Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a muggledad(encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.


.- Una historia de muggledad -.


Capítulo 6

14 de Julio de 1996, viernes

Daphne se despertó a las 5:30 alarmada y supo que algo andaba mal. Harry estaba tendido junto a ella, débil y gimoteando en sueños. Asustada, se incorporó y lo sacudió por el hombro, diciendo:

– Amor, despierta. Solo es un sueño, despierta.

Los parpados de Harry revolotearon mientras murmuraba.

– ¿Daph?

Ahora estaba totalmente despierta.

– ¿Harry? – él tenía la mirada febril, las mejillas rosadas, los ojos vidriosos y el rostro sudoroso. Pronto cerró los ojos y no respondió más a sus intentos por despertarlo. Aterrorizada, gritó – ¡DOBBY!


George Stebbins se inclinó sobre Harry para hacerle un diagnostico mientras Daphne lo observaba. Casi había perdido el control de sí misma cuando la cabeza de Harry quedó colgando mientras se desmayaba. Dobby apareció al instante, desapareciendo un latido de corazón más tarde, cuando ella gritó:

– ¡Trae al Sanador Stebbins aquí ahora!

Diez minutos después o así, George se volvió hacia ella y señaló la antesala del dormitorio de la suite principal. Apretando nerviosamente las uñas contra la barbilla, ella asintió y se volteó para seguirlo. George cerró la puerta casi del todo y se volvió hacia Daphne.

– Se pondrá bien.

Soltando el aliento contenido, sintió como si el mundo entero fuera retirado de sus hombros. No era una mujer llorona, pero Daphne sintió que unas cuantas lágrimas se arrastraban por sus mejillas con alivio. Después de unas cuantas respiraciones fortificantes, dijo:

– ¿Qué ha pasado? ¿Es la reacción de la barrera?

George asintió.

– Le está golpeando con fuerza. Por lo que puedo decir, ha habido una caída precipitada en sus reservas mágicas durante la noche, seguido por una expansión masiva de su núcleo mágico. Veremos que sucede a medida que recupera sus reservas. No hay nada que pueda hacer o pueda darle para acelerar la recuperación. Tiempo es lo que necesita ahora. – George colocó la mano sobre su hombro en un gesto amistoso y se encogió de hombros, deseando poder hacer más.

Daphne asintió, completamente agitada.

– ¿Podrías quedarte con él durante unos minutos? Me gustaría llamar a mi madre por Red Flu para que venga a visitarlo mientras está enfermo.

George asintió.

– Por supuesto. – y volvió a entrar en el dormitorio.

Después de una rápida conversación vía Flu en la que Evelyn prometió estar en Rowan Hill a la hora del almuerzo, Susan y Daphne se dirigieron hacia la suite principal para ver a Harry. Con solo las cejas levantadas, Daphne soltó su pregunta al sanador.

– Está mejorando como esperaba. Me quedaré hasta las primeras horas de la tarde en caso de recaída, pero realmente no lo espero.

Daphne asintió y se fue hacia el vestidor a cambiarse para el día. Había estado revoloteando toda la mañana con la bata puesta y quería estar un poco más presentable.

Susan se sentó y suspiró. Incluso desde la otra habitación Daphne la escuchó y miró hacia atrás, para ver si algo andaba mal. Entonces, escuchó a Susan murmurar:

– Ella te quiere mucho Harry, será mejor que la trates como merece.

Susan se marchó hacia su habitación para buscar su libro mientras Daphne alternaba la mirada entre el suyo y su marido inmóvil. De vez en cuando, se levantaba y salía al balcón, mirando sin ver los hermosos jardines y el mar. Inevitablemente, movió la silla hasta el lado de la cama donde estaba él para acariciar su mano, deslizar los dedos a través de su oscuro cabello o simplemente para sentarse a su lado y esperar algún movimiento.

Justo después de las nueve, Dobby apareció en la habitación y, mirando a Harry con preocupación, dijo:

– Ama, el Profesor de Encantamientos está en la biblioteca esperando a la Ama y al Amo.

– Ah, mierda. – murmuró, poniéndose en pie – Ven a buscarme si ocurre algo. – le dijo a George en un tono tan dominante que asintió rápidamente sin pensárselo.

Minutos más tarde, entró en la biblioteca, encontrándose al diminuto profesor observando las estanterías.

– Profesor, lo siento mucho. Harry ha sufrido una violenta reacción debido a la barrera de Limitación de Poder y está inconsciente en este momento. He estado demasiado preocupada para informarle que no podríamos asistir a su clase, disculpas.

Flitwick parecía preocupado, pero hizo un gesto de despreocupación con la mano.

– No hay problema en absoluto, señora Potter, lo entiendo perfectamente. – dejó una pausa y después añadió – ¿Le importaría prestarme alguno de estos libros? – sosteniendo tres en sus pequeñas manos.

Daphne compuso la primera sonrisa real del día.

– Por supuesto, disfrútelos.

Asintiendo, Flitwick los encogió y los metió en su bolsillo.

– Si quiere, puedo echarle un vistazo al señor Potter, tengo bastante experiencia con las barreras.

– Por favor, le estaría muy agradecida. Gracias, profesor.


Evelyn llegó a través de la Red Flu justo antes del almuerzo, con Astoria y Phillip. Dobby los escoltó hasta la sala de estar y salió a informar a Daphne que tenía visita.

George había conjurado una mesa en la esquina y estaba medio enterrado en pergaminos de formularios para pedir pociones para su práctica, pruebas de lectura de sus informes dictados, formularios de seguros y así sucesivamente. Miró a Daphne después de frotarse la cara y dijo:

– Quien dijera que ser Sanador era sólo dedicarse a los pacientes era un mentiroso. Simplemente hay que ser paciente.

Daphne rio entre dientes por el juego de palabras cuando apareció Dobby.

– Ama, la señora Greengrass, la señorita Astoria y Phillip están en la sala de estar.

– Gracias, Dobby. – dijo ella y se levantó a revisar a Harry. Todavía estaba dormido, así que asintió en dirección a George y se dirigió hacia abajo para encontrarse con su madre.

Pocos minutos más tarde, la madre abrazaba a su primogénita, diciendo:

– ¿Cómo está, ojos azules?

Daphne se encogió de hombros.

– El tío George y el profesor Flitwick dicen que está bien y que su núcleo mágico se está recargando correctamente. Al parecer, solo necesita tiempo. – se estremeció, soltando un rápido sollozo – Me asusté mucho, mamá. Estaba tan… fuera de sí esta mañana. No sabía que era lo que iba mal.

Evelyn frotó la espalda de su hija hasta que recuperó la compostura. Secándose las lágrimas del rostro, dijo:

– Vamos, está en nuestra habitación.

Daphne dio a su familia una corta visita por la casa y tuvo que esconder la sonrisa ante sus reacciones. El Clan Greengrass tenía buena posición; la mayor parte de la riqueza de la familia provenía de su tatarabuelo, que había sido un excepcional Maestro en Pociones. Con inversiones inteligentes y algunos negocios rentables, la familia había construido la riqueza de modo que su abuelo construyó la Mansión Greengrass en Kent. Era una casa muy bonita, bien diseñada y decorada, pero parecía una cabaña de moldeadores de barro Tunecino comparada con Rowan Hill.

Después de llevarlos a través del Comedor Formal, en el cual cabría la mitad de la casa de los Greengrass, Daphne dijo:

– ¿Te gusta mi nueva casa, Astoria?

Su hermana pequeña apenas escuchó la pregunta hasta que su madre de propinó un suave empujón.

– ¿Eh? Oh sí, tu casa es maravillosa. Es como estar en un museo con una sensación hogareña. Maravillosa.

Un extremadamente aburrido Phillip alzó la voz.

– Daphne, Harry dijo que teníais un campo de juego. ¿Podrías enseñármelo? Mamá ha traído mi escoba. – el pobre muchacho ni siquiera sabía por qué las tres mujeres lo miraban con el ceño fruncido.

Eventualmente, llegaron al dormitorio principal donde Evelyn advirtió a sus dos hijos más jóvenes que se comportaran; su cuñado estaba enfermo. Daphne entró, dirigiéndose al lado de la cama donde estaba Harry. Nada había cambiado y él seguía apagado como una linterna.

Después de media hora de espera en la que Daphne se sentaba junto a su marido o daba vueltas alrededor de la cama, Evelyn tejía y Astoria estaba haciendo sus deberes de verano. Era Phillip quien estaba siendo torturado. Le gustaba Harry. Harry era brillante cuando conseguías conocerlo; tenía una Saeta de Fuego, su propio campo de Quidditch, era un buscador excelente y un individuo genuinamente agradable. Sin embargo, esa espera lo estaba matando.

– Dobby. – exclamó Daphne.

Cuando apareció el mayordomo de Rowan Hill de piel grisácea-verdosa, su Ama, en un tono exasperante y divertido, le dijo:

– Por favor, enséñale a Phillip el Campo de Quidditch.

El heredero del Clan Greengrass se levantó con entusiasmo y corrió hacia la puerta, aunque recordando algo, se volteó y corrió hacia su hermana mayor, besándola rápidamente en la mejilla, volviendo a salir corriendo hacia la puerta. Recordando otra cosa, corrió hacia su madre y con voz desesperada, dijo:

– Mamá, ¿puedo ir, por favor?

El rostro de Evelyn compuso una larga mirada sufrida adquirida por todas las madres del mundo y arqueó una ceja.

– Primero, cámbiate de ropa y después podrás ir.

Por tercera vez, el chico corrió hacia la puerta, seguido de Dobby. Madre e hijas compartieron una mirada divertida y una risa ligera flotó por la habitación.

Tomaron el almuerzo en la pequeña sala de estar de la habitación principal. Susan se enderezó, había estado terminando Combate Mágico Avanzado y simplemente quería avanzar un poco más. Después de desaparecer durante media tarde, volvió unas horas después con Neville a remolque.

