a lado de Nappa. Aún se escuchaban sus risas burlonas a la distancia.

No me agrada el nuevo amigo de mi hermano—dijo Gokú tajante, pero su tono de voz se escuchó irritada.

Y a mí no me agrada él ni nadie—remató Vegeta en desgana, bebiendo un jugo de uva; su favorito.

¿Nosotros no te agradamos? —le preguntó Gokú, su semblante se transformó en una tristeza lastimera.

Vegeta rodó los ojos ante esa absurda pregunta.

A veces sueles ser muy molesto—musitó Ouiji mirando con burla a su amigo.

¿Y Broly? —inquirió Gokú señalando al pequeño Gasu.

Vegeta se encogió de hombros.

Él nunca se ha metido conmigo. Llevamos estudiando juntos un año y dos meses.

Pero nunca se habían dirigido la palabra, ¿verdad? —indagó Gokú, mostrando una sonrisa de insuficiencia.

No—respondió Vegeta, derrotado.

Y ahora gracias a mí ya son amigos—festejaba Gokú sonriéndole a ambos, triunfante.

Sí, Kakaroto, lo que tú digas—gruñó Vegeta por lo bajo, ruborizado producto de la vergüenza y el vencimiento.

Seremos los mejores amigos, ¡ya lo verán! —garantizó Gokú, muy seguro de sus palabras.

—Solo quería que Vegeta tuviera más amigos. Supongo que al principio lo eché a perder, pero al final todo resultó bien.

—¿Turles no estudiaba con ustedes?preguntó Bulma, sorprendida de lo ronca que sonó su voz.

—Sí, iba en la misma escuela, pero en otro grupo—dijo Gokú, apremiante—. Lo conocimos cuando entramos a la primaria. Para ese entonces Tarble ya había nacido.

—¿Cómo era el señor Ouiji con Vegeta?su voz aún sonaba ronca. Intentó aclararse la garganta en completo silencio.

Gokú suspiró.

—Era su orgullo, con eso te digo todo.

¡Papá va a matarme! —exclamó Gokú, miedoso al imaginarse la furia de su padre desatándose contra él.

Que mala suerte, Kakaroto—dijo Vegeta, concentrado en sus deberes.

Ambos niños se encontraban en la mansión Ouiji, específicamente en la habitación de Vegeta. Éste estaba sentado frente a su escritorio terminando algunos ejercicios que su padre le ordenó a hacer, mientras que Gokú se hallaba acostado en un sillón, mirando detrás de la ventana. El día era soleado, el cielo de un azul intenso, pero a pesar de eso se sentía el frío surcar el aire.

¿Qué le puedo decir? —preguntó Gokú en voz baja, pero apremiante.

No es mi problemaVegeta se rió entre dientes ante la exageración de la pregunta de su amigo—. Es culpa tuya al entrar a su despacho sin avisarle.

Gokú se incorporó con brusquedad, mirando a su amigo que parecía estar escribiendo a un ritmo rápido.

¿Qué haces? —el interés se percibió en su dicción sobre el miedo que le nació hacía unos momentos.

Unos ejercicios que mi padre me dio para resolverlos—contestó Vegeta automáticamente, sin despegar su vista de unos papeles.

Gokú tembló involuntariamente, que horrible hacer tarea un sábado por la mañana.

Pero ¿qué clase de padre es? —espetó con incredulidad y en voz baja.

Vegeta no le hizo caso, simplemente se levantó de su silla de un salto.

Terminé. Ahora vuelvo—dijo para luego salir de su habitación.

Iré contigo—lo siguió Gokú.

Bajaron las escaleras rumbo al despacho. Dentro se encontraban Vegeta padre, Mei y el bebé Tarble.

Padre…dijo Vegeta anunciando su presencia, te entrego la hoja con los ejercicios terminados.

El señor Ouiji sonrió con autosuficiencia al ver a su primogénito con sus hojas en mano, recibiéndolas en el acto.

Bien, veamoscomenzó a decir el hombre, leyendo y revisando los ejercicios. Gokú se dio cuenta que su amigo parecía tranquilo, si estuviera en el lugar de él ya estuviera temblando de miedo—. ¡Ese es mi muchacho! Inteligente como su padre. No cabe duda que eres mi hijo, mi orgullo.

Te felicito, mi amor—le dijo Mei, dándole un beso en la mejilla.

Vegeta se había sonrojado a más no poder.

Gracias, mamá—susurró Vegeta avergonzado, a pesar de ello se sintió emocionado por las palabras de su padre.

Mei estaba un poco preocupada por el hecho de que su esposo presionara tanto a Vegeta para ser alguien perfecto en todo. Definitivamente tenía que hablar muy seriamente con él, ya que no quería que ninguno de sus hijos se perdiera la hermosa etapa por la cual estaban pasando: la infancia.

Recuerda que Tarble también será tu orgullo—dijo Mei, acunando a su bebé en brazos. Sus ojos verdes miraban con cierta devoción al pequeño.

El señor Ouiji hizo como si no la oyó. Su completa atención estaba depositada únicamente en su primogénito.

Esto merece un generoso premio por tu esfuerzo, hijo mío—dijo el señor Ouiji, sintiendo la mirada envenenada de su esposa. Él sabía que ella estaba enojada porque no le prestaba la atención que necesitaba Tarble. Obviamente se sentía dichoso por tener otro hijo varón, no obstante su orgullo solo —por el momento— era para Vegeta.

Aún no sé que deseo, padre—dijo el niño pensativo.

Pídele el último videojuego de "Bon Ball 4" —le susurró Gokú a su amigo sin que le señor Ouiji lo escuchara.

Vegeta meditó esa opción por unos segundos, y luego asintió con la cabeza.

Bien, piénsalo esta noche y mañana me dices—habló el señor Ouiji con voz autoritaria.

Vegeta se apresuró a decir:

Tal vez un videojuego, padre.

De acuerdo.

Gokú esbozó una sonrisa rebosante de alegría. Mei se levantó de silla donde estaba sentada, arrullando a Tarble para que no despertara, incitando a los niños para que la siguieran afuera del despacho.

¿Te quedas a cenar, Gokú? —preguntó Mei, divertida por la expresión de Son al ver la felicidad por la palabra "cenar".

Sí, tengo mucha hambre—admitió Gokú con una risa traviesa

Muy bien. Salgamos, dejemos a Vegeta trabajar.

Los tres salieron del despacho a pasos agigantados. Vegeta no se dio cuenta, pero Gokú vio que Mei miraba al señor Ouiji con cierta ferocidad. Sin tomarle tanta importancia, el niño Son se acercó a la mujer para tratar de ver al pequeño Tarble.

¿Puedo cargar al bebé, Mei? —pidió Gokú con ojos brillantes.

Mei parpadeó producto de la sorpresa, nunca se le pasó a la cabeza que Gokú sería de esos niños que se emocionaban con la presencia de un bebé. Después de considerarlo unos segundos y avistar la compostura de Tarble, que estaba profundamente dormido, decidió que podía darlo en brazos al niño.

Por supuestole dijo a la vez que lo guiaba a una silla que estaba por ahí. Gokú se sentó e intuitivamente puso sus brazos a modo de cuna donde Mei colocó al bebé. Cuiden bien de él mientras sirvo la cena—aseveró la mujer, reparando que todo estaba en orden antes de irse para la cocina.

Cárgalo bien, Kakaroto o se te va a caer—dijo Vegeta con dureza, cuidando que su hermanito no despertara.

Gokú empezó a tararear una desentonada canción de cuna, y luego dijo:

Me habría gustado que fuera niña.

Vegeta se molestó de pronto, pero luego recordó que Gokú no diría lo último con mala intención. Son si pensaba y actuaba como un niño de su edad, alguien normal. En cambio Vegeta era demasiado maduro para ser un niño de casi seis años.

Qué bueno que no lo fueremató Vegeta reprimiendo un suspiro. Desde que mi mamá me dijo que estaba embarazada, albergaba la esperanza de que fuera un niño. Alguien con quien pudiera jugar.

En ese momento el bebé Tarble empezó a llorar. Gokú comenzó a asustarse.

¡Ay! ¿Cómo se calla? —dijo Son al borde del pánico, parecía buscar un especie de interruptor en el bebé para que se mitigaran los llantos.

¡Eres un inútil! ¡Dámelo!Vegeta rápidamente obtuvo a su hermanito en brazos, y de inmediato dejó de llorar—. Tranquilo, Tarble, ya pasó.

¡Vaya! Si se calmó—exclamó Gokú impresionado.

Pues claromusitó Vegeta con una sonrisa soberbia. Vamos a la cocina, tal vez tenga hambre.

El estómago de Gokú rugió.

Como yo.

—Vegeta era un excelente hermanoafirmó Bulma con un hilo de voz. Por primera vez desde que llegaron, pudo esbozar una indescriptible sonrisa.

—La verdad sí—concordó Gokú. Fijó los ojos en la mesa y recorrió la superficie de mármol. El silencio se prolongó por un efímero minuto—. Y por lo que escuchaste también era un excelente hijo.

—Sí, el orgullo de la familia OuijiBulma rió con tristeza —. ¿Turles?

Gokú notó el veneno en que su amiga usó para pronunciar ese nombre. Tuvo un escalofrío.

—Turles…

Estaban los padres despidiendo a sus hijos afuera de las rejas del instituto de la capital del norte. Entre ellos estaba Vegeta cargando a su hermanito y despidiéndose de él. Los hermanos Son llegaron a su encuentro junto con Gine; ésta saludó a Mei con un cordial abrazo y besos en la mejilla. Los niños entraron al colegio, Vegeta entregó a Tarble a su madre y se despidió de ella con un gesto de mano. Raditz, como siempre, les deseo buena suerte a los menores y se alejó derechito a las canchas ya que su primera clase era deportes. Vegeta y Gokú caminaron juntos al sector de la primaria, estaban muy emocionados por cursar el primer año de la segunda etapa educacional. Al llegar a su aula se toparon con Broly, quien los saludó con una seca cabezada.

¿Cómo te fue en las vacaciones, Broly? —le preguntó Gokú con demasiado interés.

Bien. Fui con mi familia a acampar cerca de la finca de mi bisabuelo, en un bosque—respondió el niño tímidamente.

¿Por ahí hay un bosque? —la emoción de Gokú fue contagiada a Vegeta que también prestaba atención.

Algo así—respondió encogiéndose de hombros.

Me gustaría ir a acampar. Nunca lo he hecho—refunfuñó Gokú pensativo, Vegeta pudo notar algo de celos en la voz de su amigo.

Es divertido—dijo Broly torciendo el gesto.

Gokú realmente parecía muy interesado.

¿Y se adentraron mucho al bosque?

Broly suspiró cansinamente, pero aun así le respondió a su amigo despistado.

Claro que no. Mi bisabuelo no nos permitió acércanos mucho de las vallas. Dice que se aparece un espíritu bebé maligno o algo así.

¡Qué miedo! —Gokú tembló involuntariamente. Era demasiado miedoso respecto al tema de los fantasmas y esas cosas.

¡Eso es genial! —exclamó Vegeta sonriendo con burla.

Los niños entraron a su nuevo salón, dándose cuenta que era algo diferente al antiguo del preescolar. En vez de mesas con dos sillas, había butacas para cada uno en forma ordenada y separadas en filas. Había pocos muebles arrinconados en las paredes, ya que eran cubiertas por varias cartulinas y laminas educativas.

¿En dónde nos sentamos? —preguntó Gokú a sus amigos. Había pocas caras conocidas como la de un chico muy moreno que llevaba un tira con plumas sobre su cabeza, y la de la niña pelirroja que se sonrojó de inmediato cuando cruzaron miradas.

Yo digo que atrás—opinó Vegeta abriéndose paso.

Estoy de acuerdo—dijo Broly siguiendo a Ouiji.

Vegeta tomó asiento en una butaca que pegaba con la pared, frente de él se sentó Broly, mientras que Gokú tuvo que sentarse una butaca más al frente de la otra fila porque había otro niño que había ganado el lugar que estaba al lado de Vegeta.

La naturaleza de Gokú era benévola, su energía transmitía cierta paz y alegría que era tranquilidad estar al lado de él. Echó una mirada detrás de él, animándose a hablarle al niño que estaba a sus espaldas.

¡Hola! ¿Cómo te llamas? —preguntó Son, sus ojos clavados en su compañero.

Al principio el niño tenía la mirada puesta en Vegeta, era simple interés. No obstante, por la manera en que Gokú le habló, supo que podía utilizarlo como mediador para acercarse a Ouiji.

Turles—respondió, su dicción mezclada de falsa modestia con un toque de frialdad.

Gokú pensó que se había imaginado el tono grosero que usó el tal Turles hacia él. Ignorando eso, le sonrió y decidió presentarles a sus amigos.

Bueno, Turles, yo soy Gokú—dijo Gokú en tono amable—. Y ellos son Vegeta y Broly.

Broly volteó al escuchar su nombre, saludando con una seca cabezada a Turles, entre tanto, Vegeta solo se limitó en alzar una ceja.

Vegeta—susurró Turles como para sí.

Vegeta era muy popular aunque él lo ignoraba por completo, o simplemente no le tomaba mucha importancia a esa popularidad. Los Ouiji era la familia más influyente de la capital del norte, junto con los Son y los Gasu, pero a un nivel mucho más alto. La ambición de Turles se acrecentó cuando supo que tendría a los hijos de esas familias como sus compañeros, su padrastro le instó en ser influyente a como diera lugar; el pobrecito tenía una crianza mucho más dura que el de Vegeta, solo que a diferencia de éste último, no había casi nada de amor dentro del núcleo familiar de Turles.

Si quieres puedes juntarte con nosotros—le dijo Gokú, interrumpiendo sus pensamientos.

Turles en ese instante le tomó la palabra a Gokú.

Las horas pasaron hasta que por fin sonó el timbre que indicaba el final de las clases. Vegeta y Broly se adelantaron a la salida, a su vez Gokú iba atrasado en compañía de Turles. Esté solo tuvo un par de horas para analizarlos un poco, los tres eran muy diferentes; Vegeta era arrogante y antipático, Broly era serio y sorpresivamente sereno, entretanto Gokú era un caso especial.

Oye, Turles. ¿No quieres ir a mi casa? —lo animó Gokú. Turles no se pudo negar.

Bardock había pasado por los chicos al colegio, de hecho él se encargó de hablar con los "padres" de Turles para convencerlos de que el niño fuera a la colina para jugar con los muchachos. Era lo normal y lo más comprensible a que los padres de Turles se hubieran negado ya que Bardock era un completo extraño. No obstante ocurrió lo contario. Contrariado por ese hecho, Bardock estuvo muy bien atento del nuevo amigo de su hijo.

¿Esta es tu casa? —preguntó Turles con avidez, al mismo tiempo que bajaba de la camioneta del señor Son.

Sí, y la de allá es la de Vegeta—señaló Gokú con el dedo la mansión Ouiji.

Turles abrió los ojos como platos, quedándose boquiabierto.

Está más grande—confesó sin pena.

Gokú solo sonrió.

Sí, deberías de ver su jardín, ¡es gigantesco!

¿En serio? —la sonrisa de Turles se ensanchaba más que le daba un aspecto grotesco.

Gokú se percató que su mejor amigo no se dirigía hacia las canchas de la mansión Son.

¡Vegeta! ¿A dónde vas?

El aludido detuvo su andar, mirando por encima del hombro.

Iré a ver a mi hermano. Luego los alcanzo—dijo, para luego adentrarse a su mansión.

¿Tiene un hermano? —la voz se Turles cambio de repente a un tono molesto. Intentó aparentar una tos que le salió muy fingida. Aun así Gokú no captó la farsa.

Sí, se llama Tarble. Es apenas un bebéexplicó Gokú, tomó a Turles del brazo y lo arrastró literal hacia las canchas de su casa donde los esperaba Broly, Raditz y Nappa. Ven, vamos.

—Ahora me doy cuenta que Turles sentía mucha curiosidad hacia VegetaGokú echó la cabeza hacia atrás, soltando una sarcástica carcajada que revelaba su rabia.

Bulma tembló involuntariamente, casi nunca veía a Gokú tan enojado. Soltó otro suspiro imperceptible, pero pletórico de todos modos.

—¿Te arrepientes de hablarle a Turles en ese momento?murmuró Bulma; su pregunta fue más como una exigencia que una muestra de interés. Deseo que sus palabras hicieran sentir culpable a su amigo, y vaya que lo logró.

—No—susurró Gokú con voz dolida, meneó la cabeza a modo de desacuerdo con su primera respuesta—. No lo sé, supongo que de una u otra forma él hubiera hablado con nosotros. En todos modos seguiría siendo nuestro compañero de clases durante los siguientes años. Iba ser algo difícil de ignorar, ¿no crees?

Bulma no pudo negar el de estar de acuerdo con Son. Turles siempre había sido una persona habilidosa.

—Eso creodijo la chica entre dientes.

—Vegeta nunca fue muy sociable que digamos, pero se esforzaba por llevarse bien con todos.

Muy bien, niños. Ahora vamos a hacer equipos de tres, ¡no se muevan! Yo los voy a agrupar.

La clase esperaba paciente las indicaciones de la maestra, alguno niño comenzaron a platicar entre ellos.

¿Con quién nos tocará? —preguntó Gokú a nadie en particular. Parecía expectante.

Turles frunció el ceño.

Espero no estar en el mismo equipo que tú—remató a modo de burla.

Que malo eres, Turles—se quejó Gokú, dolido por el rechazo.

Muy bien, el equipo número uno estará conformado por: Gasu Broly, Hachi Octavio y Son Gokú.

Gokú se sentía agradecido que su maestra aceptara llamarlo por su apodo y no por su feo nombre. Miró a Broly a quien le sonrió con entusiasmo, luego le echó una ojeada a Vegeta mostrándole un mueca triste; le habría gustado formar equipo con él, y viceversa.

Al menos nos tocó juntos—susurró Broly, igual de decepcionado por no estar con Ouiji.

¿Quién es Octavio? —preguntó Gokú de repente, atisbando a su alrededor. Hasta que vio un moreno y regordete niño que se acercaba a ellos; Gokú se sorprendió que el tal Octavio fuera mucho más tímido que Broly.

La maestra se aclaró la garganta, y luego anunció:

El equipo número dos será: Taresu Turles, Ouiji Vegeta y Jingle Suno.

Turles sonrió satisfecho, se acercó a Gokú triunfante para decirle:

No me molesta que me haya tocado con Vegeta, pero ¿Suno? —espetó Turles, mostrándose asqueado. No le agradaba estar cerca de una persona que provenía de un pueblecito.

Gokú también comenzó a hablar en susurros, sus ojos clavados en la niña pelirroja que se acomodaba a lado de Vegeta. Sus miradas chocaron. Jingle desvió rápidamente la mirada; su rostro era casi el mismo tono que el de su cabello.

Es agradable, pero muy rara—opinó Gokú, que en ese instante captó que Octavio le había molestado lo que había dicho de la pelirroja. Se tensó al recordar que los había visto cerca, al parecer eran amigos muy cercanos.

¿A qué te refieres? —preguntó Turles, cauteloso.

Que cada vez que la saludo, ella se pone a temblar y su cara se sonroja mucho—habló más despacito Gokú, ignorando los ojos furiosos que Octavio le lanzaba.

Los equipos ya estaban agrupados, se cerraron en un círculo para trabajar. Gokú estaba muy cerca de Vegeta que podía escucharlo a él y a los otros dos con claridad.

¿Qué tenemos que hacer? —endilgó Turles, la verdad no quería hacer nada.

Son sumas y restas—dijo Vegeta luego de echarle una leída a la hoja de los ejercicios.

¡Qué aburrido! —profirió Turles dando un bostezo de hipopótamo.

Es muy sencillo—espetó Vegeta irritado. La actitud que estaba mostrando Turles empezaba a enfurecerlo.

¿Los puedes resolver tú?

Esa pregunta provocó que Vegeta rechinara los dientes.

Lo haría, pero este trabajo es en equipo—escupió con frialdad.

Taresu resopló violentamente, reparando por primera vez en la presencia de Suno.

¿No piensas ayudarnos? —su timbre de voz se oyó tan atemorizante que hizo temblar a la pequeña Suno.

S-sí—balbuceó, instintivamente se acercó más a la butaca de Vegeta como buscando protección.

Vegeta decidió ignorar a Turles, trabajando tranquilamente junto con su compañera.

No recuerdo tu nombre—dijo Vegeta apacible. En cuanto Suno le miró percibió que la había intimidado.

Mi nombre es Suno—respondió la niña, tímidamente. Sus ojos se clavaron en sus zapatos, calmando sus nervios con esa acción.

Vegeta miraba a su compañera de manera furtiva, notó que se había puesto más rígida.

Me parece haberte visto antes—comentó Ouiji sin despegar sus ojos en ella.

Suno volvió a mirarlo fijamente, encontrándose con esos ojos negros como el carbón. La expresión del rostro de su compañero era de lo más extraña, desafiante y hostil. La niña apartó la vista y se sonrojó, quedándose petrificada en la silla.

Sí, fuimos compañeros desde el preescolar—masculló Suno.

A pesar que habló entre susurros, tanto Vegeta como Turles —hasta Gokú que estaba un poco más retirado de ellos tres—, la escucharon claramente.

Si quieres puedes comenzar con las tres últimas, ¿te parece bien? —le sugirió Vegeta, esperando la confirmación de Suno.

Sí—asintió, con una tímida sonrisa.

Turles, las de en medio son tuyas—eso se escuchó más como un mandato que una propuesta.

Ajá—respondió éste en desgana.

Yo me encargo de las primeras.

Gokú de vez en cuando observaba cómo trabaja sus amigos.

—Días después nos hicimos muy amigos de ellos dos.

Gokú y Bulma se encararon en silencio. Después de unos segundos el silencio se hizo embarazoso, así que Gokú clavó de nuevo su vista en el suelo. Parecía aliviado una vez que notó que su amiga ya no leo veía con odio, sino con demasiada expectativa y ansiedad. Lo que no se esfumó fue la tristeza que aún la embragaba.

—¿Y Upa?quiso saber la chica, recordando al muchacho moreno que lo vio hablando con Vegeta en el baile de fin de cursos.

—Upa llegó años después—explicó Gokú frunciendo el ceño—, pero nosotros 6 éramos muy amigos. Todos nos llevábamos muy bien.

—Eso parecíadijo la ojiazul entre dientes.

—Sí, eso parecía…

La mañana de ese domingo estaba despejado, nada de nubes negras y enormes adornaban el cielo. Los amigos esperaban pacientes, sentados en el pórtico de la mansión Son. Vegeta (de 8 años de edad), contemplaba a su hermano Tarble (quien tenía tres años), jugando con uno de sus autos de juguete. Los hermanos Ouiji eran muy unidos, irónicamente diferentes en lo que respectaba el carácter. Ni siquiera la edad había sido un impedimento para que los hermanos no quisieran pasar más tiempo juntos, aunque se interponía solo una barrera que imposibilitaba ese hecho. Aunque Broly y Gokú no tenían ningún problema el de que Tarble los acompañara a sus sesiones de juegos, Raditz, Nappa y Turles, no se mostraban determinantes en aceptar siempre a Tarble en sus "hobbies" pesados. En especial a Turles que no ocultaba su desagrado cada vez que Vegeta llevaba a Tarble a jugar con ellos. Raditz y Nappa eran dos casos diferentes, ya que respetaban a los Ouiji, sin embargo ellos llegaban a ser muy toscos a la hora de jugar; y al juicio de Vegeta era mejor evitar cualquier accidente. Habían pasado muchas cosas desde que se conocieron, que ahora los menores se llevaban muy bien con los mayores. A veces Nappa no soportaba al atolondrado de Gokú, no obstante se sorprendió bastante cuando descubrió que podía llegara a tolerarlo; a veces le llegaba a causar risa las estupideces del pequeño Son que ya lo consideraba un amigo, casi una mascota.

Que envidia que tu padre te vaya a inscribir a una escuela de artes marciales—dijo Raditz a Vegeta, ambos recordando el suceso de la primera vez que se enfrentaron.

¿Por qué no le piden a Bardock que los inscriban también? —le preguntó Vegeta, cuidando de cerca a Tarble.

Raditz y Gokú intercambiaron una mirada entusiasta.

Eso es una buena idea—concordó el menor de los Son—. En cuanto llegue del trabajo le diré.

¿Y ustedes? —pregunta dicha por Raditz, observando a los demás chicos.

Yo igual hablaré con mi padre—contestó primero Broly, sabía que no habría problema alguno por una confirmación de Paragus.

Turles ya se estaba impacientando.

¿Ya podemos ir a jugar? —graznó, muy malhumorado.

Cinco pares de ojos lo miraron con desaprobación.

Aún no, tenemos que esperar a Mei para que venga por Tarble—le recordó Gokú.

¡Bah!

Broly se acercó a Tarble para verlo jugar, no sin antes dedicarle un gesto de desaprobación a la actitud de Taresu.

Crece, Tarble, crece para que puedas jugar con nosotros—le dijo el joven Gasu, palpándole la coronilla al menor.

Ya juego con mi hermano—dijo Tarble sonriendo, mostrando sus redondeados hoyuelos; sus rasgos parecían siendo los de un bebé.

¿No me digas? —dijo Turles burlón, bajo una falsa mascara de amabilidad—. ¿Y a qué juegan? —su interés se notó en sus prominentes rasgos de hipocresía.

¡Videojuegos! —respondió el niño con claridad, sin prestarle tanta atención a Taresu.

Turles quedó asombrado.

Para ser un chiquillo de tres años ya habla muy bien—admitió entre dientes.

Es mi hermano después de todo—dijo Ouiji con orgullo.

Turles se relajó de inmediato, la vigilancia de Vegeta también lo incluía a él; había un rasgo de desconfianza. Echó una mirada a los demás, Nappa y Raditz platicaban banalidades, Broly jugaba con uno de los carros de Tarble, Gokú solo estaba ahí sentado poniendo cara de idiota y Vegeta, bueno, él seguía trabajando de centinela; hasta vio que Gokú llamaba su atención, despejando sus ojos sobre Tarble.

¿Qué es esto? —preguntó Turles con avidez, aprovechando la distracción de Vegeta.

Es mi carritorespondió Tarble, luego recogió otro para enseñárselo a Taresu . Mira, aquí tengo más. Si quieres te lo presto.

En el momento que Tarble quería ponerse de pie, Turles empujó al niño con la fuerza de su brazo haciéndolo pasar por un accidente. Tarble cayó de bruces al suelo, aterrizando sobre sus rodillas y luego echó a llorar.

. ¡Buuuaaa! —el sollozo era tan lastimero que todos los presentes se asustaron.

¡Tarble! —gritó Vegeta yendo al socorro de su hermanito—. ¿Qué te pasó? ¿Qué le pasó? —le preguntó a Turles bajo amenaza de puño.

Turles parpadeó atónito.

Se resbaló—mintió y, a pesar de que lo hizo bien, Vegeta no le creyó.

¡Eso no es cierto! ¡Él me empujó! —acusó el pequeño Tarble que seguía llorando, sobándose sus heridas en ambas rodillas.

¡Miente! —se defendió Taresu, que por primera vez se mostraba aterrado al ver a Ouiji que se acercaba a él peligrosamente—. Vegeta, sabes que yo no soy capaz de…

El sonido del puñetazo se escuchó como el choque de dos piedras de granito, acompañado por un gemido de dolor. La situación se volvió más sombría de repente, los demás tardaron en reaccionar.

¡No peleen! Por favor, deténganse—pidió Broly quien era el que estaba más cerca de Taresu y Ouiji, interponiéndose entre los dos.

Vegeta aún tenía los puños temblando a los costados, su ira se percibía en su ojos, clavados en los de Turles. Una última advertencia, y se acercó a su hermano para ayudarlo a levantarse.

Ven, Tarble. Vamos a casa—le dijo con voz tranquila. Tarble asintió, levantándose con el apoyo de su prójimo. Ninguno de los Ouiji se despidió de sus amigos.

¡Maldito mocoso! —despotricó Turles escupiendo en el suelo, dándose cuenta que su saliva era roja. Se tocó su boca con el dorso de su mano, manchándola de sangre. En serio que odiaba a ese niño, ¡no lo soportaba! Ahora por culpa de ese chiquillo, Vegeta tal vez lo odiaba.

