Ponchis: Gracias, me alegra que te haya gustado el capitulo.


Finalmente, después de tanto esperar, llegó la noche del baile escolar. Emma se duchó y se vistió con su vestido nuevo. Se perfumó y dejo que Mary Margaret la peine. Emma quería usar su cabello suelto, pero a la vez quería que no le moleste, así que su madre le hizo una pequeña trenza hacia uno de los costados de su cara. La trenza hacía que sus cabellos no le molestaran sobre su cara, pero permitía que el resto de sus bucles caigan libremente sobre su espalda.

- ¿Y? ¿Qué piensan? – Preguntó Emma a sus padres.

- Estás tan hermosa. – Respondió Mary Margaret con una sonrisa.

- Lo que tu madre dijo. – Asistió David mirándola maravillado.

Mary Margaret tenía a Leo en sus brazos, pero lo colocó en una de las sillas del comedor para poder agarrar la cámara de fotos que había dejado preparada en la mesa. Emma se sobresaltó al sentir el flash de la cámara, haciéndole molestar sus ojos de la sorpresa. Su madre le estaba sacando fotos para guardar ese recuerdo de ella, para recordar ese momento. Ese pequeño gesto se sentía tan especial e intimo, que la hizo poner más nerviosa de lo que ya estaba.

- ¿Seguro? – Preguntó insegura. - Estoy nerviosa, nunca fui a un baile escolar. – Confesó mordiéndose el labio.

- Tranquila, la vas a pasar muy bien. – Aseguró Mary Margaret. – Tus buenos amigos y a Killian van a estar con vos. – Le recordó para tranquiliza.

- Si, cierto. – Asistió Emma.

- Hija. – La llamó David para captar su atención.

- ¿Si? – Preguntó Emma mirando a su padre.

- Quiero aprovechar la ocasión para decirte que estamos agradecidos y orgullosos de tener una hija como vos. – Dijo David emocionado.

- Papá me estás haciendo llorar. – Le reprochó Emma agarrándole las manos.

- Lo siento. – Se disculpó dándole un beso en la frente.

- Te amo papá. – Dijo Emma abrazándolo. – Los amo. – Dijo mirando a su madre quien los miraba emocionada a los dos.

- Nosotros también te amamos cariño. – Dijo Mary Margaret con la voz llena de ternura.

Emma disfrutó de lo bien que se sentía ser parte de una familia, de tener padres que la amen. Su madre estuvo apunto de unirse al abrazo, cuando el timbre sonó interrumpiendo el momento. Emma salió de los brazos de su padre, se secó las lágrimas y dio un largo suspiro para tranquilizarse. Luego fue hacia la puerta para recibir a Killian. Cuando abrió la puerta quedo fascinada al verlo, su novio era realmente hermoso. Estaba vistiendo un pantalón negro, una campera de cuero negra, y una camisa del mismo azul que sus ojos.

- Estás radiante amor. – La halagó él mirándola intensamente.

- Vos estás… - Dijo ella sin poder formular nada coherente ante las sensaciones que él generaba en ella.

- Lo sé. – Terminó él por ella, haciéndola reír.

Killian le dio una rosa roja y ella sonrió ante el pequeño gesto de amor. Mary Margaret insistió en sacarles varias fotos, a las cuales no pudieron negarse y David le advirtió que se comportara durante la noche dándole ese típico discurso de padre protector. Una vez que se despidieron de los padres de ella, se subieron a la camioneta de él y fueron hacia el colegio.

Al ser esa su primera experiencia en presenciar un baile escolar, prestó atención a cada mínimo detalle. La escuela estaba decorada con luces de colores y globos. Emma disfrutó de que Killian la lleve de la mano a todos lados y que la foto para el anuario escolar se la hayan tomado juntos. En la pista de baile se encontraron con sus amigos y pasaron la noche bailando, riendo y charlando. Emma no encontraba una gran diferencia con otros bailes o fiestas a los que había concurrido, solo el hecho de que era en el colegio en sí. En un momento de la noche, la banda de Killian tocó un par de temas y una de las canciones fue dedicada a ella. Emma pudo sentir como todos sus alrededores desaparecían mientras escuchaba esa canción que su novio le había dedicado. Cuando él cantaba, ella se perdía como en otra dimensión, pudiendo solo escuchar, ver y prestar atención a él.

