Ya sé que es repetitivo el que me disculpe con todos ustedes por mis exageradas tardanzas, pero de nuevo les pido perdón; no puedo hacer otra cosa que no sea disculparme. Ya no les digo para cuándo estará el siguiente capítulo porque ni yo lo sé, pero sí les aseguro que seguiré escribiendo el fic.

Perdón de nuevo y muchas, muchas gracias por seguir a mí lado en esta loca aventura. Los quiero mucho a todos. Besos, abrazos y… Qué comience el show.

Capítulo 8.

¿Quieres hacerlo esta noche? ¡¿Quieres hacerlo esta noche?! ¡ ¿ACASO HABLABA EN SERIO?!

Rafael seguía de pie, solo, boquiabierto, escuchando en su mente la… ¿Cómo decirlo? ¿Oferta o…invitación? ¡¿Qué demonios fue lo que le quiso decir Leonardo?! Y ni cómo subir a preguntarle, pensaba; seguro creería que estaba aceptando su oferta y...El quelonio de rojo se quedó mirando el hueco de la escalera que llevaba al segundo piso, confundido y quizás también, experimentando una extraña mezcla entre miedo, sorpresa y… ¿Curiosidad? ¿Así podría llamarlo? ¿Curiosidad? ¡Nooo! No era posible que empezara a dudar de sí mismo.

Mientras el segundo al mando se devanaba los sesos tratando de comprender lo que dijo su hermano, Leo se preparaba en su habitación para atender a todos sus nuevos clientes; fue curioso, pensaba que lo ocurrido con las chicas de la pijamada acabaría por completo con su negocio, pero no fue así, al parecer muchos lo empezaron a buscar para ver si era cierto que podía invocar espíritus. Bajo la divertida y curiosa mirada de sus amigas y abuelo, Leo comenzó a vestirse para trabajar; el japonés no pudo contenerse más y al fin preguntó.

¿Y…?

¿Sí?— preguntó el nieto.

— Sabes bien lo que quiero, dime…— comenzó a preguntar. — ¿Fue en serio lo que le dijiste a Rafael?

— Sí él quiere. — sonrió el de azul.

¡¿En verdad?!— preguntó esta vez Madeleine con una pícara sonrisa en el rostro.

— No veo por qué no.

— Creí que no estabas de acuerdo. — le recordó su abuelo aquella vez en el baño junto a su padrino.

— Pues…— todos los presentes pusieron atención.

— En aquella ocasión no me sentía bien. — recordaba. — Estaba…inseguro, preocupado por lo que estarían pensando mis seres queridos acerca de mí orientación sexual. — guardó silencio un par de segundos para luego agregar. — Sé que Don, Mike y papá me aceptaron sin problema alguno, pero la reacción de Rafael desencadenó en mí un sinfín de preguntas, como… ¿Y sí papá y los chicos cambian luego de parecer? ¿Y si prefieren que siga ocultándome? ¿Y si Rafa nunca me acepta? ¿Y si, y si, y si...? ¡Dios!— Exclamó. — ¡Me cansé! ¡Ya era demasiado! cuando me sentí mejor y pude pensar con claridad me dije… ¡Ya no más! Ya pasé muchos tiempo teniendo miedo del qué dirán y ocultando lo que en verdad quería hacer de mí vida ¡Se acabó! ahora haría lo que yo quisiera y si en verdad me aman como yo los amo a ellos; me tendrán que respetar. — tanto sus amigas como su abuelo lo miraban orgullosos.

¿Y la invitación sexual?— preguntó Chris.

— Pues…— lo pensó un momento el ninja azul con las mejillas encendidas. — Si mis pequeños hermanitos quieren vivir una experiencia homosexual ¿Qué mejor que con su hermano mayor y no con un completo extraño? Además…— sonrió. — No es algo que yo no hubiera deseado antes.

¡¿En serio?!— pidió saber Evelin muy interesada. — ¿Ya querías acostarte con ellos desde antes?

¿Y quién no querría hacerlo? Mis hermanos son muy atractivos. — compartía al tiempo que terminaba de abrocharse el saco y tomaba su lugar frente a la computadora. — Cuando era pequeño fantaseaba con cada uno de ellos, pero la verdad, mi favorito siempre fue Rafael; no lo sé, creo que me gustan fuertes, y muy masculinos. — sus amigas y abuelo celebraron esto con una risita cómplice.

— Y ¿Crees que él acepte?— pidió saber Latoya entregando a su amo su máscara de demonio.

— No lo sé. — tomó la careta y agradeció con una ligera inclinación. — Espero que lo haga, me encantaría probarlo esta noche. — todos estuvieron de acuerdo con él.

Las siguientes horas Leo las pasó atendiendo a cada personaje en las redes, que jamás se hubiera imaginado siquiera que existieran. Primero una pareja quería resolver su situación económica con un hechizo o amuleto. Después vino una mujer que quería vengarse de su esposo por irse tras una chica 20 años más joven que él y con gustos caros. A eso le siguió un hombre que quería saber si Leo podía ayudarle a sacarse de encima a una ex novia que no lo dejaba en paz ni con una orden de restricción. Y por último; vinieron unos muchachos, al parecer conocidos de las chicas de la pijamada que querían saber sobre sus futuros y no faltó el que pidiera ser asustado por un espíritu como les había pasado a sus compañeras de colegio. Con toda calma el hechicero les dijo que ese había sido un caso especial y que no venía en la lista de trabajos que ofrecía hacer, pero como los chicos ofrecían una fuerte cantidad para ser asustados pues…al cliente lo que pida ¿No es verdad?

