¡Wolas mis amores!

Nueva traducción, nueva historia. Esta vez es un Harry/Daphne que me pidió una chica que tradujera y aquí estoy después de haberle pedido el permiso a su autor "muggledad" y que él me lo concediera. ¡Un amor!

Espero que os guste mucho la historia, lo que llevo leído a mí me ha encantado y es muy diferente a lo que suelo leer, pero nunca me pongo fronteras ;P La historia tiene 16 capítulos, pero son tremendamente largos. El primero es el más corto con diferencia así que podéis haceros una idea.

Os dejo el enlace a la historia original:

www . fanfiction . net (barra)s/5012016/1/Partners (Simplemente debéis quitar los espacios entre puntos y agregar la barra donde lo he puesto, ya que se me borraba... xD Puto FF...)

Mañana colgaré el siguiente capítulo de Parenting Class y espero que pasado pueda subir el siguiente de está historia, aunque voy a tener que emplearme a fondo, espero que al menos merezca la pena ;P

Sin más dilación por hoy, a leer se ha dicho.

Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a muggledad (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.


.- Una historia de muggledad -.


Capítulo 1

Mi nombre es Condesa Daphne Potter. Dejadme hablarles sobre mi mejor amigo, el hombre al que amo, mi amante, el padre de mis hijos, el Señor de la Casa, el Niño-Que-Sobrevivió y el que derrotó al Señor Oscuro. Dejadme hablarles sobre mi Harry…


30 de Junio de 1996

El cuerpo ensangrentado, magullado y roto de Harry Potter se tambaleó por la acera de Privet Drive.

Justo antes de la intersección de Privet Drive y la calle Magnolia su cuerpo cedió y se desplomó sobre el césped de Norman y Anthony Bates. La pareja gay estuvo en boca de toda la zona durante el año pasado después de que se mudaran, pero a Harry le habían caído bastante bien. Habían absorbido la mayor parte de rumores lo que para Harry era algo bueno; a palabras necias oídos sordos.

Se tumbó en la hierba jadeando y sangrando por la nariz, la oreja izquierda y por numerosos cortes y raspaduras. Sentía un dolor punzante en su pecho al respirar y de vez en cuando tosía sangre. Sus dos ojos hinchados sólo podían abrirse dos rendijas, tenía la nariz excesivamente rota y aplanada contra su rostro. Un corte irregular en el puente de su nariz, le recordaba que sus gafas destrozadas le habían cortado cuando su cruzada terminó. Después de intentarlo todo para poder repararlas, tanto con magia como ordinariamente, finalmente había renunciado a hacerlo frente a la cara rabiosa de su tío Vernon.

Harry había tenido la esperanza de que el enfrentamiento en el andén 9 ¾ con los miembros de la Orden del Fénix le hubiera ayudado algo para el próximo verano.

Se equivocaba.

En un ataque de furia, Vernon decidió mostrarle a Harry quien mandaba realmente.

Harry había estado fregando las ollas y sartenes después de la cena, Petunia siempre insistía en que lo hiciera a mano, para no arruinar el acabado antiadherente. Sus pensamientos iban por los derroteros acostumbrados; auto-odio por la responsabilidad que sentía a causa de la muerte de Sirius.

Sin previo aviso, la garra carnosa de Vernon le agarró del pelo por la parte posterior de la cabeza y estrelló su cara contra la centellante porcelana del fregadero de la cocina, rompiendo dos dientes frontales de Harry.

Así comenzó.

Y terminó con un tropiezo a las puertas de la casa una hora más tarde; su varita estaba rota, sus posesiones mágicas quemadas dentro de su baúl en el jardín trasero y Harry fue desalojado de la casa con nada más que la ropa que llevaba puesta.

Yaciendo en el jardín de Bates, Harry solo tenía un pensamiento revoloteando en su adolorida mente: "Ayudadme".

Con un plop, Harry salió de Privet Drive por última vez en su vida.


Daphne Greengrass odiaba su vida.

Tal vez era demasiado fuerte, pero su padre era un cruel bastardo. Nunca la había golpeado, pero su legua estaba tan afilada como una navaja de afeitar y no se oponía a utilizar algunas maldiciones menores, como la maldición Torqueo para avalar sus argumentos. Como esa noche.

Había empezado como un leve desacuerdo; Cyrus Greengrass quería que Daphne se aliara públicamente con Draco Malfoy en el colegio. Para Daphne, era una obvia estratagema para utilizarla y que actuara como la portavoz de su padre.

La familia Greengrass sería reconocida por apoyar al Señor Oscuro, sin arriesgarse públicamente. Cyrus nunca se pondría en una situación en la que tuviera que responder ante personas de las que estaba secretamente aterrorizado. Bellatrix y Rodolphus Lestrange llegaron casualmente hasta su mente. No sólo sería capaz de evitar relaciones incomodas, realmente nunca tendría que comprometerse a nada. De esa manera, si sucedía lo impensable y el Señor Oscuro salía derrotado, él no tendría ninguna marca. No habría hecho nada ilegal.

