¡Hola a todos!

Hace tiempo que no subo nada (¡Qué vergüenza!) así que decidí dar seguimiento a algunos cabos sueltos que quedaron en mi fic anterior "El verdadero enemigo." No sé cuántos capítulos vayan a ser, pero procuraré que sean pocos, para no aburrir a nadie con el tema. Una vez más se tocarán temas sobrenaturales, religiosos, lenguaje fuerte y temas sexuales; en especial yaoi (Sexo entre hombres) no estoy segura de sí habrá T-cest (Sexo entre hermanos tortugas) lo dudo, todo depende de lo que me diga la historia.

¿Hace falta leer el verdadero enemigo para poder entender este fic? Es posible; aunque trataré de dar breves explicaciones, en caso de que no lo hayas leído.

Las tortugas ninja y sus personajes son propiedad de sus autores y compañía. Lo demás viene por cuenta mía; si a alguien no le gusta nada de lo anterior señalado, por favor, siéntase en libertad de buscar por otro lado; no quiero problemas ni enemigos de ningún tipo.

Sin más por el momento, espero que disfruten este capítulo y…qué comience el show.

Capítulo 1.

Han pasado cinco meses desde que nuestros amigos se encontraban hospedados en el viejo hotel Vaudoux y celebraron el primer cumpleaños de Leonardo en la controvertida religión vudú. Después de terminado el primer año de iniciación, Leonardo dejó la ropa blanca de lado y por fin volvió a usar su característica bandana azul, entre otras cosas positivas que les han venido desde entonces. Por ejemplo; Rafael y Casey Jones continúan trabajando con éxito en su taller mecánico, aún siguen especializándose en motocicletas, pero no se niegan a trabajar con otros vehículos si se les llega al precio.

Miguel Ángel continúa vendiendo por internet sus muy variadas y reconocidas patinetas hechas a mano, reconocidas al menos entre sus amigos skaters en la red; además de promocionarse en varias páginas y eventos relacionados, vende también cascos, rodilleras, y playeras que él mismo estampa en su pequeño taller de serigrafía con sus muy alocadas ideas.

Donatello en cambio, pobre, sigue tolerando a sus pesados clientes más por orgullo que por necesidad, pues no quiere quedarse sin empleo hasta no tener otro asegurado o comenzar a estudiar la universidad en línea como le había dicho la familia. Leonardo de todos, es quien más está empeñado en que estudie en la institución que más le guste sin importar el precio, pues para pagarlo planea trabajar abriendo una página web esotérica; Donatello agradece que su hermano mayor trate de cumplirle ese deseo, pero está consciente que la situación económica de la casa es muy apretada y por lo mismo solo podría aplicar para una escuela gratuita. Donnie ama a su hermano mayor, y le agradece su apoyo, pero siendo realista ¿Cuánto se puede ganar leyendo el tarot por internet? Se preguntaba el genio a cada vez que el líder tocaba el tema; es tierno de parte de Leo y Don espera que no se le vuelva una obsesión, pues la condición médica del primogénito no está para ese tipo de cosas.

Y hablando de Leonardo, este era quien había dado el cambio más radical de todos en el clan Hamato. Leo sigue tomando los medicamentos recetados por el doctor Park y como el resto de la familia, asiste sin falta a sus terapias telefónicas con él, las cuales le han permitido ser más como todos creen que debió ser desde un principio. Ahora siempre está alegre y sonríe a todos en casa, a veces se permite hacer una que otra broma a sus hermanos; cuando su padre se lo pide, da la clase de ninjutsu y si sus estudiantes son aplicados, los deja salir 10 minutos antes. Cuando Splinter va a poner un examen, Leo no se niega a darles lecciones extra y sí, aunque Rafa antes le molestaba, ha vuelto a darles un sermón cuando se portan mal. La verdad, Rafael lejos de molestarse, ahora los goza.

También dedica tiempo a sus actividades espirituales; tiene un jardín de hierbas especiales que su padrino le dio, instalado a un lado del castillo, todas las mañanas lo atiende con cuidado; varias veces a salido de viaje de estudio a cementerios y otros lugares desconocidos, junto a Vaudoux para aumentar el número de guardianes representados por huesitos en su pulsera; también ha comenzado a ayudarle en algunos trabajos y gana con esto varios dólares, mismos que ahora se encuentran en una cuenta bancaria que le abrió Lázaro; dado que su ahijado no puede manejar el dinero contante y sonante, le consiguió una tarjeta de crédito, así podría comprarse todo lo que quisiera o necesitara su familia.