George se fue después del almuerzo, tranquilizando a Daphne de que Harry se estaba recuperando bien. Evelyn se ofreció a acompañarlo; quería estirar las piernas un poco, lo que dejó a las hermanas solas.

Después de unos minutos, Astoria, en un medio susurro, preguntó:

– ¿Te hace feliz?

Daphne compuso una pequeña sonrisa.

– Mucho. – dijo – No solo tengo maravillosos sentimientos románticos hacia él, sino que también es mi mejor amigo. – desvió la sonrisa hacia sus manos que estaban como una concha abierta en su regazo – Y no viene mal que sea realmente caliente, además. – eso hizo reír a su hermana. Desplazó la mirada hacia la silenciosa figura postrada en la cama de manera melancólica y continuó – Nunca habría creído a nadie que me hubiera dicho que me enamoraría de Harry tan rápido, que me gustaría tanto. Quiero pasar cada momento que pueda con él. Hace tres semanas, habría llamado mentiroso a cualquiera por decir eso y, sin embargo, ahora… – miró a Astoria y, con toda sinceridad, dijo – Encuentra a un chico que te guste, Stori. Encuentra a esa persona y apuesto a que puedes enamorarte de él. Yo soy muy afortunada y ni si quiera sé a quién darle las gracias.

Astoria consideró las palabras de su hermana. Cuando eran más jóvenes, habían tenido peleas normales ("¡Mamá, Stori me ha robado la chaqueta!", "¡Mamá, Daphne no quiere salir de mi habitación!"). Detrás de todas las tonterías que conllevaba la rivalidad entre hermanos, ella quería mucho a la suya. Tomando la consciente elección de apoyar a su hermana, se sentó a su lado junto a la cama. Envolvió un brazo alrededor de la cintura de Daphne y apoyando la cabeza en su hombro, dijo:

– Te quiero, hermana. Harry se pondrá bien, ya verás.


5 de Julio de 1996, sábado

Harry durmió durante todo el día y la noche, despertando a la mañana siguiente a tiempo para su entrenamiento.

– Hey, ¿cómo estás? – preguntó Daphne, mientras se quitaba el sueño de los ojos.

– ¡Estoy genial! ¡Nunca me he sentido tan bien, venga, vamos a trabajar!

Daphne apenas podía seguirle el ritmo. Se puso hacer sus habituales cincuenta flexiones y después de un momento se puso a hacer diez más ("Por mi esposa", dijo con una descarada sonrisa). Todavía tenía que esforzarse con las pesas de la máquina, por lo que Daphne pudo comprobar que no era un superhombre, aunque aumentó significativamente el ritmo de su carrera. Durante los cinco kilómetros, alternativamente canturreaba o, cuando tenía suficiente aliento, silbaba una melodía que Daphne no conseguía ubicar. Después de enfriarse, se dirigieron hacia el cuarto de baño para asearse.

Harry saltó a la ducha, tarareando la melodía y, tan pronto como el agua se encendió, empezó a cantar en su forma desagradable y entrañable.

– Lord Almighty! Feel my temperature rising. Higher and higher, it's burnin' through to my soul! – entre cada línea el soltaba pequeños "hmm" que hacían que cada vez la mandíbula de Daphne se descolgara un poco más, hasta componer una enorme sonrisa en su rostro. Aparentemente, alguien de la familia Dursley había sido fan de Elvis Presley – Girl, girl, girl, girl, you gonna set me on fire. My brain is flamin' I don't know which way to go! – Daphne tuvo que cubrirse la boca cuando Harry se puso a ejecutar un giro bastante aceptable mientas cantaba con el mango de la ducha – Your kisses lift me higher, like the sweet sound of a choir, you light my mornin' sky, burnin' love!

Ahora Daphne no pudo evitarlo y salió corriendo del cuarto de baño, riendo entre abundantes carcajadas. Por Merlín, ayer lo había extrañado. Desde el cuarto de baño se escuchó el gran final mientras Harry elevaba la voz:

– I'm just a hunk 'a hunk 'a burnin' love Ahh, I'm just a hunk 'a hunk 'a burnin' love Ahh… – y ella se disolvió en la cama con un ataque de risa.


George Stebbins pasó por allí durante el desayuno, haciendo un examen rápido a Harry.

– En plena forma. – dijo. Se quedó a desayunar en la terraza y se sentó al lado de Evelyn, charlando animadamente.

Harry se inclinó hacia Phillip y, con voz conspiradora, dijo:

– Hey, hace buen día. ¿Qué me dices si vamos a volar después de que Daphne y yo acabemos el entrenamiento que necesitamos para ponernos al día?

– ¿De verdad? – respondió el niño, con asombro.

– De verdad, de verdad. – le dijo Harry con una gran sonrisa.

Él y Daphne se levantaron de la mesa unos minutos más tarde. Dirigiéndose hacia el interior, mientras Harry decía:

– Vamos a la Habitación del Dolor, no entréis hasta que salgamos. No quiero que nadie salga herido. – nadie notó que Harry apretaba el trasero de Daphne mientras se encaminaban hacia el pasillo. Pasó un buen rato antes de la práctica de Buscador.

Después del "entrenamiento", Harry desapareció en el interior de su despacho.

– Tengo que escribirle una rápida nota a Dumbledore sobre nuestro nuevo acuerdo. Voy a "solicitar" una confesión mágicamente vinculada de sus actividades ilegales a más tardar el día 21.

– Me suena bien. – respondió Daphne, mientras iba en busca de su madre.

Alrededor de las once, los Potter y los Greengrass ya estaban en el campo de Quidditch. Los miembros masculinos de la familia estaban en el aire, mientras la mujeres se quedaron en suelo firme, observándolos, leyendo o simplemente explorando las proximidades del terreno de juego.

– Vale, ahora encara el mango rápidamente… bien, ahora tira hacia arriba.

Harry estaba en el campo con Phillip, trabajando los movimientos de Buscador, disfrutando de cada minuto.

– Ahora, quiero que vayas hacia ese roble de allí conmigo. Te propinaré algún empujón, para que te acostumbres a los golpes y empujones en una carrera por la Snitch, ¿de acuerdo?

Phillip se secó el sudor de la frente y asintió. Eso era un poco más difícil de lo que había esperado, pero incluso desde donde estaban Daphne y su madre, podían afirmar que estaba pasando el mejor momento de su vida.

Evelyn golpeó suavemente a Daphne en el hombro mientras el Buscador y su aprendiz se alejaban de ellas. Astoria estaba en el otro extremo del campo, recogiendo flores y cantando para sí misma. Evelyn se aclaró la garganta y dijo:

– Tu padre ha enviado una nota diciendo que vendría a cenar esta tarde.

El rostro de Daphne se quedó cincelado en piedra.

– ¿Oh, en serio?

Evelyn asintió.

– Es tu padre. – dijo después de un prolongado silencio.

Mirando a su marido y hermano, Daphne, de manera extraña, dijo:

– Harry podría matarlo.

Evelyn palideció.

– ¿Se lo has dicho?

– ¿Lo de las dolorosas maldiciones? ¿Y los demás abusos? Sí, se lo he dicho.

Después de otro momento de silencio, su madre dijo:

– Si puedo garantizar la buena conducta de tu padre, ¿podrías imponerte a Harry para que se abstenga de atacarlo?

– Hablaré con él. – dijo con la voz más vacía que Evelyn había escuchado a su hija.

Evelyn asintió y guardó silencio. En un extraño cambio de roles, Daphne estaba actuando en el papel de matriarca y Evelyn y Cyrus estaban en el papel de suplicantes. Probablemente Cyrus se arrepentiría del comportamiento hacia su hija antes de que terminara el día.

Después del almuerzo en el comedor familiar, Daphne dirigió a Harry hacia los jardines. Pasearon por los hermosos caminos, deteniéndose cada tanto para disfrutar de la esplendida vista, para abrazarse el uno al otro y, a veces, para intercambiar pequeños besos. Después de diez minutos o así, Daphne, con una voz tan baja que Harry se tuvo que esforzar para oír, dijo:

– Mi padre quiere venir a cenar esta noche.

Harry se quedó inmóvil y, después de un momento, miró con curiosidad a su esposa.

– ¿Lo quieres aquí?

– No, pero debería… – dijo con un profundo suspiro.

Harry la interrumpió.

– ¿Deberías qué? ¿Invitar a un hombre que intencionadamente te hirió a nuestra casa? Debería matarlo por lo que te hizo. – le soltó la mano, pasándose las dos por su cabello negro como la tinta. Un largo momento después, escupió – ¿Deberíamos invitar a los Dursley para la próxima? – Daphne soltó un sonido gutural, casi un gruñido antes de recuperar la compostura. Él aprovechó la ventaja y continuó – Es lo mismo. Los Dursley abusaron de mí abominablemente y tu padre abusó de ti de igual manera. ¿Por qué debería dejar que ese bastardo atravesara las barreras?

Se quedaron en silencio, mientras Daphne observaba minuciosamente una rosa frente a ella. Finalmente, un suspiró se escapó de los labios de Daphne, como si fuera casi por accidente.

– Porque mi madre me lo ha pedido.

Harry se vino abajo y de inmediato la atrajo a sus brazos. Sorprendentemente, Daphne soltó un pequeño sollozo y Harry la estrechó contra sí con más fuerza.

– Lo haré por esta vez, pero antes tendré una charla con tu querido y viejo padre. A solas. Si hace algo, le ordenaré a Dobby que te proteja a toda costa. Lo he visto cuando está enfadado, tu padre no querrá verlo.

Daphne solo pudo asentir contra su pecho, intentando absorber de su marido tanto coraje y fuerza como pudiera.

Harry le dejó a Daphne unos minutos para recuperarse. Ella le pidió un poco de tiempo a solas.