Una idea muy astuta con la que Daphne no quería tener que ver. Secretamente, se preguntó si su padre no estaría siendo un poco ingenuo. Seguramente el Señor Oscuro vendría a reclamar lo que le pertenecía, ¿no? Daphne había intentado alejarse de allí haciendo ruiditos comprensivos, mientras acababa la cena, pero sin dar a entender que estuviera de acuerdo con él o que accediera a su "solicitud". Sin embargo, ella no era la única Slytherin y su padre rápido reconoció su juego.

Directamente le preguntó - ¿o era una orden? – que actuara de acuerdo con sus deseos y ella intentó aplazar la respuesta, pidiéndole tiempo para reconsiderarlo.

Cyrus había estrechado los ojos y sin apartar la mirada de su hija, ordenó al resto de la familia que abandonara la mesa. La madre de Daphne, Evelyn, se llevó a sus hermanos, menores Astoria y Philip, fuera de la sala y después intentó volver a entrar. Sin embargo, Cyrus ya había bloqueado las puertas en contra de su voluntad.

Reconociendo que había fracasado con el subterfugio, Daphne decidió que realmente se ganaría el castigo y lo último que recordaba antes de sucumbir ante el dolor de la maldición Torqueo fue el llamar a su padre cobarde por cooptar a su hija de dieciséis años en afirmar sus alianzas políticas.

Su madre había estado golpeando la puerta en todo el tiempo que su marido había estado reprendiendo a su hija, pero en cuanto Daphne había empezado a gritar Evelyn desenfundó su varita y por primera vez en su vida lanzó un encantamiento explosivo. Las antiguas puertas de roble del comedor no sobrevivieron a esa primera vez.

Un pálido Cyrus Greengrass miró a su esposa, volvió a mirar a la chica que temblaba en el suelo y salió de la sala.

Después de un rápido Ennervate y una poción para aliviar el dolor, proporcionada por el elfo domestico de la familia, Daphne había abrazado a su madre y se fue a dar un paseo por los jardines para reordenar sus pensamientos.

No odiaba más a su padre ahora de lo que lo hacía antes de la cena. Esa no era la primera y asumía que tampoco sería la última vez, que usaría la maldición Torqueo sobre ella. Realmente no quería aceptar ninguna de las partes de su plan e intentaba buscar una salida. Sus razones, en realidad, eran bastante simples.

En primer lugar, Malfoy era un incompetente, un cerdo arrogante y sin escrúpulos. Afortunadamente, esa perra de Parkinson cargaba con él a todos lados, así que no suponía un problema. Cualquier asociación con ese imbécil por naturaleza, sería condenada a un final ignominioso.

En segundo lugar, no apoyaba al Señor Oscuro. Daphne era sangre pura de pies a cabeza. Disfrutaba mucho de los beneficios y ventajas de ser una bruja con sangre pura, pero la cuestión de "los sangre sucia son animales" que el Señor Oscuro profesaba, para ella no eran más que los desvaríos de un loco fanático.

Su mejor amiga era Tracey Davis y la madre de esta era hija de muggles. Belinda Davis era una mujer maravillosa que aprendió los protocolos escritos y no escritos de la sociedad mágica cuando se casó con Stephen, sangre pura descendiente de la casa Davis, fue capaz de moverse en dicha sociedad y conocer los roles establecidos. Su matrimonio compensó su condición de sangre, pero lo que dejaba impresionados a la alta sociedad mágica fue que Belinda se movía a favor de las reglas.

Si Belinda Davis era considerada un animal basándose en la filosofía del Señor Oscuro y sus seguidores, entonces, Daphne Greengrass no quería tener nada que ver con eso. No tenían ninguna clase, ningún honor. Simplemente eran matones buscando una excusa con la cual violar, saquear y matar.

No, ella no quería saber nada de ese mundo.

Daphne vagó por los senderos de su casa de verano cerca de la zona del lago. Le encantaba estar allí por el silencio y la paz que parecía absorber el lugar. Sentada en una roca junto a un arroyo que fluía con rapidez, reflexionó sobre el dueño de la propiedad al otro lado de la pequeña masa de agua.

Harry Potter.

Sabía que su familia poseía la propiedad al otro lado del estanque y asumió que los Potter también tenían allí una residencia de verano. Nunca había entendido su conducta durante el colegio. Su valentía era incuestionable y si la mitad de los rumores sobre sus aventuras eran ciertos, realmente era todo un León de Gryffindor.

Pero sus ropas eran un desastre, en que estaría pensando al usar esos… trapos. Incluso sus túnicas no pasaban de adecuadas.

- Es uno de los jefes de los Quince, por amor a Merlín. – murmuró. Siempre intentaba mezclarse y no llamar la atención. "Entiendo que no quiera ser conocido como El-Niño-Que-Sobrevivió. Después de todo es el niño-que-sobrevivió, porque sus padres no lo hicieron."

"¡Pero es el Señor Potter, por Merlín!"

Sus ojos. Eso era algo completamente distinto. La mirada que Daphne compuso ante esa imagen hizo evidente que sus pensamientos eran poco adecuados y más lascivos de lo que ni siquiera ella se había dado cuenta.