¿Entonces tuviste muchos clientes hoy?— le preguntaba Spock a Leo por medio del chat en Facebook y el programa lector que Donnie le instaló para que le leyera todos los textos.

¡Sí! No creí que esas niñas de la pijamada llegarían a ser una excelente propaganda. — admitía sorprendido mientras terminaba de ponerse la ropa de dormir. — Muchos de mis clientes llegan mencionándolas. — al parecer su novio escribió algunas risas, porque el programa empezó a leer "Ja, ja, ja".

— Lo importante es que tengas trabajo mi muñequito de vudú…aun no puedo creer que las hayas asustado.

— Ellas se lo buscaron.

¿En serio les enviaste un fantasma?

— Sí.

¿Puedes hacer eso?

— Así es… ¿Quieres conocer uno?

¡No gracias! Yo con "Eso" no me meto, lo sabes. — ambos chicos rieron divertidos. — Mejor dime… ¿Qué llevas puesto?— Leo miró la pantalla de manera pícara.

¿En serio? ¿Ahora?

¿Y por qué no? sabes que te deseo. — Leo se acercó a la pantalla y tomó asiento.

— Yo también te deseo. — dictó al programa.

— Entonces… ¿Qué llevas puesto?— el quelonio de azul no lo pensó mucho. — Un pijama de pantalón y camisa de manga larga.

¡Mmm! ¿Tiene botones al frente?

— Así es.

— Esos me gustan, porque puedo empezar a besarte el cuello para luego ir a desabrochando cada botón con la boca. — el ninja azul sonrió con un poco de color en sus mejillas.

— Y… — expresó con voz entrecortada. — Mientras besas mi cuello. — agregó. — Yo acariciaré tú espalda y bajaré rozando con mis dedos...

¿A dónde?— preguntó ansioso su amante cibernético. — ¿Hasta dónde vas a bajar?

— Eso depende de la intensidad de tus besos.

¡WWOOWW!— exclamó el chico al otro lado del chat. — ¡Cariño! esto se está poniendo bueno.

¡Demonios!

¿Ya vamos a empezar con las palabras fuertes?

¡No! ya viene mi padre.

¡Diablos! ¿Podremos seguir apenas se vaya?

— Tenlo por seguro. — el quelonio bajó la pantalla de la computadora para atender a su padre, poniendo cara de niño bueno. — ¡Hola!

— Hola.

Media hora más tarde, Splinter salió del cuarto de su primogénito y bajó al primer piso para encontrarse con los tres menores sentados frente al televisor viendo el programa de Juventud paranormal. Dos de ellos se veían más interesados que el tercero, Rafael estaba más ocupado pensando en sus propios problemas como para prestar atención a los supuestos expertos paranormales haciéndose los valientes en una bodega llena de neumáticos y rines.

¿Por qué siguen viendo eso?— preguntó el padre a sus hijos. — Creí que con lo que habían dicho los clientes de Leonardo, bastaría para ya no verlos más. — era una buena pregunta.

— Eso mismo le dije yo sensei. — tomó la palabra Donnie. — Pero Mikey insiste en poner el programa.

¿No los vimos ya en la mañana?

— Esa fue la repetición del de ayer sensei. — expresó el muchacho comiendo galletas directo de la caja. — Este es un capítulo nuevo.

¿Y por qué lo ven?

— Porque…— lo pensó un momento el pecoso. — ¿Es entretenido?

— Yo soy morboso. — levantó la mano el de morado para ser notado.

— Y también me ayuda a superar mi trauma. — remató el menor para luego meterse dos galletas más de chocochips en la boca.

¿No temes que esa cosa te dé pesadillas?— preguntaba el padre interesado, ya que de ser verdad, alguno de los presentes lo tendría de invitado en su cama.

¡Eso no espanta a nadie!— exclamó Donatello con absoluta verdad. — Lo único interesante de esos programas son las historias y tratar de averiguar si alguna es real.

— Según Rafa y Leo, lo son. — opinó Mike.

— Sí, pero no creo que el 100% de las historias que presentan lo sean, para mí que apenas una o dos son verídicas.

¿Y con verídicas te refieres a…?— pidió saber su padre tomando asiento en su lugar favorito y buscando un bocadillo en la caja de Migue.

— A que son los pocos desesperados que con tal de que les ayudaran con su problema paranormal firmaron lo que fuera.

— Para mí que el caso de la granja embrujada era real. — apoyó el pecoso al genio en su teoría. — El grupo se fue diciendo que requería más investigación y que pronto saldría una segunda parte del caso que nunca salió; para mí que no pudieron con el fantasma.

— Y dicen en internet que una joven los contrató para que la ayudaran a deshacerse de una muñeca embrujada y la cosa esa volvió luego de que la quemaron y enterraron, que ella quiso demandarlos por no cumplir con el contrato pero no ganó nada.

¡Sí supe!— exclamó Mikey.

¡Rafael!— tanto los menores como el susodicho miraron al roedor interesados. — Has estado muy callado ¿Te encuentras bien?— ahora los más jóvenes prestaron atención al segundo al mando, quien apenado trató de verse de lo más normal.

