¡Hola lectores! ¿Cómo están? Espero que bien. A pedido de varios de ustedes les traigo un epílogo de está historia. La verdad no estoy muy convencida al respecto, porque cuando imaginé y creé esta historia jamás había pensado en hacerle epílogo. Pero bueno, espero que les guste. Este agregado lo hice desde el punto de vista de Killian para tener un poco de su visión de la historia, ya que el resto estuvo desde el punto de vista de Emma. Una vez más, gracias a todos los que me acompañaron durante esta historia :)

Que lo disfruten, ¡Besos!


Killian tenía planeado proponerle matrimonio. Ese día se iban a cumplir diez años desde que se conocieron ese día de lluvia, desde que liberaron a Buttercup del estancamiento de barro, y desde que él la salvó a ella de la rama del árbol que iba a aplastarla. Él siempre supo que ella era la indicada. Desde el primer momento que la conoció supo que tenían una conexión especial, supo que la iba a amar toda su vida.

Hace diez años que estaban juntos. La relación que tenían no fue fácil, ni era fácil. Ella tenía problemas, él tenía problemas, ellos tenían problemas. Pero que haya problemas era lo normal de una relación. Ellos siempre elegían enfrentar los problemas juntos, y eso es lo que hacía que se elijan una y otra vez. El amor que tenían era cada día más fuerte y real.

Ellos vivían juntos en una estancia, y tenían un programa para rescatar caballos salvajes. Además de eso, Killian era jugador de fútbol del Estado en el que vivían y Emma trabajaba como tutora en el colegio. Killian jugaba cuatro partidos por mes cuando estaban en época de temporada. Dos en el estadio local y dos en estadios visitantes. Cada vez que tenía que ir a jugar a otra ciudad Emma lo acompañaba. Pero está vez Emma no pudo ir con él y eso le hizo desilusionarse un poco porque tenía pensado llevarla a cenar después del partido y proponerle matrimonio. Emma siempre lo acompañaba a los partidos, y que ella no este ahí para mirarlo y alentarlo no iba a ser lo mismo. Otro hecho que lo desilusionó fue que el aniversario de la fecha en que se habían conocido siempre la pasaban juntos. Está vez iba a ser la primera vez que la pasaban separados y eso lo hizo sentir triste. Sabía que no tenía sentido ponerse triste porque solo era una fecha, y sabía que su amor no se minimizaba a fechas, pero realmente le habría gustado estar juntos.

- ¿Se siente raro estar sin Emma? – Preguntó Eric.

- Si, ella siempre viene a los partidos, así que es raro. – Respondió Killian.

- A mi también me resulta raro cuando Ariel no me acompaña. – Dijo Eric comprendiendo a su amigo. – Por cierto, ¿Está ella mejor? – Agregó.

- ¿Si Emma está mejor? – Preguntó Killian confundido y Eric asistió con la cabeza. – Ella está bien, siempre lo estuvo. – Dijo sin entender a que venían esos planteos.

- Ohh, lo siento. – Se disculpó Eric. – Ana me dijo que ella y Ariel la vieron en la clínica, así que pensé que estaba enferma y por eso no había venido. – Explicó.

- No, ella no está enferma, ella se quedo porque tenía algo importante para hacer en su trabajo. – Aclaró Killian.

¿Emma había ido al médico? ¿Por qué él no sabía eso? ¿Por qué ella no le había dicho? Ella le había dicho que se tenía que quedar en el pueblo porque había sucedido un inconveniente en el trabajo, algo que no podía postergar. Por eso cuando salió a la cancha para jugar no se sentía con muchos ánimos de hacerlo. Estaba nervioso y distraído. Sin embargo, de repente su mirada encontró a Emma en la tribuna. Ella estaba allí. ¿Por qué no le había dicho que iba a venir? Habría estado mucho más tranquilo y relajado si lo habría sabido. De todas maneras eso ya no importaba, lo que importaba es que ella estaba allí. Así que sonrió sintiendo como la felicidad de su presencia lo invadía y se concentró en el partido. Hizo in gol y se lo dedicó a ella. Siempre le dedicaba los goles a ella. El partido finalizó 3 a 1, y él se sintió satisfecho con la victoria. Todos sus compañeros lo felicitaron. Él no entendía el motivo de recibir tantas felicitaciones, pero las aceptó con respeto sintiendo que estaban halagando la forma en la que había jugado. Aunque debía admitir que era un poco exagerado para su gusto, ni que haya jugado el mejor partido de su vida para recibir tantas felicitaciones.