Era una joven hermosa, pero no de manera convencional. Sus ojos azules eran tan brillantes como para molestar a algunos. El largo cabello negro de Daphne era ondulado y su nariz ligeramente prominente complementaba con su fuerte mandíbula. Tenía todas las curvas en los lugares correctos, pero nunca nadie diría que tenía un pecho abultado. Si figura era de constitución delgada y atlética. Un poco más alta que la media de chicas, proyectaba fuerza ante todos y con los dos únicos chicos que había estado saliendo, se derritieron bajo el resplandor de su sonrisa.

Sus reflexiones fueron interrumpidas por el fuerte crujido de una aparición al otro lado del arroyo, a mitad de la colina. Eso fue seguido por un estruendo fuerte como de algo que bajaba - ¿o caía? – de la colina. Escuchó un fuerte gruñido y sucesivamente un grito desgarrador para el oído cuando un cuerpo rebotó contra un tronco justo ante los ojos de Daphne en el lado del arroyo de los Potter.

Sin pensar en los hechizos defensivos que podrían estar activos, Daphne se armó de valor y saltó hacia el otro lado del riachuelo.


Una hora y media más tarde, Harry Potter dormía desnudo mientras dos mujeres estaban remendándolo como a una camisa vieja.

Una vez que Daphne había reconocido el sangrante y roto cuerpo del niño-que-sobrevivió, apareció de nuevo en su casa y se encontró con su madre. Susurrándole lo que había encontrado, las dos Greengrass habían reunido algunos suministros curativos y juntas se habían aparecido nuevamente junto a Harry.

Evelyn había estado estudiando para sanadora cuando ella y Cyrus se habían casado, pero tuvo que abandonar su carrera por una estancia permanente en la casa madre del Clan Greengrass, cuando el padre de Cyrus finalmente falleció. Como hija sangre pura de la familia Davies, había sido educada toda su vida sobre su deber y su formación como sanadora había sido la única rebelión que había mostrado contra dicho deber.

Al escuchar los gimoteos de un semiinconsciente heredero Potter, su primer paso había sido el de aturdirle. Después de que se quedara tendido, había puesto a Daphne a trabajar con las lesiones menos graves: las dos piernas y un brazo rotos, y tenía cristales dentro de los ojos.

Evelyn estaba tirando de su conocimiento profundamente enterrado y las obvias lesiones internas la asustaban. El hechizo de diagnóstico que le lanzó le había mostrado una rotura de brazo, un pulmón y el estómago perforados, un hígado magullado y cuatro costillas rotas. Afortunadamente ni el cráneo, ni el cerebro habían sufrido daños internos.

Una vez que tuvo a Daphne ocupada en convocar las pequeñas astillas de cristal de los ojos del chico, Evelyn comenzó a trabajar en las lesiones internas. Harry había convulsionado dos veces y las dos veces las mujeres solo pudieron esperar hasta que pasara.

Evelyn había llamado a Matty su elfo doméstico, para que trajera más pociones y si conocía la ubicación exacta de la casa de los Potter. Matty regresó con las pociones, así como con la dirección de la casa.

Ahora que Harry estaba aparentemente fuera de peligro, Evelyn levitó el cuerpo del joven por el sendero, mientras tanto Daphne como Matty le seguían.

Encontraron una residencia de verano al típico estilo victoriano con amplios porches y probablemente con más de diez habitaciones para dar cabida a los numerosos esperados invitados.

Al llegar al porche delantero, Harry empezó a temblar y convulsionar. Evelyn se echó unos pasos hacia atrás, pensando que podría haber sido una de las defensas de la casa, pero al salir Harry siguió convulsionando. Entonces, corrió dentro de la casa y empezó a subir las escaleras. Les gritó a Daphne y a Matty que deshicieran una cama, les siguió hasta el dormitorio principal y posó a Harry en el colchón desnudo.

- Es como si estuviera pasando por una fase de abstinencia de alguna poción adictiva. – murmuró la antigua aprendiz de sanadora en voz alta.

- Potter no. – respondió su hija mientras abría un armario. Al encontrar lo que buscaba, regresó junto a su madre y le entregó un cinturón de cuero flexible – Él hará toda una serie de cosas estúpidas, pero las drogas no están en esa lista. – pero después de un momento, añadió – Creo.

Evelyn asintió y puso el cinturón entre los restos de los dientes del joven, para que no se dañase aún más la boca con sus convulsiones.

Las convulsiones de Harry menguaron y Evelyn en pie, se secó la frente con una mano machada de sangre.

- Necesito a George, es un sanador real. Pasaré algo por alto o tocaré algo de más que podría matar a este joven. ¿Estarás bien si te dejó aquí con él durante un rato?

- Estaré bien. – Evelyn asintió y empezó a emprender la salida – Madre, ¿puedo usar magia en tu ausencia?

- Sí, hija, en mi ausencia utiliza los hechizos que sean y que consideres necesarios. – dijo Evelyn terminando el antiguo permiso que muy pocos sabían que existía. Permiso que concedía un padre - con magia, por supuesto – y que constituía una abolición temporal de la restricción de magia en menores de edad.