— Yo…sí, claro, es solo que…— no sabía qué decir, pues su mente seguía en la propuesta del primogénito y obviamente no iba a decirle eso a nadie. — Seguía pensando en lo ocurrido esta tarde. — Mintió, pero se preguntaba ¿Por qué mentir? Si en otras ocasiones había dudado abiertamente si su hermano estaba bien pues hacía esto o pensaba aquello y ahora que le proponía algo tan depravado ¿Se lo guardaba todo para él? ¿Por qué?

¡Eso debió ser increíble!— opinó el pecoso entre emocionado y asustado, pues no dudaba de lo que contó el segundo guerrero. — Y tú ¿Volverás a estar presente cuando atiendan a esta familia?

— Yo, espero que sí, no quiero quedarme afuera cuando Leo y su padrino se encarguen de las limpiezas y de sacar a esa cosa de la casa de esa gente.

— Si lo grabaran sería un genial programa ¿No creen?— las miradas de la familia para el pequeño fueron de confusión y sorpresa.

¿Insinúas que Leo debería tener su propio show de TV?

¡Sí! De internet para empezar.

¡Estás loco!— lo etiquetó Rafael poniéndose de pie para ir directo al segundo piso; a su cuarto, a dormir; nada más y nada menos, se repetía a sí mismo como si fuera necesario hacerlo. — ¡Buenas noches!— saludó a todos.

¡Buenas noches!

— Ya apaguen y vayan a sus cuartos. — ordenó Splinter poniéndose de pie también para luego irse a la cocina. — Subiré en un momento a verlos.

¡Hai sensei!— empezaron a obedecerle.

Obviamente Rafael cumplió consigo mismo al no ir al cuarto de Leonardo, pero no dejó de pensar en ello toda la noche ¡Y no porque quisiera lo que están pensando! Bueno, más o menos. Casi toda la madrugada el segundo al mando estuvo cavilando sobre lo que su hermano quiso decirle, si en verdad era "Eso" a lo que se refería o quizás solo lo estaba espantando; tal vez si se hubiera presentado en su recámara, Leo se habría visto acorralado y no sabría cómo responder; eso habría sido divertido de ver, pensaba. Pero obviamente de haberse presentado, el mayor de los cuatro lo habría catalogado de pervertido, de aceptar su invitación y por supuesto que eso no era cierto ¡Él no era gay, con un demonio!

Al día siguiente la rutina reinició como siempre; temprano los muchachos acudieron con Splinter a tomar sus lecciones, después se fueron a preparar el desayuno y luego empezaron a repartirse las tareas del día.

¿Qué es lo que tienen que hacer hoy?— empezó a preguntar el padre mientras ayudaba a recoger los platos.

— Yo debo ir al taller a encontrarme con Casey. — comentó con pereza Rafael haciendo que los menores empezaran a burlarse de él.

¡Uuyy!

¡Va a reconciliarse con su novio!

¡Sííííí!

¡Cállense par de babosos!— gritó el de rojo levantando el puño en dirección a los dos menores, cuando Splinter intervino.

— Tranquilos. — ordenó de manera serena y efectiva. — Y ustedes ¿Qué harán?— continuó mientras Rafael se retorcía en sus pensamientos, pues a pesar de que anoche no hizo nada malo con Leo ni con nadie más; igual lo estaban tratando como a un desviado, digo, ¡como a alguien gay, como a alguien gay! Se autocorrigió.

— Yo tengo que ir a ver a mi padrino. — la voz del primogénito devolvió al ninja rojo de regreso a la cocina.

Rafael puede llevarte a su casa ahora que vaya a trabajar. — sugirió el sensei. — No hay problema ¿Verdad?

— Espero que no. — sonrió el mayor mirando directo al temperamental y poniéndolo nervioso.

— No…no hay problema. — Contestó este apenas.

— Bien, iré por mis cosas. — Se retiró Leo.

— Yo tengo trabajo en la red. — Anunció el joven genio sin mucho entusiasmo empezando a encaminarse rumbo a su computadora junto a su líder.

— Ya deberías dejar eso y bajarle a las tazas de café también.

¡¿Por qué?!— Conversaban afuera de la cocina los dos hermanos bajo la estricta mirada del guerrero escarlata, quien no estaba del todo seguro de querer viajar con el primogénito en la camioneta, los dos solos, aunque… ¡NO!

¿Y tú Mike?— preguntó el padre al pecoso.

— Yo voy a la computadora a trabajar en más diseños para mis patinetas. — Informó mientras buscaba algunos bocadillos que lo acompañaran al trabajo. — Ya debo renovar la galería de mi página de ventas.

— Suena bien. — Opinó el padre mirando sobre el hombro del menor, pues de alguna manera trataba que el más pequeño del grupo se inclinara más hacía las frutas que hacía los pastelitos comerciales.

Ya repartidos en sus respectivas labores, los quelonios de mayor edad se montaron en la camioneta para ir a cumplir con sus propias obligaciones. Leonardo llevaba su mochila de nuevo, en la cual iba toda su indumentaria; cosa que aprovechó el rebelde para entablar una conversación tranquila lejos de cualquier cosa insinuante.

— ¿Verás a los Martínez hoy?— El joven houngans le miró con una pequeña sonrisa en su rostro.

— Así es, tengo... — prestó atención al vacío. — Un poco más de una hora para prepararme antes de que lleguen. — El chofer comprendió.