- Hermano, estuviste increíble hoy. – Lo felicitó Liam cuando salió del vestuario.

- Gracias. – Agradeció. – Al principio no me sentía con ganas de jugar, pero Emma siempre es un gran incentivo. – Dijo con una sonrisa.

- Si, felicitaciones por eso, sabíamos que la noticia te iba a ser feliz. – Comentó Ana alegremente.

- ¿Qué noticia? - Preguntó Killian confundido.

- Perdón, pensé que ella ya te había dicho. – Dijo Ana algo nerviosa.

- ¿Decirme qué? – Insistió Killian, necesitaba saber que era eso que le estaban escondiendo.

- Nada. – Contestó Elsa.

- No me mientan. – Dijo Killian seriamente.

- Creo que lo mejor va a ser que lo hables con Emma. – Aconsejó Liam.

- ¿Dónde está? – Pidió saber Killian.

- Fue para el hotel, dijo que vos tenía planeado una cena por el aniversario, así que quería ir a cambiarse y bañarse mientras vos lo hacía acá. – Informó Elsa.

Killian fue al hotel lo más rápido que pudo. Necesitaba verla, necesitaba tenerla con él. Las personas estaban actuando muy extrañamente, como si habría algo que Emma le estaba escondiendo. Algo que él debería saber. ¿Qué sería? Abrió la puerta de la habitación y quedo maravillado al verla. La belleza de Emma era algo que nunca se iba a cansar de admirar. Ella estaba vistiendo un vestido azul corto y tenía el cabello suelto dejando caer libremente sus bucles. Killian sonrió al verla, y recordó sus planes para cenar y pedirle matrimonio. No había nada que pueda hacerlo más feliz que pensar en pasar toda su vida con ella.

- Estás hermosa. – Dijo él mirándola intensamente.

- Gracias. – Agradeció ella sonrojándose. – Como verás, estoy lista. – Dijo agarrando su cartera.

- Viniste. – Comentó él con una gran sonrisa.

Ella cruzó la habitación atravesando el espacio que los separaba, agarró el cuello de su camisa y unió sus labios en un pasional beso. Un beso desesperado, como si su vida dependiera de ello. Se exploraron y saborearon como les gustaba hacerlo, hasta que necesitaron respirar. A pesar de que sus labios ya no estaban juntos, ella se mantuvo aferrada a él. Killian sintió que ella estaba en cierto estado de vulnerabilidad, así que le acarició la espalda y el cabello ya que eso siempre lograba tranquilizarla.

- Por supuesto que vine, nunca me perdería un partido tuyo. – Dijo ella rompiendo el silencio.

- Me hace muy feliz que hayas venido. – Dijo él mientras jugaba con el cabello de ella. – Sin embargo me gustaría saber el motivo de que no hayas venido antes, me llegaron ciertos rumores de que estuviste en la clínica. – Agregó con preocupación.

- ¡No puedo creer que te lo hayan dicho! – Exclamó ella separándose de él. - ¿Ya lo sabes? Siempre supe que Ana no era buena guardando secretos, pero pensé que me iba a dejar que sea yo quien te lo diga… - Comenzó a decir, soltando las palabras a gran velocidad.

- Tranquila, respira. – Indicó él como hacía cada vez que ella se aceleraba cuando estaba en estado de nervios o ansiedad. – Lo único que me dijeron es que estuviste en la clínica, luego me felicitaron y me dijeron que debía hablar con vos. – Explicó intentando mantener la calma, aunque sentía miedo.