Una hora más tarde, Evelyn volvió con George Stebbins, un viejo amigo de su infancia y se encontraron con que Daphne había lavado al joven herido muy a fondo. Toda la sangre se había desvanecido e incluso le lanzó varios hechizos de limpieza a su pelo. George le dedicó un asentimiento a la joven mientras se trasladaba hasta la cama y empezaba a trabajar. Después de diez minutos, se detuvo y dijo:

- Buen trabajo, Evelyn, Daphne. Le habéis salvado la vida. He tenido que ajustar alguno de los hechizos curativos que le lanzaste, pero en general, se pondrá bien. Voy a buscar una botella de Crece-Huesos para las fracturas y tengo que comprobar una cosa. Las convulsiones me han llevado a comprobar si tenía una adicción de algún tipo, pero no he encontrado ninguna. He comprobado más enfermedades tipo epilepsia y nada. Una vez leí un diagnóstico que me ha recordado a esto en una revista médica, ehh… hace diez años o más. Me apareceré en mi oficina, encontraré esa revista, cogeré la poción Crece-Huesos y estaré de vuelta en una media hora, más o menos.

George guardó su equipo, dejando allí algunas cajas con pociones para aliviar el dolor y se dirigió hasta su vieja amiga.

- ¿Segura que no quieres llevarlo a San Mungo?

Evelyn asintió. Ella y Daphne ya habían hablado de eso mientras lo llevaban desde el arroyo hasta la cama. Pensaron que los mortífagos le habían hecho eso y que sería un blanco fácil en un hospital. George asintió y se marchó. Evelyn se volvió hacia su hija y le dijo:

- Si quieres, me quedaré con Harry para que puedas descansar un poco.

Daphne sacudió la cabeza.

- No, tú vuelve a casa. Padre espera que yo le evite durante los próximos días, pero tú necesitas estar en casa. – bajo la mirada hasta el suelo y añadió en un susurro – Para proteger a Astoria y Philip. Sólo tienes que pedirle a Matty que me traiga algo de ropa limpia y alimento para las comidas.

Evelyn sollozó por la violencia que su marido había ejercido sobre su hija mayor. Se inclinó hacia adelante, posando su frente sobre la de Daphne y murmuró:

- Te amo, ojos azules. – antes de aparecerse en la distancia.


George había regresado con la poción y sin noticias.

- No encontré el artículo. Parece que está yendo bien, pero realmente quiero saber acerca de esas convulsiones. Obviamente, no son normales. Seguiré indagando y le haré saber a tu madre mis avances. – le había dado indicaciones de cómo administrar pociones en pacientes inconscientes y algunas otras cosas y se había marchado de allí con una palmadita en el hombro y un consejo – Descansa un poco, Daphne. Apenas te sostienes en pie. Volveré mañana por la mañana.

Durante una media hora más, ella se quedó observando al dormido Harry con temor. Había intentado dormir en el sillón en una de las esquinas de la habitación en vano. No quería marcharse a otra habitación donde no pudiera escucharlo si la necesitaba. Eso le dejaba solo una opción.

Con un suspiro de resignación combinado con vergüenza, Daphne se subió a la cama de matrimonio en el lado opuesto de Harry.

- Por favor Merlín, déjame despertar antes que él.


1 de Julio de 1996

Por supuesto, no lo hizo.

- ¿Daphne?

El débil susurro apenas atravesó su estado de sueño y durante un buen rato no tenía ni la menor idea de donde estaba, que estuviera hablando con ella o quien era ella. Así que fue una bastante aturdida Daphne Greengrass la que rodó lejos de un ahora despierto Harry Potter y murmuró:

- Cinco minutos más.

Harry sonrió, las cosas no podían ser tan malas.

- Daphne, despierta, tengo que usar el baño y no sé dónde está.

- Maldita sea Harry, estoy durmiendo.

Ahora él dejó escapar una risa que se convirtió en una tos áspera que despertó enteramente a su compañera de cama.

- ¡Harry! – ahora ya estaba completamente despierta. Se sentó y frotó los somnolientos ojos – Las explicaciones después; ¿Cómo te encuentras?

- Como si anoche mi maldito tío me hubiera golpeado hasta la muerte.

Daphne se quedó con la boca abierta ante él.

- ¿Tu tío…? – soltó en un débil susurro.

- Sí. ¿Dónde está el baño?

La expresión de Daphne pasó de aturdida a molesta.

- Te has roto las dos piernas y muchas otras cosas, no vas a ninguna parte. – entonces realizó un hechizo que su "tío" George le había enseñado y la presión en la vejiga de Harry desapareció.

Él chico soltó un suspiro de alivio y dijo:

- ¿Cómo he llegado hasta aquí y dónde estoy?

Daphne le explicó los acontecimientos de la noche anterior, comenzando por su aparición sorpresa en medio de una colina al otro lado de su arroyo. Eso a su vez provocó algunas preguntas sobre la casa en la que estaban.