– Claro. Si me necesitas, llámame. Voy a charlar con Dobby. Después estaré en la biblioteca, o tal vez en el Atrio.

Daphne vagó por los senderos del jardín, desviándose, finalmente, hacia las colinas. Llamó a Dobby, acordaron un menú en siete minutos y luego siguió caminando. Sacudiendo la cabeza lentamente, Daphne no podía sacudirse la sensación de estar partida en dos. Por un lado, quería ayudar a Harry a destrozar a su padre, pagándole por todos los años de dolor y abusos. Liberar el odio y resentimiento reprimidos.

En lo más hondo de su mente, una pequeña voz le susurraba una palabra que a menudo era mal entendida; perdonar. Volvió a sacudir la cabeza, haciendo que sus cabellos negros se arremolinaran y rodearan su rostro. Apartando las lágrimas de sus ojos, sintió que la vieja rabia y el torbellino de dolor y sufrimiento se levantaban en su interior.

Casi se deleitaba ante el dolor que podía causar cuando uno pensaba en superar heridas pasadas y despreciables, apartando el sufrimiento y dejando un único pensamiento en su conciencia: ¿Eso haría que Harry se sintiera orgulloso de mí?

Daphne, repentinamente, se detuvo en seco y miró la roca que había al lado del camino. Su mente había dejado de girar a gran velocidad otorgándole un efecto casi vertiginoso y sintió la necesidad de sentarse. La súbita comprensión de dudar de que el uso de la maldición Cruciatus sobre su padre hiciera que Harry se sintiera orgulloso parecía tan obvia, pero iba en total contradicción con su ira, su rabia y su resentimiento. Lo entendería y lo toleraría, pero no estaría orgulloso.

¿Y ella? ¿Estaría orgullosa de herir a su padre? ¿Era algo que querría contar a Harry o a sus amigos? ¿Incluso a sus hijos algún día?

Esas consideraciones drenaron el pensamiento de venganza tan limpiamente como cuando quitas el tapón de una bañera. Y al igual que una bañera drenada, se sentía vacía. No le gustaba su padre y si no estuvieran relacionados por la sangre, no se asociaría con él de buena gana. En absoluto. Entonces, ¿qué hacer? Le sobrevino el mitigante pensamiento de que no tenía que tener esa respuesta de inmediato. Esa noche, iría a cenar y Harry le haría saber que estaba en su punto de mira y que lo resolvería largándolo de allí.

Sentía un ligero toque de vergüenza de que Harry fuera a enfrentar a su padre por su comportamiento. Por un lado, creía que era su deber y estaba en su derecho de enfrentar a Cyrus sobre su comportamiento abusivo y abominable. Pero por otra parte, se percató de que su marido le estaba haciendo un favor, permitiéndole alejarse de una situación en la que probablemente haría algo de lo que después se arrepentiría.

Sintiéndose mucho mejor, volvió a casa para encontrarse con Harry.


La noche encontró a Daphne en la sala de estar, charlando con Susan, su madre y sus hermanos; todos arreglados para la cena. Harry estaba en ese momento en lo que él llamaba "su despacho" esperando a su suegro.

Evelyn no estaba contenta. Entendía que su hija y su yerno tenían todo el derecho de abordar a su marido, pero sabía que él se defendería y que, posiblemente, montaría una escena. Así se lo había dicho a Daphne solo para ser educadamente rechazada. Era la primera vez que Daphne se imponía a su madre en Rowan Hill y eso las sorprendió a ambas. Daphne se había sorprendido porque Evelyn se inclinó ante sus deseos y Evelyn porque Daphne con coraje, pero con cortesía, había discrepado, exponiendo el curso de acción a seguir, independientemente de los deseos de su madre.

Evelyn solo esperaba que eso no convirtiera a su hija en una serpiente.

Daphne descansaba en el sofá con un elegante vestido de noche. Los pensamientos se retorcían una y otra vez detrás de una máscara de impasibilidad. Había advertido a Phillip y a Stori de que Harry iba a enfrentar a su padre y que probablemente las cosas se podían poner algo tensas durante la cena. Susan le lanzaba miradas de vez en cuando. Su nueva amiga podía decir que algo estaba pasando, pero no tenía los datos para rellenar los espacios en blanco.

La chimenea en el vestíbulo principal rugió, seguido poco después por el chasquido de Dobby al aparecerse. Daphne sonrió, recordando la salvaje expresión en la cara del elfo después de que Harry le informara sobre los detalles de la situación, dándole órdenes para el evento. Se empezó a escuchar un murmullo de voces y sólo podía suponer que el Jefe del Clan Greengrass estaba a punto de recibir el escarmiento del noveno Conde Potter, séptimo Vizconde Black y Jefe de las Ancestrales y más Nobles Casas, Potter y Black.


Esa noche, mientras yacían en la cama, Harry le relató a Daphne lo que había ocurrido en su despacho.

Harry estaba sentado, pensativo ante el inminente encuentro. Estaba detrás del escritorio, con los codos apoyados en el reposabrazos de la silla y lo dedos tendidos frente a la boca. De vez en cuando, se golpeaba los labios con las yemas de los dedos mientras se recostaba en la silla. El despacho de Harry era una estancia magníficamente repartida con alfombras persas, obras maestras originales mágicas y muggles y la pieza maestra, un globo del tamaño de un huevo de dragón con Fuego Gubraithian (o Fuego Eterno) bailando alegremente en su interior. En la pequeña placa unida al soporte se leía que en el año 1409 William Potter lanzó el hechizo para crear ese fuego eterno. Harry y Daphne iban al despacho a altas horas de la madrugada para ver como las llamas lamían el cristal maravillados mientras el diminuto infierno circulaba a través de todos los colores del arcoíris.

Cyrus entró en la estancia como el figurado gato que se había comido al canario. Era todo sonrisas y jovialidad. Harry estaba esperando que dijera algo como: "¿Qué me dices de un trago de Whiskey, eh?" Esa sonrisa y jovial disposición lentamente se fue deshaciendo de sus facciones como hielo derretido cuando Harry no hizo ni el intento de levantarse del asiento, ni de cambiar de postura. Después de un largo momento evaluativo, Harry le indicó sin palabras una silla de espera en el lado opuesto del enorme escritorio de caoba.

Cyrus Greengrass, ahora con el ceño fruncido, tomó asiento y miró a su nuevo yerno con molestia. Si sus pensamientos estuvieran escritos en pergamino no serían tan evidentes, Greengrass estaba transmitiendo: "Sea uno de los Quince o no, todavía es un cachorro y debería tratar con más respeto a sus mayores."

– Señor Greengrass, me gustaría discutir con usted las condiciones de su visita a mi casa. – dijo Harry con una helada voz de acero.

Greengrass parpadeó.

– Bueno, Harry, no…

– No recuerdo haberle dado permiso para tutearme, Greengrass.

Cyrus parpadeó de nuevo, se detuvo y volvió a parpadear antes de reconocer la situación por lo que era.

– Ya veo. – dijo, mientras se acomodaba en la silla – Mi hija ya ha estado contando historias otra vez.

Para ese entonces Harry ya había ejercido bastante esfuerzo por controlarse. E interrumpiendo al viejo, dijo:

– Escúcheme, Greengrass. El martes, tomaré los asientos Black y Potter. Mis amigos íntimos, Lord Longbottom y Lady Bones también tomaran sus puestos. La primera parte de la legislación que haremos tragar a la Gran Bretaña Mágica será la ilegalidad del abuso de niños tanto verbal, mágica como físicamente. Usted, señor, es un monstruo y si por mí fuera, estaría sentado en el banquillo de los acusados.

– Ahora mire usted… – gruñó el señor Greengrass.

– No, mire usted, bastardo. – escupió Harry mientras apuntaba con el dedo al corpulento hombre. Calmándose visiblemente, miró a Greengrass a los ojos – Su esposa y la mía intercedieron en su nombre esta tarde. Mi intención era desafiarle a un duelo y matarle antes de que terminara la noche. – el hombre palideció ante la simple declaración – Dado que respeto a su buena esposa y que iría a los confines de la Tierra por la mía, usted vivirá más allá de esta reunión. Sin embargo, – aquí se detuvo y se inclinó sobre el escritorio – si alguna vez abusa de Astoria, Phillip o, el cielo le ayude, de Evelyn de nuevo, le mataré. Nadie trata a mi familia de la manera que usted lo ha estado haciendo durante años. ¿Me he expresado con claridad, Greengrass?

Greengrass simplemente se limitaba a mirar asombrado al furioso Niño-Que-Vivió. Cuando Harry inclinó la cabeza, buscando una respuesta, Cyrus asintió aturdido su aquiescencia. Daphne había tenido razón, cuando se enfrentaban a un poder real, los matones se doblegaban.

– Ahora, las condiciones para que pueda venir de visita. Usted será bienvenido en esta casa sólo si se comporta de una manera civilizada. Tenemos invitadas semi-permanentes, Lady Bones y la Directora Bones. Se dirigirá a ellas como corresponde a su estatus, pero no con tanta confianza como lo ha hecho conmigo antes. Obviamente tratará a sus hijos y esposa de manera respetuosa. Si le encuentro maltratando al Elfo domestico que forma parte de nuestra familia, le arrancaré la piel. No creo que le esté pidiendo demasiado. Actúe como un ser humano civilizado. – Harry se levantó, rodeó lentamente el escritorio y se dirigió hacia la puerta.

Cyrus se levantó vacilante, iba a seguirlo cuando Harry se detuvo y se volvió con ojos abrasadores.

– Por último. No entrará en contacto con ningún seguidor de Lord Voldemort, ni con el propio Señor Oscuro, jamás. No volverá a practicar las Artes Oscuras, jamás. Le tomaré un juramento mágico. Si para usted esto es inaceptable, por favor, váyase. – Harry se quedó parado, esperando la conformidad. Con mano insegura, Greengrass sacó la varita, la sostuvo por el centro y pronunció un juramento mágicamente vinculante. Harry asintió y dijo – por favor, sígame hasta la sala de estar para tomar los cócteles antes de la cena.