- Yo quería decírtelo después de la cena, no quería que haya la posibilidad de arruinar nuestro aniversario. – Protestó ella dando un largo suspiro.

- Nada va a arruinar nuestro aniversario. – Aseguró él invadiendo el espacio personal de ella y agarrándole las manos. - ¿Qué sucede? ¿Por qué fuiste la clínica? – Pidió saber intentando no volverse loco, ni preocuparse antes de tiempo.

Emma se quedo callada un largo instante, que lo dedicó a mirar sus manos unidas. Killian la imitó y también miró sus manos, eran perfectas juntas. Al parecer Emma sentía lo mismo porque al mirarlas sonrió. Killian estaba por volver a preguntarle que es lo que sucedía, cuando ella se separó de él y fue a una de las mesas de luz. Agarró un sobre y volvió hacia él.

- Este es el motivo. – Dijo ella entregándole el sobre.

- ¿Puedo…? – Preguntó él dudoso.

- Si, sino no te lo estaría dando. – Aseguró ella.

Killian tomó el sobre en sus manos. No supo como logró abrirlo porque estaba temblando, pero lo hizo. No estaba seguro de que se iba a encontrar y eso lo hacía sentir pánico. Si a Emma le pasaba algo, él estaba seguro de que iba a morirse. Él no sería capaz de vivir sin ella. Leyó los resultados de un análisis. Nombres y números que no era capaz de entender. Pero los porcentajes parecían dar todos mal. ¿Qué era lo que sucedía? ¿Qué es lo que Emma tenía? Miró el resultado y su corazón se detuvo al leer una simple oración: La paciente está embarazada.

- ¿Estás embarazada? – Preguntó él apartando su vista de los resultados y volviéndola hacia ella.

- Si. – Asistió ella mordiéndose el labio de los nervios.

Estaba embarazada. Ellos iban a tener un hijo. Por eso todos lo felicitaban, por eso pensaban que él había tenido un buen incentivo para jugar bien el partido de esa noche. Killian no podía creer que una noticia tan simple lo haga sentir tan extremadamente feliz. Volvió a mirar el papel para asegurarse de que no lo estaba imaginando. Sus planes de proponerle matrimonio ahora iban a quedar opacados por esa noticia, pero se sentía a gusto de que así sea. Ellos iban a tener un hijo. Ellos iban a formar una familiar. En realidad ellos ya eran una familia, nada más que ahora iban a agrandarla. Empezó a imaginar en tener una niña con los mismos bucles dorados que ella, o un niño con los mismos ojos verdes intensos que ella y pecas. Y su sonrisa, su tan mágica sonrisa. Killian quería que sus hijos tengan su sonrisa.

- Killian. – Llamó ella su nombre interrumpiendo sus pensamientos. – Sé que no lo hemos planeado, y entiendo si no queres seguir adelante con esto. – Dijo con la voz temblorosa. – Decidas lo que decidas yo me voy a hacer cargo, voy a tener a nuestro hijo. – Le hizo saber su decisión mientras varias lágrimas caían silenciosamente de sus ojos.

Escuchar eso y verla llorar hizo que su corazón se partiera. Ver a Emma en ese estado le hacía acordar a cuando se conocieron. Le hizo acordar a la niña perdida, que pensaba que no merecía ser amada y por eso no aceptaba el amor en su vida. Emma ya había superado todo el dolor de su pasado, pero a veces algunas inseguridades resurgían. Killian comprendió que al quedarse callado la estaba haciendo dudar, le estaba haciendo creer que no estaba feliz o que no quería eso. Killian tenía que demostrarle que esa noticia era la mejor que recibió en toda su vida, así que se acercó a ella y la besó con todo el amor del mundo. La besó con ternura y delicadeza, la besó como a ella le gustaba ser besada, y se merecía ser besada cada día de su vida.

- ¿Eso significa que estás feliz? – Preguntó ella una vez que recuperó el aliento.