- ¿Me permitís este baile? – Preguntó él cuando llego el momento de las piezas de música lenta.

- Como te dije antes, no soy buena en esto. – Respondió ella a modo de advertencia.

- Y como yo te dije, para bailar hay una sola regla… - Comenzó a decir él.

- Elegir un compañero que sepa lo que hace. – Lo interrumpió ella recordando cuando él la sacó a bailar en el pasillo de la escuela.

- ¿Te parece si lo probamos? – Propuso él agarrando las manos de ella.

- De acuerdo, si. – Asistió ella sonrojándose.

Emma dejo que Killian la guíe hacia la pista de baile para poder bailar juntos un lento. Sentía nervios porque nunca había bailado un lento con otra persona, pero confiaba en que él la iba a mantener a salvo. Él dejo sus brazos alrededor de la cadera de ella, y ella los dejo alrededor de los hombros de él. De a poco empezaron a desplazarse por la pista de baile, en un ritmo coordinado y pacífico. Ambos mantuvieron sus miradas conectadas, haciendo que sus sonrisas brillen constantemente con sus movimientos. Era como si habrían bailado juntos durante todas sus vidas. Él la hizo girar un par de veces y hasta se animó a levantarla en el aire por un momento. Emma rió al comprobar que confiar en él cada vez le resultaba más sencillo y natural. A Emma nunca le había gustado bailar en pareja, pero esa noche bailar con Killian fue su parte favorita.

Al finalizar el baile Emma se despidió de Killian y fue a dormir a la casa de Ruby con sus amigas. Al día siguiente compartieron todas las anécdotas de la noche anterior y rieron viendo las fotos que habían sacado. Emma había sobrevivido su primer baile escolar y estaba feliz de haberlo hecho junto a esas grandes personas que eran sus amigos y amigas. La semana continuó de esa manera, tranquila, compartiendo entre todos lo sucedido en el baile y el resto del año.

Emma se sorprendió al recibir una llamada de Liam, y más cuando le dijo que vaya por Buttercup. Desde que el caballo estaba en poder del Señor Gold, Emma lo había seguido viendo cuando podía gracias a los hermanos Jones, pero que alguno de ellos la llame para ir a verlo era raro. Algo debía estar pasando. El Señor Gold seguía intentando domar y entrenar a Buttecup, pero por ahora no lo había conseguido. Liam también lo había estado intentando en su pedido, pero tampoco lograba ningún avance. La única que había logrado algo con el caballo había sido ella. Emma fue a la campo del señor Gold y se encontró con Liam y Killian en el corral de los caballos. Ambos la saludaron calidamente y luego se fundieron en un largo silencio mientras observaban a Buttercup interaccionar con los otros caballos.

- ¿Me van a decir que es lo que sucede? – Pidió saber Emma rompiendo el silencio.

- Gold va a vender a Buttercup. – Respondió Liam.

- Genial, voy a necesitar conseguir plata para comprarlo entonces. – Dijo Emma pensativamente.

- No, no te lo va a vender a vos. – Negó Liam sacudiendo su cabeza.

- Lo va a vender a la Feria de Wonderland. – Dijo Killian rascándose nervioso detrás de una de sus orejas.

- ¿Qué es la Feria de Wonderland? – Preguntó Emma presintiendo que no debía ser algo bueno por la cara de los dos chicos.

- La feria compra los caballos salvajes por un precio muy barato, luego los ofrece en competencia al público. – Respondió Killian explicando lo mejor que podía.

- Las personas pueden elegir un caballo, si logran cabalgarlo se lo quedan. – Agregó Liam terminando de informar las reglas de la competencia. – Los caballos que quedan en poder de la feria porque nadie logra cabalgarlos, en general son sacrificados. – Dijo con algo de bronca porque nunca le había gustado las reglas de esa maldita feria.

- Eso no es tan malo. – Dijo Emma intentando no pensar lo último que había dicho Liam. - Si se puede elegir al caballo, yo elijo a Buttercup y voy a ganarlo ya que puedo cabalgarlo. – Explicó con confianza.

- ¿Estás segura? El tiempo que piden que puedas cabalgar es mucho. – Dijo Liam.

- En caso de que vea que se pone incontrolable, puedo hacerlo salir de la competencia y escaparme con el. – Propuso Emma de alternativa a lo que el otro le decía.