Que imbécil eres, ¿por qué mierda empujaste al hermano de Vegeta? —regañó Nappa, su tono de desaprobación fue resentido para Turles. Éste puso mala cara.

El mocoso mintió—se excusó, poniéndose de pie bruscamente. Lo más probable es que los señores Ouiji también quisieran tomar represalias contra él. De lo chismoso que era Tarble no lo dudaba.

Yo vi como lo empujaste—habló Gokú, después de estar un rato callado. La decepción exteriorizada en su semblante.

¡Fue un accidente! ¡No lo hice apropósito! —siguió con sus mentiras Turles, a esas alturas estaba al borde la histeria.

Dudo mucho que Vegeta te vuelva a hablar. Tendrás que disculparte—dijo Broly, recogiendo los juguetes de Tarble.

Raditz quiso cambiar de tema, ya no quería seguir dentro de esa atmosfera engorrosa.

Hay que jugar, no creo que Vegeta regrese—avisó a los otros.

Los chicos reanudaron sus pasos en dirección a las canchas, ahora con apatía, ya que nadie parecía boyante en jugar basquetbol. Gokú se atrasó a propósito, parecía muy molesto, su mirada clavada en Turles.

¿Qué? —espetó Taresu.

No vuelvas a meterte con Tarble—dijo Gokú en voz baja, la amenaza fue muy obvia.

Turles le devolvió la mirada, furibundo e incrédulo

No me digas lo que tengo que hacer—gruñó, chocando su hombro con el de Gokú cuando pasó muy cerca de él.

—Antes Turles había demostrado su molestia hacia Tarble, pero después de ahí las cosas se pusieron más tensas entre él y Vegeta; siempre le tuvo envidia. Turles quería ser como él. Ahora lo puedo ver más claro. Puede ser que sus padres adoptivos hayan influido mucho en el pendejo de Taresu.

Era la primera vez que Bulma escuchaba a Gokú decirle "pendejo" a alguien. Lo podía entender, Son le guardaba mucho rencor a Turles por todo la maldad que había turbado contra los Ouiji.

—Tarble tenía tres años, eso quiere decir que…recordó Bulma, naciéndole un miedo justificable a consecuencia de saber adónde iba a llegar la historia a continuación.

Gokú pareció que le leyó el pensamiento, porque dijo:

—Exacto, solo faltaba un año para aquel día catastróficoel tono de Son era mortífero.

Bulma intentó con todas sus fuerzas tranquilizarse, ya que le resultaba muy duro escuchar el pasado de Vegeta. La imagen del mausoleo donde debajo se hallaba la tumba de Ouiji la tenía bien presente en su mente que le era difícil no recordarla. Irónicamente, le reconfortaba escuchar a Gokú, porque el Vegeta de esas historias continuaba vivo; mientras que el de su presente se había ido para siempre. Era una situación muy extraña, pero ella así se sentía: apesadumbrada, y a su vez tranquila.

—¿Por qué Turles decidió vengarse de esa manera?A Bulma no le cabía a la cabeza lo que pudo desatar en Turles el de caer tan bajo para vengarse de esa manera de Vegeta. Ya le había quedado claro que Taresu era un hijo de puta desde pequeño. Aunque ella supiera el origen de esa envidia que Turles profesaba en Vegeta, seguía sin encontrarle alguna justificación.

—Hubo un fuerte pleito entre Turles y Vegeta, y eso hizo que se distanciaran —dijo Gokú sin aliento.

—¿Qué discusión hubo entre ellos? —quiso saber la muchacha. Seguía abrazada a sus piernas, rígidas y firmes.

Sorpresivamente Gokú rió un poco.

—Pues… la verdad si lo pensamos bien fue una tontería. Éramos niños, unos inmaduros…

La capital del norte era muy conocida por su clima frío, con lluvias casi durante todo el año, y nieve en los meses de invierno. La ciudad y sus pueblos cercanos se rodeaban por un grande bosque donde los turistas venían para acampar y hacer actividades al aire libre. La finca del bisabuelo de Broly se localizaba por esos rumbos del boscaje, las montañas parecidas a relieves le daba un toque de armonía. A unos kilómetros de ahí, existía un parque de juegos, exclusivamente para que los visitantes dieran un descanso antes de que se adentraran al bosque. Por ser un lugar concurrido había todo tipo de puestos de comida rápida, bebidas y golosinas; baños públicos; casillas turísticas, cabinas telefónicas y guardabosques.

Con el permiso de Paragus Gasu II, Broly había invitado a sus amigos a pasar una tarde genial en la finca del anciano. Después decidieron visitar el parque, aprovechando que no había mucha gente. El clima aminoró paulatinamente, apareciendo una ligera bruma.

Tengo hambre, ¿por qué no buscamos un local donde vendan hamburguesas?Gokú estaba colgado en las barandillas de fuerza, a lado tenía a Nappa que estaba de cabeza y Raditz que intentaba mantener el equilibrio al estar de pie.

Tú siempre quieres tragarlo regañó su hermano, muy concentrado en su actividad.

Los tres jóvenes no se dieron cuenta que Vegeta, Tarble, Broly y Turles venían hacia ellos.

Hermano, yo también quiero comerpidió el menor, escuchando como le rugía el estómago.

Vegeta asintió con una seca cabezada.

Vamos.

Los acompañamosprofirió Gokú, bajándose de un salto de la escalera de arcos metálica. De cerca lo siguió Raditz y Nappa.

Al haber tantos puestos localizaron rápidamente el de las hamburguesas, en el caso de Broly y Raditz prefirieron otra cosa.

La fila está largase quejó Gokú. Una actitud realmente exagerada porque solo había tres personas formadas.

Al instante Tarble vio algo que atrajo su atención. Era el juego metálico más grande del parque. La construcción de carácter recreativo era de dos pisos, prácticamente consistía en rampas deslizantes con escaleras para acceder a él. También había resbaladillas a los costados, solo que a diferencia de la forma de caracol de los toboganes, los primeros eran de una forma recta. Igual incluía una casita en la parte superior, un tubo de bombero para bajar y cubos de colores para representar imágenes.

¿Puedo subirme ahí?preguntó Tarble a su hermano, esperanzado a que dijera que sí.

Vegeta se mostró titubeante al mirar el juego evaluando su infalibilidad, en serio que Tarble a veces podía llegar a ser mucho más atolondrado que Gokú. Luego de pensarlo por unos segundos, asintió.

Ten mucho cuidadole indicó, contrariado a que Tarble se le había ido el apetito.

Turles ¿no quieres una hambur…? Gokú calló al no ver a su amigo que minutos antes se encontraba a su lado.

Estaba por aquídijo Nappa volteando también a su alrededor.

Un grito sin precedentes alertó a los muchachos.

¡Vegeta!llamaba a gritos Tarble, sentado al tope de la resbaladilla.

¡Mierda!maldijo Turles, esta vez estaba en serios problemas.

Vegeta corrió donde estaba su hermano, quien parecía asustado y fulminaba a Turles con la mirada. Gokú y Nappa también se acercaron, suponiendo lo que realmente había pasado con tan solo ver a Turles en la escena del crimen.

¿Qué pasó?quiso saber Vegeta, estaba eufórico.

Él me empujó, me duele mucho mi piernaacusó Tarble, que aún seguía viendo de mala manera a su agresor.

El problema fue que Turles le quería dar un pequeño susto a Tarble cuando éste se hallaba arriba del juego. El menor resbaló y cayó de espaldas; el susto fue tan grande que el grito vibró por todo el parque. A esas alturas Broly y Raditz llegaron en escena, se preparaban para intervenir si se desataba otra pelea.

Vegeta, puedo explicarloparloteó Turles levantando sus manos como para protegerse.

Vegeta parecía tranquilo, pero sus ojos mostraban lo contario; eran fríos y calculadores.

Tarble, quédate con Kakarotohabló Ouiji, arrastrando las palabras con suntuosidad.

Sí, hermano.

Había un tenso aire lleno de nerviosismo que cualquiera podía respirarlo.

Tú y yo vamos a hablardijo Vegeta a Turles, la amenaza sucumbió.

¡Qué rayos!se quejó Gokú cuando vio a sus dos amigos alejarse rumbo al área del estacionamiento.

Será mejor que vayas con ellos, Raditzaconsejó Nappa, que a su vez enviaba un mensaje de texto al anciano Gasu para que fuera por ellos. Esa salida se había suspendido gracias al estúpido de Turles.

¿Por qué?

Por si se pelean.

Raditz aceptó de mala gana, pero luego Nappa agregó:

Ve tú también, Brolydijo. Yo me quedo con Kakaroto y Tarble. Los dos no pueden cuidarse por sí solos.

¡Oye! exclamó Gokú indignado.

No esperaron mucho, todos regresaron a excepción de Turles que prefirió quedarse sentado en los columpios.

¿Qué pasó?Gokú se adelantó, los nervios lo traicionaban.

Ahora si Turles se pasó. Quiso que Tarble se asustara a propósitorespondió Broly en lugar de Vegeta. Los ojos de Gokú y Nappa se agrandaron ante la sorpresa. Según él, no quiso que Tarble cayera, que eso sí fue un accidente.

¡No puede ser!bramó Gokú todavía en estado de shock.

Él mismo lo confesóle prosiguió Raditz.

¿Y se disculpó?quiso saber Nappa, que realmente no lo podía creer.

Me pidió perdón, síhabló Vegeta casi sin despegar los labios. Pero yo no le creí.

No merece que le dirijamos la palabraopinó Raditz mirando de soslayo a Turles que los ignoraba.

Y si, ¿en verdad estaba arrepentido?dijo Gokú sin pensar, ahora los semblantes incrédulos de sus amigos estaban sobre él. Solo digoagregó rápidamente.

Vegeta rodó los ojos ante la estupidez que acababa de escuchar.

Si no vuelve a meterse con Tarble, tal vez sí considere sus patéticas disculpasespetó Vegeta por lo bajo.

Nadie dijo nada al respecto. Broly sintió una presencia familiar a sus espaldas, volteó y de pronto lo llenó una sensación de alivio por irse a casa.

Mi bisabuelo ya está aquí, andando.

—Desde ese día nadie le dirigió la palabra a Turles. Nadie.

Tanto Bulma como Gokú se sentía sumamente furioso. Ese Turles era el demonio en persona.

—Dejó de molestar a Tarble—no era una pregunta.

—Sí, durante una semana no se metió con él—dijo Gokú recuperando sus facciones aniñadas, aunque esa mascara no duró mucho—. Porque estaba esperando el mejor momento para ejercer su venganza.

Ahora Bulma sabría por fin lo que realmente había pasado en la fábrica, sin embargo no estaba segura si estaba lista para escuchar esa trágica anécdota.

—¿Viste a Turles con el grupo Ginyu? —preguntó la ojiazul, su voz volvió a oírse ronca.

Gokú asintió.

—Sí, estaba platicando con ellos.

—¿De qué?

Gokú hizo una pequeña pausa, rememorar ese momento solo lo hacía sentirse más culpable de lo que ya estaba.

—De cuál sería la mejor venganza en contra del pequeño Tarble.

Bulma tembló.

—¿Por qué esa rivalidad con el grupo Ginyu? —preguntó, sus manos temblando sobre sus rodillas.

—Bueno, en realidad fue algo tonto—confesó Gokú un poco avergonzado—. Estábamos con ellos en el taller de deportes y pues ahí la competitividad se volvió casi a muerte. A ninguno de nosotros nos gusta perder, y al grupo Ginyu tampoco.

Bulma se imaginó otro motivo menos… patético. Aunque era algo típico, la mayoría de los hombres nacieron con competitividad en las venas.

¿Sobre la venganza? —le recordó la muchacha, preparada a pesar de sus nervios.

Ahora le tocó a Gokú temblar.

—¡Ah sí! Pues verás…

«Sólo una clase más» pensó Gokú al ver la hora en el reloj que colgaba en una torre monumental del instituto.

La situación de Turles en el colegio era muy incómoda. Broly y Gokú tenían que pasar por el engorro que le provocaba la presencia de Taresu. No existía problema alguno con Vegeta, él actuaba como si Turles no existiera. Gokú era el único entristecido del grupo, que sentía mucha pena por su antiguo amigo. Le dolía verlo ignorado, sólo y sin amigos; no entendía por qué había pasado todo eso. Por consiguiente, no olvidaba lo malo que Taresu fue con Tarble. Seguidamente había momentos que Son discurría que lo que le pasaba a Taresu era un castigo por sus errores. Dejando ese tema de lado, a Gokú le entró unas ganas de orinar, su error, había bebido demasiado refresco en el recreo.

Amigos, necesito ir rápido al bañoavisó Gokú con tanta prisa.

No tardes, sino la maestra no te dejará entraradvirtió Ouiji, cruzando miradas a modo de burla con Broly.

Sí, voy corriendo.

Gokú llegó a los baños en un tiempo récord. Terminó en hacer sus necesidades, y se acercó a los lavamanos. Volteó atrás para ver de nuevo la hora, no deseaba llegar tarde a clase ya que su maestra era muy estricta con la puntualidad.

¡Uy! Ya pasaron 10 minutos, tengo que darme prisa—se dijo a sí mismo, secándose las manos con apremio. Cuando volteó, vio a lo lejos a una persona que no debía estar ahí—. ¿Eh? ¿Turles? —Gokú observó como Taresu caminaba con sigilo rumbo a los antideportivos—. ¿Qué hace?

Decidió seguirlo, algo no andaba bien. Turles caminaba con cautela, escondiendo bien su presencia de las sombra al acecho.

Malditos prefectossusurró como no quiere la cosa, ocultándose detrás de un bote de basura.

Al no ver moros en la costa, continuó su camino. Entonces los vio, eran los bravucones de quienes tanto había oído, tal vez ellos podrían aconsejarlo. Por lo que notó, ese grupito no asistió a clase, por eso estaban muy bien escondidos detrás de los arbustos. Caminó hacia ellos, apostando por su suerte.

¿Qué hace? ¿Por qué va hacia el grupo Ginyu?Gokú no podía creer lo que estaba pasando frente a sus narices. Caminó a hurtadillas hacia el escondite de esos tipos, con la intención de poder escuchar lo que hablaban. Un ruido parecido a ramas partidas lo alertó—. Que susto, pensé que se trataba de un prefectosusurró Gokú al notar un nido de pájaros, colgando en las ramas de los arbustos que utilizaba como escondrijo.

Observó como Turles parecía dispuesto a hablar con esos bravucones, aunque a su vez se mostraba muy dubitativo.

Oigan, quiero hablar con ustedesdijo Taresu, con los nervios a flor de piel.

Gokú estaba incrédulo ¡cómo se atrevía Turles! Ginyu y su pandilla siempre se habían llevado mal con ellos, tanto era su enemistad que ambos bandos casi llegaban a los golpes. Oculto desde su sitio, Gokú vio que el grupo de bravucones temblaron al oír su llamado, tal vez pensaron que los había atrapado un prefecto. Sus rostros se relajaron cuando vieron a un niño insignificante.

¿Quién eres tú, gusano?uno de ellos, el más alto de grupo, se acercó peligrosamente a Taresu. El muchacho tenía el pelo pelirrojo, con un matiz oliváceo en su endurecida cara y hablaba como bobo.

Es uno de los amigos de Vegetacontestó otro chico, mucho más bajo de estatura que el primero, el cabello un poco largo y gris, su rostro era igual al de Gokú por la forma aniñada; tenía una voz suave y aterciopelada. ¿Lo puedo golpear?

Turles retrocedió un par de pasos, poniendo sus manos al frente como si eso pudiera defenderlo de los bravucones.

Cálmense por favor. Vengo en son de pazse apresuró a decir Taresu, nerviosamente.

Entonces Ginyu dio un paso al frente mostrando su autoridad. Era terrorífico, lo que parecía que su deformidad en su rostro lo hiciese verse así. No era tan alto como el chico pelirrojo, pero sí que transmitía una presencia mucho más amenazante que el resto. Su tez era muy pálida, extraña a su vez ya que cuando estaba bajo los rayos del sol su dermis se desvirtuaba en un tono morado.

¿Qué quieres de nosotros?preguntó Ginyu a Turles, enseñando los dientes.

Gokú tembló, si se llegara a desatar una disputa Turles no tendría oportunidad. Uno contra cuatro era demasiado injusto, incluso si Son se uniera a la pelea perderían. Gokú agudizó bien su oído para escuchar más nítidamente.

Deseo vengarme de alguiendijo Turles al fin, sin titubear.

Gokú volvió a temblar. Los cuatro miembros del grupo estaban sorprendidos, sus ojos abiertos y mandíbula desencajada eran la prueba de su desconcierto.

Interesantedijo Jeice, anonadado.

Ginyu recupero sus facciones, agitando levemente su cabeza y con una risa déspota dijo:

Te escuchamos.

Turles se aclaró la garganta antes de hablar.

Pues verán, hay rumores que dicen que ustedes son muy buenos para herir a una persona.

No a una, sino a muchas. ¿Quieres comprobarlo por ti mismo? achantó Burter, hablando por primera vez.

Turles no le hizo caso.

Amm, bueno. Solo quiero que me recomienden como puedo asustar a un chiquillo de cuatro años.

Un tercer temblor.

¡Qué!Gokú se quedó de piedra, se le había cortado la respiración. Una punzada de ira lo subyugó como si le clavaran un tornillo en la cabeza—. ¡Tarble!susurró Gokú, furioso.

Eso es sencillodijo Ginyu riendo.

¿En serio? Y, ¿cómo?

Los brabucones intercambiaron sendas miradas de malicia.

Te lo diremos si nos dices el nombre del chiquillo del quien quieres vengartecondicionó Jeice.

Turles se estremeció, eso no lo había considerado.

Pues…—dudó por breves segundos, no le quedaba mucho tiempo si quería ejercer su venganza ese mismo día—. De Tarble Ouijidijo al fin.

Ahora sí la impresión fue demasiada, eso sí que no se lo esperaba nadie. Gokú seguía sin poder creerlo, aun cuando sus sospechas fueron ciertas desde el principio y sumándole a ello escuchando todo desde los labios de Turles.

Increíble—articuló Ginyu—. Quieres vengarte del hermano de uno de tus mejores amigosno era una pregunta, eso ya había quedado muy claro.

Así esinequívoco, Turles respondió.

Ginyu le lanzó una mirada significativa a Burter, éste asintió y dio unos pasos al frente para revisar que no hubiera nadie por los alrededores. Gokú se agachó lo más que pudo para no ser descubierto.

Es pan comidodijo Ginyu, se le había ocurrido una idea genial. ¿Sabes dónde está la fábrica de las lejanías?

Turles lo miró sin comprender, pero a pesar de eso se limitó a responderle.

Sí, está como a cuatro cuadras de aquíeso se escuchaba cerca, pero Turles bien sabía que el lugar estaba muy retirado. El colegio era extenso, casi 4000 metros de largo, sumándole a ello las prolongadas cuadras escrupulosas.

Exacto—profirió Ginyu—. Es sencillo, lo que tienes que hacer es encerrar al niño ahí.

Tules se mostró indeciso de repente.

Pero, esa fábrica está por derrumbarse.

¡Y qué!espetó Ginyu.

Turles instintivamente retrocedió.

No quiero que muera, solo quiero asustarloexplicó entre balbuceos.

Bueno, es tu elección, niño cobarde.

Gokú notó que los bravucones se alejaban, dejando a Turles otra vez solo. De pronto, éste último dio un paso al frente y dijo:

Supongo que… esa sea mi única oportunidadconfesó Taresu sin tapujos.

Maldito Turles—despotricó Gokú—. No te atreverías.

Bien, ya te dimos la idea. Ahora páganosGinyu tomó a Turles por la corbata de forma brusca.

No tengo dineroquiso gritar, pero Ginyu lo tenía bien sujeto del cuello.

No nos queda más opciónmusitó el líder, echando el puño hacia atrás y cargando fuerzas, se lo estampó a Turles en la cara.

¡Auch!se quejó Taresu, adolorido.

El golpe es gratis, fracasado.

Parloteaban entre ellos, burlándose del niño "fracasado". En ese instante Turles se alejó en dirección al sector del preescolar. Gokú estaba a punto de seguirlo hasta que oyó una vez más el bullicio de Ginyu y sus amigos.

¿Creen qué sea capaz?preguntó Reecome con su voz patosa.

Eso no nos importadijo Ginyu, encogiéndose de hombros. ¿En donde se metió ese obeso de Guldo?

¡Por Dios! Gokú necesitaba avisarle a Vegeta o si no sería demasiado tarde.

¡Oigan amigos! Guldo había aparecido de repente, cerca de unos arbustos donde Gokú se ocultaba.

¿En dónde estabas, gordinflón? —lo regañó Ginyu. Guldo iba a hablar, pero se vio interrumpido por él—. Da igual. ¿Compraste lo que te pedimos?

respondió Guldo, repartiendo paquetes de comida a cada uno de sus amigos.

¿Qué era lo que nos ibas a decir?preguntó Jeice sacando una hamburguesa de su envoltorio.

Guldo se quedó sin habla.

Ah, ya no me acuerdo.

No tenía tiempo que perder, ¡Tarble estaba en peligro!

Típico de ti, gordopor último escuchó que Burter se burlaba de Guldo antes de emprender sus pasos a su sector.

¡Tarble estaba en peligro! ¡Tarble estaba en peligro! Turles no sería capaz de… ¡No!

«Debo darme prisa, debo darme prisa» y lo hizo…

Gokú corría lo más rápido que podía. Tenía miedo de voltear atrás y llevarse la cardiaca sorpresa de que el grupo Ginyu tal vez lo habría visto merodear por allí. El pequeño Gokú no podía creer que Turles fuera de esa clase de persona. ¡¿En qué demonios estaba pensando?! ¡¿Hacerle algo así a Tarble?! O Peor aún… ¡A Vegeta! Para Turles, ¿a caso valía más una venganza que una amistad? Gokú dejó de pensar en ello y se concentró en llegar a su salón de clases para darle aviso a Vegeta sobre lo que Turles planeaba a hacer, y era llevar a Tarble a la fábrica de las lejanías y encerrarlo allí. Ya estaba cerca, podía ver la puerta a unos 5 metros de distancia.

¡Con qué fuera de su salón de clases, jovencito!

Gokú sintió un tirón muy fuerte en el antebrazo que lo impulsó hacia atrás y que casi lo hizo caer al suelo. Volteó arriba y para su mala suerte se dio cuenta que era la misma prefecta de la sección primaria que ahora lo llevaba directo a las oficinas del director.

¡No, profesora!—Gritó Gokú tratando de zafarse del agarre de la mujer—. Salí a hacer pipi. Necesito llegar a mi salón de clases… Hay alguien que necesita ayuda y yo… ¡El hermano de mi mejor amigo está en peligro!

Gokú no le quedó más opción que decirle la verdad, al fin y al cabo la situación era muy grave para dejarlo pasar y, además, era consciente que la ayuda de un adulto era perfecta para que nada malo le pasara a Tarble.

Con qué en peligro, ¿eh?—espetó la mujer esbozando una mueca desagradable como si ya estuviera harta de estúpidas excusas en lo que llevaba del día. A Gokú le dio un vuelco el corazón al darse cuenta que la prefecta no le había creído nada—. Ahora mismo te llevaré a la oficina del director para que te castigue por mentirle a un profesor y yo personalmente me haré cargo de llamar a tus padres.

¿Y si mejor llama a la policía? —pidió Gokú con voz suplica, dando todo su esfuerzo en liberarse del agarre de la mujer.

No exageres, eso no será necesario—dijo la prefecta haciendo caso omiso a los esfuerzos del niño—. Bien, llegamos.

Gokú dejó de removerse para darse cuenta que en efecto, ya habían llegado a las oficinas. La prefecta lo llevó a la sala de espera donde lo obligó a sentarse. Gokú se sentó a regañadientes después de escuchar un «quédate allí» por parte de la mujer. El pasillo estaba despejado, así que el pequeño Gokú aprovechó esa oportunidad para salir de allí con sumo sigilo y evitando que alguien lo viera. En esos momentos supo que Turles ya llevaba varios minutos de ventaja, porque vio el enorme reloj de la torre oeste y se dio cuenta que los alumnos del preescolar ya habían salido de clases desde hace más de una hora. Gokú siguió corriendo sin siquiera a detenerse en obtener aire y olvidándose por completo del dolor de sus piernas, hasta que escuchó el timbre que señalaba la salida de los de la sección primaria. Ahora la mitad de la escuela estaba demasiada concurrida que eso dificultaba a Gokú en su búsqueda. Hasta que al fin pudo dar con una cabellera en forma de flama, aceleró el paso yendo hacia allá donde se topó frente a frente con su mejor amigo quien iba junto con Broly.

¡Vegeta! —gritó Gokú, afónico. Se permitió unos segundos en tomar aire. Sus amigos se sorprendieron al verlo tan agitado—. ¡Qué bueno que te encontré!

¿Qué te pasó, Kakaroto?—preguntó Ouiji algo desconcertado por el estado deplorable de Gokú—. ¿Por qué no entraste a la última clase?

Es… una… larga historia…—gimió Gokú respirando con dificultad.

Bien, luego me cuentas. Ahora no tengo tiempo para ninguno de ustedes, debo ir por mi hermano.

Gokú se tensó en esos momentos que olvidó su cansancio y se puso enfrente de Vegeta una vez más.

¡Tarble está en peligro! —gritó Gokú sin más provocando un cambio radical en el semblante de Vegeta—. Ahora mismo debe estar encerrado en esa fábrica abandonada de la que…

De repente Gokú sintió un colosal dolor en sus hombros producto de una repentina granítica perturbación, eso lo hizo gemir de angustia como nunca lo había hecho. Levantó la cabeza hacia la altura de la persona que lo estaba sujetando, dándose cuenta de ese semblante siniestro que poseía su mejor amigo. Vegeta no parecía él, definitivamente era otra persona. Sus ojos, ahora opacos e inyectados de sangre, daban la impresión que se le querían salir de las orbitas; sus cejas estaban tan contrariadas entre sí que daban un aire de lo más perturbable nunca antes visto en él; la comisura de los labios estaban tan delineadas que parecía una fina línea recta a punto de desaparecer; la mandíbula le temblaba pese al esfuerzo que Ouiji estaba ejerciendo al mantenerla tensa; su nariz, fina y alineada, parecía que crecía a cada inhalación y exhalación que las aletas se abrían más y más. En sí, era la primera vez que Gokú sentía mucho miedo hacia su mejor amigo que pudo percibir en él, Vegeta, un hambre homicida. El agarre se hizo más tortuoso para Gokú al sentir como le clavaban las uñas y lo zarandeaban sin remordimiento alguno, advirtiendo con mucho pavor la increíble fuerza que Vegeta estaba ejerciendo sobre él. La persona que tenía en frente parecía un desquiciado que no dudaría en buscar al responsable que pudo a hacer desaparecer a Tarble. Eso sería una catástrofe. Analizando a Vegeta en esos momentos, Gokú pudo concluir que él, Ouiji, era capaz de matar a Turles si éste último era responsable de causarle algún daño a Tarble por más mínimo que fuera. ¡¿Qué mierda debería a hacer?!

Repítelo, Kakaroto—dijo Vegeta lentamente, con un tono de voz que no pareció ser de él; se escuchó áspera y fría—. ¿A qué te refieres con que Tarble está en peligro? ¡Habla!

Gokú negó rápidamente con la cabeza, miró a Broly quien estaba también en shock ante la situación. Desvió su mirada a la de Vegeta dándose cuenta que la paciencia de éste se extinguía ante su eterno silencio.

¿Qué pasa aquí? —preguntó una voz familiar a sus espaldas.

Vegeta, suelta a mi hermano. Lo estás lastimando.

La llegada de Nappa y Raditz aliviaron un poco la tensión y el temor en Gokú.

Vegeta le lanzó una mirada asesina a Raditz antes de soltar a Gokú, empujándolo hacia atrás y haciéndolo caer al suelo. Sin decir ni una sola palabra e ignorando las miradas de sorpresa de sus amigos, Ouiji se alejó como una bala en dirección al salón de su hermanito.

¿Qué le pasa? —preguntó Nappa con cara alelada, viendo a Vegeta a lo lejos hasta desaparecer de su vista.