Las prácticas de ninjutsu con Yoshi continuaban de manera calmada e intensa a la vez; las lecciones del abuelo eran muy emocionantes para Leonardo, pues aprendía nuevas katas y muchas otras maneras más de inmovilizar al enemigo; Hamato le enseñaba sin restricción alguna todo lo que sabía, pero hasta cierto horario, por más que Leo le rogara continuar, la práctica terminaba cuando Yoshi lo decía y el resto del día era para que su nieto hiciera lo que quisiera; como navegar por la internet y hacer amigos en los foros de sus programas favoritos, jugar videojuegos con los muchachos, seguir las series de moda en tv o salir fuera de casa con sus patines y patinetas; lo que sea que pudiera ayudarles a recuperar el tiempo perdido como hermanos, aquel en que Leonardo se dedicó por completo a sus extenuantes entrenamientos y sus compañeros a sus propios pasatiempos.

Desgraciadamente no todos los días eran tan buenos como se ha dado a entender en párrafos anteriores; pues la química del cerebro es difícil de tratar, aún con los medicamentos correctos en las manos, por lo que a veces Leonardo sufrí días en los que su tratamiento contra la depresión que sufría parecía no estar trabajando. Estos a pesar de ser pocos (Unas dos o tres veces al mes, más o menos) no dejaban de ser dolorosos emocionalmente hablando; cuando llegan a pasar, Leonardo no desea salir de la cama, no come ni hace lo que más le agrada, tampoco quiere recibir visitas y solo se pone a llorar sin saber bien el por qué; el doctor ya les había advertido que esto ocurriría; el mismo Donatello lo tenía muy presente desde que hiciera su investigación hace cerca de un año, pero igual el presenciarlo, el tratar de confortarlo sin mucho éxito, les dolía y les obligaba a preguntarse una y otra vez, si hubieran podido evitarle tanto sufrimiento.

Fuera de todo lo anterior, la familia había estado progresando favorablemente; aún estaban lejos de celebrar la completa desaparición de todas sus malas conductas, pero lo importante era que cuando uno de ellos llegaba a dar un paso hacia atrás, el resto del clan se encargaba de regresarlo al buen camino y de ser necesario aplicarle un merecido castigo, sea quien sea, incluido Splinter. Como en aquella ocasión en la que una noche Rafael pidió permiso al sensei y a Leo (Sí, a ambos) de salir una noche con Casey Jones a tomar algo y ver un partido de hockey por televisión, nada que no hubieran hecho antes; eso era lo que preocupaba al viejo padre, pues temía que al dejarlo ir volvieran a repetirse los viejos errores; por suerte para el ninja rojo, Leo intervino a su favor y dijo que solo podría ir si prometía no beber y llegar temprano; Rafa aceptó las condiciones a regañadientes y sin perder más el tiempo se fue del castillo…desgraciadamente el ninja rojo se tomó todo muy a la ligera y no cumplió su palabra.

Eran más de la una de la mañana cuando Rafael llegó a casa muy contento y oliendo a cerveza; quizás fue que todo marchaba tan bien que ambos amigos se confiaron y rompieron las reglas un poquito. Casey le había dicho al quelonio, que se quedara a dormir la borrachera en su apartamento, que ya era tarde, pero este dijo que no había problema y que entraría sin siquiera ser visto…obviamente no fue así; apenas entró a su casa, la embriaguez desapareció al encontrarse cara a cara con su padre, furioso, recibiéndole como antaño lo había hecho Leonardo en varias ocasiones. Esa noche, Rafael tuvo que escuchar un sermón por parte de Splinter, otro por parte de sus hermanos menores que se habían negado a ir a sus habitaciones hasta verlo entrar a casa y uno más por parte de Leonardo al día siguiente. Obviamente el quelonio de bandana roja no fue el único que se quedó con todos los reclamos, también le llamaron la atención al mismo Casey Jones y le advirtieron; que de volver a repetirse, ambos serían severamente castigados.