La cena fue extraña, aunque en retrospectiva, no podría haber sido de otra manera. Cyrus y Evelyn casi estuvieron en silencio toda la comida. Después de un pequeño faux pas donde Cyrus se dirigió hacia la cabecera de la mesa (el asiento de Harry como Lord de la Mansión), todo salió bien. Susan estaba sentada a la derecha de Harry y Astoria a la izquierda. Hablaban sobre el colegio y otros temas. Astoria iba a empezar el cuarto año, así que Susan y Harry le contaron sus experiencias, especialmente en Defensa con el Moody impostor. Al parecer, en los años inferiores, no había sido tan extravagante como lo fue para la generación del 98.

Al otro extremo de la mesa, todo estaba más tranquilo. Daphne tenía a sus padres flanqueándola, mientras Phillip engullía toda la comida que podía pasar por su garganta de nueve años de edad.

– ¿El Quidditch te ha dado un buen apetito? – preguntó Evelyn.

Phillip tragó lo que tenía en la boca, se limpió la barbilla y dijo:

– Sí, madre. – con incomodidad, echó un vistazo a su padre para ver si tenía una reacción hostil. En un cambio inusual, no percibió ninguna. Con una pequeña sonrisa de agradecimiento a Harry, volvió a la comida.


16 de Julio de 1996, domingo

El domingo fue un día tranquilo. Después de un incómodo desayuno, Cyrus se fue a través de la Red Flu, alegando un negocio urgente.

– ¿Un domingo? – preguntó Harry a Daphne. Ella simplemente sacudió la cabeza y salió al jardín para disfrutar de la calidez del sol.

Susan se acercó a Green Hill y no volvió hasta casi la medianoche, proporcionando a Harry y Daphne un buen rato para conocer mejor a Amelia. Charlaron de manera intermitente durante todo el día, llegando a conocer a la mujer que había detrás de la severa reputación de la Directora del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica.

Su hermano, el padre de Susan, había sido su mejor amigo durante su niñez. Cuando Edmund y su esposa Sophie fueron asesinados por los Mortífagos fue, obviamente, una experiencia demoledora para su corazón. Hablaba con cariño de su infancia y sus años en Hogwarts, pero después de eso, sólo hablaba de trabajo o de Susan.

Harry y Daphne pasaron algún rato con Evelyn, pero la mujer parecía distraída y casi distante. Los Potter pasaron la mayor parte del día acurrucados en la cama o paseando sobre los extensos terrenos. En general, fue un día perfecto.


17 de Julio de 1996, lunes

El nivel de energía de Harry se mantenía elevado y se esforzó aún más en sus ejercicios. Entre bromas, hizo cientos de flexiones por su parte y para la sorpresa de Daphne.

Con sus excelentes reflejos, Daphne siempre tenía problemas para golpearlo durante los ejercicios de esquiva. Sin embargo, ese día, solo había conseguido darle con éxito tres veces. Rascándose la cabeza con preocupada confusión, Harry dijo:

– Es genial y todo, pero da un poco de miedo. Es como uno de esos libros de cuentos fantásticos donde, pam, el héroe adquiere todos sus poderes de la noche a la mañana. Es bastante absurdo.

Daphne asintió.

– Cierto, ¿pero tal vez haya una correlación entre la habilidad física y el poder mágico?

Harry asintió pensativo ante el comentario.

– Vamos a preguntarle a Flitwick, veamos que dice.

Se encontraron con el pequeño profesor en la Habitación del Dolor a las nueve puntualmente. Antes de que Flitwick pudiera comenzar la lección, Harry dijo:

– Señor, ¿existe una correlación entre la habilidad física y el poder mágico?

Dejando su cartera en el suelo, Flitwick asintió.

– Definitivamente. Para un muggle de mi estatura, no hay forma posible de que pudiera moverse tan rápida o fluidamente como yo. Tampoco saltar tan alto, ni esquivar tan rápido. Estoy clasificado como Hechicero, casi rozando el rango de Gran Hechicero basándonos en el Índice Mágico de Hammerstein. Eso es ser bastante poderoso. Por supuesto, el Director y Quien-No-Debe-Ser-Nombrado son ambos Gran Hechiceros y creo que Quien-No-Debe-Ser-Nombrado es Gran Mago, pero no me cites en eso. La mayoría de brujas y magos se clasifican como Magos o Magos Maestros. Si queréis, ¿puedo concertar una cita con la señora Pomfrey para que os evalúe a los dos?

Susan y Neville entraron en la habitación en ese momento y Daphne dijo:

– Gracias, señor, eso sería muy ilustrativo para nosotros, sobre todo teniendo en cuenta los acontecimientos del pasado viernes.

Trabajaron en las maldiciones Rompe y Aplasta Huesos un poco más. Dado que Harry las tenía ambas dominadas, se enfocó en el rango de alcance, realizando sus cien movimientos de varita antes de lanzar la Rompe Huesos. El siempre efímero fogonazo gris del hechizo salió de su varita de un gris brillante y la etérea cinta que también lo constituía era tan grande como el brazo de Harry.

La habitación quedó en silencio y, en un momento cómico, Harry solo sostuvo la varita frente a su cara, con la mirada atónita.

– Señor Potter, – dijo Flitwick con voz suave – ¿podría, por favor, lanzar ese hechizo de nuevo?

Recuperando los sentidos, Harry miró hacia el frente y se detuvo de nuevo, con la boca abierta. El maniquí al que se había alineado había desaparecido y la pared de detrás estaba quemada con un pequeño foco todavía ardiendo. Deslizándose hacia un lado, volvió a lanzar el hechizo con los mismos resultados; otro de los maniquíes vaporizado, otra sección de pared quemada.

– Vosotros tres continuad con los hechizos de Hueso. – dijo Flitwick hacia Neville, Susan y Daphne – Señor Potter, ¿querría acompañarme, por favor? – e indicó la esquina opuesta de la habitación. Flitwick se apoyó en la pared y dijo – Parece que la suspensión de la barrera de Limitación de Poder ha desatado verdaderamente tu poder. ¿Cómo te sientes ahora? ¿Cansado? ¿Drenado?

Harry sacudió la cabeza lentamente.

– No, profesor, me siento genial.

Imitando el movimiento del chico, Flitwick dijo:

– Continuaremos como hasta ahora. Posteriormente, me gustaría que nos trasladáramos fuera para hacernos una buena idea de lo que realmente puedes hacer. Hechizos Reductores de alta potencia contra peñascos. Ese tipo de cosas. – Harry asintió y el Profesor de Encantamientos, continuó – Por hoy, quiero que trabajes en una conjunción de hechizos, entretejiéndolos. De esta manera, en un altercado, podrás hacer sin dificultad la transición del primero al segundo. Encadena la maldición Reductora seguida por el hechizo de Perforación. Quizás no lo sepas, pero el hechizo de Perforación es maravilloso en el sentido de que no tiene movimientos de varita, como el Reductor, y puede romper muchos Escudos Básicos. Con tu nivel de potencia, puedes sacar muy rápidamente esos dos conjuros, abatir el escudo del oponente y acabar con ellos. Después de conseguir esos dos, añadiremos un tercero a la cadena de hechizos. Puede que uno de los de Hueso, pareces tener afinidad con ellos.

Harry volvió al grupo y vio que Susan y Daphne estaban compitiendo por ver quién podía volar todas las extremidades del maniquí primero. Neville estaba haciendo lo que había hecho el año anterior con el Ejército de Dumbledore; concentrarse, doblar un poco las rodillas y lanzar el hechizo tan rápido como podía, sin adornos, ni alboroto.

Cubrieron el hechizo Explosivo (Confringo), el Látigo de Fuego (sin encantamiento) y el Escudo Avanzado (Contego).

Daphne tenía problemas con el Látigo de Fuego. Sin el encantamiento, el quid del proceso del lanzamiento era visualizar y sentir el Látigo como una extensión de la varita del lanzador. Junto a ella, Harry empuñaba el látigo como un vaquero.

– ¿Cómo lo has conseguido? – le preguntó.

Harry se encogió de hombros.

– Simplemente he presionado un poco más mi magia de lo usual.

Daphne se concentró, presionó con fuerza su magia y vio el llameante látigo dispararse desde la punta de su varita. Antes de esbozar una gran sonrisa, sintió el tirón de su magia. Por lo general, podía hacer lanzamientos sin repercusiones (a excepción de los hechizos de alta potencia), pero las sintió. Al darse cuenta de que Harry había realizado causalmente el acto por el que ella había tenido que hacer un esfuerzo extra, su rostro se iluminó con una deslumbrante sonrisa. Volviéndose hacia Harry, le propinó un suave beso.

– ¿Y eso por qué?

– Ahora tengo más esperanzas que antes de que envíes a ese bastardo al infierno.

En Transformaciones empezaron la Animación. Desde que Harry le había descrito el duelo entre Dumbledore y Voldemort, Daphne había querido ser capaz de usar la Animación como herramienta en un duelo.

Empezaron con algo pequeño. La primera tarea fue Animar a una silla para que caminara. Era mucho más difícil mentalmente de lo que lo era mágicamente.

– Debéis imaginároslo y entonces la silla caminará. Eso quiere decir que con cuatro patas. – eso había sido una barrera complicada. Cuando se dio la vuelta con frustración en un momento, vio a Neville caminando con pies y manos y el trasero elevado en el aire. Casi se echó a reír, pero entonces se dio cuenta de que él había conseguido algo. Después de un rápido vistazo a su alrededor, se dejó caer a cuatro patas y caminó un poco. Diez minutos después, su silla trotaba alrededor de la Habitación del Dolor.