No hay tiempo para explicaciones largas—dijo Gokú totalmente adolorido, que se levantaba del suelo con la ayuda de Broly—. Tarble está en peligro. ¡Vamos con Vegeta!

Y, diciendo aquellas palabras, echó a correr hacia el preescolar; segundos después oyó los pasos de sus amigos detrás de él.

¡Explícate, Kakaroto! ¿Cómo qué Tarble está en peligro? —le preguntó Raditz a Gokú mientras corría a su lado.

Escuché a… ¡No sé quien era!, pero dijo que llevaría a Tarble a una fábrica abandonada y ahí lo encerraría hasta que alguien pudiera dar con él—explicó Gokú sin tener el valor en acusar a Turles por miedo a que uno de ellos le dijera a Vegeta la verdad, impidiendo en sí severas consecuencias como un enfrentamiento a muerte entre sus dos amigos.

¿No reconociste la voz? —preguntó Nappa sin importarle que él y Raditz estuvieran faltando a clases.

No—mintió Gokú sacando su credencial que deslizó en el panel de acceso, empujó el torniquete y corrió hacia donde estaba un Vegeta angustiado y fuera de sus cabales.

No está aquí—susurró Vegeta como para sí, viendo que sus amigos se acercaban a él.

Gokú se sentía asqueado al saber que Turles fue capaz de cumplir con su venganza ¿En qué clase de persona se había convertido su amigo? ¿Cómo pudo hacerle algo así a Vegeta?

Ouiji estaba pálido y furioso, eso era algo evidente ante los ojos de los demás. No podía perder el tiempo ahí, debía encontrar a su hermanito; si algo le llegara a pasar no se lo perdonaría jamás. Estaba tentado en llamar a su padre, pero se contuvo; haría esto sólo porque él era el responsable de Tarble. No tenía caso seguir buscando en el preescolar, ningún estudiante estaba y el profesorado ya se había ido a la sala de maestros; consideró en ir a pedir ayuda a un adulto, pero sabía que si hacía eso perdería tiempo valioso en seguir el rastro de su hermanito.

Vegeta—lo llamó Gokú, vacilante—, Tarble fue llevado a una fábrica abandonada, fue lo que dijo esa persona que vino por él.

Hay muchas fábricas abandonadas en la ciudad—espetó Nappa mirando despectivamente a Gokú—, ¿no escuchaste algo más, Kakaroto?

Gokú hizo un gran esfuerzo en recordar palabra por palabra lo que platicó Turles con el grupo Ginyu.

Algo de una fábrica que estaba por las lejanías—dijo Gokú con brío.

Sé donde es—dijo de repente Raditz—. ¡Vamos!

Gokú y los demás asintieron. Volvieron a pasar sus respectivas credenciales para tener acceso a la salida y, una vez que se vieron fuera del colegio, corrieron en dirección a la dichosa fábrica. Raditz y Nappa iban al frente, Broly les pisaba los talones y luego, detrás de él, venían Vegeta a lado de Gokú.

Dime una cosa, Kakaroto—dijo Vegeta con la mirada al frente, pero con su concentración al máximo en Gokú—, ¿sabes quién es la persona que secuestró a mi hermano?

Gokú supo que Vegeta se había rezagado a propósito para que los demás no vieran o no escucharan su conversación. Sabía muy bien que era muy difícil mentirle a Ouiji, sobre todo porque su amigo tenía un talento nato en detectar las mentiras; no obstante las promesas para Gokú valían ante cualquier cosa en el mundo, y por el bien de todos se prometió a sí mismo en no revelar jamás el nombre de Turles como la persona responsable en encerrar a Tarble en la fábrica, claro, si resultara ser o no ser cierto. No se perdonaría nunca si él, Gokú, fuera el causante de que Vegeta llegara a matar a Turles. Así que, con todo el dolor de su corazón, miró a su mejor amigo a los ojos y le dijo con una seguridad envidiable...

No lo sémintió muy convincentemente.

Vegeta arqueó las cejas al no percibir la mentira tan descarada que le soltó Gokú. Así que no tuvo más remedio que creerle.

¡Mierda!soltó entre dientes, ya habían corrido demasiado y aún parecía no llegar al sitio.

¡Ya estamos cerca!le avisó Nappa al ver que su amigo parecía perder la paciencia.

Luego de correr por unos diez minutos, llegaron a la zona de las lejanías. Era un extenso terreno abandonado, antiguo lugar donde los niños solían jugar fútbol, pero antes de eso era una zona restringida ya que había una fábrica en donde experimentaban con químicos y fármacos. Los muchachos notaron que para llegar al inmueble se verían forzados a pasar por un extenso matorral de maleza y matas secas.

¡Vegeta!, ¡Vegeta!

Esos llamados fueron ensordecedores que hicieron temblar a los chicos.

¡Esperen! ¿Escucharon?preguntó Vegeta deteniéndose en seco para agudizar el oído. Los demás lo imitaron.

Sí, es más adelantesusurró Nappa aún sintiendo un ligero escalofrío.

¡Tarble!lo llamó Vegeta animoso a que el pequeña respondiera a su llamado.

Y funcionó.

¡Hermano! ¡Por favor! ¡Ayúdame salir de aquí!

Los chillidos se oyeron mucho más cerca. Vegeta corrió hacia la fabrica, su corazón palpitando sin control. Con horror distinguió la cabeza de Tarble que asomaba por la puerta de esa construcción; el pobre niño parecía asustado y desesperado, sus lágrimas eran un signo de ese temor. Ouiji se adelantó a los demás, llegando a lado de Tarble.

Tranquilo, te sacaré de aquíle juró.

En cuanto tocó la puerta notó que la fábrica retumbó en un leve movimiento, era como si hubiera temblado por unos breves segundos. Así que con mucho cuidado intentó quitar unas tablas que truncaban la entrada, y que para su desesperación estaban muy firmes. Hizo uso de toda su fuerza, astillándose y raspándose las manos en al acto; sin importarle sus heridas golpeó las tablas para romperlas, pero era inútil.

¡Espera Vegeta!gritó Gokú, deteniendo a Vegeta de un jalón.

Ouiji se lo quitó de encima y lo encaró, nunca antes había estado tan desesperado.

¿Qué?gruñó.

Gokú tragó saliva, alzó su cabeza por encima del hombro de su amigo, observando a Tarble que con su sólo mirar les pedía ayuda.

Tenemos que llamar primero a tu padreexpuso Gokú entrecortadamente.

—¿Y si mejor a los bomberos?sugirió Nappa.

Yo pienso que mejor a la policíaopinó Broly.

Bien, encárguense de eso. Yo entraré a salvar a mi hermanoles soltó Vegeta entre dientes, regresando a su trabajo de retirar las tablas de madera.

Nappa se volvió para mirar a Vegeta y luego se concentró su inclinación en Tarble.

Tarble, ahora sí dinos quien te metió ahíexigió con un rugido ensordecedor.

Gokú se horrorizó en ese instante, observando a Tarble con los ojos bien abiertos.

Y-yo…farfulló Tarble, pasmado.

Entonces Gokú lo comprendió, Turles lo había planeado bien. Si Taresu no hubiera amenazado a Tarble tal vez a esas alturas los demás ya estarían enterados de todo. Gokú seguía nervioso ante la incertidumbre de la confesión de Tarble. Si él llegara hablar, entonces los dos estarían en serios problemas.

Por suerte Vegeta salió a defensa de ambos inconscientemente.

¡No es momento para preguntarle eso!dijo Vegeta, fríamente.

Vegeta tiene razón, pondremos más nervioso a Tarbledijo Raditz después de mirar al niño—. Primero hay que sacarlo de ahí.

Raditz y Nappa dieron unos pasos al frente, y entre los dos jalaron la puerta hacia adelante. Se oyó un chirrido metálico junto con un estruendo ensordecedor.

¡No lo muevan!demandó Vegeta, alejándose de la fábrica instintivamente.

Los demás también retrocedieron.

La estructura está débil. Está por caerseanalizó Raditz al ver la fábrica zarandeándose.

¡Ayúdame hermano!suplicó Tarble, comprendiendo lo que Raditz había dicho. ¡No quería morir aplastado!

Vegeta reapareció a lado de Tarble, buscando un agujero en la fachada en donde el niño pudiera salir.

Tranquilo, te prometo que te sacaré de ahídijo manteniendo la calma, aunque por dentro se desenroscaba de miedo.

Nappa, Broly y Raditz también trataron en encontrar una salida. Éste último reparó en Gokú que sólo seguía de pie con la mirada ausente; sino lo conociera pensaría que no le importaba lo que le llegara a pasar a Tarble.

¿Qué te pasa? Pareces estar nerviosole preguntó Raditz a un Gokú abstraído. Oh, ¿hay algo más que recordaste?

El menos de los Son se encogió, aterrado de que sus nervios le delataran.

Solo estoy preocupado por Tarbledijo al fin. Lo cual era cierto, pero seguía manteniendo su propia promesa el de no acusar a Turles.

«Mentiroso, eres un maldito mentiroso»

Raditz le tocó el hombro como consuelo, y luego se alejó. A unos metros observó a Nappa que sacaba su celular con el fin de llamar a alguien. No sabía con quien podía estar comunicándose, pero suponía que podía ser la policía o los bomberos. Después oyó algo de que una ambulancia venía en camino, relajando su cuerpo e implorando al cielo que todo se solucionara.

¿Por qué mierda seguía ahí parado? Debía ayudar a Tarble. Posterior a su imploro, Gokú halló una posible solución.

¿Alcanzará la ventana?preguntó a nadie en particular, señalando un agujero cuadrado que estaba a unos tres metros del suelo.

Todos siguieron la señal de Gokú, recuperando las esperanzas perdidas.

¡Tarble! ¿Hay una escalera por ahí?la voz de Ouiji no tenía la menor entonación.

Tarble buscó lo que su hermano le dijo. Ni siquiera se había detenido a ver el interior de la fábrica. Todo estaba oscuro y sucio, con miles de telarañas que acicalaban las paredes. Había tubos en el techo que conectaba con unas largas chimeneas de metal. Detrás de él se hallaban unos tanques enormes, parecidos a los tinacos de agua. Máquinas de todos los tamaños y formas ubicados en plataformas de cemento. No era especialmente un buen lugar para visitar, aunque sea en excusión.

¡No!contestó Tarble, sus ojos descansaron por unos segundos en un punto clave —. Hay una mesa por allá atrás.

Tráelale alentó Vegeta dándole valor. Estaba seguro que sería difícil para el menor adentrarse más a la fábrica.

Tarble tuvo terror, se arrepintió repentinamente ante su revelación anterior; pero aun así obedeció. Vegeta lo vigilaba muy precavido. Veía todo desde la pequeña abertura en donde había estado asomada la cabeza del pequeño Ouiji.

Tarble caminó con sigilo hacia al fondo de la habitación, sus pasos rechinaron sobre el azulejo deteriorado por los años. Llegó a dónde se ubicaba la mesa, la rodeó para empujarla hacia la salida. Sus manitas resbalaron gracias al polvo disperso en la base. El mueble no estaba tan pesado, pero lo resbaladizo de las patas hacía imposible la tarea de transportarlo bajo la altura de la ventana. Un empuje y las patas rechinaron de las gastadas que estaban. El niño estaba a mitad de camino cuando un crujido se precedió más abajo del suelo. Un paso en falso y, el piso se fracturó abriendo un orificio, atrapando el piecito de Tarble.

¡Hermano!gritó el pequeño aprisionado, intentando sacar su pie del agujero.

¡No!rugió Vegeta atemorizado. La adrenalina lo motivó a ir por su hermano, así que se dirigió a Nappa y a Raditz a modo de súplica—. Ayúdenme a subirpidió, señalando la ventana.

Nappa y Raditz se miraron alarmados, ya que si analizaban la situación sería un peligro mayor si Vegeta entrara a esa construcción que estaba a milésimas por derrumbarse. No sólo estaría en peligro la vida de Tarble sino también la de Vegeta, y eso no podían permitirlo.

Pero Vegeta…quiso razonar Nappa con Ouiji.

Pero Vegeta no estaba para escuchar razones, su histeria no se lo permitía.

¡Solo háganlo maldición!vociferó, sus ojos parecieron salirse de sus orbitas.

Sin más opción Nappa y Raditz cargaron a Ouiji hacia la ventana. Se necesitó dos minutos para lograr el acometido. Vegeta se sujetó fuertemente en la apertura, ayudándose con sus piernas para impulsarse a la cima. Empujó levemente los cristales, asomando su cabeza para calcular la altura. Estaba obligado a saltar ya que no había ninguna plataforma de la cual apoyarse. Volteó su cuerpo con cuidado, virando también su cabeza, bajó poco a poco sus piernas sujetándose en el marco. El sudor en sus manos lo traicionó, cayendo de una altura de tres metros.

¡Mierda!aulló de dolor, aterrizando sobre su pie izquierdo. Su tobillo punzaba descontroladamente, era irrebatible que la caída le causó una fractura.

¿Vegeta estás bien?preguntó Raditz a Ouiji al verlo en el piso y quejándose desconsoladamente.

Vegeta no respondió, su cuerpo intentaba rechazar el suplicio. Así que se puso de pie con la única pierna que no tenía herida, saltando a donde su hermano se encontraba atrapado. Llegó primero a la mesa, la movió un poco para corroborar que no estuviera tan pesada y luego la llevó rápidamente a la ventana.

Resiste Tarble. Tu hermano mayor no dejará que nada malo te pasele dijo, regresando a él. Echó una ojeada en la habitación localizando una vara de metal. La tomó sin apremio, y la estampó en el piso para abrir más el agujero. Te tengoVegeta tuvo que golpear un poco más el suelo para que terminara por salir la punta del zapato. Su hermanito era libre.

Tarble abrazó a Vegeta, y notó que éste se quejaba de dolor.

Tu piernadijo el pequeño aterrado al ver el tobillo hinchado de su hermano mayor.

Vegeta trató de levantarse, pero su cuerpo no le respondía como debía, el tobillo punzaba mucho más fuerte.

No es nada, ve con Raditz y Nappa. Ellos te atraparánordenó Vegeta, borrando cualquier rastro de tortura—. Sube a la mesa, vamos, ¡tú puedes!

Tarble quiso quedarse con su hermano, no podía dejarlo ahí sólo mientras soportaba una ensordecedora agonía. Pero sabía que Vegeta era fuerte, y él le había dicho que tenía que salir de ahí. Así que sin pensarlo, Tarble corrió hacia la salida, subió la mesa, no obstante seguía sin alcanzar la ventana. Vegeta suspiró paulatinamente, acto reflejo logró ponerse de pie, yendo a ayudar a su hermano a subir. Trepó a la mesa, se colocó de espaldas debajo de la ventana, dándole indicaciones a Tarble que una vez que lo cargara pusiera los pies sobre sus hombros y que se sujetara en el rosetón. El plan era simple, pero difícil y muy riesgoso de hacer. Aunque contra todo pronóstico, había salido como lo planeado.

Listo ¡Ya está aquí!dio aviso Raditz, dejando a Tarble junto con Broly.

¡Rápido, Vegeta!lo apremió Nappa, nervioso.

Ya voy…dijo Vegeta casi en un susurro.

Ouiji se dio cuenta que aun teniendo la mesa no podía subir, le era imposible alcanzar la ventana. Así que se bajó de la mesa y, cojeando de puro estertor se adentró más a la fábrica. Requeriría encontrar otra mesa o al menos una silla para poder salir de ahí. Con pocas opciones, decidió regresar y hacer el intento de saltar, deseando que surgiera un milagro. Al pasar cerca de donde Tarble había quedado atrapado, se percató que salía humo del hueco. Era una extraña neblina clara que cruzaba por encima de la superficie. Vegeta la ignoró al mismo tiempo que el suelo se partía en dos. Los azulejos chocaban entre ellos, creando cientos montículos de polvo que volaban y se mezclaban con el aire. Todo quedó obscuro.

¡Vegeta!gritó Raditz alarmado al escuchar como caían los escombros y con ellos llevándose a Vegeta hasta el fondo.

El grito de Raditz provocó un despertar en Gokú, que se movió por fin de su lugar y corrió en dirección a los demás.

¡Hermano!chilló Tarble, lagrimeando sin control.

El polvo no tardó en dispersarse, despejando el lugar en pocos segundos. Los jóvenes se alarmaron cuando vieron con horror que el suelo se había desprendido. Un enorme hoyo se hallaba en el centro de la fábrica, y Vegeta no estaba en ninguna parte. Todos se quedaron de piedra, todos salvo uno.

¿Qué haces?preguntó Raditz a su hermano, regresando a la realidad gracias a que oyó un golpeteo en la pared.

Iré a rescatarlo—espetó Gokú entre dientes, escalando el agrietado muro para llegar a la ventana—. Sujétame, voy a entrar.

Inesperadamente se oyeron toses que hicieron ecos con los escombros, luego el chirrido de unas llantas como el de un propulsor. Los muchachos voltearon, nerviosos de verse rodeados por un par de patrullas y una camioneta blanca; no comprendían el motivo de la ausencia de sirenas.

¡Es la ambulancia!anunció Nappa sin poder moverse debido a la adrenalina.

Gokú no quiso detenerse, así que saltó unos centímetros más, le faltaba poco para llegar a la ventana, pero unos fuertes brazos lo rodearon y lo alejaron sin consideración. Todo se volvía tan borroso.

Raditz sujetaba con ambos brazos a Gokú, ignorando los forcejeos de éste.

¡Atrás! ¡Atrás!gritó un hombre mayor, portando el uniforme policiaco.

Había una pequeña multitud que se abría paso para llegar a la fábrica. Un paramédico hizo una inspección a los niños, ordenando a una segunda persona que los revisara y los metiera a la ambulancia.

Tarble no se quería ir, Vegeta estaba en peligro y herido. Se acercó a un oficial de policía para suplicarle su ayuda.

Mi hermano está ahí dentrochilló el pequeño, señalando la fábrica. Las lágrimas caían sin desenfreno.

El oficial asintió, y juntó a su equipo para ponerse unos trajes especiales. De la patrulla sacaron una moto-sierra, que encendieron y con ella rompieron las tablas de madera que obstruían la entrada. Otro oficial se acercó al niño, le tomó de la mano y se lo llevó a la ambulancia.

Lo salvaremos, pequeñoprometió. Se aproximó a un paramédico para decirle en relación a los niños. Revísalos a todos.

Gokú se sentía aturdido, había hombres con mascaras de oxígeno, desapareciendo al pasar por la entrada de la fábrica. Por un momento había reinado un silencio absoluto antes de que todo el mundo empezara a hablar a gritos. Gokú sintió un dolor palpitante en el pecho, llevando su mano ahí en un acto reflejo. Percibió que su cuerpo se movía por sí solo, sin darse cuenta que un paramédico lo llevaba a una ambulancia.

Hermano.

Escuchó la voz de Tarble por encima del griterío, al parecer estaba cerca de él. Gokú agitó la cabeza para aclarar sus ideas y orientarse, se sentía muy mareado. ¿Qué demonios estaba pasando?

¡Lo encontramos!gritó una voz masculina desde el interior de la fábrica.

¿Lo encontraron? ¿A quién? Y sus ojos rodaron a la edificación. Un par de hombres cruzaron las puertas metálicas cargando una camilla, cada uno agarrándola de cada extremo. Sobre ella yacía Vegeta con una máscara de oxigeno en su rostro y con el uniforme desordenado y sucio. A Gokú le pareció ver a su amigo que dormía, pero la posición era diferente. Cuando Vegeta dormía solía moverse un poco y su ceño nunca se relajaba. Y en esos momentos él ni se movía y su ceño estaba relajado.

¡Revisen sus signos vitales!más voces extrañas.

Gokú miró con gesto adusto, mientras introducían a Vegeta en la parte posterior de la ambulancia. Entonces Son volvió a sentir que su cuerpo se trasladaba a otro lugar por sí sólo. Los gritos y los llantos se volvían cada vez más familiares.

¡No tiene pulso!el pánico retumbó en el ambiente y los llantos se hicieron más vigorosos—. ¡El muchacho entró en paro!

Gokú anhelaba salir corriendo de ahí, todo le daba vueltas en la cabeza. ¿Por qué mierda no podía moverse? Necesitaba rescatar a su mejor amigo, ¿qué demonios le ocurría?

¡Rápido conecten el desfibrilador! —ordenó la misma voz de antes que, a pesar de su volumen, se notó la tranquilidad profesional—. ¡Taquicardia ventricular!

Gokú por fin reaccionó, teniendo absoluto control de su cuerpo. Giró su cabeza lentamente, percatándose de las presencias de sus amigos que miraban horrorizados un punto en particular. Aún seguía aturdido, sus ojos viraban de aquí para allá, inspeccionando el interior de una camioneta, ¿cómo había llegado ahí? Su atención se desvió al frente, donde sus amigos miraban afligidos. Gokú se quedó estático cuando vio el cuerpo de Vegeta saltar por los aires ¿Qué le estaban haciendo? Uno de los paramédicos deslizaba la pala externa contra la otra, y acto seguido las colocó en el pecho de su amigo que dio otro salto mucho más elevado.

Debemos darnos prisa en llevarlo al hospital—escuchó que decía el paramédico al resto de los auxiliares.

Está muy delicado, no creo que sobreviva—respondió uno de ellos revisando los signos vitales de un monitor.

¡Hermano!

Esa era lo voz desesperada de Tarble. Gokú se encorvó en el asiento, maldiciéndose a sí mismo. Si él hubiera ido primero por Tarble mucho antes que Turles nada de eso hubiera pasado.

Debemos irnos antes de que la prensa llegue. Hemos llamado un poco la atención—habló un oficial de policía, subiéndose a la camioneta donde estaban los chicos, sentándose del lado del conductor.

Eso es algo normal—se extrañó su compañero quien tomó el lugar del copiloto.

Sin reporteros, el señor Ouiji lo quiere así.

¿Cómo? ¿El padre de Vegeta y Tarble estaba enterado de todo esto? ¿Quién lo había llamado? Entonces Gokú recordó que Nappa había hecho un par de llamadas.

Uno de los oficiales se giró a mirar en la parte de atrás, esbozó una sonrisa tranquilizadora, y dijo:

Es hora de irnos, niños. Los llevaremos con sus padres.

—Sí quieres que pare, Bulma, yo… lo entenderédijo Gokú al notar que su amiga estaba llorando.

Bulma ni siquiera se dio cuenta del momento exacto en que estalló en llanto. Una mano se apoyó en su rostro de forma casi involuntaria, como si fuera un acto reflejo, notando la humedad en su piel. Negó con la cabeza, perceptiblemente, esforzándose por tranquilizarse.

—No, es solo que me imaginé la impotencia que habrás sentido cuando los paramédicos intentaron reanimar a Vegetadijo la muchacha en un hilo de voz.

Gokú cerró los ojos ante el recuerdo.

—Es una imagen que nunca borraré de mi mentecontinuó impertérrito, abriendo los ojos.

—Quiero seguir escuchandoimploró Bulma.

—¿Estás segura?cuestionó perspicaz.

Bulma se mordió el labio, su curiosidad era más grande que su aflicción.

—Completamentedijo firmemente.

—Bien…

Esperen aquí, niños.

Luego de que los revisaran y los custodiaran, los oficiales de policía se dispusieron a llevarlos al hospital donde estaba ingresado Vegeta a petición de Tarble. Uno del equipo de técnicos médicos de emergencia se quedó a cargo del cuidado de los infantes. Gokú no se sentía cómodo en ese lugar, por siempre los hospitales habían sido su más grande miedo desde que tenía memoria. Ahí estaba él, sentado en una silla de metal con los pies colgados a unos centímetros del piso. A su lado se encontraban Raditz y luego Nappa, y del otro Tarble y Broly. Son y los otros se sentían como si estuvieran en prisión, con ese oficial vigilándolos con vehemencia. Algo raro que Gokú notó es que en la sala de espera solo sus amigos, el oficial y él eran las únicas personas que estaban allí. Siempre en los hospitales —en las salas de espera principalmente— se abarrotaba de gente. Era casi utópico el que no hubiera ningún alma rodando por los corredores de un hospital a esas horas.

Hermano—Tarble no podía dejar de sollozar. Y no era el único ya que Goký y Broly también habían llorado antes de llegar al hospital.

El niño Gasu miró de soslayo al menor de los Ouiji, rodeándolo con su brazo en un reconfortante abrazo.

Él estará bien, Tarble—dijo Broly con total seguridad—. Vegeta es fuerte, sobrevivirá.

En ese instante Nappa se puso de pie, ofuscado; colocándose frente al pequeño.

Tarble, dinos una cosa—comenzó a decir—. ¿Quién te metió a esa fábrica?

El cuerpo de Gokú tembló involuntariamente, y al tener a un lado a Tarble también notó sus temblores. Se recuperó a tiempo antes de que sus amigos percibieran sus nervios.

Yo… yo me metí solitorespondió el niño, agachando la cabeza.

¡Qué!gritaron al unísono los chicos.

Gokú no lo podía creer, y de pronto se vio rodeado por las miradas acusadoras de Nappa, Raditz y Broly.

Pero Kakaroto dijo que alguien te había llevado hasta esa fábricamusitó Raditz perplejo.

Tarble levantó la cabeza de golpe, mirando a Gokú con una mezcla de sorpresa, preocupación y, sobre todo, con ojos dilatados de temor. Posteriormente Gokú rió sin ganas como si realmente estuviera muy avergonzado, aunque la verdad era que lo sucumbía el miedo.

No, me malinterpretaron mal, lo que quise decir es que alguien… había visto a Tarble ir a la fábrica abandonadabalbuceó Son sin borrar la sonrisa, que más bien parecía una mueca.

Eso no es cierto. Tú dijiste otra cosalo acusó Broly recordando perfectamente las palabras exactas que salieron de los labios de Son. Él estaba ahí, como todos.

El oficial a cargo sólo escuchaba con atención a los niños, ya que por ser menores de edad no se les podía interrogar al no ser que tuviera el permiso de cada tutor. Aprovechaba ese momento para adquirir información. Pero para su mala suerte Nappa adivinó sus intenciones, y los amigos rápidamente hicieron un círculo pequeño entre ellos y optaron por hablar en voz baja.

¿O lo inventaste?le riñó Raditz.

Gokú se encogió de hombros, dándose el tiempo para inventarse una evasiva creíble.

Inventé que alguien se lo había llevado para que Vegeta no se enojara con Tarbledijo al fin, sorprendentemente se escuchó muy seguro. Nunca había sido bueno en mentir, a pesar de que ese día había dicho muchas mentiras que parecieron verosímiles.

«Que se lo hayan creído, que se lo hayan creído…»

Eso lo explica todo—dijo Nappa, cruzándose de hombros. Luego miró a Tarble de forma acusadora—. ¿Por qué lo hiciste, Tarble?

Y-yobalbuceó el pequeño con miedo, comenzando a llorar.

Pero antes de que Gokú lo hiciera, Broly salió en su defensa.

Ya déjenlo. Está preocupado por su hermano. Entiendan como debe sentirselos regañó Broly.

Nappa y Raditz relajaron posturas, se miraron entre ellos y luego asintieron; había cosas que no encajaban. Al menos ellos dos parecían estar de acuerdo en algo, en una teoría, en una posibilidad.

Por un momento pensé que Turles era el responsableescupió de sopetón Nappa. Éste no dejó de ver a Tarble para analizar su reacción a ese nombre; sólo tristeza y preocupación.

Gokú, tratando de parecer calmado, se preguntaba como su amigo pudo sospechar de Turles. Entonces Broly miró a Nappa y dijo:

Sí, igual yo sospechaba de él. Ahora que recuerdo, no entró a la última horareplicó lo último para sí mismo.

Ahora sí todas la piezas del rompecabezas encajaron para Gokú. No había duda, Turles amenazó a Tarble. Ahora la cuestión era ¿con qué lo había amenazado? La respuesta quedó en el aire. En un santiamén se escucharon pasos precipitados por el pasillo, apareciendo las figuras del matrimonio Ouiji y Son.

¡Tarble!gritó Mei al ver a su pequeño sano y salvo.

¡Mamá!el niño corrió a los brazos de su madre, derrumbándose en un llanto apaisado.