Esta experiencia con su rebelde pequeño le dio esperanza a Splinter sobre el futuro de su familia, en especial con respecto a su propio temperamento, pues esta vez llamó la atención a su hijo sin recaer en los viejos excesos de su pasado; esta vez actuó como un padre y un maestro justo, no como el antiguo verdugo abusador que acostumbraba reaccionar de manera violenta ante cualquier problema, en especial con el mayor de sus muchachos, pues a sus ojos, era él quien se encargaba de impartir disciplina a sus hermanos. Sí, por qué no decirlo, estaba orgulloso de sí mismo. Gracias a esta drástica transformación, los muchachos poco a poco comenzaban a hacerlo participe de sus ideas, incluso llegaban a pedirle su ayuda y opinión con algunos proyectos personales, cómo el de la futura página web de Leonardo; al anciano esto lo hacía feliz, y ansiaba con todas sus fuerzas, que pronto también le compartieran sus más íntimos secretos.

Su nueva actitud y el trabajo con el terapeuta estaban dando extraordinarios frutos en cada uno de sus pequeños. Rafael ya controlaba un poco más su mal temperamento, ya llegaba hasta diez, incluso hasta quince antes de caerle a golpes a uno de sus hermanos; Leonardo comenzaba a abrirse poco a poco ante su familia, algunas veces por la tarde practicaba con la guitarra en su habitación, sin importarle quién lo escuchara, ya llegaba a terminarse el plato completo de comida que le servían e incluso en varias ocasiones lo escuchaban asaltando la nevera; y cuidado si lo hacías enojar, pues ya no se quedaba callado y mostrando una falsa sonrisa como antes, ni mucho menos te decía que no había problema y que estaba todo perdonado, no, ahora si lo enfadabas, te lo hacía saber con palabras o con golpes, te daba a elegir.

Miguel Ángel ya se concentraba más en sus deberes, no se distraía tan fácilmente y prestaba mayor atención a lo que se le decía y pedía; Donatello se veía más relajado con respecto a su labor de médico y arregla todo de la casa, aceptaba (Aunque no le gustara) que no siempre podía tener todas las respuestas, pero eso no significaba que no pudiera buscarlas; por lo que aún se empeñaba en resolver todos los enigmas que se le presentaran, entiéndase, todo lo que ahora podía ver y hacer Leonardo.

Esta tarde por fin se dedicarían al diseño de la página psíquica de Leonardo; cosa que a algunos de la familia les parecía de lo más absurdo e innecesario. Rafael estaba seguro que sería una pérdida de tiempo, pues ya habían demasiadas en internet y por muy bueno que fuera su hermano en la parapsicología, tardaría al menos un año en llegar a ganar todo el dinero que deseaba.

Donatello pensaba igual que el rebelde de bandana roja; había visto día a día las maravillas que podía hacer su joven líder con el poder de su mente, al menos así lo llamaría hasta que tuviera una mejor respuesta; pero eso no significaba que pudiera hacer mucho dinero con ello y menos aún, pagarle una educación universitaria, lo cual obviamente no le demandaría que cumpliera.

Mikey por su parte, no tenía ninguna duda que la página web de su querido hermano mayor sería todo un éxito; tenía fe ciega en él (Como siempre) además de que le ayudaría en todo lo que pudiera para darla a conocer; le haría propaganda por toda la internet, hablaría de él con sus clientes, le pagaría un anuncio en el periódico e incluso de ser necesario, agregaría la dirección en los recibos y paquetería de su mercancía con la promesa de que obtendrían un descuento de 3 dólares si mencionaban su marca.

Ya pasaban de las seis de la tarde y todas las tareas del día estaban cumplidas; era hora de trabajar con la computadora, ya solo faltaban los clásicos pequeños detalles de una página como…bueno, la verdad faltaba todo: el nombre del sitio, las imágenes que mostraría al público, los colores, el texto, los servicios que ofrecería y los precios. Vaya que había mucho por delante y poco tiempo, pues Leonardo quería terminarla esa misma noche.

¿Y ya tienes el nombre de la página? ¿Y todo lo que le falta?— pedía Donnie a Leo frente a su laptop, sentado en la alfombra de la sala, con el sillón de tres piezas como respaldo y la compu colocada sobre la mesita del té.

No lo tengo todo aún. — respondía Leonardo recostado en el sillón de tres piezas, con los pies rumbo a Donnie, muy entretenido con su celular. — Pero supongo que no será tan difícil conseguir lo que falta.