Tenían el día libre en Defensa; había luna llena, así que el grupo de cuatro se aseó y se aparecieron en Green Hills para discutir con Lady Augusta la cena del miércoles por la noche.

Después de una hora y media, Daphne había obtenido un grueso fajo de anotaciones y Harry un cegador dolor de cabeza. Neville y Susan habían huido al cabo de veinte minutos, discutieron sus roles y la conversación siguió. A pesar de la reacción de sus amigos, Daphne estaba absorbiendo las instrucciones y consejos de Lady Augusta como una esponja. Ese iba a ser su rol; la facilitadora de los Quince, así es como la veía. Harry era fácilmente el más poderoso de los miembros, por lo que le correspondía ayudar a proporcionar un entorno social cómodo para que los votantes se reunieran y discutieran asuntos en un ambiente informal.

Ella y Harry ya lo habían discutido y él le dijo en términos inequívocos que no sólo quería, sino que necesitaba su opinión en cuestiones de votación. Trabajarían en equipo. Podría haber ocasiones en las que él votaría con su propia consciencia en oposición a la de ella, pero aun así la necesitaba. El hecho de que no emitiera el voto en "sí" o "no", no significaba que debía quedarse al margen. Era su trabajo ayudarlos a lograr sus metas de la mejor manera posible. Propiamente dicho, era la otra mitad del cerebro detrás del voto.

Generalmente, una cena como esa requería un mes de antelación para notificar de la reunión a los Quince. Lady Augusta, con una sonrisa, dijo:

– Tengo la sensación de que los otros cuatro cancelaran las citas de sus agendas por esto.


Lady Augusta ayudó a Daphne con las invitaciones; pues todas tenían que estar escritas a mano y personalizadas. En cuanto llegaron a casa, Daphne llamó a Dobby.

– Dobby, quiero que entregues cada una de estas invitaciones al destinatario y esperes una respuesta.

Haciendo una profunda inclinación, el elfo dijo:

– Sí, Ama. – con un poco más de fervor de lo habitual – Harry Potter, señor.

Casi corriendo hasta su "despacho", Daphne se sentó en el escritorio y se puso a repasar el menú para la cena. Lady Augusta y ella lo habían estado debatiendo una y otra vez y finalmente se habían decidido por un menú completo de siete platos. Solly, la elfa doméstica de los Longbottom, llegaría después de la cena de mañana para ayudar a Dobby con todos los preparativos.

Daphne se llevó las manos a la cara, el estrés estaba comenzando a hacerle mella. Mientras se frotaba el rostro sintió que unas fuertes manos empezaban a amasarle suavemente los músculos del cuello y los hombros.

– Ohh, estás contratado. ¿Cuál es tu tarifa diaria? Habla con mi marido, él se encargará de ello.

Harry rio entre dientes.

– Vamos. Creo que un paseo de diez minutos no estropeará nada y ayudara.

Daphne aceptó la invitación y pronto estaban caminando por la playa, mirando el atardecer. Harry la sostenía por detrás y ella se dejó caer contra su pecho.

– ¿Estás preparado para mañana? ¿Han llegado las túnicas? – preguntó Daphne.

– Síp. Neville, Susan y yo hemos ensayado las frases y creo que soy capaz de hacerlo. No hay nada más programado que el asunto de la toma de nuestros asientos, así que no espero que se realice ninguna votación. Y sí, las túnicas han llegado. Necesito probármela para asegurarme que es de mi talla.

Permanecieron sentados en silencio, observando como la oscuridad llenaba los huecos alrededor de las estrellas. En un susurro de la brisa marina llevó las palabras de Daphne hasta el oído de Harry: "Te quiero".

– Yo también te quiero.


18 de Julio de 1996

– ¡Atención, atención! Damas y Caballeros, Diputados y Apoderados, asistid a la decimocuarta convocatoria del noble Wizengamot en el año mil novecientos noventa y seis. ¡Atención, atención…

El crujiente susurro de las túnicas y los murmullos de los miembros mientras tomaban asiento eran como un trueno para Lady Potter. Daphne se sentó en uno de los palcos privados, separada de los asientos públicos. Lady Augusta se sentó a su lado, acercándose ocasionalmente para darle una palmadita en la mano. Daphne había estado hecha un manojo de nervios todo el día, aparentemente mucho más nerviosa que Harry.

Después de los entrenamientos matutinos, Flitwick había presionado a Harry con más fuerza que nunca. Ahora estaban trabajando en variar la potencia aplicada a cada hechizo.

Después de conjurar una vela, Flitwick hizo que los cuatro estudiantes se reunieran a su alrededor. Con un movimiento de varita, pronunció "Incendio" y la mecha se prendió con una pequeña llama. Apartándose de ellos, conjuró una losa de granito y, repitiendo el movimiento de varita, volvió a pronunciar "Incendio".

Esa vez, en lugar de la insignificante llama, una llamarada anaranjada y roja detonó de su varita. La losa de granito empezó a resplandecer al rojo vivo al calentarse rápidamente. El rostro de Flitwick se frunció en concentración y las llamas se volvieron blancas. Ahora, la losa comenzó a fundirse creando riachuelos de roca fundida. Después de un largo minuto y medio, el profesor de Encantamientos detuvo el hechizo e hizo desaparecer el charco de magma. Volviéndose hacia sus estudiantes, simplemente dijo:

– ¿Preguntas?

Inmediatamente Harry respondió con la pregunta que todos estaban contemplando.

– ¿Cómo, señor?

Con una sonrisa ligeramente salvaje, Flitwick respondió:

– Me alegra que lo pregunte, señor Potter…

Harry lanzó el "Incendio" con toda su potencia a una nueva losa de granito, logrando que se derritiera como hielo al sol del mediodía. Moviéndose hacia un lado, Daphne lo atrapó en el aire. Harry sacudió la cabeza, despejándola y respondió a su mirada de preocupación, besándola en la nariz y diciendo:

– Ya estoy bien. No te preocupes.

Harry se pasó el resto de la lección de encantamientos variando la potencia de sus hechizos aturdidores en una vaca que había conjurado. Debió lanzar doscientos hechizos en esa hora y media. Si pensabas que aturdir a un Mortífago era complicado, intenta aturdir unos trescientos kilos de vaca.

– Debe ser capaz de variar la potencia que pone en el hechizo, señor Potter. – le había recomendado Flitwick – No perdería el conocimiento en mitad de una pelea si no fuera la primera vez que lanza un hechizo con demasiada potencia, ¿no cree? – los otros tres se quedaron practicando el hechizo de la llama y, sorprendentemente, los tres llegaron a generar llamas al rojo vivo durante un corto período de tiempo.

Regresando al presente, Daphne observó al Sargento de Armas convocar la sesión al orden. Harry, Neville y Susan estaban fuera de la cámara, esperando ser convocados por el Jefe Supremo. Después de mucho rumor y susurros, todos los miembros estaban sentados en sus asientos, demasiado silenciosos.

Daphne podía ver un verdadero quién es quién de la Gran Bretaña Mágica. Fudge estaba sentado al lado del Jefe Supremo Dumbledore y Amelia Bones a lado del Ministro. Al otro lado de la sala estaba Narcisa Malfoy, probablemente actuando como apoderada de su encarcelado marido.

Lady Augusta tocó el brazo de Daphne y le indicó el lado opuesto de la cámara enfrente del asiento del Jefe Supremo. Había siete asientos, de diseño similar al del Jefe Supremo y en cuatro de ellos se sentaban magos de diferentes edades con túnicas extremadamente ornamentadas parecidas a la que llevaba su marido y amigos.

Eran unas túnicas preciosas, una creación más artística que de moda. A Daphne forzadamente le recordaban al Tapiz de Bayeux con historias cosidas a mano y bordadas con hilo de oro y cobre. Las túnicas de cada Casa eran únicas, ya que contaban los principales acontecimientos de la historia de su familia. En el pecho, sobre el corazón estaba el escudo y lema de cada Casa.

La túnica de Harry era doblemente única, ya que él era Jefe de dos de esas Casas. Consultándolo con el Jefe de Protocolo del Wizengamot, decidieron que la parte delantera de la túnica sería Potter y la parte posterior Black.

– Damas y Caballeros. Diputados y Apoderados, les doy la bienvenida a esta convocatoria del Wizengamot de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. – entonó Dumbledore desde su asiento. Era la única persona que estaba en pie y llevaba una túnica suntuosamente bordada, pero notablemente menos ornamentada que las de los Quince – Estamos hoy reunidos para una ocasión histórica. Dos Lords y una Dama quieren reclamar sus legítimos asientos, pero no simplemente sus asientos, sino los asientos de las Quince casas que eran gobernantes de Gran Bretaña. – en ese momento Dumbledore inclinó la cabeza como si estuviera haciendo la genuflexión – ¡Convoco al Conde Potter, Vizconde Black, Harry James Potter!

Las enormes puertas de la cámara se abrieron y Harry entró a grandes zancadas hasta el centro de la sala y miró al Jefe Supremo con una expresión casi curiosa.

– Mi Lord, ¿viene a reclamar sus asientos hereditarios?

Sin pestañear, Harry alzó la voz para que recorriera toda la cámara.

– Sí, mi Lord. Soy el Potter de los Potter, el Black de los Black y he venido a reclamar dichos asientos, como mi derecho por sangre y por herencia. Reclamo dos asientos de los Quince, las antiguas Casas gobernantes de Gran Bretaña. – y Harry repitió el movimiento de genuflexión.

Lo siguió una pausa tensa y embarazosa mientras la mitad de los reunidos miraban a Narcissa Malfoy, esperando que se opusiera. Extrañamente, Narcissa tenía una máscara de indiferencia y el momento pasó cuando Dumbledore entonó las palabras rituales.