— De acuerdo, buscaré las vías rápidas. — El silencio se hizo un momento hasta que Leo retomó la palabra.

— Te estuve esperando anoche. — Aunque Rafa no lo quisiera admitir, se inició la charla que tan morbosamente quería retomar. — ¿Por qué no viniste?

¿En serio preguntas eso? ¡¿Es obvio, no?!— Leo le miraba en silencio. — ¡No iba a ir!

¿Por qué no? nos habríamos divertido mucho.

¡Somos hermanos!— le recordó.

¿Y?

¡¿Somos varones?!— Continuó remarcando lo obvio, haciendo que Leo mirara al cielo en busca de paciencia.

— Por eso mismo te invité. — Le respondió el mayor sorprendiendo al conductor con su sinceridad. — Porque eres un hombre muy atractivo y me gustas.

¡ ¿QUÉÉÉEÉÉ?!— Gritó a la vez que giró de manera brusca el volante por la sorpresa y la camioneta comenzó a zigzaguear, obligando a Leonardo a sujetarse de la ventanilla y del tablero al tiempo que con sus otras habilidades tomaba el volante.

¡Ten cuidado!— Ordenó asombrando al rebelde cuando el volante por "Cuenta propia" se enderezó. — Casi nos matas. — Ya más centrado el de rojo trató de retomar el mando, pero este estaba muy duro.

— Ya suéltalo. — Ordenó el de rojo. — Ya puedo conducir.

— Eso espero. — Señaló el de azul dejando el volante. — Porque quiero llegar entero a la cita con los Martínez. — Dejando pasar unos segundos, Leo retomó la charla. — Y ¿Qué tiene de malo que tengamos sexo y seamos hermanos a la vez? No seremos los primeros ni los últimos que lo hagan.

¡NO PUEDO CREER QUE LO DIGAS DE ESA MANERA!— Exclamó el ninja escarlata con la cara roja de la vergüenza y la mirada llena de… ¿Miedo, sorpresa tal vez? Pero Leonardo no se molestó por la exagerada reacción de su pequeño hermanito, al contrario.

¡Ay, Rafael! ¿Por qué te haces esto?

¡ ¿Hacer?! ¡¿Hacer qué?!

¡Esto! De frenarte por vergüenza o miedo al qué dirán cuándo obviamente tienes ganas de hacerlo. — El de rojo lo miraba aterrado. — No entiendo por qué te da tanta pena y terror que termine por gustarte demasiado si en realidad no pasará nada malo. — El apasionado no daba crédito a lo que estaba escuchando.

¡ ¿ACASO ESTÁS COMPLETAMENTE LOCO?!— El segundo miró a su pasajero quien parecía cansado de la misma rutina de macho indignado. — ¡No va a pasar nada entre nosotros! ¡No vamos a hacer nada porque no tengo ganas de nada contigo ni con nadie más!

¡Eso ya lo sé!— interrumpió el mayor. — Nadie más se te antoja, solo yo porque te invité a hacerlo. — El apasionado estalló.

¡CLARO QUE NO!

— ¡Claro que sí!— Insistió el mayor y antes de que esto terminara en pleito; agregó. — Pero tranquilízate, que ya no te diré nada más. — Esto lejos de alegrar al gruñón chofer, le extrañó.

¿En serio?— Miró con sospecha al primogénito.

¡Por supuesto! No creas que siempre estaré dispuesto a darte este tipo de oportunidades, eres lindo pero no es para tanto. — El de rojo estaba más que sonrojado.

— Pues… ¡Qué bueno!— Al fin pudo agregar. — Porque no conseguirías nada de todos modos y te digo que desde ahora por haberme dicho eso eres para mí un pervertido. — Con total indiferencia, Leo le miró y respondió.

¿Ah, sí?

¡Así es! El más grande y célebre de los cuatro hermanos Hamato. — Lejos de molestarse, el primogénito se hinchó de orgullo y exclamó.

¡Pues muchas gracias por dejarlo en claro!— El chofer lo miró. — Ya que eso significa que les volví a ganar. —Luego de que pasaran unos segundos para digerir todo lo anterior, ambos hermanos se soltaron a reír a carcajadas; dejando al abuelo de ambos satisfecho, pues era obvio que nada acabaría con su relación. Ya frente a la casa del señor Vaudoux, una de las herramientas de Leonardo le dijo que aún no llegaba la familia Martínez, que estos estaban a unas cuadras de distancia, por lo que debía apresurarse.

— Bueno. — Dijo Leo bajando del auto. — Espero que te reconcilies hoy con tu novio.

— Ja, ja ¡Qué simpático!— Se defendió el ninja rojo. — Trataré de no llegar tarde.

— Ten cuidado. — Ordenó el joven líder mientras avanzaba rumbo a la entrada.

— Está bien…y Leo. — Le llamó antes de que este se alejara demasiado. — No te exijas demasiado. — El mayor sonrió y levantó un pulgar en señal de que todo estaría bien.

Ya con temporal calma y después de ver que su hermano había entrado a la casa; Rafael se fue rumbo al taller que había montado en mejores tiempos con su buen amigo Casey Jones; era hora de averiguar si todavía lo eran. Mientras más avanzaba más nervioso se ponía y se preguntaba ¿Cómo empezaría la conversación? ¿De qué hablarían? O mejor aún… ¿Cómo terminaría? ¿Con una pelea o con una reconciliación? Aunque no le guste admitirlo extrañaba la amistad del rudo sujeto y muy en el fondo esperaba que todo saliera bien, pero si este continuaba pensando igual; entonces… ¿Qué debería hacer?