¿En serio piensas seguir con eso?— se escuchó preguntar a Rafael seguido de Miguel Ángel, ambos traían varias latas de soda, botellas de agua sabor naranja y un par de tazones de palomitas en las manos. — ¿Por qué mejor no buscas otra cosa? Si quieres trabajar, podrías venir como ayudante a nuestro taller. — ofrecía al tiempo que le entregaba una botella de agua.

No gracias. — tomó la bebida el de azul sin dejar de observar su celular, al parecer estaba abstraído con unas imágenes muy interesantes, pues sonreía divertido ante la pantalla. — De ninguna manera iré a trabajar con ustedes.

¿Por qué no? te trataríamos bien. —

Eso lo dudo, pero gracias de todos modos, sé que la página web me ayudará con lo que planeo. — esto llamó la atención del genio del grupo.

¿En serio crees que una página psíquica te dejará dinero? En lo personal creo que será difícil, de entrada, que te noten, ya no digamos que ganes algo con ella.

Yo sí creo que va a funcionar. — se escuchó por parte de Mikey, mientras tomaba asiento junto a Donnie en el piso. — Yo no tengo dudas de Leo.

Eso no me extraña. — agregó Rafael, tomando asiento en uno de los dos sillones de una pieza que tenían, a la cabeza de Leonardo para ser más exactos, tratando de mirar con curiosidad lo que este estaba viendo en su celular, sin mucho éxito.

¿Y cómo se llamará?— se les unió Splinter en la sala con un plato lleno de cubos de queso y tomando asiento en el segundo sillón de una pieza, situado en el otro extremo del mueble más grande, a los pies de su primogénito para ubicarnos. — ¿Qué tipo de servicios ofrecerás?— el mayor retiró la mirada de la pantalla del teléfono y lo pensó un momento.

Pues…quiero que se llame " 'N vriend gees" que significa "Un espíritu amigo" y mi padrino dice que puedo ofrecer amuletos, lecturas de cartas; cosas de ese tipo, me hizo una lista. — Leo sacó de su cinturón una hoja de papel para mostrarla.

Dámela. — pidió Don. — Subiré los datos de inmediato. — Leo se la entregó.

¿Y las lecturas serán por vídeo chat?— preguntó Rafa agarrando un buen puñado de palomitas.

Supongo, obviamente no podré recibir a nadie aquí. —

¡Cierto!— afirmó la familia al unísono.

Según la lista de tú padrino. — informó el ninja de morado viendo el papel. — ¡¿Las sesiones por vídeo costarán tres dólares con ochenta y cinco el minuto?! ¿No te parece muy caro?—

Eso creo, pero me dijo que ese sería el costo y no quise discutirlo con él. —

Jamás vas a hacer dinero con esos precios. — lo sentenció Rafael. — Al público hay que ir ganándoselo poco a poco, atacar a la competencia con tarifas más bajas. —

¡Vaya! está hablando el hombre de negocios. — se burló el de azul divertido.

Ríete si quieres, pero tengo razón. —

¿No crees que deberíamos modificarlos? Cobrar menos para empezar. — ofrecía Donatello.

Gracias. — respondió Leonardo con una sonrisa. — Pero estoy seguro que no habrá problema para que la gente los pague, ya lo verán. — a pesar de la confianza que mostraba el ninja azul, la familia seguía dudando.

Pero Leo, nadie en su sano juicio gastará cerca de cuatro dólares el minuto solo para que le lean las cartas. — insistía Rafael.

Debes ir de menor a mayor precio según sea la demanda. — continuó Don.

Me pidieron que no modificara nada, di mi palabra. —

Entonces no hay nada más que discutir. — intervino Splinter. — Debemos respetar la decisión de su hermano. — Leo le agradeció el apoyo con una sonrisa y volvió a revisar su teléfono, pues este había sonado.

¡Mmm Aaahh!— se escuchó la expresión de placer de una mujer.

¿Qué es eso?— preguntó Splinter buscando con la mirada por los alrededores, Leo respondió divertido y con las mejillas sonrojadas.

Es el tono que Irene Adler puso en el celular a Sherlock ¿Es divertido, verdad? Me lo pasó un amigo de Inglaterra. —

¿Tienes un amigo en Inglaterra?— preguntó el rebelde.

Nos conocimos en un foro de Sherlock, también le gusta Star Trek. — reveló sonriente.

¡Genial!— se burló el de rojo. — Ya me imagino las pláticas taaan interesantes que tendrán los dos.

