Note: Please, look at my profile for information on my stories. From now on, it will be used to give you news on the status of stories and, hopefully, to help me keep to more regular updates, which shouldn't be that hard with my track record...

Nota: Lo sé, seguramente no podéis creer lo que estáis leyendo. ¡Una actualización después de 4 años! Bueno, no quiero poner excusas ni aburriros, solo daros las gracias a todos los que aún seguís esta historia tras una espera tan larga y pediros que, por favor, miréis mi perfil (especialmente si seguís alguna otra de mis historias) si queréis algún tipo de información ya que a partir de ahora lo usaré para dar noticias sobre el estado de las historias y evitar así que parezcan abandonadas. Y, espero, mantener un calendario de actualizaciones más regular.

Me han llamado especialmente la atención dos cosas que habéis mencionado en vuestros comentarios (GalaxInfinity y shineevero): sí, la historia tiene lugar antes de la comunidad del anillo por lo que eso formará parte de la historia, de hecho estoy deseando llegar a ello; por otro lado, sé que la lealtad de los soldados de Gondor debería ser para con su senescal, y públicamente así es, pero parte de la idea de que Denethor no hizo nunca nada para ganarse la confianza del pueblo, es solo por su herencia, mientras que tanto Boromir como Faramir eran muy queridos porque lucharon junto a los suyos, conocían a su gente, y se ganaron su lealtad a base de cercanía en lugar de su sangre. Espero haberme explicado bien.

Gracias a todos los que habéis dejado un mensaje y me alegro de que os esté gustando la historia. Y, de verdad, lamento mucho el retraso, especialmente porque este capítulo lleva tiempo escrito y pensé que publicado. Quizá este capítulo no sea lo que esperabais, pero espero que tampoco resulte demasiado decepcionante.

Capítulo 5

La fiesta del solsticio de verano resultó ser diferente de cualquier otra a la que Harry hubiera asistido nunca.

La ciudad blanca se llenó de color y ruido; música y puestos de mercaderes viajeros daban una vida a las calles y plazas de la ciudad solo comparable con el barullo de los días de mercado.

Sorprendentemente, el solsticio de verano parecía ser uno de esos pocos festivales a los que acudían tanto los privilegiados como las gentes humildes de la ciudad.

No era difícil encontrar puestos con las más finas y delicadas telas junto a puestos de especias y manjares exóticos.

A pesar de ir acompañado de guardias, Boromir era un rostro conocido y amado en la ciudad y la gente se apartaba a su paso como si se tratase del mismo rey.

Afortunadamente, había demasiadas cosas nuevas que ver para que Harry notase cómo les seguían las miradas de la gente que murmuraban entre ellos sobre la belleza y porte del joven que al parecer había logrado atrapar y retener la atención de su apreciado príncipe.

Un osado vendedor se atrevió a acercarse a ellos con unas muestras de las joyas que vendía y los convenció de detenerse ante su puesto. No tardaron en continuar, pero ahora los demás vendedores se armaron de valor y los dos hombres se detuvieron ante varios puestos interesantes.

―Las prendas son de la mejor calidad que encontrareis, milores. ―aseguraba un mercader. ―Seda de los elfos de Mirkwood, pieles de Rohan, terciopelo de Rivendell… Los acabados de metal son hechos por las manos de enanos de las Colinas Grises. ¿Veis algo de vuestro agrado, milores? Cualquier prenda que deseéis estoy seguro de que la tendré.

Harry paseó sus ojos por los hermosos bordados de aquellas prendas. Todas eran hermosas… y caras. Algo que pocas personas en Gondor podrían permitirse.

― ¿Qué hay de vuestras capas? ―preguntó Boromir.

―De la mejor calidad que encontrará, milord, y para todas las ocasiones. De viaje, celebración, para uso diario...

―Enseñadme las mejores que tengáis

El mercador se apresuró a obedecer sin dudar un instante, comenzando a colocar las mejores capas sobre el resto de las prendas. Harry observó con curiosidad mientras Boromir paseaba la vista sobre ellas, deteniéndose en un par de ellas.

Una de ellas en especial pareció atraer su atención, para gran alegría del mercader.

― ¿Os gusta esa, milord? Sin duda tenéis un gusto excelente.

― ¿De qué está hecha? ―preguntó el hombre.

―Seda de Mirkwood, mi señor, la más resistente.

― ¿Y la piel?