- Todo lo que sé es que se trata de una residencia de los Potter. – hizo un gesto hacia la pared señalando un tapiz.

En la pared bajo el tapiz había un escudo en relieve bordado en oro de la familia Potter, allí un exuberante león sostenía una espada, apuntando hacia abajo. Sobre el león rezaba POTTER y debajo estaba escrito en cursiva y mayúsculas: LA FORTUNA FAVORECE A LOS VALIENTES.

Con una sonrisa, Harry cayó dormido.

Daphne se quedó allí durante un rato, observándolo dormir. La hinchazón de su cara había desaparecido en su mayoría gracias a los efectos de las pociones de la noche anterior. Todavía quedaban restos de moretones negros y azulados, pero estaban pasando a amarillentos y verdes. La poción Crece-Huesos había surtido su esperado efecto y los dientes de Harry habían vuelto a crecer. Asumió que las piernas y el brazo se habrían curado de igual forma.

No había pensado en preguntarle, pero como no lo había mencionado, supuso que sus ojos también debían estar curados.

- Matty.

Unos minutos más tarde la joven elfo apareció junto a ella para volver a marcharse rápidamente en busca de algo para el desayuno y algo de ropa limpia para Daphne. Al entrar en el enorme cuarto de baño para ducharse y cambiarse, Daphne apreció la exquisita riqueza que se exhibía ante ella. Sus padres no compartían habitación y nunca que ella pudiera recordar lo habían hecho. Pero este cuarto de baño era mucho mejor que el de su padre. Incluso en la Mansión, su baño no era tan bueno.

Se comió el desayuno, después se sentó junto a él en la cama y dijo:

- Harry, despierta. Es hora del desayuno.

Vio como el chico sonreía y decía:

- Cinco minutos más.

- Muy bien, enorme farsante, puedes hacer todo esto por ti mismo. – le dijo, riendo.

Finalmente le ayudó a incorporarse y le entregó el desayuno. Se movía cautelosamente y se retraía cada vez más a medida que el desayuno continuaba. Daphne le observaba mientras su revuelto de huevos iba disminuyendo y abandonaba a un lado el bacon. Ignoró los arenques ahumados por completo y sólo bebió un sorbo más de té y le propinó un mordisco a una de las tostadas. Por fin, la chica se percató de lo que estaba pasando; estaba avergonzado de que supiera que su tío lo hubiera golpeado hasta dejarlo tan mal herido.

Daphne rodeó la cama para llegar a sentarse en "su lado". Después de conseguir instalarse, se dio cuenta de que él la estaba observando y que había dejado apartada el resto de la comida. Bien…

- Ayer por la noche mi padre me puso bajo la maldición Torqueo. - se detuvo un momento cuando lo escuchó jadear y entonces le miró a los ojos – Lo hace con bastante regularidad por varias razones; para obligarme a hacer lo que él quiere, para castigarme o incluso a veces por diversión. La única razón por la que no me he vuelto loca es mi madre. Ella hace todo lo posible por protegernos a mí y a mis hermanos pequeños.

Respiró hondo y dio el paso final.

- No es culpa tuya que tu tío sea una bestia Harry, al igual que no es mi culpa que mi padre también lo sea.

Por un momento solo se miraron el uno al otro, entonces una lagrima resbaló de la comisura del ojo izquierdo de Harry vagando lentamente por su mejilla. Daphne extendió el brazo y le tomó la mano, apretándola para transmitirle comodidad, solidaridad y compasión.

Su madre siempre había estado ahí para ella. Cada vez que su padre abusaba físicamente de ella su madre venía. Después de la primera vez, le había explicado a la pequeña Daphne de ocho años sobre los contratos de matrimonio y por qué no podía dejar a su marido hasta que fuera declarado culpable de violar la ley mágica.

Desafortunadamente, el abuso infantil no era ilegal en el mundo mágico.

Evelyn Greengrass hizo todo lo posible para contrarrestar la destrucción y el mal que su marido había perpetrado con sus hijos. Y Daphne estaba resultando ser una buena mujer; por lo tanto la intervención de Evelyn estaba siendo un éxito por el momento.

- Gracias.

- Cuando quieras, Harry.


Después del desayuno, charlaron un poco. Daphne Greengrass y Tracey Davis siempre habían sido lo que Harry llamaba "bichos raros de Slytherin" y él se lo hizo saber.

- No sé si sentirme insultada o reírme.

Soltando una suave risita Harry dijo:

- Déjame explicarme antes de que acabes conmigo. – a lo que ella sonrió. El estómago de Harry se retorció ante su sonrisa y añadió – Tú y Tracey no erais aduladoras de Malfoy, no eráis parte de la multitud que seguía al despreciable Snivellus. Siempre teníais las cabezas gachas, haciendo vuestro trabajo y sin molestar a nadie. Por lo tanto, desde mi punto de vista, vosotras sois unos bichos raros. - ante eso Daphne se lanzó a reír - Incluso Ron es incapaz de encontrar nada malo en ti. – entonces, su sonrisa se convirtió en una mueca – Aunque dudo que quisiera almorzar con vosotras a corto plazo. – Harry compuso una sonrisa depredadora y añadió – Él pierde, yo gano.