Pues aunque no lo creas, así es. — se defendió el de azul.

¿Y cómo se llama?— quiso saber Mikey.

Spock, se hace llamar Spock. — la mayoría rio divertida.

¿Y tú? ¿Qué nombre te pusiste?— pidió saber Splinter.

Kirk. — reveló muy contento. — Soy James T Kirk. — la mayoría sonrió divertida con la explicación.

¿Por qué no me sorprende?— se preguntó Rafael.

A mí me parece divertido. — celebró su padre alegrando al primogénito.

Y volviendo a la página un momento. — les llamó el ninja tecnológico colocando sus manos en alto en señal de tiempo fuera. — ¿En serio no puedo modificar los precios un poco? Sigo pensando que son muy altos. —

No. — dijo el mayor de manera tajante.

Como quieras. — se resignó el de morado y comenzó a trabajar.

Si piensas tener vídeo conferencias. — agregó Splinter. — ¿Cómo ocultarás tú imagen?—

Esa es una buena pregunta. — comentó Rafael volviendo a la tarea de tratar de ver el celular de Leonardo, quien comenzó a taparlo al sentirse vigilado. — ¿Cómo harás?—

Aún no tengo idea de cómo hacerlo. — respondió el primogénito, pegando la pantalla del aparato contra su pecho. — Quizás pondré la habitación toda en negro y usaré ropa oscura, no lo sé. —

¿Y si usaras una máscara y una túnica negra? Como V en V of vendetta, el que lleva una máscara de Guy Fawkes. — opinó Miguel Ángel entusiasmado. — ¡Te verías impresionante!—

¿Usando una máscara de Guy Fawkes?— le siguió el de azul, tratando de aguantar la carcajada. — Me parecería al tal Anonimous que sale en youtube. —

¡No una igual!— sonrió divertido el menor. — Yo podría diseñarte una máscara; sería blanca y con un decorado gótico, como una enredadera o unas espinas en colores negro y azul ¿Qué te parece?— el mayor no sabía qué responder cuando intervino Don a tiempo.

Mejor buscamos un diseño que valga la pena, algo más serio. —

Yo soy serio. — nadie le creyó al menor.

¿Qué tal si usas una de terror?— sugirió Rafael animado. — Algo impresionante a la vista, con mucha sangre y un distorsionador de voz. —

Dijimos que sería serio Rafa. — le recordó el ninja de azul volviendo a prestar atención a su teléfono. — Quiero tener clientes fijos, no matarlos de un susto a la primera. — el de rojo sonrió.

Yo creo que sería divertido… ¿Qué tanto miras en el celular?—

Unas imágenes que me envió Spock. —

¡¿En serio?!— preguntó interesado Don. — ¿Qué tipo de imágenes son?—

Ahora te digo. — respondió Rafael por Leonardo y sin permiso alguno le arrebató el teléfono de las manos.

¡Oye! ¡Dame eso!— exigió el mayor, para luego tratar de recuperar su aparato, pero el ninja rojo conseguía evadirlo, pues imaginaba que este tendría material prohibido y obviamente quería verlo.

Tranquilo hermanito, seguro no es nada que no hayamos visto antes. —

En tu celular al menos. — agregó Don a la conversación, pues era bien sabido por los dos menores, que Rafael poseía una gran galería de atractivas chicas con muy poca o nada de ropa en las memorias de sus aparatos.

¡Dame mi teléfono Rafael!— pedía Leo molesto.

¡Rafael!— le llamó Splinter. — Tu hermano no quiere compartir el contenido de su celular, devuélveselo.

Por el contrario sensei, yo podría mejorar su… ¿Qué es esto?— comenzó a ver las fotos, una y otra con gran rapidez. — Todas son de hombres… ¡¿Y están desnudos?!— de inmediato, todas las miradas cayeron sobre el ninja de azul, quién estaba totalmente enmudecido, su corazón latía al mil por hora y tenía la cara completamente roja. — ¿Leo? ¡ ¿Qué significa esto?!— exigió saber el de rojo con el aparato en su mano.