– Por lo que veo, que así sea. – y Harry esbozó una reverencia escasamente educada antes de girarse para tomar su asiento. La cámara pareció soltar el aire mientras Dumbledore continuaba – ¡Convoco al Conde Longbottom, Neville Franklin Longbottom! – Daphne escuchó la pregunta y respuesta de Neville y una pequeña parte de ella oyó el siguiente llamamiento de Dumbledore – ¡Convoco a la Vizcondesa Bones, Susan Amelia Bones! – pero sólo tenía ojos para Harry. Estaba estoicamente sentado en su silla, aparentemente indiferente ante los acontecimientos que ocurrían a su alrededor, pero ella sabía que estaba nervioso.

Hubo algunas sacudidas de cabeza entre los más viejos cuando Susan tomó su asiento. Sin embargo, nadie podía negar su nobleza de carruaje y su tranquila dignidad era evidente hasta para el miembro más misógino de la sala. Para los más claros sinvergüenzas, Susan desencadenó lo que Harry llamaba "la mirada" en la que parecía que, en su desdén, usaba sus ojos para atravesar a las personas.

Los Huérfanos tomaron sus asientos y, de acuerdo con algunas discusiones que habían tenido previamente, no hablaron entre sí, sino que se quedaron mirando al resto de miembros. Dando la apariencia de estar juzgándolos de ser dignos de estar en la misma estancia que ellos y mucho menos en el mismo cuerpo gobernante.

Cuando Daphne vio a Harry mirando a Ricardo Lestrange, padre de Rabastan y Rodolphus, casi se echó a reír. Harry se estaba estableciendo y haciendo saber que era su propio dueño. Fudge simplemente obtuvo una rápida ojeada. Era lamentable ver al Ministro de Magia intentando atrapar la mirada de Harry.

Después de la interpretación de la función y el cierre de la sesión ceremonial, Harry, Neville y Susan se acercaron a Amelia en grupo y empezaron a conversar con ella. Esa idea fue contribución de Lady Augusta para dar comienzo al plan y eliminar de su puesto a Fudge y reemplazarlo por Amelia. Todos los presentes pudieron ver que la mitad de los votos de los Quince estaban charlando amigablemente con la Jefa del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica. En un momento de pura hilaridad, Fudge y Dumbledore intentaron unirse a la conversación, pero fueron bloqueados por sutiles desplazamientos de Harry y Neville.

– Oh, Merlín. – dijo Lady Augusta al verlo, antes de cubrirse la boca y comenzar a reír.

Después de conseguir su objetivo, los Huérfanos volvieron con sus compañeros de los Quince e hicieron las pertinentes presentaciones. En ese momento, Daphne y Lady Augusta bajaron de los asientos de visitantes para esperar justo a las afueras de las puertas de la cámara.

Daphne bajó el último escalón y dobló la esquina. Sus ojos se ensancharon, recomponiendo rápidamente la expresión con una amplia sonrisa mientras se sumergía en una marea de reporteros y fotógrafos.

– ¡Lady Potter, aquí!

– ¿Estás realmente embarazada?

– ¿Es cierto que usaste una poción de amor con tu marido?

– ¿Ya os habéis ido de luna de miel? ¿Dónde?

Todo eso y más le gritaron en una rápida sucesión. Desde los más insultantes hasta los más insulsos, era asombroso el arrojo del Cuarto poder. Sonriendo a todos, pero sin decir una palabra, Daphne se abrió paso para ella y Augusta y poder encontrar a los Huérfanos.

Llegó a las puertas de la Cámara del Wizengamot cuando salían los Huérfanos. Ahora las hienas dirigieron su atención a los Jefes de las Casas y la fiesta continuó.

– Lord Potter, ¿es cierto que le pagaron un millón de galeones por casarse con su esposa?

– Harry, ¿dejaras el colegio para dedicarte al Quidditch a tiempo completo?

– Lady Bones, ¿es cierto que tuvo una relación ilícita con Lady Potter?

– Lord Longbottom…

Los oficiales del DALM crearon un cordón, empujando a los reporteros hacia atrás y el grupo de amigos se encontró en una pequeña burbuja de relativa calma. Justo entonces, Narcissa Malfoy salió de la cámara. Harry y Neville esbozaron unas breves reverencias y ella se las devolvió, murmurando:

– Mis Señores, Mi Lady. – al tiempo que sonreía a Harry y se acercaba lo suficiente para que no la escucharan los buitres con pergamino y pluma en mano – Probablemente te preguntarás por qué no he impugnado tu asunción al asiento Black. Digamos que si tuvieras una… desafortunada… desaparición. Mi hijo se convertiría en Lord Black y ahora que los títulos están unidos, también podría reclamar el de Lord Potter.

Retrocediendo les dedico una sonrisa depredadora. Su increíble belleza, que había ido refinándose con la edad, se volvió dura, quebradiza y afilada cuando su cara se retorció con venenosa malicia.

– Buenos días mis Señores, mi Lady.

El grupo de amigos huyeron de ahí lo mejor que pudieron mientras los periodistas continuaban retenidos por los oficiales del DALM. Entrando en el Atrio del Ministerio, Harry se volvió hacia los Longbottom y dijo:

– ¿Os gustaría venir a Rowan Hill a tomar el té?

– Eso sería maravilloso, mi Lord. No he estado allí desde que visité a sus abuelos en el 76.


Al grupo de amigos se les unió al poco rato Amelia Bones. Mientras se sentaban a cenar, Amelia y Lady Augusta reían entre dientes del intencional, pero discreto, desaire que "los chicos", como los llamaban, le habían hecho al Ministro y al Jefe Supremo.

– Harry, – dijo Lady Augusta – creo que la mitad de los miembros tuvieron que apartarse cuando vosotros dos, bribones, le disteis al Ministro y al Jefe Supremo un buen choque de caderas. Sé lo que digo.

Amelia sacudió la cabeza, riendo entre dientes mientras comía la sopa. Harry y Neville le dedicaron a la elegante señora una mirada de inocencia concertada que produjo en Daphne y Susan una sofocada carcajada. Finalmente, Harry dijo:

– ¿Amelia, podrás asistir a la cena de mañana?

La mujer asintió, dejó la cuchara en el plato y, con una sonrisa depredadora, dijo:

– No me lo perdería por nada en el mundo.


Más tarde esa misma noche, Harry estaba colocando una carta en la pata de Hedwig mientras Daphne salía del baño cepillándose el pelo.

– ¿Qué es esa carta?

– Oh, una pequeña nota para el editor del Profeta.

Con las cejas arqueadas, Daphne preguntó:

– ¿… Y?

– Sólo quería hacerle saber que los Quince se reunirán aquí mañana y que la única persona no-votante o cónyuge será la Directora del DALM.

Ella sonrió y dejó el cepillo. Caminando hacia su marido, dejó caer su túnica al suelo. Los ojos de Harry inmediatamente abandonaron su rostro por un largo momento antes de regresar a ellos con una mirada hambrienta.

– ¿Ves algo que te guste? – le preguntó de manera coqueta.

Asintiendo, la besó con ferocidad y la empujó contra la pared.

– Te quiero. Te deseo.

– Bien. – susurró ella, sonriendo.


19 de Julio de 1996

Durante los entrenamientos matutinos, Harry continuó forzándose a sí mismo y a Daphne con más intensidad de lo que lo habían hecho antes. Después de una agotadora carrera de ocho kilómetros, corriendo a un ritmo de unos siete minutos y medio por kilómetro, ambos se encontraban doblados y sin aliento hacia el final. Pasados unos minutos, caminaron un poco, para refrescarse y, finalmente, terminaron el recorrido en el comedor familiar para desayunar y escapar de la llovizna.

– Buenos días a todos. – saludó Harry.

Un asentimiento por parte de Amelia y un gruñido de Susan fue toda la respuesta que obtuvo a cambio. Daphne se acercó a Susan y le dijo:

– Realmente deberías entrenar con nosotros por la mañana. Tendrías más energía durante el resto del día y no creo que te quejaras del efecto en tu figura.

Susan ladeó la cabeza.

– Pensaré en ello.

– Harry, mira esto. – dijo Amelia mientras le entregaba el periódico señalándole un artículo en particular.

Tomando un sorbo de su taza de té, comenzó a leer. Daphne se sirvió el desayuno del bufete y se puso a leer sobre su hombro. El artículo describía la ceremonia del Wizengamot de una manera bastante directa, pero al final decía:

"… al final de la sesión, lo miembros más recientes del Wizengamot, especialmente los Quince, dieron a conocer sus obvias inclinaciones al involucrarse inmediatamente con la Directora del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica, Amelia Bones. Si bien se desconoce la conversacin que mantuvieron, tanto Lord Longbottom como Lord Potter evitaron que el Jefe Supremo Dumbledore y el Ministro Fudge se unieran a la conversación creando una sutil barrera con sus cuerpos. Lo más interesante, dice este reportero, que se podría estar llevando un cambio en las inclinaciones políticas de los Quince. Durante los ultimo cincuenta años, lo Quince no han podido crear una mayoría (la mitad o más) para dirigir y guiar las políticas del Wizengamot. Lord Potter y Lord Longbottom junto a Lady Bones son mayoría en sí mismos. Se rumorea que los Quince se reunirán en Rowan Hill, hogar de Lord Potter y hogar temporal de Lady Bones ahora que Oak Park fue destruida la semana pasada por Mortífagos. También es sabido que Lord Potter y Lord Longbottom han sido amigos desde el primer año en Hogwarts y que también son amigos de Lady Bones.

Para leer una biografía de Lord Potter, Harry Potter, vaya a la página 4

Para leer una biografía de Lady Bones, Susan Bones, vaya a la página 6

Para leer una biografía de Lord Longbottom, Neville Longbottom, vaya a la página 6"

Daphne asintió y se sentó junto a Harry, acabándose el desayuno. Cuando terminó, se echó hacia atrás y tomó un sorbo de su segunda taza de té. Sonriendo, dijo:

– El periódico ha hecho exactamente lo que queríamos.