Entonces Vegeta Ouiji se abrió paso al centro de la habitación, todo eufórico y encolerizado, soltando palabrotas imperiosas.

¡¿Qué rayos pasó?! ¿Por qué demonios estaban merodeando dentro de esa fabrica?aulló, viendo a cada uno de los niños paulatinamente.

¡Cálmate Vegeta!lo regañó Mei, ahora cargando a su pequeño en brazos—. Estamos dentro de un hospital.

Segundos después Gine soltó un gritito ensordecedor.

¡Gokú! ¡Raditz!chilló la mujer quien se agachó para estar a la altura de sus hijos, besándolos y abrazándolos con devoción.

Bardock llegó a lado de su socio, a quien tranquilizó en un leve lapso.

¿Todos ustedes están bien?preguntó a los demás, manifestando su preocupación.

respondieron al unísono Nappa y Broly.

¿Nadie sabe nada de mi hijo?espetó Vegeta, una expresión de horror pintaba su rostro.

Norespondió el oficial de policía desde el pasillo, ninguno de los adultos había reparado en su presencia.

Ya tendremos noticias, tranquilízate por favorle susurró Mei a su esposo.

Todos parecían nerviosos e incómodos en la sala. Bardock y Vegeta se acercaron al oficial para que éste le contara lo que había pasado y, como ninguno de los dos padres conocía el tramite en estos casos, se adelantaron para llamar al viejo Gasu. Gine estaba sentada, con sus dos hijos a cada lado, abrazándolos. Mei estaba en un rincón de pie, con Tarble durmiendo entre sus brazos. Nappa y Raditz se sentían en fuera de lugar, con la incertidumbre en saber noticias de su amigo; como todos. Rompiendo el intenso ambiente, un hombre hizo su aparición a la sala.

¿Familiares del paciente Ouiji Vegeta?preguntó a nadie en particular.

Mei rápidamente se acercó al doctor, y Vegeta hizo lo mismo.

Sí, somos sus padresdijo Mei temblando, acción que provocó que Tarble despertara.

Acompáñenme por favordijo sin más el doctor, haciéndoles una seña con la mano para hacerlos pasar primero del otro lado del pasillo.

Quédate aquí, mi amordijo Mei, con voz cariñosa, bajando al pequeño para sentarlo a lado de Gine.

El doctor y el matrimonio Ouiji desaparecieron junto al doctor, y durante sus ausencias todos contuvieron la respiración. Los nervios no desaparecían. Después de 15 minutos se oyeron pasos que regresaban. El primero que irrumpió a la sala fue el señor Ouiji, ni siquiera miró a nadie cuando pasó cerca de los demás, simplemente cruzó la habitación a grandes zancadas con la ira plasmada en su rostro.

¿A dónde va Vegeta? —preguntó Bardock que se acercaba a Mei, con expresión incrédula.

No lo sé. Ni me importa—espetó la mujer yendo por su pequeño.

Gine se levantó de su asiento y ansiosa preguntó:

¿Qué noticias tienes de tu hijo?

La expresión de Mei era de pura tranquilidad, aunque por dentro se sentía desgarrada.

Está vivo, eso es… eso es lo más importante—respondió, encogiéndose de hombros imperturbable.

Gracias al cielo—suspiró Gine de alivio.

Gokú también se relajó, su mejor amigo estaba vivo. Entonces, no comprendía el porqué el señor Ouiji había salido de la sala muy furioso.

Pero…—continuó Mei, alarmando a todos por su pausa—, sigue inconsciente.

No—chilló Gine, tapándose la boca con las manos.

Lo siento tanto—la reconfortó Bardock, acariciándole el hombro.

Mei le dedicó una sonrisa triste llena de agradecimiento.

Los doctores no saben cuando despertará—informó, abrazando a Tarble y besándole la frente.

Hay algo más, ¿cierto Mei? —susurró Gine, a esas alturas sus ojos estaban llenos de lágrimas.

La expresión de Mei se llenó de pánico. Gine comprendió ese gesto y les ordenó a los chicos que se llevaran a Tarble al otro extremo de la sala. Mei negó con la cabeza, derrotada.

No quiero decirlo aquí, frente a los niños—dijo, con su atención puesta en Tarble.

En instante el señor Paragus Gasu II hizo acto de presencia.

Señor Gasu—saludó Bardock, respetuosamente.

El anciano le tendió una mano a Bardock que éste aceptó de inmediato. Desvió sus ojos donde se hallaba Broly, indicándole con un movimiento de cabeza que se acercara.

Vine por mi bisnieto y, según tengo entendido, un agente desea conversar conmigohabló el hombre con su voz ronca, arrastrando las palabras con suntuosidad. ¿Cómo está Vegeta? —preguntó dirigiéndose a la ojiverde.

Está fuera de peligro—dijo Mei, afónica.

¿Qué fue lo que pasó? —esa pregunta englobaba a todos, en particular a los niños.

No lo sabemos—respondió Bardock, mecánicamente.

Pero ustedes sí, ¿no es cierto? —preguntó el anciano, observando inquisitivamente a los niños.

Los pobres chicos se sentían acorralados, mirando implorantes a Bardock.

No queremos hablar de eso—pidió Gokú.

Por favor no nos hagan preguntas—suplicó Broly.

Gasu miró por breves segundos a su bisnieto, y asintió en desgana.

Está bienaceptó el anciano, irritado—. Les daré tiempo hasta que Vegeta despierte—luego hizo una pausa, echando un sutil vistazo al oficial que seguía deambulando por la sala—. Una cosa más—dijo mirando a los niños—, ni una palabra de que Vegeta está hospitalizado a nadie.

—Pasaron dos semanas y Vegeta no despertaba. Tarble se quedó con nosotros todo ese tiempo. Todo él cambiócontinuó Gokú, imperturbable. Juntó sus manos alrededor de un cojín, acercándolo a su cuerpo.

—¿Qué pasó con Turles?a Bulma ya no le importaba exponer sus lágrimas. El desahogo era su única salida.

—Él seguía como si nada. Como si no hubiera cometido el peor de los pecados…Gokú rió, mordazmente.

Bulma hizo un movimiento de cabeza, como si Gokú estuviera pasando por largo un tema de suma importancia.

—Hay algo que no entiendo, ¿por qué pensaste siquiera que Vegeta pudiera matar a Turles? Era solo un niño de 9 años.

Bulma lo sabía, era algo imposible que un niño llegara a pensar en asesinar a sangre fría. Pero, recordando sus clases de psicología, existían casos registrados en donde menores de hasta cinco años aterrorizaron al mundo por sus mentes y acciones homicidas. Esos casos eran escasos, pero tenían un gran impacto social que las personas se mostraban más precavidas. Existían muchos factores para que un menor adoptara ese estilo de vida, la principal era: violencia intrafamiliar.

Pero no era lógico, ¿acaso Vegeta no era el orgullo del señor Ouiji? O solo estaba fanfarroneando.

—No lo sé, una corazonada. Su mirada fue tan… aterradorarespondió Gokú, que sin querer había interrumpido los pensamientos de su amiga.

—Continuale instó Bulma.

—¿Eh? Claro… sí.

¿Qué no piensas comer? —espetó Raditz, mirando la charola llena de comida de su hermano.

No tengo hambre—respondió Gokú de forma muy grosera. Esa actitud no era usual en él.

Nunca te había visto tan deprimido, hermano—musitó Raditz, rodando los ojos.

Gokú estaba a punto de soltar vulgaridades en contra de su hermano mayor, pero luego Broly dijo con pesar:

Creo que todos estamos igual.

Gokú olvidó su reciente furia, regresando a él la tristeza al recordar que Vegeta seguía en el hospital, llenos de tubos e inconsciente. Por suerte para él y los demás en especial a Tarble—, no se vieron obligados a someterse a un interrogatorio. Ya era suficiente el de vivirlo en carne propia, para después memorizar una vez más este trágico accidente en la fábrica. Igual el señor Vegeta Ouiji se había salido con la suya, utilizando fríamente sus influencias evitó a toda costa que el accidente no se hiciera todo un escándalo; solo los involucrados (los niños, los padres, los paramédicos y los policías), estaban al tanto de la situación y fueron obligados a no revelar nada de lo sucedido de ese día. Sin embargo a la semana la fábrica fue remolida, con el fin de que ningún accidente se volviera a repetir y, también, por la alta radiación esparcida alrededor de la zona; por ese motivo los policías pusieron bandas de precaución para prohibir el paso. Lo que Gokú no comprendía era la ignorancia del grupo Ginyu respecto a la demolición de la fábrica y sumándole a ello, la ausencia de los hermanos Ouiji. Son no sabía si esos bravucones se hacían de la vista gorda a propósito, o si de verdad no recordaban nada sobre la plática que tuvieron con Turles ese día. Los chicos solían toparse con el grupo problemático en los pasillos, en el refectorio o en los polideportivos; y no pasaba nada raro que unas cuantas miradas de advertencia y de odio mutuo. Sobre la ausencia de los Ouiji, bueno, eso seguía siendo un misterio para todo el colegio. ¿Una visita familiar? ¿Vacaciones? ¿Pariente fallecido? Ninguno estaba tan ceca de la verdad. Estas últimas dos semanas eran algo de locos, sí, todo era de cabeza.

¡Hola chicos!

Esa voz provocó una interrupción a los pensamientos de Gokú. Levantó su cabeza enérgicamente, ignorando el torcimiento en el cuello al hacer ese rápido movimiento.

¿Qué haces aquí? —espetó Gokú con veneno en la voz.

Gokú no era el único a la defensiva, también Nappa y Raditz se pusieron en posición de ataque. El único que se mostraba tranquilo era Broly, echando un vistazo a su alrededor para vigilar que no se acercara un prefecto. Algunos estudiantes que pasaban cerca intuyeron conflicto en ese grupo.

¡Oh vamos! ¿Hasta cuándo estarán molestos conmigo? —espetó Taresu, dirigiéndose solo a Gokú.

Son gruñó por lo bajo, enseñando los dientes.

Hasta que ya no seas un imbécil—le siseó.

Turles enarcó una ceja.

Por favor, si ya no me he metido en contra del hermano de Vegeta.

Al oír que ese imbécil había mencionado no sólo a Tarble, sino también a Vegeta, un impulso vibró en el interior de Gokú. Era algo inexplicable, pero de pronto Son sintió como su organismo se llenaba de adrenalina y fuerza, agazapándose en contra de Turles. Estaba a escasos centímetros de atrapar el cuello de Taresu con sus temblorosas manos, sólo un poco más y…

¡Kakaroto tranquilo! —reaccionó Raditz a tiempo, sujetando a su hermano por los hombros y empujándolo hacia atrás donde lo obligó a sentarse—. No seas idiota. ¿A caso quieres que te expulsen?

¿Qué mierda te pasa, Kakaroto? —aulló Turles en estado de shock. Realmente Gokú lo había asustado.

Gokú sabía que si se quedaba un minuto más frente a la presencia de Turles, perdería los estribos y lo envolvería de nuevo esa carga de adrenalina que lo instó el desear golpearlo. Nunca había anhelado tanto el de enfrascarse en una lucha de cuerpo a cuerpo como en esos momentos; y eso que era un amante de las artes marciales.

Yo me largo—dijo Gokú sin mirar a nadie, simplemente se puso de pie y se dio la vuelta. Tal vez en los polideportivos podía despejar su mente.

¡Oye espera! —ese Turles no valoraba su vida—. No entiendo tu enojo hacia a mí.

El cuerpo de Gokú temblaba, sus pupilas dilatadas y sus manos transformadas en puño; solo la ira lo transformaba en algo que no era él, y eso que era casi imposible hacerlo enojar.

Déjame en paz, Turles—eso sonó más una súplica que una exigencia.

Solo quiero saber que le pasó a Vegeta—pidió Turles con tanta euforia.

Gokú tuvo que contener su furia, se había quedado plantado en el suelo como una estatua.

¿A caso te importa? —endilgó Gokú, encarándolo.

La pregunta de Gokú había dejado con la guardia baja a Taresu. Nunca se había planteado si en realidad le importaba alguien más que no fuera él mismo. Vegeta Ouiji, siempre lo había envidiado, aunque le costaba aceptarlo. Desde que lo conoció, Turles anhelaba todo lo que Ouiji poseía. ¿Por qué él no tuvo también esa vida? ¡No era justo!

¡Pues claro! Vegeta es uno de mis mejores amigos—dijo Turles, ocultando su descarada mentira.

Sí, se nota—rugió Gokú, amenazante. Al instante supo que Taresu le había mentido.

¿Qué insinúas? —espetó Turles con el ceño fruncido.

Nada—se tranquilizó Gokú, deseoso de poder estar sólo—. No sé donde está Vegeta, pero ten por seguro que aparecerá pronto.

¿Y Tarble?

¡Qué maldito hipócrita! ¿Cómo se atrevía a preguntar por su víctima? ¡Qué descaro! Ahora Gokú le inundaba unas tremendas ganas de hacerle frente a Turles y acusarlo de encerrar a Tarble a la fábrica, que por su culpa Vegeta estaba en el hospital debatiéndose entre la vida y la muerte. ¡Maldito! ¡Mil veces maldito!

Gokú tuvo que respirar incontrolables veces para responderle a ese imbécil.

Ambos están bien, eso supongo.

Ambos me preocupan—eso ya era no tener vergüenza. Turles compuso una mueca entristecida.

Gokú bufó.

Sí, claro. Mira, ahora no tengo ganas de hablar sobre ellos, no estoy de humor ¿de acuerdo?

Bien, pero…

¿Pero qué? —endilgó Gokú, harto de estar cerca de Taresu.

¿Tú y yo estamos bien?

Eso ninguno de los dos se lo esperaba. Gokú abrió los ojos en par en par.

¿Prometes portarte bien? —aseveró Son, leyendo las expresiones de Taresu.

Turles ahora mostraba una sonrisa sincera.

Sí, claro.

Gokú suspiró.

Entonces… sí. Ahora déjame tranquilo.

Como quieras—susurró Turles feliz, saliéndose con la suya.

—No puedo creer que nadie haya investigado el caso de Tarbledijo Bulma indignada. Sabía que el padre de Vegeta había sido un hijo de puta, pero no pensó que lo fuera tanto.

—Esperaron hasta que Vegeta despertaraGokú exhaló el aire que había estado reteniendo en sus pulmones. Se le veía concentrado, eufórico.

—¿Qué pasó cuando Vegeta despertó?Bulma sintió un leve escalofrío, intuyendo que lo que iba a escuchar tampoco sería de su agrado.

—Yo… no me gusta mucho recordarloGokú se mostró dubitativo, unas gotas de sudor perlaban su frente debido a los nervios.

—¿Por qué? ¿Qué pasó?Bulma se incorporó en el sillón, esperando impaciente.

Gokú echó su pelo hacia atrás, inquieto. Juntó sus manos hacia adelante, su espalda arqueada y cabeza gacha; parecía como si estuviera rezando un rosario. Se aclaró la garganta e inició su narración.

—Verás…

Después de la plática extenuante que tuvo Gokú con Turles esa misma mañana, Son le pidió a sus padres que lo llevaran al hospital para visitar a Vegeta. Ninguno de los dos pudo negarse, a pesar de que los adultos estaban conscientes que existían pocas probabilidades de que Vegeta despertara. Un par de llamadas a Mei, y los Son tuvieron la confirmación de ir al hospital.

Gokú se dio cuenta que la sala de espera era la misma de la última vez que estuvo ahí. No había personas en el área, solo enfermeros y médicos. Y claro, solo una persona conocida se encontraba a primera fila de las sillas metálicas. Sentada, encorvada y con el rostro oculto entre sus manos, se hallaba la madre de Vegeta.

Buenas tardes, Mei—saludó Bardock al acercarse a la ojiverde. Ésta se incorporó repentinamente dando un respingo—. ¿Cómo está Vegeta?

Mei le sonrió a cada miembro de la familia Son a modo de devolver el gesto amistoso de Bardock.

Sigue igualdijo ella, temblándole la voz. Aún no despierta.

¿Puedo ir a verlo? —preguntó inocentemente Gokú, implorante.

Mei no se pudo negar, Gokú extrañaba tanto a Vegeta.

Por supuesto. Mi esposo y Tarble está con él.

Gracias.

No tuvo la necesidad de que sus padres lo acompañaran, él ya sabía el camino. Al llegar a la habitación se debatió en sí debía tocar la puerta. Después de meditarlo por unos segundos no lo vio necesario, así que tomó el picaporte, jalándolo hacia abajo y acto seguido la puerta se abrió. Una vez adentro, Gokú vio que Tarble estaba sentado en el sillón, sin dejar de ver a su hermano mayor, y cerca de la ventana se hallaba el señor Ouiji quien no se percató de la presencia del primero. La habitación estaba parcialmente limpia, con las paredes blancas y luces de un amarillo brillante. La temperatura era regular, no hacía ni frío ni calor, se sentía muy cálido y reconfortable. También había un par de sillones para las visitas, una televisión pequeña colgada en la pared, una mesita de noche, algunas máquinas de las cuales Gokú no conocía los nombres y en medio de la habitación una cama ortopédica donde yacía profundamente dormido su mejor amigo. Gokú cerró la puerta con mucha fuerza que hizo respingar a los Ouiji.

Buenas tardes, señor Vegetasaludó el pequeño Son, apenado por su intromisión. El adulto lo pasó por largo, pero eso a Gokú no le importó—. ¡Hola, Tarble! —le sonrió.

Tarble le devolvió el gesto tímidamente.

Hola Gokúdijo Tarble en voz baja. Mi hermano aún sigue dormido.

Gokú le dedicó una sonrisa reconfortante.

Ya despertará. Vegeta es fuerte—aseguró Son haciendo notar su optimismo. No lo percibió bien, pero había jurado escuchar una nota de burla por parte del señor Ouiji cuando dijo aquello.

Había mucha incomodidad en la habitación. No obstante, Gokú se aventuró al acercarse a su amigo. El cuerpo de Vegeta estaba conectado a varias máquinas, una de ellas hacía sonidos desesperantes; era el monitor de los signos vitales. Gokú lo había visto en varias películas, en donde uno de los protagonistas está por morir mostrando en el monitor unos triangulitos para luego convertirse en una línea recta. Al costado de Vegeta se hallaba colgada —en un especie de perchero metálico—, una bolsa transparente de fluido que conectaba, gracias a un tubo de plástico, a una aguja larga insertada en el brazo de su amigo; la intravenosa era un método complicado, pero en ese caso fue necesario. Gokú temblaba, empezaba a sentir nauseas. El asco no se hizo esperar al ver más tubos de plásticos en las fosas nasales de Vegeta. Anteriormente, los médicos procedieron el método de intubación endotraqueal, que consistía en colocar una sonda en la tráquea a través de la boca, ayudando al paciente a pasarle los nutrientes, la hidratación y el oxigeno que requería su organismo. Gracias a la decisión de Mei se cambió esa táctica, estudiando varias opciones de ayuda en ventilación mecánica; sumándole que el doctor le había comentado que existían altas probabilidades de que su hijo despertara en uno de esos días. Gokú suspiró, eso era demasiada angustia; su mente pequeña no comprendía del todo la situación y la gravedad de la misma. Vegeta estaba en coma, ¿acaso era capaz de escuchar? Y si tocaba su mano, ¿lo sentiría? Era claro que el cine y la televisión reflejaban de manera muy distorsionada lo que ese estado suponía ya que esos personajes se despertaban y se recuperaban de una forma milagrosa. Pero en la vida real, el coma se convertía en un proceso lento y largo de manera que cuando Vegeta despierte no volvería a su vida normal. Gokú iba hacer el intento de tocar el brazo de su inconsciente amigo, pero un grito de alegría lo detuvo.

¡Papá! ¡Mi hermano se está moviendo! —Tarble saltó del sillón en dirección a la cama, se sentía eufórico.

¡Se está despertando!observó Gokú siendo testigo del regreso a la consciencia de su amigo—. ¡Vegeta qué alivio! ¡Ya estás despierto! ¡Estás despierto!

Justo a tiempo—espetó el señor Ouiji de mal humor, tomando un control remoto de la mesita, apuntando a la cama para que se inclinara hacia arriba.

La cabeza de Vegeta le daba mil vueltas, se sentía totalmente desorientado; lo primero que notó fue un fuerte dolor en su pecho, seguido de una molesta punzada en su pierna izquierda. Sus ojos tardaron en acostumbrarse a la luz de la habitación para luego enfocarlos a las dos primeras personitas que le sonreían.

Tarble, Kakarotosusurró el muchacho, intentando levantarse de la cama; comenzaba a asustarse—. ¿Qué pasó? ¿En dónde estoy? —pánico en su voz, su cuerpo no reaccionaba con normalidad.

Estás en el hospital, estuviste dormido más de dos semanas—le explicó Gokú, quien no había borrado la sonrisa de su rostro.

¿Qué me pasó? —preguntó Vegeta, tocándose su cabeza a la vez que cerraba y abría los ojos; el mareo no se iba.

Pues…Gokú miraba de soslayo al señor Ouiji con miedo, y no era el único, te caíste cuando jugábamos a escalar—dijo Son, señalando la pierna enyesada de su amigo.

Ahora me van a contar lo que pasó exactamente ese día—gruñó el señor Ouiji, haciendo sobresaltar a los niños.

Padre—exclamó Vegeta confundido, quien apenas notó la presencia de su progenitor.

Habla, Vegeta—le ordenó el hombre, alzando la voz exageradamente.

Sin embargo, el pobre niño no comprendía nada.

No entiendo… Tarble, ¿quién te obligó? ¿Quién te llevó ahí? —preguntó a su hermano menor.

En ese instante el señor Ouiji solo le prestaba atención al más pequeño de los tres.

Ya veogruñó, agarrando salvajemente el brazo de su hijo. ¿A qué se refiere tu hermano con eso?

Tarble comenzó a llorar desconsoladamente, temblando ante la mirada fulminante de su padre.

Y-yo no…—balbuceó, sin tener la menor idea de qué decir.

¡Habla! —vociferó el hombre, totalmente desquiciado.

Vegeta, desde la cama, hacía amago de levantarse; siendo detenido por Gokú.

¡Déjalo en paz! —le suplicó a su progenitor.

Gokú también se unió a su amigo.

Señor Vegeta, por favor…

¡No te metas en esto, mocoso! —escupió, volteando a ver al hijo de su socio con un intenso odio.

¡Tarble no tuvo la culpa! ¡Alguien se lo llevó a la fábrica! —confesó Vegeta de repente, para que su padre por fin dejara de regañar a su hermano. Pero al decir eso, solo empeoró las cosas.

¿Qué? ¿Es eso cierto? ¿Quién te llevó ahí? ¡Habla! —y, dicho eso, zarandeó al niño hasta hacerlo caer al suelo.

Nadie me llevó—chilló el pequeño, y todos lo miraban entre sorprendidos—.Yo fui porque… quería saber que tan valiente podía ser.

¡Kakaroto!lo llamó Vegeta, desconcertado , tú dijiste que…

Gokú negó rápidamente con la cabeza, se sentía una bazofia. Miró a Tarble quien se adelantó a decir:

¡No es verdad eso! Yo me salí de la escuela para ir a esa fábrica.

¿Por qué lo hiciste, chiquillo idiota? —el señor Ouiji levantó a su hijo sin medir su fuerza, torciéndole el brazo; un alarido de dolor se precedió en la habitación.

No, no es verdad—susurró Vegeta como para sí.

Yo dije que alguien se había llevado a Tarble para que no te enojaras con él, Vegetamintió Gokú, sin poder ver a su amigo a los ojos. Perdóname.

Chiquillo idiota, esto lo vas a pagarel hombre no tuvo compasión con su sangre. Se desabrochó el cinturón frente a las miradas atónitas de los niños, y una vez que se lo quitó, lo zampó en contra de Tarble—. Por tu culpa tu hermano estuvo debatiéndose entre la vida y la muerte—musitó en reclamo, azotando al niño por cada palabra.

¡No papá! ¡Por favor no! —suplicaba Tarble gritando, derramando lágrimas sin parar, cubriéndose con sus brazos el resto de su cuerpo; en las partes expuestas su piel comenzaba a tornarse roja.

¡Detente! —rogó Vegeta a lágrima viva, viendo con horror cómo su hermanito era golpeado una y otra vez por ese monstruo que era su padre.

Parecía que no iba a terminar nunca, un golpazo seguido de otro sollozo, un azote seguido de una lesión con sangre derramada. Vegeta sentía que se asfixiaba, no sabía si aguantaría por mucho tiempo. No sabía qué hacer, el tormento que estaba pasando su hermanito no lo hacía reaccionar. Otro grito desamparado. No lo soportó más, y soltó un grito eufórico.

¡Ya basta! —ignorando su debilidad, se quitó las agujas que estaban insertadas en su brazo haciéndolo sangrar, se deshizo también del tubo que tenía en la nariz.

Vegeta te vas a lastimar—se asustó Gokú al ver a su amigo que sangraba descontroladamente del brazo, de la nariz y de la boca.

Tarble seguía en posición fetal, igual de ensangrentado que su hermano, y retorciéndose de dolor. El pequeño jadeaba sin fuerza, su pecho bajaba y subía al compás de una agitada respiración; las raspaduras le provocaban leves espasmos producto de un pavoroso ardor sobre sus heridas abiertas que lo hacían sollozar desconsoladamente.

¡Aaahh! ¡Hermano! —gritó a su ayuda.

Gokú ya no pudo quedarse de brazos cruzados, así que saltó a ayudar a Tarble.

¡Ya basta, señor Vegeta! —Gokú quería detenerlo sujetándolo por el brazo, pero la fuerza no era nada comparable y salió estampado contra la pared.

¡Detente! ¡Ya no lo lastimes! —Vegeta se sentía un inútil en esos momentos, su cuerpo no le correspondía, ¡no podía moverse!

La puerta se abrió en ese instante entrando Bardock con Gine y Mei a la habitación. Los tres habían escuchado gritos desde la sala de espera.

¡Vegeta ya basta!Bardock empujó a Vegeta, alejándolo del cuerpo inerte de Tarble—. ¿Qué pasa contigo? ¿Te has vuelto loco?

¡Vegeta mi amor! ¡Estás despierto! —lloriqueó Mei, abrazando desesperadamente a su hijo mayor.

Mamá… mi hermano está…

Gine se adelantó a Mei, levantando al pequeño Tarble a quien abrazó y cobijó entre sus brazos.

¡Imbécil!Mei se encaró a su esposo, estampándole una cachetada—. ¡Nunca te perdonaré el que le hayas pegado a Tarble! ¡Nunca!

El señor Ouiji no parecía arrepentido, salió echa una fiera de la habitación cerrando la puerta de un porrazo. Gine acercó a Tarble a un preocupado Vegeta, ambos hermanos se abrazaron y se pidieron perdón mutuamente. Bardock cargó a Gokú, quien miraba a los Ouiji con cierto dolor en su corazón.

—Que horriblegimoteó Bulma, imaginando ese horrible momento.

—Ni me lo digas—susurró Gokú, atormentado—. Después de eso, a Vegeta lo habían dado de alta al otro día. Estaba feliz por esa noticia, pero…

—¿Pero qué?

—Mi mamá no me dejaba ir a visitarlo—musitó Gokú, encogiéndose de hombros—. Me decía que Vegeta debía estar en reposo y que nadie tenía que molestarlo. Así que tuve que esperar otras dos semanas para volver a jugar con él.

¡Vegeta! —Gokú, rebosante de alegría, corrió a encontrarse con su amigo.

Kakaroto—saludó Vegeta al verlo después de dos largas semanas.

¡Qué bueno que ya estás mejor! —dijo Gokú, feliz de ver a Vegeta de pie, sano y con la amargura que lo caracterizaba. De un momento a otro, los dos se sintieron incómodos, recordando lo sucedido cuando Ouiji despertó—. Oye… sobre lo que pasó aquel día yo…

Olvídalo, no quiero hablar de algo que ya pasó. Ya lo pasado es pasado y no me interesa.

Vaya, que poéticodijo Gokú admirado—. Esa frase va para una exitosa canción.

Vegeta ignoró el mal chiste de su amigo, y le preguntó:

¿Vamos a jugar?

Claroasintió Gokú, ilusionado—. ¿Y Tarble? —era extraño que ambos hermanos no estuvieran juntos, Gokú se asomó a la mansión Ouiji por si el menor salía de ahí.