Ah…ah…— trataba de hablar el mayor, pero nada salía de su boca, nada que se pudiera entender y de hacerlo ¡Por mil demonios! No tenía idea de qué decirles, Leo estaba dividido entre la furia y la desesperación, el color pronto se le fue del rostro, comenzó a sudar frío y a temblar; sus manos se sentían como invadidas por millones de molestas hormiguitas corriendo y picando como locas, sus piernas estaban a punto de flaquear, contenía la respiración para no derrumbarse. Gracias al cielo, y para su enorme sorpresa, Splinter intervino a su favor.

Te dije que le devolvieras el teléfono a tu hermano. — le recordó al tiempo que iba tras el ninja rojo y le quitaba el celular para devolverlo sin ver su contenido a su legítimo e impresionado dueño. — Ahora. — volviendo a su asiento. — Regresemos a lo que en verdad importa. — el silencio creado por este movimiento de inmediato se rompió.

¡¿Lo que en verdad importa?!— gritó Rafael casi histérico. — Tu hijo mayor tiene pornografía gay en su teléfono ¡¿Y tú quieres regresar a la página web?!— reclamaba señalando al susodicho. — ¡ ¿Estás hablando en serio?!

Así es Rafael, estoy hablando muy en serio; volveremos a trabajar y no se hablará más de esto. — los guerreros más jóvenes pensaban aceptar las órdenes de su padre a pesar de las muchas dudas que invadían sus mentes. Pero el segundo continuó.

¡Pero sensei! ¡Leo nos debe una explicación!— gritaba mientras le apuntaba con el dedo; una vez más, las miradas cayeron sobre Leonardo. — ¡¿Desde cuándo tienes ese tipo de inclinaciones?! ¡¿Acabas de empezar?! ¡¿Quién diablos te mete esas porquerías en la cabeza?! ¡¿Por qué…?!

¡RAFAEL!— le interrumpió su padre. — ¡Guarda silencio! Recuerda a quién le estás hablando. —

¡Pero sensei!—

La discusión entre padre e hijo seguía mientras los guerreros más jóvenes observaban en silencio y el chico de azul continuaba pasmado; su cuerpo temblaba con más fuerza y no sabía exactamente por qué. Una parte de él quería huir y encerrarse en su habitación para siempre, quería llorar, quería morirse y no saber nada más del mundo; pero por otro lado, estaba furioso, deseaba matar a Rafael por la falta de respeto a su persona, por ponerle en evidencia frente a sus pequeños hermanos y padre. ¡Se quería morir! Sí, pero no sin antes hacerle pagar al atrevido quelonio su insolencia.

¡¿Cómo es posible que no quieran una explicación de su conducta?!— continuaba el de rojo. — ¡A mí me la piden a cada rato por mis errores! ¡¿Por qué con él debe ser diferente?!— en lugar de recibir una respuesta de Splinter, Leonardo contestó.

¡ ¿Cómo te atreves a comparar mi estilo de vida con todas las estupideces que has cometido?! ¡Mocoso mal educado! ¡No te atrevas a ponerme al mismo nivel de tus tonterías, no es lo mismo!— no solo Rafael, todos estaban boquiabiertos con su reacción. — ¿Por qué diablos te comportas así? ¿Acaso me he convertido en alguien sucio, torcido o depravado ante tus ojos? ¡¿Por qué demonios me estás exigiendo explicaciones por algo que vienes haciendo desde que Don te dio un teléfono?! ¡No debo ninguna explicación a nadie!— esto iba para todos. — ¡¿Acaso alguno rinde cuentas a los demás de lo que hace a solas en la intimidad de su recámara?! ¡ ¿POR QUÉ DEBO SER YO EL PRIMERO?! —

No solo el segundo al mando, la familia completa guardaba silencio, pues jamás se habrían imaginado siquiera que un día verían a Leonardo explotar y defenderse de esa forma. El ninja azul estaba de pie fuera del sillón y ni cuenta se había dado cuando lo hizo; estaba agitado, respiraba con rapidez para tratar de controlar su rabia, para tratar de obtener fuerza contra la debilidad que comenzaba a invadirlo.

Sí…soy gay. — confesó con el corazón palpitándole aún más fuerte y sudando frío. — Y no era esta, la manera en que imaginé que llegarían a saberlo, de hecho…— se sinceraba mientras se tallaba las manos con nerviosismo. — De hecho, no tenía planeado decírselos nunca, porque simplemente, no quería hacerlo, no me parecía necesario, jamás iba a presentarles un novio, eso es seguro; pero ahora que ya lo saben. — finalizaba cansado. — Adelante, pueden ir a reclamarme lo que quieran; estaré en mi habitación. — y dicho esto comenzó a caminar rumbo a las escaleras que llevan al segundo piso. El resto de la familia se quedó en silencio un par de minutos después de que se hubo retirado, hasta que empezaron las recriminaciones.