- Pero, señor Potter, ¿está coqueteando conmigo? – le preguntó una Daphne intensamente ruborizada.

- Son las pociones para el dolor.

- Es una pena… - le contestó Daphne con voz ronca y para desgracia de el niño-que-sobrevivió las tornas cambiaron en un instante y ahora era su rubor el que destacaba claramente para el deleite de su enfermera.

El Sanador Stebbins pasó por allí y comprobó el progreso de Harry, satisfecho con su rápida curación ante tal trauma.

- No he encontrado nada referente al otro tema. – les dijo a los adolescentes después de explicárselo todo a Harry – Pero seguiré buscando. Bébete las pociones y tómatelo con calma. Mañana podrás levantarte y moverte un poco. – dirigiéndose a Daphne dijo – Evita que se esfuerce en exceso.

Ella resopló y dirigió sus ojos hasta un sonriente Harry.

El chico durmió hasta la hora del almuerzo y Matty trajo unos cuantos libros para que Daphne pudiera adelantar unos cuantos estudios para el curso. Cuando se despertó hacia el mediodía, vio a la chica de cabello negro ondulado recogido en una cola de caballo, girando una pluma en una de sus manos mientras murmuraba en voz alta las palabras de un conjuro que estaba leyendo en el libro.

- ¿En qué estás trabajando?

Sorprendida, levantó la mirada rápidamente.

- Transformaciones para el año que viene.

- Impresionante. Creía que Hermione era la única persona que estudiaba antes de empezar el curso.

Daphne soltó un ruidito burlón.

- No, Granger es la única persona que deja muy claro que trabaja por adelantado. La mayoría de Ravenclaws lo hace, Tracey y yo lo hacemos y sé a ciencia cierta que Sue Bones se termina todos los estudios antes de empezar de: Encantamientos, Transformaciones, Defensa y Aritmancia. Simplemente no lo vamos anunciando como Granger.

Harry frunció el ceño.

- Eso es un poco duro, ¿no?

- Harry, dime el nombre de otro estudiante que tenga semejante talento en lamerle el trasero a los profesores. ¿Sabes que ni siquiera es la número uno del colegio? Padma Patil lo es, seguida de Tracey. Granger es la cuarta.

- ¿En serio? ¿Quién es la tercera?

- Yo. – murmuró Daphne. Observó a su "nuevo" amigo y dijo – Mira, sé que Granger es una de tus mejores amigas y sé que habéis pasado muchas cosas juntos. Es sólo que su actitud de Sabelotodo a veces me molesta. Sé que es Malfoy el que la llama así, pero realmente lo es y no es un rasgo entrañable.

Harry se quedó estático e intento ser objetivo y ver a su amiga de pelo espeso de una manera diferente. Después de unos minutos dirigió su mirada a Daphne y vio que estaba notablemente preocupaba por su reacción. Dio unos golpecitos en "su lado" de la cama y ella se unió a él con un pequeño suspiro de alivio.

- Creo que tienes razón. Hermione es una gran persona con sus defectos y ese es uno de ellos. Eso no quiere decir que sea mala persona, simplemente que no es perfecta.

Con una mirada sorprendida, Daphne dijo:

- Estoy impresionada. ¿Estás seguro que no eres una chica? Los chicos no suelen tener ese tipo de madurez.

Empezaron a reír y Matty apareció con el almuerzo.

Después de comer, tomó prestado su ejemplar del Libro Reglamentario de Hechizos, sexto grado y comenzó a estudiar también por adelantado. Daphne le encontró un palo que podría usar como sustituto de la varita para practicar movimientos hasta que pudiera conseguir una nueva.

Evelyn llegó a comienzos de la tarde para ver cómo le iba a Harry y fue enterrada bajo el multitud de agradecimientos del heredero de los Potter.

- No hay de que, Potter. Me alegra haberte ayudado y no haberte lesionado más. Mi formación fue hace mucho tiempo y no la he mantenido. ¿Cómo estáis los dos? Veo que estudiando. – ambos adolescentes asintieron, levantando cada uno su libro con una mano - Harry, más tarde enviaré a Matty para que te tome las medidas y poder hacerte algo de ropa hasta que puedas ir a comprar reemplazos.

Harry asintió y dirigió la mirada hasta su regazo.

- También necesitaré una nueva varita.

Ambas Greengrass se miraron horrorizadas. Daphne se arrastró junto a él en la cama antes las cejas arqueadas de su madre y le tomó la mano.

- ¿Tu tío?

Harry asintió.

- Todo. Lo quemó todo. Tenía un álbum de fotos de mis padres, la capa de invisibilidad de mi padre y algunas cartas de mi padrino. – su voz se apagó y un lágrima solitaria cayó por su mejilla – Ellos se han ido.

Daphne abrazó suavemente a Harry contra su pecho mientras él lloraba. Entonces el chico hizo algo que nunca antes hubiera hecho, le devolvió el abrazo. Se sentía bien al llorar y dejar que la presa se desbordara. Gimoteó como un niño; por sus padres, por su padrino, por él mismo.