Al fin llegó al taller, estacionó la camioneta en la parte de atrás como siempre y se tomó unos minutos para prepararse mentalmente antes de la reunión. Ya de alguna manera, preparado, bajó y abrió la puerta del lugar permitiendo que el sonido de una familiar banda metalera en el estéreo, la televisión encendida en alto volumen con un partido de hockey, un mini-refrigerador funcionando con cervezas dentro y todas las luces encendidas al máximo le recibieran de lleno.

— Esto no puede ser verdad. — Se dijo el quelonio al tiempo que entraba y cerraba con fuerza la puerta a modo de presentación. — ¡¿Acaso crees que la luz nos la regalan?!— Gritó para luego ver a Jones que ya salía de debajo de un auto y se ponía de pie en plan de guerra desde que escuchó el portazo.

¡Vaya!— Exclamó el guerrero al verlo entrar y relajando la postura. — Al fin vuelves a trabajar.

— Ni creas que descontarás de mis ganancias la mitad del recibo de la luz cuando tú la derrochas como si nos la regalaran.

¡¿Cuáles ganancias?! Si hace tiempo que ni vienes a trabajar como se debe. — Luego se hizo el silencio; al parecer esta había sido su manera muy personal de decirse "Hola". Ya que Rafael se deshiciera de su disfraz y prestara atención a los trabajos que había realizado su compañero por su cuenta, inició la tan esperada conversación.

— Y…— Comenzó el quelonio.

¿Y…?— Le siguió Jones.

— Abril ¿Eh…?

— Sí… ¿Contigo?

— También. — Admitió el quelonio.

— Mmm. — Luego guardaron silencio de nuevo. — Y…— Continuó Casey. — ¿Cómo están todos?

— Bien; ayer Leo y yo trabajamos en un caso paranormal. — Esto interesó al guerrero de las calles.

¿En serio?

— Sí, una familia atacada por un ente que les enviaron; Leo está ahora con su padrino atendiéndolos.

— Mmm. — Respondió de manera cortante, no por falta de interés, pues realmente quería saber lo ocurrido en ese supuesto caso paranormal, pero para eso no se habían reunido. — Qué bien. — agregó.

— Sí. — Ambos se vieron en silencio con un pensamiento en común. Ya se estaba alargando esto demasiado tiempo. — Bueno a lo que nos reunieron. — Empezó el quelonio.

— Vamos a hablar. — Le siguió Jones de acuerdo en esto. — Entonces…— El problema era que ninguno de los dos sabía por dónde comenzar.

— Leo sigue siendo gay. — Empezó por fin Rafael. — Y eso no se le va a quitar.

— Pues yo sigo pensando igual. — Aclaró Jones. — Yo no me siento a gusto con sujetos así cerca, digo… ¡Sabes a lo que me refiero!

¡No! así que dilo. — Exigió el quelonio. — Casey lo miró con disgusto.

— No me gusta tener a esos tipos cerca porque solo se la pasan insinuándose y mirándote de manera irrespetuosa.

¡Pfff!— Contuvo el ninja rojo una futura carcajada, pues el mirar de manera irrespetuosa e insinuarse a las mujeres era lo que ellos dos siempre habían hecho en las calles, más Jones por obvias razones. Ahora era irónico que estuviera del otro lado de la línea y se quejara amargamente. — Leonardo nunca te ha faltado al respeto. — Le recordó con absoluta verdad, cosa que admitió el guerrero pelinegro en silencio. — Él siempre te ha respetado y tratado como a un hermano; llevas años conociéndolo y te ha salvado la vida más de una vez ¡No lo puedes poner al mismo nivel que a otros!

¡Lo sé, lo sé! Pero ¿Cómo hago para estar en la misma habitación con él y no sentir que me está…?

— Primero ¡Ni se te ocurra decir esas tonterías de mi hermano!— Ordenó Rafael obligando a Casey a guardarse sus lascivas suposiciones. — Y segundo. El que seas hombre y el que Leonardo sea gay, no te hace instantáneamente un candidato a sus galanteos. — El rebelde compañero humano miró fijamente al quelonio.

¿Galanteos? ¿Ahora así les llamas?— La seriedad y firmeza en el semblante y postura de Rafael fue la respuesta a sus preguntas. — Y ¿El no ser candidato me debe tranquilizar?— Continuó.

¡Por supuesto! Aunque la pregunta principal aquí es ¿Por qué te pone tan nervioso?— El silencio se hizo de nuevo. — En los años que llevamos conociéndonos y luchando juntos, Leo jamás te ha dicho ni mucho menos insinuado algo.

¡Porque no podía hacerlo! — Le recordó Jones. — Antes no podía decir nada, pero ahora que todos se lo celebran, ¿cómo sabes? — Rafael lo miró ofendido.

— No te hagas ilusiones. — Esto molestó al humano. — Es obvio que ahora Leo tiene más libertad, pero eso no significa que se vuelva un libertino. — Difícil decirlo después de lo que el susodicho le dijo en la camioneta minutos atrás, pensó fugazmente el ninja rojo. — Además. — Continuó. — Está comprobado que jamás ha pasado ni pasará algo de lo que has señalado cuando una persona gay está en el mismo edificio. — Casey lo miró sin comprender.