Mi madre lo llevó al psicólogo esta mañana—anunció Vegeta, bajando la mirada.

Gokú se entristeció a oír aquello.

Oh, ¿y tú estás bien? ¿Ya no te duele el tobillo?

Ya sanó, aunque sigo tomando medicamentoVegeta hizo una mueca desagradable, como recordando el sabor de los jarabes y las pastillas. Mi madre dice que es para que me ayude a sacar las toxinas de mi organismo que inhalé.

Ah bueno, ¿mañana irás a la escuela?

Por supuesto—Vegeta esbozó una sonrisa presuntuosa, tan típica de él. Anhelaba regresar a su vida normal.

Seguidamente, el señor Ouiji salía de la mansión soltando palabrotas de alta vulgaridad, en realidad estaba de muy mal humor que ni siquiera se despidió de su hijo. Ignorando a los niños, el hombre se subió al auto, encendiéndolo y pisando el acelerador para alejarse de ese lugar.

¿Qué le pasa a tu papá? —preguntó Gokú, aliviado de que el señor Ouiji se fuera.

Está un poco nervioso porque mañana me llegan unos resultados.

El corazón de Gokú se paralizó de puros nervios.

¿Resultados de qué? ¿Apoco ya van a mandar las boletas de calificaciones? —exclamó atemorizado.

¡Claro qué no, idiota!lo riñó Vegeta, queriéndolo golpear—. Me refiero a mis resultados de laboratorio.

Ah—suspiró Gokú, aliviado—. Creí que ya estabas bien.

Lo estoy, solo que esos resultados me dirán si sigo tomando el mismo medicamento o mejor otro.

Gokú ya no quería seguir hablando de ello, porque la culpabilidad comenzaba a dominarlo.

Mejor hay que jugar—susurró Son, recuperando su gesto radiante.

Vegeta asintió en aprobación.

Sí, me parece bien.

—Nunca pensé que esos resultados iban a desencadenar el horrible destino de Vegeta.

—Él no lo supo en ese instante, ¿verdad?Bulma no dejaba de aferrarse a sus piernas, dándose calor.

—No.

Gokú esperaba a Vegeta para jugar como siempre. Ya se había hecho costumbre el de esperar sentado frente a su pórtico cada vez que su amigo iba a consulta. De pronto, el carro negro de los Ouiji aparcó, cerca de la acera entre ambas mansiones. Vegeta fue el primero en bajar, visualizando a Gokú desde lo lejos; se acercó a él, oyendo por atrás los escandalosos gritos de sus padres junto con un par de portazos. Por suerte Tarble se encontraba en cita con la psicóloga, así él no tenía que ver esa escena de sus padres que se maldecían entre ellos.

¡Psk! ¿Por qué pelean? —le preguntó Gokú, aventándole el balón de básquet.

No lo sé—dijo Vegeta, maniobrando el balón entre sus manos.

Los niños ignoraron a los adultos, corriendo en dirección a la mansión Son rumbo al patio trasero.

¿Qué te dijeron los doctores? —le preguntó Gokú, muy ansioso.

A mí nada, solo me hizo una revisión general. Luego de eso abrió un sobre que le había entregado una enfermera. Cuando el doctor abrió el sobre y lo leyó me dijo que acompañara a la enfermera afuera porque tenía que hablar a solas con mis padres—contó Vegeta igual de confundido que Gokú.

Oh. Entonces… ¿qué le dijo el doctor a tus papás?

Vegeta se encogió de hombros.

No lo sé. Ellos no me quisieron decir. Cuando salieron del consultorio ellos… Mi padre actuó muy raro durante el camino de regreso aquí.

¿Ellos qué? —Gokú no entendía nada de lo que su amigo le estaba contando.

Vegeta optó por zanjar el asunto.

No tiene importancia. Ya se le pasará. Juguemos.

—Pasado el mes desde el accidente en la fábrica, Vegeta regresó a la escuela.

—¿Todo siguió igual?preguntó Bulma, adivinando la respuesta.

—Más o menos.

Era un lunes por la mañana en el colegio de la capital del norte a punto de iniciar una semana de clases, y con una sorpresa en especial.

Buenos días, maestra.

La mujer levantó la vista de su escritorio, poniéndose de pie y recibiendo a su alumno con una sonrisa. Toda la clase se quedó en silencio, la mayoría estaban alegres por el regreso de Ouiji.

¡Vegeta! Adelante, pasa. Me alegra tenerte de vuelta.

Gracias. ¿Puedo ir a mi lugar? —preguntó el niño, desviando su mirada al fondo del salón donde lo esperaban sus amigos.

Por supuesto.

¡Vegeta! ¡Qué genial! —exclamó Taresu feliz, como si las confrontaciones entre ambos jamás sucedieron.

Turles—dijo Vegeta entre dientes a la vez que se sentaba en su butaca.

¿Por qué te desapareciste por mucho tiempo? Kakaroto no me quiso decir nada—dijo Turles, viendo con recelo a Gokú.

Eso es asunto mío. Además a ti que te importa—espetó Vegeta con veneno en la voz.

¿Aún sigues molesto conmigo?

Vegeta le iba a responder, pero la maestra puso orden.

¡Allá atrás guarden silencio por favor!

Las cosas se pusieron más tensas en el recreo.

¡Vegeta! —saludó Upa, feliz de ver de nuevo a su compañero de clases.

Estoy de regreso—dijo Vegeta sin más, ya que ninguno tuvo la oportunidad de saludarse en la clase.

¿Qué te pasó? —preguntó Suno, realmente parecía preocupada.

Asuntos familiares, nada importante—respondió Ouiji, encogiéndose de hombros.

En ese instante Turles hizo su aparición, sentándose frente a Vegeta. Gokú miró de soslayo a Tarble quien increíblemente se mantenía tranquilo ante la presencia de Taresu.

¿Qué haces aquí? —le preguntó Vegeta, mirándolo con profundo odio.

Emm… ¡cof! ¡cof! Ya hicimos las paces con él. Durante tu ausencia el idiota este se disculpó con nosotros—le explicó Nappa, apenado.

Perdón por lo ocurrido en el parque—se disculpó Turles, escuchándose sincero.

Vegeta lo meditó unos segundos, analizando y buscando un atisbo de mentiras en el semblante de Taresu, e increíblemente no halló ninguna. Tal vez sí estaba arrepentido, aunque lo vigilaría muy de cerca porque no confiaba del todo en él.

Hhmp.

—Ahora que lo pienso, me siento mal por dejar que una amistad siguiera forjada por una traición. Dejé que las cosas siguieran como si no hubiera pasado nada; como si Tarble no se hubiera traumatizado, como si Vegeta no se hubiera debatido entre la vida y la muerte, como si yo no hubiera escuchado nada del plan de Ginyu.

—Sinceramente, no sé que hubiera hecho si estuviera en tu lugar. Solo tenías 9 años.

Gokú sacudió la cabeza, furioso.

—¡Eso no lo justifica! Me equivoqué, lo sé. ¡Y viviré con este remordimiento y esta culpa durante toda mi vida hasta que muera!

Bulma lo fulminó con la mirada.

—Sólo respóndete esto, ¿qué hubiera pasado si tú y los demás hubieran llegado a tiempo para salvar a Tarble?

—No lo sé. Supongo que si hubiéramos salvado a Tarble, el idiota de Turles no se hubiera dado por vencido hasta ejercer su venganza.

—¿Tú crees?

Gokú le sonrió con tristeza.

—No lo conoces bien.

—Parece que tú tampoco llegaste a conocerloremató Bulma con frialdad.

—Quizáaceptó Gokú, sintiéndose incómodo.

—¿Qué más pasó?

—Todo siguió normal entre nosotros. Pero Vegeta la pasaba horrible en su casa porque su padre…

Bulma levantó una mano, interrumpiéndolo.

—Lo sé. El señor Ouiji se embriagaba, golpeaba a Vegeta y le decía que era una aberración, hasta llegó a humillarlo frente a ustedes, y sumándole todo eso el poco hombre tenía como amante a esa tal Fasha.

—Que buen resumen—felicitó Gokú—. Pero sí, pasó un año viviendo ese martirio hasta que… Tarble murió.

—¿Me contarás eso? preguntó Bulma, tragando saliva.

—Fue horrible.

Buenas noches—le deseó Gokú a sus padres.

Descansa, hijo. Hasta mañana—Gine besó la frente de su pequeño.

Gokú sonrió, caminando rumbo a su habitación. Salió de la sala hacia las escaleras, pero su andar se vio interrumpido cuando una armonía percibió.

El teléfono, Gokú yo contesto…—dijo Gine desde la sala.

Sin embargó Gokú ya había levantado el auricular.

¿Hola? ¿Quién habla?

¡Kakaroto!—exclamó una voz conocida.

¿Vegeta? ¿Qué pasa amigo?

Mi padre otra vez—fue la única explicación de él.

No te preocupes, amigo. Mi papá está en su despacho… ahora mismo le diré.

Por favor, Kakaroto... dense prisa—y, dicho eso, colgó.

¿Vegeta llamó? —le preguntó Gine luego de escuchar solo una parte de la conversación.

Pero Gokú ni siquiera le respondió, y rápidamente corrió hacia el despacho de Bardock, irrumpiendo sin previo aviso.

¡Papá! ¡El señor Ouiji se pudo agresivo otra vez! —anunció Gokú, agitado ante la adrenalina.

Los Son estaban al día sobre los problemas que se enfrentaban los Ouiji. No era una novedad, Vegeta se había vuelto un hijo de puta desde que se había enterado de la enfermedad de su hijo mayor; casi todas las noches eran aterradoras para los niños. Vegeta solía llamar cuatro días a la semana. Así que, sin tiempo que perder, Bardock rodeó su escritorio, recogiendo sus llaves por el camino y guardándolas en su bata.

¡Por Dios! —Gine sollozó de repente, dolida por lo que pasaba su amiga y los dos pequeños.

Está bien, ustedes dos quédense aquí. Iré a la residencia Ouiji.

Gine se abalanzó a su marido, abrazándolo con fuerza.

Bardock, por favor, ten mucho cuidado. Ese hombre se ha vuelto muy peligroso—a Gine le temblaba la voz—. ¿Cuántas veces le he dicho a Mei que se salga de esa casa junto con sus hijos?

Sabes muy bien que ella no puede hacer eso hasta estar divorciada—le recordó Bardock.

¡Yo quiero ir! —dijo el pequeño Gokú.

De ninguna manera—negó Gine, rotundamente.

Es mejor que te quedes aquí con tu ma…

Un estrepitoso estruendo retumbó la tranquilidad de la noche.

¿Eso fue un… disparo? —farfulló Gine viendo a su esposo con terror.

Mierda.

Bardock salió de su casa como una bala…

Corrió rápidamente hacia la mansión vecina. Sacó las llaves con manos temblorosas de su bata de dormir y entró por la verja, seguido por su esposa y su hijo pequeño. ¿Qué demonios estaba pasando? A caso, ¿fue capaz de cometer esa gran estupidez? Aceleró más sus pasos hasta llegar a la puerta de madera.

¡Gokú, regrésate a la casa!— ordenó Gine con voz nerviosa.

¡No! Mi mejor amigo…. ¡Vegeta! —gritó el pequeño.

Bardock no los escuchaba, solo trataba de abrir la puerta.

Mierda.

Al fin se abrió, no lo pensó dos veces y la jaló hacia atrás para permitirse el paso. Lo primero que escuchó fueron sollozos y lamentos, provenían del despacho principal. Corrió en esa dirección, irrumpiendo dentro de la habitación. Tumbado boca arriba se encontraba el pequeño Tarble ¡completamente manchado de sangre! La hermosa alfombra ahora estaba teñida de un fuerte color rojo que le daba un aspecto tétrico. Bardock hizo un rápido panorama por el lugar y pudo observar al señor Vegeta sentado en un sillón. Éste parecía que había visto a un fantasma, estaba muy pálido, varias gotas de sudor perlaban su frente y miraba fijamente el cuerpo inerte de su hijo. Bardock escuchó en un rincón un gimoteo, ahí estaba Mei, encorvada y con la cabeza gacha, estaba desplomada en el piso. Al cabo de unos instantes, ella se puso de pie y se dirigió donde estaba su esposo, se fue contra él golpeándolo a diestra y siniestra a la vez que le gritaba un centenar de insultos. Bardock pensó que era mejor dejarla a hacer eso y, sin perder más el tiempo, se acercó al cuerpo inmóvil de Tarble tomándole la muñeca y el cuello, esperando sentir alguna señal de vida, pero nada.

Está muerto— dijo Vegeta en un susurro, él se encontraba arrodillado a lado de su hermano.

En ese instante entraron Gine y Gokú que observaron la escena, horrorizados. Gine trató de empujar a su pequeño hijo para que saliera del despacho, pero de un manotazo, Gokú, se alejó de ella y se fue corriendo hacia donde estaba su mejor amigo.

¡Gine, saca a Mei! —gritó Bardock mientras se incorporaba y se acercaba a Vegeta que aún seguía en shock.

Gokú pasó a ser un segundo plano para sus padres, así que aprovechó esa oportunidad para acercarse a Vegeta quien le lloraba al cadáver de Tarble.

No puede ser… —susurró Gokú desconsolado, observando aterrorizado el cuerpo inerte de Tarble.

Vegeta se aferraba al occiso, con su frente pegada en su pecho, muy cerca de la herida de bala.

Mi hermano, él… está muerto—balbuceaba Vegeta, anhelando despertar de esa cruel pesadilla.

Vegeta, lo siento mucho—dijo Gokú, también llorando sin control. Entonces vio que su amigo se levantaba de repente, yendo donde se hallaba el señor Ouiji—. ¡Vegeta espera!

Bardock había salido del baño, jalando agresivamente a un moribundo señor Ouiji a quien lo habían empapado de agua fría. Bardock le encestó otro puñetazo en el rostro, que provocó que Vegeta quedara inconsciente en el suelo. Por una milésima de segundos, el pequeño Ouiji alcanzó a tomar el cuello de su padre, pero fue detenido por dos manos firmes.

¡No! Tranquilo, ya me ocuparé de él—dijo Bardock, sujetando al infante que luchaba por librarse de su agarre.

Vegeta gruñía y pataleaba, deseando desaparecer su dolor y furia ante el deseo de golpear a su progenitor.

¡Asesino! ¡Mataste a mi hermano! ¡MALDITO ASESINO! —gritaba el niño con la garganta desgarrada, viendo con un odio intenso al moribundo del señor Ouiji.

Tranquilízate—le pidió Bardock, volteó hacia la puerta donde vio a su esposa igual de afligida—. Tenemos que llamar a la policía.

¡Espero que te pudras en la cárcel! —aulló Vegeta, quedándose sin fuerzas.

Vegeta…—susurró Gokú, entristecido ante la desgracia de su amigo—. ¿Papá?

Bardock volteó a ver a su hijo, quien estaba a un lado del cadáver de Tarble.

Un solo disparo en el pecho. Espero que no hay sufrido.

Vegeta sollozó más fuerte.

Él seguía respirando. Él…

¿Te dijo algo antes de morir?

Los Son esperaron en silencio la respuesta de Ouiji.

Me dijo: "hermano me duele mucho". Yo le supliqué que siguiera conmigo, que aguantara lo más que podía, ¡qué su corazón siguiera latiendo!

Cálmate, no pudiste hacer nada—lo reconfortó Bardock.

¡Fue mi culpa! —Vegeta no aguantó más, y se dejó caer, exhausto.

La policía acaba de llegar—anunció Gine al ver reflejada la luz de las sirenas.

—Sintió culpaafirmó Bulma.

—Sí. Después de la muerte de Tarble, apresaron al señor Ouiji. Fue todo un escándalo, los paparazzis no pararon de acosarnos durante semanas. Vegeta y Mei trataron de seguir con sus vidas como si nada, y siguieron viviendo en esa mansión hasta que Vegeta cumplió los 15 años. Aparentaban que estaban bien, pero yo sabía que no era así. Cuando teníamos 14 años él y yo nos fuimos a trabajar con el viejo Gasu, fue una experiencia… aterradora para nosotros; no quiero entrar en detalles sobre eso. Broly también trabajaba como jardinero en la finca, de hecho fue gracias a él que Vegeta me convenció en ir a trabajar para el anciano. En fin, eso no tiene tanta importancia.

»En aquella época Vegeta se volvió muy rebelde por así decirlo, abandonó sus deberes con la empresa, se escapó un tiempo de su casa viviendo con los Gasu, hasta se iba de haragán con Churai y Maron. ¡Ay! Perdón Bulma… es que ellas eran…

—Lo sé, eran la diversión sexual de Vegeta. Continuademandó Bulma, ocultando muy bien su dolorosa inquietud.

Gokú se maldijo por lo bajo.

—Bueno, sí. Te contaré el momento cuando Vegeta me dijo que estaba desahuciado. ¿Quieres que lo haga?

—Continua, Gokú.

—De acuerdo.

Gokú salió de su casa con su usual felicidad. Su destino estaba a la vista, pero su atención captó algo más. A la orilla de la carretera se hallaba Ouiji que caminaba sin rumbo alguno. Gokú desvió su camino hasta alcanzar a su mejor amigo.

¡Vegeta! Iba a ir a verte a tu casa para preguntarte si querías ir a la plaza conmigo… ¿qué tienes? —Gokú notó que había algo raro en Ouiji, con solo verlo a los ojos lo confirmó.

Vegeta parecía ensimismado, era como si estuviera en otra realidad. No obstante, despertó de su ensoñación, advirtiendo de la presencia de Gokú en cuanto escuchó su cuestionamiento.

¿Por qué preguntas si tengo algo? —aseveró Ouiji, agresivamente.

Gokú frunció el ceño, su amigo actuaba muy extraño, parecía otra persona.

Porque te conozco lo suficiente para saber que algo te pasa—dijo Gokú severamente—. Ahora dime, ¿volviste a discutir con tu mamá? Creí que ya habían hecho las paces.

Vegeta se mostró irritado, casi al borde de la desesperación.

Sí, las hicimos—respondió de mala gana.

¿Y? ¿Qué te pasa?

Nada—arguyó, conteniendo las lágrimas de coraje.

Gokú resopló insatisfecho, pero ya no insistió más.

Como quieras. ¿Vamos a la plaza? Necesito una consola nueva para el próximo videojuego de "Bon Ball 5".

Yo no… No tengo muchas ganas de salir—el tono de voz de Vegeta pasó de la histeria a la placidez.

Gokú se preocupó inmoderadamente, sospechando que su amigo comenzaba a padecer un trastorno de bipolaridad.

¿Te sientes mal? ¿Aún sigues con el medicamento, verdad? Han pasado cinco años desde el accidente en la fábrica, sigo sin entender porqué te sigues medicando.

Hubo un minuto de silencio.

Hoy por fin lo supe—confesó Vegeta en un hijo de voz.

No sabía por qué, pero Gokú comenzó a sentirse muy nervioso.

¿En serio? ¿Por qué?

Vegeta titubeó, preparándose mentalmente a lo eventual.

Mi madre me dijo que… Kakaroto estoy muy enfermo.

Gokú instintivamente tocó a Ouiji en la frente, percibiendo que no tenía fiebre. Lo barrió con la mirada de pies a cabeza notando la falta de anormalidades; no había nada fuera de lo común.

No lo creo, te veo muy sano. Y además fuerte, en las clases del maestro Roshi eras uno de los mejores.

Vegeta se mofó ante lo dicho.

Tú lo dijiste: lo era. Hace tiempo que no voy.

Gokú tuvo un repentino escalofrío, había incomodidad en el ambiente.

¿De qué estás enfermo?

Vegeta sintió como si le hubieran dado una patada en el estómago.

Hay un químico muy tóxico y peligroso dentro de mi sistema respiratorio. Al parecer lo tengo en mi interior desde que ocurrió el accidente en la fábrica.

Más pánico por ambas partes.

¿Qué? Pero, no entiendo, ¿cómo es que después de tanto tiempo aún sigas enfermo?

Corrección: muy enfermo—Vegeta ni siquiera lo pensó, sólo dejó que sus palabras fluyeran por sí solas de sus labios—. Kakaroto estoy desahuciado—anunció con normalidad.

Un escalofrío revistió a Gokú de forma aplastante. Sintió el suelo temblar debajo de sus pies, tambaleándose gradualmente. De pronto experimentó mareos, padeciendo también asfixia, cómo si le faltara el aire tan repentinamente; ¿acaso había olvidado cómo respirar? Todo le daba vueltas, percibiendo una dolorosa punzada en el corazón.

No. No puede ser. Tú no puedes estar muriéndote—susurró Gokú, negando constantemente con la cabeza—. ¡Las medicinas!

Vegeta no se arrepentía de habérselo contado, todo lo contrario, se había quitado un gran peso de encima.

Esas cosas solo eran para alargar mi vida hasta donde pudiera aguantar. Mi madre me engañaba diciéndome que eran vitaminas que reforzaba mi sistema inmunológico. Pero solo eran para controlar mi enfermedad hasta que ya no surtieran efecto—explicó Vegeta con tranquilidad, ocultando sus verdaderos y negativos sentimientos.

¿Cuánto? —quiso saber Gokú, su tono fue un susurrante reclamo.

Las "vitaminas" me dejarán de surtir efecto en un par de meses más, luego yo voy a…

No—Gokú no lo aceptaba, no lo creía.

No lo sé, mi madre ha visitado doctores y especialistas a mis espaldas. No me sorprendería que el día de mañana llegara con nuevas medicinas y terapias para alargar mi vida—dijo Vegeta con burla, como si el tema de su estado le divertía a sobremanera.

Gokú se sentía confundido, no quedándole más remedio que aceptar la realidad de Ouiji. Conocía muy bien a su amigo, él no era capaz de inventarse una historia así. Reprimió sus ganas de llorar, porque era evidente que esa situación le entristecía. Vegeta era como su hermano, irónicamente era más hermano de él que Raditz con quien compartía la misma sangre. La culpabilidad se acrecentó en su interior, su amigo había adquirido esa horrible enfermedad cuando entró a rescatar a Tarble en la fábrica ¿Y quién lo llevó ahí? ¿Qué podía hacer por Vegeta? ¿Cómo ayudarlo? ¿Qué clase de amigo era? ¡Se sentía una bazofia! Entonces meditó, había tomado una importante decisión, de ahora en adelante apoyaría a Vegeta en lo que estuviera en sus manos. Era lo mínimo que podía a hacer después de haberlo acarreado a ese cruel destino. Definitivamente nunca se lo perdonaría.

No te darás por vencido, vive lo que tengas que vivir. Por mi parte, nuestra amistad sigue igual; no puedo verte de otra forma. Lo lamento, pero si querías que a partir de ahora te tuviera lastima o un trato diferente, estás totalmente equivocado. No puedo negarte que la notica me hizo sentir horrible, sin embargo lo superaré. Te lo vuelvo a repetir, mi trato contigo sigue y seguirá igual. Como veo que no quieres ir a ninguna parte, nos vemos al rato—dijo Gokú, aparentemente tranquilo en dirección a colina abajo.

Kakaroto—susurró Vegeta, mirando a su mejor amigo quien se alejaba. Se había quedado de piedra, sin que le respondiera las piernas; la conmoción fue demasiada.

Saluda a Mei de mi parte—vociferó Gokú, levantando un brazo que sacudió de un lado a otro.

¡Espera! —gritó Vegeta, corriendo a alcanzar a su amigo. Una vez que estuvieron frente a frente, Ouiji dijo—: No me equivoqué contigo. Te acompaño a la plaza, insecto.

Gokú le sonrió, como siempre, como debería de ser.

Y no te preocupes, te prometo que no le diré de tu situación a nadie.

Vegeta sabía que podía confiar en Son, aunque le preocupaba un verdadero inconveniente.

Lo más probable es que tus padres sepan.

Gokú se encogió de hombros, la verdad ignoraba aquello, obviamente.

Sí, pero yo me refería a Raditz y a los demás.

Vegeta puso mala cara.

Exacto, necesito que me guardes ese secreto, Kakaroto.

Cuenta con ello—juró solemnemente.

—Eso fue muy… lindo de tu parte Gokúsollozó Bulma, admirando el coraje de su amigo.

—Lloré esa nocheadmitió Gokú ante la sorpresa de Bulma. Solo quería desahogarme. Pero le cumplí a Vegeta, guardé su secreto y lo traté igual. No quería que nada cambiara.

Bulma no sabía que decir, y ahora que lo recordaba nunca había visto llorar a Gokú. Se preguntó si él había derramado lágrimas cuando se enteró que Vegeta había muerto.

—Al cumplir los 15 años Vegeta y Mei se cambiaron de residencia. Al departamento donde viví con él en los últimos mesesrecordó la chica, repentinamente.

—Sep. Luego de dos años ellos se mudaron aquí, en la capital del oeste. En ese entonces Vegeta me contaba que Mei hacía todo lo posible por encontrar una cura, pero las probabilidades de lograrlo eran mínimas. Mei viajó por toda la capital del norte, incluso buscó en el sur y en el este. Hasta que el doctor que estaba tratando a Vegeta en ese entonces le comentó a Mei de un colega que trabajaba en un especie de cura para el cáncer de pulmón.

»Aún recuerdo ese momento cuando me dijo que se tenía que ir.

Gokú salió de su casa como un torbellino, sabía que obtendría una regañada por parte de Ouiji porque éste odiaba la impuntualidad. Los amigos se habían quedado de verse a la orilla de la colina para ir a la finca del viejo Gasu para pasar por Broly y luego ir a la plaza a jugar videojuegos. Gokú fue muy rápido, encontrando la figura de Ouiji que estaba de pie y cruzado de brazos.

¡Hola Vegeta! —saludó Gokú, jadeando de cansancio.

Llegas tarde, otra vez—lo reprendió Ouiji, emprendiendo el camino.

Gokú sonrió, posicionándose a lado de su amigo.

Lo siento, mi mamá no me quería dar permiso—explicó atolondradamente.

¿Reprobaste? —intuyó Vegeta, yendo por una zona de puro boscaje.

Gokú se mostró muy sorprendido.

¿Cómo lo supiste?

Eres un caso perdido.

La colina en dónde vivían los muchachos contaba con una carretera inclinada y curveada muy bien pavimentada. No obstante, cuando tenían la necesidad de bajar a pie, lo hacían por otro caminito —en cada extremo—, en donde tenían que pasar por árboles, piedras y mucho follaje; era como si en verdad estuvieran recorriendo un bosque muy peligroso.

Bajar esta colina es genial, ¿nos iremos en auto? —preguntó Gokú, saltando de roca en roca y tambaleándose con la ayuda de unas ramas.

Sí, el jet no tiene gasolina—respondió Vegeta, frenando a tiempo sus pasos antes de que pisara un charco de lodo—. Por cierto, tengo buenas noticias.

Dime.

Mi madre encontró un… bueno, ya sabes—Vegeta compuso una mueca desagradable, de un momento a otro se sintió incómodo.

¿Un doctor? —secundó Gokú, sin apartar su vista del frente.

Odio esa palabra—gruñó Vegeta por lo bajo.

Un tipo—sugirió Gokú como referencia a la palabra "doctor". Era consciente que para su amigo era muy difícil hablar de algo relacionado a su enfermedad.

Sí, un tipo—Vegeta sonrió, totalmente de acuerdo—. Como sea, el tipo aquel está creando una cura para el cáncer de pulmón.

Pero tú no tienes cáncer—aludió Gokú en confusión.

Lo sé, pero es un avance ¿no lo crees? Probablemente me ayude y me cure esta enfermedad.

¡Eso es genial, Vegeta! ¿Cuándo irán a verlo? —la felicidad de Son era inminente que Vegeta se contagió de ella.

Pronto—garantizó Ouiji, sonriendo de lado.

Estoy muy feliz por ti, de hecho la noticia me emocionó bastante. El mundo tendrá más Vegeta por mucho tiempo. ¿Puedo darte un abrazo? —preguntó Gokú, saltando de alegría; esa noticia ameritaba una celebración.

¡Qué estupideces dices, Kakaroto! —bufó Vegeta ante la cursilería del joven Son—. Por cierto, ese tipo está en la capital del oeste.