Un poco más tarde, no sabían cuánto tiempo había pasado, sus sollozos se secaron y se quedó allí en la cama durante un largo rato, tomando el consuelo de los brazos de otra persona. Evelyn se había ido hacía mucho. Daphne nunca había experimentado que alguien bajara la guardia por completo ante sus ojos. Era casi tan paliativo para ella como lo era para él.

Finalmente Harry se agitó, apretándola contra él suavemente murmuró:

- Gracias de nuevo.

- Cuando quieras, Harry.


El resto de la tarde y la noche fueron tranquilas. Los dos adolescentes habían establecido un extraordinario nivel de confianza e intimidad entre ellos que a veces les llevaba a cogerse de las manos mientras estudiaban sobre la cama y otras veces Daphne tenía que huir de la habitación hasta el baño para escapar de toda esa intensidad.

Hablaron de sus vidas. Harry no tuvo que decir mucho sobre los Dursley y tampoco quería hacerlo. Daphne lo comprendía. Le habló de la piedra filosofal, del basilisco y la Cámara – obviando el nombre de Ginny, por supuesto – y sobre Sirius. Casi volvió a romperse de nuevo al mencionar el nombre de su padrino.

Daphne se acurrucó a su lado, él se mantuvo firme y le contó la historia. El cambio de Guardián Secreto, Colagusano, los muggles en el callejón y así continuó. Daphne había escuchado la versión oficial de Sirius Black, y no se sorprendió mucho al saber que la historia oficial y la real fueran tan dispares entre sí y así se lo dijo a él.

Harry soltó una breve carcajada sin pizca de humor y después se quedó mirando el techo mientras se pasaba las manos por el pelo. El Departamento de Misterios era lo siguiente. Dolorosamente y vacilante se dispuso a contar la historia con los todos los detalles que pudiera recordar. Tenía que hacerlo. Sentía que se lo debía a Sirius.

Cada gota de sangre que derramó, cada lesión que sufrió, cada palabra que dijo o gritó.

- … y cayó hacia el velo. Su expresión era… ¿Aturdida? ¿Sorprendida? Algo así. Ni siquiera sé si lo que le lanzó Bellatrix era letal, pero se ha ido. Se ha ido y es por mi culpa.

Daphne le propinó otro suave abrazo y después se apoyó con su codo sobre la cama, lo suficientemente cerca de su cara como para que pudiera verla completamente. Si su madre entrara podría jurar que los adolescentes estaban besándose.

- Creo que soy a la única persona a la que le has contado toda la historia, ¿no es así? Nadie más lo sabe, excepto Longbottom que no estaba enteramente consciente, ¿verdad? – Harry asintió con la cabeza – Entonces, te diré esto una vez y sólo una vez. Eso. No. Fue. Culpa. Tuya. – enfatizó sus palabras con unos golpecitos en su pecho con el dedo índice, evidenciándolo todavía más con su extremado ceño fruncido.

- Pero… - y se interrumpió ante un gesto de Daphne.

- ¿Le lanzaste tú la maldición a tu padrino?

- No.

- ¿Le dijiste que fuera a buscarte?

- No.

En ese momento se le quedó mirando fijamente hasta que él asintió con resignación, pero Harry no podía apartar sus ojos de ella. Después de un momento, el verde de sus irises se había fundido con su resplandeciente azul. El ceño de Daphne se suavizó hasta que solo pudo murmurar: "Oh, por Merlín" y lo besó. Sus manos viajaron hasta el pelo del chico y las suyas se movían suavemente por su espalda, tirando de ella sobre él. El beso se profundizó y sus lenguas se batieron en duelo, mientras los dos adolescentes gemían ante la pasión y el deseo.

Finalmente, Harry soltó un grito de dolor cuando una de sus costillas recién reparadas dio un fuerte crujido de protesta. Rompieron el beso y Daphne se ruborizó intensamente mientras sonreía.

- Eso ha estado genial.

Ella volvió a acurrucarse de nuevo a su lado y murmuró:

- No puedo creer que esto haya ocurrido tan rápido.

Harry sonrió.

- Y me alegro por ello.

- Yo también.


Se despertaron cuando Matty apareció con la cena. Después de una rápida discusión y una promesa de Harry de que no haría nada estúpido, se le permitió ir al baño mientras Matty preparaba la mesa. Cuando volvió del baño dijo:

- ¡Guau, sábanas! Debo haber sido un buen chico.

Daphne rodó los ojos.

- Ni hablar. Mamá estaba preocupada de que pudieras dañarte mientras convulsionabas, por lo que nos pidió que deshiciéramos toda la cama. No has vuelto a tener en más de veinticuatro horas por lo que ya puedes tener sábanas. Ahora a acostarse.

Harry escondió una sonrisa; estaba disfrutando de esto mucho más que en la enfermería. Matty desapareció después de servir la cena y Harry después de comerse la mayoría de la comida – un delicioso asado – se removió con incomodidad antes de decir:

- ¿Daphne?

Ella levantó la mirada de su plato y murmuró:

- ¿Hmmm?