¿A qué te refieres?

— Al tiempo que estuvimos viviendo en casa del señor Vaudoux ¿Lo recuerdas? Mientras estuvimos hospedados con él, ni a nosotros ni a Leonardo que es el centro de toda su atención, el señor V le faltó al respeto, a nadie. — Le recordó avergonzando al jugador de hockey.

— Esos fueron tiempo difíciles. — Trató de defenderse en vano. — No había a dónde más correr y…— Era inútil, lo sabía. — ¿Y, ahora qué?— Preguntó unos segundos de silencio después.

— No lo sé. — El quelonio buscó la hora en el reloj que estaba en la pared, uno que les regalaron en su bar favorito con el nombre del lugar y una chica voluptuosa en una postura atrevida. — Ya es tarde, debo ir a buscar a Leo. — Dijo para luego comenzar a buscar su disfraz y vestirse. — ¿Sabes?—Llamó la atención del pelinegro antes de abrir a la salida y retirarse. — Nuestra casa siempre tendrá las puertas abiertas para ti, solo debes comprender y respetar las preferencias de otros; así como lo estoy haciendo yo.

— Es difícil. — Agregó el humano con total honestidad.

— Lo sé. — Admitió el quelonio. — ¡Pero no es nada que alguien tan asombroso como nosotros no podamos hacer! ¿No crees?— El compañero de parrandas sonrió derrotado.

¿Vendrás a trabajar más tarde?

— No lo sé, pero si quieres ir a la casa esta noche y charlar; compraré unas cervezas. — Casey rio divertido ante la propuesta.

¡¿En serio?! ¿Con Leonardo y Splinter cerca dejarás las cervezas en la nevera?

— Es por una buena causa, ellos lo entenderán.

— Si es así, iré a ver si lo lograste.

¡Te estaremos esperando!— Y así terminó la conversación entre estos dos personajes.

En una hora Rafael logró llegar a la casa de Vaudoux satisfecho de haber llegado a algo con Jones. Al entrar se percató por el ruido en la cocina que los clientes de Leonardo seguían en la propiedad, por lo que sin quitarse su disfraz, entró con cautela en busca de una cara familiar.

¡Hola! ¡¿Leo?! ¡¿Señor V?!— una joven se asomó de la puerta de la cocina.

¡Hola Rafael!—

¡Hola Luz! ¿Cómo han estado? ¿Ya los…?— Intentó hacerle conversación.

¡Sí! Acaban de terminar con nuestras limpiezas, nos permitieron bañarnos en uno de los dormitorios de arriba y ahora estamos cocinándoles algo de comer ¿No te vas a quitar toda esa ropa?— Preguntó a la vez que estiraba las manos en dirección a su bufanda y gorra; Rafael de inmediato dio un paso atrás.

¡No, gracias! Así estoy bien.

¡¿En serio?! ¿Por qué llevan tanta ropa encima tú hermano y tú?— El quelonio buscó rápido una buena respuesta que dar.

— Por…seguridad. — La chica lo miró sin comprender. — Leo lo pidió, a toda la familia, algo de ocultarse de entidades malignas ¡Yo qué sé!

¡Aaahh! — Aceptó la chica. — Creí que tú también eras un brujo.

— No, sólo él entró a estudiar esa cosa.

¿A ti no te interesó?

— No, yo no tengo paciencia ni nada de lo que se necesite para esas cosas.

¿Aunque sean útiles? —

— Aunque sean útiles. — Ambos rieron un poco con este último comentario; Rafa cambió el tema. — Y… ¿Dices que se quedaron a cocinar?

¡Sí! Leo nos dijo que el señor Vaudoux no nos cobraría nada y así fue, por lo que al menos en agradecimiento nos pondremos a cocinarles hasta que hayan terminado con nosotros, bueno, al menos aquí; ya saben que en el restaurante siempre serán bienvenidos.

— Se los agradezco. — Dijo Rafa en nombre de la familia. — Y… ¿Leo, está en la cocina?

— No, él subió a su cuarto luego de terminar con nosotros; el señor Vaudoux nos dijo que iba a descansar.

— Bueno, iré a verlo. — anunció el ninja al tiempo que se dirigía a las escaleras.

— Muy bien, ya casi está la comida.

— Ok, le avisaré. — Prometió Rafael ya a la mitad de las escaleras rumbo al cuarto de su hermano, esperando en su recámara poder quitarse un momento el disfraz. Luego de tocar un par de veces se le permitió el paso, al hacerlo se encontró con Leo recostado en su cama; descansando después de haber tomado un reconfortante baño de hierbas.

¡Hola! ¿Cómo te fue con Casey?— Preguntó el mayor sin necesidad de abrir los ojos y escuchando un concierto de Queen en su televisor.

— Creo que me fue bien. — Respondió el segundo sin sorprenderse demasiado de lo anterior y comenzando a quitarse el disfraz. — Hablamos sin llegar a los gritos.

— Ese es un gran avance viniendo de ustedes. — ¿Cómo debo tomar esto? Pensaba Rafa.

— Y… ¿Cómo te fue?— continuó con el tema y ya sin la ropa extra, Rafa se sentó en la cama junto al primogénito.

— Bien, fue agotador; hicimos las tres limpiezas, la abuela sigue siendo la más pesada debido al problema que tienen.

¿Te revisaron la glucosa?

— Sí, el profesor me ayudó, estoy bien. — Rafael sonrió más tranquilo.