El rostro de Gokú se mostró sorprendido y, mientras comprendía las últimas palabras de su mejor amigo, su semblante comenzó a tonarse triste y molesto.

¡Qué! ¿Te vas a ir? Pero…

Tranquilo—lo interrumpió Ouiji en tono sereno—, vendré a visitarlos, o al revés. Tú y los demás podrán visitarme cuando quieran—Gokú ensanchó una sonrisa de oreja a oreja—. Mi madre quiere que siga estudiando, obviamente yo igual, así que me sacó una ficha en un colegio de allá. No conozco la preparatoria, pero ella dice que es una de las mejores que hay en el país—terminó diciendo sin dejar de ver el caminito de piedras y baches.

Harás nuevos amigos—dijo Gokú con su usual y tan característica inocencia.

Vegeta paró en seco su andar, miró al joven Son como si éste se hubiera vuelto complemente loco. Gokú igual le devolvió la mirada que cambió de un momento a otro en confusión. Vegeta, enfurecido, fue el primero en romper el vinculo visual.

Hacer amigos no está en mis planes, Kakaroto—espetó Ouiji siguiendo su camino—. Que eso te quede muy claro.

¿Por qué? —preguntó Gokú, ansiando una explicación.

Vegeta suspiró en desgana, no quería comenzar una discusión, no ahora que los dos se habían mostrado felices hacía unos minutos.

Porque me estoy muriendo y no quiero ser un desconsiderado con mis próximos compañeritos—espetó con sarcasmo—. Imagínate que uno de ellos se llegara a encariñar conmigo. ¡Qué horror!

Pues yo no le veo nada de malo. Tal vez hasta te llegue a gustar alguien de allá—la inocencia de Gokú no conocía limites.

Imposible, soy inmune al amor. Aunque tal vez busque una nueva Churai en la capital del oeste, ya sabes, solo sexo sin ningún compromiso—Vegeta comenzaba a imaginarse que clase de compañeras le tocaría una vez que comenzara a estudiar allá.

En el caso de Gokú, ese asunto lo tenía sin cuidado, su interés estaba enfocado en el futuro incierto de su mejor amigo.

¿Crees que ese doc… quiero decir, ese tipo logre crear la cura?

No lo sé, no me quiero ilusionar como los anteriores—Vegeta no evitó que su voz se escuchara ronca, se aclaró la garganta y agregó—: Mi madre tiene mucha fe, dice que ese tipo puede curarme.

Gokú lo animó dándole una palmadita amistosa en la espalda.

Yo espero que sí—le aseguró Gokú. Se dio cuenta que ya habían llegado al despeñadero de la cima—. Es hora de sacar el auto.

—Así que Vegeta quería ser consideradoconcluyó Bulma, decepcionada.

—Bulma no es lo que crees.

—No puedo imaginarme otra cosa que en la que estoy pensandomusitó la ojiazul con fiereza.

Gokú la miró suplicante.

—Aún no he terminado. Solo escúchame, por favor.

—Hablademandó la muchacha, dolida.

—Eras muy importante para mi amigo.

Fue un placer conocerte, Gokú—se despidió Bulma, dándole un apretón de manos. Ambos se habían agradado al instante.

Lo mismo digo, Bulma. Fue genial haber venido ya que Vegeta no me contó que había hecho una nueva amiga aquí. La verdad fue una gran e i-nes-pe-ra-da sorpresa—Gokú sintió la mirada fulminante de su amigo a sus espaldas, pero no le tomó importancia. A veces era divertido molestarlo por más que uno salía perdiendo.

Milk, ruborizada hasta el cuello, se acercó a Son y le plantó un beso en la mejilla frente a las miradas desconcertadas de Bulma y Vegeta; éste último ocultando su asco.

Adiós Gokú. Buen viaje a la capital del norte—dijo la morena sonriente.

Me iré hasta el domingo—reveló Gokú, incomodo por el gesto inesperado de Milk.

¡Eso es genial! Podemos salir un día de estos, hasta te puedo enseñar la ciudad.

Me gustaría, gracias. Por cierto, cocinas muy delicioso—la felicitó Gokú con sinceridad.

Muchas gracias—era oficial, Gokú era el hombre perfecto para ella.

Bulma de pronto se sintió incomoda, no supo en qué instante ella y Vegeta habían sido ignorados por sus respectivos amigos. Era verdad que el enamoramiento te idiotizaba.

Nos vemos luego, Vegeta—dijo Bulma con un gesto de mano.

Sí, claro—musitó Vegeta con un gesto de cabeza.

Posteriormente Bulma jaló a Milk del brazo y literalmente la arrastró a la residencia Brief. Mientras tanto Vegeta se dio la vuelta para adentrarse a su casa con Gokú quien le pisaba los talones.

No qué no—canturreó Gokú alzando las cejas a modo de burla.

Cierra la boca—amenazó Vegeta con el puño en alto.

Pero Gokú no se dejó intimidar.

Acaso no me dijiste que no entablarías una amistad aquí ¿sí o no?

Fue un mal cálculo—admitió Vegeta demasiado avergonzado para admitir su error.

¿Un mal cálculo? O sea que, ¿es una Churai?

Sin darse cuenta había cometido un error al decir aquello. Gokú se quedó plantado en el suelo, temblando de miedo al ser acorralado por un Vegeta hecho una fiera.

¡No vuelvas a comparar a Bulma con esa puta! —bramó Vegeta enardecido.

Cálmate, no la comparé. Solo preguntaba—farfulló Gokú levantando sus manos como queriendo protegerse de Ouiji—. Me sorprendió tu reacción, ¿acaso la quieres?

La furia de Vegeta se esfumó, ahora lo invadía el bochorno.

Hmph—Vegeta se había sonrojado a más no poder.

Gokú se tapó la boca con ambas manos, posteriormente a soltar una estruendosa carcajada.

¡No puede ser! ¡Sí la quieres! ¡Espera! ¿Ella te quiere?

Sí.

¿Seguro? —quiso corroborar Gokú, alzando las cejas muy pícaramente.

Ella me lo confesó esta mañana. Me dijo que me quería—gruñó Vegeta por lo bajo.

¡Vaya! —exclamó Gokú, desconcertado.

Kakaroto, Bulma puede ayudarme.

¿A qué te refieres?

La investigué y descubrí que…

¡Vaya! Sí que estás mal—dijo Gokú, la verdad no se esperó que viajar a la capital del oeste lo llenaría de varias sorpresas.

¡No la investigué para eso! —se defendió Vegeta, eufórico. Como odiaba ser interrumpido—. Bulma me contó que su padre y ella se dedicaban a la invención, a la tecnología y esas cosas. La información que pude obtener es que esa familia ha creado cosas que nunca pensé que un humano fuera capaz de hacer (las cápsulas Hoi-poi son una prueba de ello). Bulma es tan inteligente que por un momento pensé en que ella podría crear una cura para mí; esperando también que ella llegara a ser un surco de esperanza.

Gokú sintió como su cerebro se llenaba de telarañas, era mucha información que procesar. Como que el invento de las Hoi-poi le sonaba de algo.

Pero por lo que me comentas, ella no es doctora. ¿O sí lo es?

Vegeta negó con la cabeza antes de responder.

No, no lo es. Sin embargo puede investigar y estudiar todas esas cosas sobre ciencias y medicina. Eso le gusta.

¿Y su padre? Él debe ser doctor, si le dices a…

El padre de Bulma está muerto. Murió hace cuatro meses en un accidente. Así que mi esperanza está depositada en Bulma—arremetió Vegeta con voz queda.

Gokú se sintió muy incómodo ante esa revelación.

¿Y qué hay de ese doct… de ese tipo por quien vinieron aquí? Me dijiste que te estaba ayudando.

Y lo está haciendo, al menos me suministra un medicamento que controla mi enfermedad cada mes, pero aún no hay cura. Tengo más o menos un año de plazo mientras mi madre busca otras alternativas.

Gokú compuso una mueca entristecida, que borró de inmediato.

Entonces Bulma es tu única solución.

Por el momento sí.

Sin embargo Gokú no estaba muy convencido del todo.

¿Crees qué ella logre crear la cura?

Vegeta meditó su respuesta en sólo un minuto.

Ahora Bulma no está en condiciones de ponerse a trabajar en algo experimental. La muerte de su padre es muy reciente y ella está muy dolida—recalcó ese punto a considerar—. No sé si pueda crear la cura, y si no puede al menos que construya una máquina del tiempo para cambiar mi pasado—dijo sarcásticamente—. No, o tal vez yo pueda ir a un futuro donde exista la cura.

¿Máquina del tiempo? ¿En serio ella es muy, muy, muy inteligente para crear algo así? —preguntó Gokú sin prever la ironía que usó su amigo para decir lo último.

El sarcasmo es un idioma extranjera para ti, ¿no? —lo regañó Vegeta mirándolo con pena ajena—. Solo estaba jugando. Se vale soñar.

Gokú sonrió tontamente, se enserió de repente recordando algo de suma importancia.

¿Le dirás sobre tu situación?

Vegeta tenía firmemente su respuesta.

No, nunca se lo diré—afirmó convincentemente, ignorando el semblante de Gokú mostrando su desacuerdo—. La niña ya me quiere. ¿Cómo podría decirle que estoy desahuciado cuando perdió a su padre hace cuatro meses? Sumándole a eso que la loca de su madre la acusa de matar al señor Brief.

Gokú pasó primero a la etapa de la ira al saber que la madre de Bulma era una horrible mujer, para cambiar su sentir a uno de sorpresa.

¿Brief? Creo que leí ese apellido en el periódico. ¿Acaso son de corporación cápsula?

Los mismos—confirmó Ouiji.

«¡Claro! Ahora entiendo porqué se me hacía familiar el término: hoi-poi» pensó Gokú.

¿Qué vas hacer entonces? —preguntó Son de repente.

Vegeta suspiró, encogiéndose de hombros.

Confiaré en mi madre, pero depositaré mi total esperanza en Bulma. La ayudaré a superar la muerte de su padre, y luego le insinuaré sobre la cura sin decirle que será para mí.

La vas a utilizar—regañó Gokú, acusadoramente.

Vegeta resopló escandalosamente.

No seas estúpido. No le mentiré ni nada de eso, solamente le ocultaré sobre mi enfermedad. Es secreto.

Ocultar y mentir es lo mismo—dijo Gokú en un tono de reproche.

Kakaroto—gruñó Vegeta, indignado por ser contradecido.

Está bien, está bien—dijo Gokú, relajando su semblante.

Tú no le dirás nada a Bulma—aseveró Vegeta, mostrándose intimidante.

Gokú se sintió indignado.

Sabes que te lo prometí, no tienes que advertirme nada.

Vegeta se quedó tranquilo, y pasados unos minutos se sintió conforme de que tanto Bulma como Gokú se habían agradado mutuamente.

¿Te gustó? —quiso cerciorarse.

Gokú sonrió ampliamente.

Es muy agradable. ¿Sabes? me siento tranquilo porque no la vas a lastimar. Es obvio que la quieres, y mucho.

Vegeta no pudo contradecir aquello, pero no lo aceptaría en voz alta; su orgullo no se lo permitía.

No te negaré que la primera vez que la vi me llamó mucho la atención. Bulma me ofreció su amistad y yo la acepté, aún consciente de mi situación. A estas alturas no me veo sin ella.

Bulma sintió un vacío en su corazón, a pesar de escuchar esas palabras que fueron dichas por Vegeta, no pudo dejar de padecer tanta amargura. Hubiera sido hermoso escuchar todas esas cosas tan bonitas por el mismo Vegeta.

—Ahora todo tiene sentido para mí. Al principio yo no era lo que él esperaba…murmuró Bulma, limpiando sus lágrimas.

—No te entiendoadmitió Gokú, su semblante transmitía mucha confusión.

Hagamos algo, niña— Bulma lo miró con cara de pocos amigos, ella si lo llamaba por su nombre—. Te responderé todas las estúpidas preguntas que quieras— Vegeta hizo una pausa—. Bueno, no todas, también dependerá de tus interrogatorios. Y si resultas ser lo que yo espero, te las responderé con esa condición.

—Luego le platiqué sobre mi idea de crear una máquina del tiempo…

¿Sabes, Vegeta? Quiero continuar con lo que mi padre dejó de hacer, cuando se fue de este mundo. Me refiero a los inventos y a sus investigaciones.

Hazlo, mujer, nada te detiene.

Sí, lo sé, pero… tengo algunas ideas imposibles como…— Bulma dudó en decirle, pero quería compartir ese gran sueño con él—: Una máquina del tiempo— dijo ella un poco sonrojada. Vegeta esbozó una sonrisa irónica, pero a su vez, llena de esperanza—. ¿Te imaginas? Viajar por dimensiones futuras…

Sí que suena como algo…. imposible— opinó él sin borrar la sonrisa de su rostro.

Mmm sí, lo sé—Bulma se escuchó muy desanimada.

Si en verdad lo deseas y lo quieres, podrás hacer eso y más— habló Vegeta con voz imparcial, se escuchaba seguridad y determinación en sus palabras—. ¡Querer es poder, Bulma! Nunca olvides eso.

—A los pocos días después, volvimos a jugar al juego de las preguntas y él… ¡No puede ser!exclamó Bulma, su corazón latiéndole con fuerza.

—Dimedemandó saber Gokú.

Vegeta —el aludido solo gruñó como respuesta a su llamado—, hay que jugar.

¿Jugar? —preguntó él, sin evitar poner un semblante sorpresivo en su rostro.

Sí, el juego de las preguntas— respondió Bulma, con ojos brillantes.

Vegeta todavía estaba sorprendido y, ligeramente confundido.

Mujer, no tiene caso jugar a eso. Conozco todo de ti y tú conoces todo de mí. ¿Qué nos podríamos preguntar?

Bulma frunció el ceño y cruzó sus brazos. Parecía tener un aire de estar molesta.

No creo que conozca todo de ti —susurró ella.

No tenía la intención de decirlo con voz audible, pero ya era demasiado tarde, Vegeta la había escuchado perfectamente.

Está bien, mujer. Pregunta.

Yo…

No sabía que decir. Lo cierto era que sí conocía perfectamente a Vegeta, lo que ella ignoraba era la historia general sobre la familia Ouiji. Se mordió el labio inferior mientras inconscientemente jugueteaba la cadena con sus dedos. Miró al frente, y de vez en cuando miraba de soslayo al muchacho.

¿Recuerdas la condición?— preguntó Vegeta de repente, aún con la vista puesta sobre la carretera.

Bulma rió ¡Claro qué la recordaba! ¿Cómo olvidar esos primeros días que pasaron juntos?

Y yo te pregunto: ¿ya soy todo lo que esperas de mí?— remató ella con una sonrisa socarrona.

Que astuta —respondió Vegeta. Luego, clavó sus ojos negros a los azules de ella—. Sí, ya lo eres.

—Así es, él esperaba que fueras su esperanza.

—Depositó su fe en mísusurró Bulma, sintiendo su garganta seca. Esto me hace sentir muy decepcionada de mí mismalloró la chica, desconsolada.

Gokú, al borde del pánico, se apresuró a decir:

—No, por favor. Vegeta no quería que te sintieras de esa formadijo Gokú con ternura, experimentando culpabilidad. ¿Acaso no dijiste que tenías una máquina del tiempo que terminar? Él sigue esperándote.

Bulma levantó la cabeza de golpe, ¿cómo sabía Gokú de la máquina del tiempo? Entonces recordó que había revelado su invento frente a la tumba de su amado estando Son cerca de ella; además, no olvidaba cuando el despistado de su amigo había ido al departamento por ella y éste entró a su cuarto de inventos viendo y asombrándose por la máquina. Respiró profundamente para tranquilizarse, relajando sus músculos.

—Continua.

Sentí el viaje más corto—confesó Gokú al entrar a la residencia Ouiji. Otro fin de semana que pasaba en la capital del oeste—. ¿Tu madre no está? —preguntó, dejando sus maletas cerca de las escaleras, para luego ir a la cocina seguido de Vegeta.

Casi no está en la casa. Ya te imaginarás donde estará—contestó Ouiji, encogiéndose de hombros.

Gokú si lo comprendió, Mei casi no estaba con Vegeta —irónicamente—, por él. Ella seguía buscando la cura hasta debajo de las piedras. Sin adentrarse más al tema del que ambos odiaban, continuaron actuando como si nada.

¿No hay nada de comer? —preguntó Gokú con los intestinos rugiendo, buscando en la alacena comida enlatada.

En el refrigerador hay arroz.

Gokú cruzó la cocina como una bala, abriendo el refrigerador y sacando un traste lleno de "yakimeshi", se acercó a la mesa y empezó a engullirlo sin la necesidad de usar cubiertos.

Rico—dijo Gokú feliz después de darle la primera probada.

Vegeta lo miró con asco, no comprendía el porqué su amigo comía con las manos; ¡ni siquiera se las lavó! ¡Qué repugnancia! Aunque, viniendo de Gokú eso ya era algo normal de ver. Posteriormente y sin previo aviso, confesó:

Fui a visitar a mi padre—dijo sin más.

Gokú comenzó a atragantarse con el arroz, que requirió que Ouiji le diera unos golpes "leves" en la espalda.

¿Qué? ¿Cuándo? —farfulló Gokú una vez recuperado. Se había quedado boquiabierto.

Vegeta no respondió en seguida, antes esperó que su amigo bebiera un vaso de agua para evitar que se ahogara.

¿Recuerdas cuando los sorprendí al llegar al ciber-café? —preguntó Ouiji, observando las expresiones de Son.

Gokú hizo una rápida rememorización de aquel día. Hasta que al fin lo recordó.

Ya veo, ¿y qué pasó?

A Vegeta le vinieron tantas cosas en la cabeza: su pelea con Bulma, cuando estuvo cara a cara con su padre, el momento que escuchó la voz de éste, los reclamos que le soltó, la despedida definitiva y su regreso a la capital del oeste reconciliándose con su mujer.

Solo le solté en la cara la muerte de Tarble. No sé porque lo hice, solo fui y exploté—contó Vegeta, imperturbable.

Gokú no salía de su asombro.

Lo entiendo, necesitabas desahogarte. Estuvo bien que lo vieras, y ¿piensas volver a…?

No—interrumpió Vegeta tajante—, esa fue la última vez que piso ese lugar y le miro los ojos a mi padre—sentenció.

¿Cómo vas con Bulma? —Gokú optó por cambiar de tema.

Vegeta sonrió al oír el nombre de su mujer, conmemorando por siempre esa ocasión en la playa junto a ella.

Me confesó que me ama—dijo Ouiji sin ninguna vacilación.

Gokú abrió los ojos como platos y su mandíbula se desencajó, estaba muy anonadado.

¿En serio? Ella sí que es valiente, pobrecita—suspiró Gokú tranquilamente—. ¿Y tú la amas?

Vegeta desvió la mirada, no estaba preparado para responder aquella pregunta. Sus mejillas se ruborizaron a tal punto que el color rojo le llegó hasta las orejas.

Hmp.

Si ella está enamorada de ti, lo mejor será que le digas tu situación. Sufrirá más si se entera de tu secreto cuando te vea dentro de un ataúd—el consejo de Gokú era razonable, pero Vegeta era demasiado orgulloso para darle la razón.

Sin más, Ouiji chasqueó la lengua, echando una mirada de irritación a Gokú.

Lavas ese traste—le ordenó, saliendo de la cocina.

—Vegeta no era de palabras, pero a pesar de eso yo ya sabía que se estaba enamorando de ti; aunque él no lo aceptaba desde el principio. Recuerdo cuando ustedes tenían que regresar a la capital del oeste, porque habían ido a mi casa después de pasar la noche ahí, ¿lo recuerdas?

—Sí, yo estaba dentro del auto de Vegeta. Mei se estaba despidiendo de Gine y ustedes estaban sentados en el pórtico de tu casa platicando. Supuse que le estabas contando a Vegeta nuestra platica del día anterioradmitió Bulma sin importancia.

—No le conté nada de eso, solo me disculpé con él por los comentarios fuera de lugar que dije sobre su relacióndijo Gokú muy apenado. En pocas semanas me volví a reunir con él en una cafetería. Vegeta hizo que tú y tu mamá regresaran a corporación cápsula.

—¿Qué?Bulma no cabía de su asombro, de cuantas cosas se había enterado ese día, y lo que le esperaba todavía. Vegeta no tuvo un sólo secreto, sino varios.

—No sé muy bien como estuvo ese asunto de tu empresa, eso te lo tendrá que platicar mi papádijo Gokú, muerto de vergüenza por su indiscreción.

—Ten por seguro que hablaré con tu padrearremetió Bulma con fiereza. Ahora dime, ¿cuál era el consejo que le dabas a Vegeta? Creo saber cuál es, pero aun así dímelo.

—Era: Díselo, Vegeta. No pierdes nadarecitó Gokú.

—Por eso se golpearon, ¿no? Milk los vio.

—Sí, ese mismo día perdí a mi abuelito.

Hola, Vegeta—saludó Gokú, levantando la mano y sonriendo de oreja a oreja.

Vegeta de mala gana lo dejó pasar a su casa.

¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar acompañando a tu abuelo? —le preguntó a su amigo, sin prever que no había cerrado muy bien la puerta. Ambos muchachos se adentraron en la sala.

Bueno, mi madre está con él—dijo Gokú, cuando notó que Ouiji no tenía ninguna intención de sentarse, él tampoco lo hizo—. Además me quedé de ver hoy con Milk, le dije que nos viéramos aquí, en tu casa. Espero que no te moleste— Vegeta gruñó—. Antes de que ella llegue quiero hablar contigo sobre… Bulma.

Oh, oh, eso no presagiaba nada bueno.

¿Qué pasa con ella? —preguntó Vegeta como si no le importara el tema principal. Se recargó en la pared cruzado de brazos, esperando ansioso.

Gokú se aclaró la garganta.

¿Ya reconsideraste… —comenzó a dudar, así que tuvo que darse valor— en decirle sobre "ese secreto"?

¿Secreto? ¿Llamas a mí "situación": secreto? —Vegeta echaba chispas por los ojos.

Fue tu idea—le recordó Son tranquilamente—. Vegeta, tú… bueno… te vas a…

Dilo, Kakaroto, dilo. Voy a morir pronto ¿qué más? —lo retó, intimidándolo con la mirada.

¿En serio no se lo piensas decir? —preguntó Gokú, incrédulo.

No—respondió, harto de que le pregunten lo mismo—. Tú se lo dirás… cuando llegue el momento. Promételo—exigió Ouiji.

Gokú suspiró, no le quedaba de otra que asentir.

Sí, claro lo prometo. Aunque no creo que yo sea el indicado, Vegeta—opinó—. Sigo insistiendo… ¡díselo!

¡¿Para qué?!

Cuando vea tu cadáver… ella… si no se lo dices ahora…—Gokú estaba muy en desacuerdo con su amigo, y eso se hacía evidente en la dicción suplicante con la que hablaba—. ¿Cómo crees que reaccione cuando te vea en un ataúd, todo pálido, y… y…? ¡Le caerá como una bomba atómica!... La matará, Vegeta.

No tiene caso que se lo diga ahora, insecto—arremetió Vegeta desviando la mirada—. Está feliz y así quiero que esté.

¡Y cuando el tiempo acabe para ti, será infeliz!

¡Exacto, Kakaroto! —bramó Vegeta, y sus cejas decayeron a un gesto de infelicidad—. Si se lo digo ahora, será desdichada a partir de hoy ¡¿Para qué quieres que le diga que ya me voy a morir?! ¡Para que sufra a partir de ahora! ¡Para que me vea con dolor, pena… lástima!

Ella no…

¡Tú no sabes nada! —farfulló Vegeta alzando la voz—. ¡YA DEJA DE METERTE EN MIS DECISIONES! ¡EN MI VIDA!

Eres mi mejor amigo, Vegeta—le dijo Gokú con orgullo—, eres como mi hermano—quiso hacerlo entrar en razón—. Escúchame, será un duro golpe para ella…

¡Basta! Lárgate de mi casa, si no quieres que te saque a golpes.

¿Podrás? — lo retó Gokú. Sabía que con eso había llegado demasiado lejos, pero su amigo necesitaba "el desahogo". Si no sería con palabras entonces sería físicamente—. Si te hace sentir "mejor" adelante. ¡Golpéame! ¡Vamos!

No me tientes, Kakaroto—gruñó Ouiji con voz fría y potente, arrastrando las palabras con sinuosidad—, me conoces muy bien y no soy nada flexible como tú, gusano.

Entonces ¿qué te detiene, Vegeta? Acaso eres… — no terminó de hablar porque Vegeta lo golpeó en el rostro. Gokú sintió un hilo de sangre bajando por la comisura del labio, miró a su amigo como retándolo—. ¿Eso es todo?

Otro puñetazo. Gokú, instintivamente le regresó el golpe a Vegeta. Su idea era que su amigo se desahogara golpeándolo, no que también el participara en los golpes.

Vegeta, yo…— Gokú trato de disculparse, pero Vegeta lo empujó hacia un sillón próximo. El joven Son perdió el equilibrio y cayó al piso. Vegeta se lanzó encima de él y con sus ambas manos tomó el cuello de Gokú. Éste trató de zafarse, ambos chicos se detuvieron en cuanto escucharon una voz femenina.

¡¿Qué demonios les pasa?! ¡Gokú! — Milk, histérica. Se acercó a su chico, empujando a Vegeta en el acto—. ¡Aléjate de él!

Gokú se puso de pie con la ayuda de Milk, luego miró a su amigo. Éste respiraba con dificultad y también se ponía de pie, pero con la ayuda del respaldo del sillón.

Vegeta observaba a la pareja con odio intenso, Gokú le sostuvo la mirada.

¿Desde en qué momento estas aquí? — preguntó reclamante el joven Ouiji mirando a la morena.

Milk lo miró con cara de pocos amigos, pero aun así le respondió.

Lo suficiente para escuchar… —Vegeta la tomó por los hombros—. ¡Mono asqueroso! ¡Suéltame!

¡¿Escuchar qué?! — la zarandeó. Milk trató de alejar al chico de un empujón.

¡Suéltala! — le gritó Gokú. El joven Ouiji lo fulminó con la mirada, aun así, soltó a la muchacha—. Milk, vámonos.

¡No, esta vez no! ¿Eso es todo lo que le vas a decir? ¡Es el colmo contigo! — Milk estaba tan furiosa como Vegeta. Ambos estaban pálidos, respiraban entrecortadamente, en sus ojos parecían salir chispas y sus puños ejercían mucha presión. Gokú, por primera vez, sintió miedo desde que llegó a la casa de su amigo.

Kakaroto, llévate a tu…

¡Aún no hemos terminado! — lo interrumpió Milk. Vegeta gruñó—. Gokú, éste "amigo" tuyo ¡Me faltó el respeto! ¡¿No le vas a decir nada?!

Milk, ¿qué tanto escuchaste? —le preguntó Gokú con ternura—. Escúchame, nadie tiene que saber de lo que hablamos Vegeta y yo —le terminó de explicar.

Ese grosero estaba gritando que no te metieras en sus decisiones—respondió Milk, molesta.

Gokú y Vegeta suspiraron aliviados.

¿Hasta ahí escuchaste? —la chica asintió—. Bien.

Mujer—llamó Vegeta a Milk, quien tembló intimidada—, una palabra de esto y me valdrá una mierda si eres la novia de este insecto.

No era necesaria esa amenaza, Vegeta—habló Gokú fríamente, fulminando a su amigo con la mirada—. Además no permitiría que le pongas una mano encima a Milk—esto último lo dijo tomando con posesión la cintura de la morena.

Vegeta dibujó una sonrisa burlona en su golpeado y amoratado rostro. Se hizo a un lado para que la pareja pudiera salir. Gokú iba a decir algo más, pero Ouiji no lo dejó.

¡Hmp! Solo lárguense.

—Al día siguiente de eso, hablé por teléfono con él para darle la noticia del fallecimiento de mi abuelito.

—¿Cómo lo tomó él?

—Normal, eso creo. No vi su expresión.

Bulma se sintió muy avergonzada, había olvidado que Vegeta se enteró de la muerte de Gohan por medio de una llamada hecha por Gokú.

—Cierto, perdón.

Gokú no tenía nada que perdonar, sin embargo no vio la necesidad de decirlo en voz alta.