- Más feliz que nunca, no hay nada que quiera más en este mundo que formar una familia juntos. – Respondió él acariciándole las mejillas. – Te amo. – Dijo miándola intensamente a los ojos. – Los amo. – Se corrigió a si mismo.

- Killian, nuestro hijo o hija ni siquiera es del tamaño de una nuez todavía. – Dijo ella riendo cuando él se arrodillo ante ella y comenzó a darle besos a su estómago.

- Lo sé. – Asistió él. – Pero nuestro hijo está dentro de vos, y puede sentirnos y escucharnos. – Dijo él con convicción.

- Los amo. – Dijo ella emocionada despeinando el cabello de él.

- Yo tenía algo planeado para está noche, pero está noticia hizo que mis planes sean mejores. Estoy tan feliz. – Dijo él mientras continuaba acariciándole la panza.

- ¿La cena? – Preguntó ella.

- Y esto. – Dijo él sacando una cajita del bolsillo de su pantalón. – Emma te amo desde el momento que te conocí y te voy a amar toda mi vida. – Dijo él mirándola intensamente a los ojos. - ¿Me harías el honor de compartir el resto de nuestras vidas juntos como mi esposa? – Preguntó abriendo la caja y dejando a la vista el anillo.

- ¿Por el resto de nuestras vidas nada más? ¿Qué hay de las próximas vidas, y realidades, o mundos paralelos? – Cuestionó ella aferrándose al cuello de la camisa de él.

- En cualquier mundo, en cualquier realidad, en cualquier tiempo, siempre te voy a elegir. – Aseguró él con ternura, sonriendo ante el hecho que ella lo necesite tanto como él.

- Bien, entonces ahora si acepto. – Asistió ella entregándole su mano para que le coloque el anillo.

- Te amo. – Dijo él poniéndose de pie, una vez que lo colocó el anillo.

- Y yo te amo a vos. – Dijo ella sonriendo.

Y así volvieron a unir sus labios en un pasional beso. Después de que estuvieron satisfechos, de que se besaron todo lo que quisieron, y hablaron todo lo que necesitaron, fueron a cenar y pasear por la pequeña ciudad. Caminando junto a ella por la ciudad, con sus manos unidas y encajando a la perfección, agradeció que la vida haya hecho que se conocieran. Agradeció que David y Mary Margaret hayan encontrado a su hija. Agradeció haber decidido ayudarla ese día de lluvia. Agradeció haberla conocido y haberse enamorado completamente de ella. Pero sobretodo agradeció que ella correspondía sus sentimientos.

Se casaron una tarde de primavera, en el campo de los padres de Emma. Todos sus amigos y sus familias presentes. Esa día fue uno de los más felices de su vida. Todo fue perfecto. El atardecer, el clima, la compañía. Emma vistió un vestido blanco estilo hindú y romántico el cuál adoró, y tenía una corona de flores en su cabeza. Ella parecía una princesa. Ella era su princesa. Él vistió un traje de tonos claros. A él no le gustaba vestir trajes. Pero esa era una ocasión especial. Él por ella era capaz de todo. Durante la ceremonia quedo totalmente perdido en ella, como siempre, y solo reaccionó y comprobó que eso era real y estaba sucediendo, cuando la escuchó decir: "Si, acepto".

Su hijo nació una noche de invierno. Una noche tan tormentosa como la de él día que ellos se conocieron. Killian agarró a su hijo en sus brazos. Al ver que unos ojos azules iguales a los de él, lo miraban, se sintió completo. Se acostó en la cama junto a Emma y le dio un beso en la cabeza. Su mujer le acaba de dar el mejor regalo que podría desear. Una de las enfermeras los miró con una sonrisa y preguntó cómo iban a llamar a su hijo. Killian y Emma se miraron, ellos no habían querido saber si su hijo iba a ser nena o nene, habían querido descubrirlo cuando naciera, por lo cual no habían pensado nombres. Pero ahora su hijo había nacido, ahora sabían que su hijo era un nene.

Se miraron un largo instante como leyéndose las mentes, y ambos respondieron el nombre que habían decido al mismo tiempo: Henry.