―Lobos de -. Tocadla, mi señor. Es suave como el terciopelo. El cierre es de acero enano, grabado por sus mejores herreros. Materiales de la mejor calidad, se lo aseguro, mi señor.

Boromir asintió levemente, su mirada pensativa mientras acariciaba la prenda para comprobar las palabras del vendedor.

― ¿Qué opinas, Harry?

El joven lo miró con confusión antes de volver su mirada hacia la capa. Era una capa hermosa, sin duda. De un color verde que le recordó a las hojas del Bosque Prohibido, con los bordes cubiertos de una bonita piel blanca de aspecto cálido y con un cierre que simulaba la forma de una –

―Es hermosa, sin duda, pero… ―el mago dudó un momento antes de continuar. ―no parece algo que habría esperado que vistieras.

El mercader alternó la mirada entre ambos, nervioso y temeroso de perder tan fortuita venta, pero el gondoriano rio por lo bajo y sacudió la cabeza.

―Pruébatela.

― ¿Qué?

―Pruébatela. ―insistió el Hombre.

Ante la insistencia del vendedor y el gondoriano, Harry se probó la capa. Era cálida sin llegar a resultar asfixiante y muy suave. El cierre no era tan pesado como había esperado y descansaba por debajo de sus clavículas. La única verdadera pega era que le quedaba algo larga, obviamente pensada para alguien de mayor altura que él.

―Es algo larga para vos milord, pero eso tiene fácil arregló. Puedo tenerla lista en un par de horas.

Boromir solo necesitó verlo un segundo con la capa puesta para tomar una decisión.

―Nos la llevamos. ― Harry se giró abruptamente para mirarlo mientras el vendedor recogía la capa.

―Aún no os he dicho el precio, milord.

―No es necesario. Pasaremos a buscarla antes de regresar a palacio. ―decidió Boromir. ―Os pagaré entonces.

―Como deseéis, milord.

―Boromir…

―No escucharé una sola queja sobre el dinero. ―dijo el hombre dirigiéndole una mirada firme.

―Pero…

― ¿Acaso no te gusta? ―preguntó el hombre frunciendo el ceño.

―Por supuesto que me gusta, es muy hermosa, pero Boromir, solo el cierre debe costar más de…

―Sabes que puedo permitírmelo, Harry. ―viendo que el joven iba a protestar, el Hombre decidió que necesitaba un argumento mejor. ―Por favor, Harry, sabes que nada me provoca mayor placer que poder proveer para ti.

Harry lo miró con duda, pero los ojos del gondoriano eran firmes y sinceros.

El joven asintió levemente con la cabeza y una gran sonrisa iluminó el rostro de Boromir antes de que se volviera hacia el vendedor, quien los observaba con ávido interés.

―Volveremos más tarde a por la capa, si podéis tenerla lista.

―Por supuesto, mi señor. Estará lista cuando regreséis.

Tras su inesperada compra, la pareja continuó su camino, recorriendo el colorido mercado y deteniéndose de vez en cuando ante los puestos más prometedores.

Pasaron algún tiempo en las plazas, disfrutando de los espectáculos. Había elaborados teatros de marionetas para los niños, acróbatas y contorsionistas, bufones, poetas, bardos y falsos magos.

Uno de estos últimos lo notó observarlo e hizo aparecer una bonita flor en su siguiente truco, entregándosela con exagerada galantería.

Boromir lo observó aceptarla con una sonrisa indulgente, su brazo rodeando posesivamente su cintura. Eran muchos los que se detenían a admirar la belleza del joven, tanto para orgullo como frustración del guerrero.

La sonrisa del joven atrajo la atención de un bardo cercano, quien no dudo en cambiar el tono de sus canciones e improvisar algo con premura.

"Sus ojos verdes como tiernos brotes

Sus labios rosas como hermosas flores

Su tez pálida como la pureza

Y el cabello oscuro como la noche más bella"

Boromir notó el sonrojo de su ángel ante tales versos en su honor y rio por lo bajo, a lo que recibió una mirada de reproche.

"Un caballero como hubo pocos

Sus virtudes guarda y su belleza alaba

Mientras con envidia todos contemplan

Sus manos rozar la noche más bella"

Sus ojos se enternecieron ante la alusión a sí mismo mientras Harry alzaba la mirada hacia él con una pequeña sonrisa.

Ambos continuaron su camino, pero no tardaron en detenerse de nuevo al encontrarse con Faramir.