- Hay un pequeño problema más, solo permiten que participen hombres. – Dijo Killian dando un largo suspiro.

- ¿En serio? – Preguntó Emma sorprendida.

- Si. – Asistió Killian.

- ¡No puedo creer que las personas del campo a veces sean tan machistas en ese sentido! – Exclamó Emma frustrada.

- Compartimos tu sentimiento, pero ¿Qué hacemos? Vos sos la única que mínimanente puede cabalgar ese caballo. – Dijo Liam señalando a Buttercup.

- No lo sé, quizás pueda enseñarles cómo manejarlo y tratarlo para que confíe en ustedes. – Sugirió Emma.

- No hay tiempo para eso, esto es mañana. – Negó Liam.

Los tres se quedaron en silencio intentando buscar una alternativa o solución a la situación que se les estaba presentando. Emma no quería perder a Buttercup, no quería que lo sacrifiquen, ni quería que otra persona que ellos no conocieran se adueñe de él. Emma finalmente aceptaba que su padre no quiera a Buttercup en su campo, pero eso no significaba que acepte que el caballo quede expuesto a peligros o maltratos. Emma quería que Buttercup sea libre como cuando ella lo había encontrado.

- Si la competencia solo acepta hombres, ¿Por qué no hacemos hacer pasar a Emma por un hombre? – Propuso Killian rompiendo el silencio que se había formado.

- ¿Queres decir que me disfrace de hombre? – Preguntó Emma.

- Si, total en Wonderland nadie te conoce y si lo hacen no van a reconocerte porque vas a estar disfrazada. – Justificó Killian su idea.

- Si, buena idea, creo que podemos hacerlo funcionar. – Asistió Liam.

Es así, como al otro día Emma con ayuda de sus amigos, Killiam y Liam fue "convertida en un hombre". Emma estaba vistiendo un jean oscuro de Graham, unas botas de August, una camisa de Jefferson y un sombrero de Killian. Ruby se había encargado de ponerle maquillaje en su cara, para que parezca que tenía una barba semi-crecida. Todos sus amigos y amigas habían ido a acompañarla y hacerle el aguante, por lo cual se sentía sumamente agradecida.

- ¿Lista? – Preguntó Killian.

- Eso creo. – Respondió Emma nerviosa. - ¿Cómo me veo? – Preguntó enfrentándolo.

- Hermoso, por vos me haría gay. – Respondió él bromeando y guiándole un ojo.

- Sos un tarado. – Le reprocho ella dándole un pequeño golpe en el pecho.

- Si, pero soy tu tarado. – Se excusó él con orgullo. – Ahora ve y libera a Buttercup. – Dijo acomodándole el sombrero.

- ¿Crees que voy a poder a hacerlo? – Preguntó ella algo insegura.

- Claro, nunca te he visto fallar en lo que te propones. – Respondió él con convicción.

- Gracias. – Agradeció ella descansando su frente contra la de él. – Te amo. – Dijo mirándolo a los ojos.

- Yo también te amo. – Dijo él y le dio pequeño beso en los labios asegurándose de que nadie los vea.

Emma fue inscripta en la competencia de la feria como Emmet y eligió a Buttercup como caballo para cabalgar. Todos los caballos fueron preparados y una vez que sonó la bocina, los competidores pudieron entrar al corral a enfrentar cada uno el caballo que había elegido. El ambiente estaba cargado de malas energías, todos los caballos estaban exaltados y reaccionaban violentamente ante lo tensa que era la situación. Cuando Emma llegó a Buttercup lo primero que notó fue las heridas que tenía en todo su lomo. Sacó un pañuelo de su bolsillo y lo pasó por sus heridas, para intentar calmarlo. Una vez que logró hacer que el caballo deje de saltar bruscamente, se subió a él. Al sentirla arriba suyo, Buttercup intentó deshacerse de ella dando saltos bruscamente y moviéndose de lado a lado con todas sus fuerzas. Emma sabía que si otra habría sido la situación podría controlarlo, pero allí con todos los demás caballos a su alrededor reaccionando violentamente hacia sus oponentes sabía que iba a ser imposible. Sintiendo los nervios y el terror que sentía Buttercup, decidió que lo mejor iba a ser sacarlo de allí. Rompiendo las reglas de la competencia, hizo a Buttercup salir del corral y lo hizo cabalgar velozmente lo más lejos posible de ese lugar.