¡Buena la hiciste Rafael!— reclamó colérico el de morado. — ¡¿Cómo pudiste hacerle eso?!—

¡¿Hacerle qué?! ¡¿Exigir respuestas?!—Don se puso de pie para enfrentar cara a cara al segundo.

¡Lo avergonzaste frente a todos! ¡Lo trataste como si fuera un monstruo!—

¡Él tuvo la culpa!— gritó señalando al cuarto del mayor. — Si no quería que lo descubrieran ¡No se hubiera puesto a ver esas porquerías frente a noso…!—

¡PAAFF!— Don y Mikey quedaron boquiabiertos al ver como Splinter llegaba en un santiamén frente a su hijo de rojo y le propinaba una fuerte bofetada.

¡Guarda silencio Rafael! No tienes la calidad moral de criticar a nadie, ninguno de nosotros la tiene. — dijo mirando a los presentes, el silencio se hizo en el lugar. — Además, ustedes tres han revisado sus celulares a cualquier hora del día y ni yo ni su hermano les hemos obligado a revelar su contenido. — el ninja rojo aceptó esto avergonzado.

¿Esto es malo sensei?— preguntó vacilante el menor, para romper de nuevo el incómodo silencio que se formó.

¿A qué te refieres Miguel Ángel?— el niño se vio apenado por exponer sus dudas, pero igual continuó.

A eso que dijo Leo…a ser gay ¿Es malo?—

Claro que no pequeño, no es malo ser gay. —

¿Entonces por qué reaccionó así Rafael?— ahora todas las miradas inquisitivas caían sobre el guerrero rojo, quien se veía apenado por su proceder.

Me temo, que es culpa mía, Miguel Ángel. —

¡¿Queee?!— los tres menores lo miraron desconcertados, en especial el más apasionado, pues esperaba escuchar un sinfín de teorías acerca de su modo de actuar, pero.

¡¿Usted?!— preguntó Don. — No entiendo. — el anciano exhaló un largo suspiro antes de responder.

Desgraciadamente ustedes siguen arrastrando mis errores del pasado, no les puse la atención adecuada y la educación que les di sobre la sexualidad fue deplorable; imagino que al necesitar más información, simplemente se dejaron llevar por las mentiras que escucharon de terceros. — los chicos prestaban atención al tiempo que asimilaban lo que les decían. — Lamento mucho si llegué un día a decirles lo contrario, pero hay muchas maneras de manifestar la atracción sexual y emocional, no es necesario que encajen en un solo tipo, no tienen por qué sentirse culpables al no ser iguales a los demás o al querer pertenecer a más de uno; mientras no se hagan daño y no lastimen a nadie, si están de acuerdo él, la o los que deseen tener una relación con ustedes, tengan por seguro que yo seguiré amándolos como nunca nadie más los amará en este mundo. — las lágrimas comenzaron a recorrer el rostro de los tres quelonios.

¡Sensei!— exclamaron los pequeños al tiempo que corrían a refugiarse entre sus brazos; al menos dos de ellos.

¿Rafael?— le llamaba el roedor. — ¿Qué sucede?—

No sé si estoy, de acuerdo con usted, sensei. —

¿A qué te refieres?—

Es que yo…no me gusta, no creo que esté bien, lo que dice Leo que es…yo...— toda la familia rodeó al guerrero para escuchar mejor su explicación.

Muy bien Rafael, dinos ¿Por qué crees que no esté bien?— los ojos del chico de rojo comenzaron a cristalizarse y su voz a quebrarse.

Porque…esos tipos, son raros, obscenos, amanerados, una burla, yo, yo no quiero que mi hermano sea así, no quiero que se mofen de él, que sea vuelva débil. — la familia no daba crédito a lo que escuchaban por parte de Rafael.

¡Esas son puras estupideces!— respondió Donatello en lugar de Splinter. — Esos son solo estereotipos, no todos los homosexuales son así ¡Leo jamás ha sido así!—

¡¿Y si ahora que ha dicho que lo es empieza a quebrarse?!—

¡¿Quebrarse?!— preguntó Mikey sin poder comprender y sin que nadie le hiciera caso; trató de preguntar de nuevo, pero se distrajo al escuchar a su gato maullando desde el segundo piso.