―Aquí estáis. ―los saludó el hermano de Boromir. ―Pensé que así sería; tales versos solo podían referirse a una persona.

Harry volvió a enrojecer, pero sonrió al joven académico, invitándolo a unirse a ellos. Faramir aceptó con gusto.

―Oh, casi lo olvido. ―murmuró sacándose algo de un bolsillo interior de su capa. ―Encontré esto en un puesto para ti.

―Oh, Faramir, no has debido molestarte. ―exclamó el mago aceptando el pequeño paquete de tela marrón y destapando su contenido.

Se trataba de un hermoso broche para el pelo. Hecho de plata y hueso, con delicados motivos equinos, presentaba un aspecto engañosamente frágil sin ser ostentoso.

―Pensé que te resultaría útil para recoger tu cabello cuando te ocupas del jardín. ―comentó el hijo menor del senescal con una leve sonrisa.

―Es maravilloso, Faramir. Muchas gracias. ―respondió Harry poniéndose de puntillas para depositar un casto beso de agradecimiento en su mejilla.

Tan pronto como el joven regresó a su lado, Boromir volvió a colocar el brazo alrededor de su cintura sin apartar su mirada de la de Faramir.

La mañana pasó con rapidez y sin incidentes. Cuando comenzaron a sentirse hambrientos, Boromir y Faramir le mostraron los mejores puestos y Harry se deleitó probando lo que para él eran exóticos manjares.

Fue al detenerse frente a uno de estos puestos cuando una conmoción en un puesto cercano llamó su atención.

El vendedor, un hombre grande de aspecto burdo, sujetaba del brazo a un niño de unos doce años. El pequeño forcejeaba, asustado, y aferraba con fuerza un bollo de pan.

Harry observó la escena con los ojos muy abiertos e, inconscientemente, su mano apretó la fuerte mano que la sostenía. Boromir y Faramir siguieron su mirada y fruncieron el ceño ante la escena.

Sin cambiar su expresión, Boromir apretó suavemente la mano de Harry y los dirigió hacia el puesto.

― ¿Qué ocurre aquí? ―preguntó mirando al vendedor.

―Este pequeño cretino trataba de robarme. ―gruñó el hombre zarandeando al niño.

―Basta, ¿le hacéis daño! ―protestó Harry dando un paso adelante.

― ¡Intentaba robarme! ―se defendió el hombre.

―Es solo un niño hambriento. ―intervino Faramir con voz calmada.

―Yo pagaré por lo que haya cogido. ―añadió Harry.

El niño lo miró con los ojos muy abiertos y el joven le dedicó una pequeña sonrisa, que desapareció con las siguientes palabras del vendedor.

―Alguien debe enseñar a este mocoso que sus acciones tienen consecuencias.

Cuando el vendedor alzó la mano para abofetear al niño, Harry se interpuso sin pensarlo y cerró los ojos, esperando el golpe.

Nunca llegó.

Al abrir los ojos, se encontró con una familiar mano que sujetaba con fuerza la muñeca del otro hombre a escasos centímetros de su rostro.

Los ojos de Boromir centelleaban con furia, las líneas de su frente tensas y la mandíbula apretada con fuerza. Si hubiera sido capaz de apartar su mirada de él, Harry hubiera visto que Faramir se encontraba en un estado similar.

―Volved a levantarle la mano, a él o al muchacho, y haré que os azoten en la plaza. ―amenazó el hombre en voz baja.

El vendedor, pálido como la leche, dio un paso atrás tan pronto como se vio libre del agarre del hijo del senescal. Estaba claro que no se trataba de una amenaza sin fundamento.

―Lo- lo lamento, mis señores. Yo… no hubiera… yo…

―No es ante mí ante quien debéis disculparos. ―respondió Boromir fríamente.

El mercader tragó saliva y se giró hacia Harry, inclinándose ante él.

―Mis más sinceras disculpas, mi señor. ―murmuró. ―Permitid que os compense de alguna manera.

―Vuestras disculpas son suficiente compensación. ―respondió Harry en voz baja, pero clara.

―Y que dejéis al niño ir, por supuesto. ―añadió Faramir. ―Los guardias no necesitan ser molestados por tal pequeñez.

El vendedor no parecía demasiado contento, pero estaba demasiado asustado y aliviado de no recibir peores consecuencias como para protestar.

El altercado había atraído la atención de muchos otros en el mercado, los murmullos comenzando a extender rumores sobre lo ocurrido.