Lejos de la feria de Wonderland, Buttercup se tranquilizó. Pero Emma lo hizo continuar corriendo por medio de los campos, lo hizo correr hacia la nada misma, lo hizo correr en busca de un lugar para liberarlo. Su sombrero se cayó por la velocidad a la que avanzaban y su cabello quedo libre. Sentir el viento en su cara mientras cabalgaba era algo mágico, era tranquilizador y liberador. Una vez que estuvo segura de que estaban en la nada misma, en tierras que no pertenecían a nadie, se bajó del caballo y lo dejo libre.

Buttercup era libre, igual que ella. Ella también era libre.

Se sentía tan bien ser libre.

Mirar al caballo volver a recuperar su libertad, le hizo pensar en todo lo que había vivido desde que lo había conocido ese día de tormenta, ese día en que había venido a vivir con sus padres. Emma había sido una niña perdida muchos años de su vida. Había sido una huérfana, o mejor dicho una niña abandonada. Había tenido grandes muros alrededor de corazón, apartándola del mundo hasta que algún día pudiera encontrar un lugar donde pertenecer. Había estado herida, lastimada, sola, rota… muerta en vida.

Pero ahora había cambiado. Ahora era feliz. Estaba rodeada de personas maravillosas, las cuáles agradecía todos los días de su vida por tenerlas presentes con ella, porque ellos la hacían querer vivir. Tenía una familia. Tenía padres que siempre la habían querido y siempre la iban a querer. Tenía un hermano que le hacía explotar el corazón de alegría con cada pequeña cosa que hacía. Tenía amigos incondicionales. Tenía más que simplemente amigos, ya que para ella ellos también eran su familia. Tenía un novio que la amaba y la aceptaba tal cual era. Y era loco pensar todo lo que había tenido que pasar para poder llegar a ese punto, todo lo que finalmente había necesitado era creer que una niña perdida siempre puede encontrar el camino de regreso a casa. Porque ese ere su hogar; ellos, las personas que amaba eran su hogar.

Su triste pasado ya no la definía, y su futuro no la preocupaba (al menos, no del todo). Porque en un lugar en medio de todo eso, estaba el presente. Y eso era en lo que tenía que focalizarse, en su presente, porque sino se olvidaba de cómo vivir. Tenía que hacer cosas para hacer del presente un lugar más bello, no el pasado o el futuro. Lo incierto y lo que ya había sucedido, era mejor dejarlo ser. Y sin importar lo que pase, debía dejar que el amor la guíe.

Finalmente lo entendió. ¿Y cuánto tiempo le había llevado? ¿Diecisiete años? No importaba cuanto tiempo llevara, nunca iba a ser demasiado tarde para abrir el corazón y tomar el rumbo de su propia vida. Ahora se sentía libre y eso era lo que importaba.

Gran parte de su vida había sido dura, fría, desinteresada, guardada en ella misma. Había sido cautelosa, se aferraba a lo seguro y no tomaba riesgos, siempre prefiriendo correr de los problemas antes que aferrarse y enfrentarlos. ¿Y eso a dónde la había llevado? A ningún lado. Había estado sola, había sido dejada atrás, manteniéndose protegida detrás de sus paredes, pero ahogándose en su dolor.

Y ahora, podía ver todo lo que había cambiado. Brillaba como una estrella en medio de un cielo oscuro y tormentoso. Florecía en medio de maleza, como las flores más raras y preciosas de la tierra.

Así de hermoso se sentía haber dejado entrar el amor en su vida y aceptarlo como parte de su felicidad.

Se sentía increíble saber que, a veces, lo único que se necesitaba para ser feliz era tener un poco de fe…

FIN


Bueno, acá llegamos al final de está historia.

Primero que nada, quería agradecer y dedicar esta historia Nai Jones por ser quien me inspiró a escribirla al pedirme que haga una historia donde Emma y Killian sean adolescentes.

Y después gracias a todos por acompañarme durante el desarrollo de esta historia. La verdad disfrute mucho de escribirla y muchos de los temas fueron muy personales para mi, así que se sintió bien tener una buena respuesta de parte de ustedes.

Gracias a los que leyeron, a los que comentaron, a los que dieron follow y favorito. Espero que hayan disfrutado la historia!

Besos y nos leemos en la próxima fic :)