¡No puedo creer que seas tan imbécil!— gritó el de morado.

Donatello. — le llamó la atención su padre.

¡Sensei!— quiso continuar, pero no se lo permitieron.

Rafael. — volvió a tomar la palabra Splinter. — Ese tipo de conductas que describes son propias de pocas personas, no necesariamente tienen que comportarse así todos los hombres homosexuales; además, si tu hermano se sintiera cómodo manejándose de una manera más, delicada, nosotros debemos respetarlo como él nos respeta a nosotros. — el ninja rojo escuchaba con atención a su padre, pero aún mantenía todos sus prejuicios a la orden.

Pero no me gusta maestro Splinter; Leo es nuestro líder, se ha enfrentado a Shredder, ha vencido a varios guerreros a la vez sin importar la gravedad de sus heridas, no puede salirnos ahora con que le gustan las mismas cosas que a las mujeres ¡Eso no está bien!— tanto Splinter como Donatello lo escuchaban de lo más impresionados, Mikey por su parte no estaba seguro de lo que estaban hablando.

El que Leonardo sea gay, no significa que no pueda seguir siendo el excelente guerrero que ha sido hasta ahora. — decía su padre.

Además. — continuó Don. — No a todas las mujeres les gustan los hombres, ahí tienes a las lesbianas. —

Con ellas no tengo problema. — dijo el de rojo más tranquilo. — Hasta me parecen sexys. — Donnie solo rodó los ojos, exasperado con tanta tontería. — ¡¿Pero el sexo entre hombres?! ¡Eso es horrible!— la familia le miró extrañado.

¿Acaso has visto películas de…?— el de rojo palideció.

¡YO NO HE VISTO NADA DE ESO!— respondió inmediatamente. — Pero sé que es aberrante.

¡LO ÚNICO ABERRANTE AQUÍ ES TU IGNORANCIA!— estalló de nuevo Donatello. — ¡No sabes lo mucho que me estás avergonzando! Y no solo por tu oscurantismo cerebral, sino también por tu miedo. —

¡¿Mí qué?!—

¡Tú miedo hermanito! Todas esas tarugadas que has dicho desde que empezó esto, delatan claramente tu miedo a reconocer tu propia homosexualidad latiente. —

¡ ¿CÓMO TE ATREVES A…?!— le enfrentó el segundo al mando con los puños listos para golpearlo, pero el genio ninja ni se inmutó, por el contrario, se movió unos pasos a la derecha para hacer distancia entre el agresor y él.

¡Escuchaste bien, Rafael!— continuó. — Quizás no seas gay, pero sí temes que al estar tocando el tema, despierte en ti la curiosidad y busques experimentarlo en carne propia; y de ser así, serías etiquetado con todas las falacias que has estado recitado en tan pocos minutos. —

Eso no es cierto. — aseguraba temblando. — ¡No es verdad!—

¡Ya basta!— intervino Splinter antes de que todo empeorara. — Donatello en algo tiene razón Rafael. — la atención de los tres niños se posó en Splinter. — El miedo y la falta de información te tienen atrapado en un terrible error, y lo peor de todo, es que puede llegar a destruir la relación que tienen tú y Leonardo; y eso no lo permitiré. —

¿Eh?—

Esta misma noche, tú y yo hablaremos con el doctor Park para que despejes todas tus dudas y miedos, no voy a permitir que algo tan tonto como lo son los prejuicios, acaben con lo que estamos ganando como familia. — luego se dirigió a sus otros dos hijos. — Si lo desean, ustedes también pueden acompañarnos para aclarar cualquier duda con el psicólogo. — Donnie sonrió autosuficiente.

Yo estoy muy bien, gracias ¿Y tú Miguel Ángel? ¿Miguel Ángel?— el chico de naranja caminaba rumbo al segundo piso. — ¿Qué sucede?—

Me pareció escuchar a Klunk maullando. —

Eso hacen los gatos Mikey, maúllan. — le informó Rafael.

Pero parecía insistente, como desesperado. —

¿Y por qué habría de estar desesperado? A menos que algo malo esté…— las pocas palabras del niño listo trajeron luz a todos.

¡Leonardo!—

Fin del capítulo 1.

Espero que les haya gustado. Besos.