— Qué bueno ¿Y cuándo van a limpiar su casa?

— Mañana temprano. — Informó. — Primero iremos a su casa y después al restaurante; todo el mismo día. Al final terminaremos con unas cuantas limpiezas más y listo.

¡¿Ya con eso tendrán?!

— Sí, ya para que sigan por su cuenta se les darán algunas oraciones para el uso diario, se les pedirá que monten un altar y listo.

— Eso suena bien, y rápido, en comparación con todo el tiempo que tuvieron que sufrir. — Leo sonrió con este comentario.

— Eso es gracias a que nosotros sí estamos trabajando para eliminarles estos males, no como los farsantes que ve Mikey. — Esto último hizo reír a ambos hermanos. Por unos minutos los dos guerreros miraron el concierto en silencio, cada uno metido en sus propios pensamientos. Rafael por su cuenta no podía evitar seguir pensando en lo que le dijo Leonardo ¿En verdad le parezco atractivo?

Splinter tenía razón, ahora que sabía que le parecía atractivo a un hombre, y no a cualquier hombre, si no al "Perfecto hijo de papi Leonardo Hamato" no se sentía deshonrado, ni ofendido ni mucho menos ultrajado como hubiera jurado que pasaría, al contrario; estaba de lo más orgulloso, casi casi eufórico ¿Por qué? No lo sabía exactamente. Bueno, si lo pensamos mejor; a él siempre le ha gustado ser el centro de atención y ¿A quién no? En especial si vienes de una familia de cuatro y el mayor se robaba las miradas y aprobaciones del padre y hermanos menores. En fin, como iba diciendo; el saber que él, sin ser el número uno o un buen ejemplo para los menores, se había hecho con el interés del líder, se empezó a sentir el centro del universo.

Y pensándolo bien… ¿Todo esto de qué le servía? Le dio gusto saber que era atractivo, una raya más para el tigre que representa su autoestima; pero a todo esto qué, ahora que se dio cuenta que no le molestaba el que un hombre gay lo viera interesante ¿Significaba que próximamente se atrevería a más? ¿Esto querría decir que podría llegar a, probar el sexo gay? ¿Qué aceptaría la invitación indecorosa de Leonardo? Esto ya empezaba a preocuparle.

Tan hundido estaba en sus pensamientos que no supo el por qué Leonardo se levantó de la cama y exclamó "Ahora vamos." Rafa le miró tomar su ropa de salida y comenzar a vestirse.

¿Qué sucede?

— El profesor nos llamó, dijo que la comida ya está lista y nos pidieron que bajáramos. — Rafa se vio apenado por no percatarse de lo anterior y se levantó para también bajar. — ¿Qué es lo que te preocupa ahora?

¿Qué dices?

— Lo qué te preocupa ¿Qué es? Estuviste perdido en tus pensamientos por tanto tiempo que casi te dejo aquí solo ¿Qué ocurre?

¡No! ¡Nada! No pasa nada.

¿Es por lo que te dije en la camioneta?

¡Claro que no!— Leo sonrió con autosuficiencia.

— Mentiroso. — Exclamó ya cerca de la puerta. — Ya te dije que no tienes de qué preocuparte, ya no te ofreceré nada "Malo". — Rió ante esta última palabra y salió del cuarto seguido de cerca por el menor de bandana roja, quien se preguntaba si sería cierto o no.

El resto de la tarde se les fue a nuestros amigos en ponerse de acuerdo con la familia Martínez sobre el trabajo de limpieza en su casa y negocio mañana temprano. Como en la primera ocasión, la comida fue en privado, Leonardo y Rafael se llevaron parte de los platillos a la guarida y comieron con el resto del clan; no sin antes claro, comprar un par de paquetes de cervezas, Leonardo no estuvo de acuerdo con esto, pero el segundo al mando no paraba de decir que eran para una buena causa.

Ya eran más de las 7 de la noche cuando Rafael esperaba a que llegara su amigo Jones a reanudar su vieja rutina familiar. A diferencia de sus hermanos, el ninja rojo no tenía trabajo que realizar en internet, por lo que se la pasaba haciendo tiempo acompañando en la sala a su viejo padre mientras este pintaba unas vasijas para vender en la tienda de Abril, en televisión pasaban uno de esos top show basura que tan morbosamente le gustaba observar al sensei y francamente ya estaba perdiendo la paciencia con tantas estupideces.

¡SE ACOSTÓ CON MI MEJOR AMIGA!— acusaba la panelista de dicho programa a su padre.

¡Pues esa no es tú mejor amiga! ¿No lo crees?— Hablaba la conductora con acento cubano. — Y usted señor ¿Cómo se atrevió a hacerle eso a su hija?

¡Yo no le hice nada a mi hija! ¡Ella tiene la culpa de todo! ¡Mire nada más que clase de amigas tiene! Se me insinuaba todos los días y yo soy todo un hombre.

¡ ¿CÓMO PUDISTE?!— Rafael no lo toleró más.

— Voy a ver si alguno de los chicos necesita ayuda. — informaba a su padre al tiempo que se retiraba en busca de Donnie.

— Aja.

Llegando al laboratorio del niño genio, se encontró con este absorto en su computadora, obviamente ya no estaba en su horario de atención al cliente, pues se encontraba muy a gusto trabajando en un programa personal. Con desgano se acercó y vio en la pantalla un montón de fórmulas e imágenes que no entendía; No se animó a interrumpirlo, y ya no digamos a ayudarlo; por lo que se retiró.