Harry se sonrojó cuando lo notó, pero no mostro ninguna otra reacción cuando Faramir y Boromir devolvieron el pan que el muchacho había robado ―un bollo de pan duro y mohoso que probablemente acabaría sirviendo de alimento a los cerdos― antes de alejarlos del puesto.

― ¿Cuál es tu nombre, muchacho? ―preguntó Boromir después de detenerse a comprar pan fresco y unos dulces para el niño.

―G-Galeth, mi señor. ―tartamudeó el niño mirando el pan que le habían entregado como si no supiera qué hacer con él.

―Galeth. Es un buen nombre. ―dijo Faramir.

―Vamos, come. ―lo animó Harry con una pequeña sonrisa. ―Debes estar hambriento.

El niño miró el trozo de pan con hambre y un desesperado deseo, pero no hizo movimiento alguno para comerlo. En su lugar, bajó la cabeza y murmuró algo que ninguno de los tres hombres entendió.

―No puedo pagaros. ―repitió en voz más firme.

―Es un regalo, Galeth. No queremos nada a cambio. ―lo tranquilizó Harry con su suave voz.

El niño los observó con recelo unos segundos antes de que su hambre venciera a su cautela y comenzara a devorar la comida.

― ¿Dónde están tus padres? ―preguntó Faramir.

―No tengo padres, señor. ―contestó sin dejar de comer.

― ¿Quién se hace cargo de ti, pues?

―Nadie, señor.

Harry miró al pobre niño con compasión, recordando una infancia que estaba mejore enterrada en el olvido.

―Boromir, ¿no podemos hacer nada? ―preguntó en voz baja.

El guerrero apartó la mirada de su crítica observación del pequeño para mirar al bello joven. Su mirada se suavizó antes de que mirara alrededor y llamara a un par de guardias que patrullaban cerca.

―Acompañad al muchacho a la Ciudadela. ―ordenó con voz firme. ―Que los sirvientes lo alimenten y le preparen una habitación. Si alguien pregunta, decid que el hijo del senescal así lo ha ordenado.

―Sí, Capitán-General. ―murmuró uno de ellos antes de colocar una mano sobre el hombre del niño, que los miraba con ojos muy abiertos, para guiarlo entre la multitud.

―Padre no lo aprobará. ―suspiró Faramir.

―Deja que yo me preocupe por eso.

―Gracias. ―susurró Harry apartando la vista de los ya lejanos guardias.

Boromir tomó una de sus manos entre las suyas y la alzó hasta sus labios para depositar un suave beso en su dorso.

―No son necesarias.

Harry le dedicó una pequeña sonrisa y se puso de puntillas para besar la comisura de sus labios, demasiado consciente de que se encontraban en público.

Faramir, por su parte, apartó la mirada de la tierna escena y se aclaró la garganta para llamar su atención. Boromir lo miró con los ojos ligeramente entrecerrados.

―El espectáculo está a punto de comenzar en la plaza central.

La pareja asintió y se pusieron en marcha. Cerca de la plaza, Harry notó que la cojera de Boromir se había acentuado ligeramente.

―Estoy bien, Harry. No es nada serio.

―Boromir, apenas te has recuperado de tu herida. No deberías forzarte demasiado. ―protestó el joven.

Pero Boromir insistió en que no era nada. Su única concesión fue la promesa de regresar a la Ciudadela si el dolor empeoraba.

En la plaza, se toparon con Tolan, a quien Harry no dudó en invitar a unirse a ellos. En un par de ocasiones, divisaron a Arborn a lo lejos, acompañado de una mujer rubia y alta.

―Es su esposa, Maina.

― ¿Arborn está casado? ―preguntó el mago con sorpresa.

―Desde hace tres años. ―confirmó Tolan en voz baja.

Su conversación fue interrumpida cuando Faramir anunció que iba a buscar unas bebidas y Boromir se ofreció a acompañarlo, dejando la seguridad de Harry en las capaces manos de su subordinado.

―Tolan, ¿podría pedirte un favor?

―Lo que desees, Harry.

―Hay un puesto en la calle de los olivos que vende dagas y espadas cortas. Es posible que lo conozcáis, sus trabajos son de una gran calidad.

Tolan asintió.

―Una daga en particular llamó la atención de Boromir. ― explicó sacando una pequeña bolsa de monedas del bolsillo interior de su capa y ofreciéndosela al guerrero. ―Estaba hecha de acero enano, con una empuñadura simple, pero con pequeñas cuentas de azabache engarzadas en el pomo. Pensé que sería una agradable sorpresa para Boromir.