Harry se volvió hacia ella y simplemente sonrió.


Daphne se excusó del entrenamiento mágico de día.

– Ve, amor. Simplemente tengo muchas cosas que hacer. Te veré en el almuerzo. – le dijo a Harry cuando Flitwick llegó.

El resto del día fue pasando a veces de manera tranquila y otras entre frenéticos preparativos para la cena. Solly era como un salvavidas y Daphne se hizo una nota mental para preguntarle a Dobby si necesitaba ayuda.

La preparación de la comida estaba bien avanzada, había revisado las habitaciones y los ajustes del lugar, comprobando que todo estaba como debía estar. Después de engullir el almuerzo, comprobó que las barreras protectoras estaban correctamente configuradas, dio el ultimo toque de limpieza a los jardines y volvió a lanzar el hechizo repelente de insectos sobre la terraza, el balcón de la sala de estar y el pórtico de la puerta principal. Cuando Harry llegó y la encontró sobre las tres, su pelo negro se había escapado del moño suelto que se había hecho, tenía manchas de suciedad en la mejilla izquierda y una pequeño rasgón en la túnica.

La vio y sonrió. Al darse cuenta de su estado, se detuvo, se guardó lo que habría sido un comentario sin gracia y dijo:

– Has hecho un trabajo maravilloso, Daph. La casa está perfecta y he visto que Dobby y Solly lo tienen todo bajo control. Vamos a sentarnos un rato, deja que te dé el aire.

Con una pequeña sonrisa, ella lo besó y dijo:

– Eres un buen esposo, creo que te conservaré.


Neville llegó temprano, sobre las cinco. Amelia, Susan, Harry y él conversaron sobre personalidades y posturas para la inminente reunión. Por consenso, los huérfanos decidieron no comentar ninguna postura política externa a Derrotar a Voldemort.

Daphne seguía correteando, comprobando cosas cuando Susan la encontró y la llevó a la fuerza hasta la habitación principal.

– Dobby y Solly lo tienen todo en orden. Ahora prepárate, tus invitados estarán aquí en una hora y media. Muévete. – Susan podría haber sido instructora si hubiera tenido esa inclinación.

Una hora más tarde, una vestida y acicalada Daphne Potter, bajaba por las escaleras. Se sentó al lado de Harry e intentaron tener una conversación alejada del nerviosismo. Exactamente a la seis y media, se escuchó el estallido de una Aparición en el vestíbulo. Un momento después, un Dobby impecablemente vestido acompañaba a una sonriente pareja de unos cuarenta años hasta la sala. Todos se levantaron y Harry se acercó al hombre.

– Me alegra verle de nuevo tan pronto, señor. Daphne, me gustaría presentarte al Vizconde y Vizcondesa Abbott. Mi Lord, mi Lady, esta es mi encantadora esposa, la Condesa Potter. – Daphne inclinó la cabeza y les estrechó las manos.

– Mi Lady, es un verdadero placer conocerla. Por favor, llámame Reginald y a mi esposa, Victoria.

– Por favor, llamadme Daphne. Reginald, Victoria, bienvenidos a Rowan Hill.

Los Abbott sonrieron ampliamente y Reginald, dijo:

– Bueno, dado los periódicos, vuestra vida se ha estado moviendo a buen ritmo, ¿no?

Daphne sonrió nuevamente al escuchar el estallido de otra Aparición y Harry se excusó.

– Bueno, últimamente la vida ha estado agitada. – concordó Daphne – Pero no querría nada diferente. – y sonrió ampliamente. Instintivamente le gustaron los Abbott. El otro día Harry había estado en el extremo receptor de un sermón donde se dijo que ese evento era muy importante. Estas eran personas a las que tenían que conocer y con las que tendrían que trabajar durante mucho tiempo. Algunos por el resto de sus vidas. Era conveniente que los Abbott fueran tan agradables.

Victoria adoptó una expresión que decía "tengamos una conversación de chicas" y dijo:

– Entonces, ¿tú y tu marido tendréis una boda al completo? Es absolutamente necesario. ¡Será el evento social del año! – Neville miró a Reginald y ambos se apartaron. Lo último que Daphne escuchó fue que estaban discutiendo sobre una híbrida Mandrágora que se había desarrollado en Perú. Al parecer, el Vizconde Abbott era un herbólogo aficionado.

Harry se acercó con una pareja entrada en años a sus espaldas. Debían tener fácilmente entre ochenta y noventa años. Él era un hombre enjuto, escuálido y estaba ligeramente encorvado, mientras que ella no parecía tan envejecida por la edad y aun actuaba conforme a su posición, es decir, tenía la nariz levemente levantada.

Victoria se volvió hacia Susan y comenzó a hablar sobre la organización benéfica favorita de los Abbott, para que Daphne pudiera saludar a sus invitados.

– Daphne, me gustaría presentarte al Vizconde y Vizcondesa Boot. Mi Lord, mi Lady, esta es mi esposa, la Condesa Potter.

George Boot ejecutó una perfecta reverencia sobre la mano extendida de Daphne y Grace Boot la sorprendió dedicándole una reverencia más ligera. Sé que somos de más alto nivel que ellos, pero aun así, esto es bastante informal. Daphne inclinó la cabeza hacia el Vizconde y le devolvió la ligera reverencia a la Vizcondesa.

Daphne conocía el juego, cuando vio a Grace hacer un leve movimiento de cejas, sorprendida de que la adolescente esposa que venía de una familia sin importancia conociera sus modales. Indigesta y vieja bruja. No era requisito familiarizarse demasiado con la vieja pareja.

Antes incluso de que pudieran comenzar a discutir, Dobby llegó con otra pareja, ésta de mediana edad. El hombre tenía unas enormes patillas grisáceas, inusuales en la sociedad mágica. La mujer iba vestida con un elegante vestido verde oscuro ribeteado de oro. Harry empezó de nuevo las presentaciones.

– Daphne, me gustaría presentarte al Conde y Condesa Jones. Mi Lord, mi Lady, esta es mi encantadora esposa, la Condesa Potter.

De nuevo, una reverencia perfecta por parte del hombre, pero la Condesa Jones solo inclinó la cabeza con una leve sonrisa de reconocimiento. No había ninguna duda de la evidente hostilidad de los Jones. Ambos eran serios y minimalistas tanto en gestos como en palabras. De hecho, ninguno había dicho ni una.

– Mi Lord, Mi Lady, bienvenidos a Rowan Hill. – dijo Daphne tan agradablemente como pudo. Del mismo modo que instintivamente le habían gustado los Abbott, instintivamente le disgustaron los Jones. Tomando su propio consejo sobre cultivar relaciones a largo plazo, dijo – Por favor, llamadme Daphne.

Los ojos de Lady Jones se abrieron horrorizados y miraron a su alrededor con nerviosismo. Lord Jones simplemente la miró con una débil expresión de decepción teñida de disgusto antes de escupir:

– Que bien. – dirigiéndose a Harry, con un tono falsamente jovial, añadió – Así que, Potter. Conocí a tu padre y a tu abuelo antes que a ti. Espero que puedas ser la mitad de hombre de lo que ellos fueron.

Los ojos de Harry se entrecerraron ante las ofensas a él y a su esposa, antes de hablar con un tono suave.

– Bueno Jones, no puedo más que intentarlo. – agarró el brazo de Daphne y sonrieron a los Jones antes de acercarse a la última pareja que se unía a la fiesta.

– Esa… gente. – exclamó Daphne en un susurro.

– Lo sé. Estaba a punto de tirarlo por el balcón, pero tenía miedo de que me regañaras por no hacer nuevos aliados. – Harry le dirigió una pícara sonrisa y apretó la mano que tenía envuelta alrededor del brazo de su esposa.

Daphne respiró hondo y le sonrió agradecida. Al acercarse a la última pareja, que debían ser el Barón y la Baronesa Macmillan, observaron cómo debería ser Ernie Macmillan en treinta años. El parecido era sorprendente. Después de las presentaciones, el Barón Macmillan, dijo:

– Por favor, llamadme Richard y a mi mujer Sarah.

– Gracias, a mi Daphne y a mi esposo, por supuesto, Harry.

Los Macmillan eran un poco estirados, como Ernie, pero eran personas muy agradables. Charlaron un rato y, eventualmente, se mezclaron con las demás parejas.

Neville y Reginald Abbott estaban en proceso de convertirse en amigos rápidamente mientras Victoria Abbott estaba comiendo la oreja de la vieja Lady Boot. Victoria alcanzó a Daphne mientras caminaba y, en voz baja, le dijo:

– Me odia. Hablo demasiado y no tengo ningún decoro para ella. Me gusta obligarme a estar con ella durante unos diez minutos cada vez que nos encontramos. Sus expresiones de conmoción, indignación y vergüenza, me producen cierta satisfacción.

Daphne no pudo contenerse y se echó a reír. Cubriéndose la boca, agarró a la mujer del brazo y dijo:

– Usted, señora, es maravillosa. Creo que nos llevaremos bien.

– No me malinterpretes, hay un momento y un lugar para todo. Pero aquí, donde solo estamos los Quince y la elección de tu marido para ser Ministro. – arqueó las cejas hacia Daphne – Es realmente bastante pretencioso darse esos aires. Por otra parte, están muy interesados en el estatus de sangre. – ante esa última declaración, Daphne frunció el ceño y los labios. Victoria soltó una risa y dijo – No se interesan en el status de sangre como lo hace Quien-No-Debe-Ser-Nombrado. El estatus de sangre sobre quién pertenece a los Quince y quién no.

Daphne resopló y, en voz baja, dijo:

– Entonces deberían recordar que somos Potter y Black.

– Sí, – dijo Victoria con una leve sonrisa – también debería hacerlo ese idiota de Jones.

– ¿Siempre es tan grosero?

Victoria exhaló.