Esto en cierta forma había sido lamentable, pues le habría gustado hablarle de la charla que tuvo con Leo en la camioneta y saber si él aceptaría su oferta ¡Diablos! ¡¿Por qué demonios no se le quitaba esto de la cabeza?! ¡Obvio que no le diría nada! ¡Qué vergüenza!

Sin deseos de acercase al taller donde Mikey estaba diseñando e imprimiendo su nueva "línea" de ropa para skaters se dirigió sin notarlo a la habitación de Leonardo. Cuando se dio cuenta dónde estaba y sin ninguna razón para estar ahí, dio media vuelta rumbo a su cuarto a perderse en el internet; pero antes de que diera siquiera un paso la puerta ante él se abrió sola en una clara invitación para que entrara.

¡¿Hola?!— se asomó con cuidado. — ¿Leo?— Entró con paso lento, hasta que la puerta se cerró detrás de él, haciéndolo gritar y brincar como un niño pequeño. — ¡Aaaahhh!— El de azul se asomó del baño con una toalla sobre los hombros.

¿Rafa? ¿Qué sucede?

¡Nada! Yo estaba, cerca y, la puerta se abrió. — El aprendiz de houngans miró a su abuelo recargado en la entrada del cuarto con una pícara sonrisa en su rostro.

¿Por qué…?— Le preguntó mentalmente.

— No lo sé. — Se explicó encogiéndose de hombros. — Pensé que quizás al fin quería divertirse un rato. — divertido ante la idea, el quelonio de azul dejó pasar esto y se dirigió a su hermano.

¿Haces tiempo en mi cuarto?— Preguntó de manera relajada.

— Eso creo… ¿Y tú qué haces?

— Me preparo para atender la página. — Explicó para luego empezar a vestirse. — Puedes quedarte si quieres, pero no debes hacer ruido y quédate fuera de la pantalla. — Indicaba al menor que se dirigía a la cama del primogénito.

¡Obvio!— Se tiró a la cama. — No quiero que me confundan con uno de tus "Espíritus chocarreros." — Sin que el ninja rojo lo notara, las amigas de Leonardo le miraron ofendidas.

— Discúlpate.

¡¿Qué?!

— Que te disculpes con las chicas. — Ya bien acomodado en la cama, el menor miró rumbo a la ventana, donde estaban sentadas las muñecas y luego a su hermano. — No les gustó eso de "Chocarreros."— El segundo miró de nuevo a donde estaban las piezas de porcelana.

¿Y qué pasa si no lo hago?

¿En serio quieres saber?— No hubo necesidad de pensarlo mucho.

¡No gracias! Yo… ¡Lo siento, lo siento!— Se dirigió de inmediato a las muñecas. — Me pasé de grosero.

— Así está mucho mejor; y no prendas la tele. — El de rojo puso cara de fastidio y tuvo que obedecer. Ya finalizado ese asunto, Leo terminó de vestirse y tomó asiento frente a la computadora.

En completo silencio para poder escuchar y no ser detectado, Rafael prestaba atención a los primeros casos que Leonardo atendía como el hechicero Raion. El primer caso fue el de una jovencita que quería saber sobre su futuro prometido. El segundo trató de una señora que quería saber si era engañada por su marido y de ser cierto, le compraría lo que fuera necesario para que el desgraciado pagara su falta.

Rafael no podía evitar ver que el negocio de su hermano era de lo más "Sencillo y bien remunerado" ¿Qué tan difícil podría ser eso de "Adivinar" el futuro? Muchos charlatanes lo hacen actualmente, hacerles la competencia ya le estaba animando cuando la tercera cita le hizo cambiar de parecer. Un muchacho de voz extremadamente amanerada, dio las buenas noches al hechicero y con obvio nerviosismo empezaba a hablar.

— Aahm, aah…— Balbuceaba el nuevo cliente de Leonardo, mirando a todos lados de su recámara, un cuarto blanco con un closet en café oscuro a sus espaldas y una puerta abierta a un lado que daba directo a la sala y comedor de lo que parecía una casa. — Yo, no sé ni cómo empezar…— Continuaba un joven de piel morena clara, cabello cortó y lacio estilo pixie, labios carnosos y pestañas negras y abundantes.

— Sólo relájate y cuéntamelo todo. — Esto llamó la atención, tanto del joven de color como del mismo Rafael.

— Yo…tengo miedo. — Inició el chico al otro lado de la pantalla. — No te imaginas lo que está pasando en esta casa.

— Te están asustando en esa casa. — El joven parecía querer llorar.

— Como no tienes idea cariño, esto sobre pasa mis límites. — La manera tan afeminada del chico estaba incomodando al segundo al mando ¿Por qué diablos se manejaban así algunos hombres? Se preguntaba.

— El espíritu de tú abuela es el que no te deja en paz. — Reveló el hechicero dejando perplejo al joven de color y sorprendido por su exactitud a Rafael, el cual quería preguntar a su hermano el cómo lo sabía, pero no podía revelarse, por suerte para él, le ayudaron.

¿Cómo, cómo lo supiste?— Pedía saber el cliente con una mano colocada en su pecho, dejando ver unas largas uñas pintadas de azul marino.

— Porque está atrás de ti.

Fin del capítulo 8.