- ¿Serías mi novia?

La chica rara de Slytherin, se tragó la patata que había mantenido en su boca puso su plato y el de Harry en las mesitas de noche y lo miró con una radiante sonrisa.

- Sí. – dijo, antes de besarlo. Momentos después, el joven en cuestión no era capaz de recordar ni su propio nombre, ni la manera de hablar coherentemente.


Estaban abrazados en la cama por la noche, hablando en voz baja, compartiendo besos de vez en cuando. De Sirius. Sobre el padre de ella y los planes de él. Del colegio. Incluso discutieron sobre Quidditch cuando Harry se enteró de que Daphne era una ferviente fanática de los Puddlemere United.

Las lesiones de Harry en su mayoría fueron sanadas gracias a la rápida intervención de Evelyn y, en menor medida, de Daphne. Estaba dolorido y un poco débil, pero en general se encontraba bien.

Matty volvió a aparecer con un neceser para Daphne y un estuche de afeitar para Harry. Mientras ella estaba en la ducha los pensamientos del chico abarcaban diversos temas.

Comprobó que Evelyn le había dado el estuche estándar de afeitado. El jabón incluso le gustaba.

Se sentía bien en su casa. Tenía claro que nunca iba a volver con los Dursley, eso era un hecho, Dumbledore podía irse al infierno.

Daphne era un regalo celestial. No lo había notado en el colegio, ¿cómo era eso posible? Supuso que el plata y el verde de su túnica le habían intimidado.

Quizás ha sido para bien que el tío Vernon sea un animal.

Se percató que se había dejado guiar por sus instintos cuando le había pedido que fuera su chica, pero hasta ahora sus instintos no se habían equivocado. El ir al Departamento de Misterios no había sido por instinto, si no por miedo. Ahora veía como Voldemort había jugado con el como con todo un manipulador.

Muévete al compás, Harry. Muévete al compás.

La profecía. Daphne merecía saberlo. Si iban a estar juntos, sería un objetivo fácil y a diferencia de lo que Dumbledore hacía, se lo explicaría antes para que ella pudiera tomar una decisión con propiedad. Quizás con un resumen básico de la misma bastaría, ¿no?

Daphne salió del baño con un pijama de seda que provocó que la boca de Harry se secara entre otras cosas. No tenía nada de especial; unos pantalones de color purpura suave y una camisetita con botones que llegaban hasta la parte superior, pero era el camino hasta donde llevaban lo que le hizo ponerse en pie y prestar más atención.

- Eres preciosa.

Ella sonrió, sonrojándose.

- Gracias, noble caballero. ¿Estás preparado para ducharte?

Comprobó el estado de sus piernas y encontró que no sentía ningún dolor así que lentamente, arrastró los pies hasta la ducha.

- Si necesitas ayuda ahí dentro, llámame. – dijo Daphne desde su espalda.

Con una sonrisa se volvió hacia ella y le dijo:

- Vaya, Daph, sólo hemos empezado a salir está tarde. – comentario que provocó que una almohada saliera volando en dirección hasta su cabeza.

Esa noche tuvo el mejor sueño reparador que pudiera recordar. Se despertó a dos centímetros del pelo negro y ondulado de Daphne perfumado con lavanda y solo pudo sonreír.


Nota del autor "muggledad":

1. Torqueo: (Latín) contracción, torcedura... Vendría a ser como una maldición Cruciatus, pero más "leve". En lugar de miles de cuchillos atravesando tu piel imagina rampas y contracciones en cada uno de los músculos de tu cuerpo. Todos conocemos ese calambre que nos asalta a veces por las noches en la pierna, si así es sólo uno, piensa lo que sería en todo el cuerpo. Ouch... nada agradable.

2. En cuanto a mi propia vida, parece que toda se centra en las relaciones. La relación con mi esposa, mis hijos, mi jefe, mis compañeros de trabajo y así sucesivamente. Así que esa es la premisa de este fic. Y aunque sea en tercera persona, se centra más en Daphne que en Harry. Cuando ella no esté con Harry la única manera que tendremos de saber sus acciones o pensamientos es porque el lo cuenta después de los hechos en sí. Habrá muchos momentos donde Harry no esté con Daphne y hará cosas que el lector no sabrá. Yo si lo sabré, pero porque soy el malvado autor.

3. Este capítulo es más corto. Quería prepararlo todo para conseguir que la bola realmente tomé movimiento. Además está historia es un torbellino de romance. También es un "amor relámpago", intencionalmente, así que no me gustaría ver comentarios tipo: "esto no es realista". Lo hago intencionadamente para cambiar el Potterverso en esa dirección. Gracias a todos por leer. - muggledad.


Nota de la traductora "albaa":

No suelo traducir las notas originales de autor porque normalmente no dicen nada de interés y menos si hace muchos años de ellas. Pero está me ha parecido que aclaraba cosas de la historia y así conocemos un poco más al autor de la historia que me parece adorable ^^

Espero que os haya gustado este primer capítulo y espero tener traducido el segundo para pasado mañana :D

Espero vuestras opiniones ;P

Besitos!