El guerrero sonrió levemente, algo poco habitual, y asintió.

―Me encargaré de ello con discreción.

Harry asintió en agradecimiento, no pudiendo expresarlo con palabras ante el regreso de los hermanos.

Boromir le ofreció una copa con un dulce vino afrutado en lugar de la cerveza que los otros hombres favorecían y el joven la aceptó con gratitud. La cerveza era demasiado fuerte en comparación con las versiones que su gente había tenido que ofrecer.

La tarde pasó con rapidez. Los espectáculos de los artistas eran impresionantes, ya fueran acróbatas, músicos o actores de teatro. Comedias, dramas o tragedias, las historias eran cautivadoras y lograban hacer reaccionar al público.

Comenzaba a anochecer cuando Harry vio que Boromir trataba de ocultar una mueca de incomodidad mientras cambiaba de posición.

―Boromir. ―susurró colocando una mano sobre los brazos que rodeaban su cintura. ―Volvamos.

―Estoy bien, mi amor. Aún queda tiempo para los fuegos.

―Podemos verlos desde los balcones.

―Harry…

―Por favor, Boromir. Aún estás recuperándote y has caminado durante todo el día. ―rogó el joven. ―Por favor.

Boromir cerró los ojos un instante antes de inclinarse para besar su frente.

―Está bien. ―dijo separándose y ofreciéndole el brazo para que lo enlazara con el suyo.

El gesto llamó la atención de sus acompañantes.

― ¿Os vais ya? ―preguntó Faramir con cierta decepción visible en su ceño fruncido. ―Harry aún no ha visto los fuegos.

―Me temo que estoy algo cansado después de este día. ―se apresuró a decir Harry.

―Veremos los fuegos desde los balcones de la Ciudadela.

―Oh, por supuesto. ―suspiró Faramir. ―Puedo acompañaros…

―No será necesario, hermano. Disfrutad del resto de la fiesta. ―indicó Boromir con voz firme. ―Nosotros regresaremos a la Ciudadela tan pronto como recojamos la nueva capa de Harry, no hay motivo para que tengáis que perderos la fiesta.

El joven mago suspiró. Había olvidado por completo la capa.

―Yo podría hacer eso, Capitán-General. ―se ofreció Arborn. ―Aún he de pasar por el mercado.

Boromir aceptó con gusto. Poco después, él y Harry se habían despedido y regresaban a la Ciudadela.

ΩΩΩΩΩΩΩΩΩ

Al llegar a las habitaciones de Boromir, las cuales tenían unas de las mejores vistas de la Ciudad Blanca, el hijo del senescal ordenó a los sirvientes que los dejaran solos.

En el balcón, con la luz de las estrellas bañando su rostro, no pudo resistir la tentación que el hermoso joven suponía.

Con ternura, lo envolvió en sus brazos, colocó una mano en su nuca y lo atrajo hacia su cuerpo para besarlo con pasión.

Harry respondió con la misma intensidad, sus suaves y rosados labios moviéndose sin recelo contra los del guerrero.

Sus lenguas se enzarzaron en una antigua y primitiva danza que prendió fuego a sus cuerpos y los dejó sin aliento.

Harry alzo sus brazos para rodear con ellos el cuello de Boromir, mientras las manos del Hombre trazaban un camino de fuego por su espalda hasta enredarse en el suave y oscuro cabello.

Cuando al sin la necesidad de oxígeno se hizo ineludible, se separaron ligeramente, jadeantes.

―Los fuegos han comenzado. ―comentó Boromir con voz ronca, observando la luz de colores bañar el hermoso rostro del joven.

―Sí. ―susurró el mago sin hacer ningún movimiento para apartarse, sus mejillas sonrosadas. ―Bésame otra vez.

Boromir se inclinó hacia él, sus labios apenas tocándose y su cálido aliento acariciando la mejilla del mago.

―Como desees. ―susurró.

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Desde las escaleras de la Ciudadela, Faramir miraba hacia lo alto. No eran los fuegos lo que observaba.

Tras la marcha de Harry y Boromir, había permanecido un poco más en el festival, pero estaba claro que no era lo mismo y se había despedido de Tolan para regresar por su cuenta a la Ciudadela.

Ahora desearía haberse quedado, aunque solo fuera para poder ignorar el dolor que le atenazaba el pecho y cortaba su respiración.