—Me dijo también que iría a mi casa para quedarse a dormir.

—Sí, me lo comentaste en el panteón—recordó Bulma aquel día—. Casi le rompo los tímpanos por mis gritos.

—Había olvidado eso—dijo Gokú, nostálgicamente—. Bulma, espero que no te enojes por lo que te voy a decir, pero Vegeta me contó sobre tu plan de construir una máquina del tiempo.

La ira se acrecentó ante la tristeza, Bulma frenó el impulso de llorar, los espasmos regresaron a ella como si la hubieran conectado desde una corriente eléctrica.

—Él me aseguró que no se lo iba a decir a nadiesollozó la ojiazul, quebrándose por dentro. Le dolía tanto que Vegeta no pudo mantener su palabra respecto a no revelar nada de la máquina del tiempo.

Gokú se apresuró a defender a su amigo.

—Tal vez no pudo contener su emoción y por eso me lo dijo. Eso a principios de septiembre si mal no recuerdo.

¡¿Por qué no puedo ir?! —preguntó Milk, con los puños en alto dirigiéndolos a la cabeza del pobre de Gokú.

Ya te lo dije— respondió el amolado chico—, solo iremos puros hombres.

Bulma decidió salvar a su amigo.

¡Hola, muchachos!

¡Bulma! —saludaron al unísono.

Ya estábamos por llegar a la casa de Vegeta, que por cierto, ¿en dónde está él? —preguntó Gokú, al notar que su amigo no estaba por ninguna parte.

Se adelantó —respondió la ojiazul al ver que el auto ya no estaba.

Bien, yo también me adelanto —se apresuró a decir Gokú, y se fue corriendo hasta la residencia Ouiji. Esperó que este último estacionara el auto para sentarse ambos en el pórtico.

Kakaroto, ¿dónde está Bulma? —preguntó Vegeta al bajarse del auto.

Ahí viene con Milk—señaló Gokú con un gesto de cabeza. Caminó a lado de Vegeta en dirección a la residencia Ouiji, donde ambos se sentaron en las escaleras del pórtico—. ¿Estás emocionado por lo del campamento?

Por supuesto—admitió Vegeta, mostrando una sonrisa presuntuosa—, pero hay otro motivo por lo cual estarlo mucho más.

¿Cómo cual? —preguntó Gokú, alzando las cejas.

Vegeta vigiló muy de cerca a las muchachas, quienes platicaban muy a gusto del otro lado de la calle. Regresó su atención a Gokú que parecía ansioso.

El plan de Bulma coincide con mi idea sarcástica—dijo Vegeta en un teatral suspenso, por su vibrante voz pareció que se moría por revelar aquello—. Ella está pensando en crear una máquina del tiempo, ¿sabes eso lo qué significa? —preguntó, sin ocultar su desbordante emoción.

El pobre de Gokú a veces era de muy lento entendimiento, parecía muy confundido.

Emm más o menos. Te va a curar, ¿no? —interpeló Son rascándose la barbilla en señal de desconcierto.

Vegeta rodó los ojos, le entró unas tremendas ganas de golpear a su amigo.

Eres un idiota, pero sí. Ella me conseguirá la cura—dijo Vegeta con suma seguridad—. No comentes nada sobre la máquina del tiempo frente a ella—advirtió, con un matiz de pena, aunque pudo disimularlo bien.

¿Por qué no?

Solo no lo hagas—zanjó Ouiji tajante.

¿Y ya la está construyendo? —cuestionó Gokú, muerto por la curiosidad.

Vegeta se encogió de hombros.

No lo sé. No le he preguntado, pero vi mucha determinación en ella cuando me dijo que quería trabajar cuanto antes ese invento.

Gokú chasqueó la lengua.

Por el favor que Bulma te está haciendo (sin saber que es un favor), deberías aceptar ser su novio—aconsejó Gokú, palmeando amistosamente las costillas de Vegeta.

En cambio Ouiji se alejó un poco de Gokú, mirándolo por el rabillo del ojo.

No habría ningún problema si no me estuviera muriendo—espetó con rudeza.

Pero si ya te acostaste con ella—dijo Gokú sin ningún pudor, tan inocente sinvergüenza como siempre.

¡Eso no lo sabes! —chilló Vegeta, rojo como un tomate.

Gokú rió, sin mostrarse avergonzado.

Milk me dijo que Bulma le dijo que tú fuiste el primero—Vegeta, muy ruborizado, parecía exigirle una explicación a Gokú—. Entre chicas se cuentan todo. Bulma te ama bastante.

En ese momento Vegeta se quedó muy embelesado, mirando a la nada, como si su esencia estuviera en otro lugar que no fuera en el pórtico. Sus ojos de pronto se desviaron a Bulma, emprendiendo a un viaje universal muy dentro de su mente; todo era tan perfecto en aquella inventada dimensión. Era increíble lo que ella había logrado en él.

La odio—susurró Vegeta, absorto de todo a su alrededor. Hasta de Gokú que ahora lo contemplaba sin comprender—. La odio por hacerme sentir lo mismo que ella siente por mí.

—Lo que dijiste en lo último… esa frase…

Gokú se alarmó al ver a su amiga que empezaba a llorar.

—Si te dolió discúlpame, pero eso fue lo que me dijo, o lo que él se dijo. Parecía ensimismado.

¿Qué es lo que me oculta Vegeta, Gokú? por favor, dímelo—pidió Bulma frunciendo la frente.

Él nunca quiso lastimarte. Me dijo que te odiaba.

A Bulma le dio un vuelco en el corazón, sintió que se le escapaba el aire, como si le hubieran dado una patada en el estómago.

¿Cuándo te dijo eso? —susurró con voz ronca.

Un día antes del… campamento… ¿Lo recuerdas?

Bulma hizo un gran esfuerzo por recordar ese momento. Pequeños fragmentos iban y venían en su mente: ella y Vegeta haciendo el amor, tratando de convencerlo de que la llevara al campamento, el mal presentimiento que la embargó ese día, su plática con Milk mientras que… Gokú y Vegeta conversaban seriamente sentados en el pórtico.

Ya lo recordé—masculló como para sí.

Te odiaba por hacerle sentir lo mismo que tú sientes por él—recitó Gokú sonriendo de lado.

Bulma se quedó de piedra ante esa declaración.

—Cuéntame másle exigió Bulma, limpiándose sus lágrimas.

Son se sorprendió ante ese cambio repentino de emociones por parte de su amiga.

—Lo que sigue no te va a gustarle previno Gokú.

Bulma puso mala cara.

—¿Por qué?demandó la ojiazul.

A Gokú no le quedó más remedio.

—Zangya fue a la casa de Vegeta para amenazarlo con unos expedientes cuyo contenido divulgaba cosas de su pasado y de su enfermedadsoltó Gokú de sopetón, observando la reacción de su amiga quien se quedó boquiabierta y con los ojos desorbitados. Su plan era convencer a Vegeta de darle su apellido al bebé con la amenaza de entregarte esos expedientes.

—Yo no sé, que decirfarfulló la muchacha.

—Pero al final logramos desenmascararla. El padre fue encontrado, se trataba de un tal Toro Putiya.

—¿Toru Furuya? ¿El profesor de cálculo? preguntó Bulma anonadada. Gokú asintió en respuesta. Parece ser que también tendré que hablar con Zangya seriamentegruñó la ojiazul por lo bajo.

—Sí, hazloalentó Gokú. Tomó aire para continuar con su narración. Luego de eso pasó lo del campamento, recuerdo que Vegeta estaba feliz porque Mei le había dicho que la cura era un hecho. Le comenté que era momento para que te dijera a ti lo de su situación. Se puso como loco diciéndome que no te diría nada, le pregunté si se arrepentía de aceptar tu propuesta de amistad sabiendo que a él le quedaba pocos meses de vida. Su respuesta fue un no tajante y yo le respondí que eso era egoísta.

—Eso último lo escuchéconfesó la ojiazul apenada.

—¡Es cierto! Ya recuerdo que ustedes se habían colado en la camioneta de Nappa.

—¿Qué pasó en el bosque montañoso?preguntó Bulma, regresando a lo importante.

Gokú se puso serio.

—Mei me llamó, ustedes dos se habían desaparecido por unas largas horasterminó diciendo Gokú con voz picara.

—Estábamos admirando el paisajemintió Bulma, roja como un tomate.

—Y yo pensando en otra cosaadmitió Gokú inocentemente—. Bueno, Mei me llamó para decirme que la cura era una falsa alarma. Eso me hizo sentir mal, mi amigo estaba muy emocionado; fue un duro golpe cuando se lo dije.

—Ahora entiendo su decisión tan repentina de alejarse de mídijo Bulma como para sí, recuperando su característico color.

—Me metiste en problemasla regañó Gokú.

Bulma parecía realmente confundida.

—¿De qué hablas?

—Pues que…

Kakaroto— escuchó que lo llamaban con una voz plácida.

Gokú no se inmutó, se dio media vuelta para encontrarse a su amigo recargado en la pared; no le extrañó que él no estuviera con Bulma.

Vegeta, ¿te ocurre algo?

Ouiji caminó en dirección a Gokú y sin más demora le preguntó:

¿Qué le has estado contando a Bulma?

Gokú lo miró sin comprender.

No sé de qué me estás hablando.

Vegeta lo empujó bruscamente contra la pared. Lo tomó por los hombros y presionó el agarre.

Escúchame muy bien, estúpido—gruñó—: si sigues abriendo el hocico para divulgar MI vida, te vas a arrepentir. ¡Ya me cansé de tu idiotez, maldito insecto!

De verdad no sé de qué me estás hablando. Yo no he dicho nada—aclaró Gokú sin alterarse de las ofensas de Ouiji.

La paciencia de Vegeta se fue al diablo.

¡Ella me lo preguntó, idiota!

Escucha, Vegeta—le pidió Gokú con serenidad y sin dejar de ver esos ojos enfurecidos inyectados de sangre —, eres mi mejor amigo y todo eso, pero…

¡Cállate y escúchame a mí! Te lo preguntaré una vez más ¡¿Qué le has dicho a Bulma?!

Gokú seguía sin comprender la repentina furia de Vegeta. Trató de memorizar todos los momentos que había pasado junto con Bulma, tal vez eso le ayudaría a entender las exigencias de su amigo.

«

¿De qué quieres hablar?—preguntó Gokú, mientras se sentaba.

Es sobre Vegeta, háblame de él—demandó Bulma yendo directamente al grano.

El joven Son abrió los ojos como platos, se rascó la cabeza y con una expresión nerviosa le respondió en un balbuceo.

Ahhh si… no creo ayudarte mucho…

¡¿Por qué no?! ¡Eres su mejor amigo!—gritó Bulma, encolerizada.

Por eso—contestó Gokú, nervioso.

¿Qué?—preguntó confundida.

Míralo de esta forma, Bulma… si tú me dijeras un secreto, a ti no te gustaría que se lo dijera a alguien más, ¿verdad?

»

Gokú se regañó mentalmente. Si le había insinuado a Bulma sobre que Vegeta tenía un secreto.

»

Hubo un tiempo en que el señor Ouiji se enorgullecía de Vegeta. Como era su primogénito y además un… hombre, lo consideraba el hijo perfecto. Pero conforme pasaron los años, el señor Ouiji se enteró de algo que… bueno… ese "algo" hizo que se truncaran los planes que tenía pensado en depositar en el futuro de Vegeta.

Déjame adivinar, ese "algo" es el secreto.

Sip— respondió Gokú esbozando una sonrisa.

»

Gokú sonrió tontamente al recordar esos sucesos. Tenía que disculparse con Vegeta por su metedura de pata.

Lo lamen…

No pudo terminar en disculparse. El puño de Vegeta impactó contra su nariz. Desplomado en el suelo, se limpió la sangre con el dorso de su mano, a la vez que utilizaba su brazo para protegerse de los golpes. Con tal de alejarlo de él, liberó su pierna izquierda para patearlo en la boca del estómago. Funcionó. Gokú aprovechó el distanciamiento para levantarse, pero Vegeta fue más rápido y lo tomó por el tobillo haciendo que se volviera a desplomar.

La pelea se estaba saliendo de control. Ambos trataban de someterse alternativamente. Los insultos pasaron a subir de volumen, apagando la tranquilidad de la noche. Vegeta seguía encestándole puñetazos a Gokú, mientras que éste los esquivaba y le regresaba los golpes sin éxito. Estaban tan enfebrecidos que no escucharon los llamados de Bardock.

¡Kakaroto!, ¡Vegeta! —gritó Bardock acercándose al cuadro de discusión—. ¡Suéltalo! — le dijo a Ouiji al ver que éste estaba sobre su hijo estrujándole el cuello. Logró separarlos y los ayudó a ponerse de pie—. ¡¿Qué mierda les pasa?!

Ambos muchachos jadeaban; estaban despeinados, sudados y magullados. La peor parte se la llevó Gokú; que tenía toda la cara amoratada, una nariz torcida y el labio inferir partido. Mientras que Vegeta se encontraba ileso, sólo con la ropa rasgada y manchada con sangre ajena. Sabían perfectamente quién había detenido la pelea. Ambos jóvenes miraron a Bardock, y se dieron cuenta de la desnudez de éste; era evidente que lo habían interrumpido en el pleno acto sexual. Gokú se quitó su sudadera y se la ofreció a su padre para que se cubriera. Bardock la tomó entre avergonzado y molesto. El bullicio de la pelea fue tan fuerte que lo alarmó tanto que no le dio tiempo de ponerse, por lo menos, unos calzoncillos.

¡¿Hijo, estás bien?!

Los tres hombres voltearon hacia esa voz. Gokú y Vegeta abrieron sus ojos como platos, la mandíbula se les desencajó al ver a Gine vestida con un "baby doll" negro. Bardock se ruborizó por la falta de pudor de su mujer; le lanzó una mirada fulminante a los chicos, como desafiándolos a atreverse a ver a su esposa. Una actitud demasiada exagerada ya que el incesto no existía para ellos.

Gine se acercó a su ruborizado y amolado hijo para revisarlo cuidadosamente. En esos momentos le importaba más su Gokú que su desapercibida desnudez.

Vegeta hizo un mayor esfuerzo para evitar ver los atributos de Gine cuando ella pasó a su lado. Advirtió de soslayo la pequeña tanga negra que sobresalía a simple vista bajo la delgada tela transparente.

Yo me largo— balbuceó Ouiji queriendo alejarse de los exhibicionistas.

Quieto—le ordenó Bardock, mientras se enrollaba la sudadera alrededor de su cintura—, tú no irás a ningún lado.

¡Sí, claro! —se mofó Vegeta —. No eres mi padre, Bardock…

Gokú puso mucha atención a la conversación que estaba entablando su padre y su mejor amigo; entretanto, su madre seguía revisándolo con esmero.

Pero soy tu tutor y te ordeno que te quedes. Después hablaremos sobre tu castigo.

¡¿Es broma?! —rugió Vegeta amenazante—. No me quiero quedar acá, me voy a mi casa. Además, mi madre se pondrá loca si no llego a dormir...

No te preocupes por Mei, Gine la llamará y le dirá que tú te vas a quedar a dormir aquí.

Vegeta arrugó el entrecejo y fulminó a Bardock con la mirada. Mientras tanto…

Estoy bien, mamá — la tranquilizó Gokú con ternura, retirando las manos de ella de su rostro.

Gine asintió y besó la frente de su hijo, ante las miradas absortas de Ouiji y Son.

Vegeta—susurró Gine, acercándose a él para también auxiliarlo.

Estoy bien—le aseguró Vegeta, ruborizado.

¿Quieres que te prepare algo o…?

No, solo… solo… tú y Bardock pueden volver a… dormir— balbuceó entre abochornado e incómodo.

Gine no lo besó como a Gokú, pero le dio un confortable abrazo maternal. Ante esa acción, la mujer se percató de un desagradable hedor.

¿Qué es ese olor? ¡Apesta! —exclamó cubriéndose la nariz con ambas manos.

Bardock los miró con recelo, también se había dado cuenta de ello.

¿Estuvieron bebiendo alcohol? — demandó.

No, papá—respondió Gokú indignado—. Lo que pasó fue que Churai invitó a Bulma y a Milk al antro y… sólo fuimos por ellas. Ahora están durmiendo en su respectiva habitación.

Iré a verlas— dijo Gine, dirigiéndose primero a la habitación de Milk para después pasar a la de Bulma.

¿Dónde está tu hermano? —demandó Bardock dirigiéndose a su hijo.

El ingenuo de Gokú se puso un poco nervioso ante el interrogatorio de su padre.

Él se quedó en el antro.

Ese cabrón. Raditz ya me tiene harto—gruñó entre dientes.

Vegeta y Gokú aún seguían de pie, atentos, como si estuvieran esperando el típico sermón ostentoso. Bardock, al ver que seguían ahí, los corrió.

¡¿Qué esperan?! ¡Ya váyanse a dormir!

Gokú asintió despacio y giró sobre sus talones para dirigirse a su habitación, pero Vegeta no obedeció.

¿Qué castigo me vas a dictaminar? —preguntó Ouiji posicionándose frente a Bardock—. ¿Dejarme encerrado en mi habitación, prohibirme la televisión, el celular y las salidas? — se mofó.

Gokú detuvo lentamente su andar y se volteó para ver una nueva confrontación que no tardaría en desatarse. Estaba inquieto por ambos, era difícil especular quien saldría librado y quien saldría perdiendo. Tanto Vegeta y Bardock, tenían casi el mismo carácter orgulloso e impulsivo, una inteligencia astuta y calculadora, sumándole también la habilidad en ser muy mordaces y persistentes.

¿Eso es lo que quieres, verdad? — bramó Bardock entre dientes. Vegeta no respondió, torció los labios para formar una sonrisa despectiva; después, sus facciones comenzaron a endurecerse —. Esta vez no te saldrás con la tuya, chiquillo. Te excluyo de la presidencia permanentemente. A partir de ahora sólo obedecerás órdenes mías, ¿te quedó claro?

Gokú abrió y cerró la boca un par de veces, se había quedado sin habla; quería reclamarle a su padre sobre ese castigo injusto, ¡era demasiado! En cuanto a Vegeta, las palabras de Bardock se adentraban pausadamente a sus oídos, procesando su veredicto; eso era algo que no iba a permitir.

¡Tú no puedes hacer eso! — exclamó encolerizado; tenía su cuerpo tenso, el rostro pálido y los puños fuertemente apretados.

Oh, claro que puedo— respondió Bardock sin inmutarse.

¡¿Sólo por golpear merecidamente a tu hijo?! — gritó Vegeta en tono agresivo importándole una mierda su insolencia.

Bardock reaccionó a tiempo antes de cometer una estupidez contra el joven Ouiji. Vio a su risueña esposa salir de la habitación de Bulma, también pudo darse cuenta de la presencia de su hijo. Éste parecía igual de molesto que Vegeta.

Las chicas están bien—anunció Gine aliviada, la sonrisa se le borró de la cara al ver los semblantes airados de los tres hombres—. ¿Ocurre algo?

Bardock la tranquilizó diciéndole que todo estaba en orden, y le pidió que la esperara en la habitación, Gine asintió y les deseo "buenas noches" a los muchachos antes de irse. Al escuchar la puerta cerrarse, Bardock colocó una mano apaciguadora en el hombro de Ouiji, quien se la sacudió de inmediato; era imposible arreglar las cosas con el muchacho impulsivo y que no estaba en la disposición de querer escuchar y entender razones.

Si quieres desquitarte con algo, usa el saco de boxeo del cuarto piso. Usa guantes, no te vayas a lastimar—le aconsejó Bardock antes de marcharse a su habitación donde Gine lo esperaba.

En el pasillo solo se dispersaba un ambiente tétrico, sintiéndose la vergüenza y la indignación que dimanaban el cuerpo de cada uno de los chicos.

Vegeta, a pesar de tener un porte relajante, en su mente se disipaba un tumultuoso diluvio de pensamientos obscuros. Cabreado, derrotado, fatigado; consciente de que su conducta no había sido de lo más prudente al exigir una simple explicación, tenía el firme concepto que él no se merecía el castigo que Bardock le había decretado. Le costaba aceptar su derrota.

Gokú dio un suspiro, miró de reojo a Vegeta, luego caminó en dirección a él hasta posicionarse a su lado.

¿Vegeta? —musitó Gokú, nervioso; como no hubo respuesta decidió continuar hablando—. Oye, solo le dije a Bulma que…

¿Crees que yo lo considero como un secreto? ¿Crees que es algo de lo cual yo pueda alardear? —cuestionó Vegeta imperturbable, su voz era muy diferente a la usual.

Gokú sintió cómo los vellos de su nuca se erizaban al oír la fría y potente voz de su amigo, demasiado atemorizante para quién no lo conocía perfectamente como él. Las preguntas lo inmovilizaron por completo, su semblante delataba duda y confusión; pero Vegeta no parecía darse cuenta de ello. Pensó que lo más prudente era responderle.

No, pero…

Vegeta lo interrumpió.

Es cosa mía. No sé de donde mierda sacaste que… yo… eso… es mi "secreto".

Gokú atisbó por el rabillo del ojo a Vegeta, y le dio la impresión que estaba sonriendo, pero era una sonrisa abyecta, un aire perverso, más siniestro que una mirada de ira. Dedujo que su amigo se estaba volviendo loco por la falta de sueño, aun así quería que él aceptara su situación.

Muy pocos lo saben— susurró Gokú impertérrito.

¡Y qué! —exclamó Vegeta totalmente airado —. ¡Eso no te da el maldito derecho en decirle a todo el mundo que oculto algo! ¡MUCHO MENOS A ELLA! —bramó señalando la puerta de la habitación donde Bulma se encontraba durmiendo.

Tienes razón. Perdóname.

Vegeta bufó, riéndose de la patética disculpa de Gokú.

Me pides un imposible, insecto.

A estas alturas ya deberías dejar ese ridículo orgullo que te cargas—Gokú se maldijo mentalmente, se preparó para otra paliza, pero para su sorpresa vio a Vegeta marcharse en dirección contraria—. ¿A dónde vas?

Como no puedo golpearte teniendo a tus padres para defenderte, el saco de boxeo es la única opción que me queda.

Gokú estuvo observándolo, hasta que Vegeta subió las escaleras y él… desapareció de su vista.

—Ahora lo entiendo, ya lo estoy comprendiendohabló Bulma con voz ronca. Después de un mes de eso le mostré a Vegeta la máquina del tiemporecordó.

Gokú sonrió con tristeza.

—Estaba eufórico por tu invento, y deseoso de recuperarte. Con la fe puesta en ti se arriesgó, por eso aceptó la relación contigo.

Sí, por eso Vegeta le pidió que fuera su novia, y claro que no la tuvo fácil; le hirió el orgullo y eso era lo menos que se mereció.

—Turles regresógruñó Bulma, cambiando de tema.

—Sí, bueno, tú estuviste ahí. Ahora está pagando una larga condena por secuestro, extorción e intento de homicidio involuntario.

—El último cumpleaños de Vegetadijo Bulma mirando interrogativamente a Gokú.

—Sí, ahí hicimos las paces gracias a tiSon le sonrió a la ojiazul, gesto que no fue correspondido del mismo modo.

—¿Le fallé?preguntó Bulma, sin estar segura de saber la verdad. Estaba al borde de la desesperación.

Gokú anhelaba a abrazarla, intuyendo que eso era lo que ella necesitaba, pero se contuvo una y otra vez. Suspiró en desgana y dijo:

—No, él lo comprendió hasta el final.

Milk, ve a ver a Bulma. Yo tengo que ver a… mi padrele instó Gokú, encaminándola a los laboratorios.

Nos vemos en un ratodijo la morena, despidiéndose de su novio con un beso en la mejilla.

Gokú vio que la figura de Milk desaparecía en el umbral. Tomó el otro camino que lo llevaría a los elevadores. No esperó mucho porque una de las cabinas estaba abierta adentrándose en ella. Las puertas se cerraron y Gokú le marcó al elevador el piso más alto. Una vez a su destino, se topó a Lemlia (la secretaria personal de su padre), a quien la saludó con un gesto de cabeza. Caminó despreocupadamente hacia la oficina de Vegeta, lo contrario a lo que le había dicho a Milk ya que no quería que su novia le dijera a Bulma el verdadero motivo de su visita; por eso la piadosa mentira. Sin tocar la puerta, Gokú se adentró a la oficina de Ouiji. Sorpresivamente todo seguía igual, solo hubo un pequeño cambio que Son percibió de repente: un portarretratos que adornaba de luz la oficina. Gokú sonrió al ver esa fotografía donde se veía a Bulma y a Vegeta felices. Posteriormente su atención fue dirigida a la figura que se hallaba al otro extremo de la habitación, junto al ventanal. Gokú cerró la puerta detrás de él, carraspeando para anunciar su presencia.

En ese instante Vegeta sonrió a modo de ironía, sin despegar su vista del paisaje que le regalaba la capital del norte, la ciudad que lo vio nacer. Sinceramente no se esperaba la visita de Gokú, sin embargo no fue para nada importuna, era el momento para aclarar ciertas cosas.

Bulma no terminará la máquina a tiempo—reveló Ouiji rompiendo el silencio. Aunque no veía a Gokú, se podía imaginar la reacción de éste—. Debí haberlo adivinado, ella hizo su mejor esfuerzo. La verdad no la culpo, no tengo porqué hacerlo.

La medicina aún…—Gokú no pudo seguir, se imaginó lo que Vegeta habrá sentido al percatarse que Bulma no lo lograría a tiempo. Lo único que le reconfortaba a Son era que su amigo no culpaba de nada a Brief; sólo fue un error de cálculo.

Me dejará de surtir efecto en menos de dos mesesauguró Vegeta con una envidiable tranquilidad.

Gokú trató de contener la respiración, esa noticia le había caído como un relámpago del cielo.

Aún hay esperanza, tu madre está buscando la soluciónrecordó Gokú, llevando una mano nerviosamente a su cabeza.

Escuchó el suspiro extenuado lleno de irritación de Ouiji.

Ya me cansé en depositar falsas esperanzas a cada supuesta "solución" que se avecine.

Resiste, Vegetalo alentó Gokú. Su amigo no podía darse por vencido tan fácilmente.

Eso ya no depende de mí. Es mi cuerpo que se debilitaexpresó Vegeta con un hilo de voz, dándose media vuelta para ver a Gokú.

¿Te arrepientes?

Vegeta no hizo amago de su inteligencia para saber a qué se refería la pregunta de Gokú.

Nunca me arrepentiré el de conocer a Bulma—dijo Vegeta, seguro de sí mismo—. Tal vez estoy siendo egoísta, pero si tuviera que cambiar algo de mi pasado, sería nada.

Pero tú querías viajar al…

Solo deseaba ver a Tarble una vez más—confesó Vegeta sin importancia, acto seguido su ceño se endureció más—. Y darle un puñetazo a Turles. Ni hablar, supongo que serán ustedes dos que lo hagan.

Confía en nosotrossuplicó Gokú, transmitiendo seguridad con su persona.

No me equivoqué, con ninguno de los dos—confesó Ouiji, mostrando su característica soberbia—. ¿Irás a mi funeral?preguntó como si nada, mirando a Son a los ojos, esperando una respuesta negativa.

Sabes que noenfatizó Gokú, encogiéndose de hombros.

Vegeta suspiró aliviado, para luego decir:

Cuida mucho a Bulma, y cuando tengas la oportunidad cuéntale todo—a Gokú le dio risa que casi todo lo que Vegeta decía era como si fuera órdenes que acatar—. Le das esto, ella sabe qué hacer.

Gokú tomó el objeto que Vegeta le estaba dando, asintiendo solemnemente. Son la miró de cerca dándose cuenta que era una grabadora, una antigüedad. Se la guardó de pronto en el bolsillo de su chamarra.

Mañana nos vemos, tienes que estar descansado para un viaje tan largo. Estás muy delgado y un poco más pálidole sonrió Gokú a modo de burla.

Pero Vegeta no sonrió, parecía muy preocupado.

¿Crees qué ella me odie?preguntó Vegeta con el miedo reflejado en su semblante.

Gokú se sorprendió, eran raros los casos en que Vegeta mostraba tener miedo. Sabía perfectamente la referencia a esa pregunta.

No. Estará enojada y muy dolida, pero hiciste lo que creíste que era correcto. No soy quien para juzgarte; ni yo ni nadiedijo Gokú, transmitiéndole energías positivas a su mejor amigo; siempre con optimismo.

Vegeta sonrió, aunque un poco incomodo por lo que iba a decir a continuación:

Graciasexpresó Vegeta, sin titubeos; realmente se sentía muy agradecido con Son.

Gokú también rió, mostrando su pulgar arriba como una señal de que todo saldría bien.

—¿Bulma? —la llamó Gokú, al percatarse de la ausencia mental en los ojos de su amiga.

—¿Cuándo fue la última vez que lo viste? —preguntó Bulma, sin siquiera ver a Gokú.

—Tú estuviste ahí—le recordó Gokú, dolido por la indiferencia de ella—. Afuera de mi casa, en el pórtico.

—Ya veo.

—Antier murió, yo me enteré ayerconfesó Gokú de repente—. Fue poca gente a despedirlo: mis padres, Mei, Los Gasu y unos accionistas. Raditz y los demás se enteraron hoy, están muy desconcertadosdijo con tristeza. Eso fue todo, Bulma. Escucha yo…

—Vete, Gokú. Quiero estar sola—rogó Bulma, abrazando con más fuerza sus piernas.

Gokú se iba a negar, pero en ese instante una figura inesperada se adentró a la sala muy despampanante.

—¡Señora Brief! —exclamó Gokú, muy sorprendido. Bulma se enderezó de pronto, recargando su espalda en el sillón, igual de anonadada al ver a su feliz madre llegando de uno de sus viajes.

—¡Joven Gokú! ¡Qué sorpresa! —saludó Bunny, quitándose su sombrero de playa. Fue hacia su hija a quien le dio un beso en la coronilla y le sonrió—. Bulma, te traje unos regalitos de mis viajes. ¿Quieres verlos? ¿En dónde está el joven y apuesto Vegeta? También le traje regalos—habló tan deprisa, cruzando la mesita de centro para llegar a donde estaba Gokú.

—Mamá—comenzó a decir Bulma, la verdad era que no se sentía preparada para confirmar algo así; le faltaba valor—, Vegeta… él…

—¿Qué? ¿Vegeta qué cariño? —la alentó la señora Brief, dejando sus maletas cerca de Gokú, y sentándose a lado de él para saludarlo con un fuerte abrazo y un beso.

—Vegeta murió, señora—anunció Gokú, demasiado tranquilo a pesar de que dio una noticia de esa magnitud.

Bunny bajó sus brazos extendidos en cuanto oyó esa inesperada revelación. Miró a Bulma como si esperara que ella negara esa horripilante noticia, pero no hubo tal cosa. Sus ojos se aguadaron en ese instante, sin saber muy bien cómo procesar.

—No puede ser, pero ¿cómo? Creí que tardaría más en vivir. Él me dijo que había una posibilidad de una cura, ¿no? —preguntó Bunny a Gokú. Éste la miró con cierto pánico, para luego desviar su mirada a su amiga quien levantó la cabeza de golpe.

—¿Qué? ¿Qué dijiste, madre? —Bulma se mareó de un momento a otro, y por ese motivo no hizo acción de levantarse. No obstante, pudo llamar la atención de Bunny como si estuviera frente a ella.

—Oh bueno, es que yo…—parloteó la señora Brief, entristecida por la noticia y temerosa por las represalias que pudiera cometer su hija en contra de ella.

—¡¿Tú sabías qué Vegeta estaba desahuciado?! —vociferó Bulma a voz de cuello, totalmente enfurecida. Las lágrimas de impotencia sucumbieron de sus hermosos zafiros.

—Lo qué pasó fue que…

—¡¿Por qué demonios no me lo dijiste, mamá?! ¿Cómo pudiste ocultarme algo tan grave? ¡¿Por qué?! —los gritos y los reclamos de Bulma eran tan duros de escuchar, que a Bunny le entraba unas enormes ansias de cubrirse los oídos.

—Cariño, lo que pasa es que el joven y apuesto Vegeta me pidió que no te lo dijera. Pero como no soy buena guardando secretos pues me invitó a varios viajes—Bunny sollozaba, la muerte de Ouiji no se la esperaba a pesar de que estuvo al tanto de la situación de éste.

—¿Qué? —musitó Bulma perpleja, se mantuvo sentada en el sillón, temiendo cometer una estupidez.

—Era muy considerado—dijo Bunny, recordando los cheques que le daba Ouiji cada fin de mes.

—Cuéntame, mamá, cuéntamelo todo y no vayas a mentirme. Porque si lo haces no volverás a saber nada más de mí y así te olvidas que tuviste una hija—amenazó Bulma, mirando con profundo odio a su propia madre.

—¡Cariño, por Dios! —exclamó la señora Brief sorprendida, tapándose la boca con la mano.

—¡Habla! —le exigió, golpeando la mesa de centro provocando un retumbar en los cristales.

Bunny y Gokú se miraron perplejos.

—Está bien, está bien. ¿Recuerdas aquella vez que peleábamos en la calle?

Ambas mujeres temblaron ante el recuerdo.

—Sí, no he olvidado tus humillaciones, mamá. Ese día me faltaste el respeto, ¡te atreviste a ponerme una mano encima! —le reclamó, su ceño visiblemente endurecido.

—Cariño, creí que me habías perdonado por eso.

—Después de eso vi a Vegeta y a Mei correr hacia nosotras—la interrumpió la ojiazul, temblando de ira.

—Cierto, recuerdo…

Bunny soltó a la chica de repente y a su vez le encestaba una fuerte cachetada haciéndola caer al piso.

¡Santos cielos!— exclamó Mei, anonadada.

Vegeta miró a su madre confundido, no se había dado cuenta que ya estaba enfrente de su casa, no se explicó por qué Mei se bajó rápidamente del carro yendo hacia la casa de Bulma. Vegeta igual lo hizo cuando observó que su mejor amiga estaba siendo maltratada por la señora Brief.

¡Ya no me lastimes!—suplicó Bulma empapada en lágrimas.

Bunny iba a volver a golpear a su hija, pero fue detenida por Mei. Vegeta llegó rápidamente a donde se encontraba su amiga, tirada a mitad de la calle.

¡Vegeta!—chilló Bulma, mientras lo abrazaba fuertemente.

¡¿No le da vergüenza golpear a su hija?!—le reclamó Mei a la otra mujer cuyo rencor se transmitió en su voz. Bunny se acobardó un poco ante tan intensa mirada intimidadora de la ojiverde.

¡Madre! Llévate a Bulma a la casa. Yo tengo que intercambiar ciertas palabras con… la señora—dijo Vegeta mirando a Bunny con molestia.

Mei iba a protestar, pero al observar que su hijo, con una determinación, se dirigía junto con la señora Brief al interior de la casa de ésta última.

—¿Qué te dijo? —Bulma echaba chispas por los ojos—. ¡Habla!

Bunny se sintió muy chiquita desde su lugar, en serio que ahora le temía a su propia hija. Así que se apresuró a decir:

—Entramos a la casa y…

¿Por qué llora, señora? —Vegeta no le importaba con quien se dirigía, su impetuosidad era evidente—. Usted no es la única que está sufriendo.

Bunny se hallaba sentada en uno de los sillones de la sala, sollozaba sin control, tenía el rostro tapado, pero a pesar de ello las lágrimas se notaban. Vegeta estaba de pie, cerca de la mujer, cruzado de brazos y mirándola con asco.

Joven, por favor—sollozó Bunny sin control—. Usted no sabe lo que es perder a alguien que…

Claro que lo séla interrumpió Vegeta. Y como Bulma también sé como sentirse culpable de algo.

Bunny se quitó las manos del rostro, desviando sus ojos en Vegeta.

Yo no sé a quien haya perdido, pero estoy segura de que no fue su culpa.

Que consideradaespetó el muchacho, sarcásticamente.

Bunny tragó saliva.

Bulma admitió hacerle algo a esa máquina rara. Me imagino que ella le habrá contado lo que pasó con mi esposo.

Vegeta dio un paso más al frente, sin cambiar su postura imperturbable.

Sí, me lo contó. Y lo que pasó fue un inesperado y desastroso accidente.

Bunny frunció el ceño, no parecía realmente coincidida.

Y cómo verá, joven, ella es la culpable de que mi esposo haya muertogimoteó Bunny, apretando los puños contra sus rodillas.

Fue un accidente—recalcó Vegeta sin perder la paciencia, refrendando el deseo de abofetear a la mujer—. A si que por eso la maltrata, la humilla y la aborrece, ¿por un maldito accidente?

Usted no lo entiende, joven—Bunny no tuvo compasión en recriminar a Bulma—. De solo verla recuerdo la muerte de mi marido, siento tanta rabia y yo... me nace el hacerle pagar por ese "accidente" (como usted dice), que ella ocasionó. ¡Se merece el trato que le doy!

A esas alturas la serenidad de Ouiji se fue al demonio.

Escuche muy bien, señora— los ojos de Vegeta parecían dos antorchas encendidas, Bunny temblaba ante tal mirada severa—: si vuelve a tratar a Bulma de esa manera, créamelo, me encargaré de que pase un verdadero infierno en vida.

Bunny se rebulló más en el sillón, acobardada.

¿Cómo puede defenderla?preguntó con voz trémula.

Vegeta suspiró, procurando en tranquilizarse, recuperando un poco de casi nula paciencia.

Le respondo con otra pregunta: ¿Cómo usted siendo la madre de Bulma puede maltratarla de esa manera? Su rabia no le deja ver más allá de lo que realmente pasó.

Bulma estaba ahí cuando la máquina…. esa, explotó—habló Bunny con voz cortada—. Ella me dijo que la había "arreglado". ¿Por qué entonces…?

¡Ya me tiene arto, señora!—gritó Vegeta perdiendo la poca paciencia que le quedaba—. ¡¿Cuántas veces le tengo que repetir que eso fue un maldito accidente?! ¡Bulma no tuvo nada que ver en eso! ¡¿Cómo es que su estúpido cerebro no pueda procesar que su hija sería incapaz de hacer algo así?! ¡Era su padre! ¡El hombre de su vida!

Bunny solo temblaba en el sillón, observando con sus ojos llorosos al joven que tenía frente suyo.

Yo… ya no sé qué hacer. Sé que Bulma podría hacerlo mejor que yo, pero…

¿Hacer qué? ¿De qué está hablando?interrumpió Vegeta, confundido por el giro que retomó la plática.

Manejar corporación cápsulaconfesó Bunny.

Dirigir una empresa no es nada fácil, lo sé mejor que nadie—habló Vegeta, con voz experta—. Sin embargo Bulma es una mujer muy inteligente, lo malo es que ella no está en condiciones para una responsabilidad de tal magnitud.

¿Qué clase de empresa dirige?preguntó Bunny, mostrando un altivo interés.

Dedicada a la bolsa de valores, y tal vez más delante de tecnología y sistemas.

Ya veo.

Vegeta pudo intuir la rareza que flotaba en el ambiente.

¿Qué insinúa, señora?preguntó Ouiji, perspicaz.

Bunny dudó un segundo en decir lo que su mente estaba considerando.

Necesito que…, no sé. Tal vez usted… ¿quiere mucho a mi hija?

Vegeta se sonrojó ante la inesperada interrogante.

Eso no viene ni al caso—gruñó Vegeta, cuyas mejillas estaban muy ruborizadas. Recuperó su gesto serio, y dijo—: Se lo pondré de esta forma: me molesta ver sufrir a Bulma. No soporto verla llorar y mucho menos que la maltraten.

Entonces hagamos un trato—dijo Bunny—. Lo necesito.

¿Quiere mi ayuda, señora?—preguntó Vegeta con burla.

Contraté a un… él está dirigiendo corporación a mi nombre… yo no puedo hacerlo—Bunny miraba suplicante al joven—. Le firmo una carta poder y le accedo la empresa de mi familia.

Vegeta no pudo evitar poner un semblante de sorpresa que en segundos después, la cambió por una de incredulidad.

¡Vaya, señora!—volvió a burlarse soltando una estruendosa carcajada—. ¿Está usted segura que quiere hacer eso? ¿Qué le garantiza que después no me quedaré con todo?

Bunny dudó por una fracción de segundos. Bajó la cabeza mientras analizaba la situación. Vegeta estaba de pie, frente a ella, con su típica pose de brazos cruzados. Esperaba ansioso la respuesta. Vio que la madre de su amiga volvía a poner sus ojos llorosos en dirección a los suyos.

Mi hija confía en usted—el joven Ouiji se sintió acorralado—y, yo también. Por favor, estoy desesperadaBunny se arrodilló, tomando a Vegeta de la camiseta.

Suélteme. Si quiere mi ayuda, quiero algo a cambiodijo Vegeta, ayudando a la mujer a levantarse del suelo.

En serio que no pensó que Bunny le iba dar poder absoluto de Corporación Cápsula, claro que con eso se iba por bien pagado. Sin embargo, deseaba que esa mujer cambiara su forma de ser con Bulma.

¿Lo qué quiera?Vegeta mostraba una sonrisa arrogante.

Bunny no pareció indecisa en ningún momento.

Vegeta no titubeó, fue directo al grano.

Deje de hacer sufrir a Bulma y hacerla parecer culpable de lo que pasó con la muerte de Briefremató.

Bunny lo miró sin comprender.

No sé lo que pasa, yo y mi niña nos llevábamos bien.

Es el síndrome adámicoexplicó Vegeta.

Bunny lo consideró por unos segundos.

Tal vez, cuando veo a Bulma me recuerda ese momento y me vuelvo loca.

Unas vacaciones le caería bien. Déjemelo a mi cuenta.

Sí, unas vacaciones en la playaopinó Bunny sin pena alguna.

Vegeta asintió satisfecho, lo mejor para Bulma sería alejarse de la loca de su madre. Además, Ouiji no quería arriesgarse a que esa mujer abriera la boca en referencia a Corporación Cápsula.

Por el momento quiero que haga las paces con Bulma y le pida perdóndijo Vegeta como si no quiere la cosa.

La sonrisa de Bunny se desvaneció, convirtiéndola en un gesto de incredulidad.

¿Ahora?preguntó la mujer algo temerosa de tener que enfrentar de nuevo a Bulma después de que la golpeó y la humilló en la calle.

Los ojos de Vegeta se volvieron de un carbón encendido, realmente no podía creer que existiera una persona tan estúpida en el mundo; ni Gokú era así.

¡No sea hipócrita! Hágalo cuando en verdad desea que Bulma le perdonereplicó Ouiji echa una furia, aprisionando a la mujer en el sillón, sujetándolo fuertemente de los antebrazos.

Quiero que todo vuelva como anteslloró Bunny desconsolada, tapándose de nuevo el rostro.

Vegeta se alejó de ella con repulsión.

Necesita con urgencia un psiquiatra—dictaminó Vegeta, quien se cruzó de brazos—. Le pediré a mi… doc-doctor personal que me dé el contacto de uno—dijo, costándole algo de trabajo pronunciar el nombre de esa profesión. Luego, de su cartera sacó una tarjetita personal y llena de datos, y se la tendió a la señora Brief—. Aquí tiene.

Gracias, jovendijo Bunny, guardando la tarjeta en su bolsa de mano.

Vegeta ya no se vio requerido en esa casa, así que se alistó para irse a la suya, no sin antes anunciar:

Entonces me encargaré de C.C. por usted. Llamaré a mi abogado para que haga los trámites correspondientes. No olvide la carta poderdictaminó el muchacho, notando repentinamente unas punzaditas en el pecho, pero optó por ignorarlas.

¿La empresa volverá a ser de nosotras?preguntó Bunny compungida, parecía muy confiada.

Vegeta esbozó una sonrisa macabra.

Veremos, cumpla con su parte del trato y… mierda.

Sin que nadie lo esperara, sin que nadie pudiera reaccionar a tiempo y sin que nadie lo frenara, Vegeta se había desplomado en el suelo.

¡Joven Vegeta!, ¿qué se…?a Bunny la acechaba los nervios. Se acercó al muchacho quien luchaba por respirar, se le veía pálido el rostro y su cuerpo comenzaba a convulsionarse.

Olvidé por completo administrarme mi medicamentosusurró Vegeta con voz débil, por fortuna su reacción fue rápida y sacó una pequeña jeringa del bolsillo de su pantalón, quitó la tapa con sus dientes e incrustó la aguja en su pecho.

Los segundos se acrecentaban muy lentamente.

Está pálido y tembloroso. Llamaré una ambulanciadijo Bunny, poniéndose de pie y yendo al teléfono.

¡Usted no hará eso!bramó Vegeta, aún en el suelo. Su respiración se neutralizaba, sin embargo se le dificultaba inhalar aire y las punzadas se intensificaban canalizándose en un dolor muy agudo.

Bunny, temblorosa, se detuvo a tiempo.

Está bien, está bien—Bunny buscó los ojos de Vegeta mientras sentía como era dominada por el pánico. ¡No sabía qué hacer!—. ¿Qué le pasó?preguntó preocupada, poniéndose frente a él en cuclillas.

Por fin su respiración se estaba normalizando, el peligro ya había pasado. Ahora solo maldecía por lo bajo al ser tan distraído y haber olvidado administrarse esa medicina; de no ser por su reacción ya estaría muerto.

No es nadarespondió Vegeta, sin hacer amago de levantarse.

Bulmarecordó Bunny de repente, su hija debía saber lo que había pasado.

Ahora el que estaba dominado por el pánico era Vegeta.

Ni se le ocurra decirle algo de lo que pasó a ella, ¿me oyó?exhortó a voz de cuello.

Bunny negó con la cabeza.

¿Usted está enfermo?preguntó con pena.

No es asunto suyoespetó Vegeta, fríamente.

Para Bulma sí lo es. ¿Por qué no puedo decirle nada? Es grave lo que tiene, ¿verdad?

No es tan tonta como penséVegeta soltó una desagradable risotada.

¿Disculpa? No lo oí—dijo Bunny un poco distraída. Vegeta rodó los ojos, tratando de erguirse—. No se puede levantar, le ayudo.

¡Suélteme!gritó Vegeta, alejando los brazos de Bunny de un manotazo.

Es usted muy orgulloso—observó Bunny, sin ofenderse del rechazo de Ouiji—. Me va a hacer llamar a su madre.

Vegeta no tenía tiempo de discutir, y mucho menos con una señora tan cabeza hueca como lo era Bunny Brief. Así que sin más, volvió a sacar un pequeño frasco del bolsillo de su pantalón y se la tendió a la mujer.

Bien, necesito que disuelva una pastilla de estas en agua tibiaexplicó Vegeta pronunciando muy lentamente las palabras, como si se lo ordenara a un niño de cinco años.

Bunny asintió, dirigiéndose a la cocina. Cuando regresó a la sala se le vio mucho más preocupada.

Aquí tiene, joven Vegeta.

Ouiji ni siquiera le agradeció, simplemente se llevó rápidamente el vaso a la boca, bebiéndosela como si no hubiera un mañana. El chico dejó el vaso vacío sobre una mesita, y en ese instante notó los intensos ojos de Bunny clavados en él.

¿Qué?le instó, incomodo por ser taladrado con la mirada a mucha intensidad.

Bunny tenía unas inmensas ganas de llorar. Una vez más estaba agachada frente a frente al muchacho.

Usted está muy mal, ¿verdad?

Vegeta era de un rápido entendimiento, comprendiendo perfectamente el cambio drástico de la mujer.

Investigó el nombre del medicamentono era una pregunta.

Bunny suspiró, derramando algunas lágrimas silenciosas.

Yo tenía una vecinita que murió de cáncer y… bueno, ella tomaba de ese medicamentoexplicó Bunny, regresándole el frasco a Vegeta. Éste se lo guardó rápidamente.

Otra vez maldiciéndose mentalmente. Lo que menos quería era que esa mujer supiera de su enfermedad. Ahora más que nunca debía darse prisa para sacarla de la ciudad, del país o del continente de ser necesario. Además Bulma no la extrañaría, él estaría con ella.

Yo no tengo cáncer, sin embargo estoy muy enfermodijo Vegeta, logrando ponerse de pie.

¿Qué tiene?preguntó Bunny, también incorporándose.

El silencio se hizo ominoso durante un rato mientras Vegeta estaba en trance; se sentía algo mareado.

Una enfermedad incurable al parecer. Tal vez en unos meses exista la cura, no lo sédijo Ouiji, encogiéndose de hombros.

Pero es tratable, ¿no?la voz de Bunny parecía esperanzada.

Estoy desahuciado, señorareveló Vegeta con extrema dureza, con la voz tan endeble como el cristal.

Bunny sollozó, aferrándose a los brazos de Ouiji y le dijo:

Tenga fe, usted no va a morir. Bulma lo necesita.

Vegeta se la quitó de encima, solo que esta vez fue lo más educado posible.

La necesita a usted, así que le exijo que la trate bienaseveró Ouiji bruscamente.

Lo haré, le doy mi palabrajuró la mujer.

Bien. También quiero que me dé su palabra en no decirle nada a Bulma de mi situacióneso se escuchó más como una advertencia que a una petición.

¿Habla de su enfermedad? —preguntó Bunny sin comprender el pedimento de Ouiji—. ¿Por qué no se lo dice?

Porque no y yalos ojos de Vegeta parecían como el interior de un pozo sin fin, fríos y negros.

Lo lamento, ¿ya se siente mejor?Bunny, sin mala intención, veía con pena a Vegeta.

Vegeta deseaba irse, odiaba que le tuvieran lástima.

Sí, la medicina surte efecto en pocos minutos. Iré a decirle a Bulma que usted quiere hablar con ella. Su padre murió hace unos meses, sigue destrozada pero se está recuperando. Si usted le dice sobre mi situación ella volverá a recaer y yo no quiero que eso pase. Me voydijo Vegeta pasando de largo a la señora Brief, yendo en dirección a la puerta para salir de allí cuanto antes.

Vegeta—el aludido miró por encima de su hombro, con la mano en el picaporte—, ¿hay algo que pueda hacer por ti?

El aludido gruñó. ¡Eso ya era demasiado repugnante!

No quiero su lástima, señora—espetó con rabia en la voz—. Cumpla con su parte del trato, y tenga esa carta poder lista… en tres días.

—Así que todos lo sabían excepto yo—a Bulma le temblaba el labio inferior, era increíble que las dos personas que amaba y que quedaban en este mundo, fueran capaces de ocultarle la situación de Vegeta.

—Te equivocas—se apresuró a decir Gokú—. Raditz y los demás no lo sabían.

—¡Sabes a qué me refiero! —dijo la ojiazul con fiereza—. Quiero estar sola. Déjenme—escupió llena de furia, a la vez que se levantaba del sillón.

—¡Bulma espera! —suplicó Gokú, queriendo ir detrás de ella.

Bulma no se detuvo, cruzó la sala, fulminando con la mirada a Gokú y a su madre; evidentemente molesta y traicionada. Corrió escaleras arriba. Necesitaba alejarse de ellos, de todo, de la realidad. Siguió corriendo hasta que llegó al resguardo de su habitación. Una vez adentro de su aposento, se encerró dando un estrepitoso portazo, recargando su espalda en la puerta. Dolía, dolía de verdad, su corazón fragmentado en mil pedazos. "Desconsolada", esa era la palabra que la describía en esos momentos. Sus orbes ardían, no quedándole opción que sus lágrimas salieran derramadas. Llevó una mano a su pecho, percibiendo de nuevo ese calvario que le partía el alma; el desgarre se intensificó haciéndose realmente falleciente, de pura agonía. Sus ojos —sin brillo, vacíos, desfallecidos—, se clavaron en algún punto de la habitación. Su cuerpo se mantuvo frío, había parecido una estatua de no ser por los temblores que suscitaba sus sollozos. Ese sentimiento no era nada parecido al que le embargó cuando su padre falleció. No existía culpa alguna, solo dolor y enojo. Frustración por no verlo venir, ira hacia todo a su alrededor y miedo al verse una vez más sola. Eran tantas conmiseraciones acumuladas en un solo corazón, que ella aguardaba explotar de un momento a otro. Su mente le mostraba imágenes de Vegeta desde la primera como la última vez que lo vio. Rememorando su voz, sus besos, sus abrazos, cuando hacían el amor, todos esos hermosos momentos, hasta los malos; estrenárnoslos a atesorarlos dentro de su ser.

—Vegeta, que haré sin ti—dijo Bulma a voz quebrada, como si comprendiera a fin que él se había ido para siempre.

¡Se había ido! Ya no le vería nunca más, ya no le abrazaría, ya no le besaría y decirle lo mucho que lo amaba. Ahora solo le quedaba hablarle a la nada, sin estar segura que Vegeta la escuchara donde sea que estuviera. ¿Por qué? ¡¿Por qué?!

—¡Vegeta! —gritó, con la garganta desgarrada. Anhelando que con decir el nombre de su amado, él regresara a ella, pero desgraciadamente su realidad era una crueldad...

…Ouiji se había ido para no volver nunca más, y Bulma aún se negaba aceptarlo, no podía… no quería aceptarlo. Una parte de ella había muerto, se había desconectado de la realidad, ignorando el pasar de las horas. Bulma se alejó de la puerta, caminando despacio hacia su cama. Era cuantiosa su pena que olvidó por completo su esperanza en la máquina del tiempo, y con ella su promesa. No tenía cabeza para nada, salvo el sólo llorar y subsistir su duelo.

—¡No, por favor, no! —bramó, expulsando la incertidumbre y la turbación acumulada—. ¡¿Por qué me has abandonado?! —el dolor que le prefijaba la hizo sentirse desamparada.

Otro grito, uno más y sus cuerdas vocales se paralizaron. Ya nada le importaba, siguió gritando, como si con eso le desapareciera el dolor en su corazón fragmentado. Oyó voces detrás de la puerta, ignorando las presencias de Gokú y Bunny que le esperaban afuera, perturbados y compartiendo su dolor.

Se detuvo a mitad de camino hacia su cama, un mareo la inundó, cayendo inesperadamente al suelo, sus rodillas amortiguando su caída. El impacto ni siquiera lo notó, tampoco cuando sus puños golpearon duramente el piso. Su impotencia se canalizó en rabia y tormento. De pronto, como un despertar, recordó lo que Vegeta le había dejado con Gokú. Nerviosa y con sus fuertes latidos taladrándole los oídos, sacó la grabadora del bolsillo de su overol. Bulma se arrastró hasta su cama, sin fuerzas que la impulsara a ponerse de pie, con la inseguridad de que sí se levantaba volvería a caer. Alcanzó una almohada y la abrazó necesitadamente. Sus manos sudorosas temblaban, aún sujetando la grabadora. Entonces la encendió y la voz de Vegeta fluyó tal cómo una nota musical —melódica—, directo a los oídos de Bulma…

Los ojos de la muchacha volvieron a anegarse de lágrimas. El mensaje de Vegeta le había dado la paz y la fuerza que precisaba desesperadamente; su corazón ensordeció de bonanza que sus dedos volvieron a presionar ese botón para revivir esas tres palabras que le había dedicado su amado. Una y otra vez reproducía ese mensaje. La esperanza afloró de nuevo en su interior, como un aliciente de que no era momento de lamentos y frustraciones. Bulma se sentía feliz, la frase de Vegeta la reconfortó. Su corazón fragmentado retornaba a sanarse, como si fuera de cristal y el mensaje de su amado funcionara como un imán que unía los pedazos de su órgano más vital.

—Vegeta, te amo—dijo Bulma, su dulce voz regresaba a ser la de antes. Ahora podía recordar su siguiente misión que le avecinaba.

«Esperanza»


N/A: ¡Dos más y se acaba esta historia! Espero de todo corazón no haber ofendido a nadie en este capítulo, hubo temas que abordé muy fuertes. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

¿Cuál creen que es el mensaje que dejó Vegeta a Bulma?

Confío en ti.

Estoy contigo, Bulma.

Querer es poder.

Te amo, Bulma.

Ansío pronto leer sus respuestas. Y disculpen por el largo del capítulo. Los que gustan pueden unirse a mi grupo de facebook: MackyMonFanfics :=) ¡Es gratis! xDD

Agradecida por sus reviews, me motivan a seguir escribiendo.

Au revoir :*

12/08/19

Acaban de leer un capítulo de 115 páginas en Word ;)