– Bueno, ha sido el único Conde con asiento durante los últimos diez años más o menos. Harry y Neville deberían ayudar a ponerlo en su lugar después de un tiempo. Y respondiendo a tu pregunta; Sí, siempre es así de grosero. – y se alejó entre risas hacia su marido.

La cena se anunció y Daphne vio un estallido en la expresión de Lord Jones cuando Neville se sentó a la derecha de Harry. Sin embargo, la prelación es la prelación, y el enfadado hombre se dejó caer en su asiento a la derecha de Daphne. Victoria estaba a su izquierda y, después del segundo plato (una fabulosa sopa de langosta), le guiñó un ojo a Lady Potter y dijo:

– Entonces, Daphne, ¿cómo es estar casada con el único hombre en la historia del Wizengamot que tiene dos votos de los Quince?

Por el rabillo del ojo, Daphne vio que Jones se ponía rígido al recordar ese importante hecho y dijo:

– Bueno, Harry y yo hemos hablado mucho del tema y queremos proceder con adecuada deliberación. Somos conscientes de que no tenemos la experiencia que tienen los que llevan ahí mucho tiempo sentados, pero al mismo tiempo, tenemos sólidos sentimientos sobre algunos asuntos.

Jones compuso su expresión más agradable, que simplemente logró que Daphne quisiera golpearlo y dijo:

– Si me permite preguntar, mi Lady. ¿Qué asuntos siente tan fuertemente su esposo?

Genial, otro que solo quiere a su esposa para el Salón de fiestas, para engendrar un heredero en el dormitorio y para que se quede apartada en todas las demás ocasiones.

– Diría que el tema que sentimos con más fuerza es el desarrollo de una situación en la que Lord Voldemort pierda la vida.

Jones se estremeció ante el odiado nombre y Victoria dio un pequeño saltito. Enseguida, Jones se recompuso y dijo:

– Sí, bueno. Por supuesto, todo el mundo quiere que se resuelva lo del advenedizo. "Lord", claro. Deberían lanzarlo a través del velo solo por eso.

Daphne sonrió al hombre sobre el borde de su copa de vino. No era odioso, pero estaba muy cerca de serlo. Tal vez grosero, pero no odioso. Todavía no, al menos.

Miró hacia el otro extremo de la mesa y vio a un frustrado Harry intentando sostener, sin éxito, una conversación con Lady Jones. Después de unos cinco minutos, tiró la toalla y se puso a conversar con Neville y Reginald Abbott durante un rato. Lady Boot lo observaba todo con una mirada condescendiente.

Retirada de plato tras retirada, los miembros más agradables de la fiesta soltaban sonidos sorprendidos sobre la comida. Observó cómo Amelia Bones conversaba con Lord Abbott sobre cuestiones de impuestos y organizaciones benéficas. Era bien sabido que los Abbott estaban muy involucrados con las actividades benéficas hasta el punto que los nuevos ricos, como los Malfoy o los Parkinson, los llamaban "La Familia Mendigo", a pesar de que el Barón Abbott probablemente podría comprar ambas familias por capricho. Estaban fuertemente implicados en una exitosa compañía de Pociones y poseían una cadena de boticas por toda Europa.

Finalmente se sirvió el postre y todo el mundo se volcó en la tartaleta de frutas. Cuando se sirvió el café la conversación de sobremesa se volvió mucho más amena. Nada entibia mejor a una multitud que una excelente comida.

Victoria se inclinó y dijo:

– Deberíamos hacer esto otra vez ha sido maravilloso.

Daphne le devolvió la sonrisa y vio como Harry se levantaba. Sonriendo a todo el mundo, se aclaró la garganta.

– Mis Lores, Mis Ladis y Directora. Gracias a todos por venir está noche, ha sido estupendo conoceros en una situación mucho menos restrictiva. Con suerte, está será la primera de muchas reuniones en Rowan Hill. – estaba haciendo los sonidos correctos y suavizando los gestos correctos, sin decir nada importante de política real.

Riéndose de algo que dijo Reginald Abbott, continuó:

– Mi esposa y yo hemos disfrutado mucho de la velada y esperamos trabajar con todos ustedes con espíritu de buena voluntad y hermandad. – retomó su asiento para sonreír a la mayoría de asistentes y algunas miradas especulativas de Jones y Boot. Sorprendentemente, Lady Jones tenía una pequeña sonrisa en sus labios.

Daphne se levantó y los caballeros siguieron su ejemplo. Condujo a las damas después de la cena hacia el salón mientras los caballeros disfrutaban de un buen oporto. Lady Boot guardó silencio, pero lady Jones se involucró con Daphne y Victoria en posibles fechas y diseños para una boda formal. Todas estaban de acuerdo en que Rowan Hill sería un lugar espectacular para una boda invernal.

Susan, su tía y Sarah Macmillan estaban debatiendo sobre un nuevo tratamiento médico. Resultó que Lady Macmillan también era la "Sanadora Macmillan". Sarah era una bruja nacida de muggles que se enamoró de su marido cuando estaba de aprendiz de la señora Pomfrey y un joven Golpeador de Hufflepuff llegó en camilla a la enfermería. Richard Macmillan admitió que no era especialmente diestro sobre una escoba, pero "gracias a mi buena estrella tuve la maravillosa idea de jugar a Quidditch".

Los caballeros no tardaron mucho. Harry y Neville habían planeado sofocar cualquier discusión seria de política hasta estar al tanto de los problemas y algunos de los "pormenores" de su nuevo papel. Poco después de que los hombres aparecieran, Lord y Lady Boot presentaron su despedida.

Después de inclinarse sobre la mano de Daphne, Lord Boot dijo:

– Mi Lord, ha sido una estupenda cena esta noche. Recuerdo cenar aquí con su abuelo y tengo grandes esperanzas para usted. Buenas noches. – Lady Boot hizo los gestos adecuados, antes de dirigirse hacia el vestíbulo de entrada y Desaparecerse.

De manera intermitente, las parejas fueron dirigiéndose a sus casas. Los Jones debían haber reconocido su previo y autodestructivo paso en falso e hicieron un significativo esfuerzo por ser amables con Harry y Daphne. En uno de esos momentos, Harry y ella se quedaron solos por un segundo y le dijo:

– ¿Soy yo, o Lord y Lady Jones nos están adulando tanto que debería preocuparme por sus amorosos mordiscos?

Harry casi escupió el café y cuando recuperó la compostura, respondió:

– No, no eres tú. Pero si quieres, puedo darte uno de mis amorosos mordiscos más tarde.

Daphne simplemente sonrió y le apretó el trasero.

Eventualmente, solo quedaron los Potter, Neville y las Bones. Mientras todos se dejaban caer en sofás y sillas, Harry y Neville simultáneamente empezaron a aflojar sus corbatas. Daphne solo pudo sonreír y entonces, dijo:

– ¡Dobby, Solly!

Los dos elfos aparecieron al unísono, Dobby todavía vestido con un esmoquin en miniatura y Solly con una sábana limpia con el escudo de los Longbottom. Dobby se inclinó inmediatamente mientras Solly hacia una reverencia y entonaba:

– ¿En qué podemos servirle, Ama?

– Dobby, Solly, muchas gracias por vuestro arduo trabajo. Esta noche ha sido maravillosa gracias a vosotros. Muchos de nuestros invitados felicitaron vuestra cocina, la casa estaba impecable y todo ha salido muy bien.

Solly se quedó parada, aturdida e inmovilizada. Dobby tenía lágrimas en los ojos, mientras murmuraba:

– La Ama es muy amable con el pobre Dobby. – desvió la mirada hacia Harry y añadió – Dobby agradece a Harry Potter, señor, por casarse con la maravillosa Ama. – y dicho eso, se Desapareció.

Solly todavía seguía ahí y desvió la mirada hacia Neville, quien le dedicó un asentimiento de cabeza. La elfina hizo otra reverencia y con un fuerte y nervioso estallido, también Desapareció.

Amelia echó una mirada a su alrededor y dijo:

– Ha sido una noche maravillosa y esclarecedora, pero estoy agotada. Os veré a todos por la mañana.


Nota del autor (muggledad):

1. Los ejercicios de variar la energía impuesta a un hechizo, los he sacado del fic más excelente de The Obsidian Warlock: "More Equal Than You Know" Es un Harry/Hermione y está en proceso.

2. Los Quince y sus edades (en orden de prioridad):

Conde Harry Potter, 15 años, cónyuge Condesa Daphne Potter, 16 años

Conde Neville Longbottom, 15 años, sin cónyuge

Conde Raymond Jones, 64 años, cónyuge Condesa Mary Jones, 64 años

Vizconde Reginald Abbott, 40 años, cónyuge, Vizcondesa Victoria Abbott, 35 años

Vizcondesa Susan Bones, 16 años, sin cónyuge

Vizconde George Boot, 90 años, cónyuge Vizcondesa Grace Boot, 88 años

Barón Richard Macmillan, 45 años, conyuge Baronesa Sarah Macmillan, 42 años


Nota de la traductora (albaa):

Espero que os haya gustado del capítulo, creo que es un fic que cuenta la historia de una manera muy diferente, mucho más compleja y a la vez interesante. Espero que disfrutéis con los detalles, hay gran cantidad de ellos.

¡Está vez no he tardado tanto! Y ya estoy manos a la obra con el siguiente.

Sé que muchos habéis visto que hay otra traducción de esta historia, os digo que he hablado con la chica y visto que ambas tenemos el permiso del autor original, hemos decidido que cada una siga su traducción sin más complicaciones. La traducción es algo muy personal, dada la interpretación que cada traductor le de a las palabras, así que serán el mismo fic traducido desde dos interpretaciones diferentes. Disfrutad.

Gracias por comentar el capítulo anterior a: *Mar91* *Guest* *xXm3ch3Xx* *sophia76* *Xyori Nadeshiko* *Anonimo*